Los monstruos marinos (I): Plinio el Viejo

Desde que nacemos los monstruos son parte de nuestro imaginario. Y lo mismo ha ocurrido con el ser humano desde sus orígenes, acechado por monstruos de lugares ignotos.

Los monstruos han acompañado al hombre desde su nacimiento, bien formando parte de toda una mitología, una religión o una tradición, o bien como el resultado inevitable y natural ante el miedo, especialmente el que sentimos cuando nos enfrentamos, o mejor dicho cuando no queremos enfrentarnos, a lo desconocido. Por otra parte esta reacción, aunque en multitud de ocasiones ha llevado y lleva al ser humano a ignorar cosas que le serían de gran ayuda e incluso a infligir daño a otros seres, es un “mecanismo psicológico” que ayuda al hombre a evitar ciertos peligros y que además genera toda una serie de ideas entre las que podemos encontrar multitud de seres sobrenaturales.

Esos monstruos pueblan los lugares más vastos o recónditos de la tierra, también se ocultan en otras dimensiones, otros planetas… e incluso los encontramos en nuestra propia casa, en los lugares más temidos por los niños, acechando desde la oscuridad que se cierne bajo nuestras camas o que emana de nuestros armarios. Cuando llegamos a la edad adulta el miedo a los monstruos que se esconden en los armarios nos parece irrisorio, pero no debemos olvidar que en nuestra niñez era un miedo totalmente coherente. Bien, pues un ejercicio parecido es el que debemos realizar para comprender el miedo que pudo causar al ser humano, tanto en la antigüedad, como en la Edad Media o en la Edad Moderna (aunque en menor medida en este último período) un posible encuentro con esos aterradores y peligrosos monstruos.

Como ya sabemos los monstruos prefieren lugares oscuros, peligrosos y desconocidos ¿Y que lugar es más apropiado para que surjan estos seres que el vasto y oscuro mar? En el presente artículo nos gustaría acercaremos a estos monstruos para contemplarlos desde un lugar seguro. El objetivo es navegar fugazmente por el Mare Nostrum de la mano de Plinio el Viejo, para posteriormente dar un salto a los Mares del Norte con Olao Magno, pero esa escala la dejamos para otro artículo.

Curiosas entradas las de Plinio...

Curiosas entradas las de Plinio… | Wikimedia Commons

Plinio nació entre el año 23 y 24, en el seno de una familia acomodada, en una colonia romana conocida con el nombre de Nouum Comum (actual Como, en la Lombardía italiana). Su  obra más conocida, y la única que se conserva completa, es Naturalis Historia o Historia Natural. Es una obra “enciclopédica”, compuesta por 37 libros, en la que el autor intenta recoger gran parte de los conocimientos de su época sobre la Historia Natural (cosmología, meteorología, geografía, zoología, botánica, medicina, antropología, magia, mineralogía, farmacología…). Estos libros ejercieron una notable influencia en autores posteriores de las más diversas disciplinas, incluso ya entrada la Edad Moderna, gracias a su belleza literaria, y a que representa un modo de conocimiento predominante en Europa hasta la Revolución Científica, preocupado por lo particular, el detalle y la maravilla. Plinio representará durante mucho tiempo la imagen del naturalista por antonomasia, y, de hecho, el conde de Buffon, autor de la gran historia natural de la Ilustración, sería conocido con el sobrenombre de “el Plinio francés”.

En nuestro caso, los libros que nos interesan son el III, el X y el IX, que es el que corresponde a los animales acuáticos. Aquí podríamos distinguir referencias a seres a los que denomina en el texto original con el término monstrum por motivo de su enorme tamaño (ballenas, langostas, pulpos, anguilas, peces sierra, perros del mar o escualos, y “bestias parecidas al ganado”) y a los que proceden de la mitología clásica (tritones y nereidas). Estos últimos son los más divertidos, así que son de los que os vamos a hablar en Rea Silvia.

Monstruos mitológicos

  • Escila y Caribdis. Este es un caso especial, y es que no aparece referencia alguna a estos dos seres mitológicos en el libro IX, sino en el III, que es el dedicado a la geografía, y es que aparecen no como seres vivos y monstruosos sino como enclaves geográficos. (Historia Natural, III, 8, 87; Historia Natural, III, 5, 17; Historia Natural, III, 5, 18.)
  • Sirenas, en Plinio, por supuesto, aparecen en el Libro X, dedicado a las aves. (Historia Natural, X, 49, 136-137)
  • Tritones y nereidas (Historia Natural, IX, 5, 9-11)

 

Escila y Caribdis

 

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Se ve “estrechito” ¿verdad? | Wikimedia Commons

Ya en la mitología griega encontramos a seres extraños y peligrosos que pueblan las aguas y cuyo recuerdo se ha ido trasmitiendo siglo tras siglo. En la antigüedad los monstruos tenían una identidad e individualidad, un nombre propio e incluso toda una historia de su génesis, algo que poco a poco se irá perdiendo. Un ejemplo de esto, lo encontramos en Escila y Caribdis, dos bestias que según el mito custodiaban el estrecho de Mesina, situado entre la isla de Sicilia y la región italiana de Calabria.

Pobre Escila, normal que esté de mala leche, los perros no la dejan dormir.

Pobre Escila, normal que esté de mala leche, los perros no la dejaban ni dormir | Wikimedia Commons

Escila, fue una joven hija de la diosa Crateis que fue castigada por motivos de amor y condenada a vivir convertida en una mujer en la parte superior de su cuerpo y una jauría de perros hambrientos en la inferior. Mientras que Caribdis hija de Poseidón y Gea, era una joven glotona que acabó devorando a los rebaños de Gerión cuando Herákles estaba cumpliendo con el décimo de los doce trabajos que le había encomendado Euristeo, provocando la cólera de Zeus que la condenó convirtiéndola en un monstruo.  Pero si queremos conocerlas a ellas y saber lo temibles que podían ser no podemos sino leer las palabras que Homero puso en boca de la hechicera Circe:

“Ni el más hábil arquero podría desde el fondo del barco con su flecha alcanzar la oquedad de la cueva en que Escila vive haciendo sentir desde allí sus horribles aullidos. […] su cuerpo es de un monstruo maligno, […]; tiene en él doce patas, mas todas pequeñas, deformes, y son seis sus larguísimos cuellos y horribles cabezas cuyas bocas abiertas enseñan tres filas de dientes apretados, espesos, henchidos de muerte sombría. La mitad de su cuerpo se esconde en la cóncava gruta; las cabezas, […] van mirando hacia el pie de la escarpa y exploran su presa […]. Los marinos jamás se ufanaron de haber escapado con la nave sin daño de allí, que con cada cabeza siempre a un hombre arrebata aquel monstruo del barco azulado.

(En)El peñasco de enfrente […] brota frondosísima higuera silvestre y debajo del risco la divina Caribdis ingiere las aguas oscuras. Las vomita tres veces al día, tres veces las sorbe con tremenda resaca y, si ésta te coge en el paso, ni el que bate la tierra librarte podrá de la muerte.”

Homero, Odisea – XII, 83-101

Estas dos criaturas van perdiendo fuerza mítica, y en Plinio, Escila y Caribdis pasan de ser dos seres divinos a, simplemente, un pequeño accidente geográfico y un fenómeno meteorológico, respectivamente. Dice de ambos que son famosos por su peligrosidad, quizás Plinio encuentre aquí el origen del mito de Escila y Caribdis, como una respuesta al miedo de los navegantes que, al cruzar por el estrecho de Mesina, sufrían tales peligros que les podía parecer que estuviesen siendo atacados por dos monstruos.

“En ese estrecho está el escollo Escila e igualmente el torbellino Caribdis, ambos famosos por su peligrosidad”

Plinio el Viejo, Historia Natural. III,   8, 87.

Sirenas

“Tú escucha lo que voy a decir […]. Lo primero que encuentres en ruta será a las Sirenas, que a los hombres hechizan venidos allá. Quien incauto se les llega y escucha su voz, nunca más de regreso al país de sus padres verá ni a la esposa querida ni a los tiernos hijuelos que en torno le alegren el alma. Con su aguda canción las Sirenas lo atraen, le dejan para siempre en sus prados; la playa está llena de huesos y de cuerpos marchitos con piel agostada”

Homero, Odisea – XII, 37- 46.

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No mintáis, sé que estabais pensando en ella.

 

Los más listillos teníais en mente a esta otra eh?

Los más listillos teníais en mente a esta otra, ¿eh? | Wikimedia Commons

Otro caso interesante es el de la sirena, un monstruo cuya fisionomía ha ido cambiando a lo largo del tiempo. Aunque hoy día a la mayoría de la gente que piensa en sirenas (si lo hacéis con mucha frecuencia deberíais miraroslo…) tiene en mente a una mujer hermosísima con pecho descubierto y el “pequeño inconveniente” de poseer cola en lugar de piernas. Sin embargo, para los griegos eran unos seres con cuerpo de pájaro y cabeza de mujer que atraían con su hermoso canto a los marineros hacia enormes penalidades. Luego llegó Disney. Aunque siendo sinceros (y dejando a un lado el rencor causado por la compra de Star Wars…), no podemos echarle las culpas a los media porque ya en la Edad Media y en la Edad Moderna podemos encontrarnos sirenas de todo tipo: mitad mujer-mitad ave, mitad mujer-mitad pez, e incluso clasificaciones en las que nos diferencian los dos tipos de sirenas. Con el aumento de los viajes navales a las Indias, serán las sirenas de tipo mujer-pez las que se irán imponiendo sobre el modelo original de la mitología clásica de mujer-ave.

Plinio, por su parte, considera a las sirenas de la familia de las aves, de ahí que las encontremos en el libro X, dedicado a la ornitología. Este romano del siglo I d.C. ya no creía en esas temibles cantoras con plumas y garras de ave, y cuando nos habla sobre las aves fabulosas, dice así:

“Y tampoco se creerá en la sirenas, aunque Dinón, padre del celebrado a autor Clitárco, afirme que existen en la India y que con su canto hacen que a los hombres les abandonen sus fuerzas para desgarrarlos, cuando en están sumidos en el sueño”

Plinio el Viejo, Historia Natural. X, 49, 136-137

Antes daba mucho más mal rollo.

Antes daban mucho más mal rollo | Wikimedia Commons

No podemos cerrar el problema de las sirenas sin hacer un pequeño apunte sobre éstas. Y es que  podemos encontrarnos referencias en las que se han confundido a las nereidas, que sí aparece en el libro IX, con las sirenas, lo que ha podido desembocar en algún error, como por ejemplo el de atribuir a las sirenas el episodio del emperador Tiberio que veremos a continuación.

 

 

 

Nereidas y tritones

¿Pero qué es una nereida? Lo primero que debemos saber es que las nereidas pertenecen a la familia de las ninfas. Las ninfas son unas divinidades de carácter menor, o genios femeninos, asociadas con la naturaleza y su nombre significa algo así como “jóvenes casaderas”. En general se refieren a ellas como hijas de Zeus, aunque en el caso de las Oceánides los progenitores son Océano y Tetis, y en el de las nereidas son Nereo y la oceánide Doris. Estos dos últimos grupos de ninfas son las asociadas al mar, de ahí que en ocasiones se las confunda con las sirenas o se fusionen ambas figuras.

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“Con lo agustito que estoy yo aquí” | Wikimedia Commons

Por su parte, los tritones son otros monstruos vinculados a los mares, y que en ocasiones se presentan como el masculino de las sirenas (las que son mitad pez), o de las oceánides o nereidas, a las que al asociarlas al mar en algunas representaciones se les colocan cola de pez. Estos seres, mitad pez mitad hombre, eran en su origen uno solo, concretamente el hijo del dios Poseidón y la nereida Anfitrite, y cuyo nombre era precisamente Tritón. Se trata de un proceso de pérdida de identidad de un personaje mitológico único, hijo de una divinidad, hasta que termina dando nombre a un conjunto de seres a modo de “raza o especie”. En Plinio vemos que este proceso de desinvidualización ya se ha consumado:

 “Al emperador Tiberio una embajada de olisiponenses, enviada al efecto, le llevó la noticia de que había sido visto y escuchado en una gruta un tritón tocando su concha, con el aspecto con el que se los conoce. Y tampoco es cosa falsa lo de las nereidas, sólo que su cuerpo está totalmente erizado de escamas, e incluso en la parte donde tienen forma humana.”

Plinio el Viejo, Historia Natural. IX, 5, 9-10.

 

medida que transcurre el tiempo los monstruos de la mitología grecolatina se convierten en bestias sin nombre ni historia propia, si bien, por supuesto, existirán excepciones. Algunos autores como nuestro Plinio, u otros como Claudio Eliano o Solino, conservarán en sus obras algunos de los nombres de estos seres mitológicos, al tiempo que van dejando que otros se diluyan y desaparezcan, perdiendo así la individualidad de la que gozaron. Por otro lado, aparecen monstruos que, aunque también causarán terror, serán conocidos por el nombre de su “especie” y no como monstruos únicos y con nombre propio, y, salvo en algunas ocasiones, carecerán de una historia de su génesis y de una mitología elaborada que los envuelva.

La teratología o estudio de los monstruos, es un campo que se sigue estudiando en la actualidad de la mano de algunos investigadores, y si leemos algún trabajo relacionado con el tema de los monstruos es rara la ocasión en la que no se hace referencia a la Historia Natural de Plinio. No importa si el trabajo se enmarca en un contexto histórico totalmente alejado del tiempo de nuestro autor romano, pues la importancia de éste reside en la trascendencia de su obra y en la influencia que ha ejercido sobre autores posteriores: Ulisse Aldrovandi, Olao Magno, Conrad Gessner, Ambroise Paré… Pero de esto os hablaremos en otro artículo.

 

Bibliografía recomendada:

–CAMINO CARRASCO, M.: “Los monstruos marinos en Plinio el Viejo” en GULLÓN ABAO, Alberto; MORGADO GARCÍA, Arturo; et RODRÍGUEZ MORENO, José Joaquín (Eds.): El mar en la Historia y en la Cultura. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz. Cádiz, 2013.

–GRIMAL, P.: Diccionario de Mitología griega y romana. Editorial Paidós, D.L. Barcelona, 2006.

–HARD, R.: El Gran Libro de la Mitología Griega. Editorial La Esfera de los Libros. Madrid, 2008.

–MAGASICH, J. et DE BEER, JM.: América Mágica. Mitos y creencias en tiempos del descubrimiento del nuevo mundo.  LOM Ediciones. Santiago de Chile, 2001.
–WITTKOWER, R.: “Maravillas de Oriente: Estudio sobre la historia de los monstruos”, Sobre la arquitectura en la edad del Humanismo. Ensayos y escritos.  Editorial Gustavo Gili. Barcelona, 1979.

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Publicado por

Licenciada en Historia. Yo era muy de Julio César hasta que me presentaron a Carlos V. Fue amor a primera vista, le dije "si tú me dices ven, lo dejo todo", y así fue.

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