Los mitos de Tartessos

La mayor parte de la información que nos llega sobre Tartessos es difícil de sustentar. Cuando excavamos un poco en los mitos que nos venden, encontramos que ni lo literario, ni lo arqueológico ni lo filológico cuadran entre sí

Casi todos los interesados por la historia, o al menos los que hayan ido al colegio en Andalucía, habrán escuchado hablar alguna vez de Tartessos. El problema es que probablemente no hayan escuchado más que falseamientos de la Historia, a veces por malas interpretaciones sinceras y otras por intereses políticos.

Este artículo tiene una segunda parte: El Tartessos verosímil

De Tartessos circulan todo tipo de teorías y uno de los grandes problemas es que se hacen pasar por verdades absolutas: se habla de gran civilización prerromana, de foco de civilización en el extremo de Occidente, de imperio y de gran ciudad. Pero los datos usados rara vez cuadran entre sí.

El Tartessos literario

Para empezar hay que ir al origen, que en este caso está en las fuentes griegas. Son las que acuñan el término y hablan de un río rico en plata y una ciudad hacia su desembocadura:

«Y como el río tiene dos desembocaduras, se dice que la ciudad de Tartessos, homónima del río, estuvo edificada antiguamente en la tierra colocada entre ambas, siendo llamada esta región Tartessos, habitada ahora por los Túrdulos» Estrabón

«Tartessos, ciudad de Iberia, cerca del lago Aorno» Aristófanes

«…fuentes inmensas del río Tartessos, de raíces argénteas» Estesícoro de Himera

Golfo tartésico como estuario del Baetis

El lago Aorno se identifica con el Ligustino, algo más al noreste del conocido como Golfo Tartésico o Estuario del Baetis. Estamos hablando de un momento en el que el mar tiene un nivel mayor que el de ahora, creando un golfo que ocupaba las marismas del Guadalquivir y buena parte de Doñana, y más allá de este, el citado lago. El Guadalquivir además, era llamado río Tartessos por los griegos, cuya colonización de la península (siglo VI a.C.) es posterior a la fenicia (siglos X-IX a.C.), y estos lo llamaron Baits, y de este los romanos lo transformaron en Baetis. Luego durante la era musulmana el nombre cambió con el tiempo hasta al-wadi al-Kabir (el río grande), de donde viene nuestro Guadalquivir.

El caso es que estudiando a los griegos no se saca mucho además de un río y quizás una ciudad, y es de ellos de donde llega el término. Además, conforme más antigua es la fuente, y más cercana por tanto a la colonización griega, se nos habla más de río que de ciudad. Luego los romanos llamarán Tartessos a Gades, y a los gaditanos, tartesios. También se ha intentado relacionar con el término bíblico Tharsis, pero…

«No había nada de plata, no se hacía caso alguno de esta en tiempos de Salomón porque el rey tenía en el mar naves de Tharsis con las de Hiram, y cada tres años llegaban las naves de Tharsis trayendo oro, plata, marfil, monos y pavos reales» Reyes, I, 10, 21

«Tharsis es vocablo homónimo con el que se llama a la región de la India» San Jerónimo, Cartas, XXXVVII, 1, 2

«Josafat construyó naves de Tharsis para ir a Ofir en busca de oro, pero no fueron, porque las naves se destrozaron en Asiongeber» Reyes, I, 22, 49

Encontramos referencias al golfo pérsico y a la India, pero nada que nos haga pensar en el sur peninsular. De hecho, el comercio que se cita de monos, pavos reales y marfil es exclusivo de la India.

No parece haber rastro de un gran imperio en estas fuentes o de una gran ciudad que funcionase como foco civilizador, y menos suficiente sustrato como para sustentar una verdad absoluta. De todos modos hay más registros que analizar, tanto antes de realizar una tesis como de descartarla, y los vamos a repasar en el resto del artículo.

El Tartessos arqueológico

A estas fuentes griegas tan prometedoras se les quiso añadir un registro arqueológico. El problema de las mismas es que es difícil decidir en qué punto exacavar. Durante el siglo XIX se había puesto de moda buscar civilizaciones perdidas con un libro bajo el brazo dado el éxito que tuvo Schliemann con Troya –descubriéndola y destrozando todo lo que no le interesaba–. Adolf Schulten siguió el testigo y quiso encontrar en Andalucía no una ciudad, o un pequeño reino, sino un gran imperio. Claro que con las referencias que tenía no podía plantarse en un punto y ponerse a excavar como un loco. Así que tras una serie de excavaciones afirmó haber encontrado las pruebas de la existencia definitiva de Tartessos, y haberlas perdido. Además, manipuló deliberadamente fuentes griegas para que dieran a entender que Tartessos fue un imperio de Huelva a Murcia.

tartessos La Astarté del "bronce Carriazo"
La Astarté del “bronce Carriazo” | Fuente

Schulten cayó antipático en España desde que enunció sus tesis sobre Tartessos, porque aseguró que esto del imperio sólo pudo venir del mundo egeo, y claro, por ahí ya sí que no. Manipular fuentes e inventarse restos arqueológicos para crear un imperio andaluz tenía un pase, pero decir que eran griegos… a quién se le ocurre.

Tiempo después de Schulten Tartessos se fue regionalizando. Diferentes provincias andaluzas buscaron una gran ciudad para vincularse con un pasado maravilloso. Así, Huelva a principios del XX será epicentro de Tartessos, o Camas, que asegura todavía estar en “los confines de Tartessos”. A pesar del ímpetu regionalista, capaz de tumbar conferencias y levantar glorietas, el yacimiento de San Bartolomé de Huelva y el del Carambolo de Camas -tesoro incluido-, se ha demostrado científicamente que son fenicios, relacionados con templos dedicados a la diosa fenicia Astarté.

In finibus tartessorum
Camas – Réplica glorietizada de la Astarté del “bronce Carriazo” – Google Maps

El Tartessos lingüístico

A estos dos ámbitos se les une la escritura tartesia. Que tiene un par de problemas incluso más evidentes que los anteriores. El primero es que cronológicamente pertenece al siglo V a.C., cuando supuestamente Tartessos había desaparecido de forma abrupta –de esto ya hablaremos– según estas tesis. El segundo es que mayoritariamente estas escrituras que se atribuyen a Tartessos se encontraron en el Algarve y Alentejo portugueses. Es decir, no coincide ni cronológica ni geográficamente con lo literario, algo que también le sucede al supuesto registro arqueológico tartésico.

Es un tema al que es difícil aproximarse debido a las diferencias entre los citados registros. Ante esta situación es comprensible que haya investigadores que simplemente llenen los huecos con teorías honestas aunque difíciles de sustentar, pero también hay quien desvirtúa la conversación tratando de vender libros o de darse golpes de pecho con un pasado maravilloso en un intento de nacionalismo regionalista absurdo.

En los próximos días hablaremos de paradigmas que tratan de unir con inteligencia y evidencias lo tartesio con lo fenicio, con una cronología y un registro arqueológico coherentes. Eso sí, vayan olvidándose de ciudades de ensueño, grandes imperios y tesoros dignos de Argantonio.

Este artículo ha sido editado en abril de 2018. Se ha cambiando el tono de ciertas partes del texto para fomentar un debate más abierto y académico sin desfigurar el sentido e intención del mismo. Como parte de esta idea el título ha sido cambiado por “Los mitos de Tartessos”.

Artículos, capítulos y proyectos de investigación

Eduardo Ferrer Albelda

José Luis Escacena

Oswaldo Arteaga (mundo fenicio)

Publicado por

Graduado en Historia en Sevilla. Entré en esto para saber más de Grecia y Roma y acabé liándome con un tema de moriscos y rebeliones.

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17 respuestas a “Los mitos de Tartessos”

  1. Cayetano Molina dice:

    Bueno: Observo que usas los mismos argumentos para justificar la no existencia y las grandes mentiras sobre Tartesos, que los que argumentan todo lo contrario.
    Pruebas,amigo.Es lo único que se les pide a unos y a otros.

  2. Sr. Bermúdez: Disculpa mi torpeza, pero me he perdido un poco con este escrito, ¿sería usted tan amable de resumirme en un par de puntos, cuál es la hipótesis de la que se parte para sostener esa idea de que Tartessos nunca existió y es una mera invención de los griegos?.

    Me interesa mucho el tema, y no parto de ideas preconcebidas, solo me interesa la búsqueda honesta de la verdad históorica, esté donde esté, sea cual sea, y caiga quien caiga. Así que vaya por delante que me da igual si existió como si fue un mero invento de los griegos. Solo me interesa que se llegue a la verdad por el camino más honesto y más riguroso posibles.

    Un cordial saludo,
    Georgeos

    • Álvaro Bermúdez dice:

      La idea es resaltar la inconsistencia de cada “prueba” aportada por los que defienden una gran civilización tartesia, e incluso la desconexión entre ellas, no negar que Tartessos existiera. A este artículo le sigue otro con explicaciones verosímiles de lo que sí pudo ser Tartessos, sin el que entiendo que cualquiera pueda perderse un poco. Se lo dejo aquí: http://reasilvia.com/2014/09/el-tartessos-verosimil/

      Gracias y un saludo.

  3. De acuerdo, si de lo que se trata es de refutar la afirmación de que Tartessos fuera una “gran civilización”, en tal caso, eso no requiere esfuerzo alguno. Es tan fáci como que no existe referencia antigua alguna que la mencione como una “gran civilización”. Se trata de un concepto de los tiempos modernos al que se ha llegado por ciertas deducciones que a ciertos autores importantes les han parecido coherentes… pero está claro que ningún autor antiguo se refirió a Tartessos como una “gran cvilización”. Aunque sí es descrita como un territorio, comarca o país, y también como una ciudad, que tomó el nombre del mismo río, y como un reino algo rico (reino de Argantonio).

    Una simple acotación: que hubiera una ciudad con el mismo mombre del país o territorio no es nada descabellado, ni absurdo ni imposible. Hay casos antiguos bien conocidos donde el nombre del país o territorio es el mismo de la ciudad o capital. Por otro lado, las fuentes primarias escritas hablan de un rey (Argantonio) que reina en un territorio que se emplaza en Tartessos. Por consiguiente, si bien no hay referencia explícita a una “gran civilización”, sí la hay a un rico o próspero reino en un país o territorio llamado Tartessos. Ahora, que para algunos autores (especialmente de los útimos tiempos) ese reino fuera realmente fenicio, o más fenicio que indígena, según otros, es otro asunto que de paso sea dicho, tampoco considero descabellado ni imposible.

    Un cordial saludo,
    Georgeos

  4. Carmen Lasso dice:

    Estimado Álvaro,

    Gracias por publicar su opinión sobre este controvertido objeto de estudio, que sólo contemplo en su vertiente discursiva, que no histórica. O sea, analizo los relatos míticos que todavía siguen alimentando la magia y el misterio de Tartessos y que, por ende, no hacen sino alejarlo cada vez más del espacio científico.

    Permítame, por favor, que apunte que la existencia de este pueblo ibérico está más que probada por reputados investigadores. Ahora bien, distinto es que imaginemos que esas pruebas puedan concebirse como la evidencia de una civilización o imperio donde hasta los pesebres fuesen de plata, como versa alguna cita, que debe entenderse de forma metafórica, pero cuya realidad se constata en algunos hallazgos, que no han hecho sino alimentar las narraciones y ensoñaciones románticas.

    Entiendo perfectamente que el objetivo principal de su valoración se centre en la refutación de los postulados de algunos autores, aunque difiera de esa postura, ya que la ciencia no debe apriorizar resultados, sino partir de hipótesis que podrán ser verificadas o no, como bien apunta el Dr. Díaz- Montexano, cuya obra es de debida lectura.
    Asegurar, por ejemplo, que el pueblo fenicio aculturizase al tartesso, basándose en el estilo orientalizante del tesoro del Carambolo parece, cuando menos, precario, dado que se obvia la similitud con la orfebrería geométrica anterior, así como la escasa habilidad artística del pueblo semita. De igual forma, la verosimilitud, que no es lo mismo que la verdad, de ese supuesto regionalismo andaluz que señala, no parece aportar los necesarios datos objetivables que demuestren lo que parece presentarse como algo cercano a una especie de confabulación, por no emplear otro término, acerca de un posible interés andaluz o andalucista que apueste subrepticiamente por la existencia de Tartessos. Guste o no, el bronce Carriazo es un objeto histórico, por lo que su reproducción en fuentes o glorietas no supone ningún daño, como tampoco la representación de la duquesa de Alba o de una obra de Chillida, valgan como ejemplo.

    Es más, si usted se vale del mito para justificar la presencia fenicia en Iberia, antes de su constatación arqueológica, no se entiende que tache de mentirosos a quienes sostienen otras premisas, basadas en hechos constatables y objetivables. Ni que decir tiene que no sostengo que usted mienta, algo que debería quedar siempre fuera del lenguaje científico.
    No mentían aquellos que sostenían que la tierra era plana. Lo creían firmemente y, por ello, mandaron a la hoguera a quienes defendían su redondez. No obstante, en tiempos postmodernos somos bastante más flexibles, tolerantes y abiertos a cualquier avance científico, siempre y cuando cuente con todos los avales empíricos, por supuesto. Pero sin olvidar que la verosimilitud compete al discurso, no a los hechos.

    Finalmente, como neófita en este tema, e investigadora en las estrategias de comunicación que se emplean para su difusión, me inquietan bastante las acusaciones vertidas a investigadores, tachados de regionalistas y me conducen a preguntarme por el interés en denostar lo que podría –o no- ser autóctono, en una agitada defensa incuestionable y no objetivable de lo foráneo.

    Igual debería darnos si Tartessos fue la evolución de una población indígena con todas y cada una de las influencias recibidas o si, por el contrario, fue plenamente fenicia. No se entiende, por ello, tanto interés en justificar su origen semítico, mediante críticas a las fuentes clásicas que, sin embargo, se emplean para argumentar esa hipótesis.

    Un cordial saludo,
    Carmen

  5. Paco dice:

    Siempre he leído y escuchado que Tartessos no fue una ciudad sino un conjunto de ellas, todas pequeñas. Una suerte de pequeña civilización que rondaba el suroeste peninsular. Últimamente salió algo de unas estrañas formaciones vistas por satélite en la zona de Sanlúcar de Barrameda y que pudo ser uno de esos poblados. A ver qué dicen esas investigaciones, y que sean serias por su puesto.

  6. Darío dice:

    Dice usted que “Estamos hablando de un momento en el que el mar tiene un nivel un pelín mayor que el de ahora”…

    Tenga en cuenta que no es que el nivel del mar haya descendido desde entonces, sino que la sedimentación que se ha ido produciendo en la cuenca del guadalquivir es la responsable de la desaparición del lago.

    Por otra parte, tenemos en Huelva una villa que se llamaba desde tiempos antiguos Tarsis, que posteriormente fue renombrada a Tharsis por los miembros de una compañía minera británica que explotó los minerales de la zona.

  7. Andres dice:

    Buenos días: veo que has ido a las conferencias o has dado clase con Eduardo Ferrer. Yo tambien y me encanta ese hombre como profesor y persona. Es importante disfundir los conocimientos de tartessos académicos y la figura de este profesor que tanto ha estudiado del tema, al igual que el señor escacena.

    • Álvaro Bermúdez dice:

      En efecto, estuve en clase con él. Un magnífico profesor. Y es una pena que sea muy difícil ver fuera del ámbito universitario este tipo de estudios y conferencias.

  8. Jose dice:

    Hola, yo sólo quería saludar.

  9. Simón dice:

    Me recuerda usted enormemente aquel cartel colgado en el cementerio de San Medard en el siglo XVIII en París:
    “De par le roi.
    defense à dieu
    de faire miracle
    dans ce lieu”
    El complejo de inferioridad cultural acabará con lo poco que queda de este país

    • Álvaro Bermúdez dice:

      Querido Simón, la grandeza o insignificancia de nuestro pasado no nos hace mejores o peores. Eso nos lo confiere lo que seamos ahora, no lo que otros que estuvieron aquí fueron.

      Espero que entienda que no existe ningún complejo de inferioridad porque en mi tierra no existiese ninguna gran civilización autóctona. Como tampoco lo habría de superioridad de haber sucedido.

  10. Jesús M. Murcia dice:

    Debería usted actualizar un poco la información que aporta sobre la falta de pruebas, puesto que a día de hoy ya hay pruebas irrefutables con el estudio de los túmulos en Estremadura donde se han encontrado enterradas a intencionadamente con grava y un sello de arcilla compactada, no sólo un templo sagrado tarsesso con todas las ofrendas en oro, espejos, vasos griegos y unas escaleras que conducen a un habitáculo con bancos de piedra y una piscina antesala de un altar de piel de toro y más de 20 caballos sacrificados y colocados con sus herrajes en una ecatombe previa a su sepultura sin explicación. Tambien se han encontrado piedras talladas con simbología similar a los anillos de agua con los que se representa a la Atlántida en cruces de caminos cercanos al túmulo. Ninguna prueba corresponde a los ritos fenicios como usted da a entender. Ya no se puede negar que además del teroso del carambolo existen muchas más pruebas que hacen evidente la existencia de la cultura tartesica. Por favor corrija los gallos en su diatriba antes de que haga usted mas el ridículo. Un saludo

    • Álvaro Bermúdez dice:

      Querido Jesús, si ha leído los dos artículos que publicamos sobre Tartessos, leerá que advertimos que es un campo de estudio que está en constante evolución, con lo que este como otros tantos artículos publicados en la red quedarán, en parte, obsoletos. Concuerdo con que será preciso, tarde o temprano, actualizarlo con una nueva compilación de estudios; ya que cada año van apareciendo nuevos datos.

      No obstante, habrá que ver cómo continua la excavación del Turuleño, de la que hay un 10% completada y según los arqueólogos les puede llevar otros 10 años de trabajo. De Cancho Roano se dijeron todo tipo de teorías. Hará falta mucho tiempo para ver qués lo que sale de ese yacimiento y cómo interpretarlo. Y más teniendo en cuenta que estamos hablando de estructuras del siglo V a.C., el que se considera el fin de Tartessos y el progresivo paso hacia los turdetanos.

      Finalmente, no entiendo por qué interpreta que estos hallazgos chocan o anulan los dos artículos que publicamos en Rea Silvia. Si ha leído las dos (le invito si no es así, a que lea el segundo que está enlazado al final de este) creo que queda claro que no negamos la existencia de ningún pueblo o cultura tartesia, sino que vinculamos su aparición y desarrollo a la colonización fenicia. Eso no quiere decir que sean fenicios, sino que se produjeron unas transculturaciones que enriquecieron a ambos lados.

      Un saludo.

  11. Mladen dice:

    Álvaro Bermúdez dice:
    30 julio, 2017 a las 4:11 pm

    “…en mi tierra no existiese ninguna gran civilización autóctona.”

    Declaracion prematura. La civilizacion si ha existido. Si fue “gran” o no, es relativo y se mide al respecto de otros pueblos contemporraneos. No en sentido de tamano sino desarollo tecnologico y cultural. Cultura Minoana de Creta es un ejemplo de una “gran” civilización, a pesar de su tamano minusculo.

    Con declaraciones recentes (noviembre 2018) de descubrimiento de “Atlantida” en la misma zona donde Tartessos deberia haber existido, aunque sensacionalisticas, puede ser que alguna civilisacion mas desarollada que las del vencindario, surge a la superfis.

  12. Álvaro Bermúdez dice:

    Gracias por tu comentario.

    No digo que no existiera civilización, me refería a la no existencia de una “grande”. Respecto a lo cual, tienes toda la razón y en eso coincidimos.

    Si dije “gran civilización” fue por el hecho de los que apuntan hacia un “esplendoroso” imperio tartesio y cómo las evidencias apuntan a lo contrario.

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