La primavera, Egipto y el eterno retorno

El río Nilo fue desde el inicio de los tiempos una fuente de vida para los egipcios, que le elaboraron un mito a su justa medida.

Fijamos nuestros ojos en Egipto, el más próximo de los orientes, y probablemente, el más famoso. Todos conocemos las pirámides, los templos, los faraones y las crecidas del Nilo. Y es significativo que aparezca un río entre construcciones monumentales y reyes con categoría de Dios. Aunque es algo muy comprensible cuando vemos imágenes satélite del lugar, la importancia del Nilo para la agricultura era primordial, sus crecidas y bajadas consistían la piedra angular de Egipto. Una vez que el río volvía a su caudal natural, comenzaba una rápida operación de logística en la que los agricultores volvían a delimitar sus tierras (la subida se había llevado con ella cualquier delimitación territorial anterior) y sembraban, usando habitualmente cabezas de ganado en cantidad para apisonar la tierra rápidamente, para que ésta no perdiera los ricos nutrientes que le dejaba el río.1253556241_0

El Nilo contaba con su mito, evidentemente, todo lo que es importante se sacraliza para darle aún más importancia, y para tener un modo de comunicación con él, si el Río es simplemente un río es complicado comunicarse con él y pedirle una buena crecida, en cambio, si está relacionado con un dios, todo es más fácil, se establece una liturgia comprensible y natural para el ser humano.

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Seth, el hermano malo (Abel y Caín…)

Todo se remonta a Osiris, rey mítico de Egipto, hijo de la Tierra y el Cielo, enseña a los egipcios la agricultura y la vida en sociedad entre otras muchas cosas, pero es engañado, traicionado y asesinado por su hermano, Seth. Hay varias versiones al respecto de la conjura, unas dicen que lo mata el propio Seth y otras que lo manda matar. El resultado viene a decirnos que Osiris acaba, probablemente desmembrado, en las aguas del Nilo, a las que impregna de su esencia, una esencia, la de Osiris, que hace tan fértil la tierra una vez que la crecida del Nilo cesa.

La historia no acaba aquí, Osiris tenía una esposa, Isis, que no iba a quedarse de brazos cruzados. Isis es una diosa que se identifica con el cielo, ella es la que acoge a las almas de los muertos, que se convierten en las estrellas que brillan en el cielo. Comienza una historia de venganza, pues Seth está ahora gobernando en Egipto mientras el cuerpo de Osiris se pudre en las aguas del Nilo. Isis se propone recuperar el cuerpo de su difunto esposo, repararlo y resucitarlo.

Isis con sus alas de halcón

Isis con sus alas de halcón

La ceremonia es pintoresca: Isis recupera las partes de Osiris y lo repara con la ayuda de su hermana Neftis, esposa de Seth, que estaba ayudando a arreglar el desaguisado que había montado su querido marido, y  momifican a Osiris (esto lo hace el bueno de Anubis, pues consistía en el trabajo sucio del tema), pero desgraciadamente le faltaba una parte del cuerpo, el miembro reproductor. Aunque incompleto, Isis, en forma de halcón, aletea frente a la momia de Osiris e introduciéndole aire por la nariz, lo resucita, pero además, queda milagrosamente preñada (otra vez la milagrosa fertilidad sin acto sexual relacionada con un ave, lo vimos en la cultura mexica y lo conocemos en la cristiana). Era primordial tener un descendiente porque Osiris, aunque vuelve a la vida, no lo hace en el mundo de los vivos y por tanto no puede reinar, resucita en el de los muertos bien aventurados, lugar del que ahora se convierte en dios. Comprobamos como esta aventura crea también el ritual de la momificación, quien se momifica como Osiris se convierte en él y por tanto, en un muerto bien aventurado, en un muerto feliz.

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Aquí tenemos al pobre Anubis ensuciándose las manos por Isis

Seth sigue gobernando, pero ahora Isis y Osiris tienen un heredero legítimo al trono: Horus, que cuando cumple la mayoría de edad reclama como suyo el trono, se lo arrebata a Seth, y lo castiga por traidor y asesino, y los egipcios tuvieron un nuevo rey justo y fueron felices. Esta parte del mito también pervive en las futuras generaciones de faraones: el faraón que va a morir adquiere el título de Osiris, y el sucesor el de Horus, sean o no sean padre e hijo. Una formalidad que aporta legitimidad.

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Venga, niño, tira ‘pal’ trono que es tuyo

Y así queda completada la historia. Osiris, por tanto, queda como el dios que ha muerto y ha resucitado. Una vez más, y al otro extremo de un ancho océano, tenemos una idea de muerte y resurrección mitológica relacionada con la primavera, con la regeneración de los pastos y la tierra. Osiris es representado verde y negro, es decir, el agua y la negra tierra del Nilo, la tierra que bañó con su esencia y a la que hizo fértil, esa fertilidad que hace que los cereales se regeneren al igual que él, con esa gracia divina que le permite recobrar la vida. Es Osiris, el mito del eterno retorno personificado, el ciclo hecho dios.

Todo comienza de nuevo, aunque esta imagen es ya más medieval y pesimista

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Tengo un título para contar cosas y las cuento. Entré en esto para saber más de Grecia y Roma y acabé liándome con un tema de moriscos y rebeliones.

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