La guerra submarina y la entrada de Estados Unidos

En 1917 Alemania sabía que la victoria pasaba por romper el bloqueo británico usando sus submarinos, lo que empujaría a Estados Unidos a entrar en la guerra.

En 1916 el panorama de la Gran Guerra había cambiado. Por primera vez en dos años los Aliados habían recortado kilómetros en el frente occidental a las Potencias Centrales y habían conseguido desgastar a su enemigo, que era el objetivo. A estas alturas de la guerra todas las potencias habían comprendido a la perfección (al menos en tierra) cómo funcionaban las nuevas formas de combate, ya nadie pensaba en grandes ofensivas que ganasen batallas en unos pocos días, en las trincheras se ganaba metro a metro, día a día y mes a mes, la victoria final llegaría por otro camino.

La importancia de la economía

La nueva guerra se luchaba entre sociedades industrializadas, acabar con un gran recurso del enemigo no iba a conllevar una victoria fulminante, ya que las potentes industrias habían diversificado y multiplicado los recursos de los estados. Las potencias reavivaron las aventuras colonialistas aumentando todavía más sus rutas comerciales, y por ende, sus productos y sus vías de ingreso.

La guerra por tanto, era infinitamente más compleja. El que pensara en 1916 que un avance masivo en uno o varios frentes iba a acabar rápidamente con la guerra era un incrédulo. Viene bien recordar ahora que, como ya dijo Ivan Bloch sobre las nuevas formas de guerra, las batallas se convertirían en puntos muertos sangrientos que se extenderían en el tiempo y se sostendrían sólo con una potente economía detrás. La economía era la clave, difícilmente una potencia iba a conseguir destruir al ejército enemigo, por lo que, la victoria final pasaba, además de por las trincheras, por acabar con el sistema administrativo y económico para crear el caos financiero en las potencias rivales.

Esto es algo que Gran Bretaña siempre tuvo presente con su bloqueo al Imperio Alemán en el Mar del Norte. Ya vimos que las colonias ultramarinas alemanas no aportaban mucho a Berlín, a pesar de esto el comercio internacional que Alemanía perdió por el bloqueo fue un duro golpe, tanto que la industria germana hizo mucho para paliar este efecto, pero no fue suficiente. En Alemania se sabía que esto les podría costar caro a la larga, pero las flotas no se movieron en masa hasta el 31 de mayo de 1916 en la batalla de Jutlandia, que no ganó nadie. Lo que sí hicieron los alemanes fue movilizar a su flota submarina, pero les trajo muchos problemas diplomáticos.

La guerra submarina

A pesar de todo, Alemania sacó los cazadores silenciosos a pasear. Sabía que tarde o temprano el bloqueo le iba a salir caro, especialmente ahora que había perdido terreno en los frentes terrestres. La población alemana empezaba a pasar hambre y las malas cosechas no ayudaron, tanto que la población urbana más pobre tuvo que vivir con una dieta a base de nabos. Había que hacer algo porque en una guerra entre sociedades industrializadas, el buen uso del ejército es tan importante como la correcta producción y distribución de los recursos, y para ello la población civil era un engranaje más del sistema militar. El hambre podía devenir en revueltas y estas en un colapso del sistema industrial creando el caos financiero. El bloqueo debía terminar si Alemania quería sobrevivir.

El problema que planteaban los submarinos es que no se les podía aplicar las leyes navales, o mejor dicho, si lo hacían se exponían demasiado y perdían su fuerza, que era la sorpresa. Obviamente, hundir buques de guerra enemigos no conllevaba ningún problema diplomático, pero el trato con los buques mercantes, turísticos y pesqueros era harina de otro costal. Los tratados navales en tiempos de guerra para el trato a otro tipo de naves exigía que, en caso de ser posible, se les diera el alto, se les registrara la mercancía y se les escoltara a un puerto cercano en caso de llevar contrabando.

Si un submarino hacía esto, debía emerger y dar el aviso al barco. Era un momento crítico, estos submarinos de guerra eran muy vulnerables ya que no aguantaban mucho fuego de artillería en su pequeño y débil casco, su fuerza residía en pasar inadvertidos. Pero, ¿qué problema iba a tener un submarino contra un buque mercante? A veces ninguno, pero otras veces se trataba de navíos de guerra camuflados o mercantes bien defendidos, lo suficiente como para hundir cualquier submarino.

Cazadores solitarios (UB-148) | Fuente

Cazadores solitarios (SM UB-148) | Fuente

Por lo tanto, los capitanes de submarino estaban ante una situación compleja, emerger y poner a la tripulación en peligro o hundir el barco directamente a pesar de los probables problemas diplomáticos. En un par de ocasiones a lo largo de guerra se dio rienda suelta a una guerra submarina casi sin cuartel, pero Berlín no quería molestar demasiado a Estados Unidos, que era un actor que podía desequilibrar la balanza (ya lo hacía comerciando con Gran Bretaña), por lo que reculó. A finales de 1916 Berlín comprendió que o soltaba a los cazadores silenciosos o perdía la guerra, así que los soltó y no hubo marcha atrás.

Alemania tenía un plan bien medido para destrozar el sistema británico en seis meses. Según los cálculos germanos, los británicos contaban con unas 8 toneladas en buques de todos los tipos. Si conseguían hundir 600.000 toneladas al mes durante seis meses, habrían mandado al fondo del Mar del Norte la friolera de 3.600.000 toneladas. Según las estimaciones alemanes esto sería suficiente para que a Gran Bretaña le faltaran productos básicos como el cereal y recursos como la madera del Báltico, vital en la cadena producción de hierro y acero, esenciales para la producción naval. Resumiendo, era un plan para darle la vuelta a la tortilla, levantar el bloqueo y aislar a Gran Bretaña en sus queridas islas.

El plan no estaba mal pensado, y los alemanes estaban seguros de que Gran Bretaña se rendiría en esos seis meses, entrara Estados Unidos en la guerra o no (aunque eran conscientes de que los estadounidenses responderían). El problema para Alemania fue que como todos los planes en la Primera Guerra Mundial, el suyo era muy bonito sobre el papel pero muy complicado de poner en práctica.

A pesar de lo complicado, en febrero de 1917 se dio rienda suelta a la caza submarina y en un principio los resultados respaldaron a los alemanes: se hundieron las 600.000 toneladas en marzo y las 800.000 en abril. El impacto fue tal que más del 70% de los buques mercantes dejaron de llegar a Gran Bretaña y se sometió a racionamiento a la población y a los soldados. El optimismo tras el Somme se amortiguó hasta la entrada en la guerra de Estados Unidos.

La paz malograda y Estados Unidos

Al otro lado del Atlántico nadie quería entrar en el conflicto, y en caso de hacerse no sabían a quien apoyar. La población alemana e irlandesa no era desdeñable, entre los primeros había favorables al Káiser, neutrales y contrarios al sistema alemán (ya había alemanes estadounidenses profundamente contagiados del liberalismo norteamericano), y los segundos no estaban de acuerdo (en general) con ayudar a Gran Bretaña (estamos en un momento de alta conflictividad entre los independentistas irlandeses e ingleses). Otra gran parte de Estados Unidos veía a Gran Bretaña más que como un aliado natural, como un enemigo histórico, y podemos decir sin temor a equivocarnos que los británicos no eran para nada populares entre los estadounidenses.

Woodrow Wilson | Fuente

Woodrow Wilson | Fuente

De todos modos, una cosa era tener preferencia sobre uno u otro contendiente y otra muy distinta era querer que tu estado participase de forma activa en una guerra, que te mandara a ti o a tus familiares y amigos al otro lado del océano y que invirtiera grandes sumas de dinero en una guerra lejana. La mayor parte de estadounidenses no quería que su gobierno se metiera en una guerra en la que no tenían interés alguno, pero no les faltaron motivos para cabrearse con los alemanes.

En mayo de 1915 un submarino alemán hundió el Lusitania, un crucero lleno de turistas (y contrabando en forma de municiones) con 128 pasajeros estadounidenses. Las autoridades sabían de sobra que el crucero llevaba municiones y avisaron a los pasajeros del peligro que corrían. Pero a pesar de todo, la propaganda Aliada no dudó en usar el hundimiento (unos 1.200 pasajeros perdieron la vida) para sumarse a la opinión pública neutral en su favor. En agosto de ese mismo año otro submarino hundió el Arabic, de nuevo un crucero con 2 viajeros estadounidenses a bordo. Ahora Estados Unidos protestó enérgicamente y el Káiser tuvo que ordenar a sus submarinos que se acogiesen a los tratados marítimos tradicionales.

Desde el inicio de la guerra Woodrow Wilson había animado a los dos bandos a que firmasen la paz, sabía que la mayoría de sus ciudadanos no tenía ganas de oír hablar de este conflicto y no tenía motivos para entrar en uno u otro bando. A Estados Unidos le venía mejor poder comerciar tranquilamente con todos, y el hecho de hacerlo en exclusiva con Gran Bretaña fue más por imposibilidad de llegar a puertos alemanes que por simpatía, el acercamiento con las islas vino tras los incidentes del Lusitania y del Arabic.

Arthur Zimmermann pensando fuerte en el telegrama | Fuente

Arthur Zimmermann pensando fuerte en el telegrama | Fuente

A pesar de todo, Wilson continuó esforzándose porque se firmase la paz, el problema era que no tenía medios para forzarlos a todos. Podría cortar líneas de crédito y suministros a los Aliados, pero no a las Potencias Centrales porque sencillamente no les suministraba nada. Pero tras 1916 las cosas estaban cambiando y Alemania podría escuchar ofertas de paz. Ambos bandos ofrecieron a Wilson sus condiciones si se firmaba un armisticio, y por supuesto, no había manera posible de poner de acuerdos a unos y otros, ni los Aliados habían ganado como para exigir a las Potencias Centrales que cediesen sus conquistas, ni estas habían dañado tanto a sus enemigos como para imponer sus peticiones.

Con la caza submarina declarada en toda regla, Wilson cortó relaciones con Alemania, aunque no le declaró la guerra. Sin embargo los alemanes pensaban que ya no había marcha atrás, y prepararon una alianza con México. Zimmermann, el Ministro de Asuntos Exteriores envió un telegrama a México en el que prometía a estos recuperar lo perdido en Arizona, Texas y Nuevo México y una cuantiosa suma de dinero para ello (aunque en plena Revolución Mexicana la oferta fue rechazada). Los británicos interceptaron el telegrama y se lo mostraron a Wilson. Cuando los estadounidenses lo supieron, por primera vez tuvieron claro que los alemanes eran sus enemigos. Tras un par de meses (5 de abril de 1917) y unos pocos hundimientos más, Estados Unidos declaró la guerra al Imperio Alemán. Había otro motivo de peso para la entrada en la guerra, EEUU había desarrollado un comercio con los Aliados del que ahora muchos vivían, si a los alemanes les salía bien su plan el revés económico para los norteamericanos iba a ser considerable.

La respuesta naval Aliada

Con los números que expusimos antes podría parecer que el plan alemán iba viento en popa, sin embargo no fue así. El mismo mes en el que Estados Unidos entró en la guerra, y que más toneladas hundió Alemania, los Aliados desarrollaron las primeras medidas y estrategias contra los submarinos. El resultado de las mismas no se hizo esperar y las toneladas hundidas fueron bajando paulatinamente durante el verano hasta llegar a las 300.000 a finales de año.

Hubo varios problemas. El plan alemán, aunque sensato dados los cálculos, era totalmente erróneo. Ni Gran Bretaña dependía tanto de las importaciones de cereal ni consiguieron que les escaseara la madera para el carbón. Además los británicos desarrollaron un exitoso sistema de racionamiento que, sin llevar a su población al hambre, sirvió para salir adelante.

Para frenar a los submarinos se desarrolló un sistema de convoyes con destructores protegiendo a los buques mercantes, fue una estrategia que dio resultado, aunque sólo era defensiva y no infalible, muchos buques mercantes continuaron navegando en solitario porque no había protección para todos.

¿Acorazados? Dos torpedos y listo (Szent István austriaco | Fuente

¿Acorazados? Dos torpedos y listo (Szent István austriaco) | Fuente

Los británicos, así como otras potencias, contaban con submarinos en sus flotas, pero sólo los alemanes en este momento lo habían implementado en su marina de guerra a gran escala como cazadores solitarios. Hacer una guerra submarina de las mismas proporciones iba a costar a los Aliados demasiado, ya que el dinero y las investigaciones se habían destinado a los acorazados, que eran la verdadera apuesta de las armadas para la Primera Guerra Mundial, pero se vieron superados por unos pequeños botes someramente sumergibles y extremadamente vulnerables.

Para pasar a una estrategia ofensiva sobre los submarinos, los Aliados usaron aviones de reconocimiento y bombardeo. Los submarinos debían pasar la mayor parte del tiempo al descubierto, la autonomía al sumergirse de estos y las duras condiciones (altas temperaturas) en las que trabajaba la tripulación bajo el agua no eran viables para travesías sumergidas. Mientras tanto los aviones tenían autonomía para volar hasta las cincuenta horas seguidas, podían llevar bombas, torpedos y ametralladoras y no daban margen a los submarinos de sumergirse.

Felixstowe F.2A, primer "barco volante" puesto en servicio | Fuente

Felixstowe F.2A, primer “barco volante” cazasubmarinos puesto en servicio | Fuente

Otros métodos como cargas de profundidad, minas e hidrófonos (micrófonos marinos para detectar el ruido de los motores) también fueron habituales desde abril. La Red de Dover fue un proyecto colosal para frenar a los submarinos que cruzasen el canal con una inmensa y fuerte red. Por último, los barcos fantasma dieron muchos dolores de cabeza a los alemanes, eran buques aparentemente sin tripulación que invitaban a emerger a los submarinos, y una vez lo hacían descubrían toda su artillería para hundirlo.

La correcta combinación de todos estos métodos logró frenar paulatinamente los esfuerzos alemanes por destrozar el bloqueo, y en última instancia, aseguraron el paso para el desembarco de las tropas estadounidenses en Gran Bretaña a finales de 1917 (aunque no en masa hasta la primavera de 1918). Con la llegada de las tropas norteamericanas y con la demostración de que los submarinos no podían acabar con el bloqueo, Alemania quedaba en jaque, pero de eso hablaremos en el momento adecuado.

Bibliografía

–HOWARD, M: La primera guerra mundial, Crítica, 2002.

–STEVENSON, D: 1914-1918: Historia de la Primera Guerra Mundial, Debate, 2004.

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Tengo un título para contar cosas y las cuento. Entré en esto para saber más de Grecia y Roma y acabé liándome con un tema de moriscos y rebeliones.

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4 respuestas a “La guerra submarina y la entrada de Estados Unidos”

  1. […] En 1917 el Imperio Alemán dio rienda suelta a sus cazadores submarinos para romper el bloqueo británico. Ambos contendientes se esmeraron en mejorar por todos los medios posibles la guerra en el mar, y aunque pensaban que la resolución del conflicto estaba precisamente ahí, rompiendo el bloqueo británico o frenando a los submarinos alemanes, la guerra terrestre continuó con su irremediable curso. Estados Unidos entró en el conflicto como respuesta a los “bárbaros métodos de guerra alemanes” y a un telegrama que hirió el orgullo norteamericano, pero no estaba preparado para enviar tropas en gran número hasta la primavera de 1918. Con las tropas estadounidenses la guerra estaba a favor de los Aliados, pero faltaba un año completo para que esto sucediera. […]

  2. […] Falkenhayn sabía que la guerra iba para largo y necesitaba un buen plan para ganarla en un plazo no demasiado prolongado de tiempo, porque no estaba muy convencido de lo que los alemanes fuesen capaces de aguantar mucho más tiempo. Por un lado pensaba que hacía falta arrollar a Francia, con Rusia fuera de juego temporalmente era lógico concentrar un ataque contra otro de los grandes enemigos, dejando de este modo a Gran Bretaña sola en la estacada. Pero, como ya había adelantado Tirpitz, la clave estaba en el mar, de modo que presionó al Kaiser para desencadenar una guerra submarina sin restricciones (en el momento adecuado veremos que se consiguió). […]

  3. […] finales de 1917 el Imperio Alemán había perdido la guerra submarina, la gran esperanza del Alto Mando para triunfar antes de la llegada de Estados Unidos. Por suerte […]

  4. Román Sánchez dice:

    Un episodio interesante que ayudó a la intervención de EE.UU:
    http://www.navegar-es-preciso.com/news/el-final-de-dos-goletas-hermanas/

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