Gálvez – Leonardo Cervera

Almuzara publica una sencilla, rigurosa y absorbente novela histórica que narra la vida de Bernardo de Gálvez

Gálvez – Leonardo Cervera | Almuzara, Tapa blanda, 320 pgs.

«Yo, Juan de Arcila, criado viudo de la ilustre Casa de Gibralfaro, en pleno uso de mis facultades mentales aunque mayormente impedido, he resuelto dejar por escrito mis memorias del general Bernardo de Gálvez…». Así comienza Leonardo Cervera Navas la novela Gálvez (Almuzara), presentando al narrador y los motivos que le llevan a escribir las más de trescientas páginas de esta, aún así, breve y sencilla biografía novelada. Sencilla por ser de ligera lectura y de trama lineal. Y breve por abarcar, en realidad, sólo una parte de la vida del personaje que da título a la obra. 

Un personaje, Bernardo de Gálvez (1746-1786), nacido en el pueblo malagueño de Macharaviaya. En sus apenas cuarenta años de vida en este mundo alcanzó a luchar en África, Europa y América, ser gobernador de la Luisiana, virrey de Nueva España y, 228 años después de su muerte, convertirse en uno de los pocos ciudadanos honoríficos de los Estados Unidos. Una figura gigantesca para la historia de una España que se acercaba a su ocaso en América y para unos Estados Unidos que nacían al mundo.

La sencillez de esta novela no desmerece en absoluto la calidad de su narración. El estilo elegido nos sitúa, sí así queremos verlo, como lectores de un manuscrito redactado en algún momento del año 1814. En dicho documento nos encontramos ante el relato de las memorias de un anciano que desea que aquello que él vió no se pierda tras su muerte. Estamos, por lo tanto, leyendo hechos que viven en el recuerdo del narrador y que siguen por lo tanto la corriente de los anhelos y deseos que le gobernaron en el pasado. 

La sencillez es la norma en todo el texto. Sin grandes circunloquios ni adornos desmesurados. Con la claridad del escribano que prefiere anteponer el relato nítido al juego floral del poeta embelesado. Así es el estilo y el texto que el autor (tanto Juan de Arcila, el narrador, como Leonardo Cervera, el autor) nos ofrece en todo momento: claro como las notas de una guitarra resonando, furtivas, en un balcón de la Málaga de mediados del siglo XVIII. Esa sencillez agiliza la lectura de la novela de tal modo que parece terminar cuando apenas ha comenzado.

Viajaremos junto a Juan de Arcila y sus recuerdos desde su Málaga natal hasta los confines americanos del Imperio español en pugna permanente por estabilizar y pacificar la frontera compartida con pueblos guerreros de nombres gloriosos: apaches y comanches. Y después, al final, la que será la hora más brillante de Gálvez en plena Guerra de la Independencia de los Estados Unidos. Y allí estaremos al lado de Juan hasta el demasiado abrupto final.

Todo fluye con suavidad y delicadeza, sin prisas en las descripciones, con explicaciones de localismos maravillosos, de la vida malagueña que se despliega ante el lector, con una presentación pausada y repleta de cariño de los personajes centrales (doña Asun, don José de Gálvez, del conde don Manuel, el propio Bernardo) y de los usos y costumbres de una ciudad que es un personaje mudo que habla a través de su historia. La trama no se pausa en ningún momento porque no hay necesidad de ello. 

El narrador nos lleva de la mano por sus recuerdos y por los hechos históricos que enmarcan la trama. Y es en esa narración dónde aparece, menos al principio y más, mucho más, al final, Bernardo de Gálvez. Un diálogo aquí, una carta allá, un contar los hechos de su vida juvenil de lejos o estar a su lado en las incursiones desesperadas por la llamada comanchería. Y es que el personaje que le da título a la obra apenas está presente en la primera mitad de la misma. Quizá por falta de datos biográficos fiables, o arrastrado por el interés en contar lo más llamativo, el acercamiento a Gálvez es muy distante al principio y se centra mucho más en la vida del narrador, Juan de Arcila. ¿Desmerece esto al conjunto? En absoluto, pero aparta la narración de las épocas de la vida menos conocidas de Gálvez que es dónde el autor podía haber deslucido la parte histórica arriesgándose a cometer deslices narrativos. No se expone al error pero nos aleja de gran parte de la vida del que da nombre a la obra. 

Tiene veintiocho ventanas al pasado este libro, veintiocho senderos que nos llevan a la vida del narrador, con sus alegrías y sus pesares, y por los que pasea Gálvez de menos a más. De ser un invitado ocasional a ser el señor de la casa. Y, sin embargo, trescientas páginas son pocas, pues la narración se corta casi abruptamente en el momento en que se entrevé la gloria del protagonista. Justo cuando por fin llegamos al momento que elevó la figura de Gálvez por encima de sus contemporáneos, cuando el titán despega y se está adueñando de la narración, del relato, del ritmo de las palabras, cuando las victorias contra todo pronóstico se suceden y no se puede parar de leer.

Es ahora cuando la narración termina, repentinamente, en una solemne celebración que deja fuera gran parte de la gesta épica por la que Gálvez será recordado y exaltado. Y no es que al autor le hayan faltado ideas o calidades o ganas, sino que le han faltado hojas. Trescientas llevamos leídas a estas alturas y otras trescientas harían falta para cerrar el relato como el autor y el protagonista se merecen. El texto muere súbitamente, sin finalización narrativa, en un impasse de la trama. El cliffhanger extremo, casi suicida ¿Habrá segunda parte?¿Así acaba lo que empezó como un susurro en la noche malagueña y se estaba tornando tormenta atlántica gloriosa? 

Gálvez es una novela amable y de recomendable lectura. Por su estilo cercano y suave. Por el cariño con que está escrita. Por la dulzura de las descripciones y la calidez de los personajes centrales. Pero que no haya equivocación alguna, en las páginas encuentra su sitio la molicie y la maldad, la traición y la envidia. La perversión y la injusticia. La muerte cruel y la vergüenza más espantosa. El autor no lo oculta ni lo arroja fuera, más bien al contrario, lo muestra en primera fila y lo expone como la realidad de un mundo que fue (que aún es). Pero lo compensa con creces al mostrar la dignidad, el valor y la bondad que mueve a muchos de los protagonistas que, en ocasiones, incluso saldrán de la trama central y caminarán por unos instantes más allá de este mundo.

⚔️ En Portada: Por España y por el Rey, Gálvez en América – Augusto Ferrer-Dalmau

Leonardo Cervera Navas es un jurista español que trabaja como funcionario en la Unión Europea y ostenta el cargo de Secretario General del Supervisor Europeo de Protección de Datos. Ha compaginado su carrera profesional con el amor por la Historia participando habitualmente en Histocast y, además de la presente, ha publicado dos noveles históricas ambientadas en la Guerra Civil.

Publicado por

Licenciado en Historia Moderna y Contemporánea por las Universidades de Zaragoza y Pisa. Doctorando en Política Internacional.

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2 respuestas a “Gálvez – Leonardo Cervera”

  1. Leonardo CERVERA NAVAS dice:

    Gracias por una reseña tan humana y cariñosa para una obra humanista. Si Dios quiere, habrá una segunda parte.

  2. Juanjo Pérez dice:

    Es una novela que merece esa segunda parte ya.

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