Vidas paralelas: Falange Española y Vox

Julio César y Alejando, Teseo y Rómulo, Demóstenes y Cicerón… Nos tomamos el lujo de inspirarnos en Plutarco para comparar y análizar los fenómenos de Falange Española y Vox

Me tomo el lujo de utilizar este título de la colección biográfica de Plutarco para confrontar dos realidades políticas de la Historia contemporánea de España. Por un lado, la Falange Española de José Antonio Primo de Rivera, concretamente la que se desarrolló entre 1933 y 1936 y, por el otro, la organización Vox que se encuentra actualmente bajo la batuta de Santiago Abascal.

Este artículo nace con la idea de discernir cuáles son las similitudes y diferencias que existen entre ambas formaciones. Se trata de una tarea no exenta de dificultad, especialmente por el tiempo en el que vivimos donde cualquier síntoma de cuestionamiento puede llevarte a un juicio popular. En cualquier caso, el auge de Vox ha despertado la atención de los más agoreros, aquellos que señalan de fascistas a todo aquel que no siga los pasos del manual del buen ciudadano. Es ese abuso del término fascista la que nos ha animado a plantear un artículo como el que va a leer a continuación.

Dos contextos (casi) antagónicos

Antes de meternos a fondo con las particularidades de cada organización, creo necesario partir del análisis de los escenarios históricos en que ambas se han desarrollado. El medio político y económico, en ambos casos, debe tenerse en consideración porque juega un papel clave en la evolución de los partidos y su militancia. La II República y la España actual, a pesar del histrionismo mediático, son realidades ajenas y que merecen un análisis por separado. Para más información disponen del trabajo El camino de la democracia en España, 1931 y 1978 (Álvarez Tardío, 2005)..

Para este caso en concreto, merece la pena señalar unas cuantas diferencias para comprender que la comparación entre Falange Española y Vox se parece más a un experimento político que a un trabajo histórico riguroso. Partiendo de esta base, no se debe ignorar el clima de movilización y violencia política que se vivió entre 1931 y 1936, uno que supera de largo a nuestro actual panorama político. No cabe duda que España se alineó con el contexto superior de la Europa convulsa de Entreguerras, aunque con nuestros rasgos propios.

Los datos de afiliación a partidos, manifestaciones, huelgas o ataques/asesinatos por motivos políticos tuvieron su auge durante la experiencia republicana. A toda esa algarabía social debemos sumar que no existían antidisturbios en el cuerpo policial español, algo que dejaba a la Guardia de Asalto abierta a la improvisación e instrumentalización por los partidos políticos. Esto dista mucho de nuestro actual orden público el cual brilla por su mesura y coordinación entre fuerzas policiales.

No obstante, admitir que el desorden público estaba presente en la España de entonces no significa que el país estuviese al borde de convertirse en una república popular. Esas predicciones se las dejamos a los tarotistas. Entre una y otra situación hay un espacio que debemos definir bien porque fue la clave para el auge de Falange y que nos va a ayudar a marcar el cordón sanitario respecto a Vox.

Falangistas desfilando por las calles de Sevilla en 1937 | Archivo Privado de Sancho Dávila

Vasos conectores

Existen una serie de rasgos que nos llevan a pensar que Vox podría ser un remake de la Falange de José Antonio. Algunos innatos y otros impostados tanto por el propio partido como por sus adversarios. Cosas del juego político. 

Tanto Falange Española como Vox son organizaciones minoritarias en cuanto militancia y representación política. FE solo consiguió un diputado durante su existencia legal y fue gracias a un pacto con los monárquicos agrarios de la provincia de Cádiz. Respecto a Vox, está por ver qué ocurre en los próximos comicios nacionales. La cuestión es que esta infrarrepresentación política no ha correspondido con el eco mediático que ambas han logrado. Puede que sea por nuestro imaginario cristiano, en el que David recibe más apoyos que Goliat, pero el caso es que ambas han sabido gestionar muy bien los tiempos en la comunicación de masas.

El victimismo, en el caso de Falange, fue un factor clave para su expansión durante el Frente Popular. En marzo de 1936 el partido estaba abolido, sus sedes clausuradas y sus líderes encarcelados. Fue justamente en ese contexto cuando pasaron de ser una organización minoritaria a una de las principales en el panorama político (Señoritos, jornaleros y falangistas, Parejo Fernández, 2008).  En el caso de Vox, Abascal ha sabido dirigir el partido hacia las principales portadas mediáticas, especialmente entre las webs sedientes de clickbaits y usuarios mofándose de sus memes. Con unos y otros ha logrado que se hable de Vox, una norma básica en el marketing. Veremos qué resultados tiene.

Un liderazgo asentado

No cabe duda que ambos partidos destacan por un líder mediático y, para algunos, carismáticos. Abascal ha llevado a Vox hacia un punto impensable hace unos años, es decir, poder formar parte del Congreso de los Diputados. Ningún análisis de este fenómeno deja de lado la influencia del lider político, el cual se identifica por completo  con la propia marca del partido. Algo muy similar ocurrió con José Antonio. El líder falangista, no sin oposición interna, logró mantener a flote económica y políticamente a la organización gracias a sus vínculos personales. Su mensaje claramente fascista y contrario al orden liberal lo convirtieron en un ídolo entre el falangismo, tanto que su culto personal alcanzó cotas mesiánicas. Sin esos líderes, cuesta creer en el éxito de ambas formaciones (o una de ellas al menos).

Santiago Abascal dispuesto a que hagan memes con sus fotografías | FUENTE

Fascistas y reaccionarios

Tanto en los años 30 como en la actualidad, el uso del término fascista carece de su sentido más puro y original. La acepción más común es la de desprestigiar al rival político, un uso intencionado llevado al absurdo. El fascismo se define como una doctrina política con sus características y contexto histórico propio (Anatomía del fascismo, Fascismo y comunismo, Paxton, 2005).

Aunque para algunos el fascismo comience en la socialdemocracia, no debemos despreciar los matices cromáticos de la paleta ideológica. Falange, entre los años señalados, propagó un mensaje puramente fascista, es decir, uno revolucionario, violento, excluyente e interclasista. Fue un mensaje incómodo por su aceptación popular, tanto para la izquierda como para liberales, conservadores y reaccionarios. Estos últimos, representados por la Comunión Tradicionalista y militares sublevados en mayoría, no dudaron en hacer uso del tirón mediático que gozaba Falange los meses previos al golpe de estado. El Decreto de Unificación de 1937 fue la definitiva domesticación del fascismo falangista por el franquismo.

Resulta necesario remarcar esta diferencia entre reaccionarios y fascistas porque, a mi entender, es la que separa a Falange y a Vox. Los de verde propugnan un programa remarcadamente tradicionalista, proteccionista, católico y antiestablihsment (perdonen el anglicismo, pero no creo que se ajuste antisistema). Falange, compartiendo algunos rasgos, dista de Vox en su afán revolucionario y decididamente anticapitalista. Resulta impensable oír a Abascal hablando de los de abajo contra los de arriba. Igual que sería sorprendente escuchar a Primo de Rivera defendiendo una bajada de impuestos.

Los camisas azules, por su parte, no dudaron en echar mano de la violencia  para alcanzar sus objetivos. No es casualidad que en la ficha de ingreso a Falange se incluyera un apartado sobre si estabas en posesión de una “bicicleta” (la bicicleta encubría una “porra”). Los jóvenes falangistas eran animados a repartir propaganda en los barrios donde la izquierda dominaba. El resultado era una confrontación diaria entre militantes que muchas veces desembocaba en heridos graves y muertos, los caídos por el movimiento. A este nivel no ha llegado Vox , ni parece que vaya a hacerlo gracias a nuestro consolidado orden público y a la sumisión de la mayoría de partidos al estado de derecho.  

Sociológicamente heterogéneos

Unos de los debates más candentes en torno al fenómenos fascista ha sido la heterogeneidad de sus fieles. Dejando de lado las tesis que lo señalan como los “hijos del capitalismo”, el fascismo se ha mostrado un movimiento transversal e interclasista en todas sus expresiones. El caso de Falange Española no dista otros casos mediáticos como los del NSDAP. En Las piezas perdidas de la Falange en el sur de España (Parejo Fernández, 2008) se recoge que entre los miembros de la delegación sevillana habían comerciantes, empresarios, jornaleros, hortelanos, ex-miembros del PCE, estudiantes, obreros, propietarios e incluso tres toreros. Una constante que se ha repetido en el resto de jefaturas provinciales estudiadas.

Falangistas sevillanos realizando el saludo romano mientras se realizaba el desfile por el tercer aniversitario de la II República | Archivo Privado de Sancho Dávila

Aunque algunos análisis adviertan del atractivo que el mensaje de Vox tiene entre los grupos humildes o trabajadores, aún es temprano para decir que es una formación interclasista. Mientras que de FE disponemos datos empíricos que demuestran esa diversidad sociolaboral, para los de Abascal aún faltan datos estadísticos que lo corroboren. No obstante, hay que tener en cuenta el posible atractivo que el mensaje proteccionista y antiglobalización puede tener entre los trabajadores. Está por ver cómo evoluciona la situación.

Conclusión

Esta artículo se origina por nuestra aversión hacia las generalizaciones interesadas sobre temas que conocemos bien. Pejigueras, si me permiten el dialecto andaluz. No buscamos sentar cátedra, sino proponer una mayor preocupación por los matices. Son esos pequeños detalles los que permitirán comprender ambos fenómenos. Más allá de ellos solo encontraremos caos y periodismo digno.

Publicado por

Eterno aprendiz de historiador. Interesado en el concepto de libertad y los totalitarismos en el siglo XX.

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