Infamia – Jerry Toner

Desperta Ferro traduce al español un fascinante estudio sobre el crimen en la antigua Roma

Infamia, el crimen en la antigua Roma

Infamia, el crimen en la antigua RomaJerry TonerTapa blanda. 256 páginas. Desperta Ferro.Comprar

Cuando se habla de Roma a menudo se la retrata desde dos puntos de vista diferentes, casi opuestos; hay quien piensa que fue una gran civilización que extendió la pax romana y el orden por sus vastos territorios, y los hay que aseveran que los romanos fueron unos sádicos sanguinarios. ¿Pudo ser ambas cosas al mismo tiempo, ninguna de las dos?

Es la pregunta central que se hace Jerry Toner en Infamia. El crimen en la antigua Roma, traducido al español por Desperta Ferro, un original y fascinante ensayo que busca comprender cómo entendían los romanos el crimen.

Otra de las preguntas clave, que vemos varias veces a lo largo de las páginas de Infamia, es si acaso somos capaces de comprender esta realidad de la antigua Roma. Estudiar el crimen en una sociedad de hace dos mil años es complicado, especialmente cuando contamos, como en este caso, con información fragmentada y casi en exclusiva escrita por los patricios.

Pero dejando a un lado que sea posible o no responder, o al menos responder con seguridad, Jerry Toner da por buena la pregunta inicial y examina las pruebas. Infamia tiene una estructura original: en la primera parte presenta la imputación contra Roma, en la segunda analiza lo que sabemos y en la tercera emite su veredicto. Un fascinante recorrido por la realidad más oscura de los romanos que ocupa poco más de 200 páginas.

La parte central del libro, en la que expone «las pruebas», es donde más contenido hay. En ocho capítulos Toner repasa los diferentes crímenes que cometían los romanos, desde pequeños hurtos a grandes latrocinios, pasando por políticas de terror, diferentes fraudes o delitos contra la moral.

El autor no sólo examina qué crímenes cometían los romanos, sino quiénes y por qué. En cada capítulo Toner ofrece las claves para que el lector se haga una idea general de lo que nos ha llegado de las fuentes, así como si estas fuentes son fiables. A menudo nos encontramos con que buena parte de la información que tenemos fue escrita por patricios, por lo que está impregnada de su forma de ver el mundo y desdibujada por sus intenciones. Hasta tal punto es así que no sabemos si Nerón perpetró los famosos crímenes que las fuentes le atribuían, ¿es posible que todo fuera una campaña de desprestigio contra un emperador que había roto con la clase senatorial? Probablemente nunca podamos estar seguros de una u otra teoría.

Esta inseguridad a la hora de entender el crimen en Roma con las fuentes de que disponemos es una constante a lo largo de Infamia. Toner hace hincapié a menudo en que apenas contamos con fuentes que nos indiquen qué pensaban los plebeyos, por lo que nos falta una parte enorme del mosaico para entender la sociedad romana. También faltan muchos datos sobre procesos judiciales, y el autor hace uso de los de Egipto al mismo tiempo que se pregunta si pueden ser representativos de otras partes del Imperio.

A pesar de que falta partes importantes de ese mosaico, con lo que hay disponible Toner es capaz de formar un esbozo para comprender el crimen en la sociedad romana. Así, el autor transmite que los romanos entendían muchos delitos y crímenes como agravios colectivos y, como tales, eran castigados en presencia de la sociedad, de este modo se reparaba el daño personal (cuando este fuera el caso) y el comunitario.

Así mismo, los castigos solían ser ejemplares, uno de los argumentos que muchos han usado como prueba de que los romanos eran especialmente sádicos y poco civilizados. Toner entiende que las penas eran, por lo general, tan duras para disuadir a otros posibles criminales. El Estado romano contaba con pocos medios y tampoco mostraba un interés excesivo por atrapar a los delincuentes. Los pocos que eran capturados servían a Roma como ejemplo de lo que le ocurría a los que pensaran en alterar el orden social.

También parece, por lo que dicen las fuentes disponibles, que el derecho romano no le ponía las cosas fáciles a los ciudadanos. Era el denunciante el que debía de encargarse de muchos de los procesos de una causa, lo que hacía que al final algunos recurrieran a tomarse la justicia por su mano o, simplemente, a resignarse. Es algo que, salvando las distancias, nos puede sonar y es que, como apunta Toner, incluso con las facilidades de nuestro sistema quienes tienen más recursos suelen litigar considerablemente más que los ciudadanos de niveles económicos más bajos. Roma, a fin de cuentas, no era tan diferente.

¿Era el Imperio romano un lugar salvaje, brutal y poco seguro? Es otra pregunta que tiene una difícil respuesta. Toner apunta que en fue una época en la que había menos acceso a recursos para una gran parte de la población, de modo que la competencia era alta. Los vecinos no siempre vivían en armonía porque podían ser competidores, los malos momentos económicos hacían que los menos favorecidos se vieran sin nada y sin redes de protección estatal como las que tenemos nosotros. Pero esto tampoco quiere decir que todos los ciudadanos romanos estuvieran siempre robándose o asesinándose.

Como indica Toner en Infamia, todo parece indicar que Roma, como gran ciudad de la Antigüedad, tenía unos altos índices de delincuencia. Apenas había vigilancia (quienes podían se pagaban su propia escolta), los métodos para guardar bienes en un lugar seguro eran rudimentarios y había una parte considerable de la población que vivía en la pobreza. No obstante, los crímenes y delitos se despreciaban y se perseguían a pesar de que el Estado no pusiera muchos medios para ello. Para los romanos, constata Toner, que estos actos fueran reparados era importante y, como señalamos antes, la brutalidad de muchos de los castigos impartidos no era fruto del sadismo sino como forma de disuadir a otros posibles delincuentes.

Infamia termina con un interesantísimo capítulo que justifica por sí mismo la existencia de la obra. En el veredicto Toner trata de ofrecer una respuesta a modo de conclusiones a esa pregunta que dejamos al principio de esta reseña. Realiza aquí un repaso inteligente a cómo vemos ahora la antigua Roma y cómo la llenamos de significado con nuestras propias proyecciones. Termina el libro como lo empieza, con una pregunta: «¿Podemos, acaso, decidir?»

Y, ¿qué pasa con nosotros? ¿Hasta qué punto estamos en condiciones de juzgar? La doble personalidad romana, en sí misma, es seguro una de las principales razones por las que Roma nos resulta tan fascinante, pues refleja las tendencias contradictorias de nuestro propio mundo. La postura más decente sería la de admirar las grandes hazañas romanas y, por supuesto (¡por supuesto!), estremecernos ante los sangrientos juegos y el brutal trato que los romanos propinaban a sus esclavos. ¿Pero eso es lo que hacemos? Desde siempre, la gente ha utilizado el mundo antiguo como vehículo de expresión de todo tipo de fantasías. Se trata de un universo distante en el que operaban unos hábitos morales y sexuales muy distintos a los nuestros y que, por ende, nos ofrece una ruta de escape imaginaria de nuestro propio mundo. El libro favorito del huraño decadente antihéroe de la novela A contrapelo era El Satiricón, pues su autor, Petronio, revelaba «las mezquinas existencias de la gente, sus encuentros, bestialidades y pasiones». Es probable que muchos de nosotros nos sintamos atraídos por el lujo deslumbrante de la vida de la élite romana; tal y como Nerón señaló cuando vio concluida su Domus Áurea: «Ahora puedo comenzar a vivir como un ser humano». Roma proporciona una temprana inspiración para el individualismo consumista del mundo moderno y también un repulsivo ejemplo de lo que sucede cuando este se sale de control.

Jerry Toner se adentra en esta obra en un mundo complejo que ha conseguido explicar de manera sencilla (gracias también a la labor de traducción de Jorge García Cardiel) en un libro asequible para todo tipo de público. Fácil de leer y bien estructurado, Infamia es una fantástica adición a las estanterías españolas que todo amante de la antigua Roma querrá en su colección.

Jerry Toner es profesor y director de estudios clásicos en el Churchill College de la Universidad de Cambridge. Su interés es investigar el mundo romano «desde abajo» que vaya más allá de los grandes nombres y los sucesos. Entre sus obras destacan Sesenta millones de romanos: la cultura del pueblo en la antigua Roma o Cómo manejar a tus esclavos.

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Graduado en Historia en Sevilla. Entré en esto para saber más de Grecia y Roma y acabé liándome con un tema de moriscos y rebeliones.

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