Inquisidores y criptojudíos

Cuando los Reyes Católicos llegaron al poder se encontraron con un problema de antiguo que les explotó en las narices, al que respondieron con la Inquisición.

A finales del siglo XV, Castilla y Aragón vivían una situación compleja de la que salieron muy bien parados, en algunos aspectos mejor que en otros, bajo la dirección de los Reyes Católicos. Avanzaba el estado moderno en lo que empezaba a ser una nueva realidad estatal conocida como Monarquía Hispánica, entidad que era para algunas cosas tan moderna, y para otras tan feudal. Convivían bajo el mismo techo castellanos y aragoneses, cristianos, judíos y mudéjares. Pero lo curiosamente más importante para el tema que nos ocupa, es que convivían puerta con puerta los judíos y los judíos conversos o cristianos nuevos.

Un problema que venía de antiguo

Para comprenderlo mejor hay que conocer algo de la trayectoria de este pueblo en nuestra tierra. Los judíos vivieron siempre en la Península bajo ciertas restricciones y persecuciones, siendo así desde época visigoda. Notaron cierta mejoría bajo dominio musulmán, que a cambio de un tributo les dejaban más o menos tranquilos. Esta situación de mejoría hará que nazca el mito de la traición de los judíos, que vendieron España a Tarik, pero no deja de ser más que eso, un mito. Desde el siglo XII se les considera súbditos, pero no en pie de igualdad con los cristianos, y una de las restricciones es que no podrán tener propiedades rurales de un valor mayor a 30.000 maravedíes, uno de los motivos por los que se van a dedicar al comercio y a los préstamos.

Los judíos vivirán con tranquilidad hasta el XIV, cuando hay una fuerte crisis económica y política. Es en este momento cuando se activa el verdadero odio hacia el pueblo deicida. Hay grandes pogromos en 1391 en Andalucía, Castilla y Valencia, y en 1416 en Aragón y Cataluña. Con la mala situación derivada de la crisis había que buscar a un culpable, parece que el ser humano queda de este modo más tranquilo, y ese culpable fueron los judíos por una sencilla razón: eran los mediadores del poder político. En los siglos anteriores habían desarrollado una astucia insólita para manejar el dinero, gracias a una solidaridad entre judíos por su conciencia de pueblo reforzada además por las restricciones legales y las persecuciones, y a unos métodos no siempre piadosos para amasar estas fortunas. Esta conocida habilidad con el dinero hizo que los reyes se fijaran en ellos para que llevasen ciertos asuntos de la corona, y muchos recaudadores de impuestos fueron judíos. Es decir, eran la cara visible del endurecimiento fiscal que se vive con la crisis.

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Conviérteme deprisa que tengo frío

Con este creciente odio,  muchos judíos abrazaron el cristianismo por miedo y se convirtieron en cristianos nuevos, siendo rápidamente aceptados, ascendiendo aún más en el organigrama del poder de la corona. Los que no se convirtieron fueron marcados con una rodela bermeja sobre el hombro izquierdo y obligados a vivir segregados, sin la posibilidad de tener criados ni ostentar cargos públicos, resumiendo, se les estigmatizó.

Ahora es cuando los judíos están divididos, y cuando va a nacer el problema. De un modo u otro, estas prácticas estigmatizadoras son abandonadas temporalmente y por decirlo de una forma, todos se relajan. Tanto es así que en la década de 1440 se va a empezar a denunciar que los conversos no han abandonado su antigua fe y que judaízan, que son criptojudíos. Comienza una dura convivencia entre cristianos viejos y cristianos nuevos judeoconversos. Una dura convivencia que hará que Isabel retome las leyes viejas y vuelva a estigmatizar a los judíos, y a crear la Inquisición para investigar los casos de criptojudaísmo, pues era herejía.

Espionaje y confesiones

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Fernando “el negociador”

La Inquisición fue algo novedoso en Castilla. Hubo una antes en Aragón, pero con muy poca actividad y bajo el dominio del obispo. Esta nueva inquisición va a estar manejada por la corona del siguiente modo: los reyes van a presentar una serie de hombres de su mayor gusto y confianza entre los sacerdotes españoles, y el Papa va a delegar en ellos su poder a través de un breve apostólico -una circular-. Algunos obispos se van a quejar por suponer una usurpación de su poder, pero fue un trato de Fernando con el papado.

Otra de las novedades es que es un tribunal universal, es decir, ya fueras campesino o noble podías ser juzgado por sus jueces, es el tribunal absoluto del estado, el arma definitiva de todo rey moderno. De hecho, acabó sirviendo para juzgar a individuos peligrosos para la corona que se intentaban acoger a fueros que estaban fuera del poder regio, porque la inquisición podía con todo. Claro ejemplo es el del caso de Antonio Pérez, el secretario de Felipe II que fue buscado por la Inquisición cuando se quiso acoger a los fueros aragoneses. Aunque tampoco se abusaba de esta posibilidad, porque no habría sido España un reino tranquilo y estable si los reyes lo hubieran hecho.

Pero la creación de la Inquisición en Castilla no buscaba perseguir la herejía porque sí, por el propio hecho de ser herejía, sino porque en una realidad tan variada como eran Castilla y Aragón una buena forma de unir a los reinos era mediante esta unidad religiosa, y más si tenemos en cuenta que comenzaban a nacer las ideas de que la obediencia política estaba directamente ligada a la religiosa, y del mismo modo, una desobediencia religiosa podía significar la desobediencia política. No se trata por tanto del fervor cristiano de Isabel y Fernando, y es que ellos mismos protegieron lo que pudieron a los judíos y a los conversos, en muchas ocasiones cercanos a ellos, ostentando cargos públicos, y por tanto, su confianza. Algo que podemos ver en una carta de Isabel a los judíos de Sevilla en 1477.

Tomo bajo mi protección a los judíos de las aljamas en general y a cada uno en particular, así como a sus personas y sus bienes; les protejo contra cualquier ataque, sea de la naturaleza que sea.

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No judaíces que te hostio con el palo este

La Inquisición va a contar con una red de familiares que se van a dedicar a espiar, a denunciar cualquier síntoma de herejía. Cuando estos familiares denunciaban, un tribunal llegaba al pueblo y promulgaba un edicto de gracia, que otorgaba a los vecinos 90 días de gracia para confesar sus pecados, y de paso, para denunciar al vecino de herejía. Pasados estos 90 días los acusados eran arrestados y aislados 40 días. Durante ese aislamiento se instaba al acusado a confesar sus pecados, y no hay que olvidar que no sabían en ningún momento quién les había denunciado ni qué pruebas había contra ellos. Comenzaban las torturas y los interrogatorios, pero hay que decir algo importante, la Inquisición no era especialmente cruenta en estos métodos, en todo caso usaba las formas tradicionales y normales para la época. Tras estos 40 días comenzaba el proceso, habiéndose confesado o no. Es en este momento cuando el acusado conocía a su acusador y las pruebas que había contra él, y se le asignaba un abogado.

Lo verdaderamente terrible de la Inquisición venía cuando llegaba la hora de la condena. Para empezar, la absolución era poco frecuente porque desacreditaba al tribunal, y hay que recordar que las denuncias eran en un inicio anónimas, dando rienda suelta a envidias -muchos conversos gozaban de una posición de privilegio económico-, a las venganzas personales y al propio medio de los conversos convencidos de su nueva fe, que temían que por culpa de los criptojudíos ellos pagaran injustamente. Las condenas eran de todo tipo, había penitencia, encarcelamiento y relajación -muerte-.

El verdadero problema de la condena es que inhabilitaba cívicamente a los condenados, y a sus hijos y nietos, y se les expropiaba los bienes. Es decir, que 2 generaciones siguientes de una familia iban a quedar marcadas y excluidas de la sociedad por culpa de un hereje, o incluso de una denuncia falsa nacida de la envidia. A veces el hereje era acusado simplemente por judaizar, que no siempre era promover el judaísmo, era la conservación de algunas costumbres judías, como cambiarse de ropa interior los sábados, practicar la circuncisión y otras actividades que eran producto de una tradición cultural milenaria, no de un comportamiento herético. Era una situación terriblemente injusta incluso para la época, más allá de las torturas en las que tanto se centra la serie Isabel –por ejemplo–, y que rondan por la mente de la mayoría de gente.

Un capital cultural y económico perdidos

Las consecuencias de la creación de la Inquisición española fueron buenas y malas. El odio hacia los judíos y hacia los cristianos nuevos llevaba un siglo de vida y tenía malas expectativas de futuro, y evidentemente había que solucionarlo. Al final fue la minoría la que se llevo la peor parte, aunque los reyes, por muy católicos que fuesen, no eran partidarios de juzgar a cualquiera que tuviera una menorá -candelabro hebreo- en casa. Económicamente eran importantes para los reinos, conformaban gran parte de la burguesía española, y Barcelona se resintió sobremanera cuando Fernando trasladó la Inquisición a Aragón y muchos comerciantes conversos huyeron cuando vieron lo que se presentaba ante ellos.

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¡Vamos todos a juzgar!

Se suele pensar que fue un negocio redondo, pero no fue así. Los bienes expropiados a los condenados servían para financiar la propia Inquisición, y poco sobraba para la corona. Es cierto que en ocasiones se buscaba sacar dinero de los procesos, lo que mermaba aún más la inexistente seguridad jurídica. Los reyes también permitían a los acusados recuperar sus bienes pagando un precio mucho mayor del que tenían, con el ánimo de arañar más ganancias. Pero se calcula que las rentas municipales de Sevilla bajaron un tercio, y el banco municipal de Barcelona quedó prácticamente sin fondos.  Y esta fue la línea en muchas otras ciudades, de modo que en absoluto la Inquisición fue un buen negocio, más bien fue un mal necesario del que se pudo rascar algo.

Pasó lo mismo años más tarde cuando se comenzó a juzgar a los moriscos y cuando un siglo más tarde acabaron siendo expulsados, hubo ciudades que acabaron perdiendo un capital económico muy importante, y una riqueza cultural sin parangón. Claro es el ejemplo de Sevilla, nuevamente afectada, que perdió una fuerza de trabajadores moriscos muy importante para el puerto y puerta de Indias, que además fueron a recalar a las costas norteafricanas, ofreciéndose a ser corsarios y luchar contra la corona que los había expulsado.

Más tarde se centrará en perseguir a los protestantes, y en el siglo XVIII se centró en los problemas de desviación moral como la bigamia, la sodomía o la blasfemia, además de arremeter contra las ideas de la Ilustración. La Inquisición se alargó por los siglos, resistiéndose a morir y adaptándose a frenar cualquier novedad que traspasara las fronteras españolas, perdiendo por completo su sentido original y  aislando a España de las nuevas ideas europeas, anclándola irremediablemente en el pasado.

 

Bibliografía

 

-DOMÍNGUEZ ORTIZ, Antonio: El Antiguo Régimen: los Reyes Católicos y los Austrias, Madrid, Alianza Editorial,1973

-H. ELLIOTT, John: La España Imperial. 1469-1716, Barcelona, Vicens Vives, 1986

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Tengo un título para contar cosas y las cuento. Entré en esto para saber más de Grecia y Roma y acabé liándome con un tema de moriscos y rebeliones.

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