La vuelta al mundo de Magallanes-Elcano

La expedición de la Monarquía Hispánica para acceder al comercio de especias llevó a cabo un periplo largo y tortuoso que estuvo a punto de fracasar

Tras una prolongada y agitada preparación, la expedición de Magallanes-Elcano partió de Sevilla el 10 de agosto de 1519 hacia Sanlúcar de Barrameda y, tras ultimar preparativos1, se hizo a la mar el 20 de septiembre rumbo a las Islas Canarias, donde haría una última escala antes de aventurarse hacia América.

La flota llegó a Tenerife el 26 de septiembre, donde permaneció hasta el 2 de octubre para abastecerse y esperar los vientos alisios. No obstante, hubo tres semanas de calma que dieron paso a fuertes vientos. No tenemos mucha información de esta primera parte de la derrota, lo que nos hace creer que no ocurrió nada demasiado importante. Pero eso no quiere decir que no surgieran los primeros problemas. Durante la navegación hacia América, un marinero llamado Antonio Salomón fue sorprendido manteniendo relaciones sexuales con un grumete, y fue apresado por sodomía (al grumete se le consideró inocente)2.

Fernando de Magallanes – Anónimo

El incidente no acabó ahí. El 29 de noviembre avistaron el Cabo de San Agustín (Brasil) y realizaron una escala de 14 días en la bahía de Santa Lucía3. Finalmente, el 20 de diciembre, Antonio Salomón fue sentenciado a pena de muerte en la horca. Fue la primera vida que se cobró la expedición.

La flota puso rumbo meridional para dar con un paso al Mar del Sur (el Pacífico) y llegaron al estuario del Río de la Plata, que había descubierto Juan Díaz Solís en 15164. Allí la expedición estuvo 22 días realizando exploraciones hasta que, el 6 de febrero de 1520, continuaron hacia el sur en busca de mayor fortuna.

San Julián

La flota continúo con las labores de exploración en varias bahías sufriendo el mal tiempo otoñal de la Patagonia. Sin suerte, Fernando de Magallanes decidió invernar en la bahía de San Julián un total de cinco meses. Allí se produjeron los primeros encuentros con los patagones (tehuelches), a los que el capitán general llamó así, según Antonio Pigafetta (tripulante y cronista), por sus grandes pies. Fue allí también donde la expedición vivió su primera crisis; un motín que amenazó con descomponerla.

Ruta completa de la expedición *no todas las fechas coinciden con las de las fuentes que he consultado, debido que este mapa no usa las fechas del diario de a bordo, algo que comento hacia el final del artículo. Pincha aquí para verlo a resolución completa.

El motín en San Julián es otro capítulo, y no son pocos en la expedición, en el que hubo varios motivos que se acumularon, y quizás otros que nunca sabremos. Estuvo encabezado por Luis de Mendoza, capitán de la Victoria, quien consiguió el apoyo de la Concepción y la Santiago. En líneas generales, los amotinados opinaban que no tenían suficiente información sobre la ruta, se habían hecho paradas injustificadas y, en definitiva, no terminaban de confiar en Magallanes.

Los amotinados pidieron al capitán general la ruta y éste envió a Gonzalo Gómez de Espinosa a tratar con ellos. Espinosa logró engañarlos y, en medio del desconcierto, asesinó a Mendoza a puñaladas. Consiguió así que el resto de amotinados se rindiese. Después de todo, parece que buena parte de la tripulación de los tres barcos no estaba completamente implicada en el motín o, al menos, no muy convencida.

Magallanes ajustició a los cabecillas y sentenció a muerte a Gaspar de Quesada, capitán de la Concepción, cuyo cuerpo fue descuartizado junto al de Mendoza. Además, Juan de Cartagena y el clérigo Sánchez de la Reina fueron abandonados en la bahía. Es algo que impacta al lector actual y que incluso en aquel momento algunos vieron como una represalia excesivamente cruel.

La dureza del castigo es incuestionable, pero también hay que tener en cuenta algo que a veces se deja de lado pero que Juan Gil destaca. La tripulación era internacional, pero la mayoría provenía de Castilla y Portugal, dos tierras acostumbradas a navegar de forma distinta y, por consiguiente, a tratar los problemas de diferente manera. Los viajes marítimos de los castellanos solían ser más cortos, con lo que había menos motines, mientras que los portugueses acostumbraban a navegar seis meses hacia Calcuta. Magallanes, argumenta Juan Gil, sólo hizo lo normal para una flota portuguesa: ser extremadamente duro con los cabecillas y benevolente con el resto5. Mientras todo esto ocurría, el grumete que había tenido relaciones con Salomón se suicidó lanzándose al gélido mar6.

Tras este primer gran contratiempo que sufrió la expedición, todas las naves pasaron a estar capitaneadas por portugueses, una de las grandes preocupaciones de los castellanos. Aunque estaban juntos en la empresa, tanto unos como otros compartían una fuerte rivalidad desde antiguo, algo que, sin duda, no hizo las cosas más fáciles. De todos modos, no todos los portugueses eran del todo leales a Magallanes ni todos los españoles contrarios, como hemos comprobado con el caso de Gómez de Espinosa.

Monte Cristo en la bahía de San Julián, donde Magallanes mandó erigir una cruz.

Antes de dejar San Julián, Juan Serrano, capitán de la Santiago, fue enviado a explorar posibles pasos al sur de la bahía. Examinaba una desembocadura, que llamó Santa Cruz, cuando un temporal sorprendió a la nao y la hizo encallar, un percance por el que hubo que lamentar un expedicionario. El resto de la tripulación volvió a San Julián a pie con lo que pudieron salvar de la Santiago. Más tarde, la flota fue hacia la misma desembocadura, donde hizo una escala de dos meses hasta que, el 18 de octubre, levaron anclas y continuaron hacia el sur.

El 21 del mismo mes avistaron una rada (una bahía de entrada angosta) que se prolongaba hasta el horizonte y Magallanes ordenó que la Concepción y la San Antonio la explorasen. Reportaron que se trataba de un canal muy profundo, por lo que el capitán general dio la orden a toda la flota de adentrarse y explorar. Llegado a un punto el canal se dividía en dos, y la San Antonio y la Concepción fueron enviadas a explorar uno de ellos. La San Antonio se rezagó y a bordo estalló un motín encabezado por el portugués Esteban Gomes, quien convenció a la tripulación de que por allí no se iba al Maluco y que era mejor volver a Sevilla, cosa que hicieron. Y lo hicieron diciendo todo tipo de improperios sobre Magallanes.

Tras la deserción, las tres naves restantes continuaron explorando el canal y sus bifurcaciones hasta que, el 27 de noviembre, alcanzaron el tan ansiado Mar del Sur, al que Magallanes rebautizó como Pacífico porque no sufrieron tormentas. Habían pasado 37 días tratando de encontrar justo ese punto, explorando y navegando aquel estrecho que más tarde sería conocido como el de Magallanes. Tras más de un año navegando y sufriendo las inclemencias del tiempo, los mares y la acampada en San Julián, la expedición por fin encontraba esperanza para continuar.

El estrecho de Magallanes en un mapa de 1606 – Jodocus Hondius

Pacífico

A pesar de las buenas noticias, no tardaron mucho en adentrarse en uno de los momentos más duros de la expedición. Durante 18 días bordearon la costa chilena hasta que se adentraron en el océano rumbo al oeste. Fueron tres meses y veinte días de navegación en los que las provisiones se agotaron y las ratas pasaron a ser un lujo que llevarse a la boca, como relata Pigafetta:

A menudo aun estábamos reducidos a alimentarnos de serrín, y hasta las ratas, tan repelentes para el hombre, habían llegado a ser un alimento tan delicado que se pagaba medio ducado por cada una.

PIGAFETTA, A: Primer viaje alrededor del Globo, Civiliter.

Por si fuera poco, apareció el escorbuto, un mal al que los portugueses estaban más acostumbrados que los castellanos debido, nuevamente, a sus largos viajes. Ellos lo llamaban «mal de Luanda»7, ya que comenzaba a aparecer en las tripulaciones frente a las costas de Luanda, en la actual Angola. Para colmo de males, tan sólo encontraron dos islas durante esta etapa, a las que llamaron Infortunadas porque no les sirvieron ni para abastecerse.

Después de todo ese tiempo en los que los hombres comieron cuero reblandecido con agua de mar, galletas con gusanos, serrín y, los más afortunados, ratas, por fin avistaron el archipiélago de las Marianas. Allí realizaron intercambios para abastecerse de alimentos, pero los nativos robaban al más mínimo despiste y por eso los expedicionarios apodaron aquellas islas «de los ladrones». Estuvieron fondeados frente a la isla de Guam entre el 6 y el 9 de marzo de 1521, hasta que un grupo de nativos robó la chalupa (embarcación auxiliar) de la nave capitana. La respuesta de Magallanes fue desembarcar con 40 hombres armados, recuperar la chalupa, quemar varias viviendas y embarcaciones y asesinar a siete nativos.

Partieron de Guam y el 16 de marzo avistaron las Filipinas, que Magallanes bautizó como San Lázaro. Durante esta etapa, navegaron por distintas islas del archipiélago y mantuvieron contactos amistosos con diferentes nativos, con los que comerciaron y mantuvieron las bodegas bien pertrechadas. Enrique de Malaca8 consiguió entenderse con algunos de los nativos y el rey de Calambú, donde llegaron el 28 de marzo, los invitó a comer y descansar.

Las relaciones fueron cordiales y el domingo de Pascua Magallanes celebró una misa en tierra, la primera en Filipinas. El rey les ofreció a guiarlos a la isla de Cebú, donde fueron recibidos tres días después por el reyezuelo local, Humabón. Éste, impresionado por el poderío armamentístico de la flota, firmó una alianza con Carlos V9.

Pero los problemas no tardaron en aparecer. Magallanes comenzó a dar misas, destruir ídolos nativos, sanaciones místicas y bautizos (incluidos la familia real y sus súbditos), una serie de acciones que no gustaron a todos10. Silapulapu (también conocido como Lapu Lapu), reyezuelo de la isla de Mactán, se convirtió en el principal escollo en los planes de Magallanes. Contaba con un importante poder militar y, al contrario que el resto de señores de la zona, no mandó presentes a los europeos ni les rindió pleitesía. Puede que quisiera demostrar que era él el verdadero caudillo del lugar para así firmar pactos directamente con Magallanes y no a través de Humabón11.

Magallanes tomó el guante que Silapulapu le había lanzado y se presentó frente a Mactán con sus hombres y algunos aliados cebuenses el 27 de abril. Una vez allí el capitán general instó una vez más a Silapulapu a aceptar sus términos, pero se negó. A la mañana siguiente, Magallanes dio la orden de desembarcar sólo a los expedicionarios, y ordenó que Humabón quedase con sus guerreros en las embarcaciones. 49 hombres bien pertrechados pusieron pie sobre aguas bajas, ya que debido a los arrecifes las embarcaciones no podían navegar más, lo que dejó fuera de alcance las bombardas (pequeña pieza de artillería), que podrían haber sido esenciales en el choque.

Representación del siglo XIX de Magallanes luchando en Mactán.

Según Pigafetta, que participó en la batalla de Mactán, tenían enfrente a 1.500 guerreros de Silapulapu. Entre la inferioridad numérica, la dificultad del terreno y la carencia de artillería, los europeos lucharon todo el rato a la defensiva y constante repliegue y, según el cronista, cuando todo acabó, no hubo un sólo expedicionario que no estuviese herido. Los nativos, que conocían a Magallanes, centraron en él sus flechas y otros proyectiles. Dice Pigafetta que una lanza le acertó en la cabeza pero no lo mató, aunque su brazo derecho estaba ya inservible y los nativos se abalanzaron sobre él y, aun así, «Cuando cayó y se vio rendido por los enemigos, se volvió varias veces hacia nosotros para ver si habíamos podido salvarnos». Fue el fin del capitán general y otros ocho hombres, y el comienzo de una nueva y desesperada etapa para la expedición.

Brunéi

Dos días tras la muerte de Magallanes, el rey de Cebú invitó a un banquete a 27 expedicionarios, lo que fue un trampa para asesinarlos a traición. Entre los asistentes estaba Duarte Barbosa, quien había asumido el mando. Unos hombres de Humabón fueron a la playa, donde estaban otros expedicionarios, con un tripulante herido y maniatado por el que pidieron un rescate. No supieron qué hacer y Juan López Carvalho, nuevo capitán, decidió que lo mejor era huir aun sin conocer la suerte de sus 27 compañeros.

Navegaron hacia el oeste sin un rumbo claro hasta que, por falta de tripulación, la Concepción fue quemada en la isla filipina de Panglao. Desde allí continuaron hacia el oeste, llegaron a la isla de Palawan, atravesaron el estrecho de Balabac y, el 8 de julio, avistaron la fastuosa ciudad de Brunéi en la isla de Borneo12.

Habían conseguido provisiones por el camino, pero la ciudad presentaba oportunidades diferentes y, también es cierto, después de tanto tiempo en el mar y acampados en bahías, volver a la «civilización» era muy tentador. Tanto fue así que hubo tres tripulantes que decidieron quedarse allí.

Nada más llegar a Brunéi trataron de entablar negociaciones con el rajá Siripada, gobernador local. En un principio las cosas no parecían ir mal, pero el rajá retuvo a varios expedicionarios que fueron como embajadores, entre los que estaba Elcano. Pasadas más de dos semanas, al puerto acudió una flota de piraguas y los expedicionarios la atacaron al sentirse acorralados, tras lo que Elcano fue liberado junto al alguacil Gómez de Espinosa. Éste último mató a un capitán local y mandó su cabeza al rajá como advertencia para que liberase al resto. Pasados dos días, y sin noticias de los demás presos, Carvalho dio la orden de partir, a pesar de que uno de los dos tripulantes que tenía el rajá era su hijo.

Tras partir se cruzaron con un junco (o sampán, tipo de embarcación china) repleto de mercancías que asaltaron y tomaron, y se dirigieron a la isla de Balambaga, de vuelta al estrecho de Balabac. Allí pasaron 42 días para carenar (reparar el casco) de las naos. También se instituyó un tribunal para juzgar a Carvalho, quien finalmente fue destituido por incumplir las instrucciones reales.

Tras estos acontecimientos, la Trinidad quedó a cargo de Gómez de Espinosa y la Victoria de Elcano. Finalmente, la expedición puso rumbo a las Molucas, donde llegaron el 8 de noviembre tras sufrir fuertes temporales. Después de más de dos años de largo y tortuoso periplo, el fin de la expedición todavía estaba lejos, pero llegar a las Molucas fue uno de los momentos más importantes de la empresa.

Primus circumdedisti me

Echaron el ancla en la isla de Tidore, donde fueron recibidos en buenos términos por Almanzor13, el sultán local, y transmitió a los expedicionarios su deseo de convertirse en vasallo de Carlos V. Otros gobernantes de las islas también asistieron a conocer a los tripulantes, y firmaron diferentes tratados.

Elcano en un grabado del XIX.

Aunque las relaciones fueron cordiales y reforzarlas era una parte esencial de la expedición, la situación se tornó peligrosa y no hubo tiempo para demasiadas negociaciones. Llegó el aviso, por parte del portugués Pedro Alfonso de Lorosa, residente en Ternate (otra isla vecina donde los portugueses tenían un almacén), de que se aproximaba una flota de seis barcos lusos para interceptar la expedición14.

Lo principal ahora era cargar las naves de especias y volver a Castilla en la mayor brevedad posible. A las naos subieron grandes cantidades de clavo, y en menor cantidad de canela, pimienta, nuez moscada, jengibre y azafrán. Un cargamento que iba a costear sobradamente la expedición. La flota se hizo a la mar pero muy pronto se percataron de una importante avería en la Trinidad.

Volvieron a puerto e inspeccionaron el casco, que iba a necesitar meses de reparación. Fue un varapalo tremendo, pero se tomó la decisión conjunta de que la Victoria zarpara sola, y lo haría hacia el oeste bordeando África, de este modo realizando la circunnavegación de la Tierra15La Trinidad, por su parte, zarparía al este tras las reparaciones para intentar arribar a la costa Panameña16.

La Victoria partió de Tidore el 21 de diciembre de 1521 con 47 europeos y 13 nativos. La idea de Elcano era osada, pero tomó todas las precauciones que pudo. Trató de mantenerse en un rumbo lo más meridional posible mientras navegaban el Índico con tal de no cruzarse con portugueses, pero tuvo que rectificar hasta cierto punto para evitar temporales. A pesar de todo, la travesía fue muy dura, y más cuando creyeron haber pasado el Cabo de Buena Esperanza y cambiaron de rumbo el 4 de mayo de 1521 sólo para dar con tierra tres días después, por lo que todavía les quedaban millas por navegar. Muchos ya habían enfermado y las provisiones pronto iban a escasear, pero decidieron continuar la navegación y alejarse de la costa para no ser interceptados por los lusos.

El 18 de mayo doblaron el Cabo de Buena Esperanza y tomaron la corriente fría de Benguela, que les llevó al archipiélago de las Bisagos (frente a Guinea-Bisáu) a mediados de junio. Durante esta etapa del trayecto ya sólo comían arroz hervido con agua de mar y fueron pocos los días en los que no hubo muertos en la tripulación. Ante esa tesitura, el 1 de julio, Elcano propuso parar en las islas de Cabo Verde, ya que no encontraron nada con lo que abastecerse en las costas de Guinea-Bisáu.

A pesar de lo peligroso que era aceptaron navegar a Cabo Verde, bajo dominio portugués. Para salir de allí sin grilletes acordaron decir a los lusos que iban hacia América pero una tormenta les averió el trinquete, por lo que necesitaban ayuda. El engaño funcionó bien y los portugueses les ofrecieron comida y provisiones. Allí se percataron los expedicionarios de todo un descubrimiento: para ellos era día 9 de julio, pero para los portugueses era 10, pero las cuentas que habían hecho estaban en orden. Habían ganado un día entero durante el periplo y, como cuenta Pigafetta, más tarde entendieron que al navegar siempre al oeste se ganaban 24 horas al volver al punto de partida.

El engaño no duró demasiado tiempo. Unos expedicionarios trataron de comprar algunos esclavos para que trabajaran en las reparaciones de la Victoria, y para pagar usaron clavo. Esto hizo saltar las alarmas de los portugueses ya que, si traían clavo en las bodegas, el barco tenía que venir de la especiería. Los 13 hombres que intentaron este negocio fueron apresados (y liberados poco después con la intermediación de Carlos V). Al día siguiente, la Victoria se acercó al puerto donde los portugueses les explicaron que los habían descubierto y que entregaran la nave. Elcano no tardó en dar la orden huir rumbo al sur, para despistar, y se aventuraron de vuelta a Castilla con muy pocas manos para gobernar la nao.

No les quedaba demasiado trayecto pero el viento no les acompañó y el cansancio era extremo. Navegaron por las Azores, lo cual era habitual al volver de América para naves de la Monarquía Hispánica, por lo que lo hicieron con cierta tranquilidad. Avistaron el cabo de San Vicente el 4 de septiembre al límite de sus fuerzas y el 6 fondearon en Sanlúcar de Barrameda, ciudad que se volcó con los escuálidos marineros y su maltrecha nave. Les dieron de comer y Elcano escribió una sentida carta a Carlos V para informarle del éxito de la expedición, a lo que el emperador le contestó con otra mostrando su deseo de recibirle junto a otros dos expedicionarios.

A pesar de que habían vuelto, cumplido con el objetivo de la expedición y dado la vuelta al mundo con las bodegas cargadas de especias, los tripulantes no se bajaron en Sanlúcar. Decidieron continuar hasta Sevilla, de donde habían partido más de tres años atrás.

El regreso de Juan Sebastián Elcano a Sevilla – Elías Salaverría | Ministerio de Defensa

A su llegada a Sevilla, el 8 de septiembre, las campanas repicaron y la Victoria disparó su artillería. Habían pasado 1084 días y habían recorrido 46.270 millas marinas. De la Victoria bajaron 18 expedicionarios y, al menos, tres nativos. Pisaron tierra con la ropa hecha jirones y en los huesos, pero con la reconfortante certeza de que habían realizado un logro extraordinario, fueron los primeros en dar la vuelta al mundo: Primus circumdedisti me.

Bibliografía

–BERNABÉU ALBERT, S: «Primus circumdedisti m. La expedición de Magallane-Elcano y la conquista de los océanos», Desperta Ferro Especiales XVIII, 2019.

–GIL, J: El exilio portugués en Sevilla, Fundación Cajasol, 2009, Sevilla

–PIGAFETTA, A: La primera vuelta al globo, Civiliter.

–VV.AA: Congreso internacional de historia «Primus circumdedisti me», Ministerio de Defensa, 2018, Valladolid.

Notas

  1. No está del todo claro por qué permaneció tanto tiempo en la localidad gaditana y puede que hubiera varios motivos: compra de más provisiones, espera a Juan de Cartagena (sustituto de Ruy Falero, ver primer artículo), también espera a que pilotos sanluqueños guiaran las naves por la traicionera desembocadura llena de arrecifes (294 GIL) y, como apunta Tomás Mazón en rutalecano, puede que Magallanes quisiera despistar a los lusos, pues tenía noticias de que podrían estar a la espera con una flota para interceptarlos.
  2. GIL, J: El exilio portugués en Sevilla, Fundación Cajasol, 2009, Sevilla, p. 294.
  3. Aunque no siempre lo mencione en este artículo, cada vez que la expedición hacía una escala se abastecían de alimentos siempre que fuese posible.
  4. La expedición ya mencionada en el primer artículo de esta serie, cuyo objetivo era encontrar un paso al Pacífico. Terminó en este punto ya que Solís y algunos expedicionarios fueron atacados y asesinados por indígenas a los que pretendían ofrecer su saludos, quizás charrúas. El resto de la expedición puso rumbo de vuelta a España.
  5. Uno de los agraciados por esta benevolencia fue ni más ni menos que Juan Sebastián Elcano, quien más adelante capitaneará la Victoria.
  6. GIL, J: op. cit., p. 296.
  7. GIL, J: op. cit., p. 298.
  8. Fue un esclavo que Magallanes adquirió en 1511 durante la campaña por la conquista de Malaca y su procedencia no está clara; se ha argumentado que podría ser malayo, indonesio o filipino. De hecho, como llegó a Filipinas con la expedición, también se ha argumentado que fue el primero en dar una vuelta al mundo, siempre en caso de ser natural de Filipinas, pero no lo sabemos.
  9. Coronado emperador en octubre de 1520, usamos en este artículo la numeración de su título imperial.
  10. Esta expedición, como otras, no era meramente científica o comercial. La intención era buscar un paso hacia las verdaderas indias para demostrar que las islas Molucas estaban en el hemisferio castellano y acceder, mediante la posesión directa o indirecta, a estos recursos. Cebú no era parte de las Molucas, pero era un enclave lo suficientemente importante y rico como para que Magallanes viera una oportunidad tangible de cumplir con parte de su cometido, de ahí los tratados y conversiones. Fue, además, lo suficientemente inteligente como para presentar el cristianismo de esa forma mística con extraños rituales de sanación. No obstante, cómo de sinceras fueron todas las conversiones siempre quedará sin responder, especialmente por esa especie de sincretismo con el que Magallanes presentó la fe cristiana a los nativos.
  11. No está del todo claro si la actitud de Silapulapu fue de total confrontación desde el comienzo o si quería sustituir a Humabón como enlace con los castellanos. Sea como fuere, su actitud irritó a Magallanes, quien agotó todas las vías diplomáticas hasta que Silapulapu lo invitó «amablemente» a combatir. Para el capitán general no era suficiente con aceptar el reto, debía buscar una buena justificación que encontró, de manera totalmente ficticia (no hay ninguna prueba de ello) en que se haría la guerra contra musulmanes. En MADRID GERONA, D: «El desembarco de la expedición de Magallanes en las Filipinas», en VV.AA: Congreso internacional de historia «Primus circumdedisti me», Ministerio de Defensa, 2018, Valladolid.
  12. No tenemos muy claro por qué navegaron tanto hacia el oeste cuando sabían que las Molucas estaban al sur de Filipinas. Carvalho tomó esa ruta y es posible que ya desde entonces, e incluso desde el momento en que decidió huir, se ganara la desconfianza de parte de la tripulación.
  13. De religión musulmana por influencia árabe, que habían llegado antes a la zona a comerciar.
  14. Había ido a transmitir a Magallanes la muerte de su amigo Francisco Serrano y, enterado de la misión de esta flota portuguesa, también les transmitió la noticia. Incluso se unió a la tripulación de la Trinidad.
  15. .La decisión de ir por separado fue conjunta, pero la de volver a Castilla por África fue de Elcano. Era atrevida pero lo cierto es que se conocía aquella ruta mientras que no sabían bien hacia dónde los llevaría el Pacífico.
  16. Lo hizo el 6 de abril de 1522 y dejó cuatro hombres en tierra con la esperanza de que pudieran recibir refuerzos y asentar el dominio castellano. Se dirigieron hacia el norte, pero una tormenta destrozó la nave y, casi ingobernable, trataron de volver a las Molucas. En el trayecto fallecieron 31 hombres tras acabarse los suministros. Los portugueses encontraron la nao con tan sólo 17 supervivientes y los apresaron. Sólo cuatro consiguieron volver a España entre 1525 y 1526, entre ellos, Gómez de Espinosa.

Publicado por

Graduado en Historia en Sevilla. Entré en esto para saber más de Grecia y Roma y acabé liándome con un tema de moriscos y rebeliones.

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