Cien años después de la Revolución Rusa

Cerramos con este artículo nuestro especial sobre la Revolución Rusa. Cien años de uno de los sucesos históricos más debatidos y que más influencia tuvieron en el siglo XX hasta la actualidad.

Al igual que hicimos con nuestro especial de la Gran Guerra, hemos querido aprovechar el centenario de la Revolución Rusa para dar a conocer algunos de sus capítulos más destacados. Subrayamos “algunos” porque somos conocedores de lo inabarcable que fue todo el fenómeno histórico y lo difícil que sería establecer unos límites temáticos claros. Por ello, en nuestra serie de diez capítulos se pueden encontrar artículos sobre los precedentes, los protagonistas, las fases, el cine soviético o el sistema gulag, por ejemplo. Aprovechamos la efeméride que representa 1917 para recuperar del pasado los sucesos que transformaron Rusia y el Mundo. Nos disponemos a echar el cierre de la serie recopilando reflexiones y debates que ha suscitado la Revolución Rusa.

Las raíces de la Revolución

Para comprender un fenómeno histórico, resulta de gran ayuda pararse a conocer cuáles fueron sus antecedentes y qué efecto tuvieron sobre el mismo. En esa línea centramos los primeros capítulos de la serie, la misma que comenta Orlando Figes en su entrevista con Letras Libres. El autor del libro El Baile de Natacha (2002) no duda en señalar la importancia que las transformaciones culturales tuvieron en la Rusia del siglo XIX. Puede que para algunos quede un poco lejos, pero es sorprendente la influencia que tuvieron los movimientos literarios, populistas o nacionalistas en los revolucionarios de 1917.

Carteles descolgados del zar Nicolás II y su padre Alejandro III | Fuente

Pushkin, Tolstoi, Turguénev, Herzen o Bakunin aportaron de manera indirecta los ingredientes necesarios para el caldo de cultivo intelectual de la revolución. No obstante, sería un error creer que por esa razón fueron los padres fundadores, nada por el estilo. Las obras y vida de estos autores nos permiten entender qué pasaba por las cabezas de aquellos rusos dispuestos a dejarlo todo por acabar con la tradición zarista. Por esa razón Isaiah Berlin les dedicó una excelsa obra –Pensadores Rusos (1979)- para sacarlos de la oscuridad que proyecta la alargada sombre de la revolución de 1917. Sus conversiones con Anna Ajmátova sobre esas figuras quedaron para el recuerdo de los amantes de la literatura rusa.

Por otro lado, un modelo que verdaderamente tuvieron muy presente los bolcheviques fue el de los jacobinos franceses. No fue una coincidencia que Luciano Pellicani se refieriese a Lenin como el “Robespierre rojo” en Lenin y Hitler: los dos rostros del totalitarismo (2011). Con el revolucionario francés compartía su desprecio por el parlamentarismo y la disposición a asumir sacrificios si con ello se alcazaban metas superiores. Por lo general, este martirio asumible para el buen revolucionario se hacía a través del terror, cuyo dios no entiende de justicia sino de fines supremos. En definitiva, estas son solo tres pinceladas del retrovisor de la revolución que nos ayudan a entender el porqué de algunos episodios.

Debates sobre la Revolución

Son varios los debates que han girado en torno a la Revolución Rusa, tanto en el ámbito académico como en la propia sociedad. Y es que, como hemos dicho, se trata de un tema que siempre ha despertado bastante interés. Probablemente, una de las cuestiones en la que siempre se debe insistir es que los bolcheviques no fueron los únicos protagonistas del episodio de 1917. Monárquicos, liberales moderados y progresistas, socialistas o anarquistas también jugaron un papel relevante en la revolución. Como eternos aprendices de historiadores, procuramos prestar atención a los pequeños detalles, a esas piezas del puzle que parecen no encajar en el marco general. Cualquiera de estos grupos pudo acabar liderando la nueva era de Rusia, pero los bolcheviques fueron los más listos y eficaces en esos caóticos meses. En cualquiera de los casos, y alejándonos del tarotismo histórico, nos gusta plantear la Historia como un proceso abierto a cualquier tipo de transformación ya que pocos sucesos han estado cerrados a priori.

Lenin en uno de sus discursos públicos | Fuente

En la línea de los bolcheviques, otras cuestión menos mediatizada fue cómo se hicieron con el poder. Comúnmente se habla de la Revolución de octubre y poco más, obviando una trama legal bastante jugosa. Para que el golpe bolchevique triunfase, era necesario que su sistema de soviets fuera legalmente reconocido. Hasta entonces hubo una dualidad legal entre ellos y el gobierno provisional de Kérensky. Una vez que desapareció este último, todavía estaba vigente la Asamblea conformada en el periodo anterior. Los métodos bolcheviques no contemplaban la vía del parlamentarismo, y menos cuando su representación minoritaria en una cámara copada por los miembros del Partido Social-Revolucionario de Kérensky.

La victoria bolchevique se produjo a través de un golpe de estado, justo en el momento en el que el Congreso de los Soviets -no votado por ningún ruso- se declaró heredero de la Asamblea asumiendo sus funciones. De un plumazo, los bolcheviques acabaron con la legalidad anterior y comenzaron a conformar su proyecto en la nueva República Socialista Federalista Soviética de Rusia. La facción de Lenin no contaba en esos años con una mayoría social clara, aunque eso verdaderamente poco le importaba. Siendo conocedor de todo ello, el uso de la fuerza y el terror -parafrasenado el párrafo anterior- eran asumibles si con ello lograban sus objetivos. No pretendemos con esto realizar un juicio sobre la llegada al poder de los bolcheviques, sólo insistir en aquellos matices que antes mencionábamos. Sin este episodio, resulta muy difícil comprender el posterior conflicto civil.

Una sesión del Soviet de Petrogrado | Fuente

Por último, y probablemente más polémico, tenemos el debate sobre los efectos de la Revolución. No habrá afirmación que incluyamos que no esté cargada de matices y varios “peros”. La subjetividad de algunos asuntos impide establecer juicios cerrados o valoraciones que no vayan más allá de las meras generalidades. Por eso, nos limitamos a adjuntar el siguiente artículo de Anne Applebaum. Normalmente os decimos que debéis leer a muchos autores, sin embargo, este caso es verdaderamente excepcional. Se trata de una historiadora que cumple con todos los requisitos académicos que se le pueden exigir, incluso el de redactar de manera sencilla y atractiva como vimos en su historia del Gulag.

Rusia cien años después

Si hablamos hoy de Rusia, resulta inevitable acordarse de Valdimir Putin, de los omnipotentes hackers del Kremlin, de la guerra en Siria, del próximo Mundial de fútbol o de los cientos de videos que circulan por internet de rusos haciendo cosas de rusos. Sea para bien o para mal, Rusia sigue muy presente en el día a día de lo que difusamente se conoce como Occidente. Su actual influencia mundial es indiscutible, como bien se ha visto en el conflicto en Próximo Oriente o en las interferencias en los últimos procesos electorales de Europa. La pregunta que aquí planteamos es, ¿responde la posición actual de Rusia a la experiencia soviética resultante de 1917?

Viñeta de The Economist sobre el “oso ruso” | Fuente

De acuerdo con la tendencia que Kevin Kallaugher representó en su viñeta de The Econimist, la crisis económica debía de haber azotado al altivo oso ruso. No obstante, como acabamos de indicar, Rusia ha logrado mantener una posición destacada entre una China pujante y un Estados Unidos expectante en el Nuevo Orden Mundial. Entre muchos factores, destaca la figura de su presidente Vladimir Putin. El antiguo miembro de la KGB ha logrado jugar bien sus cartas para que la cabeza de la antigua URSS mantuviera su vigencia tras la Guerra Fría. Lo más relevante de esta cuestión, a parte de los tecnicismos geoestartégicos, es la psicosis pos-comunista en Europa oriental, como bien señala Victor Lapuente.

Mientras la Revolución fue una ruptura con la tradición zarista, la disolución del URSS supuso un shock para todas las sociedades que vivían bajo el régimen comunista. Hoy se intenta destacar ciertas encuestas que reflejan un supuesto anhelo hacia el periodo anterior, sin embargo, esto no corresponde con cierto síntomas que señalan lo contrario. Por ejemplo, ningún partido comunista ha vuelto a ganar en Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, Ucrania o Rumanía. No obstante las estructuras mentales suelen pervivir más tiempo que la propia memoria. Siguiendo el argumento de Lapuente, esto es palpable en las dificultades para implantar democracias abiertas en el antiguo bloque soviético o en la tendenciade de dar poder a personajes autoritarios reacios al modelo liberal-progresista. En cualquier caso, la integración en el proyecto común europeo les está alejando de la etapa anterior. Nada está cerrado en la Historia, como bien aprendió Nicolás II en febrero de 1917.

“A tsar is born”, portada de The Economist del pasado octubre | Fuente

Publicado por

Eterno aprendiz de historiador. Interesado en el concepto de libertad y los totalitarismos en el siglo XX.

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