Idem in me: El ejército romano durante las Guerras Púnicas (I)

Los romanos aprendían mucho y rápido. Copiaron y mejoraron una gran cantidad de elementos de sus culturas vecinas

Origen

“Si ellos, que no son romanos, lo usan bien, nosotros, que somos los hijos de Marte, lo usaremos de forma extraordinaria.” Esta frase en primera persona que me he inventado podría servir de pequeño resumen. La copia, la adaptación, y la mejora, fueron constantes en Roma. El romano observa, se fija en lo bueno, y de lo bueno, se queda con lo mejor. Si un enemigo le da una paliza en el campo de batalla, el romano no patalea, piensa por qué ha sido derrotado, y cuando tiene el por qué, lo copia para su ejército, y para colmo, acaba por mejorarlo.

Vayamos por partes. En un principio, es decir, durante la época monárquica y el inicio de la Res Publica, el ejército romano tenía un corte hoplítico con una gran influencia griega. En él servían ciudadanos, luchar por tu ciudad era un honor y un deber. Durante campañas cortas los ciudadanos se pagaban lo que se podían permitir de armamento y armadura e iban a intercambiar lanzadas con otros pueblos itálicos o griegos. Pero durante las guerras contras los samnitas —343-290 a.C.— las cosas empezaron a cambiar.

Nació la legión manipular, no sabemos con precisión si fue antes, durante, o después de someter a los vecinos samnitas, pero en ese intervalo de 50 años algún romano con ese genio típico de los hijos de Marte, ideó un sistema de combate que, poco a poco, se impondría al resto de contrincantes del mundo antiguo. La legión manipular tampoco era un invento genuino romano, era una evolución de la falange hoplítica. Observar, adaptar, mejorar. Convirtieron un sistema de combate rígido pero potente, en uno flexible, versátil e igual de potente.

Sí, es un videojuego, pero ofrece una imagen muy buena del manípulo de hastatis

Sí, es un videojuego, pero ofrece una imagen muy buena del manípulo de hastati | Total War: Rome 2 – The Creative Assembly

Legión significa leva, y aunque el nombre perdurará más tarde sin que el ejército se componga de levas ciudadanas y pase a convertirse en uno profesional, durante las Guerras Púnicas sigue aplicándose su sentido original. Las legiones eran las fuerzas ciudadanas reclutadas por Roma en un año.  Tanto legión como manípulo son términos administrativos. Una legión la conformaban unos 4.200 hombres —hasta 5.000 en tiempos de guerra—, un manípulo 120, una centuria 60…

Cada legión estaba formada por 3 líneas fijas de infantería pesada, cada línea de un tipo de soldado. A este grueso le auxiliaban la infantería ligera y la caballería. Esta idea básica es muy parecida al del resto de ejércitos de la época, con más o menos infantería pesada y más o menos auxiliares, pero las líneas generales son estas. Lo que más nos interesa es qué hay detrás de estos números.

La legión manipular, unidades y equipamiento

¿Ves a ese? Pues le he saltado el ojo desde aquí.

¿Cuáles eran los elementos que participaban en la legión? Los que estaban en una primera línea ficticia eran los velites, es decir, la infantería ligera. Estos velites no aguantaban las cargas enemigas ni las efectuaban, eran jabalineros que esperaban a estar lo suficientemente cerca del enemigo para lanzar las jabalinas, y antes de que el enemigo cargara se refugiaban tras las líneas de infantería pesada, donde se reagrupaban y continuaban, o no, lanzando jabalinas —no siempre convenía realizar descargas si el combate cuerpo a cuerpo había empezado, era importante no herir a los compañeros—.

Los velites tenían una panoplia francamente pobre. Se pertrechaban con entre 5 y 7 jabalinas y un gladius hispaniensis —era un perfeccionamiento de la falcata ibérica, la espada más temida del momento, una vez más el genio romano en vez de achicarse mejora algo de por sí magnífico—. Para protegerse llevaban un casco —aunque no todos tenían el dinero suficiente para permitirse uno—, generalmente sin cresta, para distinguirse por encima del resto algunos se adornaban recubriendo el casco con una piel de lobo. Además se acompañaban de un parma —escudo redondo—, para rechazar las descargas de los honderos o jabalineros enemigos y defenderse en combate cuerpo a cuerpo, en caso de ser alcanzados por una unidad enemiga o tener que auxiliar a sus compañeros de infantería pesada.

En este sentido el ejército es un reflejo de la sociedad romana, porque sí, estos soldados tenían esta pobre panoplia debido a que eran los que menos dinero tenían. Es cierto que este tipo de unidad debía moverse rápidamente y no iban a llevar una coraza de más de 20 kilos de peso, pero también lo es que la protección resultaba demasiado pobre.

Legionarios tardorepublicanos lanzando los pila, con espinillera izquierda, camiseta de malla, gladius y scutum | Mariusz Kozizk

La segunda línea de batalla, o primera real, la conformaban los hastati. Eran los primeros en recibir la carga del enemigo o los primeros en efectuarla. Su armamento se conformaba de un gladius hispaniensis y 2 tipos de pilum, uno pesado y otro ligero. El repertorio para protegerse es mayor que el de los velites: llevaban casco de diferentes tipos con cresta, pectorales de bronce o camisetas de malla, y una espinillera de bronce en la pierna izquierda. Remataban la panoplia con un scutum —el escudo oval itálico—.

El pilum merece una mención especial. Se trataba de una jabalina especialmente mortífera, y tampoco era original romana. Sobre de quién y cuándo la copiaron no hay nada seguro, la usaban ejércitos del entorno de Roma, tales como itálicos, celtas e iberos. Podrían haberla adaptado de cualquiera de ellos, aunque suena bastante probable que se hiciera de los itálicos, los más cercanos. Lo cierto es que se generalizó su uso en este momento y eran bastante parecidos a los pila iberos. Este tipo de jabalina resultaba tremendamente útil, tenía una punta larga que, de penetrar el escudo enemigo, tenía un largo recorrido hasta detenerse, esto hacía que se pudiese herir al enemigo por mucho escudo que llevara. Pero de no herir al enemigo tenía bastante probabilidad de dejar inutilizado el escudo y hacer que el soldado contrario continuase el combate desprotegido. Su capacidad destructiva hizo que los romanos usaran el pilum de manera masiva, siendo algo muy importante durante la Segunda Guerra Púnica.

Estos hastati eran los más pobres dentro de la infantería pesada y los más jóvenes, con suficiente dinero para permitirse más y mejor equipo que los velites, pero no tanto como para hacer alardes, simplemente lo mínimo que se podía permitir la infantería pesada. Sobre la única espinillera en la pierna izquierda, cabe decir que es lógico al ser la pierna más expuesta en combate, aunque a pesar de todo, no resultaría extraño que el que se lo pudiese permitir se hiciese con otra, comprándola o saqueando a los enemigos muertos. Para rematar la panoplia, llevaban una pugia —daga— como arma de último recurso, probablemente más usada en el día a día del campamento que en combate.

El casco más usual entre los hastati era el montefortino, de influencia celta. Era uno de los más simples del momento y que menos protección ofrecía, aunque bastante efectiva. Sí incluían una pequeña extensión en el centro para añadirle crestas, generalmente sencillas entre los hastati, un ejemplo de ello serían las tres plumas rojas, dispuestas más como diadema que como cresta.

Detrás de los hastati se situaban los princeps, que se equipaban con los mismos elementos que los hastati, pero al tener más dinero y ser algo más veteranos,  sus armas y armadura eran de mejor calidad y estaban más decoradas. Por no hablar de un puesto en el combate más privilegiado. Los jóvenes se comían lo más duro de la batalla, y los veteranos entraban más tarde.

Al fondo un rorarius* y al frente triarius | Mike Bishop

Al final de las filas estaban los triarii, los más veteranos y adinerados. Su panoplia era similar a la de los hastati y los princeps, pero en vez de ir equipados con pilum llevaban como arma principal una hasta —lanza—. Sin duda esta unidad es la que mejor ejemplifica la herencia griega del ejército romano, aunque la última noticia de Polibio sobre el uso de esta lanza de herencia hoplítica es en el 223 a.C. durante los problemas con los galos al norte. Estos triarii, al ser los más acaudalados podían permitirse la mejor de las armaduras, sin contar con que gozaban de un puesto de privilegio en la batalla.

Entre los triarii, los princeps y los oficiales era más habitual encontrar cascos diferentes, entre los que destacaban en este momento los de estilo attico y etrusco-corintio, con verdaderas crestas, protegiendo más partes del cráneo y con una mayor decoración.

El último tipo de unidad que conformaba la legión era la caballería, que estaba formada por los romanos más ricos, los que podían permitirse una buena armadura y el mantenimiento de su caballo. Eso sí, Roma les pagaba una generosa retribución en caso de perder a su caballo en combate. La panoplia de los equites era de estilo griego, con un casco de bronce, un linotórax, un escudo redondo y una lanza larga, además de una espada. Montaban al caballo con una silla celta de cuatro cuernos, y lo cabalgaban sin estribos. Aunque resulte chocante y nos parezca poco seguro, la silla de cuatro cuernos permitía mucha agilidad, movilidad y seguridad sobre el caballo, los equites necesitaban realizar cambios de posición casi acrobáticos. A pesar de todo no resultaba una caballería realmente especializada, fruto de una inexistencia de tradición en Roma.

En esta caballería montaban hijos de senadores que buscaban lanzar su carrera política, debido a que en este momento había que servir a Roma durante 10 campañas en el ejército para ejercer como político, y cuanta más fama alcanzase un hombre en combate mejor presentación política iba a tener en la urbs a su regreso.

¿Cómo? ¿Alejandro Magno? Sí, llevaba un linotórax | Wikimedia Commons

¿Cómo? ¿Alejandro Magno? Sí, llevaba un linotórax | Wikimedia Commons

Hay que señalar antes de continuar que al ser los ciudadanos los que se pagaban sus propias armas y armaduras, la realidad debía ser mucho más variada de la que he plasmado, y no sería extraño encontrarnos, por ejemplo, con espadas heredadas por ahorro y por prestigio. “-¿Ves esta espada, mi abuelo decapitó a cuatro etruscos con ella? -Sí hombre, tó guapo”.

Aunque la legión ya estaba completa, siempre iban acompañados por alae —alas— conformadas por socii —aliados—. Los socii de Roma eran unos aliados que, por lo general, no se unían a la defensa de la urbs por amor al arte de la guerra. Lo más normal es que fuesen antiguos enemigos que aceptaron la rendición incondicional antes de que Roma iniciase el asedio de una ciudad. A los que no se rendían, o no lo hacían a tiempo, les esperaba la esclavitud o unos grandes tributos de guerra. Pero estos aliados en desventaja se rendían a tiempo y mediante la deditio, el Senado formulaba un trato bilateral con los rendidos, que en líneas generales consistía en abastecer a Roma con sus soldados en caso de guerra, a cambio de participar en el botín de guerra, tener ciertos derechos, aunque no la total ciudadanía, independencia cultural y no pagar tributos. Cada trato variaba según los costes de la guerra para Roma, el potencial militar que el socii podía aportar a la urbs, y la proximidad cultural. Además, había un tipo de aliado que se ofrecía de forma voluntaria a Roma, pero eran los menos.

Casco ático romano de desfile | Wikimedia Commons

 

Estas alae que participaban en las batallas de Roma tenían sobre el papel el mismo número de hombres que las legiones, pero había veces en las que se desplegaban más socii que romanos. Las alae estaban compuestas por infantería y caballería, con un número similar de infantes a las legiones pero con tres veces más caballería. Estaban organizadas en cohortes y turmaes —del mismo modo que los equites—, formas que parecen anteriores a la manipular. De estas alae se creaba un cuerpo de élite formado por un quinto de los mejores infantes y un tercio de los mejores caballeros, llamados extraordinarii. Estaban destinados a ser la primera línea de las fuerzas del cónsul, aunque en caso de retirada formaban la retaguardia.

Ciudadanos en el campo de batalla

Como ya sabemos, el ejército lo formaban ciudadanos. En este momento sigue siendo un ejército con un servicio estacional. No tenemos muy claro cómo se realizaba el proceso de reclutamiento, ni qué sucede cuando se desmoviliza y se vuelve a reclutar. Pero por lo que nos cuenta Polibio, todos los hombres de 17 a 46 años con una propiedad de 11.000 ases de valor, eran requeridos por el Senado para entrar en un proceso de selección, el dilectus, que se desarrollaba en el Capitolio. Parece ser que lo normal era que un hombre sirviese a Roma durante 6 años o campañas como mucho, aunque existía la posibilidad de llegar a 16, probablemente por gusto o por mala suerte.

Gladius de tipo pompeii | Wikimedia Commons

 

Para sellar la adhesión al manípulo, parece que existía una especie de juramento al inicio del servicio en el que los centuriones al cargo del manípulo recitaban lo siguiente: “Nunca abandono la hilera porque me invada el miedo y quiera huir, pero sí lo hago para recuperar un arma con la que matar a un enemigo o para rescatar a un compañero”, y los recién reclutados gritaban al unísono “Idem in me”.

Pero este servicio temporal empezaba a ser cada vez más largo. Las guerras se hacían constantes y la conquista de Córcega y Cerdeña hacía que fuesen necesarias guarniciones permanentes, de modo que un servicio no muy prolongado en el tiempo se empezó a convertir en una auténtica odisea. Es cierto que los legionarios cobraban, pero no demasiado, tan sólo un denario cada tres días, lo que hacía un total de 120 al año. Un centurión cobraba el doble, y los equites un denario al día. Teniendo en cuenta que los equites debían mantener bien alimentado a su caballo, no resultaban un gran pago por defender la urbs.

Un trabajador sin cualificar o un simple tendero podía conseguir al año el doble de lo que cobraba un centurión, pero un tendero no tenía la gloria que se conseguía en batalla. Luchar por Roma era un deber, una responsabilidad, y un privilegio. Pero para muchos empezaba a ser una carga fastidiosa al no poder asistir a su familia durante tanto tiempo.

*Un rorarius era otro tipo de soldado equipado con lanza y escudo, pero con una panoplia mucho más pobre que los triarii, empleados a veces para labores auxiliares dada su armadura más ligera y su mayor movilidad.

Bibliografía básica

—FIELDS, Nic: The Roman Army of the Punic Wars 264-146 BC, Oxford, Osprey Publishing, 2007.

—JIMÉNEZ GARCÍA, Gustavo: “El pilum romano en la Segunda Guerra Púnica”, en Desperta Ferro, serie Antigua y Medieval, Nº17, 2012, pp. 44-45.

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Tengo un título para contar cosas y las cuento. Entré en esto para saber más de Grecia y Roma y acabé liándome con un tema de moriscos y rebeliones.

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4 respuestas a “Idem in me: El ejército romano durante las Guerras Púnicas (I)”

  1. Ismael dice:

    Qué me gusta que sepas citar correctamente -aunque en la revista, después del número, debías poner también el año-

  2. […] ya vimos en la primera entrega dedicada a las legiones romanas durante las Guerras Púnicas, el ejército romano contaba con 3 […]

  3. […] con Roma era sencillo para ellos. Durante una estación abandonaban sus campos a cambio de una reducida paga y el prestigio de servir en batalla, que no era poca cosa. El problema empezó cuando estos […]

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