Choque y gladius: El ejército romano durante las Guerras Púnicas (II)

El ejército romano en combate era una máquina engrasada para la flexibilidad y la duración en las batallas

El despliegue de combate

Como ya vimos en la primera entrega dedicada a las legiones romanas durante las Guerras Púnicas, el ejército romano contaba con 3 líneas de infantería pesada “fijas” y otra mucho más versátil de infantería ligera o jabalineros. El esquema básico de despliegue de las tropas romanas seguía esta sencilla pauta: en la primera línea había diez manípulos de hastati, dejando un hueco entre uno y otro suficientemente grande para que otro manípulo pasara por él sin problema, unos metros más atrás –de nuevo los suficientes para que maniobre sin problemas otra línea de infantería–, “tapando” los huecos de los hastati se situaban los manípulos de princeps, también dejando un hueco entre cada manípulo. Al final del todo estaban los manípulos de triarii, alineados con los hastati, cubriendo de ese modo los huecos entre los manípulos de princeps. A esta formación se la conoce como triplex acies –línea triple–.

Triplex acies

Este sistema era flexible por diferentes motivos: podía hacer caer el enemigo pronto, pero estaba preparado para combates de larga duración, además el manípulo permite cambiar posiciones y direcciones con facilidad. Son tres hileras, y hay que quebrar cada una de ellas. Es como si fueran niveles en un videojuego en el que para llegar al primer nivel ya las pasas un poco putas. Si además conseguías pasar de nivel, los enemigos cada vez eran más duros y estaban más frescos.

En un ejército consular solía haber dos legiones en el centro de la formación, con las alae en los flancos, y protegiendo la formación en el extremo de los flancos, los equites. Esta formación dependía siempre del número de legiones, del número de socii, de caballería, de las ideas del cónsul, del terreno y un sinfín más. Pero esta es la proyección básica del ejército romano. El puesto de honor era para el cónsul o el general al caso, detrás de las dos legiones.

E=Equites, A=Alae, L=Legio

La función de las alae dependía del tipo de soldados que llevaran. En un principio es probable que su combate fuera más propio, y poco a poco más romano. En general, más fuerzas de choque, y probablemente honderos o jabalineros, además de caballería, parte de la cual ya vimos que quedaba con el general para protegerlo.

Los equites protegían a la infantería pesada de las cargas de caballería, muy móviles y poco de cargar, aunque no eran malos en ello. Hay que decir que las cargas de caballería contra enemigos bien posicionados y protegidos eran una locura absoluta. A nadie se le ocurría mandar caballería contra una falange, por ejemplo, pero sí contra una falange mermada a la que es factible atacar por la espalda. De modo que tenían varios papeles: dispersar auxiliares –los más fáciles para la caballería, y para cualquiera–, evitar cargas de caballería enemigas a los flancos y romper infantería pesada cuando la situación fuese idónea.

Fases del combate

 

Primera fase

Cuando los dos ejércitos estaban el uno frente al otro –la idea principal del ejército romano es la del combate masivo de choque–, sabemos que los velites estaban al frente en una efímera hilera esperando la carga enemiga, o avanzando con cuidado para provocarla con descargas de jabalinas. Cuando la primera línea enemiga empezaba a cargar, los velites se replegaban usando los huecos dejados por los hastati, borrándose momentáneamente del combate y reagrupándose tras los triarii. Después ya veían qué hacían, esperar o ser enviados por el general a un lugar donde tuviesen un buen rango de tiro, como los flancos.

En cualquier caso, si alguien solía llevarse la peor parte esos eran los velites. Que el ejército enemigo cargara y los velites esperasen para lanzar sus descargas suponía que antes, o al mismo tiempo, recibían descargas de proyectiles, porque si los enemigos contaban con honderos o arqueros, el rango de tiro era mayor y sufrían las descargas enemigas antes de poder realizar las propias, y acercarse al enemigo para realizarlas suponía más o menos lo mismo, sumando que tenían que correr más al replegarse. Además se podía dar el caso de una caballería enemiga cargando contra los velites, encontrando de este modo una muerte rápida pero no menos dolorosa.

Los velites eran unos jodidos héroes, en resumidas cuentas, y como tales, morían en el campo de batalla, solo que sin mucho reconocimiento. Una mezcla entre bravos y prescindibles guerreros.

Segunda fase

Entretanto, los hastati cierran filas, es decir, tapan los huecos y se preparan para recibir la carga del enemigo. Esto se hace de dos formas: o reduces filas del manípulo sacrificando profundidad pero alargando las mismas hasta cubrir los huecos, o el manípulo estaba dispuesto sobre el campo de batalla claramente dividido en dos centurias, y la trasera se sitúa al lado de la delantera. En cualquier caso sacrificaban profundidad, es decir, se hacían vulnerables, porque con filas menos profundas pero hileras más anchas ocupaban más espacio a lo ancho pero el manípulo se podía quebrar antes. No importa cuando detrás había 1.800 romanos veteranos que te van a salvar el culo cuando te haga falta y en tus flancos a los socii, que se van a comer lo que sea necesario.

Una vez hecho esto, los hastati preparaban sus pila (el plural de pilum), primero lanzaban el ligero, y después el pesado. Si nos paramos a contar, el ejército enemigo ha sufrido un mínimo de 3 descargas de jabalinas cuando hace contacto con los hastati, y no sería extraño que llegasen a contar 4 o 5 dependiendo de la pericia de los velites y la lentitud de la carga enemiga. Sin olvidarnos de que el pilum inutilizaba escudos y dejaba clavados soldados al suelo debido a su larga punta. ¿Y si los enemigos los recogían y los tiraban? Imposible, la punta del pilum estaba diseñada para romperse tras un uso. Genio táctico romano, ¿o no?

La escena era terrorífica, y para añadirle más leña al fuego, una vez que los hastati gastaban sus pila, desenfundaban el gladius y gritaban mientras golpeaban sus escudos con el mismo, lanzándose al ataque contra los probablemente –más o menos– mermados enemigos, al menos la primera línea enviada.

Princeps en combate

Hay debate sobre el uso de la espada y el escudo en la legión manipular. Si estaba más enfocado a cortar o a pinchar, pero la diversidad de testimonios y opiniones hacen pensar que probablemente se usaran para ambas cosas, especialmente en función del enemigo. Por ejemplo, contra tribus galas mientras se aseguraba la frontera del norte, con una panoplia más ligera, es lógico pensar que se buscara más pinchar a los enemigos. Por contra, frente a ciertas tropas de Cartago más helénicas y con una panoplia mucho más fuerte y pesada, resultaría más lógico que se buscara el tajo en las piernas para romper las falanges. Porque no solo se trataba de la dureza de la panoplia del contrario, también eran importantes las formaciones y estrategias, y la legión manipular tenía varias respuestas para las diferentes situaciones.

Pero en general, cuando el enemigo estaba lo suficientemente cerca, el legionario golpeaba con su scutum para desestabilizar al oponente y lanzaba un espadazo –que no veías venir porque el scutum lo tapaba todo–, buscando el tajo o el pinchazo. En esta escena, el legionario cubría casi la totalidad de su cuerpo con el scutum, el resto corría a cuenta de la espinillera izquierda –la pierna derecha no estaba expuesta– y del casco.

Tercera fase

Si todo lo anterior no surtía efecto, es decir, rompía las líneas enemigas, y los muy plastas seguían repartiendo lo suyo entre los hastati, los manípulos de princeps entraban en escena. Era algo sencillo, todo seguía igual, pero los veteranos iban reemplazando a los jóvenes caídos o exhaustos, y aunque el enemigo había sido capaz de aguantar todo lo anterior, la cosa se ponía fea.

Como hemos dicho, la legión estaba pensada para durar lo que hiciese falta en combate, aunque la mayoría de ejércitos se componía más o menos de lo mismo –grueso de infantería pesada apoyada por auxiliares–, y aguantaban más o menos, el combate cuerpo a cuerpo era algo terrorífico mentalmente y extenuante físicamente, el manípulo estaba pensado para dar relevos y así sanear la primera línea de combate, algo que hacía a las legiones especialmente complicadas de vencer –y de algún modo Roma era así, sacaba legionarios de debajo de las piedras, algo que a todos les resultaba irritable y agotador–. La falange, por ejemplo, mostraba todo su potencial de inicio, y aunque sus combatientes eran formidables guerreros que aguantaban de todo, el cansancio era algo inevitable. Cuando inventas un sistema de combate prácticamente igual de fuerte –al menos en lo defensivo– y basado en renovar el brío de los hombres, te mereces que te llamen genio.

Si todo lo anterior fallaba, entraban en juego los triarii relevando a los hastati y princeps mermados o directamente muertos. Eran el último recurso y su presencia era en parte terrorífica y en parte esperanzadora. Que entrasen en combate significaba que habías hecho mucho daño, pero también que estabas jodido, sobre todo porque los triarii al ser una tropa de tipo más falangita –con una armadura más pesada–, duraban mucho más en combate, eran difíciles de matar, expertos y estaban frescos.

A todo lo dicho hay que añadirle toda clase de condicionantes, como los números del enemigo, el tipo de ejército del mismo, el terreno y la inteligencia de ambos generales. Roma creó una máquina militar formidable y difícil de vencer, pero no infalible, sus enemigos no eran mancos.

Bibliografía básica

—FIELDS, Nic: The Roman Army of the Punic Wars 264-146 BC, Oxford, Osprey Publishing, 2007.

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Publicado por

Tengo un título para contar cosas y las cuento. Entré en esto para saber más de Grecia y Roma y acabé liándome con un tema de moriscos y rebeliones.

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