Rusia durante la Primera Guerra Mundial

Aunque el camino hacia la revolución rusa estaba muy avanzado, la participación del Zar en la guerra fue el punto de no retorno

En verano de 1914 estalló una guerra cuidadosamente planeada por las diferentes partes implicadas. La idea de los Estados era acabar pronto con el conflicto, la de muchos voluntarios, como explica Ernst Jünger, sería un viril paseo militar con el que alcanzar la edad adulta. El papel y los objetivos de Rusia a priori eran clave, pero su historia en la guerra acabó por ser un fracaso absoluto si cabe mayor que la guerra rusojaponesa.

Mientras el Imperio Alemán movilizaba sus tropas para atacar Francia y los franceses hacían lo propio para penetrar en tierras alemanas, los rusos enviaron dos ejércitos a Prusia Oriental. El grueso de las fuerzas del segundo Reich estaban en Bélgica mientras el Imperio Ruso contaba con el mayor ejército del momento. El alto mando ruso contaba con esa superioridad numérica para imponerse en el sur frente a Austria-Hungría y en el norte a las no muy numerosas tropas de Prittwitz que protegían el corazón histórico de Prusia; el origen del Imperio Alemán.

Tannenberg, el primer desastre

La idea de atacar Prusia Oriental no era realmente descabellada. Aunque el ejército alemán era más avanzado tecnológicamente (y estaba mejor entrenado), la amplia superioridad numérica era una clarísima ventaja en una etapa de guerra de movimientos (sin trincheras). De hecho, el 20 de agosto de 1914, las tropas de Pavel Rennenkampf dieron un considerable repaso a las de Prittwitz, quien además replegó las tropas alemanas a las cercanías de Danzig y fue destituido.

Los nuevos oficiales al mando, con Hindenburg a la cabeza, descubrieron la fórmula para parar a los dos ejércitos rusos que ahora estaban en Prusia Oriental. A pesar de la superioridad numérica, los rusos no contaban con una administración logística decente, las tropas de Rennenkampf estaban separadas de las de Samsonov por los lagos masurianos y además de tener unas pésimas comunicaciones, existían rencillas entre ambos generales desde la guerra rusojaponesa.

El frente ruso en 1914

El frente ruso en 1914 | Fuente

Una minúscula línea de caballería entretuvo a las tropas de Rennemkampf, que atravesaban un terreno complicado, mientras el grueso de las fuerzas alemanas hacía picadillo al ejército de Samsonov en Tannenberg. En efecto, Pavel Rennemkampf no acudió al auxilio de Samsonov, quien se acabó suicidando antes de ver la derrota, y las tropas del Zar se replegaron a la polonia rusa. Aunque no había nada decidido, el Imperio Ruso había malgastado su primer cartucho contra los alemanes.

Entre el otoño y el invierno los rusos hicieron frente con bastante éxito a los austrohúngaros, que lanzaron ataques tras los Cárpatos con penosos resultados hasta que el ejército de Hindenburg acudió al rescate. Los alemanes hicieron presión en Lodz y, aunque de nuevo, el resultado no fue concluyente, las tropas rusas se replegaron cerca de Varsovia para formar una línea más sólida.

prisioneros rusos tannenberg

Prisioneros rusos tras la batalla de Tannenberg | Fuente

Estancados en 1915

El Imperio Ruso había empezado con muy mal pie en la guerra, y aunque el frente oriental en Europa era secundario (las fuerzas realmente capaces de desequilibrar la balanza estaban en el occidental), Hindenburg no iba a dejar de presionar a los rusos. Falkenhayn, jefe del Estado Mayor alemán, tenía otros planes para las tropas de Hindenburg: quería desviar efectivos hacia el frente occidental para intentar conseguir una victoria rápida frente a Gran Bretaña y Francia. No obstante, los éxitos frente a los rusos del comandante le dieron la fuerza suficiente como para retener a sus efectivos en las líneas orientales.

Pero además de que Hindenburg mantenía su fuerza en el norte, al sur a Rusia le apareció otro problema. El Imperio Otomano había entrado en la guerra del lado de las Potencias Centrales, con lo que el comercio a través del estrecho de los Dardanelos estaba completamente cerrado. El intento británico de abrirse paso en el estrecho y tomar Estambul fue un fracaso, de modo que el reabastecimiento de las tropas rusas y la alimentación más básica de la población se vieron definitivamente comprometidas.

Nunca contento, Hindenburg continuó presionando por el norte y avanzó con sus tropas hasta Vilna. Fue prácticamente la única zona en la que se hicieron grandes avances en cuestiones de territorio, pero el valor de la ofensiva para el global de la guerra fue nulo. Rusia no estaba en condiciones de conseguir grandes avances, y aunque Hindenburg hubiera conseguir borrar del conflicto al imperio del Zar, eran Francia y Gran Bretaña los actores que había que eliminar. A pesar de haber tenido un papel esencial en el inicio (por sus presiones frente a Austria-Hungría en los Balcanes), en el momento en el que entraron Francia, Alemania y Gran Bretaña, la suerte de Rusia estaba completamente ligada a lo que aguantaran sus Aliados en pie, y la guerra bien podría continuar (y continuó) sin los rusos.

El frente ruso en 1915

La ofensiva de Hindenburg en 1915 | Fuente

Falkenhayn, además, tuvo que mandar tropas del frente occidental a socorrer a los austrohúngaros, que no podían mantener adecuadamente las posiciones en Galitzia frente a los rusos. Para la único que sirvió el frente oriental europeo fue para que los alemanes no pudieran hacer nada en las trincheras occidentales, quizás en el momento en el que podrían haberlo hecho.

El camino hacia la revolución

Aunque las cosas parecían pintar muy mal para el Imperio Ruso a finales de 1914, y peor el año siguiente, en 1916 consiguió lo que nadie esperaba. A nivel interno las cosas estaban si cabe peor que antes de la guerra. Aunque el clima revolucionario en un principio se habían calmado, los malos resultados en el frente y las penurias que pasaban las tropas (con pocas reservas de munición y a veces realizando asaltos sin fusiles) y la población (racionamiento) volvieron a poner al Zar en tela de juicio.

Soldados rusos debidamente pertrechados

“¡Mirad, tenemos fusiles!” Soldados rusos debidamente pertrechados | Fuente

Por si faltaban dudas, para la población estaba cada vez más claro que la administración zarista no terminaba de salir de un problema y continuaba huyendo hacia adelante metiéndose en otro. Y en medio del caos que generaba, fue el pueblo el que se organizó en las Ziémstvo, unas asambleas en las que unos se ayudaban a otros de manera extraoficial, e incluso consiguieron reabastecer con lo que podían a sus soldados.

Paralelamente los Aliados se reunieron en Chantilly para elaborar un plan: presionar a los alemanes en todos los frentes posibles. El estado ruso puso de su parte y armó debidamente a sus tropas, movilizó recursos a costa de tensar más la cuerda con la población, y Brusílov, general ruso, se puso manos a la obra en cuanto tuvo ocasión. Los austrohúngaros habían llevado lo más granao de su ejército a luchar contra los italianos; era el momento perfecto para presionar sobre Galitzia.

El frente ruso en 1916

El frente ruso antes de la ofensiva Brusílov | Fuente

Aunque la ofensiva comenzó bastante bien, pronto se quedó en nada. Los alemanes habían comenzado su propia gran ofensiva sobre Verdún, con lo que los planes franceses para presionar quedaron aplazados hasta julio. El ataque del general ruso Evert por el norte no dio los mismos frutos que el de Brusílov, y además tenían delante a ciertas divisiones alemanes que, al contrario que los austrohúngaros, no dieron su brazo a torcer.

Las fuerzas de Brusílov avanzaron más rápido de lo esperado a pesar de todo, tanto que se adelantaron a su cadena de suministros, mitigando excesivamente el efecto que la ofensiva pudiera tener. Solos y con un millón de efectivos menos, el Imperio Ruso estaba prácticamente fuera de juego. A finales de 1916 el Zar poco podía hacer por gobernar a una población que ya rozaba la desesperación con el sistema actual.

A pesar de todo, en 1917, los Aliados pretendieron que los rusos estuvieran otra vez de nuevo listos para el combate. Fueron reabastecidos de manera precaria y con buena parte de los altos mandos preparados para entrar en acción. Pero otra buena parte no quería seguir desangrando a su patria para “salvar” a Francia y Gran Bretaña. La salida de Rusia de la guerra parecía cuestión de tiempo, aunque de momento, las tropas alemanas seguían con el fusil en ristre.

Bibliografía

–HOWARD, M: La primera guerra mundial, Crítica, 2002.

–PARLMER,COLTON: Historia Contemporánea, Akal, 1971.

–STEVENSON, D: 1914-1918: la historia de la Primera Guerra Mundial, Debate, 2004.

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Tengo un título para contar cosas y las cuento. Entré en esto para saber más de Grecia y Roma y acabé liándome con un tema de moriscos y rebeliones.

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