La primavera

En los cuadros de Sandro Botticelli hubo una mujer que brillaba sobre las demás, su nombre era Simonetta Vespucio, y esta es su historia.

Entre 1501 y 1502, una expedición  de la corona de Portugal al mando de un intelectual florentino, cruzaba el Atlántico para explorar las tierras descritas un año antes por Pedro Álvares Cabral en otra expedición.

Aquel florentino se dio cuenta durante el viaje, de que llegado un momento, dejó de avistar la Osa Menor y la Osa Mayor quedaba milagrosamente a la altura del horizonte. Cualquier otro hombre con menos sabiduría no habría sido consciente de lo que aquello significaba, pero él sí: se encontraban en unas latitudes excesivamente bajas para estar contemplando tierras asiáticas, estaba contemplando un nuevo mundo. Algo que Colón creía pero de lo que no estaba seguro.

El 28 de Enero de 1453, nació en Génova, en la casa de los Cattaneo, Simonetta Cattaneo de Candia.  En 1469 se casó con Marco Vespucio, miembro de una familia nobiliaria florentina, estrechamente relacionada con los Médici. A Simonetta se la conoció por Simonetta Vespucio, Simonetta la Bella, la Reina de la Belleza, Venus o la Primavera. Entre, seguramente, otros muchos apodos.

En 1454 nació en Florencia Américo Vespucio, el descubridor intelectual de América, que sería primo lejano, 15 años después, de Simonetta.

En los 70, algunos de los grandes pintores del Renacimiento florentino no tardaron en querer inmortalizar a la bella Simonetta en sus obras, en especial, Sandro Botticelli. Simonetta fue pintada gracias a los contactos de la familia Vespucio con los Médici, y pasó a la historia mientras que Lorenzo y Giuliano de Médici se peleaban por ella y toda Florencia admiraba su belleza.

Entretanto, Europa veía cómo las minas de plata de Centroeuropa no producían los suficiente y cómo el Imperio Otomano comenzaba a cortarle las rutas de comercio con Asia, encareciendo aún más los productos de lujo que tanto necesitaba el viejo continente. El invierno se cernía sobre Europa con negros nubarrones. Pero Europa no desistió, y buscó nuevas salidas hacia la primavera. Salidas que se encontraron con Vasco de Gama, Bartolomé Díaz, Colón, y Américo Vespucio entre otros muchos.

Botticelli en Florencia, vivía su propio invierno hasta que conoció a Simonetta, que le trajo la luz que nunca había contemplado. Nunca sabremos si Sandro se enamoró de Simonetta o si sencillamente se obsesionó con sus facciones. Aunque más adelante comprenderán por qué me decanto por la primera opción.

Europa, años más tarde, descubrió que su primavera estaba en América, continente al que Waldsemüller nombró de dicha manera en honor a Américo Vespucio. Europa encontró el comercio, el oro y la plata que le empezaba a escasear, y Botticelli empezó a dejar de dormir por una mujer casada a la que no se quitaba de la cabeza.

Pero desgraciadamente la primavera de Sandro se truncó de golpe el 26 de Abril de 1476, cuando, tristemente, Simonetta falleció de tuberculosis. En 1478 su esposo se volvió a casar, pero Botticelli no encontró jamás otra musa, su primavera jamás se renovó y  retrató una y otra vez a Simonetta tras su muerte como la primavera, y como la propia Venus. Años más tarde pidió a Florencia que al morir, fuese enterrado a los pies de Simonetta en la iglesia de Ognissanti.

El 17 de Mayo de 1510, Botticelli alcanzó por fin su primavera, yaciendo desde entonces a los pies de la bella Simonetta.

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Tengo un título para contar cosas y las cuento. Entré en esto para saber más de Grecia y Roma y acabé liándome con un tema de moriscos y rebeliones.

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