Cristina de Suecia, la Reina que abdicó para ser libre

Criticada por muchos por su rebeldía, su aspecto andrógino, y su supuesta promiscuidad. Admirada por tantos otros, Cristina de Vasa fue una gran mecenas del siglo XVII, una reina de dos caras que debes conocer.

La verdad es que muy agraciada no era la chiquilla. | Sébastien Bourdon.

Un 18 de diciembre de 1626, María Leonor de Brandemburgo daba a luz en Estocolmo al bebé que había concebido junto a su esposo Gustavo II Adolfo. Nació con el cuerpo recubierto de vello, lo que provocó que al principio creyesen que se trataba de un hijo varón. De aspecto andrógino, la pobre Cristina fue desde sus comienzos una niña diferente, sufría de ciertas deformidades y presentaba un pecho comprimido y un hombro más elevado que otro. Quizás estas deformidades fueron la causa de la animadversión de Cristina hacia los enanos de corte que tan de moda estaban en Europa, pero que para ella eran sólo un espejo de sus propios defectos físicos, provocándole un recuerdo muy sufrido de su infancia.

En 1632, tras el fallecimiento  de su padre en la batalla de Lützen, Cristina de Vasa fue separada de su madre y puesta a cargo de su tía paterna Catalina para convertirse, con tan solo 6 años, en la reina de Suecia bajo la regencia del canciller Oxenstierna. Finalmente, el 20 de octubre de 1650 tuvo lugar su coronación.

Fue siempre una mujer singular que rompía todos los esquemas propios de su sexo y de su época. Era una amazona magnífica a la que le encantaba ir de cacería, y al tiempo despreciaba las tareas propiamente femeninas como las costura, labor que detestaba. A veces, incluso solía vestir como un hombre, levantando algunas ampollas en la corte, y dejándonos testimonios como el del jesuita Manderscheydt, quien tras conocer a la reina escribía:

“Es chica de cuerpo, tiene la frente muy abierta, los ojos grandes y bellos de todo punto amables, la nariz aguda, la boca pequeña y hermosa; no tiene nada de mujer sino el sexo. Su voz parece de hombre, como también el gesto; […] cada día a caballo […] que a no verla muy de cerca, se dijera ser un caballero […] Trae un sombrerito entonces y un jubón a la española, y por sólo su pollera se echa de ver que es mujer.”

Olé, olé, arre que nos vamos, pasando de remendar las colchas | Sébastien Bourdon

Ciertamente, Cristina de Suecia provocó fuertes quebraderos de cabeza a los hombres poderosos de su entorno, comenzando por los miembros del Consejo del Reino, que veían como el tiempo pasaba y la reina rehusaba a todos sus posibles pretendientes. ¡Ella era una mujer, no debía reinar sola! Definitivamente, Suecia necesitaba a un varón que se sentase junto a Cristina (y que la acompañase en la alcoba, y garantizase la línea sucesoria, claro está), por lo que el Consejo del Reino comenzó a presionar a la reina con la necesidad de contraer nupcias, pero no era una tarea sencilla. Pese a lo que podamos imaginar, la dificultad para hallar un esposo para Cristina no se debía a su falta de belleza y su aspecto andrógino, de hecho eran muchos los que destacaban las virtudes de la Reina desde su juventud, como se recoge en estas palabras de Gabriel Oxenstierna:

“Demuestra una nobleza y un espíritu propio de la realeza y si a esto se añade una educación adecuada, está sin duda llamada, dentro de las limitaciones de su sexo, a seguir los pasos de su padre”

Eran estas limitaciones propias del “sexo débil” las que obligaban al Consejo del Reino a solicitar reiteradamente a Cristina que reconsiderase su postura frente al matrimonio. Y es que la Reina siempre se mantuvo firme al respecto, algo que era de sobra conocido en todas las cortes europeas, y que podemos apreciar en las palabras del padre Manderscheydt:

“No puede oír hablar de casarse ni jamás se lo ha podido persuadir, diciendo a este propósito que nació libre y quiere morir libre”

Una actitud de clara ambigüedad en su forma de actuar, su carácter rebelde y provocador, junto a su rechazo al matrimonio, fueron la causa de que los rumores y difamaciones corriesen como la pólvora. Mujer promiscua, con diversos amantes (destacando a Descartes), lesbiana, e inclinada al consumo excesivo de bebidas alcohólicas… fueron sólo algunas de las afirmaciones que se hicieron sobre ella y que hoy  día no han podido confirmarse. Llegó incluso a circular una carta que decía que la Reina “enloquecía y se pasaba las noches correteando por las calles”, corría ebria por los pasillos de palacio y permitía a algunos hombres desnudarse ante ella, lo que parece sorprendente si tenemos en cuenta que Cristina odiaba el vino, la cerveza y los licores, y se horrorizaba con el consumo ajeno elevado de alcohol.

Ante las fuertes presiones del Consejo del Reino que instaban a Cristina a contraer matrimonio de inmediato, el 6 de junio de 1654 la Reina decide abdicar, tomando entonces la corona su primo Carlos X Gustavo. Comienza así una nueva etapa en su vida.

Aquí vemos a la Reina con los colegas en los salones de su palacio hablando de ciencia| P. Louis Dumesnil.

Marcha a Roma, donde en 1655 se convierte públicamente al catolicismo, lo que habría sido un durísimo golpe para su padre si hubiese vivido para verlo, fiel defensor del protestantismo como fue. Gracias a la pensión vitalicia que le quedó tras su abdicación, Cristina se trasladó al palacio Riario, actualmente conocido como el Palazzo Corsini, donde desarrollaría con mayor fuerza su faceta artística y cultural. Aunque sin dejar de lado, ese punto de provocación que ya había manifestado en su primera etapa italiana, cuando ordenó que se quitasen los taparrabos de las esculturas clásicas que allí se encontraban, y encargó la colocación de pinturas con desnudos de su colección italiana por todas las habitaciones.

Lo cierto es que mostró curiosidad y afán de coleccionismo durante toda su vida, lo que se tradujo en una gran labor de mecenazgo, con la que se ganaría el sobrenombre de “La Minerva del Norte”. Inteligente, de gran memoria, muy interesada por el Arte, la Ciencia, la Filosofía, la Política, y todos los saberes de la época, como la Astronomía o la Alquimia (se conoce que poseyó un laboratorio para el desarrollo de estas disciplinas). Cristina de Suecia conocía el francés, latín, italiano, español, holandés, griego, y hasta un poco de hebreo. En 1674 fundó la Academia Reale con el objetivo de promover la vera educazione, y su palacio en Roma se convirtió en un foco de arte y cultura que atraía a grandes mentes y talentos de la época, que asistían a sus reuniones académicas, conciertos, representaciones teatrales….

Al final la enterraron donde les dio la gana | Tumba de Cristina de Suecia en el Vaticano. Fotografía Miguel Hermoso

A pesar de que en su testamento había expresado su deseo de ser enterrada en el Panteón, finalmente, tras su fallecimiento el 19 de abril de 1689, es enterrada en la basílica de San Pedro del Vaticano con todos los atributos propios de una reina, vestida de blanco y púrpura, manto de armiño, cetro y corona.

Cristina de Suecia sigue siendo, en lo más profundo, un gran misterio para los investigadores. Quizás más conocida por su supuesto romance con Descartes, lo cierto es que fue una gran intelectual y mecenas, así como una mujer que rompió todos los moldes de su  tiempo, con su fuerte y particular carácter, y con la férrea defensa de sus convicciones. Una figura que merece ser objeto de nuevos estudios que profundicen en otros aspectos más allá de los tópicos que sus propios coetáneos intentaron transmitir.

 

Cristina de Suecia en el cine:

LA REINA CRISTINA DE SUECIA (1933), protagonizada por Greta Garbo bajo la dirección de Rouben Mamoulian.

LA ABDICACIÓN (1974), dirigida por Anthony Harvey y Liv Ullman como la reina Cristina.

 

Bibliografía recomendada:

ALLENDESALAZAR, U.: La reina Cristina de Suecia, Ed. Marcial Pons Historia, Madrid, 2009.

OOTSTENDORP, H.: “Cristina de Suecia en el teatro español del siglo XVII”, en Diálogos hispánicos, 1989, no 8, p. 245-260.

QUILLIET, B. et CABARROCAS, C.: Cristina de Suecia, un “rey” excepcional. Editorial Planeta, 1992.

VON DER HEYDEN-RYNSCH, V.: Cristina de Suecia: la reina enigmática. Tusquets editores, Barcelona, 2001.

WEINER, J.: “Cristina de Suecia en dos obras de Calderón de la Barca”, en Bulletin of the Comediantes, 1979, vol. 31, no 1, p. 25-31.

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Licenciada en Historia. Yo era muy de Julio César hasta que me presentaron a Carlos V. Fue amor a primera vista, le dije "si tú me dices ven, lo dejo todo", y así fue.

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