“Una larga noche” – Andrea Pitzer

La Esfera de los Libros edita en español esta demoledora obra, una historia global de los campos de concentración

Una larga noche. Historia global de los campos de concentración” – Andrea Pitzer | La Esfera de los Libros, 528 pgs., €33,15

A los muertos y los sueños de un siglo perdido

Con esta dedicatoria comienza Andrea PitzerUna larga anoche“, una historia global de los campos de concentración que ha editado en español La Esfera de los Libros con acierto y atención al detalle. La historia de los campos de concentración es compleja, ya cuenta con más de un siglo y es dura, muy dura.

A pesar de que nos parezca impensable debido a su terrible naturaleza, los campos de concentración siguen existiendo (como en Corea del Norte). A lo largo de su historia se han construido con la intención de eliminar indefinidamente de la sociedad a determinados elementos o incluso de exterminar minorías o enemigos políticos. A veces han hecho poco por esconder métodos brutales, otras se ha dado permiso a los retenidos para salir y en otras desarrollaron sistemas perfeccionados para esconder la violencia sistemática (como en la Argentina de “El Proceso”).

“Una larga noche” comienza con unas cortas notas sobre las fuentes. Más allá de la explicación sobre el material ha usado Andrea Pitzer para su libro y cómo lo ha usado, creo que esas dos páginas podrían servir de directrices para cualquier periodista e historiador. Tanto las fuentes materiales como las verbales, las primarias y las secundarias, pueden contener fallos, pueden retratar erróneamente la realidad o incluso mentir deliberadamente. Ante esto nuestra mejor arma es la honestidad a la hora de tratarlas, y un conocimiento y compresión exhaustivos de esa fuente en su contexto, algo de lo que Pitzer es plenamente consciente.

La de los campos de concentración es una realidad que no ha visto final y que, según Pitzer y algunos de sus entrevistados, parece complicado que lo vaya a ver algún día. A lo largo de la historia, diferentes civilizaciones han hecho uso de movimientos de pueblos e incluso detenciones o esclavizaciones en masa, pero no fue hasta la invención del alambre de espino y las armas automáticas que el campo de concentración nació como tal. No obstante, Pitzer ve en las Reservas Indias de Estados Unidos y las Misiones o Reducciones de la Monarquía Hispánica algunos de los precedentes más claros.

Pero no fue hasta mediados del XIX, según Pitzer, que el campo de concentración se gestó como tal, cuando las ideas militares de Sherman y Sheridan, generales unionistas en la guerra civil estadounidense, situaron a los civiles como parte más de la estrategia bélica. La guerra total, en la que los civiles y sus recursos son parte del tablero estratégico, fue esencial para idear los primeros campos de concentración, pues aparecieron como una pieza más de las estrategias contrainsurgentes.

Y la primera vez que aparecieron fue en Cuba. Cuando Valeriano Weyler llegó para controlar a los insurgentes cubanos. El general Arsenio Martínez Campos ya había pensado en los campos de concentración como única solución, muy marcado por las ideas de Sherman y Sheridan, pero él dijo que era incapaz de llevarlo a cabo. Weyler, con menos escrúpulos, sí acometió las reconcentraciones, que trasladaban la población rural a zonas cercadas en ciudades bajo estrecha vigilancia. El campo de concentración, tal y como lo conocemos, había nacido.

A partir de ahí Andrea Pitzer traza en “Una larga noche” una historia que parece como un meteorito que cae en Cuba y genera una onda expansiva que extiende la idea por el mundo. Sin ir más lejos, Estados Unidos la usó inmediatamente después cuando se hizo con Filipinas en 1898, después de haber criticado duramente a España por hacer lo propio en Cuba.

Esta es una constante que se puede apreciar en “Una larga noche”. Los diferentes Estados criticaron severamente a los que usaron diversas formas de campos de concentración aunque, tarde o temprano, esos mismos críticos acabaron usando estrategias similares, siempre con justificaciones políticas, sociales y morales tratando de explicar que, en su caso, era diferente e incluso humanitario.

De estos campos contrainsurgentes aparecieron nuevas fórmulas para encarcelar de manera indefinida a enemigos políticos fuera de tiempos de guerra, y también para exterminar a minorías sociales o étnicas. Conforme pasaron las décadas y los horrores de los campos aumentaron, en los tratados internacionales sobre guerras justas se acordaban algunas medidas para regularlos. Pero estas limitaciones legales no frenaron el proceso, que continuó con nuevas justificaciones y tretas legales, cuando no completos sistemas para ocultar detenciones, torturas y asesinatos.

Otra idea que trasluce en las páginas de “Una larga noche” es esa sensación que los detenidos tienen de estar al margen mientras el mundo sigue en marcha. Quizás el mejor ejemplo de esto se puede ver cuando Pitzer habla del caso chileno, en el que miles de detenidos estaba en el Estadio Nacional en Santiago de Chile mientras oficiales de la FIFA comprobaban que el campo estaba en condiciones de albergar un partido contra la Unión Soviética. También sirve este ejemplo para ver cómo el mundo exterior siempre suele reaccionar, y es que los jugadores soviéticos se negaron a jugar el encuentro de repesca para el Mundial, que finalmente se jugó sin ellos, Chile se clasificó y aquello fue recordado como el “partido fantasma”.

Andrea Pitzer presenta toda esta historia, que es un viaje de ida y vuelta, pues vuelve a Cuba con Guantánamo, de forma sencilla con una escritura, como diría William Lyon, transparente. Los capítulos nunca son demasiado largos y están divididos de manera que es fácil mantener el hilo de la lectura, dispongamos de más o menos tiempo para ello.

A pesar de ser un tema complejo y largo, Pitzer encadena con naturalidad esta historia de más de un siglo, exponiendo varios ejemplos de cada época con sencillez, algo que dinamiza mucho la lectura. Además, cada capítulo suele tener uno o varios protagonistas que sufrieron de primera mano los campos de concentración, con lo que se entremezcla una vista panorámica de la época con vivencias personales, un juego de contrastes que funciona a la perfección.

“Una larga noche” es un libro fundamental para conocer la historia de los campos de concentración, en el que Andrea Pitzer ha conseguido crear una obra sólida, completa y fácil de leer y comprender. A veces es muy duro de digerir, como todo lo relacionado con los campos, pero es un libro que hay que afrontar. Es una historia que importa, pues la realidad de estos horrores no queda ni mucho menos lejos, y puede ocurrir en el país más democrático.

Nunca olvidaré aquella noche, la primera noche en el campo, que convirtió mi vida en una larga noche cautiva bajo siete sellos

“Night” – Elie Weisel

Andrea Pitzer es periodista y escribe en Usa Today, Slate, Lapham’s Quarterly y McSweeney’s entre otras publicaciones. Fundó en 2009 Nieman Storyboard, una web de trabajos de no ficción de la Fundación Nieman para Periodismo en la Universidad de Harvard. Es autora de “The secret History of Vladimir Nabokov” y prepara “Icebound”, sobre náufragos en el Ártico.

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Graduado en Historia en Sevilla. Entré en esto para saber más de Grecia y Roma y acabé liándome con un tema de moriscos y rebeliones.

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