José Antonio Primo de Rivera, un hombre entre dos mundos

Fue un aristócrata andaluz y un liberal, monárquico y revolucionario, el nexo entre lo viejo y lo nuevo

Señorito y revolucionario, monárquico y falangista. José Antonio Primo de Rivera vivió siempre en la frontera entre lo pasado y lo venidero en un mundo cuyos valores tradicionales se desmoronaban a pasos agigantados. Por toda Europa aparecían nuevos modelos que rompían drásticamente con lo establecido; la Italia fascista, la Alemania nazi y la Rusia soviética se conformaron como paradigmas de lo nuevo y el resto del mundo parecía deber estar a un lado o a otro de la nueva trinchera política. En la España de la dictadura de Miguel Primo de Rivera (1924-1930), en el despacho de un abogado honrado, se gestó, en parte, el ideario de Falange Española de las JONS.

José Antonio nació en Madrid en abril de 1904 y conoció buena parte de la geografía española gracias a la carrera militar de su padre. Tuvo una educación castrense, pero Miguel insistió en que estudiara derecho, no quiso para ninguno de sus hijos la misma vida que él tuvo. Fue ese interés paternal el que llevó a José Antonio a vivir siempre entre dos mundos; primogénito de una familia aristocrática jerezana (en pleno auge), con un respeto total por lo militar, pero que se dedicó a una profesión liberal, mal vista entre la aristocracia, como la abogacía.

 

José Antonio en su despacho | Fuente

José Antonio en su despacho | Fuente

Aunque respetaba su procedencia y defendía a su familia por encima de todo, a menudo se enfrentaba con ellos al argumentar que política y religión no debían ir de la mano, algo que chocaba en un ambiente monárquico y católico. José Atonio tenía algunas convicciones liberales y entró pronto en política con su amigo Serrano Súñer (más tarde ministro de Franco) en la Unión Nacional de Estudiantes. En el verano de 1920, estuvo en Valencia con su padre (destinado allí). La ciudad levantina era muy problemática entonces, y entendió que a veces la fuerza es necesaria en política para detener a los que querían dinamitar el Estado.

Tres años más tarde Miguel Primo de Rivera dio su golpe de Estado, el Rey Alfonso XIII le apoyó y el antiguo gobierno se disolvió. España no llegaba a buen puerto y seguía renqueante tras el corto espejismo de auge económico en la Gran Guerra. Regresó la crisis; los tumultos, la corrupción política y la mala imagen de la guerra de Marruecos (1911-1927) volvieron a asomar por el retrovisor hasta que la situación fue insoportable. Miguel Primo de Rivera y su directorio militar ejecutaron unas precisas incisiones en la política y economía tras los conflictivos años anteriores; medidas que se llevaron a cabo con el beneplácito y consenso de organizaciones importantes como UGT y algún que otro célebre líder socialista. El dictador, sin embargo, acabaría pagando hacia finales de los 30s el alto gasto público de sus medidas (deuda que repercutiría en la II República). Sus máximos defensores le retiraron su apoyo, entre ellos Alfonso XIII, gran parte de la Iglesia y mandos militares.

Fue época dura para José Antonio, al mismo tiempo que buena. Su familia terminó de ascender, él acabó la carrera y abrió un despacho en Madrid donde ejerció la abogacía con pasión y honradez. Durante el día estudiaba, defendía a sus clientes y leía los poemas de Alberti, Machado y Juan Ramón Jiménez, los libros de Unamuno, Ortega y Gasset y Gregorio Marañón, y la teoría política de Oswald Spengler, Kelsen, Stammler, Jellinek y Rudolph von Ihering. Por las noches acudía a los mejores locales de la capital, como correspondía a alguien de su posición, vestía como el señorito andaluz que era y acudía a algunos actos de la corte.

Pero al mismo tiempo sufría las consecuencias de ser el hijo del dictador. Algunos de sus clientes acudían a él por ser quien era, mientras que otros tantos jueces llevaban sus casos con desdén por un odio confeso hacia su padre.

Soy hijo del dictador y el abogado contrario es un ex ministro liberal… ¿Qué culpa tengo yo de que mi padre sea el presidente del Directorio? Pues, ¿Y mi clientela? ¿Qué culpa tiene mi clientela?

Sin embargo la situación no pudo con él y ejerció su profesión con la mayor honestidad y dedicación posibles. Como le contó a su amigo Serrano Súñer en 1925:

Tengo una clientela de locos que apenas dejan dinero, pero estoy contento, y los prefiero, desde luego, a los excesivamente cuerdos que se muestran extrañados de que no me ponga de parte de la iniquidad

El fin de la dictadura transformó la vida y el pensamiento de José Antonio. Aunque se libró de parte de la carga, quedó el estigma de su apellido. Se atrevió a escribir de política (cosa que nunca hizo durante el directorio militar) en el diario La Nación, que dirigía su amigo Delgado Barreto. Su actividad se centró en defender el gobierno de su padre ante los ataques de sus rivales. Aunque no estaba de acuerdo con muchas de las medidas de la dictadura (como el destierro de Unamuno), sentía que era su deber filial.

La puntilla llegó con la muerte de Miguel Primo de Rivera tan solo dos meses después de dimitir e irse a París. El regreso del féretro, a ojos de José Antonio, no se hizo con los honores de quien había sido un destacado militar y presidente del Consejo de Ministros. Comenzaba discusiones airadas e incluso duelos y peleas de bar, una de ellas con Queipo de Llano, lo que más tarde le valdrá un consejo de guerra y su expulsión del ejército. Firmó la carta fundacional de la Unión Monárquica Nacional (UMN) con los primorriveristas restantes en España. Se presentó a las elecciones generales de 1931, y aunque no consiguió su escaño, la gira de discursos le confirió el rodaje político que necesitaba.

José Antonio inauguró Falange vestido como un señorito | Fuente

José Antonio en un discurso con la UNM | Fuente

Entre 1931 y 1933 se volvió a dedicar en parte a la abogacía, pero mantuvo sus lazos con la política mientras la UNM se desintegraba. Poco a poco se sintió deslumbrado por el fascismo italiano, y creyó encontrar allí un nexo de unión entre sus contradicciones conservadoras y liberales. Empezó a escribir en la publicación El Fascio, y fundó en Jerez el Movimiento Español Sindicalista-Fascismo Español, cuyo mensaje, curiosamente, era más conservador que fascista. Con él estaban sus amigos Sancho Dávila y José Pemartín, además de algunos de sus conocidos de El Fascio. Les faltaba fuerza y quisieron unirse a las JONS de Ramiro Ledesma, pero no se fiaba de José Antonio, al que llamaba señorito con desprecio.

En 1933 dejó atrás el movimiento y fundó Falange Española, aunque tampoco lo concibió como un partido al uso.

El movimiento de hoy, que no es de partido, sino que es un movimiento, casi podríamos decir un antipartido, sépase desde ahora, no es de derechas ni de izquierdas. Porque en el fondo, la derecha es la aspiración a mantener una organización económica, aunque sea injusta, y la izquierda es, en el fondo, el deseo de subvertir una organización económica, aunque al subvertirla se arrastren muchas cosas buenas.

Esas fueron sus palabras cuando presentó Falange Española en el teatro de La Comedia en el 33. El discurso dejó frío a los asistentes, todavía no era plenamente fascista y se centró en cuestiones teóricas. A pesar de todo, se presentó a las elecciones generales como independiente en la coalición de derechas (alfonsinos) Minoría Popular Agraria y por fin consiguió su acta de diputado. La usó para defender en el Parlamento la alternativa fascista y parte de la obra de su padre, lo que le creó antipatías entre sus compañeros y simpatías entre la derecha monárquica. Al mismo tiempo convirtió al Sindicato Español Universitario (SEU) en su brazo armado para barrer de las calles a sus adversarios. Sin embargo, la fuerza real del partido era mínima, y las primeras acciones violentas fueron en respuesta a ataques de CNT y PCE, que vieron en Falange el enemigo vital para expandir su mensaje de miedo. Llegaron así los primeros muertos, entre ellos, Matías Montero, fudandor del SEU.

Segundo discurso de Falange en Madrid | Fuente

Los discursos en Falange fueron algo muy distinto | Fuente

Un año más tarde, el partido se unió por fin con las JONS para conseguir la fuerza que necesitaban. Hasta entonces, la izquierda radical les había ganado la partida. El discurso de Falange Española de las JONS se radicalizó con la llegada de Ramiro Ledesma, y tras la muerte de Matías Montero, José Antonio comenzó a llevar armas y a responder con orgullo y temeridad cuando le atacaban por la calle. Sin embargo, nunca perdió el norte ni abandonó sus antiguos valores y detuvo asesinatos y atentados con explosivos ideados por sus compañeros. Si le acusaban de señorito, se despojaba de la camisa azul de Falange (que imitaba al del mono de los mecánicos) y se presentaba en la sede del partido de punta en blanco, como el aristócrata andaluz que nunca dejó de ser. Tuvo que desmontar, por algunos de estos hechos, una conspiración de Juan Antonio Ansaldo para expulsarlo, y estrechó los lazos con los alfonsinos para asegurarse el poder.

1934 fue un año en el que sus compañeros querían más sangre y él trataba de frenarlos. Algunos amigos cercanos le preguntaban por qué no se retiraba de la política, al saber que vivía con el estrés del que sabe que la situación se le escapa de su control, y en una de estas conversaciones por carta, dijo al conde de Mayalde:

Me sujetan los muertos

Primero fue el deber filial, y más tarde con los que dieron la vida por el partido que fundó. José Antonio dudaba de algunas de las ideas del fascismo aunque las defendiera. Expulsó a Ramiro Ledesma, quien quiso dividir Falange, y se quedó solo, aislado en la cima. Comenzó a organizar un golpe de Estado mientras la izquierda se hacía fuerte y él se adentraba más en el fascismo. Cuando el Frente Popular (coalición de izquierdas y republicanos) ganó en 1936 no tenía la intención de ejecutar el plan de manera inmediata porque no contaba con los apoyos necesarios (el ejército) para llevar a cabo la maniobra (inspirada en la marcha sobre Roma del fascismo italiano).

Todo se torció cuando el nuevo gobierno registró la sede del partido, encontró armas y clausuró Falange Española y su semanario Arriba. Algunos integrantes se tomaron la justicia por su cuenta y ejecutaron un plan de castigo contra la izquierda que fracasó. Sirvió para encarcelar a los dirigentes del partido, que lo continuaron manejando desde la cárcel, hasta que enviaron a José Antonio y su hermano a Alicante. A pesar de funcionar en total clandestinidad, el número de afiliados aumentó significativamente por primera vez desde que se creó el partido. Desde prisión José Antonio dejó algunas de las palabras más significativas de su discurso político en una carta a Giménez Fernández, alto cargo de la CEDA:

El parlamentarismo es la tiranía de la mitad más uno, sin norma superior que se acate, ni cabeza individual visible que responda. Yo no entiendo porqué ha de ser preferible a la dictadura de un hombre, la de doscientos cincuenta bestias, con togas legislativas. Con el aditamento de que no es una dictadura que ejerza al servicio del bien público, o del destino patrio, sino al servicio de la blasfemia y de la ordinariez

La respuesta de Giménez Fernández fue la siguiente:

No niego que actos como los de la mayoría el 2 de junio, muchos más absurdos porque votaban en el salón contra criterios manifestados en los pasillos no ya por miembros aislados sino por elementos directivos de fracciones mayoritarias, podrían quebrantar mi confianza en la democracia como elemento necesario de todo régimen político: pero yo que coincido sustancialmente con Vd. en la necesidad de la justicia social y en la primacía de los valores espirituales sobre lo material, no puedo acompañarle en la total eliminación de la democracia y de la opinión pública, como elemento básico de un buen gobierno. Si una dictadura autoritaria puede ser necesario recurso momentáneo, su prolongación lo apartaría del asentimiento popular, y haría inevitable el desorden demagógico. Porque aun suponiendo que los errores de los actuales gobernantes le hicieran triunfar a Vd., muy pronto le abandonarían sus hoy más entusiastas panegiristas, que muy de contrario de Vd. forman un antipartido materialista y egoísta como lo formaron en la C.E.D.A., en el republicanismo, en el antidirectorismo y en todos los movimientos oposicionistas españoles. Y contra ello no hay más que la educación ciudadana por el convencimiento, o por los desastres como el actual

El 17 de julio comenzó el alzamiento militar y José Antonio se creyó salvado. Había intentado negociar con el ejército para ser parte del gobierno tras un posible golpe de Estado, pero nunca se logró entender con Franco. El general pronto entendió que le era más útil lejos, como símbolo, que expandiendo su mensaje con libertad. Frente al pelotón de fusilamiento, el 20 de noviembre murió José Antonio Primo de Rivera, y nació “el ausente”. Dos años más tarde, Franco dio la noticia de que había sido fusilado, su recuerdo vivo bien le pudo valer que cientos de miles de españoles se afiliaran durante la guerra a Falange, el partido que usó en la dictadura para controlar a la ciudadanía.

Murió José Antonio, y nació el mito, usado por los golpistas y odiado por los republicanos. Y quizás nunca nadie lo llegó a conocer. La desmemoria histórica, que usa personajes históricos como símbolos con objetivos políticos, difumina hasta desdibujar las precisas líneas de un retrato, uno, no obstante, difícil de comprender por sus vaivenes y contradicciones.

BIBLIOGRAFÍA

-Álvarez Rey, L. y Braojos Garrido, Alfonso: Manuel Giménez Fernández (1896-1968). Epistolario político. Sevilla, Ayuntamiento de Sevilla, 2000.

– Gil Pecharromán, Julio, José Antonio Primo de Rivera. Retrato de un visionario, Temas de hoy, Madrid, 1996.

– Girón de Velasco, José Antonio, Si la memoria no me falla, Planeta, Barcelona, 1994.

– Imatz, Arnaud, José Antonio: entre odio y amor: su historia como fue, Áltera, Barcelona, 2006.

– Pemartín, Julián, José Antonio, Publicaciones Española, Madrid, 1953

http://es.scribd.com/doc/19739048/Recuerdos-de-una-vida-Pilar-Primo-de-Rivera

http://plataforma2003.org/ocja/html/indices/i_siste_t.html

– Aguinaga, Enrique, y Stanley G. Payne, José Antonio Primo de Rivera, Ediciones B, Barcelona, 2003

– Aguinaga, Enrique de, y Emilio González Navarro, Sobre José Antonio. Juicios y referencias personales, Ediciones Barbarroja, Madrid, 1997

-Sandoval, Luis María, José Antonio visto a derechas, Actas, Madrid, 1998

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Tengo un título para contar cosas y las cuento. Entré en esto para saber más de Grecia y Roma y acabé liándome con un tema de moriscos y rebeliones.

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