La huella ecológica de la URSS

Muchas fueron las consecuencias de los ilusionistas soviéticos, pero la huella ecológica de la locomotora comunista ha sido una de las menos analizadas y tratadas. Comenzar a plantear este problema como uno que nos sigue afectando es necesario de cara a conocer cuáles fueron los falsos sueños de una generación.

La desaparición de la heterogénea Unión Soviética precipitó innumerables monografías y artículos que analizaban las causas de tal suceso y cómo iba a configurarse el nuevo orden mundial a partir de entonces. Sin duda, la aparición de nuevos estados, que no habían conocido la verdadera independencia en casi todo el siglo XX, fue uno de los focos principales de estudio así como estos habían transitado hacia una más que cuestionable liberalización económica. Pero este no va a ser el tema a tratar aquí. Lo que pretendemos con este artículo es analizar el testimonio medioambiental que dejó la URSS tras 1991. Se trata de un tema que ha pasado bastante desapercibido en el común, si obviamos el desastre de Chernobyl, y que a nuestro entender tiene una significativa huella e incidencia en el mundo actual.

El caso de la Unión Soviética es bastante peculiar porque, desde su mismo comienzo, los líderes del Kremlin plantearon seriamente la necesidad de controlar y modificar la naturaleza de tal manera que el Estado, y por tanto sus  inquilinos, salieran beneficiados. Los medios naturales al servicio del proletariado, inventemos caminos de la nada para llegar a la meta. Eso pensó a lo largo de toda su vida el camarada Stalin y para ello contó con sus Ingenieros del alma.  Este se trata de un término rescatado por Frank Westerman en una de sus obras con el mismo nombre. A lo largo de sus páginas, el periodista alemán describe su viaje por la Rusia moderna en busca de respuestas por la desaparición del Mar de Aral, y más concretamente la bahía de Kara-Bogaz. Hace décadas, esta concentración hidrográfica se podía ver sin problema alguno desde el propio espacio, y hacía siglos que cientos de poblaciones nómadas del Asia central vivían a duras penas de ese recurso. Sin embargo, sus costumbres no congeniaban con los objetivos productivos de la URSS, quien tenían grandes intereses en esa zona por las grandes acumulaciones de sodio y otros productos químicos. La continua explotación, obras hidráulicas y desviaciones artificiales de ríos convirtió esa región en un auténtico infierno para la vida humana. A día de hoy el Mar de Aral está al borde de la desaparición.

Barco abandonado en un casi desaparecido Mar de Aral | Fuente

¿Y quiénes fueron los Ingenieros del Alma? Pues se trataban de escritores al servicio del Estado, pero sobre todo del líder, de Koba. Stalin era un ilusionista, necesitaba de grandes promesas y actos para justificar todo el horror que estaba llevando a cabo, debía darle un sentido final a ese sufrimiento. Fue por ello por lo que recurrió a estos ayudantes quienes se dedicaban a dar forma a esos castillos en el aire. Una de sus funciones fue la de asentar la figura del líder comparándolo con los grandes zares de Rusia, sobre todo nos referimos a Iván el Terrible  y Pedro el Grande. Aparte de sus grandes gestas militares, muchos rusos recordaban aquellas épocas por las grandes obras civiles que permitieron hacer habitables grandes zonas orientales. A partir de esta empresa, Stalin no sólo se autoproclamaba heredero de los que supuestamente fueron su principal enemigo, sino que se legitimaba para llevar a cabo una empresa que dejaría una gran huella física y humana, como hemos visto en la Bahía de Kara-Bogaz.

Pero salgamos de esta región del Asia Central y acerquémonos un poco más a Europa para seguir conociendo este legado medioambiental. La carrera industrial con los estados capitalistas fue una de las principales causas de que la URSS dispusiera de una amplia red de industria pesada, la cual aguantó durante muchos años el nivel productivo de Occidente. ¿Pero a costa de qué? Pues sacrificando la inversión en una industria de materiales de consumo así cómo a través de una laxa normativa de seguridad. El 26 de abril de 1986 explotó uno de los cuatro reactores de la central nuclear de Chernobyl, provocando la expulsión 120 millones de curios de material radiactivo a la atmósfera, cien veces más que las bombas de Hiroshima y Nagasaki juntas. Esa nube no sólo afectó al norte de Ucrania sino que se expandió por todo el noroeste de Europa, especialmente el Báltico y Bielorrusia. En 1957 hubo otro desastre idéntico en Ekaterinburgo, en la cordillera de los Urales. Más de una veintena de pueblos fueron destruidos, miles de personas evacuadas y todos los ríos de la región contaminados por el desastre. La peculiaridad del régimen soviético hizo que dicho suceso no se conociera hasta 1979 debido a la muerte repentina de varios cientos de personas por contaminación por ántrax.

Los historiadores han dispuesto tras 1991 de dos informe de la KGB, con fecha de 1982 y 1984, en los cuales advertían de la auténtica chapuza de muchos de los reactores nucleares existentes. Como Chernobyl, había más de 14 centrales construidas con el mismo material barato procedente de Yugoslavia. El desastre ucraniano se intentó esconder a la sociedad soviética al igual que se hizo en 1957, pero las circunstancias no eran las mismas. Hubo un intento que apenas duró cuatro días, el desastre eran tan calamitoso que no había hoz y martillo que lograran taparlo. Además, debemos contar con que dicho suceso tuvo una fuerte repercusión internacional. Tras una primera reacción del Kremlin con un escueto comunicado de dos líneas en donde reconocía la explosión, Gorbachov tuvo finalmente que admitirlo avergonzado y solicitar ayuda a expertos extranjeros para controlar la situación y evitar nuevos imprevistos.

Zonas más afectadas por la radiación de Chernobyl | Fuente

Para comprender por qué se llegaba hasta este punto de indiferencia por el medio ambiente es necesario que recuperemos la reflexión del principio. Cualquier ideología totalitaria tiende a sumar adeptos a partir de promesas futuras que incluyen grandes sacrificios del presente, y eso lo tuvieron muy claro todos los dirigentes soviéticos. Desde el propio Lenin, todos sabían que el control de la economía era esencial, así como volcar a todos los agentes sociales y estatales a favor de sus fines. El fin justificaría los medios, por ello para realizar cualquier reforma o plan económicos los planes de seguridad debían ser lo más laxos posibles. Por ello, una vez que extrajeron todos los beneficios posibles, abandonaron en las regiones árticas y el mar de Barents cientos de navíos nucleares con toda su carga radiactiva dentro. Este hecho en concreto nos permite disfrutar en la actualidad de unos altos índices de contaminación por dióxido de azufre que cubren una región del tamaño de Italia.

Sería muy inocente por nuestra parte querer concluir este artículo sin hacer mención alguna a la huella ecológica del bloque capitalista, cuestión que trataremos sin falta en otra publicación. Pero nos hacía especial interés comenzar por la URSS por su alto secretismo en estos asuntos y por cómo muchos, a día de hoy, siguen pensando que el ecologismo es patrimonio de una única ideología. De hecho, muchos de lo movimientos ecologistas se desligaron de la línea más dura de Moscú conforme fueron surgiendo en los 60s y 70s. Pero, a nuestro entender, es necesario seguir recordando muchos de estos desastres dado  que actualmente son miles las personas las que siguen sufriendo esta funesta herencia. Todavía en muchos colegios de los países orientales se sigue recomendando la ingesta de yoduro de potasio para evitar nuevo brotes. Podríamos rematar este texto con una frase pseudo-filosófica sobre la relación entre el hombre y la naturaleza, pero preferimos dejar abierto el debate sobre la verdadera capacidad que tiene el ser humano para controlar el mundo que lo rodea.

 

Bibliografía

JUDT, Tony: Postguerra. Una historia de Europa desde 1945. Madrid, Taurus, 2013.

WESTERMAN, Frank: Ingenieros del alma. Madrid, Siruela, 2005.

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Publicado por

Eterno aprendiz de historiador. Interesado en el concepto de libertad y los totalitarismos en el siglo XX.

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2 respuestas a “La huella ecológica de la URSS”

  1. Jesús Cueto dice:

    En primer lugar, apuntar que la bibliografía que citas es, cuanto menos, de bastante poca confianza y escasa, en mi modesta opinión, claro está. Deberías haber analizado alguna fuente soviética, puesto que hay muchos buenos historiadores que han escrito sobre el tema del que estás hablando aquí y con bastante más objetividad. Aquí te dejo uno de ellos: http://www.cambridge.org/us/academic/subjects/history/russian-and-east-european-history/environmental-history-russia

    Por otro lado, las causas que expones para la desecación del Mar de Aral:”sodio y otros productos químicos” son falsas. Los ríos Amu Daria y Sir Daria se desviaron de su cauce para producir decenas de hectáreas de regadío con el objetivo de convertir una zona prácticamente desierta en una zona productiva con cultivos y así alimentar a una población (la de Uzbekistán, principalmente) sin acceso a una cantidad considerable de agua. Por otro lado, Uzbekistán es hoy uno de los mayores productores de algodón gracias a éstas medidas tomadas por la URSS. De hecho, los ingenieros soviéticos ya esperaban la desaparición del Mar, al que consideraban como un error de la naturaleza.
    Así pues, gracias a esta desecación y al desvío del cauce de los ríos ya citados, miles de personas pudieron tener acceso a la producción de alimentos masivamente, algo que no habían tenido durante siglos que no habrían tenido si la región hubiera estado gobernada por la burguesía, pues todo el proyecto, como está bien remitido en el libro antes recomendado, fue un gasto de dinero y recursos para la URSS sin previsión de recuperación.

    Aquí te dejo un texto sobre un curioso proyecto soviético: https://culturaproletaria.wordpress.com/2014/02/17/el-plan-de-stalin-para-la-transformacion-de-la-naturaleza/

    Y por último, sería hipócrita por mi parte no hablar de los desastres medioambientales de la URSS, que los hubo y muchos: vertidos descontrolados en los ríos por la industria química (sobre todo en los Urales), las pruebas fallidas de armas nucleares y químicas y un largo etcétera (por ejemplo en el Mar de Aral había una central de investigación química secreta la que seguro que tuvo vertidos), casi como la mayoría de los países industrializados incluido los Estados Unidos. Los fallos son naturales al ser humano y a la Ciencia.
    Pero (y no quiero sonar altanero, sino que sólo quiero aconsejar) podrías haber investigado un poco más y citar hechos de verdad y no aprovechar (como hace la mayoría de los autores anti-soviéticos y anticomunistas) cualquier pretexto para meter la cansina cuña a Stalin, a Koba, que si el gran líder, que si el secretismo, etc, porque suena a propaganda muy barata y muy fácilmente desmontable.

    Un saludo.

    • Guillermo R. Cortázar dice:

      En primer lugar, no nos cabe duda de que se trata de un tema en el que se puede profundizar y matizar mucho más. Acerca de las políticas hidrográficas de la URSS, entendemos que conforme se beneficiaba a unos, se perjudicaba a otros con una intención bastante clara, como bien lo explica Karl Wittfogel en Oriental depostism.En el marco soviético las poblaciones nómadas del interior asiático no tenían sitio alguno. A día de hoy, es cierto que la producción agrícola en esas zonas es bastante notoria aunque no exclusivamente a las política soviética ya que creemos que te dejas atrás todo un proceso de modernización que ha venido produciéndose en los últimos 30 años. Probablemente, tengamos debates como este debido al absoluto secretismo y hermetismo de la URSS, tanto para lo bueno como para lo malo.

      En segundo y último lugar, agradecemos tu opinión y recomendaciones literarias que ya estamos anotando para leerlas.

      Muchas gracias y un saludo.

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