“El Mundo de ayer. Memorias de un Europeo” – Stefan Zweig

Me crié en Viena, metrópoli dos veces milenaria y supranacional, de donde tuve que huir como un criminal antes de que fuese degradada a la condición de ciudad de provincia alemana.

El Mundo de ayer. Memorias de un Europeo – Stefan Zweig | Acantilado. 552 pgs., €25,65.

“Me crié en Viena, metrópoli dos veces milenaria y supranacional, de donde tuve que huir como un criminal antes de que fuese degradada a la condición de ciudad de provincia alemana. En la lengua en que la había escrito y en la tierra en que mis libros se habían granjeado la amistad de millones de lectores, mi obra literaria fue reducida a cenizas. De manera que ahora soy un ser de ninguna parte, forastero en todas; huésped en el mejor de los casos […] He sido testigo de la más terrible derrota de la razón y del más enfervorizado triunfo de la brutalidad de cuantos caben en la crónica del tiempo”

De la mano de Acantilado podemos disfrutar de las memorias de uno de los mayores genios literarios del siglo XX. Su experiencia vital, a caballo entre la Europa de la Belle Époque y el auge del nazismo, es un testimonio desgarrador que estremecerá sin duda al lector. Al igual que Ludovico Einaudi cuando toca las teclas de su piano, Zweig nos compone una ópera en la que el optimismo y el drama bailan al unísono sobre el escenario europeo. 

¿Se imaginan presentarse ante la azafata[o] de Ryanair preguntando si se podría embarcar con un baúl de madera y acero de casi 50 kg.? La incredulidad irá a más si explica que sólo lleva un poco de ropa y más de una decena de libros para entretenerse en su próxima travesía. Recuerda nostálgicamente Zweig, añoranza a la que nos sumamos, que eso era lo más común entre aquellos entusiastas y culturalmente insaciables jóvenes hijos de la Belle Époque. Recorrían el Viejo Continente en esos ruidosos y toscos -aunque románticos- trenes con la única ambición de disfrutar el viaje.

Zweig en un fotomatón | Fuente 

Resulta complicado hacerse una idea de los niveles de optimismo que precedieron a la Gran Guerra. Que el ser humano era capaz de todo quedaba demostrado en el progreso técnico de la arquitectura, las exposiciones universales, descubrimientos científicos o la publicación de composiciones musicales y obras literarias. Zweig es capaz de transmitir al lector esa seguridad con la que vivían tantos europeos. Un optimismo fundamentado en la imposibilidad de un nuevo conflicto mundial, la ingenuidad propia de dos recién enamorados.  

«En Viena, una gran actriz nacional era propiedad colectiva hasta el punto que incluso los que no se interesaban por el teatro percibían su muerte como una catástrofe […] Cuando el “viejo” Burgtheater, donde por primera vez sonaron las notas de “Las Bodas de Fígaro” de Mozart, estaba a punto de ser demolido, toda la sociedad vienesa se reunió en sus salones, solemne y conmovida, como si se tratara de un entierro; apenas hubo caído el telón todo el mundo se precipitó hacia el escenario para llevarse a casa como reliquia siquiera una astilla de las tablas sobre las que había actuado su artistas favoritos»

No obstante, al igual que ocurre con la sinfonía de Pedro y el Lobo de Prokofiev, tras la música de los pájaros (flauta), los patos (oboe) y el gato (clarinete) llega el lobo (trompa). Tras esa fachada de prosperidad se estaba fraguando el mayor conflicto mundial que el ser humano había presenciado. Esa transición es vivida, más que explicada, por el autor. La vinculación emocional que Zweig tiene con su tiempo lo convierte en un testimonio único para conocer la Europa de entonces. Su vivencia en primera persona del fracaso de la humanidad es una de las razones principales por la que deben leer la obra, ya que a partir de 1914 nada volvió a ser lo mismo.

La ilusión fue evaporándose por cada página que un europeo leía de La Decadencia de Occidente, de Oswald Spengler. En la orquesta europea, fueron los barítonos italianos los que comenzaron a desentonar; los rusos alteraron el ritmo de sus violines que nada tenía que ver con la dulzura de Anna Karenina; los bávaros golpeaban sus tambores al ritmo que Atila llamaba a las puertas de Roma. En medio de la encrucijada europea se encontraba Zweig, todavía incrédulo ante la marcha de un mundo que ya no volvería a ver. Sin embargo, continuó viajando y conociendo a las mentes más claras de su tiempo, poco le importaba que un vecino suyo de Salzburgo alentara a los camisas parda.

«Aquel nombre no me decía nada. Y no le presté más atención, porque a saber cuántos nombres de agitadores y golpistas, hoy ya completamente olvidados, aparecerían en la desbaratada Alemania de entonces para volver a desaparecer con la misma rapidez […] Pero luego, en las vecinas poblaciones fronterizas de Reichnhall y Berchtesgaden, adonde yo iba casi todas las semanas, de repente empezaron a surgir grupos de jóvenes, al principio pequeños pero después cada vez más numerosos, con botas altas, camisas pardas y brazaletes chillones con la esvástica. Organizaban reuniones y desfiles, se exhibían por las calles cantando y vociferando, pegaban enormes carteles en las paredes y las pintarrajeaban con la cruz gamada»

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Zweig sentado en el patio de su casa de Salzburgo | Fuente

Su estilo de vida y concepción del mundo, al igual que la de miles de europeos, se transformó por completo ante el auge de los movimientos totalitarios. Sin querer adentrarnos más en el libro, hemos de decir que los testimonios de Zweig valen su peso en oro, tanto por su figura histórica como por la repercusión literaria de su obra. En él quedan perfectamente conservados todos aquellos valores humanistas que hacían del hombre un ser imparable y sobradamente seguro de sí mismo. La lectura de sus memorias permitirá comprender aquellos años de terremoto político, económico y social, y es que si mucho perdimos en Cuba, bastante más se perdió en Múnich.

Stefan Zweig fue un escritor austríaco de la primera mitad del siglo XX. Conocido por su obra autobiográfica El Mundo de Ayer, ha sido también autor de numerosos relatos literarios como Veinticuatro horas en la vida de una mujer La confusión de los sentimientos. También se implicó en el género biográfico con personajes como Magallanes, María Antonieta o Balzac.

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Eterno aprendiz de historiador. Interesado en el concepto de libertad y los totalitarismos en el siglo XX.

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