Rea Silvia http://reasilvia.com Thu, 17 May 2018 07:25:52 +0000 es-ES hourly 1 https://wordpress.org/?v=4.9.5 “Superhéroes del Imperio” – César Cervera Moreno http://reasilvia.com/2018/05/superheroes-imperio-cesar-cervera-moreno/ http://reasilvia.com/2018/05/superheroes-imperio-cesar-cervera-moreno/#respond Thu, 17 May 2018 07:25:52 +0000 http://reasilvia.com/?p=4002 En nombre de la Monarquía Hispánica saborearon la gloria y mordieron el polvo en la batalla personajes que destacaron sobre el resto por su insensatez, arrojo e inteligencia

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España fue durante la Edad Moderna un titán del Mediterráneo que poco a poco extendió su poder a lo largo y ancho del globo terráqueo. Aquella Monarquía Hispánica fue la cuna de innumerables personajes que destacaron sobre el común gracias a su inteligencia, su aportación a las ciencias y a las artes o su insolente valentía y clarividencia en combate. Soldados y marineros, desde los tamborileros de los tercios hasta los almirantes, llevaron consigo España y la defendieron allá donde la Corona los necesitase y como bien escribió Bernardo López García: “no hay un puñado de tierra sin una tumba española”.

César Cervera Moreno pretende, en “Superhéroes del Imperio” (publicado por La Esfera de los Libros), rescatar del olvido algunas de las figuras militares más destacadas de aquel tiempo en que España fue, como me dijo uno de mis profesores, “la Estados Unidos del momento”. Ya por valientes, locos o inteligentes, los personajes que el autor recopila en las páginas de este libro bien merecen conocerse. Y tienen algo en común: sobrevivieron, una o más veces, a episodios que se llevarían por delante a la mayoría de personas. Fueron superhéroes.

Es cierto que no todos los elegidos son grandes desconocidos de la Historia: Francisco Pizarro, Alejandro Farnesio o Blas de Lezo deben sonar incluso a los más despistados. Pero también es cierto que no siempre se tiene una imagen completa y concisa de sus vidas, por lo que cualquier intento de profundizar en ellas es siempre bienvenido.

Se trata, además, de una tarea importante la de rescatar a estos personajes. A pesar de las gestas que protagonizaron llegando a dar su patrimonio, su sangre y su vida por la Corona no siempre se les ha reconocido. La propaganda de los enemigos de España (que en aquellos tiempos eran muchos) hizo bastante por ocultarlos, pero la propia Monarquía Hispánica tampoco lo puso fácil: no fueron pocos los que se sacrificaron por reyes que los acabaron despachando como apestados en intrigas cortesanas que nada ayudaron al imperio. Fueron dos factores que generaron un sentimiento de rechazo que llega a nuestros días; una especie de autoflagelación por haber tenido grandes militares en el pasado. Rescatar a estos personajes es importante, ya sea para sentir orgullo, admiración, respeto o por la sincera búsqueda del conocimiento para intentar ponerlos en su justa medida.

Cada vez que un autor que no ha salido de las bancadas de las facultades de Historia publica un libro existe cierto runrún acerca del rigor de la obra. César Cervera Moreno es periodista (escribe en ABC), fundó Una Pica en Flandes donde ha desarrollado el amor y el respeto por la disciplina; un amor y respeto que se reflejan en “Superhéroes del Imperio”, un trabajo honesto. Un libro de divulgación en el que ha tratado de mantener el rigor y separar los mitos de lo verosímil de igual modo en que se ha planteado la validez de las fuentes. Hace, por ejemplo, una muy interesante reflexión que refleja esta búsqueda de honestidad: al hablar de Blas de Lezo trata de poner en una balanza su enemistad con Sebastián de Eslava, llegando a la conclusión de que las heroicidades de la defensa de Cartagena de Indias estuvieron más repartidas de lo que muchos piensan.

Cervera Moreno ha escrito bien las páginas de “Superhéroes del Imperio”, con un ritmo no demasiado rápido que nos permite digerir lo que leemos a la vez que nos siembra la necesidad de leer más gestas. Adornado con un poco de épica que sienta bien a las aventuras de estos hombres (y de la monja alférez, un punto y aparte en toda regla) que a veces rozan lo novelesco, el autor dosifica bien al concentrar estas pequeñas biografías en torno a las 20 páginas.

El libro también sirve como una pequeña introducción a la Historia Moderna de España. Y es que hay otro personaje latente durante toda la obra y no es otra que la Monarquía Hispánica. A lo largo de las 14 biografías nos damos cuenta de cómo los personajes van apareciendo en orden cronológico (salvo algún salto), lo que dota de mucha cohesión a “Superhéroes del Imperio”. Las vidas de sus protagonistas a veces se cruzan y otras completan una misma época con diferentes puntos de vista mientras va cogiendo forma ese decimoquinto personaje: la España imperial.

No se trata de una historia completa (ni intenta serlo) sobre la Monarquía Hispánica, ni siquiera sobre los personajes de los que la obra cuenta su vida. Sí se trata de un magnífico punto de partida que generará hambre de conocimiento en muchos lectores; hambre de conocer más de nuestro pasado y de estos personajes que lo conformaron. La bibliografía final es, de hecho, un buen punto de partida para aquellos que quieran más.

Es un trabajo de divulgación que abrirá muchas puertas al gran público, pero que seguramente también lo haga con estudiantes e historiadores que siempre hayan querido un libro de acceso a ciertos personajes. Y, como la buena divulgación, es sencillo y gratificante de leer sin que ello signifique que César Cervera Moreno haya dejado de lado la honestidad, la crítica de las fuentes y el respeto por el pasado.

Ficha del libro

portada superheroes del imperio

Título: Superhéroes del Imperio. Mito y realidad de los hombres que forjaron España

Autor: César Cervera Moreno

Páginas: 344

Precio: 20,80

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Per Ardua ad Astra: La batalla de Inglaterra http://reasilvia.com/2018/05/segunda-guerra-mundial-batalla-inglaterra/ http://reasilvia.com/2018/05/segunda-guerra-mundial-batalla-inglaterra/#respond Thu, 10 May 2018 09:32:52 +0000 http://reasilvia.com/?p=3936 Tras la caída de Francia, Alemania preparó los planes para la ofensiva sobre Gran Bretaña con la que esperaba terminar la guerra en poco tiempo

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Este artículo es una continuación de La batalla de Francia: el hundimiento de la III República Francesa

Aquel agosto de 1940 fue seco y con cielos despejados en los que el sol era el verdadero Rey de Gran Bretaña. Pero el 13 de ese mismo mes, como si Natura estuviese del lado de los británicos, el clima jugó una mala pasada al plan final de Herman Göring para rendir la patria de Winston Churchill. El Mariscal del Reich había llamado a ese 13 de agosto como el “Día del Águila”; el día en que las aves rapaces de la Luftwaffe (fuerza aérea alemana) caerían sobre Inglaterra para hundirla en cuestión de semanas. El mal tiempo, los problemas de comunicación y la pericia de la RAF (Real Fuerza Aérea) frustraron el primer paso de la flamante operación de Göring.

Las dudas

Las esvásticas colgaban de los balcones de media Europa. Entre el 1 de septiembre de 1939 y el 24 de julio del 40, la Alemania nazi había expandido su dominio a base de hierro y fuego de escandinavia a Francia. La URSS realizaba operaciones más allá de sus fronteras llevando al límite el pacto nazi-soviético y Estados Unidos todavía se desperezaba tras la sombría pesadilla de la Gran Depresión. La mitad de Francia estaba ahora bajo dominio alemán y el resto en manos de un Pétain poco dispuesto a dificultar la tarea a los nazis.

Tropas alemanas Paris 1940

Tropas alemanas pasean por París en 1940 | Fuente

Adolf Hitler realizó un desfile en Berlín para celebrar la victoria sobre los franceses al que le faltó poco para ser una típica celebración romana. La euforia dominaba las calles y tener a Francia de rodillas contentó incluso a los contrarios al régimen nazi. No obstante, la aventura militar alemana poco tuvo de glorioso paseo y bastante de sufrida pelea que se cobró muchas vidas. Hitler había perdido una enorme parte de su flota (el elemento más costoso en tiempo y dinero de reponer) y sus poderosos blindados y aviones habían soportado también muchas penurias.

A pesar de lo sufrido la situación del III Reich era de bonanza. Con el control directo de la mitad de Francia y la otra en manos de un sumiso Pétain, los alemanes contaban ahora con un nivel de vida que no habían conocido desde antes de la Primera Guerra Mundial. El acceso a nuevos recursos minerales en suelo francés ofrecía a Alemania una inmensa fuente potencial de recursos, aunque sacarles provecho iba a llevar tiempo. Lo que sí pudieron aprovechar antes para futuras operaciones fueron los vehículos y suministros del Ejército francés. La población francesa tuvo que cargar con unas durísimas restricciones para soportar ese nivel de vida de los alemanes, lo que sabía a dulce venganza para los ciudadanos del Reich.

Hitler Paris

Hitler en París con Albert Speer a la izquierda y Arno Breker a la derecha | Fuente

Aunque muchos pensaban que Gran Bretaña tardaría muy poco en rendirse, al otro lado del Canal de la Mancha Winston Churchill galvanizó a sus ciudadanos y al gobierno y mantuvo al país en pie de guerra. No había perspectivas reales de que ninguna gran potencia entrara pronto en la contienda para ayudar a los británicos pero Churchill pensaba que, tarde o temprano, el pacto nazi-soviético iba a estallar, y tenía un plan para ganar la guerra tal y como le contó a su hijo el 18 de mayo:

-¡Creo que ya sé cómo salir de esta! (le dijo Churchill a su hijo Ranpolph)

-¿Quieres decir que podemos salir de esta… o que podemos hundir a esos bastardos?

-Por supuesto que digo que podemos hundirlos

-De acuerdo, eso es también lo que más deseo, pero no sé cómo podrás lograrlo

-Arrastraré a los Estados Unidos a la guerra

Para llevar a cabo ese plan necesitaba continuar en el conflicto; Estados Unidos no iba a entrar pronto. Hitler no entendía del todo cómo podía ser que Gran Bretaña no pidiera la paz tras haber rendido a Francia, y más sorprendido quedó cuando ni siquiera aceptaba las propuestas enviadas por Alemania. Tras el gusto del desfile triunfal y algo de turismo francés durante junio y parte de julio, el Führer quería escuchar planes para rendir de una vez por todas a los británicos, pero había dudas por todas partes.

leon marino mapa

Mapa de la operación León Marino | Fuente

El Alto Mando alemán no sabía bien qué hacer para vencer a Gran Bretaña. El jefe de operaciones, Alfred Jodl, propuso un ataque de la Luftwaffe sobre líneas de suministros seguido del bombardeo de poblaciones. El golpe final sería un ataque anfibio llamado operación León Marino. No obstante este primer boceto (de mayo) estaba muy mal dibujado y concebido más como el cruce de un río grande que de un mar. Para el desembarco se usarían barcazas del Rin diseñadas para la navegación fluvial, la flota británica era ampliamente superior y todos los elementos de la Wehrmacht (Ejército alemán) estaban de acuerdo en estar en desacuerdo sobre cómo proceder. Lo único claro es que la Luftwaffe iba a llevar el peso principal de la operación.

Herman Göring

El Mariscal del Reich Herman Göring | Fuente

De las fuerzas aéreas del momento, si había alguna capaz de realizar un bombardeo sistemático y total esa era sin duda la Luftwaffe. No obstante, nadie antes había realizado semejante operación y había dudas sobre qué atacar y en qué orden. El mariscal, Göring, había sido piloto del escuadrón Richtofen durante la IGM, pero buena parte de la Luftwaffe lo tenía por un completo incompetente falto de cualidades para mandar; ya había fallado al prometer a Hitler que sus aviones no dejarían escapar a los británicos de Dunkerque. Y no sería su último error grave.

Después del bosquejo de varios planes, Göring firmó el 30 de julio la operación final, cuyo objetivo principal era atacar a la RAF en sus bases aéreas y dañar el sistema de radares británico. Paralelamente Hitler tenía algo más en mente. A pesar del reparto del Este con la URSS, el pacto de no agresión no era más que una paz al estilo romano para dejar en suspenso un conflicto y atender otros intereses; Churchill tenía claro que esos totalitarismos opuestos iban a chocar tarde o temprano y Hitler y Stalin también lo sabían. La negativa a rendirse de Gran Bretaña hizo suponer al Führer que contaban con un fuerte respaldo y estaba convencido de que EE.UU. no estaba preparado. Sólo quedaba un posible actor: la URSS. La marcha definitiva sobre la Unión Soviética debía planearse cuanto antes y 1941 era la fecha señalada para comenzar el ataque.

La espera

Mientras en Alemania no comprendían por qué los británicos no se rendían, Churchill seguía con su plan en marcha: arañar la mayor cantidad de tiempo posible para prepararse antes del ataque alemán y llegar con vida al otoño. Con la llegada del mal tiempo cualquier operación tanto marítima como aérea sería mucho más difícil para la Wehrmacht. Mientras la RAF preparaba las defensas, la Royal Navy (armada británica) realizó una durísima operación: inhabilitar la flota francesa del Mediterráneo.

Hitler había prometido a Pétain no tocar su flota pero los británicos no se fiaban de que, de necesitarla para la operación León Marino, los alemanes no acabaran tomando los navíos por la fuerza. Que Italia se hubiese sumado al Eje aumentaba la necesidad de neutralizar esa flota francesa. Algunas unidades de la marina habían huído de mares europeos, pero otros tantos buques estaban en diferentes puertos del Mediterráneo. La operación se realizó sin mayores altercados salvo en el puerto de Mers el-Kebir (Argelia).

El Mogador en llamas en Mers-el-Kebir

El Mogador en llamas en Mers el-Kebir | Fuente

El Almirante Marcel Gensoul estaba al cargo de los buques y no dio su brazo a torcer; aseguró a los británicos que tenía orden de hundir sus barcos si los alemanes los pedían. La tensión aumentó a lo largo de ese 3 de julio y en Londres no se contemplaba la posibilidad de que esos navíos cayeran en manos nazis. Entretanto, Gensoul no daba muestras de cambiar de opinión. Con la noche casi encima y noticias de que llegaban refuerzos franceses, los buques británicos abrieron fuego y hubo una tremenda explosión en el destructor Mogador. Aunque algunos navíos escaparon, el objetivo británico se había cumplido a costa de cerca de un millar de vidas francesas, sus antiguos aliados.

En las islas el general Sir Alan Brooke, que había dirigido la segunda BEF (Fuerza Expedicionaria Británica) en Francia, se encargaba de preparar la defensa terrestre costera. Su mayor preocupación era que los hombres estaban mal preparados y los pertrechos escaseaban. La primera BEF había dejado todo al otro lado del canal con tal de salvar la vida en Dunkerque. Los elementos del que había sido el Ejército más mecanizado de la Historia estaban apilados en las carreteras de Francia; los que no habían sido desmantelados o utilizados para el rescate (muchos camiones fueron usados para crear muelles en la playa de Dunkerque) quedaron en manos de los alemanes.

camiones britanicos cherburgo

Durante la segunda evacuación la BEF también dejó atrás camiones | Fuente

Gran Bretaña debía prepararse con lo que tenía mientras volvía a producir materiales y vehículos a gran escala. Esta mala situación hizo creer al Alto Mando alemán que aunque siguieran en guerra no tardarían mucho en rendirse. Tras la derrota en el continente, la RAF contaba con unos 700 aviones que los germanos presumían inferiores a los suyos, además de que no podrían fabricar más de 200 nuevos aeroplanos al mes. Leyeron mal el tablero. Gran Bretaña fue capaz de producir casi 500 aparatos al mes, los Hurricane eran capaces de vencer a los Bf 110 mientras que los Spitfire aguantaban bien a los Bf 109.

Hugh Dowding

El Almirante Hugh Dowding | Fuente

Por otro lado, todo el tiempo de dudas que los alemanes emplearon en decidir cómo hacer el ataque de la Luftwaffe fue aprovechado por los británicos. Cada día y cada semana que Alemania no atacaba era vital. Hugh Dowding, Mariscal del Mando de Caza de la RAF, fue clave en la preparación de la defensa. Antes de la guerra fue esencial en el desarrollo de los cazas Hurricane y Spitfire, así como del radar, en el que Gran Bretaña estaba muy adelantada a Alemania. El plan británico era mantener una serie de escuadrones preparados para la batalla en los aeródromos del sur y tener siempre una reserva fresca en el centro y norte, a salvo del rango de acción de los cazas Bf 109 de la Luftwaffe.

Gran Bretaña contaba con un imperio, que aun en decadencia, se mostró muy beneficioso. A su disposición tenía la mayor flota mercante del planeta, la capacidad de seguir siendo abastecidos (gracias a que la Royal Navy podía proteger las líneas de suministros) y contar con fluidez monetaria. Churchill había conseguido algo muy importante con la inhabilitación de la flota francesa: demostró que Gran Bretaña no estaba derrotada y, es más, mostraba iniciativa. El Primer Ministro británico por fin recibió una ayuda activa de Franklin Delano Roosevelt, quien envió 10.000 piezas de maquinaria industrial esenciales para entender los excelentes números de producción en las islas.

Otro frente en el que los británicos superaron a los alemanes fue el de la inteligencia. La Segunda Guerra Mundial estaba siendo ganada por mejores formaciones, tácticas y comunicaciones más allá de tener más soldados o tanques más grandes. El sistema de radar británico jugó un papel fundamental pero también la inteligencia y los científicos. No está claro el papel que tuvo el descifrado de la máquina criptográfica Enigma que usaban los alemanes, pero durante el verano de 1940 ULTRA (como se llamó a los mensajes descifrados de Enigma) permitió a Gran Bretaña obtener una idea del orden de batalla germano.

La batalla

Alemania se dedicó, durante la primera mitad de agosto, a asegurar el paso de sus aviones sobre el Canal de la Mancha y a terminar de trasladar aparatos a los aeródromos franceses. Estos primeros compases fueron valiosos para la RAF; le permitieron conocer mejor a su enemigo, comprender debilidades y fortalezas y estudiar las tácticas de combate de la Luftwaffe.

Heinkeil He 111 canal mancha

Bombarderos Heinkel He 111 cruzando el Canal de la Mancha en 1940 | Fuente

A los pilotos alemanes se les había dicho que eran superiores en todo a los británicos y Göring confiaba en el éxito de la operación. No obstante, el 13 de agosto, cuando comenzó el ataque los bombardeos tuvieron poco efecto y los germanos regresaron a casa decepcionados. Habían sufrido mal tiempo y problemas de comunicación y la RAF resultó ser un duro rival. Pero el día 15 Göring ordenó un ataque con 1.790 aviones para resarcirse del fiasco del “Día del Águila”. La ofensiva fue un fracaso en la que la quinta flota aérea (de Noruega) perdió una quinta parte de sus aeroplanos y no volvió a participar en la batalla. Aunque la RAF también sufrió un considerable número de bajas, aquel día fue conocido por la Luftwaffe como “el jueves negro”.

El 18 del mismo mes, un nuevo ataque agriaba aún más las aspiraciones de Göring. La RAF consiguió derribar 18 bombarderos en picado Stuka; habían descubierto que los ataques por el morro del aparato podían ser muy efectivos, convirtiéndolos en objetivos muy vulnerables. Tanto fue así que el Mariscal los retiró de las operaciones y comenzó a bramar sobre las deficiencias de sus fuerzas aéreas. Lejos de la esperada victoria en cuestión de semanas, la recién comenzada batalla de Inglaterra se había convertido en una guerra de desgaste aéreo.

spitfire batalla

Cazas Spitfire sobre Gran Bretaña en 1940 | Fuente

Uno de los mayores problemas con los que se encontró la Luftwaffe fue el sistema de radares, complementado con el de patrullas costeras a pie. Era una idea sencilla usada con inteligencia que los alemanes nunca lograron entender. Tenían ante ellos una red que permitía a los pilotos de la RAF despegar y ganar altura a tiempo cuando se acercaba el enemigo, lo que eliminaba la necesidad de establecer costosas patrullas aéreas. Aunque a lo largo del verano Alemania atacó estaciones de radar, no consiguió gran cosa: si fallaba uno había otro y, para colmo, eran fáciles de reparar.

El sistema de rotaciones de Dowding funcionó dentro de lo esperado y, aunque los pilotos llegaron a estar cansados, tanto los aparatos como los hombres agradecían los necesarios relevos. A pesar de derribar cazas, los alemanes se seguían encontrando con aparatos de la RAF cada día de operaciones y empezaban a desesperarse. No cuadraban los cálculos alemanes sobre la producción aeronáutica británica que doblaba, no sólo el pronóstico, sino al de la propia industria del Reich.

radares y bases batalla inglaterra

Mapa de alcance de radares británicos, sistema de bases en reserva y rango máximo de los cazas Bf 109 (en azul) | Fuente

El mayor problema al que se enfrentaron pronto ambas fuerzas aéreas fue al de los pilotos. Sustituir cazas dañados o caídos era una cosa, pero los pilotos necesitaban un tiempo mínimo de adiestramiento bastante alto. Enviar a los jóvenes recién licenciados o sin terminar el adiestramiento a los aeródromos era mandarlos a una muerte casi segura. Los británicos tuvieron la suerte de contar con la inestimable participación de los pilotos polacos que siguieron en pie de guerra tras la invasión de su país natal. Parte del Ejército de Polonia ya había luchado en Francia y buena parte de ellos pudo llegar a costas británicas antes de la rendición de Pétain. Los llamados “locos polacos” se convirtieron pronto en algunos de los mejores pilotos de la RAF, de la que llegaron a ser el 10%. Sus maniobras temerarias no se traducían en alta mortandad; conocían a su enemigo y, al contrario que en Polonia, ahora contaban con cazas modernos dignos de su habilidad.

locos polacos

Algunos de los “locos polacos” de la RAF | Fuente

Lejos de las grandes gestas en el aire, la vida de los pilotos era tan aburrida o más que la del Ejército de tierra. Siempre en la eterna espera atentos a la alarma para entrar en las cabinas y despegar. A pesar del buen funcionamiento del sistema de reservas de Dowding los aviadores de la RAF, al igual que los de la Luftwaffe, sufrieron altos niveles de cansancio que a veces estallaban en crisis nerviosas; otras veces se manifestaban cuando se quedaban dormidos en medio de conversaciones o durante las comidas. Los terrores nocturnos acompañaron a muchos de los pilotos cuando lograban sobrevivir al combate. La esperanza de vida de los recién llegados no distaba mucho de la de los pioneros de la IGM: la mayor parte no superaba el primer vuelo. Esta situación se agravó en la Luftwaffe con los Bf 109 y 110, excelentes aeronaves que, sin embargo, tenían una curva de aprendizaje pronunciada.

Arriba en lo alto los pilotos de caza manejaban unos auténticos mensajeros de la muerte en estrechas cabinas que casi no dejaban margen de movimiento. Con velocidades entre los 400 y los 600 km/h, los aviadores llevaban al límite sus capacidades humanas sometiendo sus cuerpos a las durísimas fuerzas G y al combate y maniobras a gran altitud (1.500 – 3.000 metros). Además de la resistencia física y los reflejos, los pilotos debían calcular bien las aproximaciones a sus rivales y medir los disparos para conectar ráfagas con la ayuda de las rudimentarias miras. Y en este juego de cazar y no ser cazado, una maniobra demasiado forzada podía noquear al piloto e incluso desmembrar el aparato.

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Pilotos corriendo a sus cazas durante la batalla de Inglaterra | Fuente

Ser alcanzado no siempre era el final; los disparos podían matar al piloto o golpear el fuselaje sin comprometer ningún sistema. En los cazas un disparo al motor podía liberar el aceite que empañaba la visión de la cabina al piloto, negándole casi toda opción de aterrizar. Aunque los grandes bombarderos podían aguantar muchas pasadas de los cazas, sobrevivir en las tripas del aparato entre tantos disparos era otra historia. No pocos Heinkel He 111 quedaron sin escolta debido a la limitada autonomía (algunos apuntan a que Göring no quería cargarlos con demasiado combustible) de vuelo de los Bf 109 que debían defenderlos. Los pilotos alemanes tenían que volver a cruzar el canal, muchas veces con el aparato completamente taladrado, lo que se tradujo en numerosos accidentes.

El 7 de septiembre Göring cambió de estrategia creyendo, no del todo erradamente, que la RAF estaba al límite de sus fuerzas. Ese día los aviones de la Luftwaffe atacaron Londres para quebrar la moral británica. La ofensiva dejó cientos de muertos en la capital pero fue un respiro muy necesitado en los aeródromos, por lo que el cambio de plan de Göring fue un grave error en una situación difícil de leer. La RAF estaba en cierto sentido al límite de sus fuerzas, pero todavía era capaz de reforzar la primera línea con nuevos aeroplanos; entre agosto y septiembre había producido más aparatos de los que había perdido. Ese descanso recargó las pilas de los pilotos y les permitió reorganizarse.

observador londres

Observador en Londres con la Catedral de San Pablo al fondo | Fuente

El 15 de septiembre la Luftwaffe realizó una nueva incursión a gran escala sobre Londres y la RAF apareció de nuevo para interceptarlos. Fue el momento en el que se produjeron los mayores combates de todo el verano. Cayeron 56 aviones alemanes y 24 británicos. Los bombarderos Heinkel, desprovistos de su escolta, dieron marcha atrás y soltaron sus bombas allá donde cayeran de vuelta a Francia. El 19 de septiembre Hitler aplazó indefinidamente la operación León Marino. Pero Gran Bretaña seguía amenazada. La RAF había perdido 723 aparatos mientras que la Luftwaffe más de 2.000 (muchos de ellos en accidentes).

El otoño

Con la cercanía del otoño se hizo la noche para los pilotos de la Luftwaffe. El nuevo plan de Göring era atacar la industria con bombardeos nocturnos. Gracias a los aparatos Knickebein y X-Gerat de radar para la navegación nocturna, los aeroplanos alemanes eran capaces de bombardear con precisión objetivos seleccionados sin ningún tipo de visibilidad. No obstante, este ingenio alemán de ondas radioeléctricas era conocido por los británicos, quienes desarrollaron métodos para interferir con los sistemas germanos.

Los pilotos de la Luftwaffe, ante la baja efectividad de sus ataques, comenzaron a desconfiar de sus propios aparatos. La victoria tecnológica británica supuso, sin embargo, un drama para cientos de miles de familias. Alemania cambió de nuevo de objetivo y puso sus ojos directamente sobre la población; la misión era quebrantar de una vez por todas la moral del pueblo de Gran Bretaña.

Londres bombardeo

Daños en Londres después de uno de los bombardeos | Fuente

Buena parte de las toneladas de explosivos que los alemanes llevaron a las islas tenían un destino: Londres. Allí el gobierno realizó una extraña y controvertida política para los refugios anti-bombardeos. De la guerra fratricida española Gran Bretaña había rescatado al ingeniero civil Ramón Perera, responsable de los excelentes refugios de Barcelona, sin embargo optaron por los “refugios Anderson”: unos armazones de metal que los ciudadanos deberían instalar en sus jardines. En lugar de reductos colectivos, el gobierno se decantó por los individuales (que no protegían lo suficiente) porque a los británicos “no les gustaba estar mezclados con el resto de gente”. Por una sincera equivocación, o por puro elitismo aristocrático, los ciudadanos residentes en bloques de pisos fueron dejados a su suerte (el armazón Anderson sólo era válido para las casas) y en periodos de bombardeos muchos acabaron por refugiarse en las estaciones de metro.

Londres metro refugio

Londinenses refugiados en el metro | Fuente

El 2 de octubre la operación León Marino quedó aplazada para la primavera de 1941. En ese momento habían fallecido 23.000 civiles británicos y habían resultado heridos 32.000, dejando un reguero de vidas sesgadas y familias rotas para siempre. Los bombardeos continuaron a pesar del aplazamiento de la invasión; la población seguía conviviendo con el miedo diario a que una bomba redujera a escombros sus hogares o a encontrarse con millares de paracaidistas alemanes al salir del metro. Al mismo tiempo, ese miedo a la invasión mantuvo a la población unida. Winston Churchill también fue un gran elemento cohesionador; el Primer Ministro paseaba por los lugares afectados haciendo la V de victoria, inspirando a los civiles al mezclarse habitualmente con ellos.

Perspectivas

Gran Bretaña había alcanzado su objetivo a corto plazo: sobrevivir hasta otoño. Las dificultades climáticas que llegarían con los siguientes meses eran otro impedimento para una Luftwaffe muy debilitada y desmoralizada tras dos meses de combates. Hitler nunca quiso una guerra en dos frentes pero la resistencia británica se lo puso muy complicado. Mientras se seguían trazando los primeros planes para atacar a la URSS, el 13 de noviembre Viacheslav Molotov pasaba en Berlín unos días para pulsar el estado del pacto nazi-soviético. Ambos bandos estaban descontentos con la situación en el este: la Unión Soviética estaba muy disgustada con la presencia alemana en Finlandia y buscaba un paso seguro por los Dardanelos mientras presionaba en el este de Europa. Ante esa presión Rumanía se comenzó a posicionar del lado alemán con un acuerdo comercial que surtió a la Wehrmacht del combustible que necesitaba.

Hitler recibe a Molotov

Hitler acompaña a Molotov en Berlín | Fuente

Hitler quiso hacer ver a Molotov que todo estaba en orden y que seguían siendo socios. El ministro de Asuntos Exteriores soviético fue recibido en la estación Anhalter Bahnhof engalanada con el rojo de la URSS mientras una banda militar tocaba la internacional. Para demostrar fuerza, Hitler hizo saber que Gran Bretaña era incapaz de hacer nada y faltaban semanas para su rendición. No obstante las alarmas de Berlín comenzaron a sonar y Molotov fue conducido a un refugio antiaéreo. Churchill sabía que esa reunión se iba a producir y la única misión del bombardeo de la RAF fue mostrar al Ministro que Alemania no estaba tan bien posicionada como cabía esperar.

En el despacho oval, al otro lado del Atlántico, Roosevelt vivía un constante ajetreo de reuniones. Se había comprometido a ayudar a Gran Bretaña pero una cosa era mandar suministros militares e industriales y otra muy distinta entrar en guerra. No obstante, esta perspectiva se estudió en profundidad. El ejército estadounidense estaba como el británico tras Dunkerque: tenían que empezar prácticamente de cero. El problema no era el potencial de Estados Unidos para armar millones de hombres, el problema era si sería capaz de convertir ese potencial en una realidad.

Roosevelt charla

Roosevelt en una de sus charlas informales radiofónicas | Fuente

No todo eran buenas noticias para Gran Bretaña en la internacionalización del conflicto. Japón firmó el 27 de septiembre un acuerdo unilateral con Alemania exponiendo al peligro nipón a las colonias británicas de Asia y desafiando a Estados Unidos: ambos países tenían intereses en el Pacífico. Gran Bretaña comenzó pronto a suministrar a China a través de Birmania para avivar la guerra chino-japonesa, ahora dentro de la IIGM. Italia, por su parte, había atacado desde junio de 1940 diferentes posiciones británicas en África oriental, lo que suponía un nuevo problema para Londres.

El aplazamiento de León Marino y el poco efecto de los bombardeos llevó al Alto Mando alemán a pensar en nuevas formas de atacar Gran Bretaña. Si la Luftwaffe era incapaz de doblegar a la RAF, le tocaba el turno a la Kriegsmarine (flota alemana). A pesar de su debilitada fuerza de buques los submarinos todavía podrían jugar un papel esencial. A las islas llegaba ayuda de las diferentes colonias, protectorados y aliados, cortar ese suministro atacando a la flota mercante era el nuevo objetivo. Aislar a Gran Bretaña como ellos los aislaron durante la IGM.

Churchill Coventry

Churchill visitando los restos de la Catedral de Coventry en 1941 | Fuente

Con el paso de los meses la guerra tenía menos visos de terminar pronto. Cada vez parecía más claro que Churchill tenía razón. El Primer Ministro había agradecido en septiembre a la Real Fuerza Área (cuyo lema es “per ardua ad astra“: a través de las adversidades, hacia las estrellas) su sacrificio para salvar al pueblo británico:

Nunca tantos debieron tanto a tan pocos

Bibliografía

-BEEVOR, A: La Segunda Guerra Mundial, Pasado y Presente, 2012.

-HERNÁNDEZ, J: Esto no estaba en mi libro de la Segunda Guerra Mundial, Almuzara, 2018.

-HOLLAND, J: The war in the West. The Rise of Germany 1939-1941, Atlantic Monthly Press, 2015.

-MURRAY. W & MILLET. R: La guerra que había que ganar, Booket, 2010.

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“Esto no estaba en mi libro de la Segunda Guerra Mundial” – Jesús Hernández http://reasilvia.com/2018/05/esto-no-estaba-en-mi-libro-segunda-guerra-mundial-jesus-hernandez/ http://reasilvia.com/2018/05/esto-no-estaba-en-mi-libro-segunda-guerra-mundial-jesus-hernandez/#comments Thu, 03 May 2018 06:47:07 +0000 http://reasilvia.com/?p=3917 De una forma amena y rigurosa, Jesús Hernández nos presenta una selección de episodios del conflicto que, por una u otra razón, han pasado generalmente desapercibidos

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Con frescura y una pluma ágil, Jesús Hernández viene con “Esto no estaba en mi libro de la Segunda Guerra Mundial“. Publicado por Almuzara, esta obra pretende arrojar luz sobre algunos de los episodios menos conocidos del conflicto armado más famoso de todos los tiempos, y no lo hace nada mal.

Lejos de lo que podría parecer un simple anecdotario con hechos curiosos que no aportan demasiado, el libro de Jesús Hernández explora muchas dimensiones de la guerra que van más allá de la anécdota y que son vitales para entender cualquier conflicto. De la política de protección civil ante los bombardeos en Londres, pasando por la evacuación de Moscú o la guerra en Asia, Hernández también explora los pormenores de la logística alimenticia del ejército estadounidense o qué ocurrió con los zoológicos de las ciudades bombardeadas entre otras muchas cosas.

En un libro con temas tan dispersos Jesús Hernández logra mantener la coherencia y solidez a lo largo de sus páginas. Es difícil parar de leer una vez se comienza un capítulo; el autor juega con saltos temporales y sabe generar suspense para que digamos “una página más” y al final acabemos devorando otras cien páginas de una sentada. Una de las mejores cosas que puede lograr un libro de Historia, y que no siempre es habitual.

Además de ser ameno, “Esto no estaba en mi libro de la Segunda Guerra Mundial” cuenta con un buen respaldo bibliográfico y citas al pie de página cuando el autor piensa que son necesarias. Se trata de obras que Jesús Hernández ha ido recopilando a lo largo de los años mientras ha estudiado el conflicto, lo que le ha dotado de un amplio sustrato de conocimiento para escribir este libro.

Creo que se trata de una obra que puede disfrutar cualquiera, tanto historiadores como el público general, ya que es probable que todos aprendamos algo que no conocíamos. Jesús Hernández abarca episodios de la práctica totalidad de la Segunda Guerra Mundial y expone el trasfondo suficiente para que no nos perdamos, con lo que al cerrar el libro seguramente tengamos una visión más amplia del conflicto o hayamos reforzado lo que sabíamos.

A lo largo de este título encontraremos episodios verdaderamente dramáticos que nos harán un nudo en el estómago, otros curiosos y otros tan entrañables como el del oso Wojtek. No obstante, el libro guarda una sorpresa para los amantes de las anécdotas: finaliza con un recopilatorio de 111 datos sorprendentes y un cuestionario; una manera divertida y original de poner a prueba al lector.

“Esto no estaba en mi libro de la Segunda Guerra Mundial” es divulgación pura y dura: abierta a todos los públicos, respaldada por una buena bibliografía y bien escrita. Su estilo ameno y la inteligencia de Jesús Hernández para engancharnos hará que saquemos el libro hasta en el metro con tal de leer un poco más. La buena mezcla entre las anécdotas curiosas y los aspectos más esenciales y dramáticos del conflicto que, “seguramente no estaban en sus libros de la Segunda Guerra Mundial”, hacen que esta obra sea una interesantísima adquisición para ampliar la biblioteca de cualquier lector. Especialmente aconsejable para aquellos que busquen una historia militar que vaya más allá de la gran estrategia y las frías cifras.

Ficha del libro

Cubierta Eso no estaba en mi libro de Historia de la II Guerra M

-Título: Esto no estaba en mi libro de la Segunda Guerra Mundial

-Autor: Jesús Hernández

-Páginas: 416

-Precio: 18,26€

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“Augusto” – Adrian Goldsworthy http://reasilvia.com/2018/04/augusto-adrian-goldsworthy/ http://reasilvia.com/2018/04/augusto-adrian-goldsworthy/#respond Mon, 30 Apr 2018 08:49:57 +0000 http://reasilvia.com/?p=3906 Conocer la vida de César Augusto significa adentrarse en la pieza clave que configuró el Imperio romano. Los pormenores más personales sobre su figura hacen de esta obra una lectura de especial interés

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Augusto, Octavio Augusto, Octaviano o César Augusto son algunos de los nombres que comúnmente solemos escoger para referirnos al que fue el primer emperador del Imperio Romano. Esta obra de Adrian Goldsworthy, publicada por La Esfera de los Librosaspira a superar el esquema clásico del género biográfico para convertirse en un retrato psicológico del joven César y su contexto histórico.

Siempre que se aborda una obra relacionada con Roma, existe un pequeño halo de escepticismo sobre si esta puede ser «otra obra más sobre Roma». Lo cierto es que el autor ha logrado un resultado bastante novedoso. Por un lado, tenemos un relato actualizado en el que se incorporan las últimas aportaciones y referencias que pueden resultar de interés para aquellos interesados en la materia. Por el otro lado, se hila un análisis personal de César Augusto que no sólo  recorre su contexto histórico, sino los detalles más personales de él, su familia y cercanos.

Probablemente éste sea el aspecto más interesante del libro, el retrato de Augusto. Si os interesan los pormenores biográficos más que las grandes hazañas y derrotas, esta es una buena elección. Sin dejar de lado los aspectos más generales de su vida, Goldsworthy (del que ya reseñamos Pax Romana) realiza una introspectiva en la personalidad del protagonista a partir de la documentación de la época. Aunque en algunas ocasiones muestre excesiva confianza por la veracidad de los autores clásicos, inclinados a la idealización, lo cierto es que logra un perfil bastante atractivo del emperador. Aspectos generalmente apartados como la relación con sus hijos o el sufrimiento ante los reveses de la vida permiten aproximarse a los detalles más mundanos de una figura idealizada.

En segundo lugar, este enfoque personalista se amplía en varios capítulos a un plano más general. No solo conocemos la vida íntima de César Augusto, sino también sobre la vida cotidiana romana y la de aquellos que rodearon al emperador. En ese sentido, resulta bastante interesante conocer los pormenores de la liturgia política romana y su crudeza en unos años tan decisivos. La naturalidad con que se despacha la llegada de Augusto tras la muerte de Julio César contradice la realidad del siglo I a.C. Guerras civiles, traiciones, sobornos y rebeliones fueron la tónica en la transición de la República al Imperio, pasando por la dictadura. Esa preocupación por explicar los detalles del proceso, en el que César Augusto fue el centro, resultan de enorme interés para el lector. Junto a ello, conocemos también la vida de sus familiares, amigos y compañeros políticos, los cuales juegan un papel decisivo en toda esta historia.

En definitiva, se trata de una lectura entretenida para el público no especializado y, probablemente, esa sea su mayor virtud. Alejado del academicismo, Goldsworthy ha logrado una obra atractiva acerca de la figura más importante del Imperio romano. A través del retrato personal y exhaustivo de César Augusto, el autor lanza luz sobre unos años determinantes en la configuración del Imperio Romano.

Ficha del libro

Augusto - Adrian Goldsworthy

-Título: Augusto

-Autor: Adrian Goldsworthy

-Páginas:632

-Precio: 30,40€

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La batalla de Francia: el hundimiento de la III República Francesa http://reasilvia.com/2018/04/batalla-francia-segunda-guerra-mundial/ http://reasilvia.com/2018/04/batalla-francia-segunda-guerra-mundial/#comments Thu, 26 Apr 2018 06:20:39 +0000 http://reasilvia.com/?p=3856 Tras la evacuación de Dunkerque el Ejército alemán contaba con una superioridad numérica abrumadora para marchar sobre las fuerzas francesas, la victoria era cuestión de tiempo

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Este artículo es una continuación de “La batalla de Francia: el cerco sobre Dunkerque

El 22 de junio de 1940, las delegaciones alemana y francesa firmaron el armisticio entre el III Reich y la III República. Adolf Hitler había escogido un lugar especial para firmar el acuerdo: el vagón del armisticio de 1918 donde los Aliados habían impuesto unas condiciones que Alemania entendió como una humillación. El Führer se había tomado su venganza y tenía planeada el día siguiente una escapada para hacer turismo en la París de la, ahora, Francia ocupada.

alemanes vagon

Tropas alemanas desfilan alrededor del vagón del armisticio el 14 de julio | Fuente

Menos de un mes antes a la Wehrmacht (fuerzas armadas alemanas) se le había escapado la flor y la nata del ejército británico (junto a parte del francés) en Dunkerque. La operación Dinamo para salvar a la Fuerza Expedicionaria Británica (BEF en inglés) fue un éxito que puso una barrera para el triunfo final de Hitler: para asegurarse la victoria debía vencer a Francia y Gran Bretaña, y los británicos ahora estaban en su isla tomándose el té.

Una cuestión de tiempo

Apenas dos días después del fin de la operación Dinamo, la Wehrmacht inició los movimientos para atacar al Ejército francés y el 5 de junio avanzó sobre los sectores del Somme y el Aisne. Los franceses opusieron resistencia pero hubo varios factores que inclinaron la balanza claramente hacia el lado alemán.

BEF afeitado

Después de días esperando en Dunkerque con el agua hasta los hombros los hombres de la BEF por fin pudieron afeitarse | Fuente

Durante la primera mitad de la llamada “batalla de Francia” el Ejército de la III República había perdido a buena parte de sus tropas de tierra y casi toda su aviación. Cuando los británicos terminaron de evacuar tropas en Dunkerque los alemanes contaban con una superioridad de casi 3 a 1 y la tranquilidad de que la Luftwaffe (fuerza aérea alemana) encontraría poca resistencia.

El Gobierno francés pidió a Winston Churchill apoyo aéreo pero desde las islas se negaron desde el primer momento. En palabras del Primer Ministro británico “las evacuaciones no ganan guerras”, la Real Fuerza Aérea (RAF en inglés) también había sufrido serias bajas y lo restante debía permanecer en Gran Bretaña para defenderla en un futuro no demasiado lejano.

Batalla Francia 4-12 junio

La batalla de Francia del 4 al 12 de junio | Fuente

Ya desde el repliegue a Dunkerque parte del Gobierno y el Alto Mando francés pensaba que los británicos huían para salvarse ellos mismos. Que los habían arrastrado al trato para garantizar la independencia de Polonia y, por tanto, a la guerra contra Alemania y ahora los dejaban a su suerte en el continente. Por su parte en Londres otros tantos pensaba que de no ser por la nefasta preparación bélica de Francia (no desplegaron retaguardia) los Aliados no estarían ahora en esa situación.

he 111 francia

Bombarderos Heinkel He 111 volando sobre Francia | Fuente

Es cierto que el Ejército francés carecía de un adiestramiento al nivel del británico o del alemán, tácticas de combate actualizadas y buenos mandos intermedios. La mentalidad de los generales estaba anclada en el pasado y se preocupaban más de la expansión del comunismo entre la tropa y la población que de los alemanes. Aunque no hay que desdeñar la influencia de la propaganda comunista y de extrema derecha entre los soldados, la escasez de medios del Ejército francés y la falta de resolución del Alto Mando fueron clave.

Una nación en retirada

Entre el 5 y el 9 de junio las fuerzas terrestres alemanas barrieron a las tropas francesas. A pesar de todo lo que tenía en contra el Ejército francés luchó con valentía y arrojo aunque algunos, como describieron los germanos, se rindieron muy pronto. Churchill envió una nueva BEF al mando de Alan Brooke para ayudar a sus aliados en la medida de lo posible pero de poco iba a servir: el desconcierto del Alto Mando francés fue la peor adversidad a la que tuvo que hacer frente Francia.

Philippe Pétain

El general Philippe Pétain | Fuente

Generales como Pétain y Weygand no hacían más que transmitir pesimismo y hablaban desde primera hora de un acuerdo de paz. París se vació poco a poco y trasladaron el Gobierno al Loira generando confusión entre la tropa y la población. Churchill volaba de un lado a otro del Canal de la Mancha tratando de que Francia siguiera en la guerra para que así Gran Bretaña dispusiera de más tiempo. Mientras él proponía defender París casa a casa el Alto Mando francés ya había dado la orden de abandonarla. La mayor preocupación era la propaganda comunista, tanto que incluso dieron rienda suelta o se inventaron rumores de agentes comunistas dando golpes en la capital.

Entretanto, unos ocho millones de refugiados inundaban las carreteras de Francia. Según cuenta Antony Beevor fueron los ciudadanos de clase alta los que corrieron mejor suerte: con mejores coches tuvieron mayor capacidad de huida y más facilidad para encontrar gasolina al ser los primeros. Mientras la clase media y baja se amontonaba en las carreteras en atascos producidos por peores coches que se averiaban junto a los que iban a pie. En las ciudades se compraban alimentos en masa y pronto esos civiles atascados en las carreteras ya no encontraron gasolina ni pan. En medio de aquella situación a veces los aviones de la Luftwaffe hacían pasadas ametrallando a los civiles en uno de los momentos más terribles de la batalla.

Refugiados franceses

Refugiados franceses llevando en sus carros o coches sus posesiones indispensables | Fuente

El depredador sin dentadura

En el peor momento de Francia apareció un nuevo actor que quiso bailar el nuevo baile de moda en Europa sin los zapatos adecuados. Benito Mussolini llevaba mucho tiempo mirando lo que ocurría más allá de sus fronteras a la espera de un momento propicio para atacar. Como ese depredador que ve una gacela herida, el Duce se vio con fuerzas para soltar un zarpazo a la frontera francesa.

Benito Mussolini

Benito Mussolini | Fuente

Pero las intenciones de Mussolini iban mucho más allá y muestra la realidad de los matrimonios de conveniencia. El dictador italiano pensó que era un buen momento ahora que Hitler estaba entretenido en Europa con Francia en huída y Gran Bretaña lamiéndose las heridas al otro lado del Canal de la Mancha. Tardar más tiempo podría suponer el armisticio y no poder sacar tajada del pastel francés. El Duce tenía sus planes para el norte de África, donde quería establecer un imperio y controlar el Canal de Suez para abrir la puerta de los océanos a Italia. Si no lo hacía justo en ese momento todo aquello sería para Hitler, y eso no le parecía nada bien.

Sin avisar a Alemania Mussolini lanzó un ataque el 10 de junio contra los Alpes franceses en una operación digna de olvidar con una botella de Amaretto de por medio. Mientras los franceses perdieron a unos 200 efectivos, Italia tuvo que afrontar 6.000 bajas de soldados muy mal pertrechados de los cuáles más de 2.000 sufrieron congelación grave. Bismark había dicho décadas atrás algo que todavía era una realidad: “Italia tiene mucho apetito pero mala dentadura”. El Duce ya había entrado en una guerra que no iba a ser un paseo veraniego y su ejército no estaba preparado.

La cuestión de la flota

Entre los días 13 y 16 de junio Churchill tenía claro que Francia iba a rendirse pronto pero esperaba poder alargar ese desenlace por el bien de Gran Bretaña. Quedarse sin aliados en el continente significaba varias cosas: Hitler tendría el camino despejado para preparar la más que probable invasión de las islas y, por si fuera poco, contaría con nuevos suministros y recursos, en especial la flota francesa.

El Führer no atacó Noruega por capricho en abril del mismo año. El almirante Erich Raeder había convencido a Hitler de que controlar Noruega era vital para asegurar el suministro de minerales y una base de operaciones inexpugnable. Pero violar la neutralidad del país no salió barato: la Kriegsmarine (flota alemana) sufrió muchas pérdidas y tan sólo le quedaba un crucero pesado y dos ligeros de lo que de por sí era una flota pequeña; los esfuerzos industriales alemanes se habían centrado en la Luftwaffe y en las divisiones blindadas. Además, Raeder y Hitler dejaron algo de lado: de salir bien la batalla de Francia Alemania contaría con recursos mineros que hacían de la operación escandinava algo innecesario.

Blücher crucero

El crucero alemán “Blücher” hundiéndose en el fiordo de Oslo | Fuente

La Wehrmacht ya había capturado una ingente cantidad de materiales que los británicos tuvieron que dejar atrás en Dunkerque. En cuanto Francia se rindiera añadiría los de la III República, sus vehículos y la flota francesa del Mediterráneo, esencial para el ataque alemán de las islas. Gran Bretaña necesitaba tiempo porque tenía que rearmar a sus soldados y preparar la defensa de su territorio. El tiempo era esencial.

La capitulación

El día 13 de junio Pétain se ofreció a tomar el mando del Gobierno y proponer la paz a Alemania. El Presidente Lebrun y el Primer Ministro Reynaud esperaban una respuesta del Presidente norteamericano Roosevelt, al que habían pedido el compromiso de proporcionar suministros. En la cúpula de mando francesa había quienes pensaban en resguardarse en África y continuar la lucha desde allí mientras otros, especialmente el Alto Mando, preferían rendirse lo antes posible.

Ese mismo día Alan Brooke había hablado con el general Maxime Weygand y tuvo claro que Francia estaba psicológicamente preparada para rendirse. Telefoneó a Churchill para solicitar la evacuación de la BEF en Normandía y Bretaña. En aquella acalorada llamada telefónica Churchill acabó accediendo tras media hora; en el fondo sabía que Brooke tenía razón pero quería retrasar lo inevitable. Así describían los soldados alemanes a los franceses en aquel momento:

Fuimos los primeros en entrar en un determinado pueblo y los soldados franceses se habían pasado dos días sentados en los bares, esperando que los hiciéramos prisioneros. Así es cómo era Francia, cómo era la tan cacareada Grande Nation.

soldados coloniales

Tropas coloniales francesas capturadas por el Ejército alemán | Fuente

El 16 el Presidente Lebrun estaba al borde del colapso sin una respuesta clara de Roosevelt y, finalmente, renunció. Pétain tomó el relevo como había prometido y comenzó el proceso para firmar el armisticio al tiempo que las tropas de Brooke se quedaron solas en territorio hostil. Al día siguiente los barcos que Churchill prometió llegaron para evacuar a más de 200.000 británicos entre soldados y civiles.

Charles de Gaulle

Charles de Gaulle en 1942 | Fuente

Charles de Gaulle, general francés, era uno de los militares que prefería continuar la lucha desde Argelia. Churchill le facilitó la salida de Francia y se estableció en Londres, desde donde lideró la “Francia Libre”. El 18 de junio la BBC retransmitió su discurso para decir al mundo que “Le France” había perdido una batalla, pero no la guerra. Tanto él como Churchill se dirigieron también a Estados Unidos para que proporcionase apoyo y defendiera la libertad, pues las fronteras de esa libertad empezaban en Europa.

La batalla de Francia había acabado y Gran Bretaña se preparaba para el próximo paso. ¿Habían pensado Hitler y su Alto Mando cómo atacar las islas?

Este artículo tiene una continuación en Per Ardua ad Astra: la batalla de Inglaterra

Bibliografía

-BEEVOR, A: La Segunda Guerra Mundial, Pasado y Presente, 2012.

-HOLLAND, J: The war in the West. The Rise of Germany 1939-1941, Atlantic Monthly Press, 2015.

-MURRAY. W & MILLET. R: La guerra que había que ganar, Booket, 2010.

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“La batalla de Teruel” – David Alegre Lorenz http://reasilvia.com/2018/04/batalla-teruel-david-alegre-lorenz/ http://reasilvia.com/2018/04/batalla-teruel-david-alegre-lorenz/#respond Thu, 19 Apr 2018 06:16:43 +0000 http://reasilvia.com/?p=3823 David Alegre Lorenz explica en este minucioso estudio cómo la Guerra Civil en España se transformó en un conflicto total en el marco de la batalla de Teruel

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David Alegre Lorenz viene con “La batalla de Teruel. Guerra total en España.”, publicado por La Esfera de los Libros, para contarnos cómo la Guerra Civil española se convirtió en un conflicto total. Se trata de un trabajo que sirve para comprender la escena particular de Teruel  pero al mismo tiempo nos ofrece las herramientas necesarias para aproximarnos mejor al resto de la guerra.

Además, “La batalla de Teruel” no es una mera narración de los hechos con números aquí y allá relatando la cantidad de muertos y heridos y exponiendo las toneladas de explosivos de tal bombardeo. Es un libro que viene a cambiar las sábanas y airear las habitaciones de la historia militar (muy en la corriente de lo que se ha ido haciendo internacionalmente), que muchas veces parece más ese lugar donde contemplamos la belleza de un campo de batalla reconstruido a escala con figuras pintadas por nosotros mismos.

De todos modos, no es un trabajo que venga a invalidar esa historia militar de números y de gran estrategia, sino que viene a alimentarla con nombres propios; a cumplimentar esa vista de pájaro con otras mucho más cercanas en tercera y primera persona. Un libro que viene a contarnos la panorámica y resaltarnos esos detalles que solemos ver en miniatura como la vida del soldado y la de los civiles.

David Alegre tampoco pretende crear una de esas historias definitivas que vemos demasiado (no existe lo definitivo en Historia) en las librerías. Explica en un muy interesante prólogo que entiende la Historia (como disciplina) como una continuidad en la que vamos conociendo más y nuestros estudios son superados con el tiempo; a veces cumplimentados, a veces discutidos. Una humildad no siempre habitual en los historiadores y que es muy de agradecer. Incluso deja su correo electrónico a los lectores para recibir datos, documentos o testimonios que no conozca.

En el libro, el autor usa fuentes directas, otros estudios y testimonios; fuentes que a veces entran en conflicto pero que se encarga de analizar y criticar para intentar buscar la solución a ese choque. “La batalla de Teruel” es, ante todo, un gran ejercicio de honestidad y transparencia historiográfico con una detallada bibliografía comentada.

Ante un trabajo tan amplio en el que sería fácil segmentar el libro con capítulos dedicados en exclusiva a las operaciones militares y otros a sus repercusiones sobre la población, David Alegre ha sabido entremezclar todas esas realidades sobre la guerra en cada capítulo. En “La batalla de Teruel” las cortinas de fuego de artillería y los ataques de la aviación van seguidos de cómo los civiles vivieron esas operaciones militares, sin romper en ningún momento el buen ritmo de la obra.

El trabajo tampoco deja de lado las concepciones psicológicas e ideológicas de la Guerra Civil: el miedo que provocaron ambos bandos allá por donde pasaron o el terror que despertaban los aviones rusos del Ejército Popular, cómo sirvieron mitos como el de Pancho Villa entre los republicanos o la resistencia del Alcázar de Toledo entre los sublevados o los motivos que llevaron a extranjeros a alistarse en ambos bandos.

Y a pesar de tocar estos temas Alegre Lorenz nunca deja de lado la visión estratégica de esta batalla a nivel nacional e internacional. Junto a lo que vivían los vecinos de Teruel mientras llovía fuego o los soldados entraban en sus casas a requisar alimentos, vemos también los esfuerzos del Gobierno Republicano por mantener vivo el frente, cómo se retrasaron otras operaciones del bando sublevado y las conclusiones que observadores extranjeros sacaban de las operaciones militares.

Tampoco podemos dejar de lado la atención que presta David Alegre a las ideas militares de ambos bandos y cómo estas van transformando el conflicto. A fin de cuentas, el objeto del estudio es ver cómo la Guerra Civil se transforma en una pugna total implicando a los civiles a todos los niveles. Por eso es importante el trabajo que hace para explicarnos qué ideas tenían en cada bando y las dificultades que hubo para ponerlas en práctica.

“La batalla de Teruel” es, en definitiva, una excelente lectura sobre la Guerra Civil. Un libro a cuya corriente esperamos que muchos más investigadores se sumen ya que es difícil, sino imposible, comprender bien los conflictos si no se tienen en cuenta todos los aspectos que conforman los mismos. Este es el camino a seguir porque la guerra, narrada así, es más real y más se aleja de ese cuento sobre piezas en un tablero. Y a eso debe aspirar siempre la historia militar, a no a ser un cuento, sino a buscar un retrato realista en la medida de lo que las fuentes y el genio del autor lo permitan.

Ficha del libro

Título: La batalla de Teruel. Guerra total en Españala batalla de teruel

Autor: David Alegre Lorenz

Páginas: 504

Precio: 22,71

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“Cuando fuimos árabes” – Emilio González Ferrín http://reasilvia.com/2018/04/cuando-fuimos-arabes-emilio-gonzalez-ferrin/ http://reasilvia.com/2018/04/cuando-fuimos-arabes-emilio-gonzalez-ferrin/#respond Wed, 04 Apr 2018 07:22:30 +0000 http://reasilvia.com/?p=3796 Almuzara publica este ensayo para abrir un debate sobre los ocho siglos de nuestra historia en los que fuimos árabes

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De la mano de la editorial Almuzara, Emilio González Ferrín acaba de publicar “Cuando fuimos árabes”, un libro para abrir debates y volver a tender el puente con nuestro pasado andalusí. Aunque también sirve para cambiar nuestra visión sobre el Islam, ya que separa cultura, religión y sociedades contemporáneas. Es, también, un ensayo sobre historiología e islamología, y una petición o sugerencia: que veamos nuestra historia sin exclusiones.

Quizás sea una obra difícil de catalogar pero así suelen ser las que más aportan al moverse por diferentes ramas. Deshaciendo esas artificiales segmentaciones académicas a las que somos tan dados. Es un ensayo, una reflexión muy personal sobre los temas antes citados. González Ferrín recorre a lo largo del libro su trayectoria, expone sus percepciones sobre la metodología y pasa, finalmente, a comentar en profundidad algunos ejemplos de nuestro pasado árabe.

El hecho de que toque diferentes temas no quiere decir que sea un libro complicado de entender o en el que sea fácil perderse. Está bien organizado y escrito, con un registro culto pero de fácil comprensión; de hecho el autor se toma muchas molestias por explicarnos términos que quizás no conozcamos o que solemos traducir mal.

Lo que sí he pensado a lo largo de su lectura es que me habría venido bien, y quizás habría entendido más, si hubiera leído antes “La angustia de Abraham” e “Historia general de Al Ándalus”, obras de González Ferrín también publicadas en Almuzara (de las que esperamos traeros reseñas pronto). Y obras en las que realmente expone más materia sobre los orígenes culturales del Islam y sobre la historia de Al Ándalus.

Pero “Cuando fuimos árabes” abarca mucho más que eso, de hecho sólo un tercio del libro se emplea para ese comentario histórico sobre Al Ándalus. Es una obra que se puede entender por sí misma y, aunque siento que habría entendido mejor ciertas partes habiendo leído con anterioridad sus otros trabajos, empezar por aquí también es una buena idea: abre muchísimas puertas y genera hambre ¡e incluso ansia! de conocimiento. O dicho de otro modo: “Cuando fuimos árabes” también puede ser un gran punto de partida para conocer este nuevo paradigma sobre el Islam y sobre Al Ándalus.

Entiendo que es un libro esencial porque ha puesto patas arriba mi cabeza y cómo percibo el mundo académico que me ha traído hasta aquí. Lo entiendo esencial porque nos hace replantearnos, no sólo una parte de nuestro pasado, sino cómo investigamos ese pasado, y cómo damos tantas cosas por sentadas. Lo entiendo esencial porque nos hace reflexionar sobre el Islam de ayer y de hoy, sobre los musulmanes y sobre el origen de la religión islámica. Esas son, a mi modo de ver, las mayores virtudes de “Cuando fuimos árabes”.

No quiero caer en el error de desfigurar su contenido y alcance encorsetando el libro en un simple “el estudio que niega la conquista musulmana”, que tanto he visto en prensa y creo desvirtúa por completo (a eso nos lleva el clickbait) el valor y propósito que González Ferrín ha vertido en sus páginas. Y porque no trata sobre eso.

Me ha sorprendido la reacción de parte del mundo académico. Corrijo, me sigue apenando: hace ocho años, al comenzar la asignatura “Historia Universal de la Edad Media”, nuestra profesora nos dijo que no nos daría el Islam por principios y Bizancio por quedar muy lejos (supongo que una forma de enmascarar más principios, o dicho de otro modo: prejuicios). De modo que vivo desde entonces en esa sorpresa que ya no es; apenado porque investigadores de largo recorrido digan este tipo de cosas, critiquen este libro con argumentos ad hominem o que lo rechacen sin haberse leído ni el resumen. Incluso algunos acusan de andalucista al dueño de la editorial (Manuel Pimentel) en lugar de debatir, actitud mucho más académica, las ideas presentadas por Emilio González Ferrín.

“Cuando fuimos árabes” es un libro en el que encontraréis un paradigma completamente diferente al que nos enseñaron en la escuela o en las bancadas de las universidades. Y es un libro honesto y sencillo del que su autor no espera ni pretende que creamos a pies juntillas porque, como dice en más de una ocasión, no busca sentar cátedra ni traer nuevas verdades absolutas sino abrir un debate.

No voy a entrar en este espacio a valorar la validez de los planteamientos de González Ferrín. En primer lugar porque estaría realizando una pirueta para la que no estoy preparado; no es el campo de estudio del que más sé. Y, en segundo lugar, porque entiendo Cuando fuimos árabes no como la presentación de un nuevo paradigma sino como una suerte de manifiesto en el que hace un llamamiento para habitar nuestra historia, para abrir debates sobre aquel tiempo en que fuimos árabes, para “hacer circular la sangre por el cerebro”. Siempre, eso sí, con el paradigma que ha ido desarrollando durante su carrera como guión discursivo.

Es un libro para ser más posmodernos, para quitarle esos harapos peyorativos a la posmodernidad, abrazarla y replantearnos lo que hemos aprendido. Un ejercicio que, quizás por suerte, más de uno de mis profesores nos dijo en las clases que lleváramos a cabo. Aunque creo que ni por esas nos ejercitamos lo suficiente; quizás por una mezcla de comodidad y soberbia, dos actitudes contrarias a la actividad intelectual de la búsqueda del conocimiento, esa aventura de exploración” como la define González Ferrín.

Ficha del libro

Título: Cuando fuimos árabes

Autor: Emilio González Ferrín

Páginas: 336

Precio 19,95€

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De la República Romana al Primer Imperio Galáctico http://reasilvia.com/2018/03/star-wars-historia-roma-imperio/ http://reasilvia.com/2018/03/star-wars-historia-roma-imperio/#comments Wed, 07 Mar 2018 10:48:44 +0000 http://reasilvia.com/?p=3763 Las guerras civiles romanas fueron parte de un proceso de cambio que transformó para siempre a Roma, y tiene un claro reflejo en la República de una galaxia muy, muy lejana

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En el 49 a.C. Julio César marchaba con sus tropas hacia Roma cuando se detuvo en el río Rubicón. Es difícil saber qué ocurrió con exactitud (Mary Beard explica muy bien la cuestión en SPQR), pero al final el cónsul mandó a sus tropas cruzar el río (o lo que fuera) y seguir su marcha hasta la capital de la República. Hacerlo era una declaración de guerra al Senado y a Pompeyo, con quien se dividía el poder.

cesar galias

César con su ejército en las Galias – Marius Kozik

En las precuelas de Star Wars (del episodio I al III) vemos varias veces esa idea de cruzar el Rubicón. César supo que daba comienzo así a una guerra civil romana, mientras que Lord Sidious (cabecilla supremo de los separatistas) sabe perfectamente que desplegar al ejército droide en Naboo supone lo mismo.

Ambos eventos marcaron el destino de dos repúblicas, y buena parte de todo lo que ocurrió a partir del 49 a.C. está representado en estas tres precuelas de la saga de George Lucas. Aunque hablemos de fuertes similitudes, las distintas influencias de Star Wars están muy entremezcladas entre sí. En este artículo vamos a desmenuzar qué hay de Roma en estas películas, pero más adelante volveremos sobre las mismas cintas y personajes para descubrir muchas más capas de influencias.

Quien tenga al ejército tendrá el poder

Una de las claves para entender el paso de república a imperio en el caso romano es el ejército. Roma era una ciudad-estado del centro de Italia que poco a poco fue ganando poder e influencia sobre sus vecinos. Tras siglos de conflictos con otros pueblos, en especial tras las Guerras Púnicas (puedes leer nuestra serie sobre las mismas), Roma se había convertido en una potencia imperial, aunque todavía mantenía una estructura administrativa más propia de un pequeño estado que de un imperio. Esa nueva realidad hizo que el Senado romano tuviera que aplicar cambios para adaptarse.

Uno de esos cambios generó un problema esencial para Roma y nos interesa mucho para Star Wars: el ejército. Las tropas republicanas estaban al servicio del Senado, y por tanto, del pueblo romano. Pero las campañas militares largas y lejos de casa necesitaron cambios con los que, con el tiempo, la lealtad del ejército se trasladó para con su general, pues era quien les pagaba el estipendio.

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El ejército droide marcha hacia Theed, la capital de Naboo – La Amenaza Fantasma

En Star Wars entendemos muy pronto que la República Galáctica no tiene un ejército, aunque sí una especie de cuerpo de élite, unos monjes guerreros que solucionan problemas y que deben lealtad sólo y únicamente a la república. Pero a los Jedi les sale competencia pronto: en La Amenaza Fantasma aparece un gran ejército droide de la Federación de Comercio, un miembro de la república que busca más poder en el Senado y que cuenta con un general en la sombra: Lord Sidious.

Este personaje ha conseguido un ejército que cruzará el Rubicón al marchar sobre Naboo; un evento que sumergirá en una larga guerra civil a la República y que la transformará para siempre. Pues esta nueva realidad forzará al Senado galáctico a realizar cambios sobre la marcha para adaptarse y sobrevivir.

Unos legionarios de blanca armadura

Si hay una imagen que todos tienen en la memoria sobre Roma es la de los legionarios, la mayor parte de las veces, del legionario imperial. Del mismo modo, relacionamos al Imperio Galáctico con los Stormtroopers, aunque estos tengan más relación con el ejército nazi que con las legiones romanas. No obstante, como ya adelantamos anteriormente, las influencias históricas de Star Wars están muy entremezcladas, y si en Palpatine hay parte de César, hay mucho más de Hitler, y con su ejército pasa algo parecido.

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Los clones se preparan para la inminente guerra – El ataque de los clones

Al rescate de la República llegó, en el segundo episodio, un ejército de clones (los stormtroopers) que puso las cosas difíciles a los separatistas. Con los Jedi como sus generales, las tropas clon equilibraron el poder: ahora la Federación de Comercio y sus aliados no tenían la sartén por el mango. Como en la República Romana, distintas facciones se disputaban el control del Senado con ejércitos leales a ellos mismos.

Al igual que las legiones romanas comenzaron a imponerse en el ámbito mediterráneo, los clones extendieron la pax republicana a golpe de bláster en cada rincón de la galaxia ante unos separatistas cada vez más debilitados. Mientras tanto, la figura de Palpatine, el canciller supremo del Senado, había ido adquiriendo poderes excepcionales más allá de los límites morales de la República.

¿Tirano o dictador?

El ejército y el destino de la República estaban prácticamente en exclusiva en manos de Sheev Palpatine, que incluso llegó a crear su propia guardia “pretoriana”. Pero no era un dictador, era un tirano al más puro estilo clásico. Una figura que caía bien a la que concedieron poderes excepcionales para solucionar la crisis: para vencer la guerra hacía falta poder de acción en lugar de innumerables horas discutiendo para ponerse de acuerdo.

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Sheev Palpatine convence al Senado para crear el ejército – El ataque de los clones

Estos tiranos durante la Antigüedad a veces eran vistos como ese mal necesario, buenos ciudadanos en los que se confiaba para solucionar problemas en un límite de tiempo. Y es la misma retórica que usarán los dictadores del XX, cuenten o no con el apoyo del pueblo. Palpatine tiene aquí (especialmente en los episodios I y II) algo de Julio César, ese hombre recto que pondrá fin al caos. Sin embargo, durante el tercer episodio, el canciller aparece como una figura siniestra que ha estado en el poder más de lo necesario: lo mismo de lo que acusaran a César sus detractores.

En efecto, Palpatine esconde mucho más, y no es lo que todos pensábamos que era (y es aquí donde se distancia más de César). Lucas, o John Williams, o quizás ambos, juegan con esta idea desde el segundo episodio. La música de Star Wars (os recomendamos encarecidamente a Jaime Altozano para que os cuente lo apasionante que es) nos da pistas sobre de que hay algo que no encaja en el ejército clon. La marcha imperial de las precuelas, a menudo identificada como la marcha droide, suena tanto para el ejército droide como para el clon. Con un tono bastante imperial, Obi-Wan Kenobi contempla desde un balcón la grandeza de las nuevas tropas de la República.

Entonces, ¿quién tiene la sartén por el mango? ¿Palpatine o el Senado? ¿Y qué hay del misterioso Sidious, es posible que él maneje los hilos desde la sombra? Los Jedi se dan cuenta de que algo no anda bien y a lo largo del tercer episodio es cuando más claras son las luchas de poder por el ejército. Todos saben que quien lo controle, controlará el Senado y, por tanto, la República.

La muerte de la República

Padmé Amidala coge a Anakin de las manos en una de las escenas del episodio III. Lo mira y le dice algo que la inquieta desde la anterior película (es decir, varios años antes), ¿y si la república por la que están luchando ya no existe? El Senado ha tenido que enfrentarse a un nuevo reto desde el primer episodio, y ha necesitado desplegar un ejército por toda la galaxia para solucionar problemas con violencia en vez de con la diplomacia.

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Padmé Amidala desvela a Anakin sus miedos – La venganza de los Sith

A pesar de que la guerra marcha de forma adecuada y sólo quedan por vencer los últimos reductos de los separatistas, algo ha cambiado para siempre y Padmé, la mayor defensora de la República, lo sabe. Más adelante, durante la misma cinta asiste a la muerte oficial de la República cuando Palpatine declara el primer Imperio Galáctico. Pero nosotros, a través de Padmé, ya lo sabíamos: la República y todos los ideales de democracia que representaba, habían dejado de existir, la galaxia estaba ahora en manos de una sola persona: Palpatine.

El Canciller venció a todos sus enemigos y se alzó como la figura dominante, algo que Julio César no consiguió, ya que fue asesinado. Fue Octavio, adoptado por César, quien terminó de derrotar a los enemigos de su familia y consiguió hacerse con el control del Senado y crear el Imperio.

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Palpatine declara el Imperio en pos de una sociedad más estable y segura – La venganza de los Sith

Las precuelas de Star Wars son una historia de familia, poder, democracia y dictadura. Y es la historia de cómo la República Galáctica sucumbió a sí misma fruto de su propia naturaleza. La cantidad de sistemas representados en el Senado hacía inevitable que, tarde o temprano, estallara un conflicto. La desintegración administrativa o el refuerzo de la misma se plantean como las salidas más lógicas al problema; la República Galáctica, así como la romana, se mataron a sí mismas para salvarse.

Aunque tras el cambio de república a imperio en Star Wars hay una verdad mucho más siniestra y perversa. Un lado oscuro que teje el destino de la galaxia, que sabemos que siempre ha estado ahí aunque no lo sepamos ver, porque el reverso tenebroso de la fuerza, difícil de descifrar es. Pero esto lo veremos en el próximo artículo.

Hasta entonces, que la fuerza os acompañe.

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Polonia no debe frenar a los historiadores, debe alentarlos a investigar http://reasilvia.com/2018/02/polonia-ley-holocausto/ http://reasilvia.com/2018/02/polonia-ley-holocausto/#respond Mon, 19 Feb 2018 08:09:22 +0000 http://reasilvia.com/?p=3729 Una nueva ley polaca criminaliza conectar a Polonia con el Holocausto y pone en serias dudas la libertad para la investigación

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Hace poco apareció en los medios una noticia con la que muchos han puesto el grito en el cielo: el gobierno polaco ha aprobado una ley con la que no se podrá decir “campo de exterminio polaco” como referencia a los campos de exterminio nazis. Entre otras cosas que relacionen a Polonia y el Holocausto.

Casi cualquier historiador estaría de acuerdo: decir “campo de exterminio polaco” es simplemente inexacto, e incluso una mentira perversa. Campos como Auswitch estaban en Polonia, pero los construyó el gobierno alemán y fueron dirigidos por alemanes, alemanes que mandaban ejecutar polacos, sí, también no judíos. De hecho algunos de los primeros asesinatos en masa de la II Guerra Mundial tuvieron lugar cerca de Varsovia, y se cometieron sobre la intelligentsia polaca, no sobre judíos.

Auschwitz Birkenau | Fuente

El plan nazi de la invasión era claro: eliminar Polonia del mapa con toda su población; la nación debía desaparecer. El propio Himmler lo describió así, y para ello extenderían el terror entre los civiles para hacerlos más dóciles. Como resultado, al menos dos millones de polacos no judíos perdieron la vida en diferentes circunstancias, junto a cerca de tres millones de judíos polacos.

Pero la invasión no fue fácil. En la batalla de Westerplatte 210 soldados polacos aguantaron durante 7 días frente a más de 3.000 alemanes (entre ellos unas 1.000 unidades policiales) y un acorazado, defendiendo la ciudad de Gdansk de manera heroica. Aunque siempre se ha dicho que Alemania barrió a Polonia sin despeinarse, no fue tan fácil: sólo tardó una semana más en derrotar a Francia y Gran Bretaña en 1940. Y tampoco conviene olvidar que el 16 de septiembre la URSS entró por el este en lo que, en el fondo, fue la cuarta partición de Polonia en completa connivencia con sus socios nazis.

Westerplatte tras la batalla | Fuente

Mientras que el Ejército Alemán encontró menos resistencia e incluso voluntarios en la mayoría de los países que ocupó (incluídos Francia y Bélgica), en Polonia tuvo que hacer frente una fiera resistencia con el Ejército Nacional polaco en primera línea. Fue, de hecho, el mayor movimiento de resistencia contra los nazis. También el gobierno Polaco se mantuvo en pie en Londres durante el conflicto, y sostuvo el estado de guerra contra Alemania hasta la capitulación nazi. Mientras tanto, su país se convertía en una de esas “Tierras de sangre” de la Europa entre Hitler y Stalin que Timothy Snyder describió.

El propio Centro de Conmemoración de la Shoá tiene reconocidos 6.620 polacos como Los Justos entre las Naciones; una lista de personas que ayudaron a judíos durante el Holocausto. Y sí, Polonia tiene más ciudadanos reconocidos por este instituto de estudios israelí que ningún otro país. Familias polacas enteras (incluidos los niños) fueron asesinadas por los nazis por ayudar a judíos a ocultarse o escapar.

Pero el cuento no es de hadas. Junto a esto también hubo casos de violencia contra los judíos (incluso antes de la guerra) y colaboracionismo con la ocupación nazi. Cuántos de estos casos fueron por voluntad propia, o cuantos fruto del terror que los alemanes extendieron, es complicado de saber. Y conviene recordar en este punto que denunciar a tu vecino por judaísmo era parte del plan de terror alemán; la ocupación vino seguida de un estado policial en el que incluso dar un vaso de agua a un judío estaba penado con la muerte. No obstante, es cierto que el antisemitismo era un sentimiento en auge tanto en Europa como en suelo polaco.

Polonia es, en este sentido, un caso como cualquier otro en un país ocupado por los nazis, pero como hemos visto, es una excepción digna de mención. Al lado de los voluntarios polacos que vigilaban el gueto de Varsovia, o de los que dieron información a los nazis, hubo ciudadanos que arriesgaron y perdieron su vida por ayudar a los judíos, en un porcentaje mayor al del resto de países. Otros países en los que, además, había un elevado número de voluntarios para ayudar a cazar judíos.

Kedyw resistencia polaca

Miembros del Kedyw, parte del movimiento polaco de resistencia | Fuente

El gobierno polaco se refugió en el exilio y el ejército continuó luchando hasta el límite de sus fuerzas. Aunque lo más importante sigue siendo que los campos de exterminio y su planificación fueron obra del Partido Nazi. Pero ante la noticia, algunos columnistas se han apresurado a escribir en sus tribunas que ya va siendo hora de que Polonia afronte su oscuro pasado, al igual que hizo Alemania.

Pedir responsabilidades por algo ocurrido hace casi 80 años siempre es un asunto complejo, y hay mucho espacio para el debate. ¿Debe Polonia mortificarse ante nadie cuando hubo más casos de ayuda a judíos que de colaboracionismo con los nazis? ¿Más aún cuando su gobierno y su ejército ni se rindieron ni colaboraron? Puede haber debate, pero intentar dar lecciones a Polonia es tan, o más revisionista, que la ley en cuestión.

Polacos ahorcados expuestos por ayudar a judíos

Ejecución pública de polacos por ayudar a judíos | Fuente

Se equivocan los que, como Netanyahu, afirman que alguien intenta reescribir la Historia o negar el Holocausto. Son precisamente los historiadores los que mejor han reaccionado ante la ley polaca. El propio Timothy Snyder entiende que los polacos quieran que se conozca su papel durante el conflicto, pero este tipo de leyes son un error, porque llevan más al desconocimiento que a la búsqueda de la veracidad.

Aunque han asegurado que la ley no se hace para frenar trabajos historiográficos ni para minar la libertad de expresión, ¿para qué iba a ser si no? Si Polonia de verdad quiere mantener el prestigio de su pasado, dejará que cualquiera investigue sobre el colaboracionismo con los nazis durante la IIGM. Primero porque se ha de saber cuánto y por qué, y segundo porque lo investigado hasta ahora es, en un amplio porcentaje, digno de orgullo para sus ciudadanos.

Puede entenderse el descontento de Polonia con cómo algunos ven su papel durante la IIGM. Maus, la novela gráfica galardonada con un Pulitzer, retrata a los polacos como cerdos que ayudan a los nazis en la caza de judíos. Un ejemplo que, aunque real, no es válido para describir toda una realidad, pero que sin embargo ha calado así entre muchos de sus lectores. En más de una ocasión se ha descrito la invasión de Polonia como algo fácil (a veces en tono de mofa o desprecio), dejando de lado el criminal pacto nazi-soviético o que Alemania no tardó mucho más en derrotar a Francia y Gran Bretaña.

Pacto Nazi-Soviético, Polonia

Oficiales alemanes y rusos se dan la mano tras la capitulación de Polonia | Fuente

No obstante, aprobar esta ley es lo contrario a una aproximación adecuada a la cuestión, y podría conseguir el efecto contrario. Polonia debería alentar, no poner trabas, a cualquier historiador a investigar su pasado. Pues no hay mejor defensa ante las mentiras o las distorsiones que la propia verdad, aunque parte de la misma sea dolorosa, porque lo es.

Las luces y las sombras nos hacen quienes somos hoy. Ocultar unas u otras no hace si no llevarnos al engaño del pasado idílico o de las tinieblas de la culpa. Como ha dicho T. Snyder, esta ley “hace que tu confianza en ti mismo aumente mientras disminuye tu conocimiento“. Y es bailar demasiado cerca de un totalitarismo contra el que los antepasados polacos lucharon, en más de una ocasión, hasta el último hombre, mujer y niño.

Libros y recursos de interés

-SNYDER, T, Tierras de sangre. Europa entre Hitler y Stalin

Five Million Forgotten. The non jewish victims of the Shoa

Lista de los justos entre las naciones

Poles. Non Jewish Victims, United States Holocaust Memorial Museum.

Yad Vashem, Centro Mundial de Conmemoración de la Shoá

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Star Wars y la Historia http://reasilvia.com/2018/02/star-wars-historia/ http://reasilvia.com/2018/02/star-wars-historia/#respond Mon, 12 Feb 2018 08:31:52 +0000 http://reasilvia.com/?p=3704 ¿Alguna vez te has preguntado en qué se inspiró George Lucas para su saga? En Rea Silvia vamos a dar sentido en una serie a muchas de sus influencias históricas

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Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana…

…había una República Galáctica que se vio envuelta en una guerra civil. De aquel conflicto salió un Imperio galáctico que comenzó a extender su poder. La Orden de los Caballeros Jedi, encargada de mantener la paz en la galaxia, fue traicionada y el universo estaba al borde de la oscuridad.

George Lucas gestó, a lo largo de la década de los 70, Star Wars. Una historia que va sobre padres e hijos, sobre el bien y el mal, sobre el camino recto y el fácil. Pero también perfiló un bloque de seis episodios en los que había política, mucha política, con hechos influenciados por la historia de un planeta nada lejano. Star Wars está cargada de referencias a diferentes momentos clave de nuestro pasado.

En Rea Silvia vamos a publicar una serie sobre estas influencias presentes en la saga de George Lucas. Y lo haremos porque sirve a la perfección a nuestra idea de llevar la Historia al gran público, y es el formato idóneo para hacerlo de manera sencilla. Y, por supuesto, lo haremos porque somos culpables de haber fantaseado con luchar con sables láser.

No se trata de hacer unas referencias a vuelapluma. Lucas ha indicado en varias ocasiones varias de las influencias más obvias que hay en sus películas. Incluso hay un libro publicado “Star Wars and History” que no es que esté escrito en estrecha colaboración con Lucas, es que pertenece a Lucasfilms (como casi todo lo bueno de este universo). Pero como historiadores y bueno frikis no nos vamos a conformar con la versión oficial.

Nos parece muy bien que Lucas quisiera vender otro producto en 2005 y de paso dárselas de tío leído (no te cabrees si lees esto, somos fan totales), nosotros vamos a hablar de lo que vemos en las películas y lo que sabemos, y en cierta medida, de lo que ha dicho Lucas. Queremos analizar esas influencias, sin dejar de tener en cuenta que son sólo eso: influencias. Queremos darles sentido y entender cómo la saga trata estos temas. En definitiva, buscábamos una excusa para ver las películas por trigésimo octava vez.

No pretendemos crear una única versión de Star Wars y la Historia, ni queremos dar a entender que nuestra interpretación es perfecta. Es nuestra interpretación de unas influencias que, por cierto, están muy entremezcladas entre sí y tienen su buena ración de mitos.

De este modo, vamos a explorar qué tienen en común Julio César, Adolf HitlerRichard Nixon, y Sheev Palpatine. Veremos qué hay de la antigua Roma en la República Galáctica, en qué se parecen el Tercer Reich al Primer Imperio Galáctico o por qué diablos hizo Lucas a los Ewoks (además de para vender peluches).

Lo que queremos hacer con Star Wars y la Historia es, como ya hemos dicho, intentar darle sentido a esas influencias que Lucas ha usado, pasárnoslo bien y conseguir lo que siempre hemos querido: que los fans de la saga miren con otros ojos a esos tenebrosos libros de Historia, porque esto puede ser sencillo y divertido, y que los que nunca han visto ni los títulos iniciales de Star Wars, se animen a verla.

Queremos ver vuestras propias ideas en los comentarios. Porque queremos que veáis las películas con nosotros, pero con vuestros propios ojos e ideas. Porque cada uno les sacará algo diferente y es lo mejor que tiene todo esto. Y no escuchéis a aquellos que dirán que estamos intentando revestir a Star Wars de algo que no es, o que está muy chulo, pero que las guerras civiles romanas son más interesantes.

No hagáis caso a los cenizos que se oponen a contar la Historia de manera sencilla (la fuerza no es intensa en ellos). Coged vuestros disfraces de Jedi o de Sith, vuestros cascos de Darth Vader y tratad de disfrutar y aprender tanto como nosotros vamos a hacer. Os agradecemos de antemano por leernos, por vuestros comentarios y por vuestro apoyo.

Y, por supuesto…

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