La Cruzada de los Niños

Hubo una cruzada que estuvo por encima de las demás. No por número de soldados, barcos o batallas, sino por la naturaleza de la misma.

Cuentan las viejas lenguas, que tras la tercera cruzada, un visionario tuvo una magnífica idea para conquistar Jerusalén: plantar ante las puertas de la ciudad un tropel de niños haciendo bailar el incienso y entonando cánticos religiosos, de modo que con sus voces angelicales conseguirían abrir las puertas de Jerusalén.

Es bastante siniestro pensar en que alguien pueda tener semejante idea, ¿cómo llegarían hasta ahí?: “Como con caballos y catapultas nos echan, vamos a ir con niños, que son más afables, y lo mismo, entramos” seguido de un aplauso generalizado.

Así se embarcaron más de 2.000 niños en Italia, rumbo a la capital de la fe. Pero parece ser que los marineros no recibieron pago alguno, y es que los altos cargos eclesiásticos confiaban tanto en la buena fe de los musulmanes como en la de los mercatores. De modo a que a la mitad del trayecto, estos mercaderes italianos desviaron su rumbo hasta atracar en las aguas de Alejandría, una ciudad muy famosa por aquel entonces por sus mercados, especialmente el de esclavos.

“Oye, como los curas no nos pagan, vamos a Egipto, que el otro día vi una túnica muy chula, y qué coño, de paso vendemos a los niños.”

Rea Silvia la financian los lectores, si te gusta y puedes, contribuye para que sigamos creciendo.

Publicado por

Tengo un título para contar cosas y las cuento. Entré en esto para saber más de Grecia y Roma y acabé liándome con un tema de moriscos y rebeliones.

Síguelo en Twitter

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *