El dios incomprendido. El desafío del clima en la historia de la humanidad – Francisco J. Jiménez Espejo y José Soto Chica
Cómo afectó el clima a civilizaciones pasadas y cómo lo hace hoy y podría hacerlo en el futuro es, quizás, uno de los temas de más rabiosa actualidad. Los debates y las discusiones en torno al cambio climático son apasionados y, para mayor desgracia, politizados constantemente, desvirtuados por la prensa, los políticos y no pocas personalidades de internet. ¿Pero podrían la ciencia y las humanidades aportar algo de luz al presente y al futuro analizando el pasado?
Es lo que pretenden Francisco J. Jiménez Espejo y José Soto Chica en El dios incomprendido. El desafío del clima en la historia de la humanidad, que publica Desperta Ferro. La obra aborda algunos eventos climáticos, desde la prehistoria hasta el siglo XIX, para ver cómo afectaron al paisaje, la fauna y las sociedades que han habitado el planeta Tierra.
Ambos autores aúnan estudios de paleoclimatología, arqueología e historia para responder a unas preguntas básicas: ¿qué ocurrió, por qué y cómo afectó a los humanos? Es una fórmula multidisciplinar que funciona a la perfección gracias a que Jiménez Espejo y Soto Chica hablan con una sola voz en una narración apasionante, didáctica y de una honestidad digna de elogio.
Grosso modo, El dios incomprendido explora las causas y consecuencias de cuatro grandes eventos climáticos y examina sus efectos sobre distintas civilizaciones y pueblos a lo largo de 9 capítulos. De modo que no es una narración continua, hay saltos cronológicos, pero conforme más se lee, más fuerza coge el libro, porque hay numerosas continuidades, problemas climáticos recurrentes que en no pocas ocasiones están conectados.
En el primer bloque, veremos cómo la última glaciación afectó a los neandertales y los grandes elefantes de colmillos rectos, dando lugar a un colapso poblacional neandertal del que todavía se debate mucho. ¿Hubo violencia, mengua del número de una especie ya de por sí poco numerosa y una hibridación con el Sapiens que, en medio de la glaciación, salió de África? Difícil saberlo, pero los autores dejan claro que el clima fue un factor clave para entender por qué unos prosperamos y otros vieron su ocaso.
El segundo bloque nos lleva al inicio del periodo Megalayense (hace 4.200 años), en el que todavía nos encontramos, y nos explica cómo pudo arrancar con una prolongada y severa aridificación. Un corto pero necesario capítulo que nos introduce, climáticamente, a los siguientes cuatro, en los que los autores nos explican cómo afectó la aridez a distintos pueblos, desde el final del Imperio Antiguo de Egipto, la expansión de los indoeuropeos y el brutal y rápido colapso del Bronce Final Mediterráneo.
De nuevo veremos un salto temporal en el tercer bloque, que nos llevará a la renovatio imperii de Justiniano y su ralentización desde el 536, o año sin sol. En este caso volvemos a la aridez, provocada por varias y sucesivas erupciones volcánicas masivas que generaron un largo periodo con diversas y prolongadas sequías durante más de doscientos años, en el que la costa norteafricana dejó de ser una tierra frondosa para convertirse en la que conocemos hoy. En otro capítulo, los autores nos llevarán a la expansión del islam y su estancamiento en el siglo VIII, la caída visigoda y el alzamiento de Asturias.
Finalmente, tendremos otro salto temporal y, esta vez, de continente, para irnos a América del Norte entre los siglos XIII y XIX. En este periodo veremos desaparecer prósperas sociedades agrícolas merced de una durísima sequía y la reorganización de algunas en formas híbridas de agricultura y caza y otras puramente enfocadas a la caza, ya que, tras la sequía, las grandes praderas se recuperaron y permitieron un gigantesco aumento de la población de bisontes, medio de vida que alimentó el surgimiento de los comanches. Una época de esplendor para estos pueblos indígenas que tocó a su fin tras otra sequía y el inclemente avance hacia el Oeste de los norteamericanos.
A lo largo de todos estos capítulos, hay varias ideas fundamentales que los autores se encargan de subrayar en distintas ocasiones. Lo primero de todo, y esto es muestra de la honestidad que mencioné anteriormente, es que el clima es un factor esencial para comprender estos procesos históricos, pero ni mucho menos el único y no necesariamente el más importante, un compromiso con la verdad que no siempre es habitual en esta clase de libros, y que hay que agradecer y elogiar.
Otra idea esencial es que no hay modelos sociales mejores que otros, ni animales o ramas del género Homo. Lo que existen son ventajas que florecen en determinada situación pero que pueden convertirse en desventajas cuando ésta cambia, ya sea por un evento climático o por otra circunstancia. Una realidad especialmente delicada para sociedades que se asientan en zonas más vulnerables al clima, como el Imperio hitita o el, brevemente mencionado, caso del Imperio tibetano.
Y, por supuesto, hay una idea que nos sobrevuela a todos hoy, la savia que da vida al libro, que no es otra que el cambio climático y si los estudios de paleoclimatología nos pueden enseñar algo de nuestro presente y futuro. Eso piensan los autores, así como otros científicos, que postulan, de seguir la situación actual, que quizás el Eemiense (más cálido), en el que prosperaron los neandertales, tenga los datos que nos puedan ofrecer un esbozo de lo que sería ese posible futuro al que nos dirigimos.
También hay lecciones en la historia, pues vemos los procesos de adaptaciones de distintas sociedades a estos cambios. Y es que puede parecer que un mundo interconectado como el nuestro es más fuerte ante posibles crisis climáticas, pero esa conexión también puede generar interdependencia y, como en el caso del espléndido Bronce Final Mediterráneo (salvando las distancias), su aparente fortaleza se convirtió en una de las claves para caer como un efecto dominó.
Jiménez Espejo y Soto Chica dedican un espacio similar en cada capítulo a explicar el lado geológico, climático o el histórico, con lo que lectores que provengan tanto de las ciencias como de las humanidades lo comprenderán todo con facilidad. A veces veremos disgresiones o recuadros donde se nos explican con más detalle métodos de análisis paleoclimáticos o procesos geológicos, y otras veces se nos dará el contexto histórico adecuado a la hora de hablar de distintas civilizaciones.
La cantidad de fuentes consultadas, tanto primarias como secundarias, así como los estudios paleoclimáticos, geológicos y de otras disciplinas referenciados, atestiguan el monumental y cuidado trabajo que los autores han hecho para preparar este libro. Un trabajo que han plasmado, como ya he señalado, de manera sencilla y accesible con el claro objetivo de llegar a cuantos más lectores mejor.
Jiménez Espejo y Soto Chica han escrito un libro indispensable con el que sitúan al clima como uno de los motores de cambio de los procesos históricos. Una propuesta con la que, más que romper moldes, quieren ayudar a reconstruir el mosaico de nuestro pasado, para así comprender mejor el presente y entender qué podría deparar en el futuro el siempre incomprendido e inclemente clima, lejos de ideologías y discusiones políticas.
«Nuestra propuesta es sencilla a la par que realista: hay que recuperar la racionalidad y buscar soluciones factibles y sensatas. Debemos huir de debates de máximos y, sobre todo, de que pasemos de no comprender al complejo y peligroso Dios del clima, a no entendernos entre nosotros, ya que sea cual sea el camino que emprendamos o por que nos veamos obligados a caminar, tendremos que recorrerlo juntos».
Francisco J. Jiménez Espejo es un geoquímico experto en paleoclimatología con una tesis sobre cambios climáticos y evolución cultural humana. José Soto Chica es doctor en Historia Medieval y ex-militar, ha centrado sus estudios en la Antigüedad tardía, especialmente en Bizancio.


