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	<title>Cartago Archivos - Rea Silvia</title>
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		<title>La III Guerra Púnica</title>
		<link>https://reasilvia.com/2014/08/la-iii-guerra-punica/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Álvaro Bermúdez Caballero]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 20 Aug 2014 16:47:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Antigua]]></category>
		<category><![CDATA[Roma]]></category>
		<category><![CDATA[Cartago]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La caída definitiva de Cartago no fue sólo el fin de una ciudad, fue el cierre definitivo del choque de dos civilizaciones, extinguiéndose una de ellas de forma violenta.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h2>Una cuestión de poder</h2>
<p>55 años tras el fin de la II Guerra Púnica, el nuevo tributo que Roma impuso a Cartago había sido pagado –200 talentos de plata al año durante 50 años, poca cosa–, pero la ciudad púnica <strong>se las había arreglado para prosperar económicamente en su restringida parcela del norte de África</strong>. Los romanos habían obligado a Cartago a reconocer la independencia de Numidia, a no expandirse más allá de su territorio –la ciudad y una extensión relativamente considerable de ciudades libio-fenicias más o menos leales–, además, no podía declarar la guerra sin el permiso de Roma, no sólo para atacar, tampoco podía defenderse sin pedir permiso. A efectos prácticos, Cartago era un estado clientelar forzado cuyo tributo había expirado, hecho que sumado al poderío comercial de la ciudad <strong>la convertía de nuevo en un punto molesto sobre el mapa del Mediterráneo</strong>.</p>
<div align="center">
<p><!--Ads1--></p>
<p style="text-align: left;">Mientras Cartago estaba atada de pies y manos, Roma expandía su dominio por el resto del Mediterráneo. Los romanos decidieron permanecer en la Península Ibérica, primero como una medida para disuadir a los indígenas de volver bajo el regazo de los púnicos, y más tarde porque la tierra presentaba unas riquezas y posibilidades que acabaron por interesar mucho a la República: nodos comerciales con mucho potencial, vastas extensiones de cereales y una riqueza metalífera sin igual. El problema eran los indígenas. Los pueblos celtíberos –en especial los mesetarios y norteños– llevaban a sus espaldas siglos de tradición guerrera, además de la nula experiencia de ser dominados por otros, y <strong>Roma les había prometido ser liberados, no cambiar de dueño</strong>.</p>
<p style="text-align: left;">Pero los hijos de Marte se centraron por ahora en su oriente más cercano, Iliria y Grecia. <strong>Su conquista les resultaba mucho más coherente</strong>, por proximidad cultural y porque de algún modo se consideraban herederos de los helenos. Además, tenían cuentas pendientes con Macedonia y su queridísimo Filipo V. El mayor deseo de Roma era el de conquistar Grecia, mientras que no tenía claro qué hacer en Hispania, salvo quedarse en las regiones más afines culturalmente –grandes valles y zonas costeras– e ir adentrándose muy poco a poco hacia la meseta sin un objetivo realmente definido.</p>
<p style="text-align: left;">Así llegamos al 150 a.C. Roma se había expandido, demostrando que verdaderamente era el imperio que amenazaba con ser desde la II Guerra Púnica, y en la capital se había generado una corriente de patricios que, una vez pagados los tributos de guerra, <strong>pensaban que se debía proceder a la destrucción de Cartago</strong>. Era la espina clavada, habían pasado más de 100 años desde que los púnicos fueran unos vecinos peligrosos, y medio siglo desde que Aníbal pusiera pie en Italia, pero para muchos seguían siendo los enemigos que podían resurgir. Uno de los personajes más influyentes en esta corriente fue Catón el Viejo, quien siempre acababa sus discursos con la coletilla c<em>eterum censeo Carthaginem esse delendam–</em>además opino que Cartago debe ser destruida–. Al final, esta opinión ganó mucha fuerza, y los acontecimientos se aceleraron. Aquel año, Numidia atacó una ciudad libio-fenicia que Cartago auxilió sin el consentimiento de Roma. <strong><em>Casus belli </em>perfecto para la República</strong>. Las aguas del Mediterráneo trasportaron naves una vez más hacia la ciudad púnica, que portaban negras nuevas para sus habitantes.</p>
<p style="text-align: left;">Nuevamente, no se tiene claro bien qué sucedió ni por qué. Algunos afirman que fue un complot entre Roma y Numidia para obtener un <em>casus belli</em>, otros que verdaderamente todo ocurrió sin segundas intenciones de nadie. Cartago mostró una actitud coherente. Ofreció su rendición incondicional, pero Roma quería enviar a los púnicos tierra adentro, y esto no gustó a los cartagineses. Sería el fin de su poder comercial, modo de vida e identidad cultural. <strong>Así que finalmente retiraron su oferta y se resguardaron tras las sólidas murallas de su ciudad</strong>.</p>
<p style="text-align: left;">La guerra fue, básicamente, el asedio del ejército romano sobre Cartago, que duró 3 largos años. Además de unos altos y fuertes muros, <strong>la ciudad contaba con un puerto impenetrable con dos cuellos de botella</strong>, y en caso de penetrar por el mismo, los romanos debían enfrentarse a otra muralla.</p>
<p><center><iframe src="//www.youtube.com/embed/q7zSHksGaWE" width="640" height="360" frameborder="0" allowfullscreen="allowfullscreen"></iframe></center></p>
<p style="text-align: left;"><strong>Durante los primeros dos años los romanos no hicieron muchos avances en el asedio la ciudad</strong>, y las actuaciones de Pisón, el encargado de dirigir las operaciones durante el segundo año, no gustaron al Senado. En Roma pensaron en Publio Cornelio Escipión Emiliano, quien había desempeñado unas labores militares magníficas el primer año como subordinado, salvando el pellejo más de una vez a sus superiores. El propio Catón –de nuevo– se pronunció a favor del descendiente del vencedor de Zama, quien finalmente fue elegido cónsul sin contar con la edad necesaria, y fue enviado a Cartago.</p>
<p style="text-align: left;"><strong>Escipión comenzó a construir una especie de dique para bloquear el puerto cartaginés</strong>, cortando las comunicaciones marítimas que daban provisiones a la ciudad. Además, el dique fue lo suficientemente amplio como para plantar maquinaria de asedio y abrir brechas en las murallas. Los púnicos resistieron como pudieron, e incluso consiguieron abrir una nueva salida al mar e incendiar parte de las máquinas de asedio romanas, pero los constantes ataques y las reparaciones a contrarreloj que debían realizar acabaron desbordando a los defensores.</p>
<p><!--Ads2--></p>
<p style="text-align: left;">Con el puerto nuevamente aislado y varias brechas en la muralla de la zona portuaria, Escipión planeó un ataque total sobre Cartago, y una operación de limpieza una vez que sus fuerzas hubiesen penetrado en la ciudad. La batalla final se alargó durante seis días, la ciudad púnica se había convertido en un entramado en el que cada casa, templo y plaza eran puntos fuertes donde los cartagineses ofrecían una feroz resistencia. Llegado el séptimo día, unos 50.000 púnicos se rindieron a Escipión, dejando las lanzas por cadenas, mientras varios centenares resistían en los templos más altos de la ciudad hasta que acabaron por suicidarse.<strong> Cartago fue derrumbada piedra a piedra, y sus antaño orgullosos habitantes, esparcidos por el Mediterráneo como esclavos</strong>.</p>
<p style="text-align: left;">Roma se sacó la espina largo tiempo clavada, y la reconvirtió en un águila imperial.</p>
<h4>Bibliografía</h4>
<p style="text-align: left;">—BAGNALL, N:<em> The Punic Wars 264-146 BC, </em>Oxford<em>, </em>Osprey Publishing, 2002.<br />
—SÁNCHEZ-MORENO, Eduardo (coord.): <em style="color: rgba(0, 0, 0, 0.952941);">Historia de España. Protohistoria y Antigüedad de la Península Ibérica vol. II. La Iberia prerromana y la Romanidad,</em><span style="color: rgba(0, 0, 0, 0.952941);"> Madrid, Sílex, 2007.</span></p>
<h4 style="text-align: center;">Contenido multimedia</h4>
</div>
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		<title>La II Guerra Púnica</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Álvaro Bermúdez Caballero]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 05 Jul 2014 19:14:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Antigua]]></category>
		<category><![CDATA[Roma]]></category>
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		<category><![CDATA[Militar]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Roma y Cartago se jugaron definitivamente el control del Mediterráneo en un largo conflicto de invasiones prolongadas y guerra de desgaste.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h2>Sagunto sí, Sagunto no</h2>
<p><strong>Nadie se pone de acuerdo en qué diablos pasó en Sagunto para que se armara la de Cristo entre Roma y Cartago</strong> por esta ciudad. Se ha dicho que unos aliados cartagineses la atacaron y era protegida de los romanos, también que no, que Sagunto estaba bajo protección cartaginesa, o que simplemente la conquistaron porque sí y que eso vulneraba el tratado del Ebro, pero no, porque estaba en el territorio en el que Cartago podía expandirse.</p>
<p><!--Ads1--></p>
<p>Todo este lío es porque no hay una respuesta buena. <a href="http://reasilvia.com/2013/11/a-hispania-a-por-esposas/">Como ya adelantamos</a>, puede ser factible que media ciudad fuera indígena –con lazos con los cartagineses– y otra media fuera griega –con estrechos lazos con Ampurias y así entraban en la cadena con Massalia y Roma–. Esto por sí mismo no explica nada, <strong>a no ser que se produjera una discusión interna en la que cada parte pidiera el arbitrio de su gran potencia paternalista preferida</strong>. En estas cada una arrimó el ascua a su sardina y el resto es sabido.</p>
<p>Roma envió legados a Cartago Nova, «dejad de joder ya con Sagunto», y Cartago dijo «¿Que si quiero o que si tengo?», y que no estaban violando ningún tratado –dicho sea de paso, a Roma le importaban tres pimientos los tratados, de hecho es normal encontrar expresiones en ellos del tipo de «<span style="color: black;">mientras el Pueblo y el Senado de Roma lo quieran», más claro agua: hoy no, mañana ya veremos. En pocas palabras, eran tiempos muertos, dejaban aparcados temas importantes por <a href="http://reasilvia.com/2013/12/asegurando-fronteras/">otros que eran más inmediatos</a>–. <strong>Vamos, que se declararon la guerra casi mutuamente</strong>, Roma pensaba que ya era hora de parar a los púnicos, y Cartago estaba preparadísima para lanzar un ataque relámpago sobre suelo itálico, así que realmente poco importa quién empezara. <strong>Lo de Sagunto era la excusa perfecta para los dos</strong>.</span></p>
<div id="attachment_876" style="width: 778px" class="wp-caption aligncenter"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/Aníbal.jpg"><img fetchpriority="high" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-876" class="wp-image-876 size-full" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/Aníbal.jpg" alt="¿Que si quiero o que si tengo?" width="768" height="313" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/Aníbal.jpg 768w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/Aníbal-300x122.jpg 300w" sizes="(max-width: 768px) 100vw, 768px" /></a><p id="caption-attachment-876" class="wp-caption-text">Aníbal, experto en acojonar romanos y dar vueltas por ahí</p></div>
<h2>A Italia a toda leche</h2>
<p><strong>Aníbal cogió su ejército y sus elefantes y puso rumbo a Italia</strong> –cabe destacar que Aníbal no era una especie de emperador ni gobernante supremo, actuaba en calidad de general con enormes poderes en el frente, pero nada más, el juego pesado, es decir, dónde iban a estar los frentes, con quién al cargo, la importancia de cada uno y la administración de todo el escenario corría a cuenta del Consejo Sagrado y del Tribunal de los 104, las épicas instituciones de gobierno de los púnicos– comenzando un ataque relámpago que nadie esperaba.</p>
<p>Los romanos habían decidido mandar a los cónsules del 218 a.C. a un frente cada uno: Tiberio Sempronio Longo iría con sus legiones a Sicilia para preparar un ataque anfibio sobre Cartago, y Publio Cornelio Escipión a Massalia <strong>para atacar Hispania, donde residía la fuerza que había impulsado a Cartago a plantarles cara de nuevo</strong>. Pero cuando se enteraron de que Aníbal iba hacia Roma sometiendo pueblos indígenas y cruzando cordilleras –para el verano de ese mismo año ya había cruzado los Pirineos– decidieron cambiar de estrategia: Publio Escipión entregó una de sus legiones a su hermano Cneo Escipión para que continuara la estrategia diseñada, y con la otra legión, Publio quedó en Massalia a la espera de Aníbal para proteger desde allí la Península Itálica. Por su parte, Sempronio Longo había llegado a Sicilia y ya tenía órdenes de volver, para cuando regresó a Italia, Aníbal había cruzado los Alpes y algunas piernas empezaban a temblar, porque Publio no consiguió parar a Aníbal, quien decidió no jugarse el pescuezo en Massalia y pasar de largo, ya había sudado bastante y no quería llegar desgastado a Italia.</p>
<div id="attachment_566" style="width: 780px" class="wp-caption aligncenter"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/12/Portadapunicas2.jpg"><img decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-566" class="wp-image-566" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/12/Portadapunicas2.jpg" alt="Turner" width="770" height="232" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/12/Portadapunicas2.jpg 2048w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/12/Portadapunicas2-300x90.jpg 300w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/12/Portadapunicas2-1024x308.jpg 1024w" sizes="(max-width: 770px) 100vw, 770px" /></a><p id="caption-attachment-566" class="wp-caption-text">Aníbal cruzando los Alpes &#8211; William Turner</p></div>
<p>Publio se trasladó a la frontera del norte donde tuvo una primera escaramuza con Aníbal, que acabó con el Escipión saliendo por patas vendándose sus heridas. Para finales de ese mismo año Sempronio Longo se había unido a Publio y juntos intentaron sin mucho tino parar al ejército invasor. <strong>Fue la primera gran victoria de los cartagineses en suelo itálico y dejaba la vía abierta para atacar Italia central</strong>, además, implicaron a pueblos galos del norte de Italia, «internacionalizando» el conflicto.</p>
<h2>¿Y ahora, qué?</h2>
<p>Durante el invierno del 217 a.C. los romanos se reorganizaron y reclutaron nuevas legiones, dirigidas por nuevos cónsules, aunque Publio fue enviado como procónsul a Hispania junto a su hermano Cneo, que había desembarcado en Ampurias y había dado lo suyo a uno de los generales púnicos que defendían la península, consiguiendo establecer la colonia griega y Tarraco como bases romanas. ¿Qué es eso de procónsul? Un cónsul con poderes extraordinarios que actúa «en lugar de» un cónsul al uso, eso significa el &#8216;pro-&#8216;. Tenía mucha libertad de acción pero tampoco era omnipotente, para situaciones extraordinarias y sin estar delimitado por nadie, al no ser un cargo colegiado. Es decir, Roma dio a Publio el poder para organizar a su gusto la guerra en Hispania, confiaban en el Escipión. Los dos hermanos van a repartir cera desde este momento hasta el 211 a.C., avanzando mucho contra los púnicos pero sin controlar del todo nada. En el año citado, <strong>tras dos derrotas consecutivas, los hermanos murieron en combate y las tropas restantes se replegaron hacia el Ebro</strong>.</p>
<p>Aníbal, entretanto, seguía a lo suyo, que era darse lanzadas con los romanos y apisonar la tierra itálica con los elefantes, algo que se le daba francamente bien. En el 217 a.C., en la emboscada del lago Trasimeno, el púnico dejó a Roma tiritando y la ciudad eterna a tres días de camino. Tal era el miedo en Roma, que <strong>decidieron nombrar a Quinto Fabio Máximo como dictador, que con imperium extraordinario temporal trataría de salvar a los romanos del desastre total</strong>.<a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/Battle_of_lake_trasimene-es.svg_.png"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter wp-image-871" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/Battle_of_lake_trasimene-es.svg_.png" alt="Emboscada del Trasimeno" width="497" height="383" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/Battle_of_lake_trasimene-es.svg_.png 1024w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/Battle_of_lake_trasimene-es.svg_-300x230.png 300w" sizes="auto, (max-width: 497px) 100vw, 497px" /></a>Aníbal no atacó Roma, tenía la esperanza de convertir a los pueblos latinos a su causa para debilitar a los romanos y propinarles un golpe final tan fuerte que poco iba a quedar de ellos, más que la anécdota de cómo casi crearon un imperio. Le salió mal, claro, <strong>la lealtad de estos pueblos a Roma era más sólida de lo que el púnico creía</strong>, así que se marchó a la costa Adriática para echar gasolina y pensar en el siguiente paso. Puede parecer una estupidez no haber atacado Roma habiendo estado <em>ad portas</em> mientras todos los romanos temblaban, pero por muy guay que se fuera, con un ejército no se iba a ser capaz de controlar Italia, iba a costar sangre sudor y lágrimas, y ahí estaban los escipiones que podían volver en cualquier momento.</p>
<div id="attachment_887" style="width: 159px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/250px-N26FabiusCunctator.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-887" class="wp-image-887 size-medium" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/250px-N26FabiusCunctator-149x300.jpg" alt="A ver, vente que te explico, Minucio..." width="149" height="300" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/250px-N26FabiusCunctator-149x300.jpg 149w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/250px-N26FabiusCunctator.jpg 250w" sizes="auto, (max-width: 149px) 100vw, 149px" /></a><p id="caption-attachment-887" class="wp-caption-text">A ver, ven que te explico, Minucio&#8230;</p></div>
<p><strong>La estrategia de Fabio Máximo fue la de no entablar combate directo con el púnico</strong>, al menos hasta conseguir las legiones necesarias mientras se debilitaba al ejército enemigo poco a poco. Algo que funcionó bien hasta que el genio de Aníbal volvió de entre las sombras en uno de los pasajes más famosos y probablemente con más leyenda del conflicto. El cartaginés había llevado a sus ejércitos a la Campania huyendo de las fuerzas de Fabio Máximo y buscando provisiones, pero a pesar de todo, el dictador había cortado las mejores posibilidades de Aníbal. Se dice que en una noche, Aníbal ató antorchas a los cuernos de 10.000 bueyes y Minucio, segundo de Fabio, los persiguió porque parecían un ejército en marcha, dejando el camino libre para el verdadero ejército. Sea como fuere, Aníbal y su ejército continuaron por donde querían, pero no hay que dejar pasar que conseguir 10.000 bueyes era un auténtico imposible, sin olvidar que habrían acabado con cualquier problema de aprovisionamiento que ningún ejército tuviera.</p>
<p>En Roma se vio como una novatada, así que le retiraron la dictadura a Fabio, aunque poco después se la volvieron a conceder, pero colegiada con Minucio, lo cual no tenía demasiado sentido, <strong>especialmente con las rencillas personales entre ambos</strong>, situación que los llevó a un nuevo desastre bélico que Fabio salvó a duras penas. Este follón organizativo se descompuso para el 216 a.C., volviéndose al sistema de cónsules, cargo al que accedieron Emilio Paulo y Varrón, los cracks de Cannas.</p>
<div id="attachment_880" style="width: 695px" class="wp-caption aligncenter"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/737px-Batalla_de_Cannas_Destrucción_romana.svg_.png"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-880" class="wp-image-880 " src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/737px-Batalla_de_Cannas_Destrucción_romana.svg_.png" alt="Martillo y yunque que te crió." width="685" height="479" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/737px-Batalla_de_Cannas_Destrucción_romana.svg_.png 737w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/737px-Batalla_de_Cannas_Destrucción_romana.svg_-300x209.png 300w" sizes="auto, (max-width: 685px) 100vw, 685px" /></a><p id="caption-attachment-880" class="wp-caption-text">Martillo y yunque que te crió. *216 a.C., no 215</p></div>
<p>Tampoco podemos ser tan injustos con los cónsules, no eran escipiones, pero delante tenían al general de generales, quien envolvió las líneas romanas, y cuando la superior caballería –especialmente la númida– <strong>despachó a los equites, les propiciaron un martillo y yunque épico</strong> –la famosa táctica de Alejandro Magno en la que la infantería pesada se enfrentaba frontalmente al enemigo, y cuando la caballería pudiera, atacaba a la espalda de la infantería enemiga rompiendo dramáticamente las filas–.</p>
<h2>Buitres y águilas</h2>
<p>Tras la derrota de Cannas, Aníbal consiguió lo que buscaba: pasarse aliados romanos a su bando, algunos buitres salieron a planear vaticinando la muerte de la presa herida. Pero se precipitaron. Algunas ciudades de Lucania –actual Basilicata–, Campania, Apulia y el antiguo Samnio se pasaron al bando cartaginés, y algo que hirió especialmente a los romanos fue que lo hiciera Capua –en Campania–, la segunda ciudad de Italia en el momento. Es en este contexto cuando realmente se acuña la expresión «<em>Hannibal ad portas</em>«, pues estuvo con sus ejércitos literalmente al lado de Roma, es en este momento cuando se planteó de verdad atacar la ciudad, pero optó por replegarse. <strong>Entre otras cosas porque no todo era positivo para Cartago</strong>, el Consejo de los Sagrados no tenía intención de enviar refuerzos a Italia –algo que nos hace pensar que Cartago no tenía un interés inmediato en controlar la península, ni siquiera en destruir Roma, y probablemente estaban más interesados en recuperar lo que se perdió y poner orden en Hispania–, y Asdrúbal, hermano de Aníbal y general en Hispania, no podía enviar refuerzos por mar, al ser la costa y el mar de dominio romano. Aunque Cartago se hizo con provisiones con las que además ya no contaba Roma, no pudo sanear el ejército tras ya 3 duros años de guerra y viajes.</p>
<div id="attachment_899" style="width: 230px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/220px-Filippo_V_-_MNR_Palazzo_Massimo.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-899" class="size-full wp-image-899" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/220px-Filippo_V_-_MNR_Palazzo_Massimo.jpg" alt="Filipo V, experto en tocar las narices" width="220" height="310" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/220px-Filippo_V_-_MNR_Palazzo_Massimo.jpg 220w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/220px-Filippo_V_-_MNR_Palazzo_Massimo-212x300.jpg 212w" sizes="auto, (max-width: 220px) 100vw, 220px" /></a><p id="caption-attachment-899" class="wp-caption-text">Filipo V, experto en tocar las narices</p></div>
<p><strong>Esta situación dio tiempo a los romanos para reorganizarse</strong>. No todo estaba perdido, contaban con una enorme red de colonias por todo el suelo italiano, y aunque sólo controlasen del todo el centro de Italia, era más vano de lo que parecía, pues contaban con ciudades leales tanto el sur como en el norte, y la capacidad para reclutar legionarios parecía seguir intacta. Y, sorpresa, Fabio Máximo volvió a ser elegido dictador, esta vez en solitario, y esta vez pudo hacer las cosas bien. Desde el 215 hasta el 211 a.C., los romanos volvieron a la táctica fabiana de hostigamiento, perpetrando rápidas incursiones y evitando el combate masivo directo, y poco a poco, durante esos años, se fue reconquistado todo lo perdido en sur de Italia, Capua incluida. Las águilas retomaron el tablero y los buitres volvían a sus nidos.</p>
<p>Entretanto, Córcega y Sicilia estuvieron al borde de perderse. El caso de la primera isla fue el de otras aves visionarias, que tras las primeras victorias de Aníbal se decidieron levantar contra Roma y pasarse al lado púnico, aunque tras un poco de tajo va y lanzada viene, la isla quedó claramente bajo dominio romano, además con dos legiones para controlar posibles levantamientos, el cordón de seguridad en el Tirreno era importante para la seguridad de Roma. En Sicilia, Siracusa acabó en manos de Cartago, quien envió un ejército para protegerla, pero en el 213 a.C. el cónsul Claudio Marcelo <strong>fue enviado a pacificar la isla, algo que consiguió en el 210 a.C., con el ejército púnico derrotado</strong>.</p>
<p>Otro molesto buitre fue Filipo V de Macedonia, que aprovechó el momento de debilidad romana para recuperar el control sobre Iliria, <strong>inaugurando la Primera Guerra Macedónica, que se extendería hasta el 205 a.C.</strong>, aunque no se tiene por seguro que Filipo entablara una alianza con Cartago. En cualquier caso, la guerra se despachó con enfrentamientos de poca importancia y un tratado al estilo romano, un tiempo muerto para devolverle el guantazo a Filipo cuando el Pueblo y el Senado de Roma lo vieran oportuno. Por ejemplo, cuando Aníbal no estuviera dando por saco en Italia, que les vendría mejor.</p>
<h2>El camino hacia la victoria</h2>
<div id="attachment_890" style="width: 230px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/220px-Escipión_africano.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-890" class="wp-image-890 size-full" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/220px-Escipión_africano.jpg" alt="Habéis matao a mi pater y os la vais a llevar bien gorda." width="220" height="364" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/220px-Escipión_africano.jpg 220w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/220px-Escipión_africano-181x300.jpg 181w" sizes="auto, (max-width: 220px) 100vw, 220px" /></a><p id="caption-attachment-890" class="wp-caption-text">Habéis matao a mi pater y os la vais a llevar bien gorda</p></div>
<p>El mismo año de la pacificación de Sicilia, desembarcó en Ampurias Escipión el Africano, el hijo de Publio Escipión, con ganas de repartir leches entre los generales que habían acabado con su padre y su tío. <strong>Llegó como procónsul con tan sólo 24 años, todo un puto amo</strong>. Terminó de controlar el valle del Ebro para poder marchar tranquilo hacia el sur, prometiendo a las tribus que ellos habían ido a liberarlos de Cartago, y como los púnicos les pedían unos tributos altísimos, las tribus les dieron las llaves de casa y el mando de la tele. Tan contentos. Hecho esto, partió hacia Cartago Nova, a la que asedió por tierra y mar, conquistándola en el 209 a.C. La victoria fue una verdadera muestra de genio militar, otra especie de operación relámpago, a marchas forzadas desde Tarraco sorteando enemigos a diestro y siniestro y conquistando la ciudad en muy poco tiempo. Cartago Nova contaba además con 300 rehenes iberos,<strong> que Escipión usó para meterse en el bolsillo a diferentes tribus y cambiar radicalmente el tablero de juego</strong>. Fue un verdadero punto de inflexión en la guerra.</p>
<p>La fortuna volvía a sonreír a Roma, pero quedaba mucho por hacer,  Aníbal aún andaba por Italia y <strong>tenía un par de hermanos generales bastante cabreados a los que pidió ayuda</strong>. El púnico estaba en el sur de Italia, primero en Tarento y más tarde en Brucia mientras Roma continuaba hostigando de diferentes formas a sus tropas. Escipión conquistó el alto Guadalquivir desde Cartago Nova, haciéndose con las minas de Cástulo tras la batalla de Baecula en el 208 a.C., agregando así una cantidad de recursos que Roma necesitaba como agua de mayo, y que al mismo tiempo eran un duro golpe para Cartago. Asdrúbal consiguió huir –<strong>de hecho, recientes investigaciones apuntan a que sacrificó parte de su ejército en la batalla de Baecula para poder ir a Italia sin presión</strong>– y llegó a suelo itálico emulando a su hermano, pero al poco tiempo de entrar por el norte de la península, su ejército fue masacrado en la batalla del río Metauro en el 207 a.C., y él encontró la muerte.</p>
<p>Menos fortuna tuvo el otro hermano, Magón, quien también acudió a la llamada de auxilio, quiso ser original e ir por mar pero su intervención fue mucho menos reseñable, vagó por Liguria hasta que fue derrotado y decidió que como en casa en ningún sitio, pero murió de camino. Escipión, por su parte, bajó el curso del Guadalquivir, con buena parte de las tribus de su lado, y<strong> en el 206 a.C. propinó una paliza épica a Cartago en Ilipa Magna</strong> –Alcalá del Río– y acabó pocos días después la presencia cartaginesa, cuando las fuerzas de Escipión persiguieron y aniquilaron a los restos del ejército enemigo.</p>
<p>Mientras Escipión expulsaba a los cartagineses de Hispania, <strong>Roma se hacía con la lealtad de un príncipe númida, cuya poderosa caballería será esencial en lo poco que quedaba de guerra</strong>. En el 205 a.C. Escipión volvió a Roma y fue elegido cónsul, además se encargó de Sicilia, desde donde mermó a Aníbal y preparó la invasión de África, a la que llegó en el 204 a.C. como procónsul y devastó a los ejércitos púnicos. Al año siguiente llegó Aníbal a petición del Consejo Sagrado, Cartago ofreció la paz a Roma, pero Escipión prefirió plantar al ejército frente al general que había puesto patas arriba Italia durante más de 10 años. En el 202 a.C. se jugaron en Zama la última partida de ajedrez de esta larga guerra, en la que la magnífica caballería númida –esta vez, también en el bando romano– jugó un factor determinante, volviendo una vez más al martillo y el yunque.</p>
<p><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/Batalla_Zama.svg_.png"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter wp-image-896" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/Batalla_Zama.svg_.png" alt="Batalla de Zama" width="700" height="404" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/Batalla_Zama.svg_.png 1441w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/Batalla_Zama.svg_-300x173.png 300w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2014/07/Batalla_Zama.svg_-1024x590.png 1024w" sizes="auto, (max-width: 700px) 100vw, 700px" /></a></p>
<p>Aníbal consiguió escapar, pero el ejército quedó destrozado, y ahora Roma sí buscó un tratado de paz como le gustaba hacerlos: en condición de superioridad aplastante. Zarandeó a Cartago diplomáticamente, pidiéndole 10.000 talentos de plata en 50 años, no sobrepasar el territorio anterior a la I Guerra Púnica ni atacar a otros estados africanos, además de prohibilers firmar pactos con otros estados mediterráneos. Sobre el papel, <strong>Cartago quedó como un estado clientelar de Roma por la fuerza, encadenada a lo mínimo</strong>.</p>
<h2>Consecuencias</h2>
<p>La gran ciudad púnica perdió su imperio, y cualquier tentativa por recuperarlo iba a ser respondida con mano de hierro, <strong>Roma echaba así de la carrera por el dominio del Mediterráneo a su principal contrincante</strong>. Además, Roma seguía con asuntos pendientes: el más cercano era el de los galos en el norte de Italia, nuevamente descontrolados, en el este Filipo V había hecho un feo que Roma respondió en el 200 a.C., y por último <strong>quedarse o no en Hispania</strong>. Esto se resolvió dejando tropas por el momento para evitar que Cartago recuperase aliados, actitud que no gustó un pelo a los hispanos.</p>
<p><strong>Por otra parte Roma estaba cambiando de ciudad estado itálica a imperio extenso y extensible</strong>. Es cierto que aún no controlaba enormes territorios, pero su proyección e influencia en lugares hasta entonces remotos se multiplicó hasta límites insospechados. Ya habíamos comentando anteriormente el problema del ejército, pensado para campañas cortas. Cada vez se hacía más evidente que Roma iba a necesitar soldados permanentemente en diferentes puntos de la geografía mediterránea, <a href="http://reasilvia.com/2014/12/los-pilares-de-la-crisis-de-la-republica-romana/"><strong>pero los cambios se harán esperar demasiado</strong></a>. Otro hecho importante fue la normalización del proconsulado en tiempos de guerra, que hará que una de las soluciones para el futuro gobierno provincial sea precisamente esta promagistratura, que tantos réditos daba a los portadores que sabían aprovecharla.</p>
<p><!--Ads2--></p>
<p>En pocas palabras, <strong>Roma tenía la puerta abierta hacia lo que se denomina la Roma imperial</strong>, que no el Imperio Romano, es decir, un imperio organizado como una ciudad-estado. De los problemas que esto comenzó a plantear, y sus consecuencias,  hablaremos en otro momento.</p>
<h3 style="text-align: center;">Bibliografía</h3>
<p><span style="color: rgba(10, 10, 10, 0.819608);">—FIELDS, Nic: </span><em style="color: rgba(10, 10, 10, 0.819608);">The Roman Army of the Punic Wars 264-146 BC</em><span style="color: rgba(10, 10, 10, 0.819608);">, Oxford, Osprey Publishing, 2007.</span></p>
<p>—SÁNCHEZ-MORENO, Eduardo (coord.): <em>Historia de España. Protohistoria y Antigüedad de la Península Ibérica vol. I. Las fuentes y la Iberia colonial,</em> Madrid, Sílex, 2007</p>
<p><span style="color: rgba(10, 10, 10, 0.819608);">—La Segunda Guerra Púnica en Iberia,  Desperta Ferro, serie Antigua y Medieval, Nº17, 2012.</span></p>
<p>*Apartado gráfico extraído de Wikipedia Commons y The Creative Assembly.</p>
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		<title>La guerra de los mercenarios</title>
		<link>https://reasilvia.com/2013/12/la-guerra-de-los-mercenarios/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Álvaro Bermúdez Caballero]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 14 Dec 2013 11:17:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Antigua]]></category>
		<category><![CDATA[Roma]]></category>
		<category><![CDATA[Cartago]]></category>
		<category><![CDATA[guerraspúnicas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Nada más terminar la I Guerra Púnica, Cartago sufrió una revuelta libio-mercenaria que estuvo cerca de suponer le final definitivo de los púnicos.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://reasilvia.com/2013/11/a-hispania-a-por-esposas/">Como ya hemos visto días atrás en este blog</a>, Cartago quedó totalmente descompuesta tras la I Guerra Púnica, y peor que iba a estar, <strong>clamando a los dioses cuando el levantamiento de los mercenarios casi arrasa la propia Cartago</strong>. Vamos a detenernos en este capítulo del gran relato que estamos construyendo para comprenderlo mejor, ya que hasta ahora hemos pasado de puntillas por él y aún estamos a tiempo de hablar de la cuestión, que resulta otro momento apasionante de la historia de Cartago.</p>
<h2>Sin dinero y sin tacto</h2>
<p>Los púnicos estaban faltos de numerario tras 23 años de guerra contra Roma, pero la revuelta mercenaria no fue inmediata. Amílcar había firmado con Lutacio entregar Sicilia y salir de allí por patas, tarea que le encomendó a Giscón. El procedimiento habitual habría sido sacar a los mercenarios por turnos, pagando la soldada y desmovilizándolos, pero la situación no era normal. Cartago debía a sus mercenarios 6 años de soldada, que en cálculos aproximados –y por qué no decirlo, difíciles de aproximar– estaban en torno a unos 2.400 talentos entre cerca de 20.000 hombres. Sin olvidarnos de que Cartago debía ya a Roma 3.200 de los que debía pagar 1.000 de manera inmediata. Cabe decir que los mercenarios eran curiosamente pacientes para percibir su soldada, pero <strong>Cartago tuvo poco tacto al negociar con ellos a la baja después de que Amílcar les prometiera la paga al completo</strong>.</p>
<p><!--Ads1--></p>
<p>Los mercenarios estaban ya especialmente cansados, y el abismo para Cartago estaba próximo. 20.000 hombres enormemente fogueados en la guerra sobre suelo cartaginés eran un peligro, <strong>pero aparecieron unos terceros actores: los libios, que estaban hasta las narices de soportar unos impuestos desmedidos</strong>, incluyendo a las élites más pudientes, que eran al mismo tiempo los más capaces para movilizar a los todos los libios. Sin olvidarnos del pequeño detalle que aproximadamente la mitad de los mercenarios eran libios.</p>
<p>Como los mercenarios empezaban a estar demasiado descontentos, se los llevaron un poco más lejos, a <em>Sicca Veneria</em> –donde está la actual Le Kef– porque en Cartago eran un verdadero peligro. Los mercenarios empezaron a pedir no sólo la paga debida, sino que <strong>también querían una justa retribución por todo lo que habían puesto de su bolsillo para sobrevivir esos 6 años</strong>, para lo que probablemente muchos tuvieron que pedir préstamos, e incluso sus familias se endeudaron, con lo cual era una petición bastante coherente, como también lo era que Cartago intentara rebajar un poco el montante por la deuda contraída con Roma.</p>
<p>Finalmente, Giscón, el encargado de comerse el marrón parece que consiguió un acuerdo para pagar la soldada e incluso tras ello, reponer a los mercenarios lo que tuvieron que pagarse de su bolsillo esos 6 años. Pero ya era demasiado tarde, aunque cualquier persona razonable bajo circunstancias normales habría aceptado el acuerdo. Hay que insistir en que no eran circunstancias normales y aunque no podemos saber a ciencia cierta qué ocurrió, por qué, ni qué pasaba por la cabeza de nadie, Dexter Hoyos arroja una hipótesis bastante sensata al respecto: <strong>es probable que un grupo de mercenarios convenciera a muchos de ellos para percibir la paga debida y además unirse a la revuelta libia</strong>. De este modo conseguirían la justa retribución por sus servicios, más lo conseguido durante la guerra al entrar en Cartago, y un próspero futuro siendo héroes de la Libia liberada –con un largo expediente de rebeliones fallidas–.</p>
<h2>Una guerra sangrienta y una dirección dividida</h2>
<p><strong>Los mercenarios apresaron a Giscón, lapidaron a unos cuantos púnicos, y bloquearon Cartago desde Túnez</strong>, la rebelión era ya un hecho consumado y el imperio cartaginés estaba patas arriba. La dirección militar estaba bajo Hannón, quien se vio sobrepasado por la situación y tan sólo Útica e Hipozarita –Bizerta– fueron leales a Cartago, pero pronto serían perdidas por propia voluntad, incluso Útica pedirá el arbitrio de Roma sin éxito. Es en estos momentos, en el 240 a.C., cuando los mercenarios de Cerdeña aprovechan también para rebelarse y Roma aprovechará, un poco más tarde,  para agenciársela y de paso poner pies en Córcega, que quedaba cerca.</p>
<p>Ante el desastre inicial de Hannón, Amílcar tomó el mando de la situación y, con menos hombres, lo llevó mejor. Además <strong>inició unas matanzas de prisioneros que dieron nombre al conflicto que tratamos, la guerra inexpiable o sin cuartel</strong>. Como consecuencia de estos actos, nuestro querido amigo Giscón fue mutilado y asesinado. Amílcar solicitó la ayuda de Hannón al entender que los mercenarios podían ser derrotados si Cartago se muestra unida, pero ambos generales no se pusieron de acuerdo y esta actitud es la que hará que Útica e Hipozarita –ciudades extraordinariamente leales– decidieron abandonar a los púnicos.</p>
<div id="attachment_617" style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/12/Libyan_phoenician_lancer.png"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-617" class="size-medium wp-image-617 " src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/12/Libyan_phoenician_lancer-300x297.png" alt="Lancero libio" width="300" height="297" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/12/Libyan_phoenician_lancer-300x297.png 300w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/12/Libyan_phoenician_lancer-150x150.png 150w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/12/Libyan_phoenician_lancer.png 413w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a><p id="caption-attachment-617" class="wp-caption-text">Lancero libio</p></div>
<p>Merece la pena pararse un momento sobre la cuestión de los mercenarios como grupo. Ya sabemos que los sublevados no son homogéneos desde el principio de la rebelión, pues arrastran consigo a campesinos libios y otros individuos descontentos no militares. Pero los propios mercenarios tampoco lo eran, cada uno tenía su procedencia y sus intereses, además, ni siquiera todas las tropas que lucharon contra Roma eran mercenarios. <strong>En un primer lugar estaban los súbditos de Cartago, que eran principalmente libios</strong> obligados a servir en los ejércitos de los púnicos y eran un componente bastante importante en las tropas de estos rebeldes, por otro lado estaban <strong>los aliados de Cartago que eran ligeramente inferiores en el pacto, como los númidas, los galos o los ligures</strong>, y por último los verdaderos mercenarios contratados a golpe de talonario. De hecho, de entre los líderes de la rebelión destacarán un galo, un libio y un campano, que  representan tres partes de las que se componía el ejército púnico.</p>
<p>Amílcar de nuevo en solitario tomó las riendas de la situación y cortó las líneas de abastecimiento entre el ejército mercenario y la Libia, llevándolos a la desesperación por el hambre. Finalmente acorraló a una parte del ejército liderada por Autárito –una suerte de general mercenario galo–, les ofreció una rendición incondicional, pero al intentar escapar los enemigos, los masacró. Poco tiempo después, <strong>dejó a buena parte de su ejército al mando de un tal Aníbal que funcionó como su segundo, y Mato, otro general mercenario, se puso las botas con el pobre Aníbal</strong>. Las crucifixiones<a title="" href="file:///D:/Documents/Utilidades/Historia/Guerras%20p%C3%BAnicas/La%20guerra%20de%20los%20mercenarios.docx#_ftn1">[1]</a> y degollamientos iban y venían como parte de esta guerra sin cuartel, y el Senado de Cartago le pidió a Aníbal que por favor se entendiese con Hannón, y entre el 238-237 a.C., por fin se entendieron y consiguieron acabar con Mato, y con él, con la rebelión.</p>
<div id="attachment_618" style="width: 219px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/12/Hannibal_gaul_soldier.png"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-618" class="size-medium wp-image-618 " src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/12/Hannibal_gaul_soldier-209x300.png" alt="Infante galo" width="209" height="300" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/12/Hannibal_gaul_soldier-209x300.png 209w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/12/Hannibal_gaul_soldier.png 342w" sizes="auto, (max-width: 209px) 100vw, 209px" /></a><p id="caption-attachment-618" class="wp-caption-text">Infante galo</p></div>
<h2>Apreciaciones</h2>
<p>El objetivo último de esta explicación era conocer de forma sucinta el conflicto que, enmarcado dentro de lo que ya conocemos, <strong>estuvo cerca de costar a Cartago algo más que otra rebelión fallida</strong>. Y a pesar de todo lo expuesto, hay cuestiones difícilmente tratables y poco asegurables.</p>
<p>Sabemos que los mercenarios se rebelaron contra sus empleadores, pero no es el típico ejemplo del mercenario descontento poniendo al «jefe» entre la espada y la pared esperando la paga. El momento era muy concreto y Cartago parecía poder derrumbarse de la noche a la mañana, y<strong> a pesar de ello, no todos los mercenarios participaron</strong>, de hecho parte de los 20.000 se unieron al ejército de Amílcar. Fue un conflicto fundamentalmente libio al que una parte de estos mercenarios se unió por sus propias razones de las que sólo podemos plantear hipótesis, pero podemos imaginar que los mercenarios libios –que actuaban en realidad como mercenarios forzados, como ya hemos visto, y que no por ello debemos pensar no percibían soldada– tenían fuertes motivaciones para participar en la revuelta libia.</p>
<p>Tampoco encontramos muchos númidas, que podrían haber sido un factor determinante en la balanza hacia los libios, de hecho, <strong>parece que participaron más númidas bajo las órdenes de Cartago que del lado libio-mercenario</strong>. Tampoco es de extrañar, funcionaban más en calidad de aliados inferiores que de súbditos como los libios, por lo que los impuestos debieron ser más benévolos con los númidas, y por tanto menos propensos a mancharse las manos de sangre en esta ocasión.</p>
<p>Por otro lado ni siquiera los libios parecieron estar del todo unidos, no parece haber ningún tipo de confederación libia. E incluso <strong>algunos libios adinerados preferían el status quo impuesto por Cartago que una guerra incierta</strong>, por la que además, podrían ir al crucifijo.</p>
<p><strong>Otro factor clave fue la ayuda de Roma</strong>, quien estaba realmente interesada en que Cartago no se desmoronara, y permitió a los púnicos contratar mercenarios en suelo romano, además de apremiar a sus propios aliados a abastecer a Cartago en buenas condiciones y a no hacerlo a los mercenarios. Aunque como sabemos todo tiene su precio, y una cosa era echar un cable y otra amamantar a tus enemigos naturales, y como ya he señalado, tomó Córcega y Cerdeña porque ser romano era eso, hacer lo que querías y cuando querías según «el senado y el pueblo de Roma así lo crea conveniente».</p>
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<p><strong>Cartago, de todos modos bien podría haberse curado en salud y pagar la soldada antes a los mercenarios, desmovilizándolos o desviándolos a diferentes frentes</strong>, cualquier cosa para mantener a 10.000 infantes libios descontentos en medio de una rebelión libia en ciernes. La gente con armas descontenta siempre puede resultar un problema difícil de manejar, y a Cartago le costó mucha sangre comprender hasta qué punto esto era así.</p>
<hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="file:///D:/Documents/Utilidades/Historia/Guerras%20p%C3%BAnicas/La%20guerra%20de%20los%20mercenarios.docx#_ftnref1">[1]</a> La crucifixión era un método muy usado por los cartagineses para castigar a los traidores. El uso viene dado por su ascendencia fenicia, ya que la crucifixión era en origen de Oriente Próximo y fue muy usada por los fenicios.</p>
<h2>Bibliografía</h2>
<p>-HOYOS, Dexter: <em>Truceless War: Carthage&#8217;s Fight for Survival, 241-237 BC, </em>Brill<em>, </em>2007.</p>
<p>&#8211;<span style="color: black;">HOYOS, Dexter: “La guerra inexpiable”, en Desperta Ferro, serie Especiales, Nº IV, 2013, pp. 52-61.</span></p>
</div>
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		<title>A Hispania a por esposas</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Álvaro Bermúdez Caballero]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 16 Nov 2013 13:13:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Antigua]]></category>
		<category><![CDATA[Roma]]></category>
		<category><![CDATA[Cartago]]></category>
		<category><![CDATA[guerraspúnicas]]></category>
		<category><![CDATA[Hispania]]></category>
		<category><![CDATA[Iberos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>"A Hispania a por esposas" es la historia de la conquista cartaginesa de la Península Ibérica, gracias, en parte, a los tratos diplomáticos cerrados con matrimonios.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: justify;">Entre guerras</h2>
<p style="text-align: justify;">Tras la primera guerra púnica (264 a.C. a 241 a.C.), Cartago quedó por completo rota: en la Paz de Lutacio Roma les obligó a<strong> renunciar a Sicilia </strong>y a pagar 3.200 talentos de plata, o lo que es lo mismo, <strong>10,5 toneladas </strong>del codiciado metal. Las deudas y la pérdida territorial dejaron a Cartago sin poder pagar a las tropas, que en buen número eran mercenarios y <a href="http://reasilvia.com/2013/12/la-guerra-de-los-mercenarios/"><strong>se sublevaron</strong></a>.</p>
<p><!--Ads1--></p>
<p style="text-align: justify;">El futuro imperio que será capaz de cruzar el Rubicón con sus tropas, estaba tiritando. Y aunque suene paradójico, se recuperó gracias a su peor enemigo, Roma. Los púnicos tenían a Córcega y Cerdeña levantadas, y con el debilitamiento, los pueblos del norte de África decidieron no pagar los tributos acordados. Para colmo se llevaron a los mercenarios de Sicilia corriendo y a trompicones hacia Cartago, donde hubo problemas con la paga y formaron una revuelta que casi acaba con los púnicos. La república de Roma <strong>ordenó a sus propios aliados abastecer a Cartago para que se recuperara</strong>, y además entró en juego Amílcar Barca, quien derrotó a los mercenarios tras mucho sudar y volvió a someter a los libios, ganándose así el respeto definitivo de los cartagineses.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero tan pronto como Roma te tendía la mano, te arrancaba el brazo desde el hombro. Poco antes de que Amílcar recuperara el control de la situación, Cerdeña, descontenta con Cartago -aunque aún bajo el supuesto control cartaginés-, se había ofrecido a ser controlada por Roma, pero la República se había negado, probablemente para <strong>no despojar a Cartago de todos los recursos de que disponían para pagarles</strong> esos 3.200 talentos que los romanos tanto ansiaban –la financiación de la I Guerra Púnica acabó saliendo de bolsillos privados que esperaban ver su préstamo devuelto–. Pero ahora Cerdeña insistió en el arbitrio de la República, y Roma accedió, y además aprovechó para desembarcar tropas en Córcega. Esta situación provocó la furia de Amílcar, que armó una flota para recuperarlas, aunque se arrepintió a medio camino. Demasiado tarde, Roma no dejó pasar el gesto e impuso <strong>una nueva multa, esta vez de 1.200 talentos de plata.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Cartago pataleaba de rabia, pero Amílcar sabía que no era el momento adecuado para devolver el golpe y pensó en un plan, más que para vengarse –como se suele decir–, para recuperar la gloria y riqueza perdidas, fijando su mirada en las ricas tierras de Hispania.</p>
<h2 style="text-align: justify;">Plata, mercenarios y mujeres</h2>
<div id="attachment_452" style="width: 412px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-452" class="size-medium wp-image-452 " src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/11/BeturiaERBCfig1_repartociudadesOssaMorena-291x300.jpg" alt="Beturia" width="402" height="343" /><p id="caption-attachment-452" class="wp-caption-text">Amílcar llegó a Cádiz y se tomó unos langostinos en Sanlúcar</p></div>
<p>En el año 237 a.C., Amílcar Barca desembarcó en Gadir. Había conseguido que los cartagineses apoyaran a su familia, y no a los agrarios liderados por Hannón, <strong>facción que pretendía reforzar el control sobre África</strong> y olvidarse de conquistas más allá de sus propios mares. Pero por ahora triunfaban los Barca, y Amílcar quería <strong>pagar a Roma con suficiencia</strong> -los relatos sobre las riquezas mineras de Hispania eran famosos-, y por otro, <strong>no perder la presencia en el Mediterráneo</strong>, dando la espalda a siglos de tradición y de dominio.</p>
<p>Merece la pena pararse un segundo en la cuestión de un si hubo o no un control anterior sobre el sur peninsular, y es que aunque en muchos manuales se tenga por obvio que el primer imperio cartaginés ya conocía de sobra la Beturia, las fuentes arqueológicas no dicen nada al respecto, y las literarias vienen a indicarnos que los cartagineses no conocían el terreno más que de oídas y que en todo caso, lo que sí hubo fue contacto comercial y una primera expedición, probablemente de reconocimiento.</p>
<p>Amílcar va a entrar sin excesiva dificultad en los pueblos de la costa, bastante<strong> afines a la cultura púnica</strong> debido a siglos de experiencia orientalizante bajo la influencia fenicia. Y va a tener que repartir cera entre los pueblos del interior, menos orientalizados y <strong>más habituados a la vida militar</strong>. Se va a centrar en controlar los recursos mineros, y para ello, fundará Akra Leuké, no sabemos bien si en Cástulo -Jaén-, que contaba con la mina más rica de la zona, también se estipula que pudiera tratarse de una fortaleza –el propio nombre nos indica que se trataba de una «fortaleza blanca»– exenta de Carmona, con una situación geográfica inigualable para la defensa, o la hipótesis más tradicional pero no por ello más probada es que se encontraba en la albufereta de Alicante, donde hay restos de una fortaleza.</p>
<div id="attachment_459" style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/11/Dishekel_hispano-cartaginés-2.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-459" class="size-medium wp-image-459 " src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/11/Dishekel_hispano-cartaginés-2-300x139.jpg" alt="Dishekel hispano-cartaginés" width="300" height="139" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/11/Dishekel_hispano-cartaginés-2-300x139.jpg 300w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/11/Dishekel_hispano-cartaginés-2.jpg 422w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a><p id="caption-attachment-459" class="wp-caption-text">Aquí el puto amo, aquí un elefante</p></div>
<p>La plata empezó a circular –se estipula que se extraían al día 100 Kg de plata al día de la mina de Baebelo en Cástulo– y Gadir a <strong>acuñar monedas de plata</strong>, cuanto menos llamativo debido a que hasta entonces normalmente había acuñado en cobre. La vida era buena y Roma recibía los tributos de guerra, no sin vigilar los progresos de Cartago en Hispania, que si bien no interesaba del todo a la República, tampoco querían que los púnicos recuperaran todo el potencial, e hicieron una visita a Amílcar, que se excusó en estar reuniendo la plata suficiente para pagarles, con lo que los romanos, por ahora, quedaron contentos.</p>
<p>Tras la muerte de Amílcar, su yerno Asdrúbal, fue nombrado por los ejércitos comandante en jefe, y ratificado por la Senado y el Pueblo de Cartago. El yernísimo va a ser un político y un militar audaz, <strong>usando fuerza y diplomacia</strong> a partes iguales para ganarse a los peninsulares, que lo nombrarán Jefe Supremo de los Íberos luego de contraer nupcias con una princesa indígena.</p>
<p>Esta política de casamiento era una inteligente y práctica estrategia por parte de los cartagineses, que aceptaban la<strong> tradición autóctona</strong> de cerrar tratos diplomáticos con casamientos, jurados religiosamente, que te prometían el servicio de grupos de guerreros, o mediante otros tratos más recíprocos que hacían a la parte débil menos consciente de su inferioridad en el pacto, y por tanto, <strong>más feliz y más dispuesta a aceptar sus obligaciones</strong>. Estas políticas que comenzó Asdrúbal en Hispania llevaron a conformar una liga ibérica representada en una Asamblea en Qart Hadasht -Cartagena-, ciudad que Asdrúbal fundó y que erigió como gran capital en Hispania.</p>
<p>Para Alberto Pérez Rubio hay actitudes en estos Barca que recuerda a los diádocos, unos <em>basileus </em><strong>apoyados por sus ejércitos y legitimados por sus victorias militares</strong>, todo esto aumenta con las políticas matrimoniales de Asdrúbal y Aníbal, contrayendo nupcias con princesas nativas, algo que recuerda a Alejandro Magno con Roxana. Aparecen además, los Barca, con sus perfiles en las monedas acuñadas: Amílcar bajo la égida de Melkart, Asdrúbal con diadema y Aníbal laureado, sirviendo de <strong>propaganda política</strong>.</p>
<p>Ya corría el año 226 a.C., y Asdrúbal se hizo con un buen poderío económico y militar, y Roma volvió a asomarse a ver qué tal iba a los cartaginenses, porque Massalia -Marsella- se quejaba del <strong>poder comercial que le robaba Qart Hadasht</strong> y, principalmente, porque había una invasión gala en ciernes y querían tantear si Asdrúbal iba a desviar plata a los acérrimos enemigos de la República. Dicha visita se tradujo en el <strong>tratado del Ebro</strong>, por el cuál Cartago se comprometía a no sobrepasar dicho río hacia el norte en sus conquistas, y Roma se comprometía a lo mismo pero en dirección sur.</p>
<div id="attachment_464" style="width: 235px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/11/DSCF2788.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-464" class="size-medium wp-image-464 " src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/11/DSCF2788-225x300.jpg" alt="DSCF2788" width="225" height="300" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/11/DSCF2788-225x300.jpg 225w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2013/11/DSCF2788-768x1024.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 225px) 100vw, 225px" /></a><p id="caption-attachment-464" class="wp-caption-text">Himilce, en la Plaza del Pópulo de <a href="http://rutacultural.com/razones-visitar-baeza/">Baeza</a></p></div>
<p>Asdrúbal murió 5 años más tarde en extrañas circunstancias, y Aníbal, hijo de Amílcar, fue nombrado Comandante en Jefe por las tropas, y ratificado por el Senado y el Pueblo de Cartago. Pronto se expandió hacia la Sierra del Guadarrama, controlando: las rutas de norte a sur para acceder al <strong>potencial agrícola</strong> del Valle del Duero y además controlar una <strong>región rica en mercenarios</strong>. En otras palabras, expandirse para preparar la guerra contra Roma. La revancha contra la <em>urbs</em> que su padre Amílcar no sabemos si había planeado años atrás, era bajo Aníbal un hecho en ciernes. Además, se casó con una princesa indígena, Himilce, hija del rey Mucro de Cástulo. De la que se cuenta, tenía una belleza inigualable.</p>
<p>Tras la consolidación cartaginesa en la Península, se va a armar la de San Quintín, ¿Por qué? Porque en Sagunto, ciudad costera, parece ser que había una mitad indígena, apostada más hacia el interior, y otra mitad griega-masaliota -de Massalia- que vivía en una zona más costera de la ciudad. <strong>Los primeros comerciaban y trataban con los cartagineses, y los segundos con los griegos y los romanos</strong>. La sangre estaba servida. Además algunas fuentes también hablan de un conflicto con una ciudad cercana protegida de Cartago.</p>
<p>Sea como fuere, bien por un conflicto interno en el que una de las dos partes pidió el arbitrio de Roma o de Cartago, o bien por la intervención que agravió a Cartago, <strong>Aníbal atacó, bajo el aviso de Roma de no hacerlo.</strong></p>
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<p>Comenzaba así la Segunda Guerra Púnica, que es como cuando hay final de la Champions y el marido se tiene que ir a Londres. Aníbal dejó a su señora en Gadir con su hijo –según cuenta Silio Itálico en Púnica–, temeroso de una invasión anfibia de parte de Roma sobre las costas del levante, donde hasta ahora habían residido, e hizo las maletas y se fue a perder elefantes a los Alpes, pasatiempo más que lícito para un gobernante. Luego ya saben, pasó por Roma a saludar, pero eso lo contamos otro día.</p>
<h3>Bibliografía usada y recomendada:</h3>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="http://www.compartelibros.com/autor/pedro-barcelo/1">—Bibliografía de Pedro Barceló</a></p>
<p>—FIELDS, Nic: <em>The Roman Army of the Punic Wars 264-146 BC</em>, Oxford, Osprey Publishing, 2007.</p>
<p>—SÁNCHEZ-MORENO, Eduardo (coord.): <em>Historia de España. Protohistoria y Antigüedad de la Península Ibérica vol. I. Las fuentes y la Iberia colonial,</em> Madrid, Sílex, 2007</p>
<p>—GONZÁLEZ WAGNER, Carlos: «<a href="http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=101336">Los bárquidas y la conquista de la Península Ibérica</a>«, en Gerión, 1999, Nº 17, <abbr title="páginas">pp.</abbr> 263-294.</p>
<p>—PÉREZ RUBIO, Alberto: “Iberia, ¿el frente decisivo?”, en <a href="http://www.despertaferro-ediciones.com/">Desperta Ferro</a>, serie Antigua y Medieval, Nº 17, 2012.</p>
<p>La entrada <a href="https://reasilvia.com/2013/11/a-hispania-a-por-esposas/">A Hispania a por esposas</a> aparece primero en <a href="https://reasilvia.com">Rea Silvia</a>.</p>
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