La guerra de las trincheras. El frente occidental en la Primera Guerra Mundial(1914-1918) – Ismael López Domínguez | Ático de los libros, tapa dura, 960 pgs.
Con motivo de su centenario, hace ya 12 años comenzamos nuestra serie sobre la Gran Guerra, y desde entonces creo que el conocimiento sobre la contienda ha aumentado entre el gran público gracias, en buena parte, al despliegue de publicaciones que distintas editoriales hicieron en su momento, a aportes más modestos en escala y alcance como el nuestro y a grandes obras cinematográficas como la 1917 de Sam Mendes o el más reciente remake alemán de Sin novedad en el frente. Es un conflicto que genera una poderosa impresión en mí —fotografías como la del jinete alemán con máscara de gas y lanza en ristre son, qué duda cabe, poderosas— y del que siempre me alegra que haya nuevas publicaciones, pues todavía hay mucho que investigar y reinterpretar.
Es lo que hizo dos años atrás, con motivo del 110.º aniversario de la contienda, Ismael López Domínguez en La guerra de las trincheras. El monumental ensayo, publicado por Ático de los Libros, ofrece un minucioso recorrido por los cuatro años de la Primera Guerra Mundial en el frente occidental y, más específicamente, en los enfrentamientos entre Francia, Gran Bretaña, Bélgica, Estados Unidos y Alemania.
Ejércitos, doctrinas y estrategia
Con un corte de historia militar tradicional, el grueso de las más de 800 páginas que forman la obra se centra en los aspectos operacionales y estratégicos de la contienda, siempre de manera cronológica. Esta línea temporal y enfoque los rompen secciones dentro de estos capítulos en las que López Domínguez nos habla de la experiencia de los soldados en batalla y en las trincheras: su higiene, las enfermedades que sufrieron o cómo mataban el tiempo. Veremos datos, tablas y, por supuesto, testimonios de combatientes menos conocidos y de otros como Ernst Jünger, Ludendorff o Rommel, con lo que, en conjunto, ofrece una visión mixta entre ese academicismo más clásico y la nueva historia militar.
Aunque estamos ante un enfoque minucioso y exhaustivo, la narración de las operaciones no se resiente en ningún momento. Explica todo con claridad y sencillez, de modo que sabremos quiénes participaron, cuáles eran los planes de batalla y cómo discurrieron los acontecimientos, una narración acompañada por fotografías y mapas que son un fantástico apoyo a la lectura. También suele reflexionar acerca de por qué las batallas transcurrieron del modo en que lo hicieron: contrapone historias oficiales e investigaciones modernas y en ocasiones el autor ofrece su propia visión, aportando de este modo al debate y enriqueciendo el texto.
Para apoyar esta narrativa, López Domínguez dedica el primer capítulo del libro a analizar los ejércitos en liza en 1914, su tecnología y doctrina militar. Era una mentalidad marcial todavía cimentada en torno a las ideas de Clausewitz, los Estados Mayores creían en la ofensiva como único medio para obtener la victoria en una guerra de movimientos. A mitad del libro, vuelve a dedicar un capítulo a estas mismas cuestiones, pero desde 1915 a 1918. Son páginas que demuestran la búsqueda de nuevas ideas por parte de todos los ejércitos y su aplicación en batalla, aunque con resultados limitados. Si bien las nuevas doctrinas y tecnologías, como tanques, mayor dinamismo en el uso de la artillería, armas automáticas portátiles o el concepto de sturmtruppen lograron superar la potencia de fuego defensiva, por lo general las operaciones de ambos bandos no lograron los objetivos principales, ya fuese por la incapacidad de consolidar posiciones, por falta de material o la no consecución de rupturas que llevaran a victorias estratégicas.
El frente interior, sociedad, política y economía
También encontramos un par de secciones que rompen esta estructura previamente señalada, en las que el autor fija la mirada en las sociedades en guerra y examina cómo los estados reorganizaron la economía y la industria, una necesidad tras el fracaso de los planes para vencer en pocas semanas. López Domínguez nos habla en estas páginas de las tensiones sociales que provocó el conflicto: el estancamiento para el que ninguna nación estaba preparada generó sufrimiento en el frente —tenían provisiones y materiales para un tiempo determinado— y en el hogar —cosechas desabastecidas, cierre de empresas por falta de mano de obra, desempleo, mujeres sin los ingresos de sus maridos…—, y observa las distintas respuestas dadas a estas situaciones por cada estado beligerante.
Aquí López Domínguez es continuista con la historiografía reciente a la hora de tumbar algunos mitos, como que Europa fue un polvorín de júbilo ante la noticia del estallido. Sin llegar a negar que se produjeran demostraciones públicas a favor de la guerra, acierta a señalar los numerosos ejemplos conocidos de descontento, tensión y miedo. Una serie de sentimientos que acabaron por cristalizar de distinta manera en todos los países, con protestas, huelgas e incluso revueltas. De manera sucinta, nos habla de las luchas sindicales, cuándo sí y cuándo no las protestas se entremezclaron con ideas revolucionarias y cómo los eventos en Rusia proyectaron una alargada sombra en estos momentos de tensión. Una tensión que cobró especial intensidad en los últimos meses de conflicto en Alemania, y que continuó de forma sangrienta tras el Armisticio y el Tratado de Versalles. Por tanto, ¿trajeron estos acuerdos la paz? ¿Fueron una mera tregua? ¿Dejaron tan descontentos a todas las partes que las reacciones violentas eran inevitables? Son cuestiones de máximo interés sobre las que el autor deja reflexiones, lo que demuestra que no sólo ha querido recopilar lo que han dicho otros, sino que dialoga con ellos alrededor de algunos de los temas más candentes sobre la Primera Guerra Mundial y el periodo de Entreguerras.
Espacio para investigar y debatir
Es una obra tan minuciosa en el apartado operacional que resulta especialmente recomendable para lectores ya familiarizados con la materia, aunque, gracias a su estilo sencillo y transparente, también es perfectamente asequible para quien quiera pasar de una iniciación en la Gran Guerra a algo de mayor calado que, además, se cimente sobre un apartado documental extenso, variado y actual. El autor maneja todo tipo de fuentes, desde documentación de archivo e historias oficiales hasta lo último en artículos y otras publicaciones académicas, una base de la que se alimenta y sobre la que reflexiona. Muestra, como ya indicaba antes, una intención de trasladar estos debates, participar en ellos y aportar, no sólo de recopilar información y reescribirla.
La guerra de las trincheras es un libro fundamental en el panorama editorial español que hará las delicias de cualquier interesado en la Primera Guerra Mundial, tanto como para pedir, y esperar, más entregas que examinen otros frentes del conflicto. Es una obra minuciosa, completa y accesible, con una visión panorámica cimentada sobre las tendencias académicas más modernas. Demuestra que todavía hay mucho por investigar y decir sobre la Gran Guerra y que, por suerte, hay interés del mundo editorial y del público general.
φ En portada: Ypres, 1917 | Fuente
Ismael López Domínguez es graduado en Historia por la Universidad de Alcalá de Henares y Máster Interuniversitario en Historia Contemporánea en la Universidad Autónoma y Complutense de Madrid. Es cofundador de Archivos de la Historia y ha escrito numerosos artículos en la revista Historia de la Guerra, plataformas desde donde ha proyectado su interés por la Historia Militar Contemporánea. Ha escrito libros como La batalla del Marne o Sables al viento.

