“Erasmo” – Johan Huizinga

Erasmo de Rotterdam fue un personaje con una relevancia enorme tanto en su época como en la actual. Acercarnos a su figura significa descubrir algunas de nuestras raíces históricas y culturales más significativas.

El nombre de Erasmo retumba, muy a nuestro pesar o no, cada viernes noche en decenas de tugurios repartidos por todo el espacio de la Unión. En la actualidad, los jóvenes europeos han reinterpretado  su pasión por los viajes de tal manera que hoy se le reconoce por el programa de intercambio y no por ser una de las figuras más representativas del humanismo. Afortunadamente, el medievalista Johan Huizinga rescata en esta obra biográfica una vida apasionante marcada por una de las personalidades que mejor representa el ideal del proyecto europeo. El historiador repasa cronológicamente cada etapa de la vida de Erasmo con un tacto y redacción que atrapa por completo al lector, sobre todo, por la relevancia que éste tuvo en la trama europea de principios del siglo XVI. Su constante alusión a los rasgos más personales y vocacionales de Erasmo hacen de esta biografía histórica una especial; sobre todo si la comparamos con otras más ordinarias [en el sentido de planas, amigo lector] que se limitan a la mera recopilación de hechos destacables.

A pesar de su temprana iniciación en la vida monacal, Erasmo sentía una especial atracción por lo original, por aquellas raíces primigenias de la Antigüedad. Éstas fueron las musas que la guiaron por el camino humanista. Dejó a un lado sus obligaciones religiosas, no sin complicaciones, para enfrascarse en la que fue su gran pasión: las traducciones de textos antiguos, con especial interés por San Jerónimo y su Vulgata que tan bien representó Caravaggio para la eternidad. Su trabajo fue puramente vocacional, el saber por el saber marcó casi todo el camino de su vida.

A pesar de codearse con grandes pensadores y célebres figuras de entonces, como Tomás Moro o aquel joven príncipe que acabaría siendo Enrique VIII, Erasmo sufrió una vida de grandes limitaciones económicas y de bienestar en general. No nos debería extrañar el énfasis con el que Huizinga insiste en la inestabilidad económica de Erasmo, llegando ésta a perjudicar su salud en reiteradas etapas de su existencia. A pesar de todo, no tiró la toalla y siguió adelante con su obra, demostrando que la carencia fue la tinta que dio forma a los versos de su vida.

Fuente San Jerónimo en proceso de una de sus grandes obras

Fuente  San Jerónimo en proceso de una de sus grandes obras

  Otro de los aspectos más interesantes de esta figura, fue su profunda preocupación por no involucrarse demasiado dentro de ninguna corriente ideológica o religiosa. Una cuestión de enorme interés si ampliamos el objetivo sobre aquella época y observamos que Erasmo estuvo en medio de la encrucijada entre Roma y los nacientes movimientos protestantes. Como religioso y figura intelectual de referencia, muchos reclamaron su atrincheramiento en alguno de los bandos de la disputa político-religiosa. Sin embargo, se mantuvo ajeno a todo compromiso que lo mantuviese atado a alguna de las ideas imperantes de entonces. Huizinga explica que ésta postura no puede ser equiparable a una neutralidad equidistante, nada parecido.

Se trataba de una actitud más propia de la zorra que del erizo; y es que, cómo diría Isaiah Berlin citando al poeta griego Arquíloco, «La zorra sabe muchas cosas, pero el erizo sabe una muy importante». Dos posturas intelectuales no antagónicas que se diferencian en su forma de afrontar el conocimiento: la fe o escepticismo ante las teorías/ideas totales. Que Erasmo entonara ciegamente algunos de los discursos protestantes o católico, hubiese supuesto un auténtico encadenamiento de su aspiración humanista. Procuró mantener unos márgenes, lo suficientemente flexibles, que le permitiesen actuar y producir libremente. Una actitud que, siglos después, retomaría Ralf Dahrendorf en su “La libertad a prueba” para expresar su preocupación por la claudicación de cientos de intelectuales frente a la tentación totalitaria. Al igual que Erasmo, Isaiah Berlin, Karl Popper o Raymond Aron se mantuvieron ajenos al afán por querer romper el tablero de las corrientes anti-liberales del siglo XX. En palabras de Huizinga:

«Como tipo intelectual, Erasmo pertenecía a un grupo bastante reducido: el de los idealistas absolutos que, al mismo tiempo, son completamente moderados. No pueden soportar las imperfecciones del mundo; se sienten constreñidos a combatir. Pero los extremos no convienen a su carácter; retroceden ante la acción, porque saben que derriba tanto como edifica; y por eso se retiran, y siguen clamando que todo debería cambiar; pero en cuanto se produce la crisis, se ponen de mala gana de parte de la tradición y el conservadurismo […] Él veía las cosas nuevas y venideras con mayor claridad que nadie; necesitaba luchar contra lo viejo; y, a pesar de ello, no podía aceptar lo nuevo»

En definitiva, la obra se presenta como una magnífica oportunidad para conocer a uno de los personajes más relevantes y célebres de nuestra civilización. Huizinga relata los renglones de la vida de Erasmo de tal forma que el lector siempre se sentirá cercano e implicado, casi emocionalmente, a la vida del protagonista.

Ficha del libro

–Título: Erasmo

–Autor: Johan Huizinga

–Editorial: Ulises, Renacimiento (2015)

–Precio: 16,15€

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Eterno aprendiz de historiador. Interesado en el concepto de libertad y los totalitarismos en el siglo XX.

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