La primavera, la sangre altera

La primavera, que tanto nos gusta y tan bella nos parece, tenía una celebración religiosa en Mesoamérica de lo más sádica.

A todos nos gusta la primavera, hace buen tiempo, te olvidas de los abrigos y sales a las terrazas a beber cañas. A nuestros queridos amigos los aztecas también les encantaba, y lo celebraban por todo lo alto con un fiestorro antológico, igual que los “universitarios” con la archiconocida macrobotellona de cada año.

Pero centrémonos en los aztecas. En el panteón mexica (los aztecas son mexicas, nunca lo olvidemos), figura Xipe Tótec, al que vemos arriba. Sus dominios están en el este, por donde nace el sol, las tierras por donde todo se renueva. Es el dios de la fertilidad, representa a la primavera, cuando todo renace, y por supuesto, se organizaba en su honor una fiesta mesoamericana en toda regla.

Vamos a desollar, amics.

Vamos a desollar, amics | Wikimedia Commons

Los aztecas pensaban que La Tierra cambiaba de piel cuando llegaba la primavera, porque plantas y árboles florecen, los ríos vuelven a correr caudalosos y se recogen cosechas. La vida les era propicia y había que celebrarlo para mantener a los dioses contentos, mantenerlos de tu lado y asegurarte llegar a la próxima primavera igual de bien.

Comenzaba la ceremonia: se drogaba a un prisionero, se le subía a lo alto del templo, se le sacaba el corazón que se ofrecía al sol, se le despeñaba por los escalones del templo ofreciendo así su sangre a los ídolos, y una vez llegaba abajo, se le desmembraba. Hasta aquí ya conocíamos el rito y el por qué. Ahora toca algo nuevo. Una vez desmembrado se desollaba al muerto, y un sacerdote, representando a Xipe, se recubría con la piel del sacrificado y comenzaba una danza ritual. En la imagen de antes podéis ver cómo le cuelgan unas manos, y cómo incluso la cara también es la piel del sacrificado.

Esta piel era la nueva tierra, las futuras cosechas, la vuelta del sol y el triunfo, un año más, de la vida que ha logrado vencer al duro invierno, tiempo de celebrar la vida, con la muerte.

Lo mejor venía después, cuando hacían un guiso de maíz y prisionero desmembrado y los machotes del lugar se lo comían. Pero eso responde a otra parte del relato que no atañe a la primavera.

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Tengo un título para contar cosas y las cuento. Entré en esto para saber más de Grecia y Roma y acabé liándome con un tema de moriscos y rebeliones.

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