“La angustia de Abraham” – Emilio González Ferrín

El islamólogo Emilio González Ferrín explora en este ensayo los orígenes culturales del islam en busca de una comprensión histórica y científica de lo islamoárabe

La angustia de Abraham. Los orígenes culturales del Islam – Emilio González Ferrín | Editorial Almuzara, 492 pgs, €24,25

El estudio de las religiones es un tema delicado que se ha realizado durante siglos de manera ahistórica. La dificultad añadida de no abrir la caja de los truenos para así no perturbar lo sagrado hizo en cierta manera inevitable que se dieran por buenos los procesos de génesis que describen los textos sagrados, con remotas fechas de profetas fundadores que simplifican e incluso niegan los procesos históricos.

Esta barrera de lo dogmático se ha ido superando en las diferentes religiones y el estudio histórico y objetivo ha llegado poco a poco también al islam. Para conocer mejor lo islámico Emilio González Ferrín (de quien ya reseñamos “Cuando fuimos árabes“) vierte el conocimiento que ha adquirido desde los inicios de su carrera investigadora en “La angustia de Abraham. Los orígenes culturales del islam”, publicado por la editorial Almuzara.

La obra de Ferrín es un minucioso recorrido desde las más remotas influencias rastreables en lo islámico hasta su fase de decantación final durante la Edad Media en lo que, más o menos, podríamos reconocer como islam hoy. Su objetivo, entender la génesis del mundo islamoárabe como una cultura  que orbita en torno a lo grecolatino, a lo indoiranio y a lo judeocristiano, que no es ajena al mundo que le rodea, que no es un punto y aparte llegado del desierto mediante una palabra revelada a un profeta.

“La angustia de Abraham” arranca con un mapa previo que sintetiza las 477 páginas de ensayo y que pone al lector rápidamente en situación. Un comienzo directo y honesto que genera las ganas necesarias para empezar con fuerza. Aquí vemos esa intención de conocer lo religioso (no solo del caso islámico) con prisma científico e histórico pero sin ánimo alguno de ofensa o de invalidar textos sagrados; se trata de entender ideas, pensamientos y explicaciones de la realidad y rastrearlos a lo largo de la historia.

Emilio González Ferrín disecciona en las páginas de esta obra las diferentes ideas de las religiones desde la Antigüedad, así como ideas filosóficas ya que ambas son formas de explicar el mundo y, mantiene Ferrín, separarlas no tiene sentido. Desde el zoroastrismo/mazdeísmo iranio, pasando por los pitagóricos o el orfismo hasta los sistemas abrahámicos.

Una de las ideas principales de “La angustia de Abraham” es que debemos descompartimentar las religiones por muy obvios que esos compartimentos nos parezcan hoy. Es decir, que en nuestros días judaísmo, cristianismo e islam insistan en sus diferencias e incompatibilidades no significa que en sus orígenes fuese así. González Ferrín esboza en estas páginas un tiempo (primeros siglos de nuestra era) de indefinición, de múltiples heterodoxias, de cultos vecinos difíciles de diferenciar e incluso de monolatría (culto a un único dios reconociendo la existencia de otros).

De ese tiempo de indefinición se va pasando a uno de definición por contraste. Como repite Ferrín varias veces a lo largo de la obra, todo es entorno hasta que se delimiten los contornos. Simplificándolo mucho, en un entorno con muchos grupos religiosos similares uno de ellos delimita sus lindes y deja fuera al resto, a los que incluso tacha de herejes. Aparecen así ortodoxias que se definen por contraste con lo que las rodea y, generalmente, se dicen única tradición válida  y verdadera religión.

En “La angustia de Abraham” Emilio González Ferrín nos pinta un cuadro diferente a esas “únicas tradiciones válidas”. Uno en el que las mismas ideas han estado desde siempre y siempre en constante movimiento, en constante choque, asimilación o fusión, ideas que ya estaban pero que se reformulan, se hacen nuevos repartos de baraja con lo que ya estaba. Todo esto ocurre en un Mediterráneo centrifugador de ideas de lo indoeuropeo, lo indoiranio y lo semítico gracias a una ‘T’ próximo oriental que hace de correa de transmisión norte-sur, este-oeste. Una ‘T’ situada justo en el entorno en el que nacen estas religiones abrahámicas (judaísmo, cristianismo e islam).

Y, de este modo, a lo largo de muchas páginas, se llega de forma sencilla a entender otra de las premisas de “La angustia de Abraham”: que las religiones se forman en una natural evolución histórica y no por una unívoca transmisión textual. Que beben de su entorno y van conformado sus textos sagrados como palimpsestos: podando y reescribiendo, delimitando su contorno por contraste con el resto. Y que, dentro de todo esto, el islam está inserto en este mismo proceso histórico; es otra religión abrahámica, vecina, no viene de ningún lugar extraño, ajeno y desconocido.

Estudiando estas religiones de manera histórica aprendemos más del período en el que nacen, se desarrollan y terminan por delimitarse. Algo que Ferrín sitúa entre la Antigüedad tardía y la Alta Edad Media, una parcela generalmente tildada de oscura por lo mal que se conoce y que aumenta, si cabe más, el interés por “La Angustia de Abraham”. De todos modos, no es un manual para conocer esa época (ni se restringe únicamente a ella), es un comentario, un ensayo de la historia de la ideas religiosas desde la Antigüedad.

Pero es cierto que “La angustia de Abraham” tiene un importante valor para conocer someramente cómo aparece y se va extendiendo el islam (aunque insistimos, no trata sobre esto) no ya como religión, sino como civilización, como cultura. Ferrín traza el desarrollo de lo islámico con fechas y espacios que difieren de una historiografía tradicional que, por lo general, ha dado por bueno el relato “oficial” religioso.

En resumen, González Ferrín presenta un cambio de paradigma para estudiar y comprender las religiones abrahámicas inmersas en un transcurso histórico natural, sin textos revelados ni remotas fundaciones de profetas. Un libro que además invita al lector a replantearse buena parte del discurso historiográfico altomedieval (especialmente en lo referente a lo islámico), que abre debates y hace circular la sangre por el cerebro. Una obra honesta y con espíritu científico que, además de una importante bibliografía, ofrece un somero repaso por la islamología hasta ahora, subrayando hitos en el conocimiento del islam.

“La angustia de Abraham” es indispensable para entender mejor el mundo islamoárabe. Dada la complejidad del objeto de estudio se trata de un libro denso aunque ni mucho menos pesado. González Ferrín divide los capítulos de su obra en subcapítulos de no más de dos páginas, bien hilados y que ofrecen comodidad y flexibilidad para que cada cual lea a su ritmo. Aunque está escrito en un registro culto es accesible, de fácil comprensión. Una obra que recomendamos encarecidamente.

Emilio González Ferrín es arabista e islamólogo, campos de estudio sobre los que imparte clase en la Universidad de Sevilla. Ha dedicado su carrera al estudio de lo islamoárabe y cuenta con publicaciones como “Historia General de Al Ándalus”, “Cuando fuimos árabes“, “Diálogo Euro-Árabe” o “La palabra descendida”, obras con las que ha contribuido a un mayor conocimiento y a un interesante y renovado debate sobre el mundo árabe y el islámico.

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Graduado en Historia en Sevilla. Entré en esto para saber más de Grecia y Roma y acabé liándome con un tema de moriscos y rebeliones.

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