El hambre ideológica: Ucrania en los años 30

Ucrania, recientemente puesta sobre el tablero político internacional, cuenta con un pasado turbulento del que rescatamos un pasaje marcado por el hambre y los totalitarismos de los años 30.

Colocar Járkov, Crimea, Kiev u Odesa en el mapa no resulta tan complejo últimamente. Sabemos que Gazprom no es la gasolinera que hay al final de nuestra calle. Nos acabamos de enterar que en Ucrania conviven pro-rusos y pro-europeos: “Mama, las milicias rebeldes han derribado un avión malayo”.

A los que formamos Rea Silvia nos ha sorprendido lo poco que se ha atendido al contexto histórico en un conflicto como el ucraniano. Nosotros, sin pretender hacer una revisión histórica del corto siglo XX, queremos dirigir el foco mediático hacia la década de los años treinta y la posterior ocupación alemana. Periodos que, aunque no expliquen el completo trasfondo del conflicto, si disipan muchas de las dudas que han surgido en la actualidad.

Para comenzar, hemos de saber que Ucrania se encuentra, junto a otros países como Polonia, países bálticos o Bielorrusia, en lo que el historiador inglés Timothy Snyder ha definido como Tierras de Sangre, la región donde «vivía la mayoría de los judíos de Europa, donde los planes imperiales de Hitler y Stalin se solapaban, donde la Wehrmacht y el ejército rojo se enfrentaron y donde la NKVD y las SS alemanas concentraron sus fuerzas»[1]. Recoge en su obra el autor inglés que durante los dos periodos que antes mencionamos, en las Tierras de Sangre murieron más de 14 millones de personas, cifra engrosada por muchos de los ucranianos que van a pasar a ser protagonistas de este artículo.

Chicago Jornal - Hambre en Ucrania

Por lo general, el comienzo de los años treinta fue bastante duro en el mundo occidental, Ucrania, a pesar de estar incrustada en el bloque soviético, no solo pasó hambre sino que casi le dejan morir. Los ucranianos de aquellos años hacían colas que podían durar varios días simplemente para recoger su ración diaria correspondiente. Entre los gritos y quejidos, mendigos y huérfanos pedían limosnas en esas colas. La gran mayoría de los afectados por el hambre fueron los campesinos, ¿por qué? En 1932 concluyó el Plan Quinquenal de Stalin cuyo objetivo era la industrialización a costa de todo, y cuando decimos esto nos referimos incluso a la miseria de su pueblo. El futuro era el comunismo, que requería industria pesada, que a su vez requería una agricultura colectivizada, que a su vez requería el control del grupo social más amplio de toda la Unión Soviética: el campesinado o kulak, como se le denominaba. Comenzaría, pues, una confrontación entre este grupo social y el estado soviético que contaba con la OGPU. En 1929 Stalin anunció «la liquidación de los kulaks como clase»[2].

Puesto en marcha el plan, cientos de miles de trabajadores del campo abandonaron sus granjas y propiedades expropiadas para ir a la ciudad, su única esperanza de sobrevivir. La policía soviética pues era la encargada de señalar quiénes eran los kulaks y por qué eran considerados enemigos del estado. En cada ciudad se establecía una troika compuesta por un miembro de la policía estatal, un líder local del partido y un procurador del estado cuya función era dictaminar el futuro, de una manera veloz, de los kulaks procesados: exilio o muerte. Ya en los comienzos de 1930, 113.637 ucranianos fueron deportados más allá de los Urales. Unos viajes en vagones donde el frío, el hambre y las enfermedades fueron pasajeros comunes. Será precisamente ahora cuando surjan los famosos Gulags. Ya en la época del Terror bolchevique existían campos de trabajo hacia donde se deportaban a los enemigos de la revolución, pero ahora los asentamientos especiales se fusionarían con estos para dar fruto a uno de los lugares más característicos de la URSS. Allí el campesino libre ucraniano pasaría a ser esclavo. La gran mayoría fue a parar hacia campos próximos al Báltico, en donde debían excavar el suelo congelado para crear cauces fluviales que nunca llegaron a triunfar[3].

Desde los gulags los ucranianos advertían a sus más cercanos sobre su vida diaria: Pase lo que pase, no vengáis. Aquí nos estamos muriendo. Es mejor esconderse o morir allí, pero, pase lo que pase, no vengáis (p. 60).

Familia ucraniana viviendo el Holodomor

Poco a poco las granjas colectivas fueron ganando poder sobre los granjeros independientes, considerados enemigos del socialismo, insistimos. Un ejemplo claro lo encontramos con que estas podían retener las semillas de siembra, es decir, el grano que se guardaba para la próxima cosecha. En la Historia del hombre, comerse ese grano era símbolo de la pobreza extrema. Pues este fue una herramienta que el Partido utilizó para poner contra las cuerdas a los kulaks y demás civiles en Ucrania. La cuestión se agravó porque la política que se seguía por Moscú, en cuanto a la producción de grano, era la de obligar a llegar a unas tasas a partir en relación las cifras de la mejor cosecha anual. Un gran año fue 1930, pero 1931 no. Plagas, sacrificio de bestias para alimentos o el mal clima fueron varias de las causas que imposibilitaron igualar las tasas productivas del año anterior.

¿Entonces qué? el líder del partido en Ucrania ya advirtió a Stalin que los objetivos no eran realistas, pero desde el Kremlin se rechazaron todas las excusas y se señaló a los kulaks como aliados del fascismo capitalista como culpables. Recordemos además que gran parte de la producción ucraniana iba destinada fuera de las fronteras soviéticas. Para evitar un desequilibrio en la balanza comercial, Stalin dio la orden el 5 de diciembre de requisar todas las semillas almacenadas hasta llegar al cupo productivo. Pero no solo eso, también las propiedades personales de cualquier persona. Tanto el líder, como los miembros del partido en Ucrania, eran sobradamente conscientes que estaban produciendo una hambruna con consecuencias devastadoras. Pero era un precio que había que pagar, había que cascar los huevos para hacer la tortilla. El hambre no fue más que una traición de los miembros de su partido, una lucha subversiva contra el comunismo.

En agosto de 1932, Stalin presentó al Politburó la necesidad de darle una base legal a la colectivización. El socialismo, al igual que el capitalismo, se ha de dotar de leyes para proteger su propiedad. Por tanto esto supondría que toda la producción agrícola pertenecería al estado. De este modo, si un kulak era sorprendido con algún alimento podía ser juzgado, es decir, al campesinado se le arrebató cualquier tipo de protección judicial. Dicha ley entró en vigor una semana después. Los jueces fueron indulgentes respecto a estas penas, por ello el Partido incitó a los jóvenes a que se movilizaran contra los que ellos consideraban miembros subversivos del estado, los campesinos. Chavales, de los cuales algunos no pasaban de la quincena de años, que no dudaban en denunciar a la policía estatal a gente moribunda que apenas tenía para comer ni sobrevivir. Pero no solo se quedaban ahí, en muchos casos, recoge Martin Amis, sobrepasaban sus funciones humillando a los denunciados. Los obligaban a arrastrarse, ladrar como perros, desnudarse o revolcarse en el barro.

Stalin nunca había estado más convencido de su política, porque el fin del socialismo debía pasar por aquí, y era verdad aquellos que decían que en esos años, los que una vez fueron enemigos, ahora estaban callados y sometidos. El hambre no llevó a la rebelión, llevó a la amoralidad, al crimen, a la indiferencia, a la locura, a la parálisis y, por fin, a la muerte.

«Fue entonces cuando me di cuenta de que toda persona que pasa hambre es semejante a un caníbal. Consume su propia carne y no deja intactos más que los huesos. Devora su propia grasa hasta la última gota. Luego se oscurece su mente, porque ha consumido su propia mente. Al final, el hambriento se ha devorado del todo»[4]

A primera hora del día ya no se escuchaba el bullicio propio de los mercados de las ciudades, ahora el único sonido era la débil respiración de los agonizantes.[5]  En cuanto a cifras, la mayoría de historiadores están de acuerdo que entre la represión, gulags, asesinatos y muertos de hambre más de tres millones de ucranianos en apenas una década. Aún con esto, esta historia la continuaremos en el siguiente artículo.

“Papá, los nacionalistas ucranianos han degollado a un civil”

 

 

[1] SNYDER, Timothy: Tierras de Sangre. Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2008,  p. 14.

[2] Ibidem, p. 51.

[3] Frank Westerman, en Ingenieros del Alma, realiza un apartado bastante interesante respecto a la relación entre la ideología soviética y las obras hidráulicas durante el estalinismo.

[4]AMIS, Martin: Koba el Temible: la risa y los Veinte millones. Barcelona, Anagrama, 2004, p. 152. Recordemos que el hambre fue tal, que las autoridades soviéticos en Ucrania tuvieron que actuar en contra de las prácticas, reales, de canibalismo.

[5]SNYDER, Timothy: Tierras… Op. Cit., p. 50.

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Eterno aprendiz de historiador. Interesado en el concepto de libertad y los totalitarismos en el siglo XX.

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4 respuestas a “El hambre ideológica: Ucrania en los años 30”

  1. […] El uso del jacobino no es casualidad, ya que como la mayoría de historiadores afirman, encontramos muchos aspectos que se repiten entre los revolucionarios del s. XVIII y los dictadores del XX. Para empezar, el término Revolución, tan idealizado por los decimonónicos, es denominador común en todos: no nos gusta el sistema en el que vivimos y por ello deseamos sustituirlo. Pero no a través de una transición, sino de manera violenta y abrupta, sobre cualquier persona, clase o raza. Es aquí donde comenzamos a entender la mentalidad de los dos protagonistas, gente que para conseguir un fin, ya sea la dictadura del proletariado o el Reich de los mil años, no duda en usar cualquier tipo de medio. Comparten esa idea del destino universal del pueblo elegido que debe ser guiado por su líder indiscutido, uno al que se le practicará un culto casi mesiánico. Aquellos que formaron las SS alemana concibieron una forma de vivir y actuar como si el nazismo fuese una religión con su líder indiscutido al que había que jurar fidelidad sobre todo. Algo de lo que nos alerta Pellicani, ya que ese camino era por lo general violento, a través del terror catártico contra quien quisiera ponerse de por medio, como ya aprendimos en el artículo sobre los ucranianos y el hambre. […]

  2. […] Recordemos que esto no fue algo exclusivo del caso español sino que fue algo común en los regímenes totalitarios de toda Europa, algo sobre lo que ya escribimos en Real Silvia. Contar en esos años en España con […]

  3. […] Berlin señala que el Estado hizo todo lo posible para que los objetivos se cumplieran, y un claro caso lo encontramos en Ucrania con el Plan Quinquenal. Si hace falta inducir una hambruna y enviar a […]

  4. José-Mª del Salado Rodríguez de la Pica dice:

    SANTIAGO GONZÁLEZ: Te refrendo en todas tus palabras sobre GARZÓN y RUSIA; este es un indigente intelectual; yo he leído tres-3- biografías gorditas de STALIN, LOS GENERALES PENKOSKY-KRACHENKO, KRIVISTKY y varios de campos de concentración y está demostrado que fue así, lo que quieren tapar y reescribir la historia.

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