Cuando todos los españoles eran catalanes

Entre 1282 y 1517 la visión italiana de los españoles quedó definida principalmente en una frase: todos eran catalanes.

Pedro III de Aragón

Pedro III de Aragón y Sicilia.

El 30 de agosto de 1282 el rey aragonés Pedro III pisó por vez primera la isla de Sicilia. Su viaje a aquellas tierras tenía como objetivo ser coronado en la ciudad de Palermo gracias a los derechos dinásticos esgrimidos por su esposa, Constanza de Hohenstaufen, sobre aquel reino. Comienza en ese momento la presencia aragonesa en Italia y con ella la creación de una serie de estereotipos entre las élites políticas y culturales italianas en contra de los recién llegados que se extenderá, a la postre, sobre todos los españoles.

Entre 1282 y 1442, la Corona de Aragón pasó a ser una de las potencias extranjeras que, junto con Francia y el Sacro Imperio Romano Germánico, litigaron por el control de amplios dominios territoriales en la península itálica frente a los distintos estados autóctonos (Venecia, Génova, Florencia, Pisa, Milán, los Estados Pontificios, etc.) que luchaban por mantener sus propias cuotas de poder e influencia. Al control aragonés sobre Sicilia le siguió el mismo sobre Cerdeña y Nápoles en los siglos XIV y XV, reforzado por la incorporación temporal de los ducados de Atenas y Neopatria en Grecia.

La irrupción aragonesa en el siglo XIII trajo consigo dos novedades al complejo mosaico italiano. Por una parte, se desplegó una nueva burguesía comercial con su sede principal en Barcelona que compitió con las talasocracias veneciana, pisana y genovesa y a la que se referirán como “catalanes”. Por otra parte, irrumpió un nuevo tipo de tropa de infantería genuinamente aragonesa, los almogávares, que sentaron las bases de una creciente superioridad militar en los campos de batalla.

Ante esta nueva realidad, se produjeron las consiguientes reacciones políticas, económicas y culturales de resistencia y choque por parte de los estados italianos que veían como un nuevo actor, hasta entonces ajeno por completo, pujaba por hacerse con el control del que se consideraba el centro económico de la Cristiandad. La reacción ante la irrupción aragonesa tuvo como consecuencia inmediata la creación de un estereotipo negativo relacionado con la Corona de Aragón, en general, y sus integrantes, soldados y comerciantes, en particular.

Esta reacción cultural se basó en gran medida en lo que se ha denominado un sentimiento “protonacional” italiano construido en torno a la idea de superioridad cultural frente al resto de la Cristiandad. Ciudades-estado como Venecia, Génova o Milán se encontraban atrapadas en la contradicción ideológica de considerarse las mejores herederas del periodo clásico pero sin disponer en cambio de ningún tipo de capacidad bélica que las permitiese conformarse en un ente político influyente como la monarquía francesa o el Imperio. En esta situación tan compleja se produjo el desarrollo del “ideal de la unidad italiana” que no fructificará hasta la 1870 y el “Risorgimento”, pero que entre los siglos XIV y XVIII envolverá por completo el mundo político y cultural italiano.

Petrarca, príncipe de las letras y muy antiespañol

Petrarca, príncipe de las letras y muy antiespañol

En ese contexto, la irrupción de un ente político nuevo, originario de la península ibérica, viene a suponer un nuevo ultraje en el territorio italiano, ya agitado por las intervenciones y los litigios provocados por las andanzas de los monarcas franceses y los emperadores alemanes desde prácticamente el siglo IX. La reacción cultural se produce tanto en las élites culturales del incipiente Renacimiento como en los poderosos grupos mercantiles que dirigen los destinos de los estados más ricos de Italia. Por ejemplo, el humanista y poeta Petrarca no dudará en definir a los soldados aragoneses como “estirpe de mercenarios y traidores” o “bárbaros y valientes sí, pero bárbaros de la peor estirpe“. Asimismo, los mercaderes catalanes quedarán descritos en diversos escritos venecianos y genoveses de los siglos XIV y XV como “alevosos, avaros, traidores, desleales, sin escrúpulos, marranos y circuncisos“.

Esta imagen, por extensión y ante la falta de otras referencias hispánicas, se extenderá a la totalidad de los originarios de Aragón, Navarra y Castilla provocando la creación de un estereotipo que asociará finalmente todo lo español como catalán, al ser Cataluña el territorio peninsular más cercano a Italia. Así, en los textos italianos de la época renacentista se denomina como catalanes a personajes tan dispares como los papas Calixto III y Alejandro VI (ambos valencianos de origen aragonés), al rey Fernando el Católico (aragonés), Gonzalo Fernández de Cordoba (castellano cordobés) o Ignacio de Loyola (guipuzcoano).

Paradojicamente, aunque la asociación de catalán con español estaba inicialmente circunscrita a una visión negativa y desdeñosa, los afectados por la misma (los españoles que vivían o residían en Italia) utilizaban asimismo el termino “catalán” en ocasiones para referirse a ellos mismos como conjunto distintivo y hasta cierto punto homogéneo separado del italiano, el francés o el alemán.

De ese modo, entre 1354 y 1364, por ejemplo, se fundan los hospicios de San Nicolás y Santa Margarita de los Catalanes en Roma para los peregrinos originarios de la Corona de Aragón y Navarra. Poco después, también en Roma, se funda el hospicio de San Jaime de los Españoles para los peregrinos castellanos. Sin embargo, con el tiempo, todos ellos quedarán unificados en la Iglesia de Santa María de Montserrat de los Españoles, identificada como la iglesia nacional española en Roma. De un modo similar, los embajadores castellanos ante el Papa son descritos en ocasiones como “catalanes” o incluso los distintos obispos que son nombrados por alguna razón en la Curia participan en ocasiones de la descripción de “prelados catalanes” aunque fuesen originalmente de lugares como Valencia, Zaragoza, Cáceres o Sevilla.

Esta asociación de lo español con lo catalán perdurará hasta principios del siglo XVI cuando quedará modificada por una nueva generalización de lo español esta vez alejada de los aspectos mercantiles catalanes. La nueva asociación se centrará en aspectos meramente militares desarrollados a partir de la masiva presencia de tropas españolas en Italia y de la percepción que los italianos tendrán de la hidalguía de los sucesivos nobles y virreyes españoles durante los reinados de Carlos I y Felipe II, principalmente.  Este cambio se produce en el nuevo contexto político y diplomático europeo derivado de la hegemonía hispánica provocada por la unión dinástica de Aragón, Castilla, Austria y los Países Bajos en la figura de Carlos V, por un lado, y por el desplazamiento del eje económico del Mediterráneo al Atlántico, junto con la aparición de la Reforma protestante en Alemania, por el otro.

Sin embargo, y desde una perspectiva histórica italiana, entre los siglos XIII y XVI, todos los españoles tendrían ya para siempre algo en común: eran catalanes.

Bibliografia

– IGLESIAS, CARMEN: No siempre lo peor es cierto. Estudios sobre Historia de España. Barcelona, Galaxia Gutemberg, 2008.

– UBIETO, ANTONIO: Creación y desarrollo de la Corona de Aragón. Zaragoza, Anubar Ediciones, 2013.

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Licenciado en Historia Moderna y Contemporánea por las Universidades de Zaragoza y Pisa. Doctorando en Política Internacional.

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2 respuestas a “Cuando todos los españoles eran catalanes”

  1. marisa dice:

    Bravo me ha gustado mucho.

  2. Ana Rosa dice:

    Muy interesante. Los españoles de aquella epoca eran ls catalanes. Los demas hispans, vascones etc

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