Tolstoi y el anarco-cristianismo

Tolstoi llegó a desarrollar una auténtica rama ortodoxa que mezclaba los principios del anarquismo con los del cristianismo; un híbrido que tuvo un éxito abrumador entre las clases populares.

Los encuentros que los jóvenes revolucionarios habían tenido con la cruda realidad del campesinado, hicieron que la idealización popular por ellos se desinflase desde finales del XIX. Antón Chéjov escribió en Campesinos la historia de un camarero enfermo de Moscú que decide volver junto a su familia en su aldea natal. Al poco tiempo, el camarero falleció y su viuda decidió retornar a la capital: «no pocas veces  en el tiempo que había vivido en la aldea había pensado que la vida de aquella gente era peor que la de las bestias, era terrible vivir entre ellos», reflexionaba ella.

No hay duda que para entonces el “mito del bueno campesino” se había desvanecido, o al menos ya no estaba empapado de ese romanticismo nacionalista. Entonces el campesino pasó a ser un ser embrutecido y endurecido por su pobreza. Los eslavófilos tacharon a Chéjov de atacar el espíritu ruso, incluso Tolstoi declaró que su relato era «un pecado ante el pueblo». Sin embargo, los marxistas aplaudieron el retrato realista de ese mundo que, según ellos, era símbolo de la decadencia capitalista. Por eso aprovecharon esos años en los que la agricultura rusa se encontraba en decadencia por la super-población y la escasa rentabilidad de la tierra. Las costumbres urbanas comenzaron a filtrarse en las aldeas, una cuestión de enorme relevancia ya que el bolchevismo se cimentará posteriormente en esa cultura masiva de las ciudades.

Para los románticos como Tolstoi, ese proceso era una auténtica abominación porque dejaba la tradición en un segundo plano. Llevó a cabo algunas iniciativas culturales como la fundación editorial de La Intermediaria a través de la cual rescataría obras clásicas rusas. En 1884, cuatro años después de la fundación, las ventas pasaron de los 400 mil ejemplares a casi 12 millones. Cifra indicativa de su éxito. Sin embargo, la sensación de que la esencia del pueblo se estaba perdiendo en su mezcla con lo urbano seguía igual de fuerte.

Leo Tolstoi en su hacienda de Yasnaya Polyana | Fuente

En la madrugada del 28 de octubre de 1910, Tolstoi salió a escondidas de su hacienda Yasnaya Polyana y cogió el primer carruaje para huir. Concretamente, decidió escaparse por la natural necesidad humana de alejarse de un sitio común cuando las cosas no van como te gustaría. Por ello decidió tomar rumbo al monasterio de Optina Pustyn, a más de 100 kilómetros del suroeste de Moscú. Tolstoi se decidió por él dado a que su enfoque religioso-místico del cristianismo le ayudaría a reconciliarse con su presente y estar preparado para el más allá.  Sin embargo, la Iglesia ortodoxa rusa desconfiaba de estas comunidades que, en cierta manera, eran alternativas a su estricto credo. Aunque el principal problema era que los fieles cristianos rusos se sentían más próximos a las prácticas de estas sectas que a las de la iglesia oficial.

Por ello, en la década de 1900 Tolstoi fue amenazado con ser excomulgado. Sin embargo, la Iglesia ortodoxa se encontró con que muchos campesinos cristianos se mantuvieron fieles a su célebre figura y a los principios que él representaba. Estaba convencido de que un verdadero cristiano debía identificarse con los patrones del socialismo primitivo, por eso vendió sus propiedades, donó su dinero a los pobres y se fue a vivir a la comunidad de Optina. Según el, la única manera de combatir la injusticia y la opresión era obedeciendo las enseñanzas de Cristo, no la revolución. Por entonces, Tolstoi llegó a desarrollar una auténtica rama ortodoxa que mezclaba los principios del anarquismo con los del cristianismo; un híbrido que tuvo un éxito abrumador entre las clases populares.

Hacienda de Yasnaya Polyana | Fuente

Los bolcheviques eran conscientes de que sin la religión, no podrían movilizar a las masas a favor de la revolución. Por eso procuraron, en muchos sentidos, dar cierta resonancia religiosa a su propaganda. En uno de los panfletos que circulaban por las aldeas durante 1917, se comparaba el socialismo con la obra de Cristo y se indicaba que ellos crearían «un reino terrestre de fraternidad, igualdad y libertad». Incluso se llegó a caracterizar a Lenin como el salvador que debía llegar, sobre todo cuando sobrevivió a un atentado en el que recibió varios balazos. Ese “tolstoianismo” era, en sí, una secta, algo no poco común en la Rusia de entonces. Los ciudadanos desconfiaban del oficialismo de una Iglesia ortodoxa que estaba sometida al Estado, veían en esas comunidades un espíritu místico que representaba de mejor manera a Rusia.

En su lecho de muerte en 1910, se dice que Tolstoi preguntó «¿Y los campesinos? ¿Cómo mueren los campesinos?». Al final de su vida, llegó a creer que ellos dejaban la vida terrenal de forma distinta a las clases nobles. Ellos aceptaban la muerte, prueba de su fe religiosa. Hubo un intento por parte de la Iglesia por reconciliarse con el escritor, sobre todo para poder recuperar el apoyo social que estaba perdiendo en esos años tras el primer conato revolucionario de 1905. Sin embargo, los familiares de Tolstoi impidieron cualquier visita en su lecho de Optina.

“Vida multicolor” de Kandinsky | Fuente

De tal manera que no pudo tener un entierro cristiano, ni siquiera una misa. A pesar de ello, los agentes de policía no pudieron evitar que las masas se acercaran a la hacienda de Yasnaya Polyana a rendir respeto y despedir a Tolstoi. Se cuenta que las escenas fueron tan dramáticas como las del entierro del zar. Este capítulo, como hemos explicado antes, fue clave para muchos de los futuros líderes de la revolución de 1917. Si querían alcanzar sus objetivos, no debían ignorar la religiosidad de las masas en Rusia. Una que, aunque no cuajara con el ideario bolchevique, sería adaptada para lograr el apoyo necesario de las bases.

 

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Eterno aprendiz de historiador. Interesado en el concepto de libertad y los totalitarismos en el siglo XX.

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