La Gran Guerra interna, 1914-1916

Con el estallido del conflicto todos los ojos se centraron en los frentes. Sin embargo, los acontecimientos internos fueron clave para entender la guerra.

A finales de 1915 la guerra seguía en punto muerto. Las trincheras del frente occidental habían permanecido practicamente inmóviles durante algo más de un año. El frente oriental estaba inclinado claramente del lado de las potencias centrales, pero la fuerza de los aliados seguía intacta en el oeste de Europa. Lo único que podría haber desequilibrado la balanza era una Rusia fuerte que asfixiara a los alemanes, dando la oportunidad a Francia y Gran Bretaña de empujar con todo, pero como sabemos, Rusia se enfangó y Alemania pudo seguir contando con los recursos necesarios para mantener fuerte el frente occidental.

Aunque a comienzos de 1915 algunos pensaban que todavía se podía acabar la guerra en ese mismo año, a finales del mismo todos se habían quitado de la cabeza semejantes ideas. La guerra se extendió 3 años más aunque nadie quería un conflicto tan largo. Aquí ya hemos dejado algunas claves para entender por qué esto sucedió así, pero es necesario pararse un poco y olvidarse de los rifles y la artillería para echar un vistazo a lo que ocurría en el interior de los Estados en guerra.

Como ya dijimos en otro artículo, los europeos, en general, estuvieron muy contentos con el estallido de la guerra, pero el paseo militar con el que esperaban progresar como pueblo se convirtió en una larga y dura penitencia. Un nuevo tipo de conflicto (al que los ejércitos tuvieron que adaptarse) y algunos acontecimientos inesperados (como ya analizamos), dieron al traste con los planes.

Aunque el entusiasmo se apagó, los ciudadanos siguieron apoyando a sus Estados. Las pugnas sociales desde comienzos de siglo se relajaron durante la guerra. Algunos líderes obreros vieron mejorada su situación laboral y accedieron a puestos desde donde obtenían nuevas herramientas de presión política, pero el objetivo de casi todos era ganar la guerra. Porque aunque el entusiasmo se apagara, los programas de los Estados para educar ciudadanos obedientes habían dado claramente sus frutos, todos estaban en el mismo barco.

Por otra parte, a pesar del estancamiento de la guerra y la continua pérdida de vidas, hasta finales de 1915 los ciudadanos no notaron que su situación empeorara demasiado. Al contrario, las economías de las potencias fuertes que podían acabar con la guerra (Francia, Gran Bretaña y Alemania) mejoraron, y la vida de los ciudadanos no empeoró del modo en que todos podrían haber imaginado, ¿por qué? Porque el desplome económico que algunos esperaban no se produjo. El papel moneda sustituyó al patrón oro casi por completo sin consecuencias inmediatas, la escasez de mano de obra producida por la absorción de recursos humanos en el frente aumentó los salarios y el gobierno tomó el control sobre muchos sectores, por el momento con bastante acierto.

A partir de 1916 la población de Europa empezó a notar las consecuencias de una guerra larga y una economía mermada por el descenso de las exportaciones y las importaciones. Aunque debemos insistir en que Francia, Alemania y Gran Bretaña salieron bastante bien de esta situación. Estos estados con una administración bastante avanzada tenían una base desarrollada para salir airosos al paso, y acabaron la guerra como verdaderas potencias económicas (salvo una Alemania muy perjudicada por el armisticio). Gobiernos que controlaban, cada vez más, la vida pública de sus ciudadanos.

Pero no debemos dejarnos engañar, los ciudadanos pasaron hambre. Los alemanes cada vez vestían y comían peor con el transcurso de la guerra. Aunque no se hizo desde el principio, se sometió a racionamiento los principales productos para el frente y las importaciones básicas, por no hablar del empujón de la industria química alemana para sustituir aquellos productos ahora inaccesibles. A pesar de todo, se tuvo que racionar severamente a los ciudadanos y fijar los precios de los productos básicos. Medidas que se aceptaron como justas.

En Gran Bretaña la cosa fue ligeramente distinta. Desde el comienzo se había ideado un plan de guerra para mantener los asuntos más importantes bajo control, y muy pronto se emitió una ley por la que el gobierno se convirtió en lo que cualquier liberal detestaba, sus poderes sobrepasaron todo lo imaginable en aquel momento y lord Kitchener (secretario de guerra) tuvo una gran toma de decisiones en los asuntos militares.

Los británicos acudieron en masa a alistarse como voluntarios (hasta 1916 no hubo servicio obligatorio), respondiendo por encima de las expectativas de Kitchener. Muchas mujeres (que habían comenzado el movimiento sufragista pocos años atrás) accedieron a puestos de trabajo durante la guerra, colmando algunas de sus pretensiones. En 1918 las mujeres mayores de 31 años accedieron al voto, gracias, en parte, a los cambios sociales y económicos que trajo la guerra consigo.

Trabajo y voto para algunas mujeres | Fuente

Trabajo y voto para algunas mujeres británicas| Fuente

Gracias a los planes gubernamentales para no privar de alimentos y materiales de guerra a sus ciudadanos y soldados, los británicos no lo pasaron tan mal como los ciudadanos del resto de potencias. A costa, eso sí, de un gobierno demasiado poderoso a ojos de los liberales.

En Francia la situación no era muy diferente. La invasión alemana les restó una buena parte de sus recursos carboníferos y casi el total de su hierro, pero la industria francesa no se resintió como habrían esperado los alemanes, en parte, por una excelente burocracia napoleónica que funcionó a la perfección. Las cosas en el frente no iban del todo bien, especialmente tras 1915, pero el gobierno francés seguía pensando en acabar con Alemania de tal modo que futuros ataques les fuesen imposibles, es decir, la mentalidad del Plan XVII seguía intacta.

El gran drama estuvo en Rusia. Su aislamiento geográfico le pasó factura al inicio de la guerra, dejando a los rusos sin importaciones básicas y casi sin exportaciones. Su otro gran problema fue que su incapacidad administrativa le hizo imposible buscar soluciones a esta catástrofe económica. Las municiones se fueron agotando pronto, y a veces los rusos tuvieron que avanzar contra los alemanes y austrohúngaros sin balas, sin rifles y sin fuego de artillería. El drama vivido en las trincheras orientales dejó en 1915 4 millones de rusos durmiendo para siempre bajo el manto de la tierra.

Ante la incompetencia administrativa, los rusos se organizaron en asambleas extraoficiales llamadas Ziémstvo, en las que organizaron como pudieron ayuda a los soldados que volvían y con el tiempo, a suministrar al frente lo que necesitaba. Aunque los esfuerzos de estas asambleas llegaron a dar ciertos frutos, Rusia era ingobernable en 1916 y los problemas se aproximaban. Durante aquel invierno el combustible y la comida escasearon en las ciudades rusas y a finales de 1916 el colapso estaba al caer.

Claro que Austria-Hungría no estaba mejor. Lo único que realmente la mantuvo a flote fue la ayuda alemana, de no ser por esta, es probable que los austrohúngaros se hubiesen desmoronado antes que los rusos. En 1915 habían perdido más de 2 millones de hombres, incluidos a los altos cargos que mantenían unido un ejército que hablaba una docena de idiomas. Lo peor fue que Hungría empezó a ir por su cuenta y era quien tenía la comida, ante lo que Austria no hizo absolutamente nada, ni establecer racionamiento. Los vieneses fueron los primeros en pasarlo realmente mal.

El contraste es evidente entre los estados que tenían la sartén por el mango y los que se convirtieron muy pronto en presos de una guerra que los dejó en las trincheras muertos o malheridos. Las grandes potencias podían continuar en la guerra y no estaban dispuestas a dar su brazo a torcer, sus ciudadanos los apoyaban a pesar del revés que supuso entender que la guerra no iba a terminar en unas semanas. Todo esto fue gracias a una administración que mantuvo los frentes abastecidos y a los ciudadanos en una situación más que decente para cómo estaban las cosas. La guerra iba para largo.

Bibliografía

–HOWARD, M: La primera guerra mundial, Crítica, 2002.

–PALMER & COLTON: Historia contemporánea, Akal, 1980.

–STEVENSON, D: 1914-1918: la historia de la Primera Guerra Mundial, Debate, 2004.

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Tengo un título para contar cosas y las cuento. Entré en esto para saber más de Grecia y Roma y acabé liándome con un tema de moriscos y rebeliones.

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2 respuestas a “La Gran Guerra interna, 1914-1916”

  1. […] impedir que productos básicos para la población y el ejército llegaran a Alemania (aunque ya vimos cómo los alemanes fomentaron acertadamente la industria para hacer frente al bloqueo) y recibir […]

  2. […] que Alemanía perdió por el bloqueo fue un duro golpe, tanto que la industria germana hizo mucho para paliar este efecto, pero no fue suficiente. En Alemania se sabía que esto les podría costar […]

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