El nacimiento de la Turquía moderna (II): la llegada de Atatürk

Mustafá Kemal emprendió la marcha definitiva hacia la disolución del Imperio Otomano y la occidentalización de la nueva Turquía

El Congreso de Berlín no calmó la tensión que las viejas y nuevas guerras habían causado en el concierto europeo. Ningún Estado colmó sus expectativas, y el Imperio Otomano salió especialmente malparado. A esta bomba de relojería se unió, en 1905, la esperanzadora idea de que las potencias occidentales no eran invencibles, los estados orientales también podían ganar.

Entre 1904 y 1905 tuvo lugar la guerra ruso-japonesa. Ambas potencias tenían un choque de intereses en Manchuria y Corea, y el creciente Imperio Japonés estaba dispuesto a demostrar que había aprendido a ser occidental. Que podía derrotar a quien se pusiera por delante. Y, en efecto, lo demostró en dos batallas que fueron dos reveses terribles para Rusia que nadie esperaba.

batalla mukden retirada rusia

Los rusos se retiran tras la derrota en Mukden | Fuente

Japón ganó y el mensaje estaba claro: Occidente no siempre iba a ganar. Una buena nueva esperanzadora para muchos pueblos orientales, tutelados por metrópolis europeas. En 1905 en Persia no se hizo esperar una revolución nacionalista, al igual que en China en 1911. Algo antes, en 1908, los Jóvenes Turcos se decidieron a tomar el poder y restaurar la Constitución de 1876.

La revolución de los Jóvenes Turcos

La idea de los revolucionarios era cohesionar Turquía étnicamente, conseguir una Anatolia unida y comenzar una política panturania (panturca), controlando todos los territorios donde hubiera turcos. Esta proyección incluía el Cáucaso y parte del sur de Rusia, algo que al Zar no le parecía buena idea. A quienes les pareció una idea estupenda fue a los alemanes, quienes empezaron a invertir en el nuevo Imperio Otomano, mejorando infraestructuras y adiestrando al ejército de tierra.

El mayor problema al que tuvo que hacer frente el nuevo gobierno de Constantinopla fue que toda revolución crea inestabilidad, y esta fue aprovechada por los búlgaros para proclamar la independencia total. Del mismo modo, el Imperio Austrohúngaro se anexionó Bosnia. Nada como un vecino despistado para coger un trozo más grande del pastel. A esas pérdidas le siguieron la guerra turco-italiana en 1911-1912, en la que perdió Libia y las islas del Dodecaneso. En las guerras balcánicas de 1912-1913, perdió casi todo lo que tenía en Europa a manos de búlgaros, serbios, griegos y albanos.

Baterías italianas cerca de Trípoli

Baterías italianas cerca de Trípoli | Foto

Cuando, finalmente, el infierno de la Gran Guerra se desató, el Imperio Otomano acabó entrando del lado alemán. Y es cierto que se pusieron del lado de los que, unas décadas atrás, desmembraron partes de sus dominios para calmar al resto de Europa, pero también lo es que las relaciones del gobierno alemán con los Jóvenes Turcos habían ido viento en popa.

Mustafá Kemal (al frente) durante la defensa de los Dardanelos

Mustafá Kemal (al frente) durante la defensa de los Dardanelos | Foto

Gran Bretaña también había invertido en el Imperio Otomano, pero había ocupado militarmente Egipto (aunque oficialmente era autónomo dentro de territorio otomano), y había creado un protectorado. De modo que cuando estalló la guerra, los británicos no pelearon especialmente para que los otomanos se unieran a su bando; ellos defendían el Canal de Suez, y estando en el bando rival, tenían la excusa para hacerse con el petróleo de Basora. Para los turcos, además, era un movimiento lógico, ya que, aunque el plan Schlieffen había fracasado, las campañas militares alemanas tenían buena pinta, y podían atacar a su enemigo vital: Rusia.

Pero la guerra la perdieron los imperios centrales, y en el proceso, el Asia Menor había sido prometida a los griegos, Arabia a los árabes y se había insinuado que Constantinopla sería para Rusia. En efecto, en 1919, tras diversos tratados, el antaño poderoso Imperio Otomano estaba ocupado por fuerzas de diferentes potencias, la guerra de liberación estaba por comenzar.

La llegada de Atatürk

En medio de la ocupación, el nuevo sultán Mehmed VI había aceptado las peticiones de los Aliados, pero una parte importante del ejército, inspirado por Mustafá Kemal (general exitoso en los Dardanelos), se opuso a seguir desmembrando el imperio. El gobierno legítimo no tardó en conocer las aspiraciones de Kemal y ordenó su arresto. Sin embargo, el brazo militar del Estado era más fiel a su nuevo líder que al sultán que había “vendido su país a Occidente”.

A esta parte insurrecta del ejército se le sumaron milicianos, que Ísmet Ínönü (segundo presidente de la futura Turquía tras Atatürk) se encargó de organizar y liderar en una importantísima campaña de liberación. Con la pericia de ambos generales, consiguieron lo que todos descartaban: expulsar a los que ocupaban Anatolia, el núcleo de la futura Turquía.

Tropas griegas marchando por la ciudad de Esmirna en 1919

Tropas griegas marchando por la ciudad de Esmirna en 1919 | Foto

Pero para poder organizar la guerra de liberación, y el futuro Estado, la ayuda externa era esencial. Mustafá Kemal se alió con los nuevos enemigos de Occidente: los rusos, que tras la debacle durante la guerra, habían resucitado como un estado comunista que no se llevaba nada bien con sus antiguos aliados. Gracias a esta ayuda, lograron derrotar a la joven República de Armenia para dividirse sus territorios  en el Cáucaso. Por su parte, el ejército griego encargado de la ocupación de Anatolia occidental (tal y como se había acordado tras la Gran Guerra), fue derrotado y, en 1923, Francia y Gran Bretaña se vieron obligados a dejar Anatolia para los turcos y olvidarse de ningún tipo de ocupación militar.

En cuatro años Mustafá Kemal se hizo con un Estado derrotado, humillado y sin esperanza, y sentó las bases de una nación fuerte. Los otomanos habían dejado de luchar por su extenso imperio, tampoco lo hacían ya por ningún ideal imperial ni otomano. Se habían terminado de convertir en turcos: luchaban por su casa.

La Turquía moderna

Desde 1923 y durante los siguientes años, Mustafá Kemal terminó de implantar los cambios que Turquía necesitaba y que, con más o con menos interés, y con más o con menos acierto, otros intentaron en el pasado. El cambio absoluto era ya completamente necesario, y en poco tiempo, Kemal firmó la disolución del Imperio Otomano, depuso al sultán y borró su figura, así como terminó haciendo con la del califa.

Mehmed VI, el último sultán, saliendo por la puerta trasera del Palacio de Dolmabahçe en 1922 | Fuente

Turquía era un Estado nacional, y la soberanía estaba en manos del pueblo turco. El resto eran considerados extranjeros, aunque las consecuencias de esta política fueron menos trágicas que con sus antecesores los Jóvenes Turcos, quienes planearon una eliminación sistemática de armenios. El principal problema poblacional de Turquía estaba ahora en Asia Menor, donde había 1.4 millones de griegos. Para solucionarlo, se firmó un intercambio de poblaciones con Grecia: esos 1.4 millones por los 400.000 turcos que vivían en territorio griego.

El resultado fue desigual. Grecia, en una mala situación económica, tuvo que hacer frente a esos refugiados, que no llegaron precisamente con los bolsillos llenos, poniendo fin a más de dos milenios de vida griega en Asia Menor. Mientras tanto, Turquía consiguió un territorio con una población relativamente homogénea.

Aunque en algunos sentidos la nueva Turquía fue más cerrada, ya que antes había una coexistencia de diferentes etnias, en otros aspectos fue más progresista. La separación entre Iglesia y Estado fue por primera vez efectiva en un país musulmán; el Islam pasaba a ser una creencia privada y existía la tolerancia de otras religiones.

Atatürk y su esposa Lafite

Atatürk y su esposa Lafite vestidos como verdaderos occidentales | Fuente

El nuevo Estado rechazó la ley del Corán, y en su lugar redactó una nueva ley inspirada en el Código Suizo, el más reciente, deudor del código napoleónico. Kemal incitó a las mujeres a abandonar el velo, a salir del harén, a votar y a ocupar cargos públicos. Mientras que a los hombres les dijo que dejaran de usar el fez y lo cambiaran por el sombrero, considerado un verdadero símbolo de progreso.

Atatürk enseñando el nuevo alfabeto

Atatürk enseñando el nuevo alfabeto | Fuente

Al igual que había pasado en Japón, la nueva Turquía se hizo occidental por dentro y por fuera, tan importantes eran las leyes como la vestimenta. Y siguiendo con esta corriente reformista, Kemal implantó el alfabeto occidental y lo hizo obligatorio, reduciendo el analfabetismo entre la población. Turquía, adoptó también el calendario occidental y el sistema métrico.

Constantinopla pasó a llamarse Estambul, y la capital se trasladó a Ankara, una ciudad de Anatolia menos expuesta a los enemigos y donde, realmente, había nacido el nuevo Estado turco, pues desde allí organizó Kemal la liberación. Finalmente, obligó a todos los turcos a adoptar un apellido hereditario al modo occidental; murió el otomano y nació el turco Mustafá Kemal Atatürk, el, en definitiva, “Padre de la patria turca”.

Bibliografía

-HOWARD, M: La Primera Guerra Mundial, Booket, 2002.

-PARLMER,COLTON: Historia Contemporánea, Akal, 1971.

-TÄNOR, B: Una nación moderna creada sobre los escombros del Imperio Otomano, El Correo de la UNESCO, 1981.

Rea Silvia la financian los lectores, si te gusta y puedes, contribuye para que sigamos creciendo.

Publicado por

Tengo un título para contar cosas y las cuento. Entré en esto para saber más de Grecia y Roma y acabé liándome con un tema de moriscos y rebeliones.

Síguelo en Twitter

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *