Asegurando fronteras

Mientras Cartago se expandía por la futura Hispania romana, Roma aseguraba sus fronteras y hacía de juez en los problemas de Grecia.

Ya vimos cómo la primera guerra púnica dejó exhaustas a las dos grandes potencias del Mediterráneo occidental, y si Cartago no se tomó unas vacaciones que no se podía permitir, Roma, que bien podría haberse dedicado a construir natatios, vías, puentes, foros, y darse el gustazo de tomar el sol en Ostia mientras los chiquillos hacen batallitas de trirremes en el mar, se centró sin embargo en asegurar el control sobre las nuevas posesiones y ampliar fronteras hacia el norte y el oeste.

La cuestión de las islas

En el tratado de paz que Lutacio firmó con Amílcar se estableció que todas las islas entre Roma y Cartago pasarían a estar bajo el control de la República romana. Lo que pasa es que esta redacción daba lugar a mucha interpretación porque Roma tenía el control sólo sobre Sicilia y a la vez no, porque Córcega y Cerdeña quedaban un poco en el aire, ¿estaban entre Roma y Cartago? Oficialmente Sicilia pasaba directamente a control romano, pero las otras dos islas no, la cosa es que Cartago no las controlaba en absoluto porque no tenía dinero para pagar a los mercenarios que tenía contratados, y éstos, se rebelaron. Esta situación tan poco clara generó una serie de fricciones entre las dos potencias justo al término de la guerra. Los mercenarios se ofrecieron a Roma pero la urbs los rechazó en un primer momento porque les interesaba que Cartago tuviera recursos para pagarles, y porque de dominar las islas lo habrían hecho como ellos querían, es decir, bajo la administración de Roma, y los mercenarios en realidad sólo querían algo de ayuda inicial. De hecho, sólo Cerdeña pidió la ayuda de Roma que sepamos, por lo que se iba a montar una pelea de las buenas, y Roma todavía no tenía ni cuerpo ni ganas.

Pero Roma se fue acercando cada vez más a las islas, entonces Amílcar botó una flota para recuperarlas porque lo consideraba una usurpación desmedida, pero la urbs ya había decidido que Cartago estaba mejor lejos, y de paso le aumentó los tributos de guerra a Amílcar porque fue una especie de amago de declaración de guerra, aunque se arrepintiera a mitad de camino. Esta anexión costó a Roma una guerra contra los nativos y los mercenarios que duró del 236 al 231 a.C. con la que conseguirá el control sobre las dos islas, porque aunque sólo Cerdeña le pidió ayuda, de paso se metió en Córcega. La intención estaba clara: formar una muralla contra posibles invasiones marítimas desde el oeste y el sur, o en otras palabras, la seguridad del mar Tirreno. Años más tarde, casi al mismo tiempo que en Sicilia, se formó la provincia de Corsica et Sardinia, a donde enviaron un pretor para gobernar.

El problema galo

Mientras que Roma le hacía la cobra a Cartago con la cuestión de Córcega y Cerdeña, los galos no se estuvieron quietos, y es que eran expertos en dar dolores de cabeza a los romanos. Ya desde el año siguiente al término de la primera guerra púnica, es decir, desde el 240 a.C., a algunos galos les dio por pasear sus lanzas entre los ríos Arno y Po, aunque sin mayores consecuencias. Sí parece que en el 236 a.C. hubo un ataque de una confederación gala, en cuya cabeza iba la tribu de los Boyos. Esta confederación intentó tomar Ariminum (Rímini), pero nada, quedó en intento. Más tarde siguió habiendo incursiones hasta el 230 a.C., pero sin ningún tipo de importancia.

Durante este tiempo parece que hubo una reforma administrativa del ager gallicus (lo que sería la Umbria), no hay mucha información al respecto y no queda muy claro qué es lo que sucedió. Pero podría ser que estas tierras conquistadas a los galos en el 295 a.C. fueran repartidas para que las explotaran más romanos y así no tener problemas con la soldadesca llegada la hora de una guerra, porque la primera guerra contra Cartago no sólo había azotado las arcas romanas (rápidamente recuperadas), sino que también se vieron bastante mermadas las reservas de grano para las legiones.

Volviendo a los galos, otra confederación atacó el norte de Italia en el 225 a.C., y Roma tenía que defenderse por el norte mientras echaba un ojo en Hispania donde Asdrúbal la liaba parda. Los galos de hecho consiguieron entrar en Clusium (Chiusi), pero luego se replegaron al norte y Roma envió a dos cónsules con legiones para forjar un imperio, y les dieron lo suyo a los galos en Telamon. Pero esta vez no iba a quedar en simples operaciones de castigo, Roma estaba cansada de tanto galo va y galo viene y llevó sus fronteras hacia los Alpes, ocupando la Galia Cisalpina y derrotando a los galos de forma definitiva en Mediolanum (Milán) en el 224 a.C., y para zanjar el tema a la romana se fundaron colonias y se construyó la via Flaminia.

El control sobre el Adriático

Roma había asegurado su control sobre sus nuevas posesiones y había ampliado la frontera hacia el norte de la península itálica cuando al poco tiempo se presentó otro problema en la costa dálmata y en la Illyria. Roma llevaba tiempo mirando hacia estas costas vecinas para asegurar su poderío comercial puesto en jaque por las actividades piráticas de los pueblos ilirios. En torno al 230 a.C. un rey llamado Agrón había conseguido reunir varias ciudades ilirias bajo su poder al norte de Épiro, y fomentó mucho la piratería en el Adriático, además, se aliaron ni más ni menos que con Macedonia. A su muerte, siendo su heredero menor de edad, su mujer, Teuta, se hizo cargo de la regencia, y formó una de las buenas expandiendo aún más el territorio del reino. Tanto, que empezó a sitiar junto con Macedonia varias ciudades griegas de las islas de la costa dálmata, y una de ellas, Issa –Vis, donde está la croata Split–, pidió ayuda a Roma.

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Aquí vemos las conquistas de Agrón y las leches que repartió luego su señora esposa, además de las islas griegas bajo asedio | Wikimedia Commons

Roma envió legados y se cuenta que Teuta asesinó a uno de los embajadores, pero las fuentes realmente no rebelan con exactitud qué pasó con el emisario. Nos dicen que murió, cada una de una forma, y Roma usó de casus belli la muerte de su embajador y la petición de ayuda de Issa. Los romanos armaron una flota con sus dos cónsules pertinentes y se hicieron a la mar a repartir tajos en las pantorrillas a los ilirios y los macedonios, aunque no tuvieron que derramar mucha sangre, de hecho, salvo alguna escaramuza, al aparecer la flota romana todos decían “aquí están las llaves, pase y tome asiento”. Especialmente teniendo en cuenta que Demetrio II, rey de Macedonia, había entregado Epidamnos y se había puesto al servicio de Roma nada más ver los trirremes llegando a su recién conquistada ciudad.

Los ilirios pusieron pies en polvorosa con la llegada de los romanos y Teuta tuvo que firmar la paz tan sólo un año después del inicio de la guerra, en el 228 a.C., y además de unos tributos de guerra los ilirios no podían ir más allá de Lissos (norte de Albania) y al sur de esta ciudad se creaba un protectorado. Roma había pasado en la mitad de una centuria de tener a los griegos interviniendo en suelo romano a ser el poder interventor en los asuntos de Grecia. Pero el problema no acabó ahí, casi un decenio más tarde, el sucesor de los ilirios, otro Demetrio (pero no el de Macedonia, que ya había muerto y había dado paso a su hermano Antígono III) se volvió a aliar con el reino de Macedonia y buscó expandirse a través de conquistas y alianza con los istrios (entre Italia y Croacia) debido a que los romanos se lo pasaban por el arco de Trajano, pero los romanos dejaron de pasárselo por el arco de Trajano y por un lado, ocuparon la Istria para asegurar más las fronteras terrestres del norte y el control del Adriático septentrional, y por otro conquistaron Pharos, la ciudad natal de Demetrio, cercana a Issa. Con Roma no se juega.

Además lo hicieron con mucha rapidez, ¿por qué? Porque esto ocurrió en el 221 a.C. y Aníbal estaba ya empezando a tocarle las narices a Roma con la cuestión de Sagunto, y por tanto, la Segunda Guerra Púnica estaba al caer.

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Tengo un título para contar cosas y las cuento. Entré en esto para saber más de Grecia y Roma y acabé liándome con un tema de moriscos y rebeliones.

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3 respuestas a “Asegurando fronteras”

  1. […] hemos visto en este blog cómo Roma asegura sus fronteras tras la primera Guerra Púnica. Tras el sí, pero no, pero sí con la cuestión de las islas de […]

  2. […] noticia de Polibio sobre el uso de esta lanza de herencia hoplítica es en el 223 a.C. durante los problemas con los galos al norte. Estos triarii, al ser los más acaudalados podían permitirse la mejor de las armaduras, sin […]

  3. […] ya veremos. En pocas palabras, eran tiempos muertos, dejaban aparcados temas importantes por otros que eran más inmediatos–. Vamos, que se declararon la guerra casi mutuamente, Roma pensaba que ya era hora de parar a los […]

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