Polonia no debe frenar a los historiadores, debe alentarlos a investigar

Una nueva ley polaca criminaliza conectar a Polonia con el Holocausto y pone en serias dudas la libertad para la investigación

Hace poco apareció en los medios una noticia con la que muchos han puesto el grito en el cielo: el gobierno polaco ha aprobado una ley con la que no se podrá decir “campo de exterminio polaco” como referencia a los campos de exterminio nazis. Entre otras cosas que relacionen a Polonia y el Holocausto.

Casi cualquier historiador estaría de acuerdo: decir “campo de exterminio polaco” es simplemente inexacto, e incluso una mentira perversa. Campos como Auswitch estaban en Polonia, pero los construyó el gobierno alemán y fueron dirigidos por alemanes, alemanes que mandaban ejecutar polacos, sí, también no judíos. De hecho algunos de los primeros asesinatos en masa de la II Guerra Mundial tuvieron lugar cerca de Varsovia, y se cometieron sobre la intelligentsia polaca, no sobre judíos.

Auschwitz Birkenau | Fuente

El plan nazi de la invasión era claro: eliminar Polonia del mapa con toda su población; la nación debía desaparecer. El propio Himmler lo describió así, y para ello extenderían el terror entre los civiles para hacerlos más dóciles. Como resultado, al menos dos millones de polacos no judíos perdieron la vida en diferentes circunstancias, junto a cerca de tres millones de judíos polacos.

Pero la invasión no fue fácil. En la batalla de Westerplatte 210 soldados polacos aguantaron durante 7 días frente a más de 3.000 alemanes (entre ellos unas 1.000 unidades policiales) y un acorazado, defendiendo la ciudad de Gdansk de manera heroica. Aunque siempre se ha dicho que Alemania barrió a Polonia sin despeinarse, no fue tan fácil: sólo tardó una semana más en derrotar a Francia y Gran Bretaña en 1940. Y tampoco conviene olvidar que el 16 de septiembre la URSS entró por el este en lo que, en el fondo, fue la cuarta partición de Polonia en completa connivencia con sus socios nazis.

Westerplatte tras la batalla | Fuente

Mientras que el Ejército Alemán encontró menos resistencia e incluso voluntarios en la mayoría de los países que ocupó (incluídos Francia y Bélgica), en Polonia tuvo que hacer frente una fiera resistencia con el Ejército Nacional polaco en primera línea. Fue, de hecho, el mayor movimiento de resistencia contra los nazis. También el gobierno Polaco se mantuvo en pie en Londres durante el conflicto, y sostuvo el estado de guerra contra Alemania hasta la capitulación nazi. Mientras tanto, su país se convertía en una de esas “Tierras de sangre” de la Europa entre Hitler y Stalin que Timothy Snyder describió.

El propio Centro de Conmemoración de la Shoá tiene reconocidos 6.620 polacos como Los Justos entre las Naciones; una lista de personas que ayudaron a judíos durante el Holocausto. Y sí, Polonia tiene más ciudadanos reconocidos por este instituto de estudios israelí que ningún otro país. Familias polacas enteras (incluidos los niños) fueron asesinadas por los nazis por ayudar a judíos a ocultarse o escapar.

Pero el cuento no es de hadas. Junto a esto también hubo casos de violencia contra los judíos (incluso antes de la guerra) y colaboracionismo con la ocupación nazi. Cuántos de estos casos fueron por voluntad propia, o cuantos fruto del terror que los alemanes extendieron, es complicado de saber. Y conviene recordar en este punto que denunciar a tu vecino por judaísmo era parte del plan de terror alemán; la ocupación vino seguida de un estado policial en el que incluso dar un vaso de agua a un judío estaba penado con la muerte. No obstante, es cierto que el antisemitismo era un sentimiento en auge tanto en Europa como en suelo polaco.

Polonia es, en este sentido, un caso como cualquier otro en un país ocupado por los nazis, pero como hemos visto, es una excepción digna de mención. Al lado de los voluntarios polacos que vigilaban el gueto de Varsovia, o de los que dieron información a los nazis, hubo ciudadanos que arriesgaron y perdieron su vida por ayudar a los judíos, en un porcentaje mayor al del resto de países. Otros países en los que, además, había un elevado número de voluntarios para ayudar a cazar judíos.

Kedyw resistencia polaca

Miembros del Kedyw, parte del movimiento polaco de resistencia | Fuente

El gobierno polaco se refugió en el exilio y el ejército continuó luchando hasta el límite de sus fuerzas. Aunque lo más importante sigue siendo que los campos de exterminio y su planificación fueron obra del Partido Nazi. Pero ante la noticia, algunos columnistas se han apresurado a escribir en sus tribunas que ya va siendo hora de que Polonia afronte su oscuro pasado, al igual que hizo Alemania.

Pedir responsabilidades por algo ocurrido hace casi 80 años siempre es un asunto complejo, y hay mucho espacio para el debate. ¿Debe Polonia mortificarse ante nadie cuando hubo más casos de ayuda a judíos que de colaboracionismo con los nazis? ¿Más aún cuando su gobierno y su ejército ni se rindieron ni colaboraron? Puede haber debate, pero intentar dar lecciones a Polonia es tan, o más revisionista, que la ley en cuestión.

Polacos ahorcados expuestos por ayudar a judíos

Ejecución pública de polacos por ayudar a judíos | Fuente

Se equivocan los que, como Netanyahu, afirman que alguien intenta reescribir la Historia o negar el Holocausto. Son precisamente los historiadores los que mejor han reaccionado ante la ley polaca. El propio Timothy Snyder entiende que los polacos quieran que se conozca su papel durante el conflicto, pero este tipo de leyes son un error, porque llevan más al desconocimiento que a la búsqueda de la veracidad.

Aunque han asegurado que la ley no se hace para frenar trabajos historiográficos ni para minar la libertad de expresión, ¿para qué iba a ser si no? Si Polonia de verdad quiere mantener el prestigio de su pasado, dejará que cualquiera investigue sobre el colaboracionismo con los nazis durante la IIGM. Primero porque se ha de saber cuánto y por qué, y segundo porque lo investigado hasta ahora es, en un amplio porcentaje, digno de orgullo para sus ciudadanos.

Puede entenderse el descontento de Polonia con cómo algunos ven su papel durante la IIGM. Maus, la novela gráfica galardonada con un Pulitzer, retrata a los polacos como cerdos que ayudan a los nazis en la caza de judíos. Un ejemplo que, aunque real, no es válido para describir toda una realidad, pero que sin embargo ha calado así entre muchos de sus lectores. En más de una ocasión se ha descrito la invasión de Polonia como algo fácil (a veces en tono de mofa o desprecio), dejando de lado el criminal pacto nazi-soviético o que Alemania no tardó mucho más en derrotar a Francia y Gran Bretaña.

Pacto Nazi-Soviético, Polonia

Oficiales alemanes y rusos se dan la mano tras la capitulación de Polonia | Fuente

No obstante, aprobar esta ley es lo contrario a una aproximación adecuada a la cuestión, y podría conseguir el efecto contrario. Polonia debería alentar, no poner trabas, a cualquier historiador a investigar su pasado. Pues no hay mejor defensa ante las mentiras o las distorsiones que la propia verdad, aunque parte de la misma sea dolorosa, porque lo es.

Las luces y las sombras nos hacen quienes somos hoy. Ocultar unas u otras no hace si no llevarnos al engaño del pasado idílico o de las tinieblas de la culpa. Como ha dicho T. Snyder, esta ley “hace que tu confianza en ti mismo aumente mientras disminuye tu conocimiento“. Y es bailar demasiado cerca de un totalitarismo contra el que los antepasados polacos lucharon, en más de una ocasión, hasta el último hombre, mujer y niño.

Libros y recursos de interés

-SNYDER, T, Tierras de sangre. Europa entre Hitler y Stalin

Five Million Forgotten. The non jewish victims of the Shoa

Lista de los justos entre las naciones

Poles. Non Jewish Victims, United States Holocaust Memorial Museum.

Yad Vashem, Centro Mundial de Conmemoración de la Shoá

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Graduado en Historia en Sevilla. Entré en esto para saber más de Grecia y Roma y acabé liándome con un tema de moriscos y rebeliones.

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