De la Revolución de Octubre a la guerra civil rusa

La revolución de octubre quebró las esperanzas democráticas en Rusia y abrió la puerta a la dictadura del proletariado. Sin embargo, los bolcheviques tuvieron que cerrar otra herida más, la guerra civil.

Conviene comenzar este artículo planteando por qué hemos decidido separar los sucesos de febrero y octubre. Si bien es cierto que ambas forman parte de un ciclo revolucionario que transformó el destino de Rusia, no lo es tanto por su condición ideológica y protagonistas. La primera gran diferencia fue que los bolcheviques lograron mantener sus objetivos reovlucionarios, a diferencia de los liberales, demócratas y socialistas que tuvieron que lidiar con un país bastante inestable. En segundo lugar, mientras febrero puede ser considerada un levantamiento popular, octubre fue metódicamente dirigido por un comité integrado por la élite bolchevique. La mayoría de estudios históricos coinciden en señalar la eficaz estrategia de Trostki que primaba el control de puntos estratégicos como las centrales energéticas, medios de comunicación, puentes o edificios postales. Por último, veremos cómo los objetivos de ambos conatos revolucionarios distaban de cualquier coincidencia, algo que comenzamos a explicar ahora.

Revolución de octubre

En septiembre de 1917, los bolcheviques lograron la mayoría en el Congreso de los Soviets, quedando otro convocado para el 25 de octubre. Sin embargo, las declaraciones que sus líderes hacían a través de los medios del partido no hacían pensar que estuviesen dispuestos a esperar mucho más para la Revolución. El 9 del mismo mes Lenin llegó a San Petersburgo y, justo el día siguiente, se reunió con el comité del partido. 10 de los 12 miembros votaron a favor de la insurreción armada, dando por terminada la fase burguesa que serviría de transición para la dictadura del proletariado. Trostki fue el encargado de organizar el comité militar desde donde se dirigieron las acciones estratégicas.

Lenin en el centro de la fotografía y, a su izquierda, Trostki realizando el saludo militar | Fuente

Como hemos indicado al principio, los bolcheviques se apresuraron por golpear al gobierno en los puntos clave como las comunicaciones, suministro eléctrico o vías de servicio. El 25 de octubre poco más de 10.000 voluntarios fueron los encargados de dinamitar el ya inestable ejecutivo provisional de Kerensky. Sin derramar apenas sangre y con un acorazado apostado frente al Palacio de Invierno, la presión sobre el gobierno era enorme. A lo que debemos sumar la nula respuesta de auxilio por parte de las fuerzas del orden encargadas de socorrer al presidente. Kerensky logró huir junto a algunos compañeros de gabinete, mientras otros fueron apresados por los revolucionarios.

La consigna de Lenin de «todo el poder para los soviets» no se cumplió, ya que fue el sector bolchevique quien se hizo con las riendas. El Príncipe Rojo se encargó de dirigir el primer Consejo de Comisarios del Pueblo, mientras Trostki asumiría la tarea de Asuntos Exteriores y Stalin la del Comisariado de Nacionalidades. Las medidas a corto plazo se orientaron a la expropiación de grandes propiedades agrícolas y eclesiásticas -sin indemnización-, nacionalización de los bancos y el decreto de igualdad y soberanía de todas las nacionalidades.

Asamblea del Soviet de Petrogrado | Fuente

La parte más delicada era convocar unas elecciones a la Asamblea Constituyente, sobre todo porque no tenían asegurada la victoria. Los malos presagios se cumplieron; los resultados fueron bastante negativos desde el punto de vista de los bolcheviques (25% de los votos) y favorables a los socialistas. Aunque la realidad no iba a estropear los planes revolucionarios de Lenin y toda su camarilla, por ello movilizaron a la Guardia Roja para evitar que los diputados accediesen a la 2ª sesión de la Asamblea. Esta quedó finalmente disuelta. En enero de 1918, el Tercer Congreso de los Soviets ejecutó el golpe de estado declarándose heredero de la Asamblea y asumiendo el papel constituyente. En julio del mismo año se aprobó la Constitución que daba vida a la República socialista federativa de Rusia. A diferencia de los Derechos del hombre y del ciudadano de la Revolución Francesa, en Rusia se elaboraron los Derechos del Pueblo Trabajador y Explotado.

Estas medidas, como se puede preveer, no contaron con el total apoyo de los sectores no-bolcheviques de la socieda rusa. Sin embargo, antes de enfretarse a ellos en lo que sería la guerra civil, Lenin estaba decidido a cerrar el conflicto con los imperios centrales. En marzo convenció al resto de su comité, incluído Trotski, y firmaron el tratado de Brest-Litovsk a pesar del alto precio que Rusia tuvo que asumir: renunciar a los Estados Bálticos y Polonia, reconocieron la independencia de Finlandia y dejaron a Ucrania bajo influencia germana. Con esta vasta pérdida territorial buscaban consolidar definitivamente la revolución interior.

Guerra Civil (1918-1922)

Ante el proceso de consolidación del poder bolchevique, los generales zaristas se apresusaron por organizar el conocido como ejército blanco, compuesto por todos aquellos que no tenían cabida en la revolución proletaria. Siguiendo la línea de octubre, los líderes bolcheviques buscaron consolidar los centros estratégicos -capitales, líneas de ferrocarril- sabiendo el poder e influencia que aún conservaban los contrarrevolucionarios. Estos mantuvieron bajo control importantes zonas rurales como Ucrania, el Cáucaso o el extremo oriental. En esta última región los mongoles habían proclamado su autonomía política y estrechado sus relaciones con China, a la vez que los japoneses amenazaban con hacer incursiones en el territorio ruso. Cabe señalar que diversas poblaciones del Asia central -Yakutia, Tambov, Bujará, Transbaikalia- aprovecharon la inestabilidad para alcanzar sus objetivos de autonomía, aunque la mayoría acabó sufriendo la represión de los bolcheviques.

Evolución de Rusia entre 1914 y 1922 | Fuente

El ejército blanco no sólo materializó su poder financiero, como se representa magníficamente en la serie Peaky Blinders, sino que contaron con el apoyo exterior. Las potencias que formaban el Entente no apoyaban la retirada de Rusia de la Gran Guerra ni que la Revolución pudiese traspasar sus fronteras. Por ello, países como Francia o Inglaterra ofrecieron apoyo logístico a los defensores de la legalidad vigente. En contra de lo que se ha venido creyendo, las unidades terrestres no fueron numerosas, al menos no lo suficiente como para alterar el sentido del conflicto civil. Su ayuda se centró en mantener el control logístico de puertos relevantes a través de los cuales llegarían suministros armamentísticos y económicos.

Mientras la guerra se decidía en los distintos frentes, los bolcheviques endurecieron la represión interna con la creación de la Cheka, una policía ideológica encargada de actuar contra todo elemento que vaya en contra de la Revolución. Lo paradójico del caso es que este servicio de información fue implacable no sólo contra zaristas o liberales, sino también contra socialdemócratas y socialistas. De manera complementaria, se aprobó un decreto que establecía tribunales especiales contra los «crímenes de la prensa», en referencia a las posibles críticas que se pudiese realizar y poder efectuar el control de los medios. Trotski, encargado del ejército rojo, creó la figura del comisario político que controlaba la acción de mandos y oficiales. Por último, para evitar cualquier posibilidad de retornar al zarismo, se decidió en  julio de 1918 ejecutar al Zar con toda su familia. En 1921 todas las organizaciones políticas fueron abolidas en la Unión Soviética salvo el Partido Comunista.

Tropas estadounidenses desembarcadas en Vladivostok | Fuente

En lo económico, se implantó un comunismo de guerra que supuso la nacionalización de los medios de producción -minas, ferrocarriles, banca, comercio privado-, autarquía, intervención en la economía particular y abolición del dinero, entre otras cosas. A la larga, esta política mostró ser un absoluto fracaso. Los ciudadanos rusos favorables a la revolución no aguantaron en tiempos de guerra el trabajo obligatorio, el alargamiento de la jornada laboral para atender las cotas de producción o el pluriempleo. En la zona rural, este modelo económico trajo de vuelta la economía de subsistencia debido a la notable caída de la productividad, el cese de los cultivos industriales, además de episodios de tifus y cólera. En 1921, las diferentes hambrunas obligaron al Comité a virar estas medidas con la integración de ciertas formas capitalistas que maquillaban el sistema totalitario.

Por último, Polonia -con el apoyo de Francia e Inglaterra- realizó un último intento a la desesperada por cambiar el curso de la guerra, desde nuestra perspectiva el de la Historia, con escaso resultado. Esta acción respondía a la psicosis polaca de haber crecido entre dos gigantes, Alemania y Rusia. La URSS no sólo representaba el peligro de la revolución, sino el constante recordatorio de que cualquier mañana Polonia podía ser fagocitada por el gigante ruso. En el siglo XX confirmaron esos mismos miedos, tanto con la invasión nazi como con las ocupaciones soviéticas.

Don Thommas “Fucking” Shelby con un aristócrata ruso | Fuente

El conflicto acabó definiéndose por la escasa cohesión de la oposición al régimen bolchevique. Zaristas, liberales, mencheviques, socialistas y anarquistas acabaron por hacer cada uno la guerra por su lado. El ejército rojo aprovechó esta baza para consolidar su poder sobre las principales ciudades de Ucrania y Rusia central, además de purgar a miles de ciudadanos favorables a la causa blanca. Los estudios estiman que la población rusa se redujo en casi 9 millones: un millón de muertes en combate y el resto purgados o exiliados que huyeron de la población. Sobre estos últimos, hablaremos en el siguiente artículo.

 

Bibliografía

BOLINAGA, Íñigo: Breve historia de la Revolución Rusa. Madrid: Nowtilus, 2009.

FIGES, Orlando: La Revolución Rusa. 1891-1924. La tragedia de un pueblo. Barcelona: Edhase, 2000.

HILL, Christopher: La Revolución Rusa. Barcelona: Ariel, 1983.

Rea Silvia la financian los lectores, si te gusta y puedes, contribuye para que sigamos creciendo.

Publicado por

Eterno aprendiz de historiador. Interesado en el concepto de libertad y los totalitarismos en el siglo XX.

Síguelo en Twitter

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *