El fin de la Primera Guerra Mundial (II): la caída de las Potencias Centrales

Tras el fracaso de todas las ofensivas alemanas, los Aliados comenzaron una contraofensiva que acabó con la caída de las Potencias Centrales y el armisticio a finales de 1918.

Tras el cuarto ataque fallido de Ludendorff, el Imperio Alemán seguía muy cerca de París, aunque las circunstancias le eran irónicamente adversas. El desgaste de las tropas alemanas era evidente, y una buena parte de la cúpula militar empezó a pensar en una estrategia defensiva desde el 11 de junio. Kühlmann, ministro de Asuntos Exteriores, llegó a decir en el Reichstag que la guerra no se podía solucionar únicamente mediante la fuerza. Se refería, indirectamente, a que deberían entregar Bélgica, algo sobre lo que había hablado en secreto con los británicos. Ludendorff consideró intolerable la actitud abiertamente pacifista del ministro, que fue sustituido por un oficial naval más acorde al militarismo.

Salvado el contratiempo en el Reichstag, Ludendorff planeó un nuevo ataque masivo para julio, con el objetivo de avanzar la línea unos kilómetros más hacia París y arrinconar a los británicos en los puertos del canal. Si ya se había quemado el último cartucho, esta ofensiva, llamada Fiedenssturm (ataque por la paz), era un asalto bayoneta en mano. Ludendorff esperaba recortar suficiente terreno durante el verano como para llegar al invierno con ventaja. Incluso en inferioridad numérica (ya bastante evidente), 1919 podría resultar una historia diferente si conseguía sus objetivos.

El problema del ataque fue que desde mayo las deserciones en el ejército alemán eran poco a poco más habituales, la comida más escasa y la capacidad logística menor. En el bando Aliado ocurría justo lo contrario, contaban con más soldados, más aviones, más tanques y más provisiones. Tan solo el ejército francés recibió 300 nuevos aviones de combate y 500 tanques ligeros Renault. Por si fuera poco, los alemanes volvieron a fallar al ocultar por dónde atacarían, y los Aliados lograron mover más artillería donde se precisaba que en ataques anteriores.

Cuando el 15 de julio Ludendorff lanzó el ataque, se topó de bruces de nuevo con un contrabombardeo aliado de más de 4 millones de proyectiles, las escuadras de asalto fueron pulverizadas junto a los 20 tanques (principalmente capturados a los Aliados). Sin embargo, al oeste de Reims (zona sobre la que se realizó el ataque), los alemanes lograron cruzar el Marne y construir unas ligeras defensas. El 17 de julio, Ludendorff se dio por satisfecho y comenzó a desviar artillería para realizar el ataque de Flandes. Fue entonces cuando franceses y estadounidenses avanzaron con 300 tanques Renault y rompieron por completo las líneas alemanas.

Británicos del regimiento Duque Wellington avanzando tras un enfrentamiento | Fuentes

Británicos del regimiento Duque Wellington avanzando tras un enfrentamiento | Fuente

El 4 de agosto se dio por finalizada la batalla. El Imperio Alemán, por primera vez en 1918, no sólo no había conseguido los frutos esperados de su ataque, sino que ni siquiera recortó terreno a los Aliados y comenzó una retirada de los puestos más avanzados seguida de una defensa general del frente. La superioridad técnica del ejército aliado era evidente e insultante para los alemanes y no tenían forma de darle la vuelta a la tortilla. Los joviales jóvenes estadounidenses cambiaron la balanza numérica y extendieron el optimismo entre los soldados aliados, quienes empezaron a comprender que podían ganar la guerra. Mientras, los soldados alemanes estaban convencidos de que iban a perder (no así sus generales), la cuestión era si sus superiores les ordenarían morir matando o aceptarían una paz con concesiones (y qué concesiones).

La contraofensiva Aliada

El fracaso alemán dejó a los Aliados en una buena posición para comenzar una contraofensiva, aunque el plan no estaba del todo claro. Foch entendió que había llegado el punto de inflexión para las Potencias Centrales, no estaba seguro de poder ganar antes de 1919, pero estaba convencido de que lo mejor era presionar a los alemanes cuanto antes. Su problema es que era de los pocos que creía en ello, la mayoría de altos cargos aliados no compartían su optimismo, salvo Haigh, quien desde agosto fue incluso más positivo.

El plan de Foch era muy distinto a lo que habíamos visto hasta ahora. Pretendía asestar pequeños golpes sorpresa en puntos estratégicos y suspender los ataques antes de que el enemigo reforzara la línea, para así evitar un elevado número de bajas. Si las cosas salían bien, se dejaba el terreno preparado para realizar más adelante operaciones de mayor envergadura.

A mediados de julio comenzaron las primeras contraofensivas con objetivos limitados, enfocadas a salvaguardar o recuperar líneas ferroviarias. Hubo varios ataques con los que nos debemos quedar antes de que los Aliados lograsen empujar hacia la línea Hindenburg a los alemanes. Una de esas batallas claves fue la de Hamel, al sur del Somme. Fue un laboratorio de operaciones que sentó las bases para la utilización de más y mejor armamento (ametralladoras Lewis) y los tanques como apoyo de la infantería (el Mark V y el ligero Whippet). No eran técnicas nuevas, pero se mejoraron ideas que se habían puesto a prueba los años anteriores.

Tanques Renault avanzando en agosto | Fuente

Tanques Renault avanzando en agosto | Fuente

El siguiente gran paso era salvar la línea ferroviaria de Amiens, para lo que se desplegaron unas fuerzas sin precedentes. El ataque fue llevado en secreto hasta última instancia, gracias a la superioridad aérea de 1 a 4 sobre los alemanes, quienes no tuvieron aviones suficientes para observar tras las líneas enemigas. Atacaron diez divisiones equipadas con 30 ametralladoras Lewis por batallón (antes como mucho llevaban 4) y apoyadas por 552 tanques pesados y ligeros. La abundancia de medios de los Aliados se reflejaba también en la artillería, donde tenía más cañones pesados y municiones de sobra (ya vimos que los alemanes se habían asegurado de tener municiones, pero no podían permitirse derrocharlas), y desplegaron técnicas parecidas a las de Bruchmüller.

El 8 de agosto, unas horas tras haber comenzado el ataque, las fuerzas británicas y estadounidenses habían arrebatado 13 kilómetros a los alemanes. Al día siguiente los canadienses consiguieron otros 11 kilómetros, y el 11 de agosto suspendieron el ataque cuando los alemanes comenzaron a reforzar las líneas, era crucial saber cuándo parar para evitar desajustes logísticos y echar a perder buenas operaciones. El resultado fue mejor de lo esperado para los Aliados: pusieron a salvo Amiens, su línea ferroviaria y sufrieron 22.000 bajas frente a 75.000 alemanas (50.000 prisioneros). Ludendorff calificó la batalla como la peor derrota desde el inicio de la guerra, y desde entonces sufrió una serie de problemas nerviosos de los que no se recuperó.

Obús de asedio británico en Amiens

Tú dispara que tenemos de sobra. Obús de asedio británico en Amiens | Fuente

Sin embargo, la exitosa contraofensiva aliada no hizo cambiar de opinión al Alto Mando alemán. La estrategia ahora sería la de mantenerse a la defensiva, planteamiento que detestaban porque la mentalidad alemana era ofensiva, y las consecuencias psicológicas para las tropas serían terribles. Pero llegados a la situación en la que se encontraban no podían hacer más, porque una paz entregando Bélgica seguía sin ser aceptable, esperaban desgastar a la defensiva a los Aliados para que firmasen una paz que no considerasen humillante. Lo peor para Alemania es que Hindenburg y Ludendorff dejaron de estar de acuerdo. El primero consideró que con la insistencia de Ludendorff por las ofensivas, había sacrificado no sólo la opción de tomar la iniciativa, sino que tiró por la borda la posibilidad de plantar una buena defensa, y tuvo razón.

De agosto a septiembre los Aliados desplegaron una serie de ataques que fueron recortando kilómetro a kilómetro puntos estratégicos y fortificados a los alemanes. A mediados de agosto, las tropas aliadas habían empujado a los alemanes a la llamada línea de invierno, que Ludendorff pretendía conservar el resto del año. El 2 de septiembre ya habían rebasado una línea posterior y el Alto Mando alemán ordenó la retirada general a la línea Hindenburg, la última que los alemanes tenían preparada para defender.

Los ataques limitados habían surtido efecto, no sólo los del lado británico (aunque fueron los que tomaron la iniciativa), tanto franceses como estadounidenses realizaron exitosas campañas contra los alemanes. De hecho, por mal que hayamos descrito durante esta serie al ejército francés, la mejoría que experimentó en 1918 fue milagrosa dada la incompetencia que habían demostrado para tomar buenas decisiones; desde 1917 se comenzó a usar de forma estándar la defensa en profundidad, empezaron a usar la artillería de manera más racional y los carros de combate salían como churros de las fábricas, del mismo modo que los aviones. Pétain impulsó muchos de estos cambios, algunos tras su episodio pesimista en la primera mitad del año, y consiguió junto a Foch que los franceses fueran por fin unos rivales a la altura de los alemanes. Por su parte, los soldados del otro lado del Atlántico no sólo aportaron un chute de optimismo, aunque con falta de adiestramiento, las primeras divisiones en entrar en combate aprendieron pronto, y demostraron tal bravura que algunos alemanes describieron su valentía como suicida.

Tropas estadounidenses avanzan siguiendo a los tanques | Fuente

Tropas estadounidenses avanzan siguiendo a los tanques | Fuente

Los tres ejércitos funcionaban tan bien, tanto por separado como en conjunto, que Foch pensó que estaban listos para realizar una ofensiva conjunta sobre la línea Hindenburg, lo que se planeó y ejecutó a finales de septiembre. El plan de batalla sobre la última línea de defensa alemana fue el más grande de la Primera Guerra Mundial, y de tener efecto, los alemanes perderían la guerra.

El 27 de septiembre comenzó la gran ofensiva, que en una sucesión de cuatro ataques, esperaba traspasar las defensas de la línea Hindenburg. Un día después, Ludendorff exigió al Reichstag un armisticio inmediato al conocer la rendición de Bulgaria, pero fue rechazado. Esta ofensiva fue la más costosa para ambos bandos de todo el conflicto, fue la última defensa alemana y la defendieron lo mejor posible. El alto coste se atribuye precisamente a las buenas defensas, y a que Foch no acertó al encargar a Pershing (el general al mando del ejército estadounidense) el mejor sector para usar a sus hombres. En cualquier caso, el 5 de octubre, los británicos consiguieron romper la última defensa de los alemanes y se adentraron en campo abierto sin fortificar. Las Potencias Centrales habían sido derrotadas, sin embargo, la paz tardó un mes en llegar.

Soldados eufóricos pocos días después de traspasar la línea Hindenburg | Fuente

Soldados eufóricos pocos días después de traspasar la línea Hindenburg | Fuente

Las ofensivas de los Balcanes

Mientras los Aliados avanzaban en el norte de Europa, en septiembre clavaron la puntilla necesaria para aislar a Alemania. Enviaron tropas a los Balcanes para ayudar a sus socios del este (el ejército serbio llevaba 4 largos años fuera de su territorio) y terminar haciendo lo posible por derrotar a los aliados alemanes. El primer ataque lo llevaron acabo tropas francesas, serbias, británicas y griegas sobre el ejército búlgaro, que desde su entrada en la guerra controlaba Serbia, en 15 días expulsaron a los búlgaros del territorio conquistado. Los Aliados realizaron  un avance relámpago con el que consiguieron que el ejército búlgaro se rindiera, y el 30 de septiembre Bulgaria firmó el armisticio. Al mismo tiempo, y en buena parte gracias a la caída de los socios alemanes, los turcos firmaron el armisticio, comprendiendo que habían perdido Arabia y que Alemania no iba a poder ayudarles durante más tiempo.

Carlos I, con cara de no querer abdicar | Fuente

Carlos I, con cara de no querer abdicar | Fuente

El 16 de septiembre, Carlos I, que había sucedido a Francisco José en 1916, le pidió a Wilson la paz y declaró el Imperio Austrohúngaro un estado federal. Durante el verano, los italianos habían repelido la última ofensiva austrohúngara, y al igual que los alemanes, sólo podían defenderse. Italia no tenía un gran ejército, pero el avance aliado en el norte de Europa y el gran número de deserciones en el ejército de la doble monarquía, convirtieron este sector del frente en una perita en dulce para atacar, y así tener más fuerza a la hora de negociar la paz.

Además, Wilson ya no era el profeta de la paz que todos recordaban de 1917 y 1918. Había enviado a sus muchachos al frente, había destinado millones de dólares a la industria armamentística, al transporte de materiales y productos de primera necesidad a las Islas Británicas. Una vez con las manos en la masa quería sacar la mayor porción del pastel posible, no iba a dejar que ningún enemigo se fuera para casa con una paz ventajosa. Durante 1918 promovió mediante la propaganda, la creación de estados constitucionales y la desintegración de Austria-Hungría en sus diferentes nacionalidades y etnias, las naciones yugoslavas debían ser independientes, así como Checoslovaquia. Por este motivo, Carlos I declaró la doble monarquía un estado federal, para contentar a Wilson, pero no era esto lo que pretendían los Aliados. A finales de octubre, Hungría se separó del Imperio y comenzaron a proclamarse diferentes repúblicas.

Woodrow Wilson, "¿La Paz? Que te folle un pez" | Fuente

Woodrow Wilson, “¿La Paz? Que te folle un pez” | Fuente

El caso de Checoslovaquia fue especialmente curioso. A lo largo del conflicto hubo un número de desertores checos que se refugiaron en Rusia (eran traidores y serían fusilados de quedarse en Austria-Hungría). Con el tiempo se organizaron y formaron la Legión Checa, un cuerpo de unos 40.000 soldados que fue clave en la formación del nuevo estado checoslovaco. Los únicos que querían a los bolcheviques en el poder eran los alemanes, porque no iban a reanudar las hostilidades, del resto de partidos en la lucha por el gobierno ruso no se podía decir lo mismo. De modo que no solo por motivos ideológicos, sino militares, a los Aliados les interesaba que los bolcheviques fueran borrados del mapa. Por esta razón colaboraron con los principales opositores de Lenin y con la Legión Checa, que fue tumbando soviets bolcheviques a lo largo de la línea del Transiberiano. Fue un episodio peculiar, pero importante para entender las futuras relaciones internacionales, porque resulta significativo que, sabiendo esto, Checoslovaquia fuese la primera república en declararse, antes incluso que Hungría se separase oficialmente.

La Legión Checa en Vladivostok | Fuente

La Legión Checa en Vladivostok | Fuente

Volviendo al Imperio Austrohúngaro, la oferta de paz fue rechazada, y el 24 de octubre Italia lanzó una ofensiva total con refuerzos británicos y franceses. En 48 horas destrozaron lo que quedaba del ejército de la doble-monarquía, que empezó a batirse en retirada más rápido de lo que podían avanzar los aliados. El 2 de noviembre las fuerzas italianas clavaron la puntilla en Vittorio-Veneto, y el 4 del mismo mes, Carlos I firmó el armisticio, aunque jamás abdicó y se exilió pensando en volver a tomar lo que consideraba suyo.

La capitulación alemana

En medio de todo esto, los Aliados habían expulsado a los alemanes de Francia y aproximadamente un cuarto de Bélgica había sido liberada. Desde que los británicos penetraron en la línea Hindenburg, Ludendorff pidió un armisticio al Reichstag, aunque pasó mucho tiempo hasta que el acuerdo se materializó. En un principio los alemanes no querían entregar Bélgica y sus socios seguían combatiendo, pero cuando tuvieron claro que era mejor firmar cuanto antes, pensaron que Wilson era el Wilson de principios de 1918, y como hemos adelantado, no lo era en absoluto.

El presidente de Estados Unidos pretendía (como el resto de gobiernos) que los alemanes no pudieran reanudar la guerra a corto y a poder ser, largo plazo. No era una idea tan descabellada, para Ludendorff un armisticio suponía dejar el conflicto de lado temporalmente para reabastecerse y reanudarlo cuanto antes. Además, pretendía que Alemania se convirtiera en un estado constitucional, para evitar que el ímpetu de unos retorcidos militaristas llevaran de nuevo a un pueblo a la guerra. El mensaje que enviaba Alemania era precisamente el de querer mantenerse fuertes, pero llegó el momento en el que el Reichstag no sabía si iban a llegar antes las tropas aliadas a Berlín o iba a estallar la revolución interna.

El Canciller Baden sopesando grandes cambios | Fuente

El Canciller Baden sopesando grandes cambios | Fuente

Fue la segunda opción. Conforme los ejércitos aliados avanzaban, los socios de las Potencias Centrales caían y las peticiones de paz iban y venían, la población alemana y el ejército de la reserva comprendieron que las cosas no pintaban bien. Fue una revelación dramática especialmente para los ciudadanos, que habían pasado años trabajando en la industria militar y pasando hambre en las colas para coger pan, todo con la esperanza, y la promesa, de que el ejército iba a triunfar tarde o temprano.

Ante las presiones de la cúpula aliada, y el descontento en las calles, Max de Baden, el nuevo Canciller, cambió el Estado alemán por completo en tan solo 3 semanas. Hizo al Reichstag organismo soberano, a los ministros responsables ante él y elegidos por sufragio universal. Convirtió a Guillermo II en monarca constitucional al modo británico y consiguió la destitución de Ludendorff. Pero inexplicablemente, el ejército aún realizaba algunas operaciones, aunque sabían que la guerra estaba perdida.

Marineros amotinados en Kiel con su "No pasarán" | Fuente

Marineros amotinados en Kiel con su “¡No nos mires, únete!” | Fuente

Mientras todo esto ocurría en Berlín, el 29 de octubre parte de la Marina alemana se amotinó en Kiel. Ordenaron un último golpe sobre la Royal Navy, pero los alemanes lo vieron como una operación suicida y se amotinaron. Un enviado del SPD (Partido Socialdemócrata de Alemania) llegó para evitar una revolución, y los marineros y soldados que se habían unido al motín en Kiel cesaron en sus empeños. Sin embargo, los acontecimientos del motín llegaron a todos los rincones de Alemania en menos de una semana, pronto, en todas las grandes ciudades aparecieron células revolucionarias. Soldados y obreros se organizaron en asambleas parecidas a los soviets y tomaron el poder en casi todas las capitales de provincia, amenazando con llegar a Berlín. Como consecuencia, Max de Baden aconsejó a Guillermo II abdicar y exiliarse, los revolucionarios se pusieron de parte del SPD (quienes se los ganaron, principalmente, para que la revolución no estallara de verdad) y se firmó el armisticio el 11 de noviembre. El día en que, tras 4 años, los cañones dejaron de sonar.

 

Bibliografía

–HOWARD, M: La primera guerra mundial, Crítica, 2002.

–STEVENSON, D: 1914-1918: Historia de la Primera Guerra Mundial, Debate, 2004.

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Tengo un título para contar cosas y las cuento. Entré en esto para saber más de Grecia y Roma y acabé liándome con un tema de moriscos y rebeliones.

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