De reyes y curas

La historia de Wamba, el rey visigodo que se fue de fiesta y se despertó en un convento.

Los que estudiamos historia nos enteramos de todo tipo de anécdotas, falsas o ciertas, pero risibles como ninguna. No se salva ni el visigodismo tardío que vivió una de las mejores jugarretas en las carnes del bueno de Wamba, Rey del Reino Católico Hispano-Godo de Toledo. Vaya nombrecito para un reino, había que dejar las cosas bien claras.

Fue Wamba el último buen Rey Visigodo que hubo antes de que llegasen los musulmanes a repartir cera. Aunque tuvo dos grandes problemas, el primero es ya un clásico cuando se habla de visigodos: la monarquía electiva. Esta elección tan delicada estaba en manos de los nobles y era usual que poderes extranjeros comprasen votos para poner a un rey marioneta, o que en una elección justa, a un 49% no les gustase el nuevo rey, en cuyo caso normalmente había un intento de usurpación. Curiosamente las leyes visigodas eran muy permisivas al respecto: si eras capaz de usurpar el trono, palmadita en la espalda, si no, ve despidiéndote de tu cabeza por traidor.

Y había como casi siempre un sector de la nobleza visigoda que no quería a Wamba en el trono. A este problema se le sumó otro: con tal de unirse con la población hispano-romana dejaron el arrianismo y abrazaron el catolicismo, pero con él vino la Iglesia, que ya desde entonces creaba auténticos quebraderos de cabeza a los monarcas, juzgando si las decisiones de Estado se ajustaban a la moral, vigilando en pocas palabras. Pero no acababa ahí la cosa y como muchas otras veces la Iglesia cayó en más. Vicios y corruptelas por doquier hicieron a Wamba convocar un concilio y reformar a esta Iglesia que, esperando pureza de los demás, podía hacer oídos sordos a cambio de una generosa donación.

Fue la nobleza consentida por la Iglesia, y ayudada, quienes le usurparon el trono a Wamba. A este pobre hombre lo invitaron a un gran banquete y le dieron vino, comida y toda la diversión de esta clase de actos sociales. Se despertó el Rey días después en una pequeña habitación con una sotana y una cruz colgando del pecho. Cuando dijo que iba a palacio los demás sacerdotes se mofaron y entonces comprendió.

Los nobles le habían drogado y con el consentimiento del arzobispo de Toledo, Julián II (al que ojo, hicieron santo) lo hicieron sacerdote, y la ley no permitía reinar a un sacerdote. Y así cayó el último gran rey visigodo, siendo la mofa de un reino y de futuras generaciones de estudiosos.

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Tengo un título para contar cosas y las cuento. Entré en esto para saber más de Grecia y Roma y acabé liándome con un tema de moriscos y rebeliones.

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