En busca del Maluco. Orígenes de la expedición de Magallanes-Elcano

El periplo en busca de las islas de la Especiería de Magallanes-Elcano tuvo su origen en un largo pulso entre España y Portugal por controlar el comercio asiático

La mañana del 10 de agosto de 1519, la expedición de Magallanes-Elcano1 partió de Sevilla hacia Sanlúcar de Barrameda, gaditana localidad en la que el Guadalquivir se abre a la mar océana. Desde allí partiría hacia el Nuevo Mundo en busca de un paso marino hacia el Maluco2, las lejanas islas de donde venían las especias.

Difícil era imaginar por aquel entonces el periplo que las cinco naves de la armada de la Especiería iban a vivir, ni mucho menos que se completara una primera circunnavegación al orbe. Carlos I (todavía no era emperador), se congratuló mucho al ver por fin partir la expedición: «Mucho he olgado de la partida de las armadas que llevan Magallanes e Gil Gonçález. ¡Dios las lleve e buelva en salvamento con prosperidad a su santo serviçio!»3. Después de más de un año de preparativos y conflictos que retrasaron la expedición, al rey le sobraban los motivos para estar henchido de alegría.

En busca del Maluco

Llegar a la India y las islas de la Especiería no era una idea nueva en la Península Ibérica del siglo XVI. Era eso precisamente lo que quería conseguir Cristóbal Colón, que no esperaba encontrarse con un continente entre Europa y Asia, de hecho quería asegurarse para sí un virreinato «de la Arabia y de la India aquende y allende el Ganges»4, y era lo que con tanto ahínco buscó y logró Portugal a través de Vasco de Gama, solo que por otro camino.

Sólo cuatro años antes de que Fernando de Magallanes llegase a Sevilla, el extremeño Vasco Núñez de Balboa había dado con el Mar del Sur, como bautizó entonces al océano Pacífico. Un año después, Juan Díaz de Solís murió a manos de indígenas en el estuario del Río de la Plata. Su expedición buscaba un paso hacia el Mar del Sur pero, tras perder a su líder, los tripulantes levaron anclas y pusieron rumbo de vuelta a Europa.

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Las islas de la Especiería en un mapa de 1630 – Willem Jansz. Blaeu

Entretanto, Portugal y España llevaban un largo litigio por el reparto del mundo conocido y por conocer. Una importante tradición marinera en la Península Ibérica y una posición geográfica privilegiada, entre otros factores, facilitaron el protagonismo ibérico de los descubrimientos en la temprana Edad Moderna5. En diferentes tratados ambos reinos se repartieron el mundo con el refrendo papal. Y pese al acuerdo entre las potencias ibéricas, ambas seguían compitiendo por llegar al mismo lugar, pero los portugueses, con su ruta bordeando África, estaban mucho más cerca.

carlos I magallanes-elcano
Carlos I – Bernard van Orley

Portugal ya tenía una red de fortalezas y puestos comerciales en su ruta hacia la India y en 1511 había tomado Malaca (en la actual Malasia) y Benastarim (en la India) un año después, lo que afianzó el comercio con Asia puenteando a las potencias musulmanas. No todo estaba de parte de los portugueses, ya que existía la idea entre ciertos cosmógrafos lusos de que las islas de la Especiería podrían estar en el hemisferio castellano. Por supuesto, lo que oficialmente decía Portugal es que estaba en la zona portuguesa asignada por el tratado de Tordesillas6.

Algunos incluso pensaban que Malaca estaba en el hemisferio castellano, con lo que Fernando el Católico, y más tarde Carlos I, tuvieron buenos motivos para seguir pensando en llegar al Maluco. Algunas de estas ideas se vieron, hasta cierto punto, confirmadas cuando varios personajes, entre los que destacaba Fernando de Magallanes, llegaron a Sevilla en 1517.

Magallanes y Falero en Sevilla

El 20 de octubre de 1517 el caballero portugués Fernando de Magallanes llegó a Sevilla. Entre otras cosas, había participado en la toma de Malaca y en la de Azamor (Marruecos) y poca gloria podía conseguir más en Portugal7. Desencantado por no poder llevar a cabo nuevas empresas, abandonó su país natal en busca de mejores posibilidades. No se sabe con seguridad qué relación tenía con la familia Barbosa pero en su hogar fue acogido y desposó a Beatriz, hija de Diego Barbosa y María. Poco tiempo después, Ruy Falero (es posible que fuera familiar de María), cosmógrafo luso y amigo de Magallanes, llegó también a Sevilla.

Magallanes
Magallanes.

Estos dos portugueses fueron piezas clave para formar la expedición de Magallanes-Elcano, pero no fueron los únicos actores de peso. Hubo diferentes prohombres y comerciantes burgaleses sin los que no se entiende la empresa exploradora. Entre los más destacados estuvieron Cristóbal de Haro y Juan de Aranda. De hecho, este último había mandado cartas a su círculo de influencia en Lisboa, al que pidió hombres con experiencia en navegación, ¿habría llegado esto a oídos de Magallanes?8

Los últimos meses de 1517 y los primeros de 1518 fueron de una actividad frenética en Sevilla. El objetivo de estos actores era conseguir un asiento (un contrato entre la corona y particulares) para financiar la expedición que tenían en mente. Para ello viajaron Magallanes y Falero con Aranda a Valladolid (donde estaba la corte en esos momentos) a comienzos de año, aunque hubo algunas desavenencias por el camino. El burgalés, factor de la Casa de Contratación, presionó a los lusos para recibir una parte de los beneficios aun cuando ni siquiera se habían visto con Carlos I. Detrás de aquello quizás estuviera Cristóbal de Haro, quien, como veremos más adelante, participó en la financiación de la expedición.

A la corte llegaron nuestros protagonistas a principios de 1518 para convencer al rey de la viabilidad y legalidad de la expedición. Con la idea de que los continentes eran islas, como demostraba el bordeamiento de África, era sólo cuestión de tiempo que se encontrara un paso a ese Mar del Sur que había descubierto Núñez de Balboa y, desde allí, se llegaría al Maluco. Factor esencial para la aprobación no fue sólo que la empresa era viable, sino que los mapas que presentaron a Carlos I situaban la Especiería en el hemisferio castellano. El 22 de marzo de 1518, Magallanes y Falero consiguieron su asiento en tiempo récord9, pero las facilidades acabaron ahí.

La preparación de la armada

La vuelta a Sevilla fue problemática. Magallanes y Falero10 habían cerrado un acuerdo con Aranda, algo que no sentó bien en la corte y trajo al último numerosos problemas. Por otra parte, la Casa de Contratación no fue consultada para firmar el asiento, y se le comunicó lo que debía proveer, y cuándo, a los lusos para su expedición. Las peticiones, sencillamente, no se podían llevar a cabo en el tiempo estimado y Carlos I acabó disculpándose por no haber contado con ellos.

manuel i magallanes-elcano
Manuel I de Portugal

La partida de la armada se pospuso, lo que dio tiempo a el rey Manuel de Portugal para preparar sus diferentes posesiones en Asia ante la posible llegada de los españoles, e intentó sabotear la expedición de diferentes formas. La relación entre ambos reinos había sido tensa desde principios del XV y no hubo pocos roces que a veces acabaron en escaramuzas. Pero lo cierto es que a pesar de la vecindad y de competir por el mismo objetivo hubo una tendencia al entendimiento, plasmada en los diferentes tratados con los que ambas coronas se repartieron el mundo ultramarino conocido y por conocer11. No obstante, como señalé unas líneas más arriba, el discurso oficial luso era que la Especiería pertenecía a Portugal, por lo que el conflicto estaba servido.

En Sevilla, mientras tanto, la expedición no terminaba de conseguir todos los recursos que necesitaba por un conflicto en la Casa de la Contratación. La institución sevillana puso diferentes trabas para cumplir con lo ordenado porque se les había dejado de lado (no sería de extrañar que quisieran formar parte del negocio) y las disculpas del rey no bastaban. Además, Aranda había conseguido una parte del negocio por su cuenta, lo que recrudeció si cabe más el ambiente dentro de la Casa de la Contratación y llevó al burgalés a renunciar de su cargo durante un tiempo, quedándose el organismo sin un hombre vital para la preparación de la armada, un contratiempo más.

Magallanes llegó a viajar a Barcelona en 1519, donde se encontraba la corte, para pedir que se hiciera lo posible para poner en marcha la expedición, retrasada ya un año. Un par de agentes del rey Manuel, entre las idas y venidas del luso, trataron de convencerlo de romper su acuerdo con Carlos I y volver a Portugal. Aunque parece ser que Magallanes no había perdido toda su lealtad a Manuel, estos agentes portugueses trataron de convencerlo aludiendo a motivos a veces contradictorios. Magallanes percibió ésto como un embuste que hirió su honra, por lo que se terminó de distanciar de la corte lisboeta.

Finalmente, diferentes actores financieros, entre los que destacó Cristóbal de Haro, pusieron dinero de sus bolsillos para que la expedición de Magallanes-Elcano pudiera, por fin, partir. De fondo también estaba el dinero de los Fúcar, familia de banqueros alemanes de los que Haro era un agente español y que más tarde financiaron la empresa imperial de Carlos I.

Tampoco faltaron problemas en el seno de la expedición. La tensión entre Magallanes y Falero había aumentado desde que Aranda se metió para sacar beneficios. A Fernando de Magallanes se le describe como un hombre duro y sin contemplaciones y es probable que en los diferentes roces, piques y discusiones que tuvieron Falero perdiera habitualmente. Junto a todo esto, parece que fue perdiendo la confianza de varios de los protagonistas de la expedición al mostrar interés por supersticiones astrológicas, quizás, por esto, fue tomado por loco. El cosmógrafo cayó en desgracia y, frágil de espíritu vehemente como era, acabó mostrándose en público totalmente desquiciado, tanto que Carlos I lo sustituyó por Juan de Cartagena, quien había llegado a Sevilla de la mano de Cristóbal de Haro12.

Naves y tripulación

Entre todos estos tejemanejes personales, políticos y económicos la expedición de Magallanes-Elcano conseguía poco a poco los recursos necesarios. Las cinco naves (cuatro naos y una carabela) fueron llevadas a Sevilla, donde se pusieron a punto para el viaje. Se cargaron con provisiones para dos años, aunque se dijera más tarde que fuera para tres (lo que duró el periplo), además de objetos como un cepo para prisiones, unas esposas y ratoneras, todo en previsión de males que, como veremos en el próximo artículo, afectaron a la expedición.

La nao fue la protagonista absoluta de la expedición de Magallanes-Elcano, pues fueron mayoría y sólo la Victoria13, una nao, sobrevivió al periplo. Este tipo de nave fue esencial en las empresas de exploración y comercio desde finales del XV y el XVI. Si las carabelas eran menores, más rápidas y manejables, las naos las doblaban en tonelaje sin perder toda maniobrabilidad. Eran versátiles y servían tanto para transportar bienes como para las operaciones militares, una buena mezcla entre los navíos más maniobreros y los más pesados14. Teniendo en cuenta que la travesía iba a ser larga, por lo que necesitaba buena capacidad de carga, y que podría haber encuentros indeseados con flotas lusas, la nao era el mejor navío de la época para esta expedición.

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Réplica de la Nao Victoria en Londres

Precisamente lo larga que iba a ser la travesía, y el desenlace de la anterior de Juan Díaz de Solís, hizo que costara mucho conseguir una tripulación. El de marinero era de por sí un oficio mal pagado y peligroso, que dejaba secuelas incluso sin entrar en combate o naufragar. Cuando se pregonó que se buscaba tripulación pasaron semanas sin encontrar demasiados voluntarios y hubo una inusual cantidad de extranjeros enrolados en la armada de la Especiería. Aquello dio para diversas habladurías y chascarrillos, como que los naturales no tenían el valor suficiente para encarar aquella empresa. Cierto es que algunos pilotos quisieron bajarse del barco antes de partir, y pidieron mayores sueldos. A fin de cuentas, la expedición de Magallanes-Elcano no sólo se enfrentaba a un largo viaje en alta mar, sino a lo desconocido. Al final, de los 237 embarcados, 139 fueron españoles, 31 portugueses, 26 italianos, nueve griegos, cinco flamencos, cuatro alemanes, dos irlandeses, un inglés, dos esclavos negros, un esclavo de Malaca, dos mestizos y un hindú de Goa15.

Antes de partir, Sancho de Preza, un marinero, se ahogó en el Guadalquivir, otro, Pedro de Basozabal, tuvo que ser despedido por estar doliente de bubas y otros cinco no se presentaron, quizás les pudo ese miedo a lo desconocido. Tras estos últimos percances, la armada de la Especiería navegó río abajo hasta Sanlúcar de Barrameda, desde la que partió, por fin, un 20 de septiembre de 1519.

Bibliografía

–CASADO HILARIO, A: El triunfo de Mercurio. La presencia castellana en Europa (siglos XV-XVI), Cajacírculo, Burgos, 2003

–GIL, J: El exilio portugués en Sevilla, Fundación Cajasol, 2009, Sevilla

–MIRA CABALLOS, E: Las armadas del imperio, La Esfera de los Libros, Madrid, 2019

–PALENZUELA DOMÍNGUEZ, N: Los mercaderes burgaleses en Sevilla a fines de la Edad Media, Universidad de Sevilla, 2003

–TURNER, J: Las especias, Acantilado, Barcelona, 2018.

–YUN CASALILLA, B: Los imperios ibéricos y la globalización de Europa, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2019

Notas

  1. Hay quien prefiere referirse a la expedición nombrando sólo a Magallanes o a Elcano. En este debate entiendo que lo más justo es mencionar a ambos a la vez ya que no habría viaje sin Magallanes ni vuelta al mundo sin Elcano, algo que trataré en profundidad en el segundo artículo de esta serie.
  2. Cuando uso Maluco, Malucas o islas de la Especiería me refiero siempre a las islas Molucas, el archipiélago del que provenían la mayor parte de las especias y único lugar del que venía el clavo, la más deseada de todas, y por tanto, la que más beneficios económicos daba. Una fascinante historia sobre las especias y estas islas se puede encontrar en el muy recomendable TURNER, J: Las especias, Acantilado, Barcelona, 2018.
  3. Gil González Dávila fue un explorador y conquistador que tenía un cargo en estos momentos en La Española, debía fletar una armada para socorrer a la de Magallanes en caso de necesitarlo, por eso aparece aquí nombrado. En AGI, Indif, 420, Libro VIII, f. 175v., citado en GIL, J: El exilio portugués en Sevilla, Fundación Cajasol, 2009, Sevilla.
  4. GIL, J: El exilio portugués en Sevilla, Fundación Cajasol, 2009, Sevilla, p. 243.
  5. En YUN CASALILLA, B: Los imperios ibéricos y la globalización de Europa, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2019, el autor realiza una interesante aproximación a la cuestión de la exploración y expansión norteafricana y, más adelante, ultramarina, en parte como una respuesta a los designios del mercado chino, que buscaba pago en plata, en un temprano proceso globalizador que no estaba monopolizado por las potencias ibéricas, pp. 9-20.
  6. Uno de los tratados entre España y Portugal en los que se acordó una línea que delimitaba la zona de influencia de cada reino.
  7. GIL, J: op. cit., pp. 252-251.
  8. Sobre la cuestión de los comerciantes burgaleses hay varios estudios que lo tocan en profundidad. El que más he usado para este artículo es el ya referenciado de Juan Gil. También son muy interesantes PALENZUELA DOMÍNGUEZ, N: Los mercaderes burgaleses en Sevilla a fines de la Edad Media, Universidad de Sevilla, 2003 y CASADO HILARIO, A: El triunfo de Mercurio. La presencia castellana en Europa (siglos XV-XVI), Cajacírculo, Burgos, 2003.
  9. Existió una buena sintonía entre los lusos y el rey y su Consejo. Cabe mencionar que el secretario de Carlos I, Maximiliano de Transilvano, era familiar de Cristóbal de Haro. El comerciante burgalés había residido en lisboa unos años y conocía de primera mano la expansión ultramarina portuguesa. Su interés por hacerse con una gran parte del pastel del comercio de las especias era evidente, y su nombre aparece a menudo en la planificación y financiación de la expedición. Es decir, Magallanes y Falero llegaron a Valladolid con un terreno bien abonado. Quizás Aranda sabía por boca de Haro que la expedición tenía buenas posibilidades de ser financiada y por eso presionó tanto para sacar tajada a los exploradores lusos antes siquiera de que se vieran con el rey.
  10. Una vez hecha la capitulación por la que se concedió el asiento, los lusos fueron ordenados caballeros de Santiago y se les concedió una carta de naturalización. Un conjunto de formalidades, habituales entonces en España y Portugal, que equivaldrían en la actualidad a obtener la nacionalidad. GIL, J: op. cit., p. 255.
  11. MIRA CABALLOS, E: Las armadas del imperio, La Esfera de los Libros, Madrid, 2019, pp. 23-28.
  12. La desgracia de Falero no acabó aquí. Además de perder su amistad con Magallanes y su puesto en la expedición, fue abandonado por su esposa quien, parece ser, temía por su integridad física. Trató de volver a Portugal pero fue repudiado como traidor y hecho preso temporalmente. A su vuelta a Sevilla su vida se consumió entre una serie de pleitos. El capítulo que le dedica Juan Gil en El exilio portugués en Sevilla es estremecedor.
  13. El nombre tiene una historia curiosa. Cuando fue comprada su nombre era Santa María y, no se sabe por qué, Magallanes la renombró como Victoria. Es posible que guarde relación con que a Magallanes se le entregó la bandera real y juró obediencia a Carlos I en el convento trianero de Nuestra Señora de la Victoria. Parece ser que Magallanes, en sus momentos difíciles, encontró consuelo durante su estancia en Sevilla entre los mínimos de este convento, tanto fue así que quiso ser enterrado allí.
  14. MIRA CABALLOS, E: op. cit., pp. 52-52.
  15. Las cifras bailan en los documentos originales y en las estimaciones de autores posteriores, así como las procedencias. He usado las cifras que da Juan Gil en el estudio ya referenciado, apoyadas por un buen número de fuentes. Si uno saca la calculadora, se da cuenta de que faltan 14 tripulantes de los que no se conoce origen. Puede que se trate de tripulantes cuya procedencia se desconoce o sean los franceses que dan otros estudios. Otras cifras ofrece el portal Ruta Elcano.

Publicado por

Graduado en Historia en Sevilla. Entré en esto para saber más de Grecia y Roma y acabé liándome con un tema de moriscos y rebeliones.

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