“Memorias”, Albert Speer

Las “Memorias” de Albert Speer son un testimonio honesto y a la vez desgarrador de los años más convulsos de Alemania. Su amistad con Hitler le otorga especial relevancia en el puzle histórico del nazismo.

«Le advertí una vez más de que mi campo de deportes no tenía las dimensiones olímpicas reglamentarias. A lo que Hitler respondió, sin cambiar de tono, como si se tratara de algo natural e indiscutible: “Eso no importa. En 1940 los Juegos Olímpitcos todavía se celebrarán en Tokio. Pero después van a celebrarse en Alemania para siempre, en este estadio. Y entonces seremos nosotros quienes determinemos cuánto ha de medir el campo de deportes”. 

Este fragmento corresponde a una conversación entre Hitler y Albert Speer que, en cierta manera, vislumbra la peculiar relación entre ambos. Conocido como “el arquitecto del Führer”, Speer fue una de las pocas personas que pudo moverse dentro de los círculos íntimos del canciller. La personalidad de Hitler ha sido y es uno de los temás más explotados por la historiografía, destacando sobre el resto el excelso trabajo de Ian Kershaw. Este hecho nos advierte del predominio de la figura de Hitler sobre la del propio protagonista de estas memorias. De todos modos, la experiencia personal que en este libro plasmó Speer no deja de ser un enfoque atractivo y novedoso sobre aquellos años en los que el Robespierre Negro –que diría Luciano Pellicani- gobernó Alemania.

Ambos compartieorn pasión por la arquitectura, a la que Speer se dedicaba profesionalmente. Hitler pudo conocerle a través de su maestro, ahí comenzó su relación. No fue fácil, dado a que el líder alemán era bastante reticente acerca de entablar nuevas amistades que no fuesen los viejos camaradas del partido. Pero el gusto por el arte abrió un corredor emocional entre ambos, especialmente por esa utópica idea de convertir Berlín en una megalópolis que se inspirara en la antigua Roma. Su particular relación guarda aún más interés por cuanto Speer no provenía del aparato del partido, sino que fue un civil al que se le permitió con el tiempo ser un buen amigo de Hitler. Un calificativo difícil de asumir para él y que, en cierta manera, supuso una condena para el resto de su vida.

Speer junto a la izquierda de Hitler | Fuente

Es inevitable que la propia vida de Speer quede eclipsada por la del líder alemán. Su relación se extendió hasta finales de abril de 1945, cuando Speer realizó una última visita al búnker para despedirse del que fue una vez su amigo. Hasta entonces, nos narra detalladamente los pormenores de cómo pasó de ser un jóven y desconocido arquitecto a Ministro de Armamentos de Alemania durante la Segunda Guerra Mundial. Esta fase de su vida no guarda menos interés que la anterior. Para los amantes de la geoestatregia y las intrigas palaciegas, este fragmento no dejará indiferente. Speer, a pesar de su escasa formación y experiencia, demostró ser un ministro eficaz y conocedor de la realidad de ambos frentes. Su preocupación por los detalles y sorprendente memoria del día a día de los años de la sangre, sudor y lágrimas convierten sus memorias en un documento difícil de obviar.

Por último, no debemos olvidar que esta es una obra autobiográfica que parte de la propia experiencia de Speer. Por un lado, cabe destacar las abundantes referencias estadísticas y archivísticas para comprobar que las informaciones que ofrece tienen fundamento. Por otro lado, es sabido que la memoria es traicionera y tramposa porque selecciona sin rigor académico los hechos los capítulos de nuestra vida pasada. Decía Michael Ignatieff que «ahora la vida se mueve con tal celeridad que algunos de nosotros incluso tenemos la sensación de haber sido personas totalmente distintas en etapas anteriores de nuestra vida». Por tanto, resulta irremediable poner un asterisco sobre muchas de las afirmaciones y relatos contados por Speer. No por el papel que jugó en el nazismo, sino por la desconfianza natural que cualquier historiador debe tener respecto a los testimonios personales.

Speer en prisión a la espera de los Juicios de Nuremberg | Fuente

Mi impresión personal [si desea leerlo sin impresiones ajenas, abandónenos y póngase a leer el libro de una vez] durante el último capítulo -momento de los Juicios de Nuremberg- es que Speer ha sabido elaborar un relato honesto y crítico consigo mismo. Es cierto que no acaba por reconocer su responsabilidad sobre los asesinatos en masa, aunque ¿qué alemán de 1945 lo hizo? Juzgaron a los líderes porque si lo hubiesen hecho a todos los nazis, Alemania no existiría hoy como país. Se trata de una cuestión compleja que, sin duda, requiere de más pausa y análisis. Hasta hoy, sabemos que fue Speer quien ordenó, sin el permiso de Hitler, que no practicasen la táctica de tierra quemada en ambos frentes, y permitió el retorno de prisionaros de guerra a sus respectivos países. Por ello, entiendo recomendable leer esta auto-biografía y que cada uno decida colocar a Albert Speer en el lado de la Historia que prefiera.

 

Ficha del libro

–Título: Memorias

–Autor: Albert Speer

–Editorial: Acantilado (2015)

–Precio: 27,55€

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Publicado por

Eterno aprendiz de historiador. Interesado en el concepto de libertad y los totalitarismos en el siglo XX.

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