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	<title>Juanjo Pérez, Autor en Rea Silvia</title>
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		<title>Gálvez &#8211; Leonardo Cervera</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Juanjo Pérez]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 30 Apr 2025 07:38:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Los libros de la Historia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Almuzara publica una sencilla, rigurosa y absorbente novela histórica que narra la vida de Bernardo de Gálvez </p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-background wp-block-paragraph" style="background-color:#eeeeee"><em><a href="https://almuzaralibros.com/fichalibro.php?libro=9833&amp;edi=1" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Gálvez</a></em> &#8211; Leonardo Cervera | Almuzara, Tapa blanda, 320 pgs.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Yo, <strong>Juan de Arcila</strong>, criado viudo de la ilustre Casa de Gibralfaro, en pleno uso de mis facultades mentales aunque mayormente impedido, he resuelto dejar por escrito mis memorias del general <strong>Bernardo de Gálvez</strong>…». Así comienza <strong>Leonardo Cervera Navas</strong> la novela <em>Gálvez</em> (<a href="https://almuzaralibros.com/fichalibro.php?libro=9833&amp;edi=1" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Almuzara</a>), presentando al narrador y los motivos que le llevan a escribir las más de trescientas páginas de esta, aún así, breve y sencilla biografía novelada. Sencilla por ser de ligera lectura y de trama lineal. Y breve por abarcar, en realidad, sólo una parte de la vida del personaje que da título a la obra. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Un personaje, Bernardo de Gálvez (1746-1786), nacido en el pueblo malagueño de Macharaviaya. En sus apenas cuarenta años de vida en este mundo alcanzó a luchar en África, Europa y América, ser gobernador de la Luisiana, <strong>virrey de Nueva España</strong> y, 228 años después de su muerte, convertirse en uno de los pocos ciudadanos honoríficos de los Estados Unidos. Una figura gigantesca para la historia de una España que se acercaba a su ocaso en América y para unos Estados Unidos que nacían al mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La sencillez de esta novela no desmerece en absoluto la <strong>calidad de su narración</strong>. El estilo elegido nos sitúa, sí así queremos verlo, como lectores de un manuscrito redactado en algún momento del año 1814. En dicho documento nos encontramos ante el relato de las memorias de un anciano que desea que aquello que él vió no se pierda tras su muerte. Estamos, por lo tanto, leyendo hechos que viven en el recuerdo del narrador y que siguen por lo tanto la corriente de los anhelos y deseos que le gobernaron en el pasado. </p>



<p class="wp-block-paragraph">La sencillez es la norma en todo el texto. Sin grandes circunloquios ni adornos desmesurados. Con la claridad del escribano que prefiere anteponer el <strong>relato nítido</strong> al juego floral del poeta embelesado. Así es el estilo y el texto que el autor (tanto Juan de Arcila, el narrador, como Leonardo Cervera, el autor) nos ofrece en todo momento: claro como las notas de una guitarra resonando, furtivas, en un balcón de la Málaga de mediados del siglo XVIII. Esa sencillez agiliza la lectura de la novela de tal modo que parece terminar cuando apenas ha comenzado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Viajaremos junto a Juan de Arcila y sus recuerdos desde su Málaga natal hasta los confines americanos del Imperio español <strong>en pugna permanente</strong> por estabilizar y pacificar la frontera compartida con pueblos guerreros de nombres gloriosos: apaches y comanches. Y después, al final, la que será la hora más brillante de Gálvez en plena Guerra de la Independencia de los Estados Unidos. Y allí estaremos al lado de Juan hasta el demasiado abrupto final.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todo fluye con suavidad y delicadeza, sin prisas en las descripciones, con explicaciones de localismos maravillosos, de la vida malagueña que se despliega ante el lector, con una presentación pausada y repleta de cariño de los personajes centrales (doña <strong>Asun</strong>, don <strong>José de Gálvez</strong>, del conde don <strong>Manuel</strong>, el propio Bernardo) y de los usos y costumbres de una ciudad que es un personaje mudo que habla a través de su historia. La trama no se pausa en ningún momento porque no hay necesidad de ello. </p>



<p class="wp-block-paragraph">El narrador nos lleva de la mano por sus recuerdos y por los hechos históricos que enmarcan la trama. Y es en esa narración dónde aparece, menos al principio y más, mucho más, al final, Bernardo de Gálvez. Un diálogo aquí, una carta allá, un contar los hechos de su vida juvenil de lejos o estar a su lado en las incursiones desesperadas por la llamada comanchería. Y es que el personaje que le da título a la obra <strong>apenas está presente</strong> en la primera mitad de la misma. Quizá por falta de datos biográficos fiables, o arrastrado por el interés en contar lo más llamativo, el acercamiento a Gálvez es muy distante al principio y se centra mucho más en la vida del narrador, Juan de Arcila. ¿Desmerece esto al conjunto? En absoluto, pero aparta la narración de las épocas de la vida menos conocidas de Gálvez que es dónde el autor podía haber deslucido la parte histórica arriesgándose a cometer deslices narrativos. No se expone al error pero nos aleja de gran parte de la vida del que da nombre a la obra. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Tiene veintiocho ventanas al pasado este libro, veintiocho senderos que nos llevan a la vida del narrador, con sus alegrías y sus pesares, y por los que pasea Gálvez de menos a más. De ser un invitado ocasional a ser el señor de la casa. Y, sin embargo, trescientas páginas son pocas, pues la narración se corta <strong>casi abruptamente</strong> en el momento en que se entrevé la gloria del protagonista. Justo cuando por fin llegamos al momento que elevó la figura de Gálvez por encima de sus contemporáneos, cuando el titán despega y se está adueñando de la narración, del relato, del ritmo de las palabras, cuando las victorias contra todo pronóstico se suceden y no se puede parar de leer.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es ahora cuando la narración termina, repentinamente, en una solemne celebración que deja fuera gran parte de la gesta épica por la que Gálvez será recordado y exaltado. Y no es que al autor le hayan faltado ideas o calidades o ganas, sino que le han faltado hojas. Trescientas llevamos leídas a estas alturas y otras trescientas harían falta para cerrar el relato como el autor y el protagonista se merecen. El texto muere súbitamente, sin finalización narrativa, en un impasse de la trama. El <em>cliffhanger</em> extremo, casi suicida <strong>¿Habrá segunda parte?</strong>¿Así acaba lo que empezó como un susurro en la noche malagueña y se estaba tornando tormenta atlántica gloriosa? </p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Gálvez</em> es una novela amable y de <strong>recomendable</strong> lectura. Por su estilo cercano y suave. Por el cariño con que está escrita. Por la dulzura de las descripciones y la calidez de los personajes centrales. Pero que no haya equivocación alguna, en las páginas encuentra su sitio la molicie y la maldad, la traición y la envidia. La perversión y la injusticia. La muerte cruel y la vergüenza más espantosa. El autor no lo oculta ni lo arroja fuera, más bien al contrario, lo muestra en primera fila y lo expone como la realidad de un mundo que fue (que aún es). Pero lo compensa con creces al mostrar la dignidad, el valor y la bondad que mueve a muchos de los protagonistas que, en ocasiones, incluso saldrán de la trama central y caminarán por unos instantes más allá de este mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/2694.png" alt="⚔" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" /> En Portada: <em><a href="https://es.m.wikipedia.org/wiki/Archivo:Cuadro_por_espa%C3%B1a_y_por_el_rey,_Galvez_en_America.jpg">Por España y por el Rey, Gálvez en América</a></em> &#8211; Augusto Ferrer-Dalmau</p>



<p class="has-background wp-block-paragraph" style="background-color:#e4ce8e">Leonardo Cervera Navas es un jurista español que trabaja como funcionario en la Unión Europea y ostenta el cargo de Secretario General del Supervisor Europeo de Protección de Datos. Ha compaginado su carrera profesional con el amor por la Historia participando habitualmente en <a href="https://www.histocast.com/">Histocast</a> y, además de la presente, ha publicado dos noveles históricas ambientadas en la Guerra Civil.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>La muerte de la democracia en Alemania</title>
		<link>https://reasilvia.com/2017/09/la-muerte-la-democracia-alemania/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Juanjo Pérez]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 29 Sep 2017 11:23:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Contemporánea]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Una democracia liberal no muere de un día para otro. Para acabar con el marco legal de un estado de derecho es necesario una serie de actores capaces de minar su legitimidad y estabilidad mediante todo tipo de tácticas políticas.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-weight: 400;">El 24 de marzo de 1933 el parlamento alemán aprobó la denominada </span><i><span style="font-weight: 400;">Ermächtigungsgesetz</span></i><span style="font-weight: 400;"> (</span><b>Ley Habilitante</b><span style="font-weight: 400;">) por la cual, </span><b>bajo una esperpéntica apariencia de respeto a la legalidad</b><span style="font-weight: 400;">, se enmendaba la Constitución de la República y </span><b>se ponía fin de facto a la democracia alemana </b><span style="font-weight: 400;">nacida al terminar la Primera Guerra Mundial. El gobierno del Reich lograba así la capacidad de aprobar leyes sin contar con el Parlamento, suspendía de facto la legislación constitucional alemana y otorgaba plenos poderes al poder ejecutivo controlado por el Partido Nazi y su líder, Adolf Hitler.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Para lograr que el Reichstag tomase aquella</span><b> decisión suicida</b>,<span style="font-weight: 400;"> Adolf Hitler, canciller alemán, y líder del casi mayoritario partido Nacionalsocialista Obrero Alemán optó por </span><b>combinar intimidación, supuesta moderación y la alteración del procedimiento interno del propio Parlamento</b><span style="font-weight: 400;">.</span></p>
<p><!--Ads1--></p>
<p><span style="font-weight: 400;">El Reichstag estaba formado en ese momento por once partidos sin que ninguno tuviese mayoría absoluta. El más numeroso, el partido Nazi, disponía de 288 representantes de los 647 totales, seguido del Partido Socialista Alemán con 120 diputados y el Partido Comunista con 81. El siguiente partido, el denominado Zentrum católico, disponía de 74 votos. Finalmente, el Partido Nacional del Pueblo Alemán contaba con 52 representantes y otros 6 partidos menores aglutinaban los 32 diputados restantes.</span></p>
<p><div id="attachment_3407" style="width: 668px" class="wp-caption aligncenter"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2017/09/Sin-título.jpg"><img fetchpriority="high" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-3407" class="wp-image-3407 size-full" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2017/09/Sin-título.jpg" alt="" width="658" height="396" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2017/09/Sin-título.jpg 658w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2017/09/Sin-título-300x181.jpg 300w" sizes="(max-width: 658px) 100vw, 658px" /></a><p id="caption-attachment-3407" class="wp-caption-text">Resultado de las elecciones alemanas de 1933 | <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Elecciones_parlamentarias_de_Alemania_de_marzo_de_1933#/media/File:Parlamento_Alemania_1933.svg">Fuente</a></p></div></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En apariencia, alcanzar el mínimo de dos tercios de los votos del Reichstag para poder aprobar una enmienda constitucional era extremadamente complicado. Sin embargo, </span><b>Hitler y su partido estaban dispuestos a todo con tal de socavar los fundamentos democráticos de la República</b><span style="font-weight: 400;">.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Los 81 diputados del Partido Comunista habían sido detenidos tras las elecciones del 5 de marzo al aplicárseles el </span><b>Decreto del Presidente del Reich para la Protección del Pueblo y del Estado</b><span style="font-weight: 400;">. Esta norma, aprobada por el anciano presidente Hindemburg, fue una reacción al incendio de la sede del Reichstag el día 27 de febrero del que se acusó a simpatizantes del Partido Comunista. Bajo la estricta aplicación de la misma por parte de </span><b>unas fuerzas del orden controladas por el partido Nazi</b><span style="font-weight: 400;">, se arrestó a los dirigentes comunistas, incluyendo a sus diputados, que no pudieron acudir a la votación de la “Ley habilitante”.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Pese a ello, </span><b>el quorum necesario para aprobar la Ley Habilitante seguía siendo de dos tercios </b><span style="font-weight: 400;">de los diputados, por lo que eran necesario 444 votos a favor de los 647 totales.</span></p>
<p><b>El presidente del Parlamento, Hermann Göring, modificó entonces unilateralmente el “cálculo del quorum” </b><span style="font-weight: 400;">alegando que los 81 diputados comunistas no contaban en el total puesto que no habían recogido sus actas (al estar todos arrestados), por lo que la nueva mayoría de dos tercios se reducía a 378 votos. Además, decretó que cualquier ausencia no justificada de diputados en la votación para impedir la votación por falta de asistencia no se tendría en cuenta, evitando así que si el Partido Socialista y el Zentrum abandonaban el parlamento pudiesen bloquear la votación. Por último, autorizó la presencia de miembros de las organizaciones nazis alrededor y dentro del recinto donde se reunió el Reichstag para amedrentar a los diputados que se opusiesen a la Ley.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Sin embargo, pese a todo, </span><b>aún no salían las cuentas</b><span style="font-weight: 400;">. El partido Nazi y el Partido Nacional del Pueblo Alemán, no alcanzaban tampoco los 378 votos necesarios para aprobar la Ermächtigungsgesetz puesto que sólo sumaban 340 diputados. Era necesario contar con el apoyo del Zentrum o, al menos, de una parte del mismo.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Hitler comenzó entonces una serie de reuniones en el que </span><b>prometió al líder del partido católico, el sacerdote Ludwig Kaas</b><span style="font-weight: 400;">, un grupo de medidas que garantizarían la preservación del culto religioso, la moderación de las decisiones del gobierno del Reich y la firma de un concordato con la Santa Sede. </span><b>Pese a la oposición del anterior líder del Zentrum y excanciller, Heinrich Brüning,</b><span style="font-weight: 400;"> finalmente se decidió votar a favor de la ley pese a que casi la mitad de los diputados se mostraron contrarios en las reuniones previas.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Asimismo, el resto de partidos que aglutinaban otros 32 diputados, </span><b>amedrentados por los radicales nazis </b><span style="font-weight: 400;">y temiendo ser detenidos o apaleados unieron sus votos a los de Hitler.</span></p>
<p><div id="attachment_3409" style="width: 710px" class="wp-caption aligncenter"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2017/09/Bundesarchiv_N_1310_Bild-048_Berlin_Reichstagssitzung-1.jpg"><img decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-3409" class="wp-image-3409" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2017/09/Bundesarchiv_N_1310_Bild-048_Berlin_Reichstagssitzung-1.jpg" alt="" width="700" height="501" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2017/09/Bundesarchiv_N_1310_Bild-048_Berlin_Reichstagssitzung-1.jpg 800w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2017/09/Bundesarchiv_N_1310_Bild-048_Berlin_Reichstagssitzung-1-300x215.jpg 300w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2017/09/Bundesarchiv_N_1310_Bild-048_Berlin_Reichstagssitzung-1-768x549.jpg 768w" sizes="(max-width: 700px) 100vw, 700px" /></a><p id="caption-attachment-3409" class="wp-caption-text">Sesión inicial del Reichstag el 30 de agosto de 1932.Todos los miembros del partido nazi con el uniforme |<a href="https://howlingpixel.com/wiki/Reichstag_(Weimar_Republic)">Fuente</a></p></div></p>
<p><span style="font-weight: 400;">El día 24 de marzo el Reichstag reunido y sujeto a una modificación de su procedimiento por parte de su presidente, procedió a la votación de la Ley Habilitante. El propio Adolf Hitler dirigió un discurso al parlamento y </span><b>sólo recibió la réplica del líder del Partido Socialista Alemán, Otto Wels</b><span style="font-weight: 400;">, quien llegó a decirle al canciller que podrían quitarles la vida y la libertad pero nunca el honor, lo que provocó gritos y amenazas por parte de los miembros de los grupos nazis apostados alrededor de los diputados.</span></p>
<p><!--Ads2--></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Finalmente, la votación se llevó a cabo y </span><b>todos los partido votaron a favor salvo el Partido Socialista que se mantuvo leal a la república y votó en contra</b><span style="font-weight: 400;">. En ese momento los miembros del partido nazi comenzaron a cantar el himno alemán mientras los socialistas y gran parte del Zentrum callaban. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">La democracia en Alemania había muerto.</span></p>
<h4><span style="font-weight: 400;">Bibliografía</span></h4>
<p><span style="font-weight: 400;">SHERIDAN Allen, William: The Nazi seizure of power. Echo Point Books &amp; Media. 2010.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">KLEMPERER, Victor: LTI La lengua del Tercer Reich. Barcelona: Círculo de Lectores, 2005.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">KLAINE, Claude: De los Espartaquistas al Nazismo: La República de weimar. Madrid: Ed. Sharpe, 1985.</span></p>
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		<title>Cuando todos los españoles eran catalanes</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Juanjo Pérez]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 23 May 2015 08:59:48 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Medieval]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Entre 1282 y 1517 la visión italiana de los españoles quedó definida principalmente en una frase: todos eran catalanes.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><div id="attachment_1995" style="width: 253px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2015/05/Pedro-III-de-Aragon.jpg"><img decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-1995" class="size-medium wp-image-1995" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2015/05/Pedro-III-de-Aragon-243x300.jpg" alt="Pedro III de Aragón" width="243" height="300" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2015/05/Pedro-III-de-Aragon-243x300.jpg 243w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2015/05/Pedro-III-de-Aragon.jpg 765w" sizes="(max-width: 243px) 100vw, 243px" /></a><p id="caption-attachment-1995" class="wp-caption-text"><em>Pedro III de Aragón y Sicilia.</em></p></div></p>
<p style="text-align: justify;">El 30 de agosto de 1282 el rey aragonés Pedro III pisó por vez primera la isla de Sicilia. Su viaje a aquellas tierras tenía como objetivo ser coronado en la ciudad de Palermo gracias a los derechos dinásticos esgrimidos por su esposa, Constanza de Hohenstaufen, sobre aquel reino. Comienza en ese momento la presencia aragonesa en Italia y<strong> con ella la creación de una serie de estereotipos entre las élites políticas y culturales italianas en contra de los recién llegados </strong>que se extenderá, a la postre, sobre todos los españoles.</p>
<p style="text-align: justify;">Entre 1282 y 1442, la Corona de Aragón pasó a ser una de las potencias extranjeras que, junto con Francia y el Sacro Imperio Romano Germánico, <strong>litigaron por el control de amplios dominios territoriales en la península itálica</strong> frente a los distintos estados autóctonos (Venecia, Génova, Florencia, Pisa, Milán, los Estados Pontificios, etc.) que luchaban por mantener sus propias cuotas de poder e influencia. Al control aragonés sobre Sicilia le siguió el mismo sobre Cerdeña y Nápoles en los siglos XIV y XV, reforzado por la incorporación temporal de los ducados de Atenas y Neopatria en Grecia.</p>
<p style="text-align: justify;">La irrupción aragonesa en el siglo XIII trajo consigo dos novedades al complejo mosaico italiano. Por una parte, <strong>se desplegó una nueva burguesía comercial con su sede principal en Barcelona</strong> que compitió con las talasocracias veneciana, pisana y genovesa y a la que se referirán como «catalanes». Por otra parte, <strong>irrumpió un nuevo tipo de tropa de infantería genuinamente aragonesa</strong>, los almogávares, que sentaron las bases de una creciente superioridad militar en los campos de batalla.</p>
<p><!--Ads1--></p>
<p style="text-align: justify;">Ante esta nueva realidad, se produjeron las consiguientes reacciones políticas, económicas y culturales de resistencia y choque por parte de los estados italianos que veían como un nuevo actor, hasta entonces ajeno por completo, pujaba por hacerse con el control del que se consideraba el centro económico de la Cristiandad. La reacción ante la irrupción aragonesa tuvo como consecuencia inmediata <strong>la creación de un estereotipo negativo</strong> relacionado con la Corona de Aragón, en general, y sus integrantes, soldados y comerciantes, en particular.</p>
<p style="text-align: justify;">Esta reacción cultural se basó en gran medida en lo que se ha denominado un sentimiento «protonacional» italiano <strong>construido en torno a la idea de superioridad cultural frente al resto de la Cristiandad</strong>. Ciudades-estado como Venecia, Génova o Milán se encontraban atrapadas en la contradicción ideológica de considerarse las mejores herederas del periodo clásico pero sin disponer en cambio de ningún tipo de capacidad bélica que las permitiese conformarse en un ente político influyente como la monarquía francesa o el Imperio. En esta situación tan compleja se produjo el desarrollo del «ideal de la unidad italiana» que no fructificará hasta la 1870 y el «Risorgimento», pero que entre los siglos XIV y XVIII envolverá por completo el mundo político y cultural italiano.</p>
<p><div id="attachment_1997" style="width: 201px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2015/05/Petrarca.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-1997" class="size-medium wp-image-1997" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2015/05/Petrarca-191x300.jpg" alt="Petrarca, príncipe de las letras y muy antiespañol" width="191" height="300" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2015/05/Petrarca-191x300.jpg 191w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2015/05/Petrarca.jpg 317w" sizes="auto, (max-width: 191px) 100vw, 191px" /></a><p id="caption-attachment-1997" class="wp-caption-text"><em>Petrarca, príncipe de las letras y muy antiespañol</em></p></div></p>
<p style="text-align: justify;">En ese contexto, la irrupción de un ente político nuevo, originario de la península ibérica, <strong>viene a suponer un nuevo ultraje en el territorio italiano</strong>, ya agitado por las intervenciones y los litigios provocados por las andanzas de los monarcas franceses y los emperadores alemanes desde prácticamente el siglo IX. La reacción cultural se produce tanto en las élites culturales del incipiente Renacimiento como en los poderosos grupos mercantiles que dirigen los destinos de los estados más ricos de Italia. Por ejemplo, el humanista y poeta Petrarca no dudará en definir a los soldados aragoneses como «<em>estirpe de mercenarios y traidores</em>» o «<em>bárbaros y valientes sí, pero bárbaros de la peor estirpe</em>«. Asimismo, los mercaderes catalanes quedarán descritos en diversos escritos venecianos y genoveses de los siglos XIV y XV como «<em>alevosos, avaros, traidores, desleales, sin escrúpulos, marranos y circuncisos</em>«.</p>
<p style="text-align: justify;">Esta imagen, por extensión y ante la falta de otras referencias hispánicas, <strong>se extenderá a la totalidad de los originarios de Aragón, Navarra y Castilla</strong> provocando la creación de un estereotipo que asociará finalmente todo lo español como catalán, al ser Cataluña el territorio peninsular más cercano a Italia. Así, en los textos italianos de la época renacentista se denomina como catalanes a personajes tan dispares como los papas Calixto III y Alejandro VI (ambos valencianos de origen aragonés), al rey Fernando el Católico (aragonés), Gonzalo Fernández de Cordoba (castellano cordobés) o Ignacio de Loyola (guipuzcoano).</p>
<p style="text-align: justify;">Paradojicamente, aunque la asociación de catalán con español estaba inicialmente circunscrita a una visión negativa y desdeñosa, los afectados por la misma (los españoles que vivían o residían en Italia) <strong>utilizaban asimismo el termino «catalán» en ocasiones para referirse a ellos mismos como conjunto distintivo y hasta cierto punto homogéneo</strong> separado del italiano, el francés o el alemán.</p>
<p style="text-align: justify;">De ese modo, entre 1354 y 1364, por ejemplo, se fundan los hospicios de <strong>San Nicolás y Santa Margarita de los Catalanes</strong> en Roma para los peregrinos originarios de la Corona de Aragón y Navarra. Poco después, también en Roma, se funda el hospicio de <strong>San Jaime de los Españoles</strong> para los peregrinos castellanos. Sin embargo, con el tiempo, todos ellos quedarán unificados en la Iglesia de <strong>Santa María de Montserrat de los Españoles</strong>, identificada como la iglesia nacional española en Roma. De un modo similar, los embajadores castellanos ante el Papa son descritos en ocasiones como «catalanes» o incluso los distintos obispos que son nombrados por alguna razón en la Curia participan en ocasiones de la descripción de «prelados catalanes» aunque fuesen originalmente de lugares como Valencia, Zaragoza, Cáceres o Sevilla.</p>
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<p style="text-align: justify;">Esta asociación de lo español con lo catalán <strong>perdurará hasta principios del siglo XVI</strong> cuando quedará modificada por una nueva generalización de lo español esta vez alejada de los aspectos mercantiles catalanes. La nueva asociación se centrará en aspectos meramente militares desarrollados a partir de la masiva presencia de tropas españolas en Italia y de la percepción que los italianos tendrán de la hidalguía de los sucesivos nobles y virreyes españoles durante los reinados de Carlos I y Felipe II, principalmente.  Este cambio se produce en el nuevo contexto político y diplomático europeo derivado de la hegemonía hispánica provocada por la unión dinástica de Aragón, Castilla, Austria y los Países Bajos en la figura de Carlos V, por un lado, y por el desplazamiento del eje económico del Mediterráneo al Atlántico, junto con la aparición de la Reforma protestante en Alemania, por el otro.</p>
<p style="text-align: justify;">Sin embargo, y desde una perspectiva histórica italiana, entre los siglos XIII y XVI, todos los españoles tendrían ya para siempre algo en común: <strong>eran catalanes</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Bibliografia</strong></p>
<p style="text-align: justify;">&#8211; IGLESIAS, CARMEN: No siempre lo peor es cierto. Estudios sobre Historia de España. Barcelona, Galaxia Gutemberg, 2008.</p>
<p style="text-align: justify;">&#8211; UBIETO, ANTONIO: Creación y desarrollo de la Corona de Aragón. Zaragoza, Anubar Ediciones, 2013.</p>
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		<title>El estallido de la Primera Guerra Mundial</title>
		<link>https://reasilvia.com/2014/12/estallido-primera-guerra-mundial/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Juanjo Pérez]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 27 Dec 2014 10:55:06 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Contemporánea]]></category>
		<category><![CDATA[La Gran Guerra]]></category>
		<category><![CDATA[granguerra]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La guerra que nadie quería estaba a las puertas de estallar, y los exitosos sistemas defensivos de alianzas se desencadenaron de tal modo que media Europa apuntó sus fusiles a la otra media</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph">El <strong>28 de junio de 1914</strong> fueron asesinados en Sarajevo el heredero al trono austro-húngaro y su esposa por un grupo de terroristas&nbsp;serbios autodenominado <strong>la Mano Negra</strong>. Un asesinato político como este, violento y terrible pero, paradójicamente, relativamente común en la Europa de aquella época, en realidad no tenía porqué suponer el inicio de una guerra. A fin de cuentas, no había detrás un hecho bélico (una invasión, un ataque, un saqueo, por ejemplo) entre dos naciones. Tampoco se producía en un momento de especial tensión en el continente. Además, la víctima, el archiduque Francisco Fernando, no contaba con la aprobación del mismísimo emperador <strong>Francisco José I</strong>, su tío paterno, que no veía en él un digno heredero al Imperio.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="alignleft"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/12/Pietzner_Carl_1853-1927_-_Emperor_Franz_Josef_I_-_ca_1885.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" width="198" height="300" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/12/Pietzner_Carl_1853-1927_-_Emperor_Franz_Josef_I_-_ca_1885-198x300.jpg" alt="Francisco José I, emperador y barbudo" class="wp-image-1403" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/12/Pietzner_Carl_1853-1927_-_Emperor_Franz_Josef_I_-_ca_1885-198x300.jpg 198w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/12/Pietzner_Carl_1853-1927_-_Emperor_Franz_Josef_I_-_ca_1885-675x1024.jpg 675w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/12/Pietzner_Carl_1853-1927_-_Emperor_Franz_Josef_I_-_ca_1885.jpg 1000w" sizes="auto, (max-width: 198px) 100vw, 198px" /></a><figcaption>&nbsp;Francisco José I, emperador y barbudo</figcaption></figure></div>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, las cosas comenzaron a complicarse desde el primer momento. Los estrategas imperiales, encabezados por el jefe del Estado Mayor, el &nbsp;general <strong>Franz von Hötzendorf</strong>, vieron la ocasión de anexionar Serbia al Imperio Austro-Húngaro por medio de una guerra limitada. Para ello necesitaban vincular claramente al estado eslavo con la organización del asesinato del príncipe heredero y, por otra parte, debían contar con el apoyo incondicional del Imperio Alemán. Tras una serie de contactos diplomáticos relativamente discretos, el káiser <strong>Guillermo II garantizó el apoyo alemán a la maniobra austriaca</strong>. Así, <strong>el 9 de julio</strong>, la policía austriaca afirmó disponer de pruebas que demostraban claramente que elementos del ejército serbio cooperaron activamente con los terroristas. Ante estas revelaciones, el asesinato pasaba a ser un acto hostil de Serbia contra Austria-Hungría, y así las cosas, una guerra estaba justificada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero el problema era mucho más peligroso de lo que podría parecer. A fin de cuentas, Serbia era una potencia balcánica de segundo orden pero contaba con el apoyo activo de la gran potencia eslava: <strong>Rusia</strong>. Y las cosas entre Viena y San Petersburgo&nbsp;no pasaban por un buen momento desde que en 1909 los austriacos, aprovechando la debilidad rusa como consecuencia de su derrota ante Japón varios años antes, se habían anexionado Bosnia-Herzegovina, acrecentando su presencia en los Balcanes y amenazando el flanco sur-occidental ruso y su salida al Mar Mediterráneo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pese a ello, y confiando en que Rusia no estuviese dispuesta a lanzarse a una guerra contra Austria-Hungría, <strong>desde Viena se envió un ultimátum a Belgrado el 23 de julio</strong>, casi un mes después del asesinato de Francisco Fernando y su mujer. Se impusieron una serie de condiciones prácticamente irrealizables a los serbios con la clara intención de que no pudiesen o no quisiesen cumplirlas a tiempo y así justificar la declaración de guerra. Finalmente, el <strong>28 de julio, Austria-Hungría declaró formalmente la guerra a su pequeño vecino</strong>.</p>



<h2 class="wp-block-heading">De la guerra limitada a la guerra mundial</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Una guerra que se pensó limitada, entre dos estados, acabó por implicar a casi toda Europa. Lo podemos resumir así: Rusia garantizó que acudiría en defensa de&nbsp;Serbia. <strong>Francia y Rusia</strong>, a su vez, tenían una alianza defensiva para auxiliarse mutuamente&nbsp;si Alemania atacaba a cualquiera de las dos. Por su parte, <strong>Alemania había firmado con&nbsp;Austria una alianza</strong> secreta por la que declararía la guerra a&nbsp;Rusia si este país y Austria entraban en guerra en cualquier momento.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="alignleft"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/12/Kaiser_Wilhelm_II_of_Germany_-_1902.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" width="208" height="300" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/12/Kaiser_Wilhelm_II_of_Germany_-_1902-208x300.jpg" alt="" class="wp-image-1404" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/12/Kaiser_Wilhelm_II_of_Germany_-_1902-208x300.jpg 208w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/12/Kaiser_Wilhelm_II_of_Germany_-_1902-710x1024.jpg 710w" sizes="auto, (max-width: 208px) 100vw, 208px" /></a><figcaption>&nbsp;Guillermo II el bigotes</figcaption></figure></div>



<p class="wp-block-paragraph">Europa, por lo tanto, estaba atrapada por las cadenas de las alianzas militares de dos grandes bloques, uno formado por Alemania y Austria-Hungría, y el otro formado por Rusia y Francia. Y, sin embargo, en ese peligroso tapiz diplomático <strong>faltaba un componente esencial: Gran Bretaña</strong>. ¿Qué haría la gran potencia mundial si se desataba una guerra total en el continente europeo?</p>



<p class="wp-block-paragraph">El día 29 de julio, con el bombardeo austriaco de Belgrado comenzó el baile. <strong>El 30 de julio, Rusia comienza a movilizar su ejército</strong>. El día <strong>31 de julio, Alemania envía un ultimátum a Rusia</strong> para que desmovilice su ejército y <strong>a Francia para que se declare neutral</strong> en caso de guerra con Rusia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Rusia, que había garantizado su apoyo a Serbia, siguió adelante con&nbsp;la lenta movilización de su ejército y no respondió al ultimátum alemán. Aún así, optó por dejar aún tiempo a la diplomacia. A fin de cuentas, <strong>los rusos tenían un problema muy grave entre manos</strong> derivado de las crecientes revueltas populares contra el régimen zarista. Una guerra a gran escala podía alterar el precario equilibrio político y social en Rusia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por su parte, Francia, al recibir el ultimátum de Berlín no podía creer las condiciones: <strong>Alemania le exigía que para garantizar la neutralidad francesa ese país debía ceder temporalmente las fortalezas de Verdún</strong>, que serían devueltas al terminar la guerra con Rusia. Las autoridades francesas volvieron sus ojos a Gran Bretaña, ¿podrían contar con la ayuda militar británica o tendrían que ir a la guerra solos, como en 1870? Desde Londres sólo llegaban respuestas oficiales ambiguas y poco claras: «el conflicto entre Austria, Rusia y Alemania no afecta a los intereses de Gran Bretaña»,&nbsp;«el Gobierno británico&nbsp;no está en condiciones de garantizar a Francia ningún tipo de ayuda en este momento»&#8230; En París, el presidente Raymond Poincaré no veías las cosas con buenos ojos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, el Alto Mando alemán veía las cosas muy claras. La más que probable agresión rusa a Austria era la excusa perfecta para entrar en guerra con la potencia eslava y, por extensión con su aliado francés. Había llegado el momento de comenzar el asalto a la hegemonía europea por medio de las armas. Por lo tanto,&nbsp;&nbsp;<strong>había que adelantarse a los enemigos y comenzar la&nbsp;movilización de los cerca de dos millones de soldados que debían distribuirse por todo el Imperio</strong>. Había que golpear cuanto antes y del modo más contundente posible. ¡Por fin había llegado la hora de aplicar el <a href="http://reasilvia.com/2014/12/plan-schlieffen-xvii-primera-guerra-mundial/">Plan Schlieffen</a>! Aún así, el káiser Guillermo II, al ser consciente de que las cosas se estaban poniendo muy serias y de que el fantasma de la guerra en dos frentes era muy real, creyó ver una salida en&nbsp;un último movimiento diplomático que podría evitar a&nbsp;Alemania tener que luchar a la vez con Rusia y con Francia.</p>



<h2 class="wp-block-heading">El error del embajador, le negativa de Moltke y el final de la confianza en la victoria</h2>



<p class="wp-block-paragraph">El embajador alemán en Londres, <strong>el príncipe Lichnowsky</strong><strong>, envió un telegrama a Berlín el 1 de agosto</strong> en el que aseguraba que las autoridades británicas le habían garantizado que si Alemania no atacaba Francia, Gran Bretaña garantizaría que Francia se mantendría neutral en la inminente guerra contra Rusia. El káiser, sorprendido por semejante buena noticia, convocó a su jefe de Estado Mayor, <strong>Moltke el joven</strong>, y le solicitó que <strong>detuviese el Plan Schlieffen</strong> de inmediato, concentrando todos los esfuerzos del Imperio en atacar&nbsp;a Rusia. Este súbito cambio en los planes militares alemanes suponía destrozar por completo la estrategia germana y, probablemente, colapsaría por completo el minucioso despliegue planeado de manera matemática desde 1906.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="alignleft"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/12/Karl_Max_Furst_von_Lichnowsky.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" width="160" height="300" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/12/Karl_Max_Furst_von_Lichnowsky-160x300.jpg" alt="El Príncipe Lichnowsky, más de bailoteo que de política" class="wp-image-1405" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/12/Karl_Max_Furst_von_Lichnowsky-160x300.jpg 160w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/12/Karl_Max_Furst_von_Lichnowsky.jpg 252w" sizes="auto, (max-width: 160px) 100vw, 160px" /></a><figcaption>&nbsp;Lichnowsky,&nbsp;taconeando en Londres</figcaption></figure></div>



<p class="wp-block-paragraph">Se&nbsp;estaba produciendo un error terrible y nadie en Berlín era consciente de ello. <strong>El príncipe Lichnowsky había malinterpretado&nbsp;la propuesta británica.</strong> En realidad, desde Gran Bretaña le habían ofrecido la garantía de que Francia se mantendría neutral si Alemania se abstenía de atacar Rusia y dejaba que el conflicto Austro-Serbio se resolviese por medios diplomáticos. El embajador alemán, probablemente llevado por los nervios del momentos y ansioso por trasladar un mensaje favorable a los intereses del Imperio, interpretó erróneamente esa oferta e indujo el mismo error en el káiser.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Guillermo II, creyendo realmente que existía la posibilidad de evitar una guerra con Francia y con Rusia a la vez, <strong>intentó que Moltke modificase sobre la marcha todo el plan bélico alemán.</strong> El emperador ordenó que no se avanzase sobre Bélgica y que se dirigiese el ejército contra Rusia. Pero el jefe del Estado Mayor alemán se negó en redondo, a fin de cuentas llevaba los últimos diez años de su vida dedicado a perfeccionar el Plan Schlieffen y a preparar la maquinaria de guerra alemana para ese momento. <strong>Para Moltke alterar ahora aquél enorme dispositivo meticulosamente organizado, suponía el fin de Alemania</strong>. ¿Cómo pretendía el káiser que el millón de soldados que debían dirigirse en 11.000 trenes a la frontera con Francia y Bélgica en las próximas dos semanas fuesen ahora hacia la frontera con Rusia? ¿Cómo esperaba que llegasen esos ejércitos mínimamente organizados al frente oriental? ¿Es que no veía que «lo que está dispuesto no puede ser alterado»?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para Moltke era imposible detener la maquinaria bélica y la planeada movilización ferroviaria alemana.&nbsp;Pero en el Alto Mando no todos pensaban igual. <strong>El general Von Staab,</strong> jefe de la División de Ferrocarriles, aseguró tiempo después que si le hubiesen consultado ese día (algo que Moltke impidió) <strong>habría podido presentar una alternativa que evitase la invasión de Bélgica y la guerra con Francia.&nbsp;</strong>&nbsp;Saab afirmó que hubiese podido garantizar&nbsp;el traslado&nbsp;de&nbsp;cuatro&nbsp;de los siete ejércitos alemanes en dos semanas hasta la frontera rusa, dejando en la frontera con Francia los tres ejércitos restantes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En cualquier caso, ante la negativa de Moltke a cambiar los planes militares alemanes la movilización siguió adelante y comenzaron los traslados de tropas al frente. <strong>La primera operación militar de la guerra en suelo extranjero tendría lugar a las 11 de la noche de ese mismo día con la ocupación de un nudo ferroviario en Luxemburgo</strong>. Pero, para desesperación del jefe del Estado Mayor alemán, el káiser Guillermo aún intentó un último movimiento desesperado creyendo que el ofrecimiento británico (recordemos que era erróneo) seguía en pie. El Plan Schlieffen planeaba la entrada de tropas alemanas en Francia el 3 de agosto, así que <strong>el káiser ordenó que se enviasen dos telegramas de manera urgente</strong>. El primero, dirigido a las autoridades británicas,&nbsp;informaba que por motivos técnicos no podía detenerse la movilización alemana pero que si Gran Bretaña garantizaba la neutralidad francesa no habría ataque por parte de Alemania. El segundo telegrama, redactado en contra del criterio&nbsp;de Moltke, buscaba evitar&nbsp;un error fatal antes de saber la respuesta británica. Lo dirigió al batallón que debía entrar en&nbsp;Luxemburgo y en él ordenada claramente que no debían cruzar la frontera hasta que no llegase una nueva orden firmada por el propio káiser.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De nada sirvió la discusión entre el káiser y su jefe de Estado Mayor. Apenas pasada una hora desde el envío de los telegramas se recibió una llamada del embajador alemán en Londres; <strong>el príncipe Lichnowsky había descubierto, horrorizado, que su interpretación del ofrecimiento británico había sido errónea</strong>. Ahora, aclaradas&nbsp;las cosas con las autoridades británicas,&nbsp;reconocía que Londres exigía que Alemania no fuese a la guerra ni contra Francia ni contra Rusia. Casi al mismo tiempo un telegrama urgente llegaba desde el batallón encargado de irrumpir en Luxemburgo: la orden del káiser había llegado demasiado tarde y tropas alemanas ya habían&nbsp;entrado en el pequeño ducado. Guillermo II fracasó&nbsp;en su intento de detener la guerra con Francia y, para colmo, sembró&nbsp;la desconfianza en Moltke al poner en duda su capacidad para dirigir el ejército alemán en la hora más importante.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A esa misma hora concluía el ultimátum alemán a Rusia y, en San Petersburgo, el embajador alemán Pourtalès entregó la declaración formal de guerra.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Francia, la ambigüedad británica, el valor belga y las declaraciones de guerra</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Desde el cambio de mentalidad&nbsp;militar francés en 1905, los sucesivos gobiernos de París habían tenido una cosa muy clara: <strong>si iban a la guerra con Alemania era imprescindible contar con Gran Bretaña como aliada</strong>. De cualquier otro modo era prácticamente imposible lograr derrotar a los ejércitos del káiser. Pero para lograr que los británicos rompiesen la inercia de no intervenir en las disputas continentales si no afectaban a sus intereses directos, el presidente Poincaré y sus antecesores en el cargo&nbsp;se habían marcado como objetivo demostrar claramente que Francia era la agredida y Alemania la agresora. A fin de cuentas, <strong>recordaban perfectamente el fatídico error cometido por Napoleón III en 1870 al ser él el que declarase la guerra a la Prusia del canciller Bismarck</strong>. Francia, en aquella ocasión había sido la agresora y, debido a ello, no logró atraerse las simpatías ni de los británicos ni de los rusos. En 1914, por lo tanto, había que evitar esa situación. Había que ser la víctima del expansionismo belicista&nbsp;alemán.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando el jefe del Estado Mayor francés, <strong>Joseph Joffre</strong>, recibió los primeros informes relativos a la movilización alemana no dudó en dirigir sus pasos a la oficina del primer ministro francés, el socialista <strong>René Viviani</strong>. Era imprescindible que se comenzase la movilización total del ejército francés y se ocupasen las posiciones señaladas en el <a href="http://reasilvia.com/2014/12/plan-schlieffen-xvii-primera-guerra-mundial/">Plan XVII</a>. De no actuarse de inmediato los alemanes «entrarían en Francia sin pegar un solo tiro». A eso se unía la llegada del ultimátum alemán a Francia exigiendo que se declarase neutral en el conflicto entre Alemania y Rusia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las autoridades francesas, sin embargo, creían que si se ordenada la movilización militar demasiado pronto <strong>Gran Bretaña podría considerar que Francia, de algún modo, deseaba la guerra</strong>. Además, con las tropas tan cerca de las alemanas era posible que hubiese algún incidente, algún tiroteo, algún error estúpido, que <strong>sirviese de excusa a Berlín para presentar a París como el agresor</strong>. Había que impedir que algo así sucediese. Joffre, por lo tanto, se encontró con una orden directa que no esperaba: <strong>debía hacer retroceder diez kilómetros a las tropas francesas estacionadas en la frontera con Alemania</strong>. El militar francés, al igual que Moltke, sufrió una severa impresión al ver cómo la estrategia militar quedaba supeditada a la voluntad política. Pero, a diferencia del general alemán, Joffre comprendió la causa de aquella solicitud y obedeció logrando a cambio que el Gobierno autorizase una movilización parcial. Eso, en cualquier caso, era mejor que nada y, además, facilitaría que la causa francesa ganase apoyos entre los británicos. O eso esperaban todos.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="alignleft"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/12/Albert_I_Koning_der_Belgen.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" width="234" height="300" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/12/Albert_I_Koning_der_Belgen-234x300.jpg" alt="Alberto I, el valor de Bélgica" class="wp-image-1407" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/12/Albert_I_Koning_der_Belgen-234x300.jpg 234w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/12/Albert_I_Koning_der_Belgen.jpg 716w" sizes="auto, (max-width: 234px) 100vw, 234px" /></a><figcaption>&nbsp;Alberto I, el valor de Bélgica</figcaption></figure></div>



<p class="wp-block-paragraph">En Londres, el encargado de los Asuntos Exteriores, <strong>Edward Grey</strong>, trataba de ganar tiempo para evitar una crisis de gobierno. El primer ministro, <strong>Herbert Henry Asquith</strong>, sabía que una parte importante del Gabinete era contraria a participar en una eventual guerra contra Alemania. De hecho, pese a la existencia desde 1906 de una «entente» entre Gran Bretaña y Francia, <strong>nunca se había ratificado formalmente un&nbsp;acuerdo militar entre ambas potencias</strong>. El Parlamento británico, por lo tanto, tendría que aprobar la declaración de&nbsp;guerra y eso era muy difícil de conseguir sin un acto hostil contra la propia Gran Bretaña. A fin de cuentas, los liberales eran mayoritariamente pacifistas y controlaban la Cámara de los Comunes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, un mensaje recibido desde Bélgica cambió&nbsp;las cosas. La embajada británica informaba que se estaban concentrando tropas en la frontera con Alemania y que <strong>el embajador alemán, Von Below, había entregado un ultimátum al gobierno belga</strong>. Los términos del mensaje alemán no estaban muy claros pero, al parecer, <strong>el rey Alberto</strong>, tras tratar el asunto con el gobierno, había acordado no aceptar las exigencias germanas. Las seis divisiones del ejército belga se movilizaron para hacer frente a las ochenta y una del ejército alemán que tenían planeado cruzar Bélgica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El mensaje alemán era, en realidad, <strong>un intento de lograr cruzar Bélgica sin declarar la guerra y evitar aparecer como el país agresor que realmente era</strong>. La misiva entregada por Von Below aseguraba que Francia se disponía a cruzar Bélgica para atacar desde allí Alemania. Además, afirmaba que algunas ciudades alemanas cercanas a la frontera francesa habían sido bombardeadas&nbsp;y que se estaban produciendo los primeros conatos de invasión a través de Alsacia y Lorena. Debido a ello, <strong>el Imperio Alemán, solicitaba a Bélgica que les dejasen pasar para «defenderse de la agresión francesa»</strong> y que las tropas alemanas permanecerían en suelo belga el menor tiempo posible, pagando cualquier daño causado y compensando la «colaboración» en el futuro mediante la cesión de algún territorio francés. En caso de que se respondiese negativamente a esta propuesta, las tropas alemanas entrarían en Bélgica igualmente para evitar la agresión francesa pero considerarían a los soldados belgas como «enemigos».</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="alignleft"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/12/photo_2014-12-27_10-37-47.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" width="250" height="300" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/12/photo_2014-12-27_10-37-47-250x300.jpg" alt="Churchuill saludando a Guillermo II en 1909, otros tiempos" class="wp-image-1401" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/12/photo_2014-12-27_10-37-47-250x300.jpg 250w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/12/photo_2014-12-27_10-37-47.jpg 468w" sizes="auto, (max-width: 250px) 100vw, 250px" /></a><figcaption>&nbsp;Churchill saludando a Guillermo II en 1909, otros tiempos</figcaption></figure></div>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Cuando Grey recibió las noticias de la «solicitud» alemana y la negativa belga supo que había llegado el momento de&nbsp;convocar al Parlamento</strong> para lograr una declaración de apoyo a Bélgica y mostrar, de ese modo, que Gran Bretaña estaba dispuesta a ir a la guerra del lado de Francia. Otro miembro del gabinete, el Primer Lord del Almirantazgo, <strong>Winston Churchill</strong>, adelantándose a los acontecimientos ordenó a la flota británica que se&nbsp;dirigiese a los puertos del Mar del Norte por si debía enfrentarse a la flota alemana concentrada en ese mar. Por su parte, el primer ministro Asquith logró convencer a varios líderes Liberales de que la invasión alemana de Bélgica y de Francia supondría una amenaza para Gran Bretaña y que había que honrar los acuerdos «verbales» con París.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El 3 de agosto, Grey logró el apoyo mayoritario del Parlamento: <strong>Gran Bretaña declararía la guerra a Alemania si este país atacaba Bélgica</strong>. El embajador francés, Cambon, transmitió la noticia de inmediato al presidente Poincaré que ordenó la completa movilización del ejército. Apenas dos horas después de eso, el embajador alemán en París, Von Schoen, presentó la declaración de guerra acusando a Francia de haber bombardeado las ciudades de Nuremberg y Karlsruhe y de planear la invasión de Bélgica para atacar desde allí a Alemania.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A las ocho de la mañana del día 4 de agosto, siguiendo el horario marcado por el Plan Schlieffen, una primera columna de tropas alemanas invaden Bélgica por la localidad de Gemmerich. <strong>El rey Alberto solicita entonces a las potencias que hagan cumplir&nbsp;el antiguo Tratado de Londres de 1839</strong> por el cual Francia, Gran Bretaña, Alemania, Rusia, Austria y Holanda se habían comprometido a respetar la neutralidad belga a perpetuidad. Gran Bretaña honra el tratado y declara la guerra a Alemania.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Los trenes comienzan a llevar a los frentes a millones de hombres</strong>, pertrechos y material. Los barcos de guerra se hacen a la mar. Las potencias se preparan para una guerra que, realmente, no creían que llegaría a suceder. Así pues, esas mismas potencias, asumieron una nueva creencia, un nuevo autoengaño: aquella guerra sería breve porque, en realidad, nadie la quería.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una vez más se equivocaban.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Bibliografía</h2>



<p class="wp-block-paragraph">-TUCHMAN BARBARA W.: Los cañones de agosto. Barcelona, Ediciones Península, 1994.</p>



<p class="wp-block-paragraph">-HASTING, MAX: 1914, el año de la catástrofe. Barcelona, Crítica, 2013.</p>



<p class="wp-block-paragraph">-CHURCHILL, WINSTON: La crisis mundial 1911-1918, Debols!llo, Barcelona, 2013.</p>
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		<title>Los orígenes de la Primera Guerra Mundial: Los planes para una guerra que nadie quería (o eso decían todos)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Juanjo Pérez]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 02 Dec 2014 09:47:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Contemporánea]]></category>
		<category><![CDATA[La Gran Guerra]]></category>
		<category><![CDATA[granguerra]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Francia y Alemania se prepararon desde 1905 para una nueva guerra. Esta vez no bastaría con una victoria parcial. Buscaban la rendición incondicional del enemigo a cualquier precio</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph">Entre 1871 y 1914 occidente vivió una época dorada. El progreso económico, social y cultural parecía no tener límites en un mundo controlado por las potencias coloniales. Es ahora la época del poema <em>The White man’s burden</em>&nbsp;(la carga del hombre blanco) de <strong>Rudyard Kipling</strong>. Atrás quedaba la época de las hambrunas, la pobreza y las guerras. Siguiendo la guía de la razón, la industrialización y el desarrollo económico, poca gente era capaz de imaginar que los países civilizados y desarrollados estuviesen dispuestos a retroceder.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La guerra entre naciones modernas no era civilizada, no era rentable económicamente. A nadie beneficiaba un retorno a los años de la miseria y la destrucción. La guerra, en definitiva, no era <em>razonable y era muy cara.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y sin embargo todas las grandes potencias preparaban ejércitos y planes para una guerra que parecía inevitable pero que nadie quería realmente. O eso decían por activa y por pasiva las cancillerías de los dos países con mayores razones para volver a enfrentarse:&nbsp;Francia y&nbsp;Alemania. Y es que&nbsp;ambas naciones se preparaban para zanjar sus disputas de una vez por todas en una última guerra.</p>



<figure class="wp-block-image"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/11/Planes-Schlieffen-y-XVII.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" width="963" height="745" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/11/Planes-Schlieffen-y-XVII.jpg" alt="Planes Schlieffen y XVII" class="wp-image-1292" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/11/Planes-Schlieffen-y-XVII.jpg 963w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/11/Planes-Schlieffen-y-XVII-300x232.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 963px) 100vw, 963px" /></a><figcaption>&nbsp;Plan Schliefen en rojo. Plan XVII en azul.</figcaption></figure>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>La jugada alemana: el Plan Schlieffen.</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Tras la salida de <strong>Bismarck</strong> de la cancillería alemana en marzo de 1890 nada se interpuso ante&nbsp;los planes expansionistas de corte agresivo que el káiser<strong> Guillermo II</strong> quería llevar a cabo. La diplomacia de la negociación y el compromiso que Alemania había desplegado en los veinte años anteriores se vio sustituida por una política enfocada a obligar a las potencias mundiales a reconocer la posición&nbsp;hegemónica de Berlín en el continente europeo. Y ese giro estratégico arrastraba consigo el fantasma de la guerra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin Bismarck dirigiendo el Imperio Alemán y con&nbsp;el&nbsp;mariscal Moltke recientemente fallecido, el nuevo Jefe del Estado Mayor, el conde <strong>Alfred von Schlieffen</strong>, recibió el encargo de idear la estrategia militar que garantizase la victoria alemana en caso de que estallase una nueva guerra con Francia. Imbuido de&nbsp;las enseñanzas de Clausewitz y con la experiencia vivida como comandante en la guerra Franco-Prusiana de 1870-71, el conde tuvo muy claro desde el principio que para vencer era preciso asestar los antes posible un golpe irreversible al enemigo en su propio corazón. Y en ello puso todo su empeño y genio militar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En 1905, tras una serie de proyectos, pruebas y ejercicios llevados a cabo en multitud de campos de batalla simulados, presentó el plan que, a su juicio llevaría al Imperio Alemán a la victoria sobre Francia. El nombre técnico que recibió el proyecto fue <em>Aufmarsch II West</em>, aunque ha pasado a la Historia como el <strong>Plan Schlieffen</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El eje estratégico sobre el que giraba todo el asunto era muy sencillo:</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para garantizar la victoria alemana en un plazo de tiempo no superior a ocho semanas había que lanzar una ofensiva gigantesca a través de Bélgica (un país neutral) que permitiese envolver al ejército francés que, presumiblemente, se concentraría en caso de guerra en la frontera franco-alemana. El ataque alemán, por lo tanto, sorprendería a sus enemigos al irrumpir por una zona desprotegida garantizando que, de ese modo, se alcanzaría París en apenas un mes, provocando así la rendición francesa.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="alignleft"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/12/Alfred-Graf-von-Schlieffen.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" width="311" height="568" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/12/Alfred-Graf-von-Schlieffen.jpg" alt="Alfred Graf von Schlieffen" class="wp-image-1299" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/12/Alfred-Graf-von-Schlieffen.jpg 311w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/12/Alfred-Graf-von-Schlieffen-164x300.jpg 164w" sizes="auto, (max-width: 311px) 100vw, 311px" /></a><figcaption>&nbsp;Alfred Graf von Schlieffen</figcaption></figure></div>



<p class="wp-block-paragraph">Como se puede apreciar el plan asumía que Bélgica debía ser invadida aunque no existiese un estado de guerra entre ese pequeño país y Alemania. Esta situación generaba dos dilemas al que los estrategas alemanes no sabían responder.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Primero, ¿no había dicho Bismarck por activa y por pasiva que jamás había que empezar una guerra? El viejo canciller, muerto en 1898, insistió toda su vida en que era imprescindible que Alemania nunca fuese la agresora en una guerra ya que de, ese modo, se garantizaría que nadie acudiría a socorrer a sus enemigos. Por eso, en 1870, hizo todo lo posible porque fuese el imprudente Napoleón III el que declarase la guerra a Prusia, como <a href="http://reasilvia.com/2014/10/bismarck-y-su-tiempo/">ya vimos</a>. La clave del expansionismo era esa: ser siempre el agredido. Ser siempre “la víctima”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y en segundo lugar, si se violaba la neutralidad belga ¿cómo reaccionarían el resto de las naciones europeas, en especial Gran Bretaña? Londres había sido el gran valedor de la neutralidad belga desde 1830 puesto que consideraba ese estado como su frontera exterior en Europa. A fin de cuentas en los dos intentos pasados por invadir las islas británicas (con la <strong>Felicísima Armada</strong> de Felipe II y <strong>La Grande Armée</strong> de Napoleón) el territorio belga había sido el lugar de la concentración de las tropas que iban a saltar el Canal de la Mancha. Para los británicos una Bélgica francesa o alemana era una amenaza, por lo que garantizarían su neutralidad por la fuerza si fuese necesario.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando el káiser Guillermo II planteó estos inconvenientes a Schileffen y el resto del Estado Mayor alemán, recibió una respuesta muy simple. La ofensiva a través de Bélgica sería tan rápida que Gran Bretaña no tendría tiempo de reaccionar. Antes de que un ejército inglés pudiese cruzar el canal y llegar a Bruselas las tropas alemanas ya habrían alcanzado París y la guerra habría terminado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Finalmente, nada se opuso al plan <em>Aufmarsch II West</em>. Ni Schlieffen ni el propio kaiser Guillermo II consideraron que Bélgica y su neutralidad fuesen un obstáculo insalvable e hicieron caso omiso al consejo del difunto Bismarck. A fin de cuentas, ¿qué sabría un <em>civil</em>&nbsp;como el viejo Canciller de Hierro del arte de la guerra?</p>



<p class="wp-block-paragraph">El plan <em>Schlieffen</em> se convirtió en el eje teórico sobre el que se construyó todo el armazón bélico alemán entre 1905 y 1914. El proyecto incluía tres ideas clave basadas en las teorías de Moltke y Clausewitz:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Movilidad y rapidez</strong>. Schlieffen partía de la base de que era muy probable que Alemania tuviese que luchar a la vez en dos frentes puesto que Francia y Rusia se habían aliado defensivamente en 1892. Para minimizar las consecuencias de una guerra por los dos flancos era preciso actuar a gran velocidad, antes de que las tropas rusas pudiesen movilizarse por completo (el Estado Mayor alemán calculaba que tardarían entre seis y diez semanas en estar operativas) y supusiesen una amenaza para el Imperio. En esas “diez semanas” el ejército alemán tenía que ser capaz de invadir Bélgica, lanzar una ofensiva sobre París y rendir Francia para, posteriormente, volver sobre sus pasos y derrotar a los rusos antes de que estos tuviesen tiempo de acercarse a Berlín.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para lograr esto se creó un auténtico <strong>plan ferroviario de guerra</strong> que permitía a Alemania trasladar sus tropas a cualquiera de sus fronteras en una semana desde que se decretarse la movilización total. El general <strong>Von Staaf</strong>, jefe de la División de Ferrocarriles, fue el encargado de organizar la parte del <em>Aufmarsch II West</em> referida a los trenes alemanes. En ella organizó al minuto el movimiento de 11.000 convoyes que trasladarían en dos semanas un millón de hombres y pertrechos desde todos los puntos de reclutamiento dentro del Imperio hasta las fronteras con Francia y Bélgica. Además, los espías alemanes habían logrado hacerse con información secreta que revelaba los planos de las redes ferroviarias de Francia, Bélgica y Rusia y la capacidad de movilización de todos los trenes de esos países. Con esa inteligencia en su poder, Alemania podía deducir cuantos soldados enemigos y en cuanto tiempo podían ser trasladados al frente. Además, el Estado Mayor alemán planeaba utilizar la capacidad ferroviaria de sus enemigos para trasladar sus propias tropas según fuesen avanzando en la ofensiva sobre Bélgica y París.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Masividad y coordinación.</strong>&nbsp;El plan Schlieffen desplegaba un millón de soldados en una frontera de apenas 200 km. De ellos el 80% participaría en la ofensiva sobre Bélgica y Francia, quedando el resto en posiciones defensivas en las fortalezas de Alsacia y Lorena preparándose para repeler la más que probable ofensiva francesa. &nbsp;El plan alemán marcaba unas fechas concretas para alcanzar objetivos militares precisos. Todo estaba calculado al milímetro y el más mínimo retraso podía suponer el colapso de una ofensiva imparable. Schlieffen optó por dividir&nbsp;sus fuerzas en siete ejércitos. Cinco de ellos serían los encargados de llevar cabo el movimiento ofensivo envolviendo al ejército francés.&nbsp;Sus jefes eran generales experimentados con un sólo objetivo en mente: cumplir con su misión a cualquier precio. Para ello, el Alto Mando les había dotado de una libertad de acción casi absoluta. Moltke «el viejo» señaló claramente a sus pupilos que era preciso que cada jefe aplicase su propio criterio en función de las circunstancias cambiantes que se daban en una batalla. Esta agilidad estratégica era precisa en una ofensiva en la que iban a estar en movimiento a la vez un millón de soldados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Semejante cantidad de efectivos concentrados en una sola acción militar no se había visto nunca en el mundo. Schlieffen lo tenía muy claro: para garantizar la victoria era preciso lanzar al ataque el mayor número posible de tropas, desbordar por completo las previsiones defensivas de los franceses. Y eso suponía golpear sin cesar a través de las llanuras belgas y del norte de Francia hasta rodear París.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="alignleft"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/12/Von-Moltke-el-joven.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" width="200" height="300" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/12/Von-Moltke-el-joven-200x300.jpg" alt="Von Moltke el joven" class="wp-image-1310" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/12/Von-Moltke-el-joven-200x300.jpg 200w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/12/Von-Moltke-el-joven.jpg 400w" sizes="auto, (max-width: 200px) 100vw, 200px" /></a><figcaption>&nbsp;General von Moltke «el joven»</figcaption></figure></div>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Golpe decisivo en París.</strong>&nbsp;Para los estrategas alemanes desde época de Clausewitz el punto débil de Francia era su capital. Tomando la ciudad de las luces el espíritu combativo galo se vendría abajo como ya sucediera en 1871. Para ello, Schlieffen concentró en el Primer Ejército alemán la mayor fuerza ofensiva de todo el esfuerzo bélico del Imperio. El Primer Ejercito debía recorrer en 37 días la distancia entre la frontera germano-belga y la ciudad de París, bordeándola por el norte, en un movimiento de golpe de hoz que le llevaría a tocar el Canal de la Mancha «con la manga del uniforme del soldado más a la derecha». Una vez cruzado el río Somme, debería descender hasta la ciudad de Chartres y una vez allí avanzar hacia el este, cerrando el círculo sobre París. De ese modo tanto la capital francesa como la totalidad de sus ejércitos quedarían atrapados en una bolsa de cientos de km cuadrados, sin abastecimientos y hostigados por los siete ejércitos alemanes. Y eso en ocho semanas.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Qué podía fallar?</strong> Se preguntaban en Berlín.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pues, en primer lugar, el conde von Schlieffen&nbsp;abandonó el puesto de Jefe del Estado Mayor en 1906 tras sufrir un accidente. En segundo lugar, &nbsp;su sucesor, <strong>Moltke «el joven»</strong>, sobrino del Moltke victorioso en la guerra Franco-Prusiana, creía que el plan de invasión de Francia debilitaba en exceso las defensas en la zona de Alsacia y Lorena y por eso, año tras año fue reduciendo el número de efectivos que debían participar en la ofensiva a través de Bélgica (del 80% del ejército en 1906&nbsp;al 60% en 1914). En tercer lugar, nadie había previsto que Bélgica supusiese un problema en la ofensiva y, como se vería más adelante, supuso un hueso muy duro de roer. Por último, en cuarto lugar, los británicos eran capaces de movilizar un ejército «expedicionario» en menos tiempo de lo que pensaban los alemanes y, finalmente, cruzarían el Canal de la Mancha antes de lo previsto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y todo eso sin contar que los franceses también tenían un plan y lo iban a ejecutar con efectos desastrosos (para los propio franceses, claro).</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>La originalidad francesa: el Plan XVII</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">La derrota francesa en la guerra de 1870-71 se había convertido en casi una obsesión para los militares galos. Tras aquella guerra, y siguiendo un cierto instinto protector, el primer impulso de París fue asegurarse que Alemania no podría volver a invadir suelo francés. Y el mejor modo de evitarlo era edificar una serie de fortalezas que impidieran la extrema movilidad que los prusianos habían demostrado poseer en campo abierto. Ciudades como <strong>Verdun, Toul, Epinal, Belfort, Maubeuge, Valenciennes</strong> o <strong>Lille</strong> se convirtieron en bastiones teóricamente inexpugnables. Sin embargo, este caparazón de hormigón y fosos suponía una herida para el orgullo francés.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El recuerdo de la derrota en la batalla de Sedán de los ejércitos franceses y la perdida de Alsacia y Lorena dolía demasiado. Limitarse a ver&nbsp;la guerra de un modo meramente&nbsp;defensivo, reconociendo la superioridad táctica alemana, dejando en manos de los «hunos» la iniciativa futura, era casi peor que recordar la pasada rendición. Había que hacer algo distinto a sentarse de brazos cruzados a esperar la nueva agresión. Francia, con su brillante historia pasada, estaba llamada a recuperar el esplendor del ejército revolucionario de 1789 que había doblegado, uno tras otro, a los ejército de Europa. Era preciso revivir aquel impulso&nbsp;abrasador, aquel <em>élan vital</em>&nbsp;de antaño definido por el filósofo <strong>Henri Bergson</strong>, ese «espíritu de conquista».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así, a partir de 1911, esa idea del «élain» francés quedó plasmada en un cambio radical en la teoría militar gala, la idea de una estrategia&nbsp;defensiva dio paso a la necesidad imperiosa de canalizar ese espíritu de conquista del único modo aceptable: mediante la doctrina de la ofensiva a ultranza. Francia no se iba a limitar a refugiarse detrás de un cinturón de fortalezas sino que, en caso de guerra, llevaría a cabo una serie de ofensivas que destrozarían a los alemanes y provocarían, ahora sí, su rendición incondicional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los militares que seguían apoyando los planes netamente defensivos, como el&nbsp;general <strong>Victor Constant Michel</strong>,&nbsp;disponían de información contrastada que aseguraba que los alemanes planeaban lanzar una gran ofensiva a través de Bélgica. Por ello, consideraban vital para Francia concentrar el ejército en la frontera franco-belga con la intención de contener la invasión hasta que llegasen los británicos. Sin embargo, esa estrategia «defensiva» chocaba de frente con la nueva concepción ofensiva de la guerra y, tras un último enfrentamiento en la cúpula militar, en 1911 se abandonó la idea de proteger Bélgica.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="alignleft"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/12/Joseph-Joffre.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" width="225" height="300" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/12/Joseph-Joffre-225x300.jpg" alt="Joseph Joffre" class="wp-image-1307" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/12/Joseph-Joffre-225x300.jpg 225w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/12/Joseph-Joffre.jpg 231w" sizes="auto, (max-width: 225px) 100vw, 225px" /></a><figcaption>&nbsp;Joseph Joffre</figcaption></figure></div>



<p class="wp-block-paragraph">El nuevo jefe del Estado mayor francés, el general de ingenieros&nbsp;<strong>Joseph Joffre</strong>, desenterró un viejo plan propuesto por el ultraofensivo general <strong>Ferdinand Foch</strong> que casaba a la perfección con lo que se esperaba de un militar moderno. El plan, llamado finalmente <strong>Plan XVII</strong>, asumía que los alemanes concentrarían sus fuerzas en la gran ofensiva que planeaban lanzar a través de Bélgica. Como consecuencia de ese esfuerzo dejarían desprotegidos su flanco meridional (precisamente Alsacia y Lorena) y sería por ahí por dónde atacarían los ejércitos franceses en dirección a la ciudad de Mainz. Con esa ofensiva, lanzada contra la zona más débil del frente alemán, romperían por la base el movimiento envolvente que se produciría a través de Bélgica y aislarían al grueso del ejército enemigo de sus líneas de suministro provocando su colapso y total rendición en el primer mes de guerra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para ello, se concentrarían en esa zona un millón de soldados organizados en cinco Cuerpos de ejército que esperarían a que se verificase que los alemanes habían comenzado su alocada carrera a través de Bélgica. Cuando se tuviesen sólidos indicios de que eso estaba sucediendo se comenzarían una serie de ataques masivos&nbsp;desde Estrasburgo hasta Bastogne encaminados a llegar al río Rhin. Los estrategas franceses creían que las tropas alemanas apostadas en toda esa zona serían poco numerosas (a lo sumo 200.000 soldados frente al millón de efectivos francés) y estarían formadas en su mayoría por reservistas poco aptos para el combate en primera línea. En esas condiciones no podrían contener la marea humana que les iba a caer encima y tendrían que retroceder, aislando así a sus camaradas que, cientos de kilómetros más al noroeste, no podrían ni seguir avanzando hacia París ni retroceder para ayudarles.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además, París confiaba en que Gran Bretaña se uniría a la guerra de su lado si Alemania, finalmente, no respetaba la neutralidad belga, por lo que podrían contar con un ejército británico desplegado en la frontera franco-belga que entorpeciese la carrera alemana hacia París.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El Plan XVII, por lo tanto, dejaba Bélgica a su suerte y se lo jugaba todo a lograr que los ejércitos franceses, imbuidos de ese <em>élain vital</em> (y una superioridad teórica de 5 a 1)&nbsp;rompiesen el frente alemán en los primeros treinta días de la guerra. A diferencia del Plan Schlieffen, que tenía como objetivo llegar a París, al plan francés&nbsp;no se marcaba un objetivo estratégico concreto sino que era, más bien, una respuesta a la ofensiva alemana con la esperanza de golpear lo suficientemente fuerte como para que Alemania se rindiese.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Qué podía fallar?</strong> Se preguntaban también en París.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pues varias cosas. La primera de ellas que<strong> Moltke el joven</strong>, temiendo la ofensiva francesa precisamente por Alsacia y Lorena, había incrementado notablemente las defensas de los ejércitos desplegados en la región tanto en número (de 200.000 pasaron a casi 500.000 soldados al inicio de la guerra), como en calidad (por reservistas recibieron formación concreta para sus tareas y estaban mejor armados que los franceses). El segundo error de Joffre fue creer que los alemanes no cruzarían por toda Bélgica sino sólo por la zona más al sur por lo que no dispuso de tropas en las llanuras de Cambrai y Arras que estorbasen la ofensiva mientras los británicos desembarcaban. Por último, confió ciegamente en que la consigna de «ofensiva a ultranza» bastaba para garantizar el éxito de los ataques en Alsacia y Lorena y, como se vería en agosto de 1914, eso sólo provocó una serie de matanzas y derrotas francesas en los primeros compases de la contienda.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y así, llegando el verano de 1914, Francia y Alemania, sin tener ningún roce entre sí (más allá de las viejas heridas del honor francés), disponían de dos planes perfectamente operativos para mandar a la guerra a dos millones de hombres jóvenes. Pero sólo durante un mes y medio, por supuesto. A fin de cuentas nadie quería una guerra larga y cara. Qué tontería. Hasta que llegaron noticias de un&nbsp;atentado&nbsp;en Sarajevo el 28 de junio de 1914&#8230;</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Bibliografía</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">&#8211; STEVENSON, DAVID: 1914-1918 Historia de la Primera Guerra Mundial. Barcelona, Debate, 2013.</p>



<p class="wp-block-paragraph">&#8211; CLARK, CRISTOPHER: Sonámbulos: cómo Europa fue a la guerra en 1914. Barcelona, Galaxia Gutemberg, 2013.</p>



<p class="wp-block-paragraph">&#8211; HART, PETER: La Gran Guerra 1914-1918. Historia militar de la Primera Guerra Mundial, Barcelona, Crítica, 2014.</p>
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		<title>Los orígenes de la Primera Guerra Mundial: Bismarck y su tiempo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Juanjo Pérez]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 29 Oct 2014 07:05:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Contemporánea]]></category>
		<category><![CDATA[La Gran Guerra]]></category>
		<category><![CDATA[granguerra]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Tras las Guerras Napoleónicas, algunos militares prusianos pensaron que la única vía para el auge Alemán pasaba por aplastar permanentemente a Francia, algo que Bismarck trató de cambiar</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph">La sencilla victoria prusiana sobre Francia en la guerra de 1870-1871 había dado la razón a tres ilustres alemanes. Concretamente a dos militares (uno de ellos muerto hacía tiempo) y a un político. Los tres defendían la misma idea: <strong>el único modo de asegurar la hegemonía alemana en la Europa continental pasaba por derrotar militarmente a Francia</strong>. &nbsp;Sin embargo, uno de ellos, el político, divergía en qué hacer después de derrotar a los franceses.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estamos hablando del militar e historiador Carl von Clausewitz, el militar y estratega Helmuth von Moltke y el político Otto von Bismarck. Cada uno de ellos, a su manera, <strong>sentó las bases del poderío alemán entre 1870 y 1914</strong> aunque, paradójicamente, ninguno tuvo en cuenta la posibilidad de que su sistema teórico fallase por el punto teóricamente más fuerte: el pueblo alemán.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="alignleft"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/10/Clausewitz.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" width="225" height="300" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/10/Clausewitz.jpg" alt="Clausewitz" class="wp-image-1143"/></a></figure></div>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Carl von Clausewitz&nbsp;(1780-1831)</strong>&nbsp;fue un hombre de la época Napoleónica. Vivió los grandes cambios que supuso la Revolución Francesa, el periodo posterior de auge y esplendor del Imperio Francés y el intento de reconstruir el Antiguo Régimen en el Congreso de Viena de 1815. Su experiencia militar al servicio de los ejércitos prusiano y ruso le sirvió para redactar una serie de ensayos estratégicos, fundamentados en torno a la idea de guerra móvil y ofensiva por un lado y a la idea de que la guerra es, en sí misma, un acto político más (como la diplomacia, el bloqueo económico o incluso la tasa de natalidad), por lo que el buen estratega debe tener en cuenta también conocimientos de política internacional. Su pensamiento, además, señalaba un claro objetivo para Prusia: sólo podría prevalecer si lograba reducir la amenaza francesa a la mínima expresión, debido a los antecedentes que para Clausewitz había representado el genio de Napoleón y su capacidad para aplastar militarmente a una débil Prusia. Es con él con quien quedará plasmada en el alma alemana la idea de que <strong>sólo derrotando a Francia se podrá aspirar a una hegemonía germana</strong>. «El corazón de Francia está entre Bruselas y París», sentenció. Si un ejército enemigo era capaz de penetrar allí sería imposible defender la capital francesa y, a la postre, derrotar a ese país.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="alignleft"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/10/Helmuth_von_Moltke_1800-1891.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" width="213" height="300" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/10/Helmuth_von_Moltke_1800-1891-213x300.jpg" alt="Helmuth von Moltke" class="wp-image-1145" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/10/Helmuth_von_Moltke_1800-1891-213x300.jpg 213w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/10/Helmuth_von_Moltke_1800-1891-729x1024.jpg 729w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/10/Helmuth_von_Moltke_1800-1891.jpg 784w" sizes="auto, (max-width: 213px) 100vw, 213px" /></a></figure></div>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Helmuth von Moltke&nbsp;(1800-1891)&nbsp;</strong>era un pupilo de Clausewitz que debido a sus buenos servicios a Prusia a lo largo de casi 40 años como militar alcanzó el codiciado puesto de Jefe del Estado Mayor en la guerra contra el II Imperio Francés. Concebía la guerra como un acto eminentemente económico por el cual mediante un coste determinado (de soldados, armamento, equipo, suministros y tiempo) se debía obtener un beneficio concreto (de territorio, recursos u objetivos políticos). De ese modo el conflicto bélico <strong>debía costar lo mínimo imprescindible y durar el menor tiempo posible</strong> por lo que era más importante destruir al enemigo que ocupar la totalidad de su territorio en una larga y costosa campaña. Con esa teoría, por ejemplo, logró derrotar a Dinamarca en cuatro días en 1863, a Austria en siete semanas en 1866 y finalmente a Francia en nueve meses en 1870. Las claves de su pensamiento estratégico eran, básicamente, dos: <strong>movilidad de los ejércitos y concentración de los mismos en el último momento</strong>. Como consecuencia de ello puso especial énfasis en dotar a Prusia de una tupida red de ferrocarriles que permitiesen al país desplazar grandes contingentes de tropas a gran velocidad de un extremo a otro en vez de invertir recursos estatales en construir fortalezas defensivas. Gracias a esta visión estratégica de los ferrocarriles logró asestar una serie de golpes demoledores a Francia hasta destruir por completo su ejército en la batalla de Sedán. Tras esa victoria señaló claramente el futuro militar del Imperio Alemán: movilidad, masividad y coordinación.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="alignleft"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/10/Bismarck1894.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" width="200" height="300" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/10/Bismarck1894-200x300.jpg" alt="Bismarck" class="wp-image-1146" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/10/Bismarck1894-200x300.jpg 200w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/10/Bismarck1894.jpg 379w" sizes="auto, (max-width: 200px) 100vw, 200px" /></a></figure></div>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Otto von Bismarck&nbsp;(1815-1898)</strong>&nbsp;el prototipo de señorito agrícola prusiano, uno de los «junkers» o grandes propietarios agrícolas que eran el corazón aristocrático de Prusia. No era militar pero sí concebía la fortaleza bélica del Estado como algo imprescindible para poder llevar a cabo una política exterior contundente y eficaz. Consideraba que las veleidades «liberales» y «socialistas» que se extendían por Europa eran un cáncer terrible que debía ser extirpado sin la menor dilación. Pensaba de un modo similar sobre los católicos alemanes, a los que veía como el gran obstáculo para conseguir que el Imperio lograse establecerse sobre un cuerpo social unido. Pese a todo ello, y el gran número de rivales que encontró en su camino, logró acceder a la cancillería prusiana en 1862 incluso contra la voluntad del rey Guillermo I. Su política tuvo dos objetivos claros: <strong>lograr la hegemonía de Prusia en el concierto de las naciones alemanas unidas en un solo Reich</strong> y ocupar el lugar en el mundo que le correspondía a Alemania por derecho propio. Para lograrlo combinó&nbsp;sabiamente sus habilidades políticas y diplomáticas con el poderío militar que Moltke estaba construyendo para Prusia, hasta lograr el objetivo final: derrotar a Francia, el gran rival continental, y fundar un nuevo Imperio Alemán.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como hemos señalado al principio, Clausewitz, Moltke y Bismarck coincidían en que el enemigo principal de Alemania era Francia y que sólo mediante una clara victoria sobre ese país se podría cimentar el auge alemán. Pero mientras que los dos primeros defendían también la necesidad de derrotar permanentemente a los franceses, el tercero veía en esa política el germen de un problema mucho mayor. Para Bismarck la victoria sobre Francia no debía suponer el origen de futuros enfrentamientos con ese país ya que, entonces, <strong>Alemania siempre se encontraría amenazada de un modo u otro</strong>. El canciller alemán veía más eficaz llevar a cabo una política de acercamiento y contención que garantizase que París no quedase atrapada en un permanente ansia de venganza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De ese modo, tras la guerra de 1870-1871, Bismarck intentó que el káiser Guillermo I ofreciese unas condiciones a Francia que fuesen aceptables y permitiesen restablecer unas relaciones diplomáticos relativamente normales en muy poco tiempo. <strong>Para ello insistió en que había que respetar la integridad territorial francesa</strong>, refiriéndose&nbsp;especialmente a las regiones fronterizas de Alsacia y Lorena. Su propuesta se limitó a que fuesen ocupadas temporalmente para asegurar que los franceses cumpliesen el resto de los términos de la rendición para, finalmente, retirar las tropas. Pero el&nbsp;canciller topó con la oposición frontal del jefe del Estado Mayor alemán.&nbsp;Moltke&nbsp;consideraba que había que debilitar&nbsp;a Francia permanentemente y eso debía incluir dar un golpe en la moral y el orgullo francés, dejándoles claro que habían sido derrotados una vez y que volverían a serlo en el futuro si se atrevían a enfrentarse a Alemania. Para facilitar esa «guerra futura» Moltke aseguró al káiser que era preciso anexionarse Alsacia y Lorena ya que tenían un valor estratégico incalculable (tenían carbón y hierro y, sobre todo, acercaba los puntos de salida de los ejércitos alemanes para la futura ofensiva contra París).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por lo tanto, en contra del criterio de Bismarck, Alsacia y Lorena se unieron a Alemania. Y <strong>con ellas se puso el segundo pilar de la futura guerra</strong> que el Alto Mando alemán ya daba por inevitable.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/10/Alsace-lorraine.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" width="700" height="931" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/10/Alsace-lorraine.jpg" alt="Alsace-lorraine" class="wp-image-1147" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/10/Alsace-lorraine.jpg 700w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/10/Alsace-lorraine-225x300.jpg 225w" sizes="auto, (max-width: 700px) 100vw, 700px" /></a></figure></div>



<p class="wp-block-paragraph">La derrota táctica de las tesis&nbsp;del canciller alemán no supuso su derrota política. A fin de cuentas él había sido el gran artífice de la unificación alemana. Pese a las tensiones que tuvo con el militarista Moltke hasta&nbsp;que ambos abandonaron la primera linea del poder político y militar alemán (en 1890 Bismarck es cesado como canciller y en 1891 Moltke muere) los dos coincidieron en ver que el auge alemán supondría un incremento constante de las tensiones diplomáticas con las otras potencias europeas. Al ansia de revancha francés se unió la creciente desconfianza británica y el temor ruso. Será ahora cuando el canciller tenga que dar lo mejor de sí mismo como diplomático y político de primer nivel, creando un complejo sistema de alianzas públicas y tratados secretos que serán conocidos como los «sistemas bismarckianos». Serán estos sistemas los que <strong>lograron evitar los conflictos bélicos entre las grandes potencias europeas entre 1871 y 1890</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Resumiendo notablemente esos sistemas, se puede decir que fueron consecuencia del esfuerzo consciente y continuo de Bismarck para lograr que Francia quedase aislada diplomáticamente en Europa. Para ello, el canciller alemán desplegó una inmensa actividad política ante Gran Bretaña, Rusia, Austria e Italia, enredando a esos países en un juego de alianzas en las que unos y otros se garantizaban apoyo militar ante la agresión de un tercero. El sistema, que tuvo tres fases distintas, perduró mientras su creador estuvo al frente de los asuntos alemanes. Su gran éxito consintió en <strong>permitir a Alemania despuntar como gran potencia</strong> <strong>económica, industrial, militar y colonial sin provocar que sus vecinos</strong> (especialmente Gran Bretaña y Rusia) <strong>la percibiesen como una amenaza inminente</strong>. Para ello optó por un expansionismo colonial «pactado» con Gran Bretaña, la contención aparente en el auge militar alemán (contra los deseos de Moltke que, sin embargo, logró que el canciller diese luz verde a la construcción de un entramado ferroviario sin parangón en el mundo bajo control militar) y el férreo control de las «amenazas internas» &nbsp;personificadas en los socialistas y los católicos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, en 1888, tras llegar al trono imperial el káiser Guillermo II sus roces con Bismarck provocaron la caída del canciller y su sustitución por alguien más cercano a la «nueva política» del emperador, el general Leo von Caprivi. Llegaba el tiempo del expansionismo agresivo en África, de la construcción de un flota de guerra que rivalizase con la británica y de exigir a las potencias europeas el reconocimiento de la superioridad del Imperio Alemán. El fino trabajo diplomático de Bismarck desapareció en menos de dos años, <strong>provocando que las rivalidades entre Francia, Gran Bretaña y Rusia</strong> (que el canciller no había dudado en usar habilmente) <strong>se minimizasen ante la creciente amenaza germana</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Francia ya no estaba aislada y seguía sangrando por la humillante herida de Alsacia y Lorena. Llegaba el tiempo de pensar en la «futura guerra» que sentenciase de una vez por toda la rivalidad entre París y Berlín. Los Estados Mayores de ambos países comenzaron a pensar seriamente en la posibilidad de un enfrentamiento inminente. Cobraban forma los planes bélicos que se pondrían en marcha en 1914. Demos la bienvenida al <strong>Plan Schlieffen</strong> alemán y al <strong>Plan XVII</strong> francés&#8230;</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Bibliografía</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">&#8211; TUCHMAN W., BÁRBARA: <em>Los cañones de agosto</em>. Barcelona, Ediciones Península, 2004 (sobre obra original de 1962).</p>



<p class="wp-block-paragraph">&#8211; STEINBERG, JOHANTHAN: <em>Bismarck: A life</em>. Nueva York, Oxford University Press, 2011.</p>



<p class="wp-block-paragraph">&#8211;&nbsp;BUCHOLZ, ARDEN: <em>Moltke and the German wars, 1864-1871. </em>Londres, Palgrave Macmillan, 2001.</p>
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		<title>Los orígenes de la Primera Guerra Mundial: la corona española</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Juanjo Pérez]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 08 Sep 2014 19:35:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Contemporánea]]></category>
		<category><![CDATA[La Gran Guerra]]></category>
		<category><![CDATA[granguerra]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La Primera Guerra Mundial comenzó en agosto de 1914 pero sus orígenes se remontan a más de cuarenta años antes</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph">Para comprender bien la Primera Guerra Mundial <strong>es imprescindible bucear en los orígenes de la Europa dónde estalló el conflicto</strong>. Sólo así se pueden entender las motivaciones de los contendientes, sus objetivos últimos y las decisiones que fueron tomadas en las cancillerías europeas y que, en última instancia, llevaron al inicio de la guerra. Por eso os presentamos ahora una pequeña serie de artículos que tendrán como título «Los orígenes» y que nos llevarán de 1870 a 1914.</p>



<h2 class="wp-block-heading" id="mce_0">Los orígenes de todo</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Y todo comenzó en un extremo de Europa, en un país considerado entonces una potencia de segundo orden que se encontraba sumida en un cierto caos político desde prácticamente el fin de las Guerras Napoleónicas&#8230; <strong>sí, hablamos de España</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando el general <strong>Juan Prim</strong> ofreció al príncipe <strong>Carlos Antonio de Hohenzollern-Sigmaringen</strong> que su hijo <strong>Leopoldo</strong> fuese rey de España no sabía que aquello iba&nbsp;a causar dos guerras. La primera, entre 1870 y 1871, enfrentaría al II Imperio Francés de <strong>Napoleón III</strong> con la Prusia de <strong>Guillermo I</strong>. La segunda, entre 1914 y 1918, provocaría un conflicto masivo que&nbsp;acabaría con el mundo tal y como se lo conocía hasta entonces, de hecho se la denominó «La Gran Guerra».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero recapitulemos un poco porque&nbsp;vamos a darnos un paseo por los orígenes profundos de la Primera Guerra Mundial.</p>



<figure class="wp-block-image is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/Prim-subasta-la-corona-de-España.jpg" alt="" class="wp-image-858" width="747" height="557"/><figcaption>Primo, Serrano y Topete subastan la corona de España (1869).</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">En 1868 España no tenía rey. La reina <strong>Isabel II</strong> había abandonado el país con lo puesto y el hombre fuerte del régimen postborbónico, <strong>el general catalán Juan Prim</strong>, había logrado convencer a tirios y troyanos para que el país adoptase nuevamente un sistema monárquico constitucional. Sólo había una condición: el nuevo rey no podía ser un Borbón. Ni en broma. Así que Prim, ni corto ni perezoso, se dedicó a ofrecer la corona a ramas menores de algunas familias reales europeas (para este y otros momentos del XIX español, recomendamos los <a href="https://exploralibros.com/ficcion/novela/episodios-nacionales-galdos/" target="_blank" rel="noreferrer noopener" aria-label="Episodios nacionales de Galdós (se abre en una nueva pestaña)">Episodios nacionales de Galdós</a>). Y uno de sus candidatos, aceptado por las Cortes, resultó ser el joven <strong>Leopoldo Hohenzollern</strong>, pariente del rey de Prusia Guillermo I.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Leopoldo primero dijo que no aceptaba pero, tras pensárselo mejor y recibir una persuasiva visita del todopoderoso canciller prusiano <strong>Otto von Bismarck</strong>, cedió y dijo que sí, que vale, que contasen con él para ser rey de España.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero esto no cayó muy bien en el país que afirmaba ser la potencia hegemónica en la Europa continental. ¿De qué país podemos estar hablando?&nbsp;<strong>Efectivamente, hablamos de Francia</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En 1870 Francia era ni más ni menos que un Imperio. Concretamente el Segundo Imperio. Y su emperador era un pintoresco individuo llamado <strong>Napoleón III</strong> (sobrino de <strong>Napoleón Bonaparte</strong> y casado con la granadina <strong>Eugenia de Montijo</strong>). Pues bien, a este señor y a su gobierno no la hacía mucha gracia que su bonito país se encontrase, otra vez, rodeado por dos reinos gobernados por una dinastía de origen germánico.&nbsp;¿Qué era eso de que España y Prusia tuviesen reyes Hohenzollern? ¡Intolerable!</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="alignleft is-resized"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/Napoleon-III.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/Napoleon-III.jpg" alt="Napoléon III. Emperador, cupletista y pésimo estratega." class="wp-image-861" width="200" height="300"/></a><figcaption>&nbsp;<em>Napoléon III. Emperador, cupletista y pésimo estratega.</em></figcaption></figure></div>



<p class="wp-block-paragraph">A eso se unía además que Bismarck, el canciller prusiano, había&nbsp;logrado que <strong>Prusia se convirtiese en el reino dominante</strong> dentro del puzzle de Estados&nbsp;denominado «Confederación de Alemania del Norte». Y no quedaba ahí la cosa, sino que, además, tenía la intención de anexionar los estados independientes del sur de «Alemania» con los que ya tenían firmados unos acuerdos secretos tras haber derrotado en una guerra en 1866 a la otra potencia «germánica»: Austria-Hungría.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En definitiva, a Napoleón III no le gustaba la idea del general Juan Prim y no dudó en hacerle saber al rey Guillermo I de Prusia que si Leopoldo Hohenzollern se convertía en rey de España <strong>habría problemas con Francia</strong>. El prusiano decidió recular pero al final, entre unas cosas y otras, el asunto terminó bastante mal por una jugada muy perra llevada a cabo por el canciller Bismarck y que ha pasado a la Historia como «el asunto del Telegrama de Ems».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Resumiéndolo mucho pasó esto:</p>



<p class="wp-block-paragraph">Guillermo I se encontraba tomando sus baños en el balneario de Ems. Un día le fue a visitar el embajador francés para recordarle que Leopoldo Hohenzollern no debía aceptar ser <em>roi d&#8217;Espagne</em>. El rey prusiano le dijo que sí, que se acordaba, que era un pesado, pero que vale. Asunto concluido. Y le envió un telegrama a su canciller, que estaba en Berlín, para contarle su encuentro con el embajador. Bismarck, tuvo entonces una idea brillante y muy retorcida. Re-escribió parte del telegrama haciendo quedar muy mal al embajador francés y le envió copias a la <em>prensa amiga</em> para que se hiciera eco y provocase la ira de los mandamases de París. Porque, querido lector, Bismarck <strong>quería una guerra</strong>&nbsp;para debilitar a Francia y lograr su gran ambición política: unificar a todos los estados alemanes y proclamar el Imperio Alemán dirigido por Guillermo I. Pero el Canciller de Hierro no era tonto y sabía que era necesario que Prusia no apareciese como la potencia agresora para evitar que otros países pudiesen acudir en ayuda de Francia. Por lo tanto, tenía que conseguir que fuese París el que declarase la guerra y no a la inversa. Así que tendió una trampa atacando algo que entonces, en pleno siglo XIX, aún significaba algo: el honor.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="alignleft"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/Bismarck.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" width="180" height="300" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/Bismarck-180x300.jpg" alt="Bismarck, el Canciller de Hierro. Experto en salchichas." class="wp-image-864" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/Bismarck-180x300.jpg 180w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/Bismarck.jpg 540w" sizes="auto, (max-width: 180px) 100vw, 180px" /></a><figcaption>&nbsp;<em>Bismarck, el Canciller de Hierro. Experto en salchichas.</em></figcaption></figure></div>



<p class="wp-block-paragraph">La reacción francesa fue casi inmediata arrastrados por «el honor herido» de ver como los prusianos se burlaban de ellos: Napoleón III <strong>declaró la guerra</strong> a Prusia y, al hacer eso, cavó su propia tumba. En apenas nueve&nbsp;meses las tropas prusianas, siguiendo el plan orquestado por el general <strong>Helmuth von Moltke</strong> (quédense con este nombre porque su sobrino será el protagonista de una próxima entrada), cercaron París. Debido a la derrota, el Segundo Imperio francés se hundió y fue sustituido por la Tercera República que firmó la rendición incondicional ante Prusia. De ese modo el plan de Bismarck lograba su objetivo por completo. En 1871 ninguna potencia europea se podía oponer a la unificación alemana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El 18 de enero de ese año&nbsp;<strong>Guillermo I de Prusia</strong> fue proclamado emperador de Alemania en la Galería de los Espejos del palacio de Versalles (comenzando una escalofriante tradición entre franceses y alemanes de obligarse unos a otros a firmar en lugares «emblemáticos» las respectivas rendiciones). Surgía de nuevo&nbsp;en suelo europeo, mutada, cambiada, reorganizada, la vieja entidad política que había sido conocida&nbsp;como el <em>Sacro Imperio Romano Germánico</em>. Pero ahora el antiguo Emperador, heredero de los césares romanos, en vez de arrodillarse ante la Cruz y ser el defensor de la Cristiandad, era el <strong>káiser</strong> de un Imperio que pretendía dominar Europa con el derecho que emanaba de sus trenes, cañones y bayonetas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La unificación alemana <strong>suponía la realización de la pesadilla que los gobernantes franceses&nbsp;habían intentado evitar</strong> desde el siglo XVI. Mientras los estados germanos habían estado divididos en centenares de unidades minúsculas y sin influencia ningún país europeo había supuesto una amenaza real a la hegemonía continental de Francia. Sin embargo, en 1871 surgía nuevamente un estado unificado, férreamente dirigido desde Berlín&nbsp;y con el objetivo político de convertirse en&nbsp;una potencia mundial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, las bases sobre las que se cimentó el nuevo Imperio Alemán no eran tan sólidas como se esperaba. La derrota francesa y las condiciones de la rendición impuesta a París generaron <strong>nuevos focos de tensiones y rivalidades entre los dos países</strong>. Francia debería pagar indemnizaciones millonarias a Berlín, reconocería las fronteras del Imperio y su derecho a disponer de colonias en ultramar en igualdad de condiciones con el resto de grandes potencias europeas y, lo más doloroso, cedería las regiones de Alsacia y Lorena a Alemania.</p>



<figure class="wp-block-image"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/Europa-Paz-Armada.png"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="922" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/Europa-Paz-Armada-1024x922.png" alt="La Europa de la Paz Armada." class="wp-image-962" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/Europa-Paz-Armada-1024x922.png 1024w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/Europa-Paz-Armada-300x270.png 300w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/Europa-Paz-Armada.png 1837w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a><figcaption>&nbsp;<em>La Europa de la Paz Armada.</em></figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Francia accedió pero no olvidó la afrenta germana. Desde 1872 comenzó una catarsis nacional con&nbsp;un solo objetivo: <strong>vengar la derrota de 1870</strong> y recuperar las regiones arrebatadas, comenzando un creciente esfuerzo económico que dotase al país de un ejército capaz de enfrentarse a la maquinaria bélica alemana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por su parte, <strong>Alemania tuvo claro que su victoria no era permanente</strong> y que, antes o después, estallaría una nueva guerra con su vecino occidental, por lo que era vital mantener un ejército poderoso y moderno que garantizase que los cañones germanos volvieran a bombardear París en el futuro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En 1871 terminó la guerra Franco-Prusiana, en efecto, y&nbsp;comenzaba un periodo&nbsp;de aparente progreso y paz en Europa. Sin embargo, la tensión crecía sin parar y se planeaban nuevas guerras en los Estados Mayores de prácticamente todas las capitales europeas. París, Berlín, Moscú, Viena, Roma&#8230; se preparaban para un nuevo conflicto del que no sabían aún cuando estallaría ni a quienes enfrentaría pero una cosa estaba clara, <strong>la guerra era inevitable</strong>, y el que la ganase dominaría el mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Comienza así la época conocida como <strong>la Paz Armada, </strong>que terminará con un asesinato en Sarajevo el 28 de junio de 1914.</p>
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		<title>Alzar banderas contra el rey</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Juanjo Pérez]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 31 Jan 2014 18:39:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Moderna]]></category>
		<category><![CDATA[Monarquía Hispánica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En 1591 la huida de Madrid de Antonio Pérez, secretario de Felipe II, provocó una revuelta en Aragón y permitió que se creara la famosa Leyenda Negra.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><em>(Prefacio: Este artículo está lleno de paréntesis para explicar algunos detalles importantes. He intentado que no frenen el desarrollo del texto pero como soy bastante poco hábil en estos menesteres  me temo que no lo he conseguido. Las quejas, como siempre, en el archivo situado en la parte inferior derecha de sus pantallas. Sí, ahí, en la papelera).</em></p>
<p><div id="attachment_695" style="width: 253px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/01/Felipe-II.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-695" class="size-medium wp-image-695 " src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/01/Felipe-II-243x300.jpg" alt="Felipe II, el rey prudente pero con un secretario tirando a malvado." width="243" height="300" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/01/Felipe-II-243x300.jpg 243w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/01/Felipe-II-832x1024.jpg 832w" sizes="auto, (max-width: 243px) 100vw, 243px" /></a><p id="caption-attachment-695" class="wp-caption-text"><em>Felipe II, el rey prudente pero con un secretario tirando a malvado.</em></p></div></p>
<p style="text-align: justify;">No es este el lugar dónde hablaremos de la vida y obras de <strong>Antonio Pérez</strong>, quien fuera secretario personal del rey <strong>Felipe II</strong> y artífice, en gran medida, del nacimiento de la infausta y falseada <strong>Leyenda Negra española</strong>. Pero este lugar sí es perfecto para que dediquemos unas líneas a uno de los efectos colaterales que tuvo su famosa traición al rey más poderoso «do mondo».</p>
<p style="text-align: justify;">Corría el año 1591 y las cosas no iban del todo bien en la monarquía hispánica que dirigía desde una tupida estructura de Consejos y despachos el rey prudente. En las calles de Madrid había sido asesinado el secretario personal de su hermanastro, don Juan de Austria, y muchas voces acusaban al propio monarca de estar detrás de la conjura que había desatado aquella muerte. Al final, de un modo un tanto extraño, se había descubierto que el organizador del apiolamiento había sido <strong>Antonio Pérez, secretario personal del rey</strong>. Fue preso al poco tiempo y, de no haberse escapado de las cárceles de Madrid, su cabeza se habría separado de su cuerpo.</p>
<p><!--Ads1--></p>
<p style="text-align: justify;">¿A dónde podría ir el muy mentecato? Pues al único sitio dónde podía reclamar una cierta protección para su poco valioso pescuezo: su tierra natal, el reino de Aragón. Pero <strong>¿acaso aquel reino no estaba también gobernado por Felipe II?</strong>¿Cómo pretendía salvarse de la larga mano del rey adentrándose en otro de sus dominios patrimoniales? Pues de un modo muy sencillo, invocando el privilegio aragonés de la <strong>«manifestación»</strong>. Y esto sí que iba a liar las cosas.</p>
<p style="text-align: justify;">Antes de seguir avanzando en este relato es preciso detenerse un instante en unas consideraciones de carácter político (lo siento, de veras). Durante la Edad Media una parte muy importante de los territorios europeos se configuraron política y administrativamente entorno al sistema feudal. Este sistema consistía, básicamente, en una estructura de poder piramidal en cuya cúspide se encontraban los monarcas; bajo ellos, en un segundo plano, los nobles y el clero; y abajo del todo, formando la gran base social, el pueblo llano. Este sistema tenía una serie de excepciones que se fueron acentuando con el paso de los años. Unas de estas excepciones eran las ciudades. <strong>El encaje de las ciudades</strong> o los burgos (de ahí el nombre dado posteriormente a sus integrantes: los burgueses o la burguesía) <strong>dentro de la estructura feudal supuso la inclusión de un nuevo sujeto político en un mundo dominado por la sencillez del planteamiento «señor-vasallo»</strong>. Los burgueses no eran nobles pero eran gente libre y, en muchos casos, dominaban el comercio y las nacientes artes liberales. Los reyes, viendo en ellos un excelente contrapoder a la nobleza, no dudaron en incluirlos en las estructuras organizativas de los reinos que comenzaron a desarrollarse en el siglo XI,<strong> las Cortes o Parlamento o Estados Generales o Dieta</strong>.</p>
<p><div id="attachment_698" style="width: 227px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/01/antonio-perez.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-698" class="size-medium wp-image-698 " src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/01/antonio-perez-217x300.jpg" alt="Antonio Pérez, exsecretario, conspirador y excusa para todo." width="217" height="300" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/01/antonio-perez-217x300.jpg 217w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/01/antonio-perez.jpg 254w" sizes="auto, (max-width: 217px) 100vw, 217px" /></a><p id="caption-attachment-698" class="wp-caption-text"><em>Antonio Pérez, exsecretario, conspirador y excusa para todo.</em></p></div></p>
<p style="text-align: justify;">En las Cortes el rey reunía a representantes de la nobleza, del clero y de las ciudades y por medio de diversos compromisos, acuerdos y decisiones, se iban sacando adelante las solicitudes que plantease el monarca o alguno de los estamentos presentes. Normalmente <strong>el rey solicitaba dinero o tropas y a cambio otorgaba privilegios, legislaba a favor de unos u otros, impartía justicia, pactaba nombramientos, limitaba su poder o lo que fuese menester.</strong> Este sistema se desarrolló en mayor o menor medida en toda Europa entre los siglos XI y XV y aunque no siempre funcionó del todo bien (hubo guerras entre las Cortes y los reyes en prácticamente todos los países) sí permitió desarrollar un sistema denominado <strong>monarquía pactista</strong>. El concepto de <strong>monarquía absoluta</strong> vino después y supuso el derrumbe de la estructura feudal medieval al suponer el desequilibrio en el reparto del poder a favor de los monarcas (pero eso ya lo veremos en otro artículo).</p>
<p style="text-align: justify;">Lo importante ahora es quedarnos con la idea de que <strong>los reyes medievales no disponían de todo el poder en sus manos</strong> y tenía en frente un organismo que aglutinaba en cierto sentido al resto de fuerzas vivas del reino y suponía un freno para la hegemonía total de los monarcas. Ese «equilibrio» quedaba plasmado en los llamados <strong>Fueros o Leyes Viejas o Bill of Rights</strong> o como se quieran llamar en cada sitio y momento. Estos textos eran <strong>compilaciones de los privilegios y leyes que los monarcas habían sancionado en las distintas Cortes y en los que, normalmente, se decía a las claras qué cosas podía hacer el rey y cuales no.</strong> En otras palabras, qué condiciones debía cumplir para hacer tal o cual cosa sin que se produjese un «contrafuero» o un acto de abuso de poder y, por lo tanto, ilegal.  El asunto era importante porque los reyes, al ser coronados, tenían que jurar cumplir las Leyes o Fueros o sino no recibían la legitimidad del reino y, por extensión, su lealtad.  Desde luego, <strong>los reyes en  cuanto podían se saltaban los fueros o trataban de modificarlos o directamente eliminarlos y las Cortes, en cuanto podían (con un rey débil o niño o con el trono vacío y en disputa), buscaban reforzar sus privilegios</strong> y recortar el poder del rey. Todo muy entretenido y lleno de puñaladas, como podemos imaginar.</p>
<p style="text-align: justify;">Volvemos ahora al relato de Felipe II y su secretario huido.</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando se detectó la presencia de Antonio Pérez en tierras aragonesas (escondido en un monasterio en la localidad de Calatayud) <strong>Felipe II dio orden de que se le apresase inmediatamente</strong>. La operación la llevaron a cabo los alguaciles reales bajo el mando del <strong>virrey de Aragón, Iñigo de Mendoza, primer marqués de Almenara</strong>, quien había llegado al reino unos pocos meses antes y, a su vez, estaba enfrascado en una serie de disputas con la nobleza local.  El marqués, logró descubrir el paradero del exsecretario del rey gracias a que compró la voluntad de uno de los ayudantes del prófugo. Cuando procedió al traslado del prisionero a Zaragoza, <strong>Antonio Pérez invocó su «privilegio de manifestación» que consistía en ser custodiado por autoridades ajenas al control del monarca hasta que se celebrase juicio.</strong> El virrey, pillado por sorpresa, no tuvo más remedio que hacer cumplir el fuero y le encarceló en la «cárcel de manifestados» hasta que le llegasen instrucciones del rey desde Madrid.</p>
<p style="text-align: justify;">La situación comenzó a enrarecerse de inmediato puesto que <strong>el reo logró establecer contacto con varios nobles (ni más ni menos que el duque de Villahermosa y el conde Aranda) que estaban realmente incómodos con la presencia en Aragón del marqués de Almenara</strong>. A fin de cuentas existía un litigio en el reino desde tiempos de los Reyes Católicos en torno a quien podía ocupar el cargo de «virrey». Los Fueros señalaban claramente que <strong>debía ser un aragonés</strong>, sin embargo, el mismísimo Fernando el Católico no había dudado en nombrar a un catalán y ahora, Felipe II enviaba a un marqués castellano. Los ánimos, por lo tanto, ya estaban un poco agitados antes de que hiciese acto de presencia el exsecretario real.</p>
<p style="text-align: justify;">El virrey, viendo que las cosas se empezaban a complicar, comenzó a crear a su alrededor una comunidad de intereses políticos en la que consiguió introducir al obispo de Teruel,  el arzobispo de Zaragoza, al conde de Sástago y, especialmente, <strong>al veterano Juan IV de Lanuza, Justicia del Reino y persona muy respetada por el pueblo y la nobleza</strong>. Entre todos comenzaron a debatir como lograr que el exsecretario pudiese ser condenado en un eventual juicio en Aragón.</p>
<p style="text-align: justify;">A mediados de mayo de 1591 llegó una misiva desde Madrid. <strong>Antonio Pérez había sido juzgado en rebeldía acusado de traición al rey y se le había condenado a muerte en Castilla</strong>. Sin embargo, <strong>en Aragón aquella resolución no tenía efecto alguno a ser jurisdicciones completamente separadas</strong>. Pero la carta no sólo decía eso. También <strong>añadía una orden de arresto contra el reo basada en motivos religiosos</strong> ya que, durante el juicio, habían salidos  a la luz ciertos detalles que señalaban que existía herejía y, por lo tanto, <strong>la Inquisición podía actuar</strong> puesto que no estaba sujeta a las limitaciones y garantías forales. Y ahora se armó la gorda.</p>
<p><div id="attachment_705" style="width: 562px" class="wp-caption aligncenter"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/01/Antonio_Pérez_liberado_por_el_pueblo_aragonés_en_1591-_Manuel_Ferran_Bayona_-_57551.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-705" class="wp-image-705 " title="Antonio Perez liberado " src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/01/Antonio_Pérez_liberado_por_el_pueblo_aragonés_en_1591-_Manuel_Ferran_Bayona_-_57551.jpg" alt="" width="552" height="420" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/01/Antonio_Pérez_liberado_por_el_pueblo_aragonés_en_1591-_Manuel_Ferran_Bayona_-_57551.jpg 789w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/01/Antonio_Pérez_liberado_por_el_pueblo_aragonés_en_1591-_Manuel_Ferran_Bayona_-_57551-300x228.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 552px) 100vw, 552px" /></a><p id="caption-attachment-705" class="wp-caption-text"><em>Antonio Pérez liberado y a punto de huir a Francia (dejando el marrón a sus «liberadores»).</em></p></div></p>
<p style="text-align: justify;">Nunca sabremos con exactitud qué oscuros secretos de Estado debía conocer Antonio Pérez pero <strong>el hecho de que Felipe II estuviese dispuesto a utilizar un tribunal religioso en un asunto meramente judicial nos da buena cuenta de la importancia que tenía para el rey acallar al prófugo</strong>. Además, deja bien claro que <strong>la Inquisición fue un arma de las monarquías Habsburgo y Borbón netamente política más que una organización al servicio de la Iglesia</strong> (lo que trataremos en otro artículo bastante polémico).</p>
<p style="text-align: justify;">El virrey obedeció y el 21 de mayo <strong>ordenó el traslado del reo de la cárcel de Manifestados a la cárcel de la Inquisición</strong>. El traslado se haría por sorpresa para evitar incidentes pero, de algún modo, los amigos del reo (en especial el conde Aranda) <strong>descubrieron el plan y trataron de impedirlo movilizando a una multitud</strong> que, sin embargo, llegó al lugar cuando el detenido ya había sido entregado a los alguaciles de la Inquisición en el Palacio de la Aljafería. La multitud, armada con palos, cuchillos y todo tipo de objetos contundentes, dirigida por miembros de la baja nobleza, burgueses y ricoshombres locales,  al grito de <strong>«¡Contrafuero, contrafuero!»</strong>, se enfrentó a la escasa guardia del virrey que patrullaba las calles. Comenzaron una serie de enfrentamientos que se extendieron por varias zonas de Zaragoza. Los soldados, ampliamente superados, se replegaron hasta el palacio del virrey pero <strong>no pudieron impedir que los insurrectos irrumpieran en su interior</strong>. El marqués de Almenara les hizo frente  pero fue gravemente herido. Junto a él se encontraba el mismísimo Justicia de Aragón que trató de protegerle pero que también se llevó lo suyo. <strong>Unos pocos días después, como consecuencia de sus heridas, moría el virrey</strong> y a los pocos meses le seguía Juan IV de Lanuza.</p>
<p style="text-align: justify;">El nuevo virrey, el obispo de Teruel, <strong>temiendo que se produjesen nuevas revueltas</strong>, y ante una información que recibió en la que se afirmaba que se estaba preparando el asalto al palacio de la Aljafería, sede del tribunal de la Inquisición y lugar dónde se encontraba Antonio Pérez, <strong>ordenó que se devolviese al detenido a la cárcel de Manifestados</strong>. Sin embargo una nueva misiva llegada desde Madrid el 23 de septiembre exigía que el exsecretario pasase a control inquisitorial de inmediato.</p>
<p style="text-align: justify;">El obispo de Teruel, habiendo aprendido la lección de su antecesor en el cargo, movilizó un mayor número de soldados para efectuar el nuevo traslado. Pero, lamentablemente para él, sus rivales habían hecho lo mismo y, además, contaban ahora con el apoyo de los alguaciles de la cárcel de Manifestados y con <strong>el nuevo Justicia de Aragón, el joven e inexperto Juan V de Lanuza, hijo del anterior Justicia</strong>. El enfrentamiento en las calles fue esta vez mucho mayor. En algunas zonas de la ciudad se llegaron a entablar algunos combates con armas de fuego. La situación se volvió tan peligrosa que <strong>el virrey, junto con las autoridades municipales y muchos miembros de la alta y baja nobleza, huyeron de la ciudad</strong>. En la confusión reinante los amotinados sacaron de la cárcel a Antonio Pérez aclamándole como si fuese un héroe.</p>
<p style="text-align: justify;">Los rebeldes se hicieron con el control de Zaragoza y trataron de movilizar desde allí al resto del reino aragonés en contra del rey. <strong>Alegaban que Felipe II había traicionado su juramento ante las Cortes y que hacía del permanente contrafuero su modo de gobernar en Aragón</strong>. Estos mensajes, enviados por el Justicia de Aragón, parecían realmente escritos por los miembros de la alta nobleza aragonesa que pretendían hacerse con el control del reino, el duque de Villahermosa y el conde Aranda. Desde Zaragoza también partieron mensajeros a Barcelona y Valencia tratando de que el Principado de Cataluña y el Reino de Valencia se uniesen a la revuelta. <strong>Sin embargo, ni las ciudades y pueblos de Aragón ni los otros territorios de la Corona respondieron a la llamada de los rebeldes, de hecho mostraron su absoluta lealtad al monarca para evitar suspicacias y sospechas.</strong></p>
<p><div id="attachment_706" style="width: 650px" class="wp-caption aligncenter"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/01/Los_ltimos_momentos_de_Lanuza_Eduardo_L_pez_del_Plano_alasombradelasabina1.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-706" class="size-full wp-image-706 " src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/01/Los_ltimos_momentos_de_Lanuza_Eduardo_L_pez_del_Plano_alasombradelasabina1.jpg" alt="Ejecución de Juan de Lanuza" width="640" height="545" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/01/Los_ltimos_momentos_de_Lanuza_Eduardo_L_pez_del_Plano_alasombradelasabina1.jpg 640w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/01/Los_ltimos_momentos_de_Lanuza_Eduardo_L_pez_del_Plano_alasombradelasabina1-300x255.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px" /></a><p id="caption-attachment-706" class="wp-caption-text"><em>Ejecución de Juan de Lanuza, Justicia de Aragón. Fue tan valiente como ingenuo.</em></p></div></p>
<p style="text-align: justify;">Desde Madrid se veía como el asunto de la fuga de Antonio Pérez <strong>había derivado en una rebelión abierta que amenazaba la estabilidad y fortaleza de la monarquía hispánica</strong>. Además, la proximidad de Francia añadía un extra de peligro a la situación puesto que existía la posibilidad de que aquel reino tratase de beneficiarse de la situación. Felipe II decidió actuar severamente y movilizó un ejército castellano de 12.000 soldados al mando de Alonso de Vargas.</p>
<p style="text-align: justify;">En noviembre el ejército penetró en Aragón desde la localidad de Ágreda y se dirigió a Zaragoza. Esta incursión también era un «contrafuero» pero ¿qué más daba a esas alturas? <strong>La alta nobleza aragonesa se puso del lado del rey Felipe II, igual hicieron las ciudades con presencia en Cortes y la baja nobleza se dividió pero no tenía capacidad de movilización militar</strong>. Sólo el Justicia de Aragón y sus más cercanos colaboradores trataron de «proteger» el fuero aragonés y lograron movilizar un pequeño contingente que salió al encuentro de las tropas reales. Ni siquiera hubo batalla. Cuando los rebeldes vieron desplegado el ejército real (la mayor parte de él compuesto de veteranos de los Tercios) se disgregaron y emprendieron la huida. <strong>El 14 de noviembre Alonso de Vargas entraba en Zaragoza y restituía al virrey en su lugar</strong>. Siguiendo órdenes de Felipe II <strong>no llevó a cabo represalia alguna contra la ciudad y sus pobladores salvo contra los dirigentes de la alteración</strong>. <strong>Juan de Lanuza fue ejecutado sin mediar proceso judicial alguno</strong>, el duque de Villahermosa y el conde de Aranda (que habían huido) fueron apresados y enviados a Madrid dónde murieron en prisión. Y Antonio Pérez&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Antonio Pérez había escapado de la ciudad en septiembre</strong>, cruzando a Francia ese mismo mes y, desde allí a Inglaterra, fuera del alcance de Felipe II y dispuesto a convertirse en lo que es a día de hoy: el origen de la terrible (y mayoritariamente falsa) Leyenda Negra española.</p>
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<p style="text-align: justify;">El 20 de octubre, cerrando el falso drama que había sido el origen de la revuelta, tuvo lugar un Auto de Fe en Zaragoza en el que se quemó en efigie al exsecretario del rey y en el que fueron ejecutados (estos en persona) otros nueve líderes de la revuelta. Al año siguiente, en las Cortes de Tarazona de 1592, se modificaban (no se abolían) algunos aspectos del fuero del reino otorgando más poder al rey y plena disposición jurisdiccional a la Inquisición en asuntos «de Fe». <strong>Se daba muestra así del uso y abuso que la monarquía estaba dispuesta a hacer de la Inquisición como arma política</strong>. También se mostraba que el sistema feudal europeo basado en la existencia de un precario equilibrio entre los reyes y los demás estamentos seguía derrumbándose. Poco a poco se daban pasos hacia un sistema absolutista que alcanzará su cenit en la Francia de Luis XIV y en la España de Felipe V.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero esa es otra historia.</p>
<p>La entrada <a href="https://reasilvia.com/2014/01/alzar-banderas-contra-el-rey/">Alzar banderas contra el rey</a> aparece primero en <a href="https://reasilvia.com">Rea Silvia</a>.</p>
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		<title>Un inglés, un francés y una española</title>
		<link>https://reasilvia.com/2013/10/un-ingles-un-frances-y-una-espanola/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Juanjo Pérez]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 27 Oct 2013 18:32:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Medieval]]></category>
		<category><![CDATA[Pleno Medievo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La historia de una boda que cambió para siempre la política, la nobleza y las fronteras de la Europa medieval.</p>
<p>La entrada <a href="https://reasilvia.com/2013/10/un-ingles-un-frances-y-una-espanola/">Un inglés, un francés y una española</a> aparece primero en <a href="https://reasilvia.com">Rea Silvia</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<dl id="attachment_334">
<dd></dd>
<dd></dd>
<dd></dd>
</dl>
<p style="text-align: justify;">Las bodas son siempre un motivo de alegría. Salvo cuando tienen como consecuencia <strong>una docena de guerras, la excomunión de todo un país, miles de muertos, la práctica extinción de una dinastía y el inicio de un conflicto europeo que se extenderá durante doscientos años</strong>. Es lo que tenía el siglo XIII&#8230; ¡Vivan los novios!</p>
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<p style="text-align: justify;">Todo comenzó en otra boda unos pocos meses antes. En el año 1200 <strong>Leonor de Aquitania</strong>, a la sazón octogenaria, acudió a la corte de Castilla a buscar a una de sus nietas para casarla con el heredero de Francia, el jovencísimo <strong>príncipe Luis</strong>. Entre sus nietas eligió a la hermosa <strong>Blanca</strong> y, tras convencer a los padres de la cría (<strong>los reyes Alfonso VIII y Leonor</strong>), partió velozmente hacia París. Su plan era muy <strong>sencillo, desesperado y tremendamente ambicioso</strong>.</p>
<ul>
<li><strong>Sencillo</strong> porque el rey de Francia estaba encantado de casar a su hijo con una princesa que garantizase la amistad de su reino con Castilla y con Inglaterra.</li>
<li><span style="text-align: justify;"><strong>Desesperado</strong> porque Leonor intentaba por todos los medios salvar la mayor parte de su legado y del de su segundo (y difunto) esposo, el rey Enrique II Plantagenet.</span></li>
<li><span style="text-align: justify;"><strong>Ambicioso</strong> porque creaba la posibilidad real de que las coronas de Francia e Inglaterra terminasen unidas en una sola cabeza, mitad Capeta y mitad Plantagenet.</span></li>
</ul>
<p>&nbsp;</p>
<p><div id="attachment_842" style="width: 268px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/10/King_John.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-842" class="wp-image-842 size-medium" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/10/King_John-258x300.jpg" alt="(El inglés).El rey de Inglaterra Juan Sin Tierra, experto en cagarla." width="258" height="300" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/10/King_John-258x300.jpg 258w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/10/King_John.jpg 874w" sizes="auto, (max-width: 258px) 100vw, 258px" /></a><p id="caption-attachment-842" class="wp-caption-text">(El inglés).El rey de Inglaterra Juan Sin Tierra, experto en cagarla.</p></div></p>
<p style="text-align: justify;">La boda, por lo tanto, era un planazo y la ceremonia tuvo lugar el 23 de mayo del año 1200.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero, como hemos dicho al principio, esta boda fue, en realidad, <strong>el prólogo de otra boda</strong>. Y es esta segunda boda la que <strong>sembró la Cristiandad de cadáveres durante casi dos siglos</strong>.</p>
<p>Durante los esponsales de Blanca y Luis se trasladó a Francia (reino dónde se celebraba el enlace) el tío de la novia, <strong>el mismísimo rey Juan I de Inglaterra (más conocido como Juan sin Tierra)</strong>. Juan era un monarca con bastante mala fama por varias razones: su hermano mayor fue <strong>Ricardo Corazón de León</strong>; su reinado se estaba caracterizando por ser <strong>decadente y disoluto</strong>; y su madre, la reina Leonor, <strong>lo consideraba un incapaz</strong> y no dudaba en decírselo a quien quisiera oírla.</p>
<p style="text-align: justify;">Pues bien, Juan Sin Tierra, acudió a la boda de su sobrina y, como era tradición en esos tiempos, al terminar la misma decidió darse una vuelta por sus feudos en Francia. <strong>Hay que tener en cuenta que en esta época el rey de Inglaterra, además de ser el soberano de la isla, tenía multitud de territorios bajo su control directo en Francia</strong> (Aquitania, Gascuña, Normandía, Bretaña, Poitou, Anjou, Maine). Y esto ¿cómo se explica? Bueno, habría que remontarse a la invasión normanda de Inglaterra en el año 1066 y eso es ya irse muy atrás en el tiempo. <strong>Lo resumo mucho:</strong> el duque de Normandía era un vasallo del rey de Francia. Un buen día decidió invadir Inglaterra aprovechando que ese país estaba en guerra. Lo conquistó y, por lo tanto, pasó a ser el nuevo rey de Inglaterra. Así que, al mismo tiempo, era duque de Normandía (y por lo tanto vasallo del rey de Francia) y rey de Inglaterra. Por medio de varios matrimonios, consiguió hacerse con el señorío de otros territorios bajo su control dentro de Francia.</p>
<p><div id="attachment_349" style="width: 1019px" class="wp-caption aligncenter"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/10/france_1154-map.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-349" class="size-large wp-image-349 " src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/10/france_1154-map-1009x1024.jpg" alt="france_1154 map" width="1009" height="1024" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/10/france_1154-map-1009x1024.jpg 1009w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/10/france_1154-map-295x300.jpg 295w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/10/france_1154-map.jpg 1065w" sizes="auto, (max-width: 1009px) 100vw, 1009px" /></a><p id="caption-attachment-349" class="wp-caption-text">Reparto de los señoríos franceses cuando Juan I accede al trono. En tonos marrones sus feudos y vasallos. En blanco bordeado con naranja los del rey Felipe. Aunque el Condado de Toulouse es del rey de Aragón (que no sale en este artículo pero que tiene su aquél).</p></div></p>
<p style="text-align: justify;">Volviendo a Juan Sin Tierra. Como habíamos dicho, tras la boda de Blanca y Felipe, <strong>el rey de Inglaterra acudió al castillo de Lusignan donde su señor, el conde Hugo de la Marca, le presentó a su prometida la joven y bellísima Isabel de Angulema.</strong> La joven debía ser muy atractiva porque el rey se quedó prendado y, apenas un par de semanas después, se casó con ella en el castillo del conde de Angulema. Repito la jugada: <strong>el rey le levantó la novia (y su heredad, claro está) al conde Hugo</strong>, que se quedó bastante alucinado y un pelín cabreado.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Ya tenemos la boda. Ahora empieza el espectáculo.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Juan, siendo consciente de que había sido bastante cabroncete y con la conciencia muy poco tranquila, decidió regresar a Inglaterra a toda velocidad para que su jovencísima esposa (tenía catorce años la criatura) fuese rápidamente coronada. De ese modo se garantizaba que el matrimonio fuese prácticamente indisoluble. El 8 de octubre de 1200 Isabel es coronada en Westminster.</p>
<p style="text-align: justify;">Como era de esperar el cornud&#8230; el pobre conde Hugo de la Marca se pilló un rebote bastante considerable. No sólo le había quitado a la novia, sino que aquello era más bien una burla. <strong>El rey Juan, su señor, había traicionado el código feudal por completo al comportarse de aquella manera con uno de sus vasallos. Así que, ni corto ni perezoso, se dirigió a su «otro señor», el rey de Francia y reclamó justicia.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">El rey Felipe no es que estuviera contento, es que aplaudía con las orejas. El torpe Juan Sin Tierra le había servido en bandeja la ocasión para quitarle todos sus dominios en Francia ya que, <strong>al traicionar a un vasallo, perdía la legitimidad feudal de dominio y señorío. Un mal señor dejaba de serlo a los ojos de Dios y de los hombres y, por lo tanto, se disipaban las obligaciones contraídas hacia él: obediencia, lealtad, servidumbre.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Pero antes de invocar semejante prerrogativa, <strong>el rey de Francia optó por buscar una salida negociada y pacífica</strong>, a fin de cuentas <strong>el rey de Inglaterra era su vasallo como duque de Normandía</strong>, y evitar la guerra siempre era una buena opción. Además, hay que tener en cuenta que despojar a Juan de sus dominios exigiría un conflicto militar costoso y largo.</p>
<p style="text-align: justify;">Se cursaron mensajes solicitando al rey de Inglaterra que negociase una compensación para Hugo de la Marca pero desde Londres hicieron oídos sordos. Se intentó lograr un acuerdo en París durante una estancia del monarca inglés allí pero lo único que se logró fue que Juan quisiese zanjar el asunto por medio de un <strong>«duelo judicial» o lo que venía a ser una lucha de campeones: el que ganaba tenía razón y punto</strong>. Pero esa solución no se estilaba desde mediados del siglo XI. Mientras tanto, <strong>el rey de Inglaterra se caracterizaba por seducir a las esposas e hijas de la mitad de sus vasallos a ambos lados del Canal de la Mancha</strong>, con el correspondiente mosqueo por parte de la mayor parte de la nobleza. Viendo como se estaba poniendo de interesante la cosa, <strong>Felipe Augusto decidió ordenar a Juan que compareciera ante sus iguales</strong> <strong>en una corte de barones del reino</strong> a lo que, como era de esperar, el monarca inglés contestó que le esperasen sentado porque él estaba muy por encima de esas cosas.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>El 28 de abril de 1202 la corte de barones declaró que Juan era un soberbio, un faltón, un chulo, un lerdo y un perjuro (lo más grave de todo)</strong> <strong>y que, por lo tanto, todas las tierras que había recibido del rey de Francia (o sea, sus feudos en el Continente) ya no le pertenecían legítimamente</strong>. Dicho de otro modo: le expropiaron sus tierras. Y, como no podía ser de otro modo, Felipe Augusto nombró nuevo dueño de una buena parte de ellas a un pretendiente bastante molón: <strong>Arturo de Plantagenet o «de Bretaña», sobrino del rey Juan</strong> (era el hijo de un hermano mayor de Juan, Godofredo de Bretaña, muerto bastantes años atrás), y persona con unas ganas tremendas de arrebatar a su tío las posesiones de este en Francia.</p>
<p><div id="attachment_844" style="width: 247px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/10/Louis-Félix_Amiel-Philippe_II_dit_Philippe-Auguste_Roi_de_France_1165-1223.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-844" class="wp-image-844 size-medium" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/10/Louis-Félix_Amiel-Philippe_II_dit_Philippe-Auguste_Roi_de_France_1165-1223-237x300.jpg" alt="(El francés). El rey Felipe II &quot;Augusto&quot; de Francia. Atención a la pose." width="237" height="300" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/10/Louis-Félix_Amiel-Philippe_II_dit_Philippe-Auguste_Roi_de_France_1165-1223-237x300.jpg 237w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/10/Louis-Félix_Amiel-Philippe_II_dit_Philippe-Auguste_Roi_de_France_1165-1223.jpg 317w" sizes="auto, (max-width: 237px) 100vw, 237px" /></a><p id="caption-attachment-844" class="wp-caption-text">(El francés). El rey Felipe II «Augusto» de Francia. Atención a la pose.</p></div></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>La guerra estaba servida y no tardó en comenzar</strong>. Normandía, la cuna de la dinastía Plantagenet, fue la primera en ser atacada con bastante éxito, de hecho <strong>el rey Juan huyó en más de una ocasión sin combatir ganándose por ello el sobrenombre de «Corazón de Muñeca» en contraposición al que tuvo su hermano Ricardo «Corazón de León»</strong>. En cambio, más al sur, en el Poitou, la cosa no fue muy bien para Arturo y su hueste. El joven pretendiente fue apresado tras una breve batalla (la única que ganará Inglaterra en toda esta guerra). Después, por orden de su propio tío, fue torturado y asesinado. Cuando la noticia se conoció en Francia dos años después muchos vasallos de Juan Sin Tierra, bastante descontentos con el proceder de su rey, acudieron en masa a ver a Felipe Augusto para ofrecerle vasallaje y lealtad.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Muerto Arturo de Bretaña, el rey Felipe de Francia decide que ha llegado la hora de buscar un nuevo «pretendiente» a las posesiones de los Plantagenet en Francia, y esa persona es su nuera, Blanca de Castilla, la esposa de su hijo Luis</strong>. A fin de cuentas Blanca era <strong>nieta de Leonor de Aquitania y del rey Enrique II</strong>, y podía esgrimir ciertos derechos a la corona de Inglaterra y a los señoríos franceses. Por lo tanto en 1206 el monarca francés decide poner en marcha la conquista de las islas para garantizarle a su nuera «su legítima heredad».</p>
<p style="text-align: justify;">Mientras tanto el rey Juan, que se caracterizaba por ser un metepatas de primer orden, <strong>se había enfrentado abiertamente a la Iglesia de Roma al tratar de imponer a su candidato al puesto de arzobispo de Canterbury</strong>. Como consecuencia de aquella disputa cayó sobre el reino <strong>un interdicto papal</strong> (prohibición de celebración de misas abiertas, negación de algunos sacramentos, etc.) y casi la mitad del clero y de los barones se revelaron abiertamente contra el rey. Su respuesta fue agudizar aún más su reinado de terror sobre Inglaterra, ajusticiando a nobles, clérigos, seglares, pueblo llano y shérifs. <strong>El malestar contra él iba en aumento y ya había gentes que imploraban que los franceses acabasen con aquella maldición en forma de rey y pusiesen en su lugar a la reina Blanca de Castilla</strong>. (<em>Por cierto es en estos años cuando surge el mito, leyenda o cuento de Robin Hood</em>).</p>
<p style="text-align: justify;">Así que cuando Felipe Augusto organizó la invasión de Inglaterra parecía que el reinado de Juan Corazón de Muñeca estaba a punto de tocar a su fin.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>¿Sería el final de la guerra? ¡Claro que no!</strong> Aún tenían que pasar bastantes más cosas, incluyendo una nueva guerra que casi desintegra Francia.</p>
<p style="text-align: justify;">En mayo de 1213 se convocó a los barones del reino para que aportasen tropas, barcos y pertrechos a la proyectada invasión pero, hete aquí que uno de ellos no se presentó: <strong>el conde Ferrán de Flandes, que optó por unirse a Juan Sin Tierra</strong>. Y lo más grave es que sin los puertos de Flandes era casi imposible atacar Inglaterra. Casi a la vez otro importante noble francés, <strong>Reinaldo de Dammartin, conde de Boulogne se alió con Juan Sin Tierra y arrastró consigo a un creciente número de nobles del norte de Francia, de Holanda y de Alemania</strong>. La invasión de Inglaterra quedó suspendida para siempre.</p>
<p><!--Ads2--></p>
<p style="text-align: justify;">Para colmo el rey Juan, en un movimiento bastante ingenioso, <strong>entregó la corona al legado papal, jurando vasallaje a Inocencio III, y poniendo su reino a las órdenes de la Santa Sede</strong>. De ese modo pasaba a estar protegido por el Sumo Pontífice como «vasallo» y, por lo tanto, atacarle suponía atacar al mismo Papa.<strong> Ahora era él quien preparaba un ejército de mercenarios para invadir sus antiguas posesiones en Francia</strong>. Además, logró que su sobrino, el emperador alemán <strong>Otón IV organizase una invasión de Francia por el este</strong> para deponer a Felipe Augusto (puesto que <strong>el rey de Francia apoyaba las pretensiones de Federico de Hohenstaufen para alzarse con la corona imperial</strong>).</p>
<p><div id="attachment_341" style="width: 275px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/10/blanca-de-castilla.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-341" class="size-medium wp-image-341 " src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/10/blanca-de-castilla-265x300.jpg" alt="Blanca de Castilla" width="265" height="300" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/10/blanca-de-castilla-265x300.jpg 265w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/10/blanca-de-castilla.jpg 330w" sizes="auto, (max-width: 265px) 100vw, 265px" /></a><p id="caption-attachment-341" class="wp-caption-text">(La española). Blanca de Castilla.</p></div></p>
<p style="text-align: justify;">La posición de Felipe II parecía insostenible. Atacado por dos frentes a la vez (Juan, por el oeste; Ferrán, Reinaldo y Otón, por el este) su única esperanza consistía en dividir su menguante ejército, comandar él mismo uno y ceder el mando del otro a su hijo Luis. El rey partió al encuentro de la amenaza mayor, proveniente de Alemania. <strong>El 27 de julio de 1214, en los campos de Bouvines, el ejército francés aplastó a sus enemigos. Casi a la vez, en el este, el príncipe Luis ponía en fuga al rey Juan Sin Tierra en La Roche-aux-Moines.</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>La guerra termina pero no las consecuencias de la precipitada boda del rey Juan con la hermosa Isabel de Angulema</strong>. Desde ahora los reyes ingleses querrán recuperar sus dominios en Francia quedando sembradas las semillas de la terrible <strong>Guerra de los Cien Años</strong> entre ambos reinos. También existirán terribles consecuencias en el seno del <strong>Sacro Imperio Romano Germánico</strong> ya que el nuevo emperador, <strong>Federico II</strong>, se caracterizó por sus problemas con el papado, llegando a provocar una serie de guerras en el Imperio y en Italia. Y al pobre Juan Sin Tierra es ahora cuando en Inglaterra le estallará en la cara la <strong>Carta Magna</strong>, la guerra contra todos sus barones y la invasión del reino por el príncipe Luis de Francia (el marido de Blanca de Castilla) reclamando la corona para su esposa.</p>
<p style="text-align: justify;">Como veis, las bodas son siempre un motivo de alegría&#8230; para alguien.</p>
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		<title>La culpa de los Erasmus es de San Benito</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Juanjo Pérez]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 25 Apr 2013 23:04:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Medieval]]></category>
		<category><![CDATA[Pleno Medievo]]></category>
		<category><![CDATA[Universidad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Roma cayó, pero no todo se perdió, y gracias a las reglas monásticas, unos siglos después, aparecieron las universidades.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">En los<strong> siglos XII y XIII</strong> los planes de estudio universitarios no contenían un gran número de asignaturas por carrera. De hecho no había carreras como tales. Ni planes de estudio. Ni universidades. O no al menos como los conocemos y entendemos hoy en día.<strong> Las escuelas monacales</strong> (entre los siglos IV y IX d.C.),<strong> las escuelas catedralicias</strong> (entre los siglos IX y XIII d.C.) y, finalmente,<strong> los Estudios Generales</strong> (a partir del siglo XII), fueron los instrumentos o instituciones  de que se dotó la Cristiandad tras la caída del Imperio Romano de Occidente para trasmitir los conocimientos heredados del desaparecido mundo Clásico.</p>
<p><div id="attachment_182" style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/04/fin-de-roma.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-182" class="size-medium wp-image-182 " src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/04/fin-de-roma.jpg?w=300" alt="Vinieron los bárbaros, se subieron a los árboles y se comieron los pájaros." width="300" height="194" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/04/fin-de-roma.jpg 700w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/04/fin-de-roma-300x194.jpg 300w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/04/fin-de-roma-110x70.jpg 110w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a><p id="caption-attachment-182" class="wp-caption-text">Vinieron los bárbaros, se subieron a los árboles y se comieron los pájaros.</p></div></p>
<p style="text-align: justify;">Cuando Roma comenzaba a deshilacharse en lo que luego serían los reinos germanos <strong>(Visigodos en Hispania, Ostrogodos en Italia, Francos en la Galia, Sajones y Anglos en Britania</strong>) no había ninguna institución civil encargada de acumular y preservar los conocimientos culturales del Imperio. Las guerras, las invasiones, la crisis económica y el lento colapso del orden legislativo romano habían destruido el tejido social que había sustentado durante quinientos años la cultura latina. Todo parecía perdido. Sin embargo el legado de Roma sobrevivió gracias a que supo mezclarse en esos años de cambio y crisis con la joven y dinámica religión Cristiana.</p>
<p><!--Ads1--></p>
<p style="text-align: justify;">Serían<strong> tres monjes y un Papa</strong> los que, en un periodo de tiempo de casi doscientos años, pusieron los cimientos sobre los que se asentó el último bastión del conocimiento clásico. <strong>Casiodoro, San Pacomio, San Benito y el papa San Agapito I</strong> (vamos a denominarles, con todos los respetos,<strong> los Cuatro Fantásticos</strong>), impulsaron la obligatoriedad de que los monjes cristianos recibiesen una instrucción adecuada para sus labores religiosas estableciendo un rudimentario “plan de estudios”. Y ese plan iba a ser una adaptación de la sistematización de la enseñanza del conocimiento creada por<strong> Platón y Pitágoras</strong> y que formaba al estudiante en las llamadas<strong> “Artes Liberales”.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Agarraos que vienen curvas, vamos a explicar muy por encima el plan en cuestión porque este salto es crucial para entender todo lo demás. Las dudas, al final.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo primero que hay que explicar es en qué consistía eso de las “Artes Liberales”.</p>
<p><div id="attachment_183" style="width: 238px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/04/san-benito.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-183" class="size-medium wp-image-183 " src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/04/san-benito.jpg?w=228" alt="Ora et labora... y aprende a leer y sumar." width="228" height="300" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/04/san-benito.jpg 305w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/04/san-benito-228x300.jpg 228w" sizes="auto, (max-width: 228px) 100vw, 228px" /></a><p id="caption-attachment-183" class="wp-caption-text">Ora et labora&#8230; y aprende a leer y sumar.</p></div></p>
<p style="text-align: justify;">En el mundo clásico (Grecia y Roma), <strong>donde la esclavitud era algo normal y muy extendido</strong>, se distinguía claramente entre las dedicaciones propias de los<strong> hombres libres </strong> (normalmente molonas o de usar el cerebro) y las dedicaciones de<strong> los esclavos o siervos</strong> (normalmente caracterizas por tener que hacer uso del músculo). Esta división no era exacta ni excluyente por supuesto (muchos hombres libres eran granjeros, soldados o marineros, por ejemplo) pero especialmente en Roma,<strong> raro era el ciudadano romano que no tenía, al menos, un esclavo</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">Esta distinción derivó en la idealización (<em>PLATONISMO PURO Y DURO</em>) de la <strong>formación intelectual que debían recibir los hombres libres para el correcto desempeño de sus funciones</strong>. Ese conjunto de “preparaciones (artes) idealizadas” pasó  a ser conocido como<strong> las “Artes Liberales”</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Y estas “Artes” cuantas y cuáles eran?</p>
<p style="text-align: justify;">Sencillo. <strong>Eran siete organizadas en dos grupos</strong>. El primer grupo era conocido como el<strong> Trivium</strong> (las tres vías, en latín) y venía a ser la “enseñanza básica”. Hasta que no se dominasen correctamente no se podía abordar el siguiente grupo. Consistían en la<strong> Gramática</strong> (que nos permite hablar correctamente), la<strong> Dialéctica</strong> (que nos permite buscar la verdad) y la<strong> Retórica</strong> (que nos permite dotar de formas bellas nuestro discurso y pensamiento). Las tres artes, unidas, conformaban la <strong>Elocuencia,</strong> la base del pensamiento y del conocimiento. La idea era clara: si no sabes hablar no sabrás hacer nada y no se te podrá distinguir de los animales y las bestias (niño estudia o te convertirás en un burro “que no sabe hablar y sólo rebuzna”… ¿lo van cogiendo?).</p>
<p style="text-align: justify;">Una vez se superaba el Trivium se podía abordar el siguiente nivel, el <strong>Quadrivium</strong> (exacto, las cuatro vías) que permitían acceder al conocimiento de las <strong>Matemáticas</strong>. Lo formaban cuatro Artes distintas pero muy relacionadas entre sí. La <strong>Aritmética</strong> (el conocimiento de los números), la <strong>Geometría</strong> (el dominio de los ángulos y el espacio), la <strong>Astronomía</strong> (el conocimiento de los astros) y la <strong>Música</strong> (la elaboración de los cantos).</p>
<p style="text-align: justify;">Pues bien, como íbamos diciendo, cuando el Imperio Romano de Occidente bajó la persiana estas Artes (y todo lo que tenían relacionado) se habrían ido al garete de no ser porque<strong> fueron rescatadas por el Cristianismo a través de las reglas monásticas</strong>. Los Cuatro Fantásticos creyeron conveniente que los monjes tuviesen unos ciertos conocimientos “básicos” que les permitiesen llevar a cabo sus funciones religiosas y espirituales con un mínimo de calidad. Así que los monasterios se dedicaron a dar formación a sus integrantes siguiendo el esquema de las Artes Liberales clásicas convenientemente redirigidas a garantizar la pervivencia de los conocimientos culturales y religiosos del mundo Cristiano-Romano. Comienza así, de manera un poco caótica y desorganizada, ese proceso tan laborioso y lento de “copiar y pegar” de manuscritos antiguos (tanto religiosos como seculares) entre los siglos V y XIII d.C.</p>
<p><div id="attachment_184" style="width: 254px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/04/artes-liberales.gif"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-184" class="size-medium wp-image-184 " src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/04/artes-liberales.gif?w=244" alt="Aquí las Artes Liberales, aquí unos amigos." width="244" height="300" /></a><p id="caption-attachment-184" class="wp-caption-text">Aquí las Artes Liberales, aquí unos amigos.</p></div></p>
<p style="text-align: justify;">Por lo tanto,<strong> tenemos que los monasterios se dotan de una función escolástica colateral</strong> enfocada estrictamente a la formación de los monjes pero que permite que en estos lugares comiencen a acumularse escritos (¡conocimientos!) de todos los campos del saber. Además, la formación se extiende poco a poco a un ámbito religioso superior, la enseñanza de la Teología, la Apologética, el Derecho y el estudio de las Sagradas Escrituras.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>El desarrollo monástico en la Cristiandad logra que se salven algunos documentos, escritos y obras del mundo clásico pero no todos</strong>. Pese al esfuerzo de la Iglesia la desaparición del Imperio Romano  y el menguante espacio geográfico ocupado por la Cristiandad latina hacen imposible preservarlo todo (entre los siglos V y VIII d.C. se pierden por distintas causas la práctica totalidad de Britania e Hispania, Sicilia, África, Egipto y el Levante mediterráneo y todos los monasterios y sedes episcopales situados allí, casi tres cuartas partes del total quedando reducido el espacio geográfico cristiano al territorio Franco, Italia y el menguante Bizancio). <strong>Las escuelas monásticas, por lo tanto, vienen a ser una incompleta “copia de seguridad”</strong> que preserva lo poco que está a su alcance durante casi quinientos años.</p>
<p style="text-align: justify;">Será ya en los siglos X, XI y XII cuando comiencen a desarrollarse las llamadas<strong> “escuelas catedralicias o episcopales”</strong> <strong>a partir de las bibliotecas de las catedrales.</strong> Estas, al igual que las monásticas, seguirán enfocadas plenamente a la formación de clérigos pero, en muchos casos,<strong> estos pasarán a formar parte de las cortes y a gestionar asuntos relacionados con la administración política y pública</strong>. Además, es ahora cuando tiene lugar la <strong>Reforma Gregoriana</strong> y sus apabullantes consecuencias culturales, imprescindibles para que se produzca la llamada <strong>“revolución del siglo XII”</strong>.</p>
<p><div id="attachment_185" style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/04/san-juan-de-la-pec3b1a.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-185" class="size-medium wp-image-185 " src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/04/san-juan-de-la-pec3b1a.jpg?w=300" alt="San Juan de la Peña, ejemplo de monasterio con su escuela acoplada" width="300" height="158" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/04/san-juan-de-la-pec3b1a.jpg 950w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/04/san-juan-de-la-pec3b1a-300x158.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a><p id="caption-attachment-185" class="wp-caption-text">San Juan de la Peña, ejemplo de monasterio con su escuela acoplada</p></div></p>
<p style="text-align: justify;">En lo tocante a los estudios sólo nos quedaremos con una idea muy sencilla y concreta: la Reforma Gregoriana concedió plena independencia y protección al clero en toda Europa, frente al poder político gracias al esfuerzo del papa Gregorio VII en el año 1079 (durante la famosa <b>Querella de las Investiduras</b>, de la que hablaremos otro día). <strong>Esta independencia permitió que las escuelas catedralicias, inmunes a los señores feudales y los vaivenes de sus intereses, comenzasen a  desarrollarse más allá del estudio teológico</strong>. Así, las Artes Liberales siguen usándose en ellas como “plan de estudios” que da acceso a las nuevas enseñanzas que una sociedad más urbanizada requiere tales como el Derecho o la Medicina. Los obispos y los miembros del cabildo con funciones de enseñanza <strong>(arcediano, maestrescuela, chantre y canciller)</strong> son los supervisores de estas escuelas y son ellos quienes dan el visto bueno a los clérigos ajenos al obispado que deseen recibir o impartir clases. Este “permiso” es conocido como la <i>licentia docendi</i>. Un poco más tarde, en 1179, el papa Alejandro III, dispondrá qué requisitos deberá tener un estudiante para lograr el permiso para ejercer labores docentes, o lo que es lo mismo el título de “maestro”, con el que podrá también ejercer funciones laborales.</p>
<p style="text-align: justify;">Las escuelas catedralicias pronto se convierten en los centros autorizados y protegidos por la Iglesia (quedan todas ellas bajo la protección papal) para difundir los conocimientos en la Cristiandad aunque no hay que verlas, todavía, como universidades.<strong> Destacan Reims, Lieja, Laon, París y, sobre todo, Chartres, en Francia. En Inglaterra surge Oxford. En España es ahora cuando surgen las escuelas catedralicias de Barcelona, Huesca, Zaragoza, Toledo, Palencia, Segovia y Santiago de Compostela.</strong>  En Italia se produce el fenómeno del nacimiento de<strong> escuelas sostenidas por las municipalidades</strong> que sustituyen o amplían las escuelas catedralicias previamente existentes, como <strong>Cremona, Módena, Parma, Reggio Emilia, Pisa, Rávena y Bolonia. También surgen ahora dos escuelas excepcionales por ser las únicas especializadas en Medicina: Montpellier y Salerno.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Su programa<strong> sigue siendo eminentemente teológico</strong> y está enfocado mayoritariamente a la formación de clérigos (muchos de los cuales llegarán a ser obispos, consejeros reales, abades e incluso papas) si bien<strong> el Derecho y la Medicina son tenidos por estudios importantes y ven crecer su presencia en todas las escuelas catedralicias</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">La enseñanza no sigue unos planes unificados o iguales, tampoco la duración de los mismos es el mismo en unas escuelas y otras aunque sí que era muy similar la secuencia lógica de aprendizaje: lectura y comentario de los “auctores” y discusión entre el maestro y los estudiantes hasta llegar a una “sententia” sobre su valor doctrinal. El sistema se verá reforzado por la<strong> reintroducción del pensamiento de Aristóteles en la cultura europea gracias a las escuelas de traductores de Toledo, Huesca y Sicilia y a la importación de saberes desde Bizancio</strong>. Comienza ha desarrollarse la escolástica y nuevos métodos de enseñanza y pensamiento. Además la movilidad del clero, sujeto a la independencia lograra por el papa Gregorio VII, permitió algo así como que se pusieran en marcha “intercambios” culturales entre unas escuelas catedralicias y otras.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>En definitiva comienza la Revolución del siglo XII.</strong></p>
<p><div id="attachment_186" style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/04/oxford.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-186" class="size-medium wp-image-186 " src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/04/oxford.jpg?w=300" alt="Oxford, un icono del desarrollo cultural medieval" width="300" height="224" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/04/oxford.jpg 999w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/04/oxford-300x224.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a><p id="caption-attachment-186" class="wp-caption-text">Oxford, un icono del desarrollo cultural medieval</p></div></p>
<p style="text-align: justify;">Es a partir del año 1150, aproximadamente, cuando el crecimiento de la población permite<strong> que surjan las ciudades nuevamente en la geografía europea</strong>. Este hecho provoca que aparezca una nueva sociedad, alejada del sistema eminentemente feudal (atado a la explotación agrícola, los señoríos y el servilismo campesino), concentrada en los núcleos urbanos que ven florecer nuevos oficios, actividades y tienen, por extensión, nuevas necesidades. <strong>Y esas necesidades, ligadas a la creciente actividad comercial, vendrán a ser cubiertas por las “escuelas catedralicias” en un primer momento y por los nuevos Estudios Generales en los albores del siglo XIII</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">Se comienzan a crear los llamados <b>Estudios Generales</b> o <b>Universidades de maestros y escolares</b> que vienen a romper la ancestral subordinación de las “ciencias” a la Teología, convirtiendo el estudio de las mismas en un fin en sí mismo. Estas ciencias serán, en un primer momento,<strong> el Derecho, la Medicina, las Artes y la Filosofía</strong>. Su creación es la respuesta que ofrece la sociedad medieval a los nuevos retos que debe afrontar. <strong>Algunas escuelas catredalicias pasan a ser “universidades”</strong>, otras, en cambio, serán creadas de manera completamente separada de la Iglesia aunque muchos de sus maestros y estudiantes seguirán siendo clérigos. Pero<strong> es ahora cuando aparece la figura del “maestro” secular</strong>, sin vinculación con la Iglesia, sino que plenamente dedicado a la labor de la enseñanza y el estudio.</p>
<p style="text-align: justify;">En España la primera universidad será e<strong>l Estudio General de Palencia</strong>, creado sobre la escuela catedralicia por orden del rey Alfonso VIII en 1212. Poco después, en 1218, Alfonso IX creará la<strong> Universidad de Salamanca</strong>, que verá reforzada sustancialmente sus prebendas, títulos y recursos por parte de Alfonso X “el Sabio”, siendo especialmente significativo el cambio del estudio de la Teología por el del Derecho. De hecho Salamanca será, junto con Bolonia, una de las universidades más prestigiosas de toda la Cristiandad.</p>
<p><div id="attachment_187" style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/04/universidad-de-salamanca.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-187" class="size-medium wp-image-187 " src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/04/universidad-de-salamanca.jpg?w=300" alt="Universidad de Salamanca. La universidad por antonomasia." width="300" height="200" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/04/universidad-de-salamanca.jpg 2000w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/04/universidad-de-salamanca-300x200.jpg 300w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/04/universidad-de-salamanca-1024x683.jpg 1024w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a><p id="caption-attachment-187" class="wp-caption-text">Universidad de Salamanca. La universidad por antonomasia.</p></div></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Las universidades se caracterizarán en toda Europa por una serie de novedades</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">En primer lugar, como ya se ha señalado, surge la figura del maestro “profesional”, sin dedicaciones religiosas. Los alumnos, igualmente, son en su gran mayoría “escolares” sin otro oficio durante sus largos años de formación. Por lo tanto el cuerpo docente se dedica por completo al estudio y análisis de las materias estudiadas.</p>
<p style="text-align: justify;">La técnica de enseñanza parte del uso del latín como única lengua válida (lo que también explica la gran movilidad existente entre todas las universidades europeas pues todas ellas usan el mismo “idioma de trabajo”).</p>
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<p style="text-align: justify;">Se marcan claramente las Autoridades intelectuales a seguir: Aristóteles, Graciano, los Santos Padres y las Sagrada Escrituras.</p>
<p style="text-align: justify;">Se utiliza<strong> la lógica aristotélica</strong> como proceso de análisis, estudio y crítica, siguiendo los dictados de la razón en todo momento.</p>
<p><div id="attachment_188" style="width: 255px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/04/rata.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-188" class="size-medium wp-image-188" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/04/rata-245x300.jpg" alt="Ñiiii, ñiiii (&quot;os vamos a poner mirando a la Meca malditos humanos&quot;)." width="245" height="300" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/04/rata-245x300.jpg 245w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/04/rata.jpg 271w" sizes="auto, (max-width: 245px) 100vw, 245px" /></a><p id="caption-attachment-188" class="wp-caption-text">Ñiiii, ñiiii («os vamos a poner mirando a la Meca malditos humanos»).</p></div></p>
<p style="text-align: justify;">En definitiva, cambia la concepción del Saber y de la realidad social.<strong> Se comienza a construir la estructura de pensamiento y análisis de nuestra sociedad actual</strong> y, lo más importante, se abandona casi por completo el riesgo de que la Cristiandad (último reducto del mundo Clásico greco-latino) desaparezca… <strong>¿o no?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">En otra ocasión hablaremos de qué pasó para que lo que parecía una época llamada a adelantar el Renacimiento trescientos años se truncase unos años después, a mediados del siglo XIV.</p>
<p style="text-align: justify;">Sólo adelantaremos una pista:<strong> las ratas casi nos exterminan</strong>. Para que luego os haga gracia Mickey Mouse.</p>
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