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	<title>Militar Archivos - Rea Silvia</title>
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		<title>La III Guerra Púnica</title>
		<link>https://reasilvia.com/2014/08/la-iii-guerra-punica/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Álvaro Bermúdez Caballero]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 20 Aug 2014 16:47:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Antigua]]></category>
		<category><![CDATA[Roma]]></category>
		<category><![CDATA[Cartago]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La caída definitiva de Cartago no fue sólo el fin de una ciudad, fue el cierre definitivo del choque de dos civilizaciones, extinguiéndose una de ellas de forma violenta.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h2>Una cuestión de poder</h2>
<p>55 años tras el fin de la II Guerra Púnica, el nuevo tributo que Roma impuso a Cartago había sido pagado –200 talentos de plata al año durante 50 años, poca cosa–, pero la ciudad púnica <strong>se las había arreglado para prosperar económicamente en su restringida parcela del norte de África</strong>. Los romanos habían obligado a Cartago a reconocer la independencia de Numidia, a no expandirse más allá de su territorio –la ciudad y una extensión relativamente considerable de ciudades libio-fenicias más o menos leales–, además, no podía declarar la guerra sin el permiso de Roma, no sólo para atacar, tampoco podía defenderse sin pedir permiso. A efectos prácticos, Cartago era un estado clientelar forzado cuyo tributo había expirado, hecho que sumado al poderío comercial de la ciudad <strong>la convertía de nuevo en un punto molesto sobre el mapa del Mediterráneo</strong>.</p>
<div align="center">
<p><!--Ads1--></p>
<p style="text-align: left;">Mientras Cartago estaba atada de pies y manos, Roma expandía su dominio por el resto del Mediterráneo. Los romanos decidieron permanecer en la Península Ibérica, primero como una medida para disuadir a los indígenas de volver bajo el regazo de los púnicos, y más tarde porque la tierra presentaba unas riquezas y posibilidades que acabaron por interesar mucho a la República: nodos comerciales con mucho potencial, vastas extensiones de cereales y una riqueza metalífera sin igual. El problema eran los indígenas. Los pueblos celtíberos –en especial los mesetarios y norteños– llevaban a sus espaldas siglos de tradición guerrera, además de la nula experiencia de ser dominados por otros, y <strong>Roma les había prometido ser liberados, no cambiar de dueño</strong>.</p>
<p style="text-align: left;">Pero los hijos de Marte se centraron por ahora en su oriente más cercano, Iliria y Grecia. <strong>Su conquista les resultaba mucho más coherente</strong>, por proximidad cultural y porque de algún modo se consideraban herederos de los helenos. Además, tenían cuentas pendientes con Macedonia y su queridísimo Filipo V. El mayor deseo de Roma era el de conquistar Grecia, mientras que no tenía claro qué hacer en Hispania, salvo quedarse en las regiones más afines culturalmente –grandes valles y zonas costeras– e ir adentrándose muy poco a poco hacia la meseta sin un objetivo realmente definido.</p>
<p style="text-align: left;">Así llegamos al 150 a.C. Roma se había expandido, demostrando que verdaderamente era el imperio que amenazaba con ser desde la II Guerra Púnica, y en la capital se había generado una corriente de patricios que, una vez pagados los tributos de guerra, <strong>pensaban que se debía proceder a la destrucción de Cartago</strong>. Era la espina clavada, habían pasado más de 100 años desde que los púnicos fueran unos vecinos peligrosos, y medio siglo desde que Aníbal pusiera pie en Italia, pero para muchos seguían siendo los enemigos que podían resurgir. Uno de los personajes más influyentes en esta corriente fue Catón el Viejo, quien siempre acababa sus discursos con la coletilla c<em>eterum censeo Carthaginem esse delendam–</em>además opino que Cartago debe ser destruida–. Al final, esta opinión ganó mucha fuerza, y los acontecimientos se aceleraron. Aquel año, Numidia atacó una ciudad libio-fenicia que Cartago auxilió sin el consentimiento de Roma. <strong><em>Casus belli </em>perfecto para la República</strong>. Las aguas del Mediterráneo trasportaron naves una vez más hacia la ciudad púnica, que portaban negras nuevas para sus habitantes.</p>
<p style="text-align: left;">Nuevamente, no se tiene claro bien qué sucedió ni por qué. Algunos afirman que fue un complot entre Roma y Numidia para obtener un <em>casus belli</em>, otros que verdaderamente todo ocurrió sin segundas intenciones de nadie. Cartago mostró una actitud coherente. Ofreció su rendición incondicional, pero Roma quería enviar a los púnicos tierra adentro, y esto no gustó a los cartagineses. Sería el fin de su poder comercial, modo de vida e identidad cultural. <strong>Así que finalmente retiraron su oferta y se resguardaron tras las sólidas murallas de su ciudad</strong>.</p>
<p style="text-align: left;">La guerra fue, básicamente, el asedio del ejército romano sobre Cartago, que duró 3 largos años. Además de unos altos y fuertes muros, <strong>la ciudad contaba con un puerto impenetrable con dos cuellos de botella</strong>, y en caso de penetrar por el mismo, los romanos debían enfrentarse a otra muralla.</p>
<p><center><iframe src="//www.youtube.com/embed/q7zSHksGaWE" width="640" height="360" frameborder="0" allowfullscreen="allowfullscreen"></iframe></center></p>
<p style="text-align: left;"><strong>Durante los primeros dos años los romanos no hicieron muchos avances en el asedio la ciudad</strong>, y las actuaciones de Pisón, el encargado de dirigir las operaciones durante el segundo año, no gustaron al Senado. En Roma pensaron en Publio Cornelio Escipión Emiliano, quien había desempeñado unas labores militares magníficas el primer año como subordinado, salvando el pellejo más de una vez a sus superiores. El propio Catón –de nuevo– se pronunció a favor del descendiente del vencedor de Zama, quien finalmente fue elegido cónsul sin contar con la edad necesaria, y fue enviado a Cartago.</p>
<p style="text-align: left;"><strong>Escipión comenzó a construir una especie de dique para bloquear el puerto cartaginés</strong>, cortando las comunicaciones marítimas que daban provisiones a la ciudad. Además, el dique fue lo suficientemente amplio como para plantar maquinaria de asedio y abrir brechas en las murallas. Los púnicos resistieron como pudieron, e incluso consiguieron abrir una nueva salida al mar e incendiar parte de las máquinas de asedio romanas, pero los constantes ataques y las reparaciones a contrarreloj que debían realizar acabaron desbordando a los defensores.</p>
<p><!--Ads2--></p>
<p style="text-align: left;">Con el puerto nuevamente aislado y varias brechas en la muralla de la zona portuaria, Escipión planeó un ataque total sobre Cartago, y una operación de limpieza una vez que sus fuerzas hubiesen penetrado en la ciudad. La batalla final se alargó durante seis días, la ciudad púnica se había convertido en un entramado en el que cada casa, templo y plaza eran puntos fuertes donde los cartagineses ofrecían una feroz resistencia. Llegado el séptimo día, unos 50.000 púnicos se rindieron a Escipión, dejando las lanzas por cadenas, mientras varios centenares resistían en los templos más altos de la ciudad hasta que acabaron por suicidarse.<strong> Cartago fue derrumbada piedra a piedra, y sus antaño orgullosos habitantes, esparcidos por el Mediterráneo como esclavos</strong>.</p>
<p style="text-align: left;">Roma se sacó la espina largo tiempo clavada, y la reconvirtió en un águila imperial.</p>
<h4>Bibliografía</h4>
<p style="text-align: left;">—BAGNALL, N:<em> The Punic Wars 264-146 BC, </em>Oxford<em>, </em>Osprey Publishing, 2002.<br />
—SÁNCHEZ-MORENO, Eduardo (coord.): <em style="color: rgba(0, 0, 0, 0.952941);">Historia de España. Protohistoria y Antigüedad de la Península Ibérica vol. II. La Iberia prerromana y la Romanidad,</em><span style="color: rgba(0, 0, 0, 0.952941);"> Madrid, Sílex, 2007.</span></p>
<h4 style="text-align: center;">Contenido multimedia</h4>
</div>
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		<title>La II Guerra Púnica</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Álvaro Bermúdez Caballero]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 05 Jul 2014 19:14:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Antigua]]></category>
		<category><![CDATA[Roma]]></category>
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		<category><![CDATA[Hispania]]></category>
		<category><![CDATA[Militar]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Roma y Cartago se jugaron definitivamente el control del Mediterráneo en un largo conflicto de invasiones prolongadas y guerra de desgaste.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h2>Sagunto sí, Sagunto no</h2>
<p><strong>Nadie se pone de acuerdo en qué diablos pasó en Sagunto para que se armara la de Cristo entre Roma y Cartago</strong> por esta ciudad. Se ha dicho que unos aliados cartagineses la atacaron y era protegida de los romanos, también que no, que Sagunto estaba bajo protección cartaginesa, o que simplemente la conquistaron porque sí y que eso vulneraba el tratado del Ebro, pero no, porque estaba en el territorio en el que Cartago podía expandirse.</p>
<p><!--Ads1--></p>
<p>Todo este lío es porque no hay una respuesta buena. <a href="http://reasilvia.com/2013/11/a-hispania-a-por-esposas/">Como ya adelantamos</a>, puede ser factible que media ciudad fuera indígena –con lazos con los cartagineses– y otra media fuera griega –con estrechos lazos con Ampurias y así entraban en la cadena con Massalia y Roma–. Esto por sí mismo no explica nada, <strong>a no ser que se produjera una discusión interna en la que cada parte pidiera el arbitrio de su gran potencia paternalista preferida</strong>. En estas cada una arrimó el ascua a su sardina y el resto es sabido.</p>
<p>Roma envió legados a Cartago Nova, «dejad de joder ya con Sagunto», y Cartago dijo «¿Que si quiero o que si tengo?», y que no estaban violando ningún tratado –dicho sea de paso, a Roma le importaban tres pimientos los tratados, de hecho es normal encontrar expresiones en ellos del tipo de «<span style="color: black;">mientras el Pueblo y el Senado de Roma lo quieran», más claro agua: hoy no, mañana ya veremos. En pocas palabras, eran tiempos muertos, dejaban aparcados temas importantes por <a href="http://reasilvia.com/2013/12/asegurando-fronteras/">otros que eran más inmediatos</a>–. <strong>Vamos, que se declararon la guerra casi mutuamente</strong>, Roma pensaba que ya era hora de parar a los púnicos, y Cartago estaba preparadísima para lanzar un ataque relámpago sobre suelo itálico, así que realmente poco importa quién empezara. <strong>Lo de Sagunto era la excusa perfecta para los dos</strong>.</span></p>
<div id="attachment_876" style="width: 778px" class="wp-caption aligncenter"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/Aníbal.jpg"><img fetchpriority="high" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-876" class="wp-image-876 size-full" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/Aníbal.jpg" alt="¿Que si quiero o que si tengo?" width="768" height="313" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/Aníbal.jpg 768w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/Aníbal-300x122.jpg 300w" sizes="(max-width: 768px) 100vw, 768px" /></a><p id="caption-attachment-876" class="wp-caption-text">Aníbal, experto en acojonar romanos y dar vueltas por ahí</p></div>
<h2>A Italia a toda leche</h2>
<p><strong>Aníbal cogió su ejército y sus elefantes y puso rumbo a Italia</strong> –cabe destacar que Aníbal no era una especie de emperador ni gobernante supremo, actuaba en calidad de general con enormes poderes en el frente, pero nada más, el juego pesado, es decir, dónde iban a estar los frentes, con quién al cargo, la importancia de cada uno y la administración de todo el escenario corría a cuenta del Consejo Sagrado y del Tribunal de los 104, las épicas instituciones de gobierno de los púnicos– comenzando un ataque relámpago que nadie esperaba.</p>
<p>Los romanos habían decidido mandar a los cónsules del 218 a.C. a un frente cada uno: Tiberio Sempronio Longo iría con sus legiones a Sicilia para preparar un ataque anfibio sobre Cartago, y Publio Cornelio Escipión a Massalia <strong>para atacar Hispania, donde residía la fuerza que había impulsado a Cartago a plantarles cara de nuevo</strong>. Pero cuando se enteraron de que Aníbal iba hacia Roma sometiendo pueblos indígenas y cruzando cordilleras –para el verano de ese mismo año ya había cruzado los Pirineos– decidieron cambiar de estrategia: Publio Escipión entregó una de sus legiones a su hermano Cneo Escipión para que continuara la estrategia diseñada, y con la otra legión, Publio quedó en Massalia a la espera de Aníbal para proteger desde allí la Península Itálica. Por su parte, Sempronio Longo había llegado a Sicilia y ya tenía órdenes de volver, para cuando regresó a Italia, Aníbal había cruzado los Alpes y algunas piernas empezaban a temblar, porque Publio no consiguió parar a Aníbal, quien decidió no jugarse el pescuezo en Massalia y pasar de largo, ya había sudado bastante y no quería llegar desgastado a Italia.</p>
<div id="attachment_566" style="width: 780px" class="wp-caption aligncenter"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/12/Portadapunicas2.jpg"><img decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-566" class="wp-image-566" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/12/Portadapunicas2.jpg" alt="Turner" width="770" height="232" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/12/Portadapunicas2.jpg 2048w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/12/Portadapunicas2-300x90.jpg 300w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/12/Portadapunicas2-1024x308.jpg 1024w" sizes="(max-width: 770px) 100vw, 770px" /></a><p id="caption-attachment-566" class="wp-caption-text">Aníbal cruzando los Alpes &#8211; William Turner</p></div>
<p>Publio se trasladó a la frontera del norte donde tuvo una primera escaramuza con Aníbal, que acabó con el Escipión saliendo por patas vendándose sus heridas. Para finales de ese mismo año Sempronio Longo se había unido a Publio y juntos intentaron sin mucho tino parar al ejército invasor. <strong>Fue la primera gran victoria de los cartagineses en suelo itálico y dejaba la vía abierta para atacar Italia central</strong>, además, implicaron a pueblos galos del norte de Italia, «internacionalizando» el conflicto.</p>
<h2>¿Y ahora, qué?</h2>
<p>Durante el invierno del 217 a.C. los romanos se reorganizaron y reclutaron nuevas legiones, dirigidas por nuevos cónsules, aunque Publio fue enviado como procónsul a Hispania junto a su hermano Cneo, que había desembarcado en Ampurias y había dado lo suyo a uno de los generales púnicos que defendían la península, consiguiendo establecer la colonia griega y Tarraco como bases romanas. ¿Qué es eso de procónsul? Un cónsul con poderes extraordinarios que actúa «en lugar de» un cónsul al uso, eso significa el &#8216;pro-&#8216;. Tenía mucha libertad de acción pero tampoco era omnipotente, para situaciones extraordinarias y sin estar delimitado por nadie, al no ser un cargo colegiado. Es decir, Roma dio a Publio el poder para organizar a su gusto la guerra en Hispania, confiaban en el Escipión. Los dos hermanos van a repartir cera desde este momento hasta el 211 a.C., avanzando mucho contra los púnicos pero sin controlar del todo nada. En el año citado, <strong>tras dos derrotas consecutivas, los hermanos murieron en combate y las tropas restantes se replegaron hacia el Ebro</strong>.</p>
<p>Aníbal, entretanto, seguía a lo suyo, que era darse lanzadas con los romanos y apisonar la tierra itálica con los elefantes, algo que se le daba francamente bien. En el 217 a.C., en la emboscada del lago Trasimeno, el púnico dejó a Roma tiritando y la ciudad eterna a tres días de camino. Tal era el miedo en Roma, que <strong>decidieron nombrar a Quinto Fabio Máximo como dictador, que con imperium extraordinario temporal trataría de salvar a los romanos del desastre total</strong>.<a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/Battle_of_lake_trasimene-es.svg_.png"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter wp-image-871" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/Battle_of_lake_trasimene-es.svg_.png" alt="Emboscada del Trasimeno" width="497" height="383" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/Battle_of_lake_trasimene-es.svg_.png 1024w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/Battle_of_lake_trasimene-es.svg_-300x230.png 300w" sizes="auto, (max-width: 497px) 100vw, 497px" /></a>Aníbal no atacó Roma, tenía la esperanza de convertir a los pueblos latinos a su causa para debilitar a los romanos y propinarles un golpe final tan fuerte que poco iba a quedar de ellos, más que la anécdota de cómo casi crearon un imperio. Le salió mal, claro, <strong>la lealtad de estos pueblos a Roma era más sólida de lo que el púnico creía</strong>, así que se marchó a la costa Adriática para echar gasolina y pensar en el siguiente paso. Puede parecer una estupidez no haber atacado Roma habiendo estado <em>ad portas</em> mientras todos los romanos temblaban, pero por muy guay que se fuera, con un ejército no se iba a ser capaz de controlar Italia, iba a costar sangre sudor y lágrimas, y ahí estaban los escipiones que podían volver en cualquier momento.</p>
<div id="attachment_887" style="width: 159px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/250px-N26FabiusCunctator.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-887" class="wp-image-887 size-medium" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/250px-N26FabiusCunctator-149x300.jpg" alt="A ver, vente que te explico, Minucio..." width="149" height="300" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/250px-N26FabiusCunctator-149x300.jpg 149w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/250px-N26FabiusCunctator.jpg 250w" sizes="auto, (max-width: 149px) 100vw, 149px" /></a><p id="caption-attachment-887" class="wp-caption-text">A ver, ven que te explico, Minucio&#8230;</p></div>
<p><strong>La estrategia de Fabio Máximo fue la de no entablar combate directo con el púnico</strong>, al menos hasta conseguir las legiones necesarias mientras se debilitaba al ejército enemigo poco a poco. Algo que funcionó bien hasta que el genio de Aníbal volvió de entre las sombras en uno de los pasajes más famosos y probablemente con más leyenda del conflicto. El cartaginés había llevado a sus ejércitos a la Campania huyendo de las fuerzas de Fabio Máximo y buscando provisiones, pero a pesar de todo, el dictador había cortado las mejores posibilidades de Aníbal. Se dice que en una noche, Aníbal ató antorchas a los cuernos de 10.000 bueyes y Minucio, segundo de Fabio, los persiguió porque parecían un ejército en marcha, dejando el camino libre para el verdadero ejército. Sea como fuere, Aníbal y su ejército continuaron por donde querían, pero no hay que dejar pasar que conseguir 10.000 bueyes era un auténtico imposible, sin olvidar que habrían acabado con cualquier problema de aprovisionamiento que ningún ejército tuviera.</p>
<p>En Roma se vio como una novatada, así que le retiraron la dictadura a Fabio, aunque poco después se la volvieron a conceder, pero colegiada con Minucio, lo cual no tenía demasiado sentido, <strong>especialmente con las rencillas personales entre ambos</strong>, situación que los llevó a un nuevo desastre bélico que Fabio salvó a duras penas. Este follón organizativo se descompuso para el 216 a.C., volviéndose al sistema de cónsules, cargo al que accedieron Emilio Paulo y Varrón, los cracks de Cannas.</p>
<div id="attachment_880" style="width: 695px" class="wp-caption aligncenter"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/737px-Batalla_de_Cannas_Destrucción_romana.svg_.png"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-880" class="wp-image-880 " src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/737px-Batalla_de_Cannas_Destrucción_romana.svg_.png" alt="Martillo y yunque que te crió." width="685" height="479" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/737px-Batalla_de_Cannas_Destrucción_romana.svg_.png 737w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/737px-Batalla_de_Cannas_Destrucción_romana.svg_-300x209.png 300w" sizes="auto, (max-width: 685px) 100vw, 685px" /></a><p id="caption-attachment-880" class="wp-caption-text">Martillo y yunque que te crió. *216 a.C., no 215</p></div>
<p>Tampoco podemos ser tan injustos con los cónsules, no eran escipiones, pero delante tenían al general de generales, quien envolvió las líneas romanas, y cuando la superior caballería –especialmente la númida– <strong>despachó a los equites, les propiciaron un martillo y yunque épico</strong> –la famosa táctica de Alejandro Magno en la que la infantería pesada se enfrentaba frontalmente al enemigo, y cuando la caballería pudiera, atacaba a la espalda de la infantería enemiga rompiendo dramáticamente las filas–.</p>
<h2>Buitres y águilas</h2>
<p>Tras la derrota de Cannas, Aníbal consiguió lo que buscaba: pasarse aliados romanos a su bando, algunos buitres salieron a planear vaticinando la muerte de la presa herida. Pero se precipitaron. Algunas ciudades de Lucania –actual Basilicata–, Campania, Apulia y el antiguo Samnio se pasaron al bando cartaginés, y algo que hirió especialmente a los romanos fue que lo hiciera Capua –en Campania–, la segunda ciudad de Italia en el momento. Es en este contexto cuando realmente se acuña la expresión «<em>Hannibal ad portas</em>«, pues estuvo con sus ejércitos literalmente al lado de Roma, es en este momento cuando se planteó de verdad atacar la ciudad, pero optó por replegarse. <strong>Entre otras cosas porque no todo era positivo para Cartago</strong>, el Consejo de los Sagrados no tenía intención de enviar refuerzos a Italia –algo que nos hace pensar que Cartago no tenía un interés inmediato en controlar la península, ni siquiera en destruir Roma, y probablemente estaban más interesados en recuperar lo que se perdió y poner orden en Hispania–, y Asdrúbal, hermano de Aníbal y general en Hispania, no podía enviar refuerzos por mar, al ser la costa y el mar de dominio romano. Aunque Cartago se hizo con provisiones con las que además ya no contaba Roma, no pudo sanear el ejército tras ya 3 duros años de guerra y viajes.</p>
<div id="attachment_899" style="width: 230px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/220px-Filippo_V_-_MNR_Palazzo_Massimo.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-899" class="size-full wp-image-899" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/220px-Filippo_V_-_MNR_Palazzo_Massimo.jpg" alt="Filipo V, experto en tocar las narices" width="220" height="310" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/220px-Filippo_V_-_MNR_Palazzo_Massimo.jpg 220w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/220px-Filippo_V_-_MNR_Palazzo_Massimo-212x300.jpg 212w" sizes="auto, (max-width: 220px) 100vw, 220px" /></a><p id="caption-attachment-899" class="wp-caption-text">Filipo V, experto en tocar las narices</p></div>
<p><strong>Esta situación dio tiempo a los romanos para reorganizarse</strong>. No todo estaba perdido, contaban con una enorme red de colonias por todo el suelo italiano, y aunque sólo controlasen del todo el centro de Italia, era más vano de lo que parecía, pues contaban con ciudades leales tanto el sur como en el norte, y la capacidad para reclutar legionarios parecía seguir intacta. Y, sorpresa, Fabio Máximo volvió a ser elegido dictador, esta vez en solitario, y esta vez pudo hacer las cosas bien. Desde el 215 hasta el 211 a.C., los romanos volvieron a la táctica fabiana de hostigamiento, perpetrando rápidas incursiones y evitando el combate masivo directo, y poco a poco, durante esos años, se fue reconquistado todo lo perdido en sur de Italia, Capua incluida. Las águilas retomaron el tablero y los buitres volvían a sus nidos.</p>
<p>Entretanto, Córcega y Sicilia estuvieron al borde de perderse. El caso de la primera isla fue el de otras aves visionarias, que tras las primeras victorias de Aníbal se decidieron levantar contra Roma y pasarse al lado púnico, aunque tras un poco de tajo va y lanzada viene, la isla quedó claramente bajo dominio romano, además con dos legiones para controlar posibles levantamientos, el cordón de seguridad en el Tirreno era importante para la seguridad de Roma. En Sicilia, Siracusa acabó en manos de Cartago, quien envió un ejército para protegerla, pero en el 213 a.C. el cónsul Claudio Marcelo <strong>fue enviado a pacificar la isla, algo que consiguió en el 210 a.C., con el ejército púnico derrotado</strong>.</p>
<p>Otro molesto buitre fue Filipo V de Macedonia, que aprovechó el momento de debilidad romana para recuperar el control sobre Iliria, <strong>inaugurando la Primera Guerra Macedónica, que se extendería hasta el 205 a.C.</strong>, aunque no se tiene por seguro que Filipo entablara una alianza con Cartago. En cualquier caso, la guerra se despachó con enfrentamientos de poca importancia y un tratado al estilo romano, un tiempo muerto para devolverle el guantazo a Filipo cuando el Pueblo y el Senado de Roma lo vieran oportuno. Por ejemplo, cuando Aníbal no estuviera dando por saco en Italia, que les vendría mejor.</p>
<h2>El camino hacia la victoria</h2>
<div id="attachment_890" style="width: 230px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/220px-Escipión_africano.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-890" class="wp-image-890 size-full" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/220px-Escipión_africano.jpg" alt="Habéis matao a mi pater y os la vais a llevar bien gorda." width="220" height="364" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/220px-Escipión_africano.jpg 220w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/220px-Escipión_africano-181x300.jpg 181w" sizes="auto, (max-width: 220px) 100vw, 220px" /></a><p id="caption-attachment-890" class="wp-caption-text">Habéis matao a mi pater y os la vais a llevar bien gorda</p></div>
<p>El mismo año de la pacificación de Sicilia, desembarcó en Ampurias Escipión el Africano, el hijo de Publio Escipión, con ganas de repartir leches entre los generales que habían acabado con su padre y su tío. <strong>Llegó como procónsul con tan sólo 24 años, todo un puto amo</strong>. Terminó de controlar el valle del Ebro para poder marchar tranquilo hacia el sur, prometiendo a las tribus que ellos habían ido a liberarlos de Cartago, y como los púnicos les pedían unos tributos altísimos, las tribus les dieron las llaves de casa y el mando de la tele. Tan contentos. Hecho esto, partió hacia Cartago Nova, a la que asedió por tierra y mar, conquistándola en el 209 a.C. La victoria fue una verdadera muestra de genio militar, otra especie de operación relámpago, a marchas forzadas desde Tarraco sorteando enemigos a diestro y siniestro y conquistando la ciudad en muy poco tiempo. Cartago Nova contaba además con 300 rehenes iberos,<strong> que Escipión usó para meterse en el bolsillo a diferentes tribus y cambiar radicalmente el tablero de juego</strong>. Fue un verdadero punto de inflexión en la guerra.</p>
<p>La fortuna volvía a sonreír a Roma, pero quedaba mucho por hacer,  Aníbal aún andaba por Italia y <strong>tenía un par de hermanos generales bastante cabreados a los que pidió ayuda</strong>. El púnico estaba en el sur de Italia, primero en Tarento y más tarde en Brucia mientras Roma continuaba hostigando de diferentes formas a sus tropas. Escipión conquistó el alto Guadalquivir desde Cartago Nova, haciéndose con las minas de Cástulo tras la batalla de Baecula en el 208 a.C., agregando así una cantidad de recursos que Roma necesitaba como agua de mayo, y que al mismo tiempo eran un duro golpe para Cartago. Asdrúbal consiguió huir –<strong>de hecho, recientes investigaciones apuntan a que sacrificó parte de su ejército en la batalla de Baecula para poder ir a Italia sin presión</strong>– y llegó a suelo itálico emulando a su hermano, pero al poco tiempo de entrar por el norte de la península, su ejército fue masacrado en la batalla del río Metauro en el 207 a.C., y él encontró la muerte.</p>
<p>Menos fortuna tuvo el otro hermano, Magón, quien también acudió a la llamada de auxilio, quiso ser original e ir por mar pero su intervención fue mucho menos reseñable, vagó por Liguria hasta que fue derrotado y decidió que como en casa en ningún sitio, pero murió de camino. Escipión, por su parte, bajó el curso del Guadalquivir, con buena parte de las tribus de su lado, y<strong> en el 206 a.C. propinó una paliza épica a Cartago en Ilipa Magna</strong> –Alcalá del Río– y acabó pocos días después la presencia cartaginesa, cuando las fuerzas de Escipión persiguieron y aniquilaron a los restos del ejército enemigo.</p>
<p>Mientras Escipión expulsaba a los cartagineses de Hispania, <strong>Roma se hacía con la lealtad de un príncipe númida, cuya poderosa caballería será esencial en lo poco que quedaba de guerra</strong>. En el 205 a.C. Escipión volvió a Roma y fue elegido cónsul, además se encargó de Sicilia, desde donde mermó a Aníbal y preparó la invasión de África, a la que llegó en el 204 a.C. como procónsul y devastó a los ejércitos púnicos. Al año siguiente llegó Aníbal a petición del Consejo Sagrado, Cartago ofreció la paz a Roma, pero Escipión prefirió plantar al ejército frente al general que había puesto patas arriba Italia durante más de 10 años. En el 202 a.C. se jugaron en Zama la última partida de ajedrez de esta larga guerra, en la que la magnífica caballería númida –esta vez, también en el bando romano– jugó un factor determinante, volviendo una vez más al martillo y el yunque.</p>
<p><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/Batalla_Zama.svg_.png"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter wp-image-896" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/Batalla_Zama.svg_.png" alt="Batalla de Zama" width="700" height="404" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/Batalla_Zama.svg_.png 1441w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/Batalla_Zama.svg_-300x173.png 300w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/Batalla_Zama.svg_-1024x590.png 1024w" sizes="auto, (max-width: 700px) 100vw, 700px" /></a></p>
<p>Aníbal consiguió escapar, pero el ejército quedó destrozado, y ahora Roma sí buscó un tratado de paz como le gustaba hacerlos: en condición de superioridad aplastante. Zarandeó a Cartago diplomáticamente, pidiéndole 10.000 talentos de plata en 50 años, no sobrepasar el territorio anterior a la I Guerra Púnica ni atacar a otros estados africanos, además de prohibilers firmar pactos con otros estados mediterráneos. Sobre el papel, <strong>Cartago quedó como un estado clientelar de Roma por la fuerza, encadenada a lo mínimo</strong>.</p>
<h2>Consecuencias</h2>
<p>La gran ciudad púnica perdió su imperio, y cualquier tentativa por recuperarlo iba a ser respondida con mano de hierro, <strong>Roma echaba así de la carrera por el dominio del Mediterráneo a su principal contrincante</strong>. Además, Roma seguía con asuntos pendientes: el más cercano era el de los galos en el norte de Italia, nuevamente descontrolados, en el este Filipo V había hecho un feo que Roma respondió en el 200 a.C., y por último <strong>quedarse o no en Hispania</strong>. Esto se resolvió dejando tropas por el momento para evitar que Cartago recuperase aliados, actitud que no gustó un pelo a los hispanos.</p>
<p><strong>Por otra parte Roma estaba cambiando de ciudad estado itálica a imperio extenso y extensible</strong>. Es cierto que aún no controlaba enormes territorios, pero su proyección e influencia en lugares hasta entonces remotos se multiplicó hasta límites insospechados. Ya habíamos comentando anteriormente el problema del ejército, pensado para campañas cortas. Cada vez se hacía más evidente que Roma iba a necesitar soldados permanentemente en diferentes puntos de la geografía mediterránea, <a href="http://reasilvia.com/2014/12/los-pilares-de-la-crisis-de-la-republica-romana/"><strong>pero los cambios se harán esperar demasiado</strong></a>. Otro hecho importante fue la normalización del proconsulado en tiempos de guerra, que hará que una de las soluciones para el futuro gobierno provincial sea precisamente esta promagistratura, que tantos réditos daba a los portadores que sabían aprovecharla.</p>
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<p>En pocas palabras, <strong>Roma tenía la puerta abierta hacia lo que se denomina la Roma imperial</strong>, que no el Imperio Romano, es decir, un imperio organizado como una ciudad-estado. De los problemas que esto comenzó a plantear, y sus consecuencias,  hablaremos en otro momento.</p>
<h3 style="text-align: center;">Bibliografía</h3>
<p><span style="color: rgba(10, 10, 10, 0.819608);">—FIELDS, Nic: </span><em style="color: rgba(10, 10, 10, 0.819608);">The Roman Army of the Punic Wars 264-146 BC</em><span style="color: rgba(10, 10, 10, 0.819608);">, Oxford, Osprey Publishing, 2007.</span></p>
<p>—SÁNCHEZ-MORENO, Eduardo (coord.): <em>Historia de España. Protohistoria y Antigüedad de la Península Ibérica vol. I. Las fuentes y la Iberia colonial,</em> Madrid, Sílex, 2007</p>
<p><span style="color: rgba(10, 10, 10, 0.819608);">—La Segunda Guerra Púnica en Iberia,  Desperta Ferro, serie Antigua y Medieval, Nº17, 2012.</span></p>
<p>*Apartado gráfico extraído de Wikipedia Commons y The Creative Assembly.</p>
<p>La entrada <a href="https://reasilvia.com/2014/07/la-ii-guerra-punica/">La II Guerra Púnica</a> aparece primero en <a href="https://reasilvia.com">Rea Silvia</a>.</p>
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		<title>Choque y gladius: El ejército romano durante las Guerras Púnicas (II)</title>
		<link>https://reasilvia.com/2014/06/ejercito-romano-guerras-punicas-tacticas/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Álvaro Bermúdez Caballero]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 19 Jun 2014 12:23:06 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Antigua]]></category>
		<category><![CDATA[Roma]]></category>
		<category><![CDATA[guerraspúnicas]]></category>
		<category><![CDATA[Militar]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El ejército romano en combate era una máquina engrasada para la flexibilidad y la duración en las batallas</p>
<p>La entrada <a href="https://reasilvia.com/2014/06/ejercito-romano-guerras-punicas-tacticas/">Choque y gladius: El ejército romano durante las Guerras Púnicas (II)</a> aparece primero en <a href="https://reasilvia.com">Rea Silvia</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h3>El despliegue de combate</h3>
<p>Como ya vimos en la <a href="http://reasilvia.com/2014/02/idem-in-me/">primera entrega </a>dedicada a las legiones romanas durante las Guerras Púnicas, el ejército romano contaba con 3 líneas de infantería pesada «fijas» y otra mucho más versátil de infantería ligera o jabalineros. El esquema básico de despliegue de las tropas romanas seguía esta sencilla pauta: en la primera línea había diez manípulos de <em>hastati</em>, dejando un hueco entre uno y otro suficientemente grande para que otro manípulo pasara por él sin problema, unos metros más atrás –de nuevo los suficientes para que maniobre sin problemas otra línea de infantería–, «tapando» los huecos de los hastati se situaban los manípulos de <em>princeps</em>, también dejando un hueco entre cada manípulo. Al final del todo estaban los manípulos de <em>triarii</em>, alineados con los <em>hastati</em>, cubriendo de ese modo los huecos entre los manípulos de <em>princeps</em>. <strong>A esta formación se la conoce como<em> triplex acies </em>–línea triple–</strong>.</p>
<div id="attachment_820" style="width: 546px" class="wp-caption aligncenter"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/06/Legión-Manipular.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-820" class="wp-image-820 size-full" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/06/Legión-Manipular.jpg" alt="" width="536" height="400" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/06/Legión-Manipular.jpg 536w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/06/Legión-Manipular-300x223.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 536px) 100vw, 536px" /></a><p id="caption-attachment-820" class="wp-caption-text">Triplex acies</p></div>
<p style="text-align: justify;">Este sistema era flexible por diferentes motivos: <strong>podía hacer caer el enemigo pronto, pero estaba preparado para combates de larga duración</strong>, además el manípulo permite cambiar posiciones y direcciones con facilidad. Son tres hileras, y hay que quebrar cada una de ellas. Es como si fueran niveles en un videojuego en el que para llegar al primer nivel ya las pasas un poco putas. Si además conseguías pasar de nivel, los enemigos cada vez eran más duros y estaban más frescos.</p>
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<p style="text-align: justify;">En un ejército consular solía haber dos legiones en el centro de la formación, con las <em>alae</em> en los flancos, y protegiendo la formación en el extremo de los flancos, los <em>equites</em>. Esta formación dependía siempre del número de legiones, del número de <em>socii</em>, de caballería, de las ideas del cónsul, del terreno y un sinfín más. <strong>Pero esta es la proyección básica del ejército romano</strong>. El puesto de honor era para el cónsul o el general al caso, detrás de las dos legiones.</p>
<div id="attachment_821" style="width: 610px" class="wp-caption aligncenter"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/06/ejército-consular2.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-821" class="wp-image-821 size-full" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/06/ejército-consular2.jpg" alt="" width="600" height="262" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/06/ejército-consular2.jpg 600w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/06/ejército-consular2-300x131.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a><p id="caption-attachment-821" class="wp-caption-text">E=Equites, A=Alae, L=Legio</p></div>
<p style="text-align: justify;">La función de las <em>alae</em> dependía del tipo de soldados que llevaran. En un principio <strong>es probable que su combate fuera más propio, y poco a poco más romano</strong>. En general, más fuerzas de choque, y probablemente honderos o jabalineros, además de caballería, parte de la cual ya vimos que quedaba con el general para protegerlo.</p>
<p style="text-align: justify;">Los <em>equites</em> protegían a la infantería pesada de las cargas de caballería, muy móviles y poco de cargar, aunque no eran malos en ello. Hay que decir que las cargas de caballería contra enemigos bien posicionados y protegidos eran una locura absoluta. A nadie se le ocurría mandar caballería contra una falange, por ejemplo, pero sí contra una falange mermada a la que es factible atacar por la espalda. De modo que tenían varios papeles: <strong>dispersar auxiliares</strong> –los más fáciles para la caballería, y para cualquiera–, <strong>evitar cargas de caballería enemigas a los flancos y romper infantería pesada cuando la situación fuese idónea</strong>.</p>
<h3>Fases del combate</h3>
<p>&nbsp;</p>
<h4 style="text-align: center;">Primera fase</h4>
<p style="text-align: justify;">Cuando los dos ejércitos estaban el uno frente al otro –la idea principal del ejército romano es la del combate masivo de choque–, sabemos que los velites estaban al frente en una efímera hilera esperando la carga enemiga, o avanzando con cuidado para provocarla con descargas de jabalinas. Cuando la primera línea enemiga empezaba a cargar, <strong>los velites se replegaban usando los huecos dejados por los <em>hastati</em></strong>, borrándose momentáneamente del combate y reagrupándose tras los <em>triarii</em>. Después ya veían qué hacían, esperar o ser enviados por el general a un lugar donde tuviesen un buen rango de tiro, como los flancos.</p>
<p style="text-align: justify;">En cualquier caso, si alguien solía llevarse la peor parte esos eran los <em>velites</em>. Que el ejército enemigo cargara y los <em>velites</em> esperasen para lanzar sus descargas suponía que <strong>antes, o al mismo tiempo, recibían descargas de proyectiles</strong>, porque si los enemigos contaban con honderos o arqueros, el rango de tiro era mayor y sufrían las descargas enemigas antes de poder realizar las propias, y acercarse al enemigo para realizarlas suponía más o menos lo mismo, sumando que tenían que correr más al replegarse. Además se podía dar el caso de una caballería enemiga cargando contra los velites, encontrando de este modo una muerte rápida pero no menos dolorosa.</p>
<p style="text-align: justify;">Los <em>velites</em> eran unos jodidos héroes, en resumidas cuentas, y como tales, morían en el campo de batalla, solo que sin mucho reconocimiento. <strong>Una mezcla entre bravos y prescindibles guerreros</strong>.</p>
<h4 style="text-align: center;">Segunda fase</h4>
<p style="text-align: justify;">Entretanto, los <em>hastati</em> cierran filas, es decir, tapan los huecos y se preparan para recibir la carga del enemigo. Esto se hace de dos formas: o reduces filas del manípulo sacrificando profundidad pero alargando las mismas hasta cubrir los huecos, o el manípulo estaba dispuesto sobre el campo de batalla claramente dividido en dos centurias, y la trasera se sitúa al lado de la delantera. <strong>En cualquier caso sacrificaban profundidad, es decir, se hacían vulnerables</strong>, porque con filas menos profundas pero hileras más anchas ocupaban más espacio a lo ancho pero el manípulo se podía quebrar antes. No importa cuando detrás había 1.800 romanos veteranos que te van a salvar el culo cuando te haga falta y en tus flancos a los <em>socii, </em>que se van a comer lo que sea necesario.</p>
<p style="text-align: justify;">Una vez hecho esto, los <em>hastati</em> preparaban sus <em>pila </em>(el plural de <em>pilum</em>), primero lanzaban el ligero, y después el pesado. Si nos paramos a contar, <strong>el ejército enemigo ha sufrido un mínimo de 3 descargas de jabalinas cuando hace contacto con los <em>hastati</em></strong>, y no sería extraño que llegasen a contar 4 o 5 dependiendo de la pericia de los <em>velites</em> y la lentitud de la carga enemiga. Sin olvidarnos de que el pilum inutilizaba escudos y dejaba clavados soldados al suelo debido a su larga punta. ¿Y si los enemigos los recogían y los tiraban? Imposible, la punta del <em>pilum</em> estaba diseñada para romperse tras un uso. Genio táctico romano, ¿o no?</p>
<p style="text-align: justify;">La escena era terrorífica, y para añadirle más leña al fuego, una vez que los <em>hastati</em> gastaban sus <em>pila</em>, <strong>desenfundaban el <em>gladius</em> y gritaban mientras golpeaban sus escudos con el mismo, lanzándose al ataque</strong> contra los probablemente –más o menos– mermados enemigos, al menos la primera línea enviada.</p>
<div id="attachment_1571" style="width: 181px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/06/princeps-combate.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-1571" class="wp-image-1571 size-medium" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/06/princeps-combate-171x300.jpg" alt="" width="171" height="300" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/06/princeps-combate-171x300.jpg 171w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/06/princeps-combate.jpg 264w" sizes="auto, (max-width: 171px) 100vw, 171px" /></a><p id="caption-attachment-1571" class="wp-caption-text">Princeps en combate</p></div>
<p style="text-align: justify;">Hay debate sobre el uso de la espada y el escudo en la legión manipular. Si estaba más enfocado a cortar o a pinchar, pero la diversidad de testimonios y opiniones hacen pensar que <strong>probablemente se usaran para ambas cosas, especialmente en función del enemigo</strong>. Por ejemplo, contra tribus galas mientras se aseguraba la frontera del norte, con una panoplia más ligera, es lógico pensar que se buscara más pinchar a los enemigos. Por contra, frente a ciertas tropas de Cartago más helénicas y con una panoplia mucho más fuerte y pesada, resultaría más lógico que se buscara el tajo en las piernas para romper las falanges. Porque no solo se trataba de la dureza de la panoplia del contrario, también eran importantes las formaciones y estrategias, y la legión manipular tenía varias respuestas para las diferentes situaciones.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero en general, cuando el enemigo estaba lo suficientemente cerca, <strong>el legionario golpeaba con su <em>scutum</em> para desestabilizar al oponente y lanzaba un espadazo</strong> –que no veías venir porque el <em>scutum</em> lo tapaba todo–, buscando el tajo o el pinchazo. En esta escena, el legionario cubría casi la totalidad de su cuerpo con el scutum, el resto corría a cuenta de la espinillera izquierda –la pierna derecha no estaba expuesta– y del casco.</p>
<h4 style="text-align: center;">Tercera fase</h4>
<p style="text-align: justify;"><strong>Si todo lo anterior no surtía efecto</strong>, es decir, rompía las líneas enemigas, y los muy plastas seguían repartiendo lo suyo entre los <em>hastati</em>, <strong>los manípulos de <em>princeps</em> entraban en escena</strong>. Era algo sencillo, todo seguía igual, pero los veteranos iban reemplazando a los jóvenes caídos o exhaustos, y aunque el enemigo había sido capaz de aguantar todo lo anterior, la cosa se ponía fea.</p>
<p style="text-align: justify;">Como hemos dicho, la legión estaba pensada para durar lo que hiciese falta en combate, aunque la mayoría de ejércitos se componía más o menos de lo mismo –grueso de infantería pesada apoyada por auxiliares–, y aguantaban más o menos, el combate cuerpo a cuerpo era algo terrorífico mentalmente y extenuante físicamente,<strong> el manípulo estaba pensado para dar relevos y así sanear la primera línea de combate</strong>, algo que hacía a las legiones especialmente complicadas de vencer –y de algún modo Roma era así, sacaba legionarios de debajo de las piedras, algo que a todos les resultaba irritable y agotador–. La falange, por ejemplo, mostraba todo su potencial de inicio, y aunque sus combatientes eran formidables guerreros que aguantaban de todo, el cansancio era algo inevitable. Cuando inventas un sistema de combate prácticamente igual de fuerte –al menos en lo defensivo– y basado en renovar el brío de los hombres, te mereces que te llamen genio.</p>
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<p style="text-align: justify;"><strong>Si todo lo anterior fallaba, entraban en juego los <em>triarii </em>relevando a los <em>hastati</em> y <em>princeps</em> mermados o directamente muertos</strong>. Eran el último recurso y su presencia era en parte terrorífica y en parte esperanzadora. Que entrasen en combate significaba que habías hecho mucho daño, pero también que estabas jodido, sobre todo porque los triarii al ser una tropa de tipo más falangita –con una armadura más pesada–, <strong>duraban mucho más en combate, eran difíciles de matar, expertos y estaban frescos</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">A todo lo dicho hay que añadirle toda clase de condicionantes, como los números del enemigo, el tipo de ejército del mismo, el terreno y la inteligencia de ambos generales. <strong>Roma creó una máquina militar formidable y difícil de vencer, pero no infalible, sus enemigos no eran mancos</strong>.</p>
<h2 style="text-align: center;">Bibliografía básica</h2>
<p>—FIELDS, Nic: <em>The Roman Army of the Punic Wars 264-146 BC</em>, Oxford, Osprey Publishing, 2007.</p>
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			</item>
		<item>
		<title>Idem in me: El ejército romano durante las Guerras Púnicas (I)</title>
		<link>https://reasilvia.com/2014/02/ejercito-romano-guerras-punicas/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Álvaro Bermúdez Caballero]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 09 Feb 2014 20:48:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Antigua]]></category>
		<category><![CDATA[Roma]]></category>
		<category><![CDATA[guerraspúnicas]]></category>
		<category><![CDATA[Militar]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Los romanos aprendían mucho y rápido. Copiaron y mejoraron una gran cantidad de elementos de sus culturas vecinas</p>
<p>La entrada <a href="https://reasilvia.com/2014/02/ejercito-romano-guerras-punicas/">Idem in me: El ejército romano durante las Guerras Púnicas (I)</a> aparece primero en <a href="https://reasilvia.com">Rea Silvia</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3>Origen</h3>
<p>“Si ellos, que no son romanos, lo usan bien, nosotros, que somos los hijos de Marte, lo usaremos de forma extraordinaria.” Esta frase en primera persona que me he inventado podría servir de pequeño resumen. La copia, la adaptación, y la mejora, fueron constantes en Roma. <strong>El romano observa, se fija en lo bueno, y de lo bueno, se queda con lo mejor</strong>. Si un enemigo le da una paliza en el campo de batalla, el romano no patalea, piensa por qué ha sido derrotado, y cuando tiene el por qué, lo copia para su ejército, y para colmo, acaba por mejorarlo.</p>
<p><!--Ads1--></p>
<p>Vayamos por partes. En un principio, es decir, durante la época monárquica y el inicio de la Res Publica, <strong>el ejército romano tenía un <a href="https://www.facebook.com/media/set/?set=a.655955207845173.1073741830.478239722283390&amp;type=3">corte hoplítico</a> con una gran influencia griega</strong>. En él servían ciudadanos, luchar por tu ciudad era un honor y un deber. Durante campañas cortas los ciudadanos se pagaban lo que se podían permitir de armamento y armadura e iban a intercambiar lanzadas con otros pueblos itálicos o griegos. Pero durante las guerras contras los samnitas —343-290 a.C.— las cosas empezaron a cambiar.</p>
<p><strong>Nació la legión manipular, no sabemos con precisión si fue antes, durante, o después de someter a los vecinos samnitas</strong>, pero en ese intervalo de 50 años algún romano con ese genio típico de los hijos de Marte, ideó un sistema de combate que, poco a poco, se impondría al resto de contrincantes del mundo antiguo. La legión manipular tampoco era un invento genuino romano, era una evolución de la falange hoplítica. Observar, adaptar, mejorar. Convirtieron un sistema de combate rígido pero potente, en uno flexible, versátil e igual de potente.</p>
<div id="attachment_737" style="width: 1386px" class="wp-caption aligncenter"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/02/ManípuloHastati.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-737" class="size-full wp-image-737 " src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/02/ManípuloHastati.jpg" alt="Sí, es un videojuego, pero ofrece una imagen muy buena del manípulo de hastatis" width="1376" height="795" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/02/ManípuloHastati.jpg 1376w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/02/ManípuloHastati-300x173.jpg 300w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/02/ManípuloHastati-1024x591.jpg 1024w" sizes="auto, (max-width: 1376px) 100vw, 1376px" /></a><p id="caption-attachment-737" class="wp-caption-text">Sí, es un videojuego, pero ofrece una imagen muy buena del manípulo de hastati | Total War: Rome 2 &#8211; The Creative Assembly</p></div>
<p>Legión significa leva, y aunque el nombre perdurará más tarde sin que el ejército se componga de levas ciudadanas y pase a convertirse en uno profesional, durante las Guerras Púnicas sigue aplicándose su sentido original. <strong>Las legiones eran las fuerzas ciudadanas reclutadas por Roma en un año</strong>.  Tanto legión como manípulo son términos administrativos. Una legión la conformaban unos 4.200 hombres —hasta 5.000 en tiempos de guerra—, un manípulo 120, una centuria 60&#8230;</p>
<p><strong>Cada legión estaba formada por 3 líneas fijas de infantería pesada</strong>, cada línea de un tipo de soldado. A este grueso le auxiliaban la infantería ligera y la caballería. Esta idea básica es muy parecida al del resto de ejércitos de la época, con más o menos infantería pesada y más o menos auxiliares, pero las líneas generales son estas. Lo que más nos interesa es qué hay detrás de estos números.</p>
<h3 align="left">La legión manipular, unidades y equipamiento</h3>
<div id="attachment_743" style="width: 270px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/02/velite101.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-743" class="size-full wp-image-743 " title="Velites" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/02/velite101.jpg" alt="" width="260" height="340" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/02/velite101.jpg 260w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/02/velite101-229x300.jpg 229w" sizes="auto, (max-width: 260px) 100vw, 260px" /></a><p id="caption-attachment-743" class="wp-caption-text">¿Ves a ese? Pues le he saltado el ojo desde aquí.</p></div>
<p>¿Cuáles eran los elementos que participaban en la legión? <strong>Los que estaban en una primera línea ficticia eran los <em>velites</em></strong>, es decir, la infantería ligera. Estos <em>velites</em> no aguantaban las cargas enemigas ni las efectuaban, eran jabalineros que esperaban a estar lo suficientemente cerca del enemigo para lanzar las jabalinas, y antes de que el enemigo cargara se refugiaban tras las líneas de infantería pesada, donde se reagrupaban y continuaban, o no, lanzando jabalinas —no siempre convenía realizar descargas si el combate cuerpo a cuerpo había empezado, era importante no herir a los compañeros—.</p>
<p><strong>Los <em>velites</em> tenían una panoplia francamente pobre</strong>. Se pertrechaban con entre 5 y 7 jabalinas y un <em>gladius hispaniensis</em> —era un perfeccionamiento de una espada celtíbera, aunque se postuló que podría derivar de la falcata, es probable que venga de las espadas de antenas—. Para protegerse llevaban un casco —aunque no todos tenían el dinero suficiente para permitirse uno—, generalmente sin cresta, para distinguirse por encima del resto algunos se adornaban recubriendo el casco con una piel de lobo. Además se acompañaban de un parma —escudo redondo—, para rechazar las descargas de los honderos o jabalineros enemigos y defenderse en combate cuerpo a cuerpo, en caso de ser alcanzados por una unidad enemiga o tener que auxiliar a sus compañeros de infantería pesada.</p>
<p><strong>En este sentido el ejército es un reflejo de la sociedad romana</strong>, porque sí, estos soldados tenían esta pobre panoplia debido a que eran los que menos dinero tenían. Es cierto que este tipo de unidad debía moverse rápidamente y no iban a llevar una coraza de más de 20 kilos de peso, pero también lo es que la protección resultaba demasiado pobre.</p>
<div id="attachment_1578" style="width: 978px" class="wp-caption aligncenter"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/02/012_LegXgemina.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-1578" class="wp-image-1578 size-full" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/02/012_LegXgemina.jpg" alt="" width="968" height="645" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/02/012_LegXgemina.jpg 968w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/02/012_LegXgemina-300x200.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 968px) 100vw, 968px" /></a><p id="caption-attachment-1578" class="wp-caption-text">Legionarios tardorepublicanos lanzando los pila, con espinillera izquierda, camiseta de malla, gladius y<em> scutum</em> | <a href="http://www.lacedemon.info/galeria/">Mariusz Kozizk</a></p></div>
<p>La segunda línea de batalla, o primera real, la conformaban los <em>hastati</em>. <strong>Eran los primeros en recibir la carga del enemigo o los primeros en efectuarla</strong>. Su armamento se conformaba de un <em>gladius hispaniensis</em> y 2 tipos de <em>pilum</em>, uno pesado y otro ligero. El repertorio para protegerse es mayor que el de los <em>velites</em>: llevaban casco de diferentes tipos con cresta, pectorales de bronce o camisetas de malla, y una espinillera de bronce en la pierna izquierda. Remataban la panoplia con un <em>scutum</em> —el escudo oval itálico—.</p>
<p>El <em>pilum</em> merece una mención especial. Se trataba de una jabalina especialmente mortífera, y tampoco era original romana. Sobre de quién y cuándo la copiaron no hay nada seguro, la usaban ejércitos del entorno de Roma, tales como itálicos, celtas e iberos. Podrían haberla adaptado de cualquiera de ellos, aunque suena bastante probable que se hiciera de los itálicos, los más cercanos. <strong>Lo cierto es que se generalizó su uso en este momento</strong> y eran bastante parecidos a los <em>pila</em> iberos. Este tipo de jabalina resultaba tremendamente útil, tenía una punta larga que, de penetrar el escudo enemigo, tenía un largo recorrido hasta detenerse, esto hacía que se pudiese herir al enemigo por mucho escudo que llevara. Pero de no herir al enemigo tenía bastante probabilidad de dejar inutilizado el escudo y hacer que el soldado contrario continuase el combate desprotegido. <strong>Su capacidad destructiva hizo que los romanos usaran el pilum de manera masiva, siendo algo muy importante durante la Segunda Guerra Púnica</strong>.</p>
<p><strong>Estos <em>hastati</em> eran los más pobres dentro de la infantería pesada y los más jóvenes</strong>, con suficiente dinero para permitirse más y mejor equipo que los <em>velites</em>, pero no tanto como para hacer alardes, simplemente lo mínimo que se podía permitir la infantería pesada. Sobre la única espinillera en la pierna izquierda, cabe decir que es lógico al ser la pierna más expuesta en combate, aunque a pesar de todo, no resultaría extraño que el que se lo pudiese permitir se hiciese con otra, comprándola o saqueando a los enemigos muertos. Para rematar la panoplia, llevaban una <em>pugia</em> —daga— como arma de último recurso, probablemente más usada en el día a día del campamento que en combate.</p>
<p><strong>El casco más usual entre los <em>hastati</em> era el montefortino, de influencia celta</strong>. Era uno de los más simples del momento y que menos protección ofrecía, aunque bastante efectiva. Sí incluían una pequeña extensión en el centro para añadirle crestas, generalmente sencillas entre los <em>hastati</em>, un ejemplo de ello serían las tres plumas rojas, dispuestas más como diadema que como cresta.</p>
<p>Detrás de los <em>hastati</em> se situaban los <em>princeps</em>, que se equipaban con los mismos elementos que los hastati, pero al tener más dinero y ser algo más veteranos,  sus armas y armadura eran de mejor calidad y estaban más decoradas. Por no hablar de un puesto en el combate más privilegiado. <strong>Los jóvenes se comían lo más duro de la batalla, y los veteranos entraban más tarde</strong>.</p>
<div id="attachment_1587" style="width: 221px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/02/6722412249_a09e6ba0b3_b.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-1587" class="wp-image-1587 size-medium" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/02/6722412249_a09e6ba0b3_b-211x300.jpg" alt="" width="211" height="300" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/02/6722412249_a09e6ba0b3_b-211x300.jpg 211w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/02/6722412249_a09e6ba0b3_b.jpg 720w" sizes="auto, (max-width: 211px) 100vw, 211px" /></a><p id="caption-attachment-1587" class="wp-caption-text">Al fondo un rorarius* y al frente triarius | <a href="https://www.flickr.com/photos/thearmaturapress/6722412249/in/photolist-bf37Xt-e5RdzJ-f4R1HL-e5RdRu-e5RdPo-e5KzfD-6fgFpV-e5QAYS-akT5iU-8HY7CF-e5QBcS-e5JYbk-b4j6t6-b4j5pp-b4j3NT-akQgFF-akQgBg-akT5vb-akT5rQ-akQgsK-akQgpa-akQghk-akT5d5-a4Wuqx-a4Wumk-a4ZjUq-a4ZjQ1-a4Wu8t-a4ZjFC-a4WtZe-a4ZjxN-a4Zjty-2A67iQ-4td5yP-eoTTJ-jJryeQ-qvHrgZ-jJqQGE-jJqQFY-jJrx1Y-jJqPju-e5QAVY-88dQLf-g11hXv-fZZZYy-6v3EvX-ov1WeJ-ovVN5R-8UmvtC-8UipNR">Mike Bishop</a></p></div>
<p>Al final de las filas estaban los <em>triarii, </em>los más veteranos y adinerados. Su panoplia era similar a la de los <em>hastati</em> y los <em>princeps</em>, pero en vez de ir equipados con <em>pilum</em> llevaban como arma principal una<em> hasta</em> —lanza—. <strong>Sin duda esta unidad es la que mejor ejemplifica la herencia griega del ejército romano</strong>, aunque la última noticia de Polibio sobre el uso de esta lanza de herencia hoplítica es en el 223 a.C. durante los <a href="http://reasilvia.com/2013/12/asegurando-fronteras/">problemas con los galos al norte</a>. Estos <em>triarii</em>, al ser los más acaudalados podían permitirse la mejor de las armaduras, sin contar con que gozaban de un puesto de privilegio en la batalla.</p>
<p>Entre los <em>triarii</em>, los <em>princeps</em> y los oficiales era más habitual encontrar cascos diferentes, <strong>entre los que destacaban en este momento los de estilo <em>attico</em> y etrusco-corintio</strong>, con verdaderas crestas, protegiendo más partes del cráneo y con una mayor decoración.</p>
<p>El último tipo de unidad que conformaba la legión era la caballería, que estaba formada por los romanos más ricos,<strong> los que podían permitirse una buena armadura y el mantenimiento de su caballo</strong>. Eso sí, Roma les pagaba una generosa retribución en caso de perder a su caballo en combate. La panoplia de los<em> equites</em> era de estilo griego, con un casco de bronce, un linotórax, un escudo redondo y una lanza larga, además de una espada. Montaban al caballo con una silla celta de cuatro cuernos, y lo cabalgaban sin estribos. Aunque resulte chocante y nos parezca poco seguro, l<strong>a silla de cuatro cuernos permitía mucha agilidad, movilidad y seguridad sobre el caballo</strong>, los equites necesitaban realizar cambios de posición casi acrobáticos. A pesar de todo no resultaba una caballería realmente especializada, fruto de una inexistencia de tradición en Roma.</p>
<p>En esta caballería montaban hijos de senadores que buscaban lanzar su carrera política, debido a que en este momento <strong>había que servir a Roma durante 10 campañas en el ejército para ejercer como político</strong>, y cuanta más fama alcanzase un hombre en combate mejor presentación política iba a tener en la <em>urbs</em> a su regreso.</p>
<div id="attachment_1585" style="width: 1930px" class="wp-caption aligncenter"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/02/Alexander_the_Great_mosaic.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-1585" class="size-full wp-image-1585" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/02/Alexander_the_Great_mosaic.jpg" alt="¿Cómo? ¿Alejandro Magno? Sí, llevaba un linotórax | Wikimedia Commons" width="1920" height="1152" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/02/Alexander_the_Great_mosaic.jpg 1920w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/02/Alexander_the_Great_mosaic-300x180.jpg 300w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/02/Alexander_the_Great_mosaic-1024x614.jpg 1024w" sizes="auto, (max-width: 1920px) 100vw, 1920px" /></a><p id="caption-attachment-1585" class="wp-caption-text">¿Cómo? ¿Alejandro Magno? Sí, llevaba un linotórax | <a href="http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Alexander_the_Great_mosaic.jpg">Wikimedia Commons</a></p></div>
<p>Hay que señalar antes de continuar que al ser los ciudadanos los que se pagaban sus propias armas y armaduras, <strong>la realidad debía ser mucho más variada de la que he plasmado</strong>, y no sería extraño encontrarnos, por ejemplo, con espadas heredadas por ahorro y por prestigio. «-¿Ves esta espada, mi abuelo decapitó a cuatro etruscos con ella? -Sí hombre, tó guapo».</p>
<p>Aunque la legión ya estaba completa, siempre iban acompañados por <em>alae</em> —alas— conformadas por <em>socii</em> —aliados—. <strong>Los <em>socii</em> de Roma eran unos aliados que, por lo general, no se unían a la defensa de la urbs por amor al arte de la guerra</strong>. Lo más normal es que fuesen antiguos enemigos que aceptaron la rendición incondicional antes de que Roma iniciase el asedio de una ciudad. A los que no se rendían, o no lo hacían a tiempo, les esperaba la esclavitud o unos grandes tributos de guerra. Pero estos aliados en desventaja se rendían a tiempo y mediante la <em>deditio</em>, el Senado formulaba un trato bilateral con los rendidos, que en líneas generales consistía en abastecer a Roma con sus soldados en caso de guerra, a cambio de participar en el botín de guerra, tener ciertos derechos, aunque no la total ciudadanía, independencia cultural y no pagar tributos. Cada trato variaba según los costes de la guerra para Roma, el potencial militar que el socii podía aportar a la urbs, y la proximidad cultural. Además, había un tipo de aliado que se ofrecía de forma voluntaria a Roma, pero eran los menos.</p>
<div id="attachment_1584" style="width: 235px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/02/640px-Roman_parade_helmet_2nd_century.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-1584" class="wp-image-1584 size-medium" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/02/640px-Roman_parade_helmet_2nd_century-225x300.jpg" alt="" width="225" height="300" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/02/640px-Roman_parade_helmet_2nd_century-225x300.jpg 225w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/02/640px-Roman_parade_helmet_2nd_century.jpg 640w" sizes="auto, (max-width: 225px) 100vw, 225px" /></a><p id="caption-attachment-1584" class="wp-caption-text">Casco ático romano de desfile | <a href="http://commons.wikimedia.org/wiki/Category:Attic_helmets#mediaviewer/File:Roman_parade_helmet,_2nd_century.jpg">Wikimedia Commons</a></p></div>
<p>&nbsp;</p>
<p>Estas <em>alae</em> que participaban en las batallas de Roma<strong> tenían sobre el papel el mismo número de hombres que las legiones</strong>, pero había veces en las que se desplegaban más <em>socii</em> que romanos. Las alae estaban compuestas por infantería y caballería, con un número similar de infantes a las legiones pero con tres veces más caballería. Estaban organizadas en cohortes y <em>turmaes</em> —del mismo modo que los <em>equites</em>—, formas que parecen anteriores a la manipular. <strong>De estas alae se creaba un cuerpo de élite formado por un quinto de los mejores infantes y un tercio de los mejores caballeros, llamados <em>extraordinarii</em></strong>. Estaban destinados a ser la primera línea de las fuerzas del cónsul, aunque en caso de retirada formaban la retaguardia.</p>
<h3>Ciudadanos en el campo de batalla</h3>
<p><strong>Como ya sabemos, el ejército lo formaban ciudadanos. En este momento sigue siendo un ejército con un servicio estacional</strong>. No tenemos muy claro cómo se realizaba el proceso de reclutamiento, ni qué sucede cuando se desmoviliza y se vuelve a reclutar. Pero por lo que nos cuenta Polibio, todos los hombres de 17 a 46 años con una propiedad de 11.000 ases de valor, eran requeridos por el Senado para entrar en un proceso de selección, el <em>dilectus</em>, que se desarrollaba en el Capitolio. Parece ser que lo normal era que un hombre sirviese a Roma durante 6 años o campañas como mucho, aunque existía la posibilidad de llegar a 16, probablemente por gusto o por mala suerte.</p>
<div id="attachment_1583" style="width: 610px" class="wp-caption aligncenter"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/02/600px-Uncrossed_gladius.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-1583" class="wp-image-1583 size-full" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/02/600px-Uncrossed_gladius.jpg" alt="" width="600" height="600" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/02/600px-Uncrossed_gladius.jpg 600w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/02/600px-Uncrossed_gladius-150x150.jpg 150w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/02/600px-Uncrossed_gladius-300x300.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a><p id="caption-attachment-1583" class="wp-caption-text">Gladius de tipo pompeii | <a href="http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Uncrossed_gladius.jpg?uselang=es">Wikimedia Commons</a></p></div>
<p>&nbsp;</p>
<p>Para sellar la adhesión al manípulo, parece que existía una especie de <strong>juramento al inicio del servicio en el que los centuriones al cargo del manípulo recitaban lo siguiente</strong>: “Nunca abandono la hilera porque me invada el miedo y quiera huir, pero sí lo hago para recuperar un arma con la que matar a un enemigo o para rescatar a un compañero”, y los recién reclutados gritaban al unísono “<em>Idem in me</em>”.</p>
<p><strong>Pero este servicio temporal empezaba a ser cada vez más largo</strong>. Las guerras se hacían constantes y la conquista de Córcega y Cerdeña hacía que fuesen necesarias guarniciones permanentes, de modo que un servicio no muy prolongado en el tiempo se empezó a convertir en una auténtica odisea. Es cierto que los legionarios cobraban, pero no demasiado, tan sólo un denario cada tres días, lo que hacía un total de 120 al año. Un centurión cobraba el doble, y los equites un denario al día. Teniendo en cuenta que los equites debían mantener bien alimentado a su caballo, no resultaban un gran pago por defender la urbs.</p>
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<p><strong>Un trabajador sin cualificar o un simple tendero podía conseguir al año el doble de lo que cobraba un centurión</strong>, pero un tendero no tenía la gloria que se conseguía en batalla. Luchar por Roma era un deber, una responsabilidad, y un privilegio. Pero para muchos empezaba a ser una carga fastidiosa al no poder asistir a su familia durante tanto tiempo.</p>
<p>*Un <em>rorarius</em> era otro tipo de soldado equipado con lanza y escudo, pero con una panoplia mucho más pobre que los <em>triarii</em>, empleados a veces para labores auxiliares dada su armadura más ligera y su mayor movilidad.</p>
<h3>Bibliografía básica</h3>
<p>—FIELDS, Nic: <em>The Roman Army of the Punic Wars 264-146 BC</em>, Oxford, Osprey Publishing, 2007.</p>
<p>—JIMÉNEZ GARCÍA, Gustavo: «El pilum romano en la Segunda Guerra Púnica», en Desperta Ferro, serie Antigua y Medieval, Nº17, 2012, pp. 44-45.</p>
<p>La entrada <a href="https://reasilvia.com/2014/02/ejercito-romano-guerras-punicas/">Idem in me: El ejército romano durante las Guerras Púnicas (I)</a> aparece primero en <a href="https://reasilvia.com">Rea Silvia</a>.</p>
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