La invasión de Polonia, el inicio de la Segunda Guerra Mundial

En septiembre 1939 la Wehrmacht se enfrentó al Ejército polaco en lo que fue el primer acto en Europa del segundo conflicto mundial

La madrugada del 1 de septiembre, entre nubes y claros, una escuadrilla de bombarderos alemanes Stuka descendió del cielo y soltó sus bombas alrededor del puente ferroviario de Tczew, en el corredor de Danzig. Quince minutos después, el acorazado Schleswig-Holstein, veterano de la Gran Guerra, disparó una salva contra la fortaleza de Westerplatte en la Ciudad Libre de Danzig. Tras esto, cerca de millón y medio de soldados alemanes y más de dos mil carros de combate cruzaban la frontera de Polonia. La Segunda Guerra Mundial había comenzado.

Una guerra limitada, una guerra mundial

Hoy vemos 1939 como la preparación de la ineludible Segunda Guerra Mundial, no obstante, bien podría haber empezado entre septiembre y octubre de 1938, o haber quedado este episodio como un conflicto limitado (o solamente europeo). Es una posibilidad que muchos historiadores han planteado, especialmente por cómo habría ido el conflicto en aquel momento. Se lo plantean Murray y Millet1 en la línea que dejó escrita Winston Churchill2. ¿Y si en 1938 Gran Bretaña y Francia (GB y Fr a partir de ahora) hubieran protegido a Checoslovaquia en vez de aceptado su ocupación y desmembración para apaciguar a Adolf Hitler? Es probable que hubiera estallado una guerra, pero contra una Alemania menos preparada (también estaban menos preparados el resto) para la misma, y con menos recursos.

Supone aventurarse demasiado en el farragoso terreno de los posibles, pero creo que merecía la pena para señalar algo esencial a la hora de estudiar y comprender la historia: nosotros ya sabemos que la IIGM empezó en 1939, pero en 1938, como es obvio, no lo sabían. Vivimos en ambiente VUCA (volatilidad, incertidumbre —uncertainty en inglés—, complejidad y ambigüedad), un término del U.S. Army War College para definir la realidad (de la guerra, aunque sirve para todo en la vida) como volátil, incierta, compleja y ambigua. En 1939 el estallido de una guerra parecía posible para muchos, que acabara en el conflicto mundial que todos conocemos es otro tema, porque seguir apaciguando a Hitler como en 1938 era una posibilidad, aunque cada vez menos lógica.

El Führer quería Polonia del mismo modo en que quiso Austria y los Sudetes (zona de mayoría poblacional germana, de ahí la ocupación de ésta parte Checoslovaquia), así como en sus planes estaba luchar contra la URSS eventualmente. De hecho se podría decir que desde el mismo momento en que publicó Mein Kampf (Mi lucha) Hitler le había declarado la guerra a sus vecinos del Este. Desde que llegó al poder y se fue haciendo con los resortes del Estado alemán, comenzar una, o varias guerras, para llevar a cabo sus cometidos era cuestión de tiempo.

A pesar de todo no estaba claro cuándo ni cómo iba a ocurrir la invasión de Polonia. En marzo de 1939 Alemania terminó de ocupar el resto de Checoslovaquia, convirtiendo a Eslovaquia en un Estado títere. Ante la absoluta contemplación (aunque indignación) de Francia y Gran Bretaña, Hungría obtuvo otra zona de acuerdo con Alemania (Polonia había ocupado Teschen en octubre de 1938). Entre esto y el anticomunismo que polacos y germanos compartían, algunos pensaron que quizás la guerra no era tan inevitable, o no estaba tan cerca. Sin embargo, Eslovaquia era un escalón más en el plan de Hitler y, de hecho, sirvió como una de las zonas desde las que se produjo la invasión de Polonia en septiembre.

Diferentes etapas de la ocupación de Checoslovaquia | Fuente

El problema para Hitler es que Francia y Gran Bretaña podrían salir en defensa de Polonia, aunque cabía la posibilidad de que, una vez más, ambos estados decidieran contentar al Führer3. No parecía ese el caso y Hitler lo sabía; desde que se anexionó el resto de Checoslovaquia, GB garantizó la independencia de Polonia. Lo de marzo de 1939 había sido una violación en toda regla de los Acuerdos de Múnich (por los que se aceptó la ocupación de los Sudetes). Aquello ya no era una defensa de las minorías alemanas, sino que parecía evidente que Hitler movía las primeras piezas para expandirse hacia el Este. De hecho, en abril el Führer mostró públicamente su intención de adquirir la Ciudad Libre de Danzig (protectorado de Polonia, actual Gdansk) y tender un ferrocarril entre Pomerania y Prusia oriental (separados por Polonia y Danzig). El pretexto, nuevamente, era salvaguardar los intereses de la población alemana de Danzig, y conectar ambas zonas alemanas, pero ya pocos se fiaban de que Hitler se contentara sólo con eso.

El corredor de Danzig, entre Prusia oriental y occidental | Fuente

Por qué empezó la guerra ahora y no un año antes es una pregunta a la que podemos dar muchas vueltas. El conjunto de factores a analizar es amplísimo y aquí pretendo sólo resumir algunas de las ideas más aceptadas, o que más se han debatido. Alemania necesitaba la guerra para que su sistema económico no se desmoronase (para obtener mano de obra y recursos), y algunos autores entienden que ya daba claros signos de estancamiento e incluso crisis4. Además, Hitler quería empezar la guerra pronto, no cuando «tuviese 50 o 60 años»5. Ya había dado varios pasos para la consecución de su objetivo; con casi todas las cartas boca arriba, no podía regalar demasiado tiempo a sus enemigos. También barajaba la posibilidad de que una victoria rápida y clara en Polonia convenciera a Francia y Gran Bretaña a dar un paso atrás.

Gb y Fr, por su parte, difícilmente podrían permitirse volver a contentar a Hitler. Una Alemania más fuerte suponía una amenaza si cabe peor para mantener el status quo europeo. Los intereses económicos y políticos eran importantes, pero también había en juego un cambio de civilización que traería el nacionalsocialismo con su lebensraum (espacio vital), y que desplazaría a los grandes actores políticos del momento. Si pesó más lo ideológico o lo político-económico es otra pregunta que siempre estará en el aire, y habrá autores a los que convenza más una idea u otra6.

Al Este, la Unión Soviética esperaba también su momento. Iosif Stalin consideraba a la Alemania nazi su enemigo más peligroso y, en última instancia, esperaba que el capitalismo cayera definitivamente para extender la revolución comunista. No obstante, Stalin era práctico y sabía que su Ejército, después de unas durísimas purgas, no estaba preparado aún para una guerra abierta contra Alemania. Hubo varias ofertas sobre la mesa para realizar un pacto antialemán, pero la URSS contaba con la desconfianza de casi toda Europa. Sin ir más lejos, el gobierno polaco no contemplaba dejar a tropas soviéticas pasar por su territorio, y GB y Fr no se fiaban de las intenciones de Stalin. Apenas unos días antes del comienzo de la invasión de Polonia, Alemania y la URSS firmaron un pacto de no agresión en el que, en realidad, se repartían Europa del Este y ambos conseguían tiempo antes de luchar contra el enemigo final7, al que tenían justo enfrente.

Firma del pacto de no agresión, o Ribbentrop-Molotov.

Como broche a una introducción demasiado larga para ser breve, me gustaría dejar una nota para una reflexión si cabe más amplia. ¿Y si la Segunda Guerra Mundial empezó antes y a miles de kilómetros de Polonia? En efecto, me refiero a los conflictos asiáticos que, al final, se solaparon y aglutinaron con los de Europa8. Pero por el bien de este artículo, lo dejaré tan sólo en eso, una nota para debatir en otro momento.

El Caso Blanco frente al Plan Z

Como avanzaba unos párrafos arriba, Hitler quería lanzar una ofensiva contra Polonia pronto, y ya en abril de 1939 encargó el Caso Blanco (Fall Weiss) al OKW (Alto Mando de la Wehrmacht)9. La ofensiva proyectaba dos movimientos diferentes que convergerían sobre un mismo eje: la zona de Varsovia. Cada movimiento estaría a cargo de un Grupo de Ejércitos, el Norte y el Sur. Mientras que el Norte tenía dos ejércitos, el Sur contaba con tres.

Pero el plan era algo más complicado que eso: uno de los ejércitos del Grupo Norte estaba en Prusia occidental (el Cuarto), al oeste de la frontera polaca, y el otro en Prusia oriental (el Tercero). La misión del Cuarto Ejército era penetrar en el corredor de Danzig y contactar con el Tercero en terreno alemán. Una vez junto, el Grupo Norte avanzaría hacia el sureste con el objetivo de llegar a Varsovia en una posición ventajosa para seguir hacia el este y generar una gran bolsa (lo que los germanos llamaban Kessel) o, dicho de otro modo, encerrar a las tropas polacas entre los dos grupos de ejército alemanes.

El Caso Blanco. Pincha aquí para ampliar.

Mientras esto ocurría, el Grupo de Ejércitos Sur avanzaría con sus tres ejércitos desde el sur de Alemania (el Octavo y el Décimo) y Eslovaquia (el Decimocuarto, aunque parte del mismo operó desde la Silesia alemana) en dirección noreste. Este era sin duda el Schwerpunkt (literalmente «centro de gravedad», era el punto crucial del ataque alemán) del Caso Blanco, porque era la zona donde más divisiones Panzer había: cuatro de las seis en activo, y tres de las cuatro ligeras.

La idea básica del plan era asestar un rápido golpe mortal a Polonia para que en cuestión de unos pocos días esta se rindiera. En caso de que Francia y Gran Bretaña declararan la guerra, el oeste de Alemania debería aguantar lo suficiente para permitir que la Wehrmacht, prácticamente en su totalidad en territorio polaco, pudiera dar la vuelta ya con Polonia sometida y con la tranquilidad del pacto de no agresión con la URSS.

El Caso Blanco estaba en la línea de los planes ofensivos de Prusia y del Imperio Alemán, de cuya doctrina militar la Alemania nazi era clara heredera10. A pesar de la conocida fuerza y nivel de desarrollo y adiestramiento del Ejército germano, tanto Prusia como luego Alemania necesitaban ganar guerras en campañas cortas, y esta no era diferente. Tradicionalmente el modo alemán de hacer la guerra se basó en la Bewegungskrieg, o guerra de movimientos. Eran ofensivas rápidas que asestaban golpes letales porque Alemania, rodeada siempre de enemigos, no podía permitirse conflictos largos con sus fuerzas divididas en varios frentes. Una Stellungskrieg, o guerra de posiciones, era mortal para los germanos, especialmente ahora que contaba entre sus posibles enemigos a Gran Bretaña y sus colonias y la URSS, que demostró ser una fuente casi inagotable de recursos, tanto humanos como materiales.

Frente al Caso Blanco, Polonia tenía el Plan Z11, habitualmente olvidado en buena parte de la historiografía y mal comprendido en otra tanta. El Ejército polaco contaba con una ofensiva total de Francia sobre Alemania desde el oeste en no más de dos semanas tras el ataque alemán sobre Polonia. Entretanto, las tropas polacas debían aguantar el empuje alemán en una retirada continua mientras terminaban de movilizar a su Ejército y mandaba refuerzos al frente. Una vez que Francia entrase en Alemania, y con las tropas de Polonia todavía en combate, podrían pensar en contraofensivas o lo que la situación permitiese.

En este aspecto, la doctrina militar polaca era semejante a la alemana, ya que ambos ejércitos basaban su estrategia en la guerra de movimientos y la libertad de mando, auftragstaktik (misión tipo) en el caso alemán. Es decir, los planes estratégicos de ambos países proyectaban unas nociones básicas (avance de tantas tropas hacia X punto) y dejaban a los mandos intermedios libertad para llevarlos a cabo, entendiendo que nada superaba el conocimiento de la situación sobre el terreno. El objetivo era obtener una victoria rápida, ya que ambos estados estaban rodeados de enemigos y tenían difícil sobrevivir a varios frentes en una guerra prolongada.

Es en la teoría donde acaban las similitudes entre ambas doctrinas operacionales. En la práctica, Alemania había experimentado desde fecha tan temprana como 1927, con las restricciones del Tratado de Versalles todavía presentes, para incorporar el carro de combate, el Panzer, a su modo de hacer la guerra. Pero no acababa ahí, no se entiende la doctrina alemana en la IIGM sin la radio, que fue el verdadero lubricante de la estrategia de armas combinadas germana. Polonia no contaba ni con blindados tan veloces, ni con un uso desarrollado de la radio ni con la destreza y preparación de los mandos intermedios alemanes. De hecho, mientras Prusia y más adelante el Imperio Alemán mejoraba y adaptaba a los nuevos tiempos su doctrina militar, Polonia estaba ocupada por sus vecinos. Sólo pudo desarrollar su pensamiento militar desde 1918 mientras que Alemania tuvo más de dos siglos12.

La unidad más móvil polaca era la caballería que, bien usada, era un buen recurso a pesar de estar desfasado y que, desde luego, no cargaba ciegamente para alancear blindados. El problema es que con Eslovaquia en manos alemanas, la franja de terreno que debía defender Polonia era insostenible. Las tropas estuvieron demasiado sobreextendidas y el Ejército de reserva se tuvo que emplear en cubrir tamaña cantidad de terreno. La caballería también fue sacrificada en posiciones fijas de primera línea, en lugar de estar en su natural rol lanzando contraofensivas y ayudando allí donde fuera necesaria. Porque una cosa es que la caballería estuviera desfasada y otra que los polacos todavía la usaran como en la Edad Media.

Lanceros polacos durante unas maniobras antes de la guerra.

No hay que llevarse a engaño. El Plan Z no era un buen plan, ya que anulaba la doctrina militar polaca, pero la otra opción era plantar a las tropas en las líneas defensivas que otorgaban los ríos del interior pero que, igualmente, confinaba a las tropas de Polonia a un tipo de campaña en el que no eran hábiles, y entregaba sin lucha las regiones industrializadas del suroeste del país a los alemanes, lo que se veía como una derrota política. El principal problema de Polonia no fue tanto su plan, sino su situación de partida y que, como todos en aquel momento, subestimó la dureza y la rapidez con la que el Ejército alemán podía golpear. Su situación era prácticamente desesperada, especialmente si Francia no lanzaba una ofensiva total pronto. Y además lo era en parte por su propia culpa, ya que no realizó ninguna alianza con países vecinos como Letonia o Checoslovaquia en los años anteriores y, al contrario, avivó las ascuas de pequeñas disputas fronterizas.

Deutschland Sieg!

El 1 de septiembre, Adolf Hitler terminó su discurso en el Reichstag sobre la invasión de Polonia deseando la victoria con un «Deutchsland Sieg!«13 (victoria de Alemania). La sensación general era de nerviosismo aunque la imagen que tengamos en la cabeza es la de hileras de robustos blindados y unos soldados felices y confiados. La victoria debía ser rápida y clara, el golpe había de ser contundente, lo suficiente como para dar la vuelta y mandar a toda prisa las tropas al oeste en caso de que Francia atacara con todo. La invasión era, en todos los sentidos, una apuesta osada.

Los días previos fueron una vorágine de llamadas telefónicas, movimientos del Abwehr (la inteligencia militar alemana) en territorio polaco y órdenes de movilización con un resonante tic-tac del reloj de fondo. Polonia movilizó sus tropas consciente de la concentración de divisiones alemanas cerca de la frontera, pero Francia y Gran Bretaña le pidieron cancelarlo para no dar una coartada a Hitler. Poco importaba, Reinhard Heydrich, el brazo derecho de Heinrich Himmler, había fabricado una escaramuza en la que acusaba a Polonia de haber atacado un puesto fronterizo alemán. Para darle una apariencia real, unos prisioneros polacos de un campo de concentración fueron uniformados, ejecutados y tirados en la zona como muestra incontestable del inexistente ataque.

Una imagen que no se suele ver mucho. Hitler saluda a las tropas que van hacia Polonia, y que muestra al Heer como era, un Ejército en el que el caballo era el principal modo de transporte.

A las 04:30 del 1 de septiembre, una escuadrilla de Stuka lanzó sus bombas contra el puente de Tczew, con las que querían dañar las cargas de demolición que los polacos tenían, ya que era un punto clave para la movilidad en el corredor de Danzig. 15 minutos después, el acorazado Schleswig-Holstein disparó contra la fortaleza de Westerplatte en Danzig, la guerra había comenzado.

Seguido de esto fue puesta en marcha toda una serie de ataques aéreos contra baterías defensivas y las tropas del Heer (Ejército de tierra alemán) entraron en acción. Es famoso el asalto a la fortaleza de Westerplatte, que llevó a los alemanes cinco duros días contra una guarnición de 200 hombres, y también lo es la lucha por la oficina de correos, donde los polacos fueron aniquilados en cuestión de horas. A pesar de la fiera resistencia en Westerplatte, Danzig y buena parte del corredor estaban en manos alemanas el primer día de la ofensiva. Sin embargo, lo crucial ocurría algo más al sur.

En el puente ferroviario de Tczew los alemanes se enfrentaron a una dura defensa polaca con ayuda de los empleados del ferrocarril, vitales para el uso de un tren blindado que costó numerosas bajas a los germanos. Cuando el empuje del Heer fue demasiado duro, retiraron el tren y volaron el puente (el bombardeo previo de los Stuka no dañó las cargas). Como represalia, los alemanes ejecutaron a 19 oficiales polacos y empleados del ferrocarril, una muestra de lo que esperaba a los eslavos bajo la ocupación de la Wehrmacht.

Prisioneros polacos ejecutados por la Wehrmacht durante el 9 de septiembre.

Aunque a veces también se ha dicho que la Luftwaffe (Ejército del Aire alemán) tuvo vía libre porque el primer día de ofensiva arrasó los aeródromos polacos, es otra de las exageraciones sobre esta campaña. Previendo el ataque, un amplio número de la flota aérea de Polonia se trasladó a aeródromos ocultos en el interior del país. Igual que las tropas de tierra se iban a ir retirando poco a poco, la fuerza aérea debía sobrevivir a los primeros fuegos de la guerra. Durante septiembre fue evidente que los escasos 400 aviones polacos fueron insuficientes contra los 2.300 de la Luftwaffe, pero los pilotos demostraron una pericia y un arrojo sin igual.

invasion polonia caza p 11
Caza polaco P-11 camuflado en un aeródromo.

El Grupo de Ejércitos Norte

Con la costa prácticamente bajo control alemán, el empuje del Cuarto Ejército estaba libre de ataques desde el norte y, a su vez, si el avance de este tenía éxito, defendía la costa de posibles refuerzos desde el interior de Polonia. La ofensiva de estas tropas fue acorde a lo planeado, aunque hubo algunas dificultades. En esta zona los alemanes fabricaron el mito de la carga de caballería polaca, y lo curioso es que la 18º de lanceros estuvo a punto de hacer retroceder a una división alemana ligera14, no obstante, llegaron refuerzos germanos y fueron los polacos los que finalmente retrocedieron.

El principal problema para Polonia fue que, aunque la ofensiva general no arrolló todo el frente en un día, el XIX Cuerpo (con una división Panzer y dos motorizadas) de Heinz Guderian encontró un hueco entre las defensas polacas y cruzó el río Brda. Fue un movimiento audaz que los defensores no supieron apreciar. Los siguientes días, el XIX Cuerpo avanzó tan rápido que Guderian tuvo que dar un alto para recuperar el contacto con los camiones de abastecimiento, que sufrieron una dura travesía entre un Ejército polaco en descomposición, pero que seguía luchando. A los tres días de ofensiva, entre Guderian al norte y el resto de cuerpos por el sur, ya habían hecho 15.000 prisioneros. A pesar de algunos pequeños problemas, el Caso Blanco iba de acuerdo con lo planeado15 en esta zona.

Entre los avances de las tropas y los combates, la población civil no tardó en convertirse en un objetivo más de la Wehrmacht. Además de las ejecuciones de prisioneros, la Luftwaffe realizó pasadas en caminos y carreteras, disparando indiscriminadamente a civiles que buscaban huir de las zonas de conflicto (unos meses más tarde, hicieron lo mismo en Francia). Este fue sólo el anticipo de lo que iba a sufrir la población mundial durante los siguientes años de conflicto (y ya estaba sufriendo en Asia). La Segunda Guerra Mundial se saldó con las cifras de civiles muertos, entre acciones militares y políticas de ocupación, más altas de la historia, y Polonia fue uno de los países que más sufrió esta realidad.

Kazimiera Mika, de 12 años, llora a su hermana Anna, de 14, abatida por una pasada de la Luftwaffe en Varsovia.

Por su parte, el Tercer Ejército, que atacaba desde Prusia oriental, se encontró con mucha resistencia, especialmente en la zona central de su frente, pues era el camino más corto a Varsovia y estaba bien protegido. Aquí se tienen noticia de algunos de los pocos choques de caballería de toda la guerra, como canto de cisne de una unidad del todo obsoleta. En resumen, entre el 1 y el 11 de septiembre, ambos Ejércitos habían avanzado dentro de lo razonable y habían entrado en contacto, pero con claras deficiencias operacionales.

Y decir deficiencias puede ser quedarse corto. El XXI Cuerpo del Tercer Ejército había sido enviado hacia el oeste de Prusia oriental para presionar la defensa polaca desde allí. Tras tres días de lucha, hizo contacto con el Cuarto Ejército y lograron romper las líneas de Polonia. Es cierto que la ofensiva estaba teniendo el efecto esperado y que, de hecho, Tercer y Cuarto ejércitos habían unido su avance, pero entre el XXI Cuerpo y el resto del Tercero había muchos kilómetros de diferencia. Mientras que unos avanzaban hacia el sur, los otros lo hacían hacia el sureste, por lo tanto, el hueco entre ambos cada vez era mayor. La confusión y dispersión del Grupo Norte podría haber sido fatal contra un ejército con las reservas suficientes para lanzar contraataques, o al menos habría ralentizado la ofensiva.

Por el lado polaco las cosas no iban bien. Sumado a que la alargada zona defensiva hacía que las líneas polacas estuvieran sobreextendidas, pronto los refuerzos de las tropas que se estaban movilizando (recordemos que Polonia retrasó la movilización general para contentar a GB y Fr) no llegaban a tiempo al frente. Habían subestimado la velocidad alemana para atacar (incluso algunos alemanes no estaban seguros de poder avanzar tan rápido), con lo que el panorama empezaba a ser preocupante. Gran Bretaña y Francia declararon la guerra a Alemania el 3 de septiembre, que fue el margen dado a Hitler para retirar sus tropas de Polonia. Al Ejército polaco le tocaba aguantar a la defensiva hasta que Francia lanzara su ofensiva en el oeste de Alemania y aunque eso ocurriera, y fuese bien, la situación se había complicado demasiado en sólo 3 días.

El Grupo de Ejércitos sur

En el sur estaba la mayor concentración de tropas alemanas, también con la mayor cantidad de divisiones blindadas y motorizadas. Este era el Schwerpunkt del Caso Blanco. Según el modo alemán de hacer la guerra era necesario un punto sobre el que volcar la mayor parte del esfuerzo en una ofensiva. Este peso lo tenía en septiembre de 1939 el Grupo de Ejércitos Sur, por ello contaba con la mayor cantidad de medios. Estas tropas eran las encargadas de realizar el golpe más fuerte a través de importantes zonas industriales, y Cracovia, y hacia un punto vital de Polonia (Varsovia). La capital no era un objetivo en sí mismo, sino que motivaría a los polacos a defender la zona con todos los medios posibles y, de este modo, los alemanes tendrían la oportunidad de asestar un golpe mortal (es la idea básica del Schwerpunkt) que cerrara la campaña en cuestión de días.

invasion polonia caminos
Aunque fue un mes seco, algunos caminos presentaron dificultades para la Wehrmacht.

Y es más o menos lo que sucedió. Mientras el Grupo de Ejércitos Norte aseguraba el corredor, el Sur debía empujar hacia el noreste al Ejército polaco que defendía el sur y el oeste. De manera simultánea, el Grupo Norte avanzaría hacia el sureste y crearían una gran bolsa en torno a Varsovia, finiquitando una Kesselschlacht (batalla de embolsamiento) de manual. Aunque en la zona norte la ofensiva iba bien, como hemos visto no estuvo libre de cierto caos operacional. Al sur la situación fue más ordenada.

Ya en los primeros días de ofensiva los alemanes obtuvieron avances sustanciales, aunque hasta el 3 de septiembre no se empezó a arrollar al Ejército polaco. Los defensores fueron retrocediendo de acuerdo con lo planeado a costa de enormes bajas. Fue desde el 3 cuando comenzó a ser evidente que no podían enviar refuerzos al frente con la rapidez que la situación requería, y los alemanes comenzaban a ganar impulso. En esta zona del suroeste de Polonia, en las semanas previas al inicio de la ofensiva, el Abwehr había armado y organizado población germana para hacer una guerra de guerrillas, lo que dificultó más las cosas al Ejército polaco.

Por la parte alemana también sufrieron bajas, especialmente materiales, aunque en muchos casos eran blindados y vehículos reparables. Era patente que el armamento polaco era peor que el alemán. De todos modos no debemos en pensar que se enfrentaban los grandes y más famosos Panzer16 (posteriores) contra soldados apenas armados. Polonia era más pobre que Alemania y su Ejército lo sufrió en el campo de batalla. Tenían peores y menos aviones, tanques, fusiles, armamento anticarro… Y no hay que olvidar que sacrificaron su doctrina operacional con la esperanza de que Francia dividiera las fuerzas alemanas. A pesar de todo esto, los polacos combatieron con destreza durante toda la campaña ante un enemigo mejor y superior en número (frente al millón y medio alemán, Polonia pudo movilizar, a lo largo de septiembre, a algo más de un millón).

Otra imagen que no se suele ver. Hileras de tanques polacos 7TP. Aunque los alemanes tenían más y mejores blindados, los polacos no sólo tenían bicicletas y caballos.

A partir del 4 y el 5 de septiembre el Ejército alemán comenzó a generar huecos en el polaco, que cada vez se veía más desbordado. Fue en el sur donde se vio por primera vez a las divisiones blindadas del Heer funcionando a la perfección. Los Panzer se colaban rápidamente por los flancos de los defensores, otros continuaban hasta plantarse en la retaguardia y los bombarderos Stuka sembraban el terreno de bombas tras el insoportable sonido de sus sirenas. Todos en 1939 conocían el carro de combate y la radio pero muy pocos esperaban que pudiera funcionar tan rápido y bien. Fue aquello que más tarde se llamó Blitzkrieg (guerra relámpago), pero que los alemanes llevaban siglos llamando Bewegungskrieg, y no sólo era cosa del Panzer, era, como señalaba antes, el buen uso de la radio al servicio de las armas combinadas (en este caso: apoyo entre infantería y blindados en un radio de acción de la fuerza aérea) incrustado en una larga tradición militar que buscaba, por necesidad, victorias rápidas y aplastantes.

Hacia Varsovia

Entre los días 5 y 8 de septiembre, el Grupo de Ejércitos Sur comenzó a avanzar cada vez más rápido hacia Varsovia. En resumen, los cuerpos alemanes del sur consiguieron abrir huecos en la defensa polaca y, sin dar un respiro, martillearon esas brechas y continuaron avanzando. Cracovia cayó en manos de la Wehrmacht y el Ejército polaco, con su delgada línea de reserva, no era capaz de reforzar el frente ni montar una retaguardia fuerte que diera una oportunidad a las tropas del frente de evitar el embolsamiento.

Fue el Décimo Ejército, del Grupo Sur, el que más daño hizo y explotó la precaria situación polaca. En su avance por las llanuras hacia Varsovia dio con el Ejército Prusy, que todavía se estaba concentrando para frenar a los alemanes como última gran defensa en el sur antes de la capital. La situación fue terrible para los polacos. Las divisiones blindadas del Décimo Ejército entraron en contacto con los hombres del Prusy cuando todavía llegaban trenes cargados de soldados que esperaban recibir un informe de situación. En lugar de eso fueron recibidos con bombardeos en picado de Stuka en un frente desorganizado en el que los polacos hacían el imposible por sobrevivir. Las bajas fueron terribles ante un Ejército alemán que seguía ganando impulso.

El 8 de septiembre ya hubo divisiones blindadas del Décimo Ejército que llegaron a Varsovia y la situación de Polonia era desesperada. El único Ejército que funcionaba todavía de manera intacta era el Poznan, directamente al oeste de Varsovia y que luchaba contra el Octavo alemán. Fue de hecho el Poznan el que provocó el mayor contratiempo a los alemanes en el río Bzura, afluente del Vístula.

El Ejército Poznan realizó un contraataque contra el sector izquierdo del Octavo alemán para frenarlo y permitir que los restos del Pomorze, que operaba al norte, pudiesen reagruparse en la retaguardia. Fue una de las pocas ocasiones en la que Polonia tuvo superioridad numérica. Los alemanes aquí no contaban con Panzer, mientras que los polacos tenían un importante número de blindados. La operación se llevó a cabo con éxito el 9 de septiembre y capturaron a unos 1.500 soldados del Heer. No obstante, en el mismo día, el resto del Octavo giró 180° y presentó una dura batalla contra el Poznan y los restos del Pomorze, ahora rodeados prácticamente por todos los frentes.

Caballería polaca durante la batalla del Bzura.

Sin duda, el contraataque del Ejército Poznan generó inquietud en el OKW, pero tan pronto como tuvo éxito el Heer reaccionó con una rapidez y agilidad nunca vistas en las operaciones militares. Una vez que la bolsa estuvo reducida al mínimo, con la espectacular cifra de 100.000 prisioneros polacos, el Octavo Ejército giró 180° de nuevo y se encaminó a Varsovia, cada vez más rodeada de tropas alemanas.

El fin de Polonia

Polonia ya había perdido la guerra porque su gran esperanza, Francia, empezaba a empantanarse en una ofensiva en el Sarre. En esta región boscosa, cruzada por el río homónimo, los franceses emprendieron su ataque y entraron en territorio alemán ocupando varias aldeas. El OKW había dado orden de retirarse a la Línea Sigfrido, la contraparte a la famosa Línea Maginot francesa, y aguantar hasta que Polonia estuviera derrotada. En caso de que la presión de Francia fuera insoportable, la Wehrmacht reforzaría la frontera una vez que se pudieran desviar tropas desde el este. No fue necesario.

Durante la segunda y la tercera semana de septiembre la Wehrmacht cercó Varsovia, que capituló el 27 de septiembre. Los restos de los ejércitos polacos continuaron un repliegue difícil hacia el este esperando recibir la noticia de que Francia había entrado en tromba en Alemania y podían reorganizarse. Pero el Ejército francés se vio incapaz de avanzar en el Sarre, donde los alemanes tenían kilómetros de bosques minados frente a Sigfrido. Antes de que cayera Varsovia, y con la percepción de que Polonia no podía ser salvada, el general Gamelin dio la orden el 21 de retirarse a la Línea Maginot, dejando sólo unos pequeños destacamentos de ocupación en el Sarre.

Alemanes y soviéticos estrechándose la mano al final de la invasión de Polonia.

Antes de que Francia decidiera replegarse, la URSS, en virtud del pacto de no agresión con Alemania, invadió Polonia por el este el 17 de septiembre. La situación fue tan confusa para las pocas fuerzas polacas que había en la frontera este que algunos pensaron que los soviéticos acudían en su ayuda, pero pronto se vieron atrapados entre dos titanes que buscaban su aniquilación. La cuestión ya no era cómo reorganizarse y ganar tiempo, sino cómo sobrevivir. El Alto Mando polaco dio la orden de huir a países vecinos (la mayor parte de tropas escapó por Hungría) y seguir combatiendo desde suelo francés. En la embajada polaca de Francia se formó el gobierno en el exilio, que más tarde tuvo que huir a Londres. La flota polaca también huyó a Gran Bretaña (parte del Plan Pekín, puesto en marcha al inicio de la campaña) que, a partir de ahora, se convirtió en La Isla de la Esperanza17 para buena parte de Europa.

Soldados polacos que lograron huir a Hungría.

Epílogo sin final

Entre septiembre y octubre unos 100.000 soldados polacos abandonaron su país, ahora ocupado por la Alemania nazi y la URSS, dos titanes que acabarían por enfrentarse. Estos polacos lucharon en el bando Aliado durante toda la guerra, formando algunas de las unidades más duras y con más galones que lucharon contra la Wehrmacht (destacado y conocido fue su papel como pilotos en la batalla de Inglaterra). No obstante, la promesa de una Polonia libre nunca se materializó.

La campaña de septiembre de 1939 dejó 17.000 alemanes muertos y 39.000 heridos del cerca de 1.500.000 que participaron. De los 2.300 blindados que desplegaron, 674 fueron seriamente dañados, entre los que 217 eran irreparables. Los soviéticos perdieron unos 900 soldados en los escasos combates en el este del país. Polonia contó 66.300 muertos y 133.700 heridos junto a 587.000 prisioneros tomados por la Wehrmacht y 200.000 por el Ejército Rojo (de algo más de 1.000.000 movilizados). Se estima que sólo en Varsovia murieron unos 40.000 civiles y varios miles fueron ejecutados por la Wehrmacht y unidades de seguridad, una cifra de por sí espeluznante y muy alta para los estándares hasta la fecha, pero también muy lejana a los cerca de 5.000.000 de víctimas de las políticas de ocupación nazi hasta 1945.

A pesar de la gran cantidad de tropas que huyeron de Polonia, el país no quedó solo y abandonado ante la doble ocupación. El gobierno en el exilio contaba con la mejor red clandestina de la Europa ocupada, y en 2005 Gran Bretaña reconoció que aproximadamente el 50% de la inteligencia que obtuvo durante la IIGM llegó de espías polacos. De hecho, la inteligencia británica habría tenido poco que hacer con Enigma (la máquina de cifrado de mensajes alemana) de no ser por los criptógrafos de Polonia, que habían descifrado el sistema años antes de empezar la guerra18.

Destructores polacos navegando hacia Gran Bretaña.

Los polacos siguieron luchando del lado Aliado hasta el final de la guerra y nunca desertaron a pesar de que no les faltaran motivos. Con buena parte de Polonia ocupada por la URSS, en la que los soviéticos habían arrestado y asesinado a la intelligentsia polaca (en 1944 ya se conocía la masacre de Katyn), tuvieron que aceptar que Stalin se sumara a las fuerzas aliadas. E incluso tras la Conferencia de Yalta en 1945, en la que Polonia quedaba bajo la tutela soviética (y la parte que se repartió con Hitler anexionada), los soldados polacos continuaron al servicio de los Aliados para derrotar al III Reich. No llegaron a volver a ver la libertad, ya que, bajo un aparente sistema democrático, la URSS tomó el control de la República Popular de Polonia.

Es tentador decir que la suerte de Polonia en 1939 ya estaba echada debido a un plan deficiente y a un Ejército peor que el alemán. Sería dejar de lado que la situación general era tan complicada que no podía haber un plan bueno. También es tentador echar la culpa a Francia y su tímida ofensiva del Sarre. Tenía sus propios problemas y, si como se vio meses después, no tuvo la capacidad para defender su territorio mejor de lo que lo hicieron los polacos, cuesta pensar en un gran avance que sobrepasara Sigfrido y salvara a Polonia. Y, por supuesto, también es tentador achacar la derrota polaca a su propia política de Entreguerras y a su incapacidad para aliarse con países vecinos contra los titanes que luego los ocuparon. Fue el conjunto de factores, como es habitual cuando se estudia la Historia, lo que propició que las cosas sucedieran del modo en que lo hicieron.

Bibliografía

—BAMBERY, C: Historia marxista de la Segunda Guerra Mundial, Pasado & Presente, 2015.

—BEEVOR, A: La Segunda Guerra Mundial, Pasado & Presente, 2014.

—CHURCHILL, W: La Segunda Guerra Mundial, La Esfera de los Libros, 2016.

—CITINO, R.M: El modo alemán de hacer la guerra, Ediciones Salamina, 2018.

—HERNÁNDEZ, J: Eso no estaba en mi libro de la Segunda Guerra Mundial, Almuzara, 2018.

—MURRAY, W. & MILLET, A: La guerra que había que ganar, Booket, 2010.

—OLSON, L: La Isla de la Esperanza, Desperta Ferro, 2018.

—ZALOGA, S & MADEJ V: The Polish Campaign. 1939, Hippocrene Books, 1991.

Notas

  1. MURRAY, W. & MILLET, A: La guerra que había que ganar, Booket, 2010.
  2. CHURCHILL, W: La Segunda Guerra Mundial, La Esfera de los Libros, 2016.
  3. Además del libro de Churchill, otra interesante aproximación a la situación se puede encontrar en los primeros capítulos de BEEVOR, A: La Segunda Guerra Mundial, Pasado & Presente, 2014.
  4. Es una discusión que viene de largo. Se puede encontrar un resumen sobre el tema en BAMBERY, C: Historia marxista de la Segunda Guerra Mundial, Pasado & Presente, 2015.
  5. En CHURCHILL, W: La Segunda Guerra Mundial, La Esfera de los Libros, 2016.
  6. De los autores citados hasta ahora en la mayoría se hace referencia a la importancia del equilibrio de poder europeo, y es Bambery el que más claramente apuesta por la amenaza económica que suponía el III Reich como catalizador de la respuesta de Francia y Gran Bretaña en 1939, no en vano, la suya es una visión marxista.
  7. Recientemente Víctor Suvórov ha señalado a la URSS como causante de la IIGM. En El Rompehielos argumenta con un amplio respaldo documental que Stalin usó a Hitler de rompehielos para expandir luego el comunismo por Europa. Como comentaba, el debate difícilmente se va a cerrar, incluso en algo ampliamente aceptado en la historiografía como esto.
  8. Beevor deja caer esta cuestión al comienzo de su libro.
  9. La principal fuente que he usado para comprender el plan alemán y su desarrollo es CITINO, R.M: El modo alemán de hacer la guerra, Ediciones Salamina, 2018.
  10. El modo alemán de hacer la guerra, de Citino, es el mejor libro en español para comprender este desarrollo desde tiempos de El Gran Elector (mediados del siglo XVII).
  11. Para comprender el plan polaco, el desarrollo de la defensa y su doctrina militar he usado ZALOGA, S & MADEJ V: The Polish Campaign. 1939, Hippocrene Books, 1991.
  12. Zaloga y Madej, dada la composición del Ejército polaco, señalan que la doctrina de Polonia se parecía más a la alemana de Moltke que a la de 1939, en ZALOGA, S & MADEJ V: The Polish Campaign. 1939, Hippocrene Books, 1991, pp. 33-36.
  13. Discurso de Hitler en Exordio
  14. Un detallado desarrollo de este encuentro se puede encontrar en HERNÁNDEZ, J: Eso no estaba en mi libro de la Segunda Guerra Mundial, Almuzara, 2018, pp. 18-23.
  15. Es necesario tener en cuenta que el plan alemán no estaba delimitado al milímetro. Como he comentado anteriormente, la doctrina militar germana establecía un objetivo y una especie de boceto de cómo conseguirlo, una vez sobre el terreno las decisiones para alcanzar dicho objetivo pertenecían casi en su totalidad a los mandos intermedios.
  16. De hecho, Citino asevera en El modo alemán de hacer la guerra que buena parte de esos blindados estaban capacitados para poco más que tareas de reconocimiento.
  17. Es como Lynne Olson ha llamado a Gran Bretaña al convertirse en el refugio de diferentes gobiernos en el exilio y el campo de entrenamiento de tropas de países ocupados, en OLSON, L: La Isla de la Esperanza, Desperta Ferro, 2018.
  18. Una detallada narración de la participación polaca (y francesa) en la carrera por quebrar Enigma se puede encontrar en OLSON, L: La Isla de la Esperanza, Desperta Ferro, 2018, pp. 139-160

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Graduado en Historia en Sevilla. Entré en esto para saber más de Grecia y Roma y acabé liándome con un tema de moriscos y rebeliones.

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