Los orígenes del conflicto árabe-israelí

El comienzo del conflicto entre Israel y Palestina, cuyas consecuencias llegan a nuestros días, es un gran desconocido del pasado más reciente

Habitualmente en los televisores, las radios y los diarios de todo el mundo aparecen noticias sobre el conflicto árabe-israelí. Es una triste y dura constante en las vidas de varias generaciones y las simplificaciones sobre su origen tienden a avivar las ascuas del desentendimiento. Sin ánimo alguno de tomar posición por ninguno de los dos bandos, en Rea Silvia queremos explorar las raíces de las que brotó este conflicto todavía fuertemente enraizado en Palestina.

El pueblo judío y Palestina

La historia de los judíos no es fácil de tratar. Aunque muchos llevan varios siglos abiertos a separar vida privada y religión y se han estudiado los textos sagrados desde una perspectiva científica, para otros tantos lo sagrado sigue siendo inviolable e irrebatible. Considerados descendientes del pueblo hebreo que durante la antigüedad habitó Palestina y por ser esta “la tierra prometida”, en el imaginario colectivo judío ha perdurado durante milenios la idea de “volver al hogar perdido“.

Theodore Herzl

Theodore Herzl, padre del sionismo político | Fuente

Incluso tras el apaciguamiento de la rebelión judía durante época romana quedó población hebrea habitando en aquella tierra y, una parte, había permanecido allí desde la Antigüedad cuando David Ben Gurión proclamó el Estado de Israel. No obstante, esa población “primigenia” era del 5% en la década de 1880. Es difícil saber hasta qué punto todo ese 5% nunca se fue de Palestina ya que, tras la expulsión de los judíos de Castilla y Aragón una parte de ellos se trasladó a Palestina. Dados los constantes movimientos del pueblo judío es complicado saber si una parte de ese porcentaje nunca se movió de allí, pero sí podemos decir que la población judía ha sido una constante en la zona.

Esta situación comenzó a cambiar en 1880. La creciente sucesión de pogromos durante la década en Rusia fue un eslabón más en una cadena de privaciones, violencia y asesinatos sufridos por los judíos. Ante esta situación, y todo un bagaje similar a lo largo de la historia surgió el movimiento sionista moderno, que buscaba un hogar seguro para el pueblo judío en la Tierra de Israel: Palestina.

Durante las siguientes décadas numerosos judíos comenzaron a trasladarse a Palestina, una provincia del Imperio Otomano de mayoría poblacional árabe. Durante la Primera Guerra Mundial y tras la caída otomana, aquella tierra se convirtió en un mandato británico. En 1917, Gran Bretaña había prometido, en la Declaración Balfour, crear un hogar seguro para el pueblo judío. Aquella declaración llenó de esperanzas al sionismo y, en un principio, no provocó un gran rechazo en el mundo árabe.

Palestina, la Liga Árabe y Faisal

Mientras que en el lado judío había permanecido durante milenios un sentimiento de pueblo con un hogar ancestral, los habitantes árabes de Palestina no tenían vínculos nacionales. La lealtad de los habitantes era más para con la tribu que con ninguna otra entidad superior. Había grandes diferencias y a veces enemistades entre las diferentes poblaciones y, en última instancia, respondían ante el Imperio Otomano, un imperio que se estaba cerrando a lo puramente turco y había comenzado a limpiar Anatolia de otras etnias. La identidad nacional era inexistente. No obstante, si justo es decir que parte del pueblo judío veía la vuelta a su “hogar ancestral” como algo sagrado, para los musulmanes Jerusalén (en Palestina) también es Tierra Santa.

De Marruecos a Indonesia se extendían los estados musulmanes de todo el orbe. En lo que se consideraría el centro, nuestro Oriente Próximo, se configuró en 1945 la Liga Árabe, una coalición de países que buscaba actuar en bloque para proteger y favorecer los intereses árabes. Esta liga llegó a controlar 2/3 de las reservas mundiales de petróleo, un recurso esencial para buena parte de Occidente, incluyendo a Estados Unidos. Aunque no es una entidad sólida (las rencillas entre miembros siempre han estado presentes), desde su creación ha habido que tenerla muy en cuenta.

Delegación de Faisal en Versalles (1919)

Delegación de Faisal (en el centro en primera plana) en Versalles con Lawrence de Arabia a la derecha (1919) | Fuente

Los objetivos primarios de la Liga fueron evitar la creación de un Estado judío en Palestina y apoyar la independencia de países musulmanes todavía dependendientes de sus respectivas metrópolis. No obstante, la oposición a la formación de Israel venía de largo. Un año después de firmar Declaración Balfour, Faisal (héroe árabe contra la opresión otomana y aliado de Occidente hasta entonces) la rechazó y en 1919 fue coronado rey de Siria, considerando Palestina parte de su reino y oponiéndose al hogar seguro para los judíos. Aquello no fue un mero capricho: como pago por ayudar a la Triple Entente en la IGM se había prometido la creación de una Gran Siria que nunca se materializó porque Francia y Gran Bretaña se habían repartido el territorio. Los franceses derrotaron a las fuerzas de Faisal en pocos meses pero la situación ya se había envenenado: lo que hasta entonces podría no haber sido más que una preocupación local se convirtió en un problema entre el mundo judío y el árabe.

El camino a la guerra

Los años de 1919 a 1947 estuvieron protagonizados por una creciente violencia. Aunque en Palestina los árabes seguían sin formar una unidad o sentimiento nacional, el rechazo a la llegada de judíos y a la creación de un Estado fue extendiéndose entre sectores de la población. Gran Bretaña empezó a rectificar su política ante el descontento árabe (a veces expresado en episodios violentos dejando judíos muertos): restringió la llegada de nuevos judíos poco a poco. No querían poner en su contra a los árabes, con quienes habían tenido una larga relación y esperaban que esta se mantuviese en buenos términos, pero tampoco querían dar la espalda por completo a la Declaración Balfour. Ahora que el problema se había expandido a casi todo el Oriente Próximo, no deseaban enemistarse con estados con tanto petróleo y que podían amenazar el Canal de Suez, y tampoco querían problemas con Estados Unidos y su comunidad judía.

Conforme la violencia se extendía, los judíos crearon en 1920 la Haganá, un organismo paramilitar destinado a defenderse de los ataques. Aunque la idea era la de protegerse, parte del sionismo nunca estuvo de acuerdo con este precepto, y más conforme se intensificó la violencia de los árabes contra los judíos. Los británicos tenían un polvorín entre manos que no era fácil de resolver y que habían creado ellos mismos. La mayor parte de la población era árabe y una parte de esta se oponía violentamente a crear un Estado judío y a la inmigración de este pueblo. Por su parte, los judíos pedían lo que se les había prometido y que se acabaran los actos violentos o, al menos, que los británicos intervinieran, pues no parecía importarles lo más mínimo.

Hagana batallon femenino

Batallón femenino de la Haganá (1947) | Fuente

Aunque es cierto que a los judíos se les había hecho la promesa en la Declaración Balfour, también lo es que hubo otras promesas al mundo árabe que no se llegaron a cumplir (por lo que Faisal se coronó rey de Siria, en gran medida empujado por sus militares nacionalistas). El acuerdo secreto de Sykes-Picot de 1916 entre Francia y Gran Bretaña complicó lo que en un principio podría haber sido una relación, quizás conflictiva, pero puede que mucho menos violenta. Si, tras la Primera Guerra Mundial, las potencias occidentales no cumplieron con las promesas emancipadoras y se repartieron Oriente Próximo como una tarta, ¿por qué a los judíos, que eran minoría, si se les respetaba la suya? Mientras ellos habían sido ignorados a los hebreos se les permitía colonizar el que era su hogar. No obstante, atacar directamente a la población judía como protesta fue un acto injustificable que, según Efraim Karsh, fue protagonizado por una minoría empujada por los intereses de algunos líderes. Una minoría que pesó mucho frente a una mayoría que prefería convivir.

Ben Gurion

David Ben Gurion | Fuente

Parte del sionismo no estaba de acuerdo con la política de sólo defenderse que predicaba Ben Gurión, quien poco a poco se convirtió en el líder de los judíos. Los miembros más extremistas de la Haganá formaron el Irgún en 1931, un grupo terrorista que dificultó, si cabe más, cualquier tipo de entendimiento. Gran Bretaña seguía sin querer enemistarse en exceso con los árabes y continuó recortando poco a poco la inmigración judía. Pero para los árabes descontentos era todo o nada y en 1936 comenzó una gran revuelta que duró tres años en la que los británicos apenas intervinieron. La Haganá se reforzó enormemente durante estos años, llegando a alcanzar un gran nivel de organización y profesionalidad que fue vital para el futuro de Israel.

Aquella revuelta, con durísimos episodios de violencia, evidenció que la crisis iba para largo y Gran Bretaña siguió dando pasos hacia atrás con Balfour, pero ninguno definitivo. Llegaron a prohibir a los judíos comprar propiedades y desplegaron un bloqueo naval para evitar la inmigración ilegal. Pero el creciente antisemitismo en muchos países de Europa en las décadas de 1930 y 40 y el estallido de la Segunda Guerra Mundial llevó a muchos judíos a huir en dirección Palestina. La entrada de las tropas Aliadas en los campos de exterminio nazis causó un shock internacional y, por primera vez, un sentimiento de simpatía en buena parte de Occidente hacia el pueblo judío. La Organización de las Naciones Unidas resolvió en 1947 dividir Palestina en dos estados, uno judío y uno árabe. Gran Bretaña saldría de Palestina en 1948. Para no crear descontento, Jerusalén y Belén quedarían bajo control internacional.

La primera guerra árabe-israelí

Particion ONU

Mapa de la partición de la ONU. En azul el estado judío y en naranja el árabe | Fuente

Al día siguiente de la resolución de la ONU ocho judíos fueron asesinados a manos árabes y los siguientes meses fueron un intercambio de acciones violentas y ataques terroristas entre ambos bandos. A pesar de la dureza de lo que prácticamente se había convertido en una guerra, la Haganá y la mayor parte del pueblo judío fue fiel al precepto de defenderse de Ben Gurión, pero los elementos sionistas más extremos hicieron un flaco favor a sus futuros compatriotas, al igual que los extremistas del bando árabe.

Aunque la guerra no comenzó oficialmente hasta el 15 de mayo de 1948, durante la primera parte del año las diferentes fuerzas armadas de Palestina (no estaban unificadas en ninguno de los dos bandos) y contingentes de voluntarios de países árabes vecinos comenzaron las hostilidades. Los judíos eran claramente inferiores sin armamento pesado, con un arma para cada tres soldados, apenas una flotilla de barcos y en amplia minoría frente a los árabes; la inteligencia estadounidense les daba dos años para ser completamente expulsados. No obstante, el grado de organización, entrenamiento y cohesión de la Haganá suplió, en gran medida, las carencias materiales de las fuerzas armadas judías.

Frente a ellos, los árabes palestinos habían fallado en crear un espíritu nacional y todavía existían rencillas entre tribus. Para colmo, el mayor problema al que se enfrentaron fue la realidad de sus supuestos aliados. Carecían de un interés real en lo que ocurriera con los árabes de Palestina y, de hecho, tenían sus propios planes para la región y enemistades entre ellos.

El 14 de mayo Gran Bretaña salió de Palestina tras el fin de su mandato, Ben Gurión proclamó el Estado de Israel y al día siguiente Egipto, Líbano, Transjordania, Siria e Irak le declararon la guerra. Estados Unidos y la Unión Soviética reconocieron rápidamente a Israel y advirtieron a los países árabes de que aquella declaración de guerra era ilegal. Este fue un juego complicado: EE.UU. tenía una importante y adinerada población judía que miraba con gran interés Palestina (aunque no quería enemistarse en exceso debido al petróleo árabe), y la URSS se sentía cercana ideológicamente a los colonos judíos, pues una gran parte se organizaba en kibutz, colonias con ciertos rasgos comunistas. En última instancia, ninguno de los dos titanes quería que Israel acabase en la órbita de su rival; sin embargo, si acabó exclusivamente en la de EE.UU fue, precisamente, porque Stalin no les perdonó que aceptaran ayuda de los “decadentes capitalistas”.

Soldados israelies Sassa

Soldados israelíes durante la batalla de Sassa | Fuente

Los meses de guerra de guerrillas contra los árabes palestinos (de ahora en adelante, palestinos) no habían dejado al límite de sus fuerzas al Ejército israelí, pero la entrada en el conflicto de los países vecinos puso a Israel contra las cuerdas. En junio comenzó una tregua decretada por la ONU que, a decir verdad, necesitaban ambos bandos ya que, a pesar de haber avanzado, los árabes sufrieron muchas bajas. Por su parte, Israel no podía permitirse seguir perdiendo efectivos, una guerra de desgaste sería su fin. El respiro fue aprovechado porque les permitió tener tiempo para recibir dinero (Golda Meir, futura Primera Ministra, viajó por el mundo en busca de préstamos), armamento y organizar las, ahora, Fuerzas de Defensa de Israel (FDI o IDF en inglés). Los Estados árabes también recibieron ayuda internacional, de hecho Egipto interceptó un cargamento británico que iba a Líbano, demostrando que el interés real estaba en fortalecer su posición.

Tras la tregua Israel desplegó un contraataque que surtió efecto. Hizo retroceder a las fuerzas árabes que acabaron por establecer una actitud defensiva hasta que otra tregua, de julio a octubre, volvió a parar las hostilidades. Durante estos meses Israel planificó una nueva ofensiva, ya con más fuerza material, que acabó por expulsar a las fuerzas árabes de las futuras fronteras, llegando el IDF a internarse por el sur en el Sinaí, en propiedad de Egipto.

Bandera Israel fin guerra

El capitán Bren Adan alza la bandera israelí en la actual Eliat, imagen que marca el fin de la guerra | Fuente

La paz

A lo largo de 1949 y, sin un compromiso sincero con los palestinos, los Estados árabes que declararon la guerra en mayo de 1948 a Israel acabaron firmando la paz. Israel se quedó una parte del territorio asignado por la ONU a los palestinos mientras que Egipto se apoderó de Gaza y Transjordania (Jordania desde 1950) de la Cisjordania (regiones que también iban a ser para el Estado árabe). Ninguno de los estados permitió la autodeterminación palestina en esos territorios durante décadas, e incluso un representante egipcio dijo a un periodista británico lo siguiente:

No nos importa si todos los refugiados [palestinos] mueren. Ya hay suficientes árabes aquí.

El drama de los refugiados, los palestinos que abandonaron el territorio israelí, comenzó antes de acabar la guerra. Una parte de ellos dejó su hogar obligados por el IDF, pero la mayoría se marchó de manera voluntaria incluso cuando Israel parecía que iba a ser derrotado. Buena parte de la explicación se encuentra en el miedo a la guerra, no obstante, el problema al que se enfrentaron los palestinos es que no quedó nadie que los reuniera y los dirigiera en una resistencia. Desde el primer momento en que no lograron formar una conciencia nacional apenas hubo rastro de unidad, la población tenía difícil contar con líderes que la galvanizaran. Peor fue que las élites palestinas fueron los primeros en huir, los ciudadanos de a pie quedaron completamente desamparados y la moral general se hundió rápidamente.

Palestino campo refugiados

Un palestino mira a la cámara en un campo de refugiados palestinos en Siria (1948) | Fuente

Al terminar la guerra muchos palestinos se encontraban lejos de su hogar y la sensación que tuvieron fue que los principales culpables de su situación no habían sido los judíos: habían sido sus supuestos aliados. A sus ojos, no parecían haber demostrado un verdadero compromiso con su causa, y les quedó claro que los habían usado como excusa para obtener un beneficio propio.

Su drama y el del conflicto general árabe-israelí llega hasta nuestros días. Es un tema candente y simplificado una y otra vez que hace doblemente complicado conocerlo bien. Buena parte de ambos lados lucha desde entonces por el entendimiento para un futuro compartido como buenos vecinos, otros tantos prefieren mantener vivo el conflicto simplificándolo en una historia de buenos y malos en la que sólo ellos tienen razón, y son los que más daño hacen a los primeros. Rara vez la realidad es tan simple.

Bibliografía

-KARSH, E: Palestine betrayed, Yale University Press, 2011.

-KARSH, E: The arab-israeli conflict, Osprey Publishing, 2002.

-MARTÍNEZ CARRERAS, J.U:  El mundo árabe e Israel, Istmo, 1995.

-PALMER, R & COLTON, J: Historia Contemporánea, Akal, 1980.

Publicado por

Graduado en Historia en Sevilla. Entré en esto para saber más de Grecia y Roma y acabé liándome con un tema de moriscos y rebeliones.

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