Los orígenes del Gulag

El sistema Gulag evolucionó al igual que el estado soviético. Conocer sus orígenes nos ayudará a comprender, no sólo su motivación, sino también su metamorfosis hasta lograr rentabilizar el trabajo forzado y el asesinato en masa.

El término “Gulag” es un conjunto de siglas –Glavnoie upravlenie ispravítelno-trudovyj lagueréi i koloni (Dirección General de Campos de Trabajo)- que popularmente se utiliza para referirse al entramado de campos de trabajos forzados que existieron dentro de la Unión Soviética. La ordenación y finalidad de éstos centros evolucionaron a lo largo del tiempo, además de inspirarse en precedentes históricos que aquí comentaremos. Sin embargo, éste artículo se centra en el gérmen del sistema, es decir, aquellas motivaciones que llevaron a la construcción en masa de centros de reclusión a lo largo de toda Rusia. Resulta de especial interés deternos en el origen para comprender su posterior evolución y la identidad que éstos campos de trabajos tuvieron respecto a otras experiencias contemporáneas.

Campos de trabajo bajo el zarismo

Aunque los gulags tuvieron la denominación de origen de la URSS, es innegable que su concepción estuvo influida por la política represiva de los zares. Durante siglos, miles de personas -delincuentes comunes u opositores al estado- eran castigados con el destierro más allá de los Urales. La diferencia entre la Rusia occidental y la infinita tundra que se alargaba hasta el Pacífico era suficiente castigo para todo aquel que sobrepasaba los límites. En nuestra serie ya contamos la historia de Sergei Volkonsky, un miembro de la nobleza que acabó exiliado en Siberia por alzarse contra la servidumbre.

Junto a él, miles de rusos habían sufrido en los últimos siglos las penurias del encarcelamiento y destierro. Cuando Volkonsky llegó a Siberia -tras un eterno viaje a través de la tundra- lo hizo sin sus títulos nobiliarios y sin rastro alguno de la riqueza que poseía. Junto al resto de presos, debía construir sus propios barracones en el helado suelo, cumplir con tareas como la tala de madera, construcción, cultivo o servicios a los funcionarios del estado. El trabajo forzado y la irrelevancia del pasado acabaron por conformar en la inhóspita Sibera una sociedad más igualitaria que la que dejaron atrás y una extraña camaradería entre los presos. Sin embargo, no debemos olvidar que las condiciones de vida eran extremadamente duras. Probablemente el frío era el reto más duro que debían afrontar, sabiendo además de la racanería del estado en cuanto suministros. Lo interesante en estos casos es señalar las diferencias con los gulags posteriores. Mientras que durante el zarismo los campos servían para castigar, los bolcheviques desarrollaron su sentido productivo.

Prisioneros de un campo siberiano en época zarista | Fuente

Los comienzos de la represión bolchevique

Una vez que el golpe de estado contra el gobierno de Kerensky certificó su triunfo, la situación seguía siendo bastante difusa. Aunque los bolcheviques se habían alzado como líderes de la revolución de octubre, con Lenin a la cabeza, existían muchas dudas sobre la deriva que el país tomaría. La posterior Guerra Civil fue una ejemplar expresión del escaso apoyo social con el que realmente contaban los bolcheviques. Sin embargo, la lucha por el control del estado no se limitó al campo de batalla, ya que al mismo tiempo se mandó sofocar la oposición intelectual y políticia compuesta por mencheviques, anarquistas o social revolucionarios. El nuevo estado soviético no conocería la paz hasta 1921.

En éste contexto de represión surgieron los primeros campos de prisioneros. Por un lado, Lenin se mostró dubitativo respecto a la condena de los presos comunes -ladrones, estafadores, asesinos- por cuanto eran víctimas del modelo capitalista-burgués de explotación. Por el otro lado, desde el Estado se creó una nueva categoría que en los documentos venía recogida como «enemigo de clase», es decir, aquel que se oponía a la revolución proletaria. Éstos merecían, por tal sacrilegio, mayor condena que los otros delincuentes. En cualquier caso, no existía una definición exacta que ayudara a las autoridades a valorar quienes entraban en esa categoría, dando pie a una actuación predominantemente arbitraria.

Los comienzos de la política represiva fueron caóticos ante la falta de una distinción clara entre presos comunes y políticos. En los primeros años de la URSS, todos estaban bajo la jurisdicción de los ministerios judiciales tradicionales, primero el Comisariado de Justicia, después el Comisariado de Interior. Al problema administrativo se le sumaba el logístico. La cárceles de época zarista no daban a basto con las oleadas de presos que llegaban semanalmente, incluso hubo que habilitar antiguos palacios como mazmorras. A ello debemos sumar la escasez de vestimentas para reclusos, comida y ausencia alguna de condiciones higiénico-sanitarias.

La Checa -policía política creada en diciembre de 1917- se negaba a que los «enemigos de clase» compartieran castigo con los presos comunes, podía ser visto como un acto benevolente por su parte. En 1918, Trostki exigió que un grupo de insubordinados checos fuera sometido, desarmado y encerrado en un konstlager: campo de concentración. El término comenzó a popularizarse en la documentación oficial y se pensó que era la propia Checa la que debía encargase de la gestión de esos campos. Su propio nombre proclamaba su carácter especial: Comisión Extraordinaria de lucha contra la contrarrevolución y el sabotaje. Las siglas rusas eran Ch-K, Comisión Extraordinaria, y lo era porque existía fuera de la legalidad ordinaria. De todos modos, la finalidad de esos campos de prisioneros era todavía dudodas. ¿Qué se pretendía alcanzar con esas instalaciones carcelarias fuera de la legalidad soviética?, ¿castigar con el trabajo forzoso?, ¿humillar al prisionero?, ¿corregirlos ideológicamente?.

Félix Dzerzhinsk, primer director de la Checa | Fuente

En 1919, Félix Dzerzhinski -Director de la Checa- publicó un decreto sobre los campos de trabajo por el que se interpreta que su propósito era que los reclusos pagaran con su trabajo el mantenimiento del campo. No se observaba todavía ningún afán por la reeducación de los enemigos de clase, en la práctica se tendía más hacia la humillación y castigo de los opositores a la revolución. La confusión entre «campo», «prisión» y «trabajo forzado» era palpable en esos primeros años, los órganos encargados serían rebautizados y reorganizados en numerosas ocasiones. Sin embargo, había un aspecto obvio que se mantendría: en el seno de la Unión Soviética existían dos sistemas penintenciarios, con tradiciones e ideologías separadas.

Solovki, el primer gulag

En la bahía del Mar Blanco se encuentra el archipiélago de Solovki. A las tres islas principales –SolovkiAnzer Bolshaya Muksalma– le acompañan otras de menor tamaño. En la primera aún se mantiene un monasterio que data origialmente del siglo XV. Desde su campanario se observa el contorno del que fue el primer campo de concentración del Gulag como sistema. Dzerzhinsky, sabedor que desde el XVI los monjes del lugar servían al zar recluyendo allí a presos, convenció al gobierno soviético de que cediesen la propiedad del monasterio a la Checa en 1923. La prisión de Solovki no era la única que existía en la URSS, pero fue la primera en la que se pusieron en práctica todas las medidas y pautas organizativas que inspiraron a los posteriores gulags. No es casualidad que la obra de Alexandr Solzchenitsyn sobre estos campos se titulara Archipiélago gulag.

Monasterio de Solovki desde el exterior | Fuente

Entre 1923 y 1925, el número de presos en Solovki pasó de unas pocas decenas a más de 6.000. Entre ellos había oficiales del Ejército Blanco, antiguos aristócratas, condenados por rebelión, socialistas opositores a los bolcheviques y delincuentes comunes. Boris Shiryiaev -escritor ruso encarcelado por su ortodoxia religiosa- indica en sus memorias que eran recibidos por el oficial del campo con las siguentes palabras: «Os doy la bienvenida. Como sabéis, aquí no hay autoridad soviética, sólo la autoridad de Solovki. Podéis olvidar los derechos que teníais antes. Aquí tenemos nuestras propias leyes». Se ha comentado que la ausencia de una norma común bien definida promovió la negligencia criminal y la crueldad arbitraria en los centros de reclusión. En Solovki encontraron unos niveles de crueldad y sadismo que rara vez se encontraría en el Gulag. Decía Solzhenitsin que «la esclavitud se había convertido en un sistema planificado».

Sin duda alguna, las condiciones en los múltiples campos de Solovki eran extramadamente duras. El escritor Oleg Volkov recuerda que en su primera noche miraba con envidia a aquellos presos capaces de dormir con tantas chinches encima. También se han conservado informes que llegaban a Moscú sobre la crueldad de las autoridades del centro. Éstos denunciaban que se dejaban fuera de los barracones a algunos presos desnudos por la noche, mientras que a otros los ejecutaban de manera arbitraria. En cualquier caso, pronto surgió un problema mayor a las autoridades encargadas de gestionar esas instalaciones: no estaban cumpliendo con el plan inicial de ser autosuficiente. Los campos se estaban desmostrando económicamente deficientes, en parte por las malas condiciones de vida de los presos, según informes. Incluso en 1927, décimo aniversario de la revolución, se ordenó amnistiar a cerca de 50.000 presos para aliviar los gastos.

Trabajadores del campo de Solovki | Fuente

En novimebre de 1925, Georgi Piatakov -bolchevique con responsabilidades económicas del Kremlin- escribió una carta a Dzerzkhinski señalando la necesidad de una reorientación del trabajo en los campos. El interés de su propuesta reside en que destacaba cuatro regiones en concreto sobre las que se debía enfocar el modelo de trabajo forzoso. Dzerkhinski aprobó el proyecto y lo pasó a sus compañeros, sin embargo, al poco tiempo fallecería. Aunque esto no repercutió en su última decisión, ya que fue del caos de Solovki de donde surgirá el futuro sistema Gulag. La figura destacada en este salto fue Naftalí Aronovich Frenkel, un antiguo preso que logró subir peldaños hasta convertirse en alguien influyente en Solovki.

El sistema que ingenió Frenkel era bastante sencillo. Comenzaba diviendo a los presos en tres categorías según sus capacidades físicas: aptos para trabajo pesado, para el liviano y los inválidos. Cada grupo tenía una serie de tareas y raciones determinadas por su catalogación. En el fondo, se estaba diviendo a aquellos presos que iban a sobrevivir y los que no. En lo que respecta al sector de producción, se redujeron los criaderos de animales, pieles y plantas a favor de la construcción de carreteras, minas y tala de árboles. Por último, cabe por destacar que se modificó la diferenciación entre presos comunes y los políticos. Ahora todos serían tratados de igual forma, como trabajadores potenciales de la causa revolucionaria. Esto se debe a que algunos presos socialistas recibían un trato preferencial respecto al resto. Con estos cambios, el modelo del Gulag se orientaba hacia una mayor rentabilidad, especialmente tras el viraje que sucedió a partir de 1929. Stalin, teniendo ya consolidado su poder, dio rienda suelta al modelo de Frenkel, uno que es el que popularmente hemos conocido como Gulag hasta finales de siglo.

Campos del sistema Gulag en la URSS | Fuente

El Gulag, una expresión de su tiempo

En éste artículo nos hemos limitado a analizar los orígenes del sistema de campos de trabajo en la URSS. Su análisis merece bastante más detenimiento por la repercusión que el Gulag tuvo en la historia de Rusia y en la de aquellos países sometidos al régimen soviético. Como indicamos en el subtítulo, los campos de concentración y trabajo tuvieron especial protagonismo en el siglo XX, encontrando similares ejemplos en la Alemania nazi, Congo belga o China comunista. Son abundantes los casos de campos de trabajo en la historia de la humanidad, sin embargo, de pocos se sabe que conjugaran con tanta precisión ideología con el asesinato en masa. El auge de movimientos totalitarios y de carácter supremacista ayuda a entender el por qué de éste tipo de centros de internamiento, donde la vida humana perdía todo valor.

Bibliografía

APPLEBAUM, Annne: Gulag. Historia de los campos de concentración soviéticos. Barcelona: Debate, 2005.

FIGES, Orlando: El baile de Natacha. Barcelona: Edhasa, 2006.

SOLZHENITSYN, Alexandr: El primer círculo. Barcelona: Tusquets, 1992.

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Eterno aprendiz de historiador. Interesado en el concepto de libertad y los totalitarismos en el siglo XX.

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