La guerra rusojaponesa, el imperio del Zar a la deriva

El conflicto entre los dos imperios fue, en realidad, un pulso entre Oriente y Occidente que moldeó el comienzo del siglo XX

Era febrero de 1904 y el año había empezado tenso entre los imperios ruso y japonés. El foco de los problemas entre ambas potencias estaba en Manchuria y Corea, dos zonas entre China y Rusia que estaban a las puertas de Japón. Era allí donde los japoneses querían expandirse ahora que su occidentalización y revolución industrial iba por buen camino. Al estar cerca del archipiélago, era una zona que se podía controlar fácilmente, y las materias primas que ofrecían eran perfectas para su joven industria.

Diplomacia agresiva y ferrocarriles

Mientras que el Imperio de Japón buscaba recuperar sus primeras conquistas, el ruso necesitaba dominar mejor una zona sobre la que el control era todavía difuso. Manchuria y Corea eran dos territorios cuyo dominio era un auténtico caos. Si bien habían estado bajo la esfera de influencia china (de hecho Corea era una especie de protegida de China), rusos y japoneses habían conseguido pequeñas porciones de aquel pastel durante la segunda mitad del siglo XIX.

Port Arhur en la punta de Liandong (con el ferrocarril desde Siberia), Corea y Manchuria | Fuente

En 1885 Japón había vencido a China en la que fue la primera guerra sinojaponesa. Pero una intervención internacional en pos de debilitar a Japón lo empañó todo e hirió el orgullo de los japonses, que tomaron buena nota para el futuro. Aunque el imperio del sol naciente no había conseguido grandes extensiones de territorio, sí se había hecho con el protectorado de Corea y el dominio de la península de Liandong. Sin embargo, la Triple Intervención de Rusia, Alemania y Francia invitó, poco amablemente, a devolver aquel el territorio a China. Para colmo, China entregó a Rusia parte de Liandong, con Port Arthur (clave para el control de los mares) a la cabeza, en 1887, a donde los rusos querían llevar el ferrocarril como una extensión del transiberiano que llegaba hasta Vladivostok.

La construcción de este ferrocarril implicaba una serie de concesiones al Zar que a los japoneses no gustó un pelo, hacían falta materias primas y tender vías a través de territorio chino. Estaban construyendo los cimientos para fortalecer la posición rusa en la región, y por consiguiente, para debilitar la japonesa. Por otra parte, el desorden dentro del Imperio Ruso era patente y los grupos con ideas revolucionarias comenzaban a hacer ruido a lo largo y ancho de Rusia; Nicolás II necesitaba demostrar que un modelo autocrático era vital para los rusos; la amenaza asiática era un excusa perfecta para reconciliarse con los sectores descontentos.

El estallido de la guerra

Mientras que Rusia construía su ferrocarril y fortificaba Port Arhur, Japón y Gran Bretaña firmaron una alianza en 1902. Aunque se contemplaba asistencia militar, el grueso del acuerdo fue el desarrollo, a todo trapo, de unidades navales para los japoneses, así como el adiestramiento de la marina japonesa a cargo de oficiales británicos. Rusia había estado introduciendo efectivos en Manchuria y Liandong, pero el punto de no retorno llegó en 1904 cuando las tropas llegaron a la frontera con Corea.

Propaganda nipona para la guerra | Fuente

Aunque la guerra era probablemente inevitable desde 1895, aquello precipitó los acontecimientos. Japón cortó relaciones con Rusia y atacó por sorpresa Port Arthur dos días después (capituló en agosto de ese mismo año). De aquí en adelante, la historia del conflicto es de una victoria japonesa tras otra, tanto por tierra como por mar. Los rusos tenían confianza en la guerra debido a que pensaban que su ejército terrestre era superior y aguantaría lo suficiente como para recibir refuerzos desde el Transiberiano. Por otra parte, el dominio del mar era vital, y aunque la flota japonesa era más avanzada, Rusia también estaba confiada porque no había sido puesta a prueba.

No obstante, el Imperio Ruso se equivocó, y durante 1904 vio cómo los japoneses borraron su flota oriental del mapa y barrieron sistemáticamente al ejército de tierra. En respuesta, Rusia envió refuerzos terrestres y el grueso de su flota del Báltico. Los japoneses dominaban Liandong y Corea; ahora le tocaba el turno a Manchuria. En la batalla de Mukden, que enfrentó a unos 200.000 efectivos por bando y numerosas piezas de artillería (hubo observadores internacionales y se la considera ejemplo de la IGM), Rusia se retiró definitivamente por tierra. La última bala del Imperio Ruso era la flota del Báltico, que tras un periplo digno de novela, llegó a Oriente. La flota japonesa, en desventaja numérica, fulminó en mayo de 1905 a la flota del Zar. Aunque la victoria final japonesa era cuestión de tiempo, la guerra todavía dio algunos coletazos.

La propaganda rusa era mucho más divertida, especialmente conociendo el resultado de la guerra | Fuente

A pesar del ímpetu nipón, las finanzas del nuevo imperio no estaban como para perseguir a los rusos allá donde se retirasen, mientras que Rusia andaba inmersa en plena revolución de 1905. Theodore Roosevelt intervino para que, una vez más, Japón no saliese demasiado fortalecido. El Imperio de Japón recuperó el protectorado de Corea, Liandong, una posición preferente en Manchuria, así como la mitad de la isla de Sajalín, hasta entonces rusa. Los nipones se sintieron humillados, esta vez por Estados Undios, a la que introdujeron en su lista de enemigos y décadas después se cobraron su venganza por duplicado.

 La agonía del Imperio Ruso y el amanecer de Asia

El Zar Nicolás II y la aristocracia rusa estaban convencidos de que la guerra sería buena para el imperio. Pero el conflicto ni mejoró la presencia rusa en Oriente ni calmó el ansia revolucionaria que latía en el corazón del imperio. El tiro salió por la culata, e incluso antes de que aceptar formalmente la derrota, la Revolución de 1905 ya había comenzado. Las repetidas derrotas y los numerosos muertos convencieron aún más a gran parte del país de la incapacidad de Nicolás II y la aristocracia tradicional para gobernar.

Soldados esperan a manifestantes frente al Palacio de Invierno en San Petersburgo, enero de 1905 | Fuente

A lo ancho y largo del Imperio Ruso hubo toda clase de huelgas, protestas, reclamaciones e incluso motines militares. El imperio del Zar estaba a la deriva y una vez más, comenzó a poner sus miras en objetivos bélicos, esta vez en Europa. Rusia adquirió un papel esencial en las sucesivas crisis de los balcanes, que fueron el preludio inmediato de la Primera Guerra Mundial.

Pero lejos de Rusia y Europa la guerra tuvo también otras consecuencias, y es que fue un conflicto esencial para entender buena parte de las relaciones internacionales de principios del siglo XX. Fue la primera vez que una potencia asiática vencía a una occidental; el mensaje que transmitió empezó a calar en las colonias de las metrópolis occidentales, y las primeras revoluciones en Persia, Turquía y China no se hicieron esperar. En la India e Indonesia, británicos y holandeses lanzaron varias reformas para apaciguar estos ánimos revolucionarios. Que estos movimientos antiimperialistas los hubiera detonado una potencia imperialista como Japón poco parecía importar.

Encierro de persas en la embajada británica de Teherán durante la revolución constitucional persa | Fuente

Fueron repercusiones que cambiaron el mundo para siempre. Ni el imperio zarista era invulnerable, ni Occidente iba a tener siempre la sartén por el mango. Asia y los revolucionarios habían entrado en la escena internacional, y tenían mucho que decir sobre el futuro de Occidente y Oriente.

Bibliografía

-JUKES, J: The Russo-Japanese War 1904–1905, Osprey Publishing, 2014.

-PARLMER,COLTON: Historia Contemporánea, Akal, 1971.

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Tengo un título para contar cosas y las cuento. Entré en esto para saber más de Grecia y Roma y acabé liándome con un tema de moriscos y rebeliones.

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