La vida subterránea durante la Primera Guerra Mundial

Bajo las trincheras se extendió una red de túneles donde los soldados encontraban la comodidad, la tranquilidad y algunas unidades, la muerte

Aunque a finales de 1914 la guerra estaba en la superficie, bajo las primeras trincheras se empezaron a excavar túneles para mejorar la penosa vida diaria de las tropas. La visión del conflicto cambió de la guerra móvil al estancamiento, pero lo subterráneo ofrecía un nuevo mundo que explorar. En el subsuelo existía la posibilidad de avanzar con lentitud pero con la seguridad de no recibir el disparo de un tirador, acabar desmembrado por una bomba o enredado en alambre de espino a merced de los nidos de ametralladora enemigos.

Los alemanes fueron unos brillantes ingenieros subterráneos desde el principio del conflicto; construyeron un entramado de túneles con habitaciones donde a veces había incluso pianos de cola. Con más austeridad, el resto de ejércitos excavaron sus túneles y habitáculos para que los soldados descansaran, guardar provisiones e instalar hospitales de campaña.

El sistema de minas

El subsuelo se usó, además de para acomodar tropas, para crear brechas en las líneas enemigas. Se trata de una vieja técnica de la que hay registros desde la Antigüedad hasta conflictos actuales como los de Afganistán y Gaza (aunque ahora los túneles son defensivos y organizativos). Consiste en cavar un túnel hasta los cimientos de una fortificación o un punto clave, donde se instala un explosivo que neutraliza el objetivo. No siempre era así, pero es la modalidad que se usó durante la Primera Guerra Mundial, primer momento en el que se desarrolló a escala industrial.

Las primeras operaciones de este tipo comenzaron en octubre de 1914 a manos de los franceses. Los alemanes no tardaron en imitarlos y en noviembre del mismo años ambos bandos ya habían realizado ataques con minas. Cada ejército tenía su manera de formar la red de túneles; los franceses preferían trazarlos estrechos, someros y directos hacia las líneas enemigas, mientras que los británicos cavaban grandes brazos para proteger las trincheras y después pasaban al ataque; los germanos no construían un solo túnel sin la suficiente profundidad y sin reforzarlo con vigas de madera, es decir, hacían túneles alemanes.

La técnica de ataque podía ser muy efectiva, pero necesitaba una planificación al milímetro. Las técnicas de reconocimiento fueron mejorando con el trascurso de la guerra, como muestra de ello, las mayores operaciones de minería se realizaron entre 1916 y 1917, cuando el uso de los aviones para este tipo de tareas mejoró y permitió ejecutar acciones militares con precisión. La más famosa fue la que dio inicio a la batalla de Messines (previa a Passchendaele), en la que los británicos detonaron 425 kg de explosivos bajo las líneas alemanas al mismo tiempo. La explosión fue tan fuerte que David Lloyd George (primer ministro británico) dijo haberla escuchado en Downing Street, y uno de los supervivientes afirmó que “pedazos del tamaño de casas caían del cielo”.

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Trinchera alemana destrozada por una mina en Messines | Fuente

Poco después comenzó el declive de este tipo de operaciones debido al comienzo, de nuevo, de la guerra móvil. La excavación de túneles era una técnica quirúrgica que necesitaba de varias semanas de planificación y ejecución, desviarse varios metros podía resultar fatal para el plan. Cuando los nuevos métodos de ataque de Bruchmüller y la posterior contraofensiva de los aliados rompieron las trincheras, las minas dejaron de tener sentido.

El ratón y el gato

Conforme estas operaciones se extendieron, los mineros comenzaron el juego de caza del ratón y el gato. Tan importante era atacar como defender las trincheras de los túneles enemigos. Para ello, gran parte de la vida diaria subterránea consistía en escuchar lo que tenían alrededor. La soledad de las horas en espera tratando de escuchar podía ser aterradora, cruzarse con mineros contrarios era, por lo general, cuestión de tiempo. Detectar al otro primero era esencial.

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Norton-Griffiths | Fuente

Para escuchar al principio emplearon métodos rudimentarios, como una vara usada para encontrar agua subterránea; a veces no contaban ni con eso y llenaban de agua una caja de galletas para notar así vibraciones cercanas. En 1915, el oficial británico John Norton-Griffiths, ingeniero de formación y parlamentario, llevó a La Boiselle un geófono, algo por entonces parecido a un estetoscopio con una potencia mucho mayor. Gracias a eso los británicos podían detectar enemigos a casi 100 metros. Así escuchaban el progreso de los alemanes y, si no los detectaban antes, podían escoger el momento para matarlos.

En estos compases del juego, los mineros estudiaban las rutinas de sus rivales para saber en qué momento había más al otro lado. Con todo estudiado, colocaban cuidadosamente los explosivos con el mayor silencio posible y derrumbaban el túnel enemigo con los hombres trabajando. Si además el plan estaba bien preparado, había dos cargas explosivas y esperaban a que el equipo de rescate bajase a intentar salvar a los heridos. El objetivo era causar el mayor daño posible.

Enterrados en el olvido

Conforme las nuevas formas de combate desbarataron las trincheras, los mineros abandonaron el que fue su oficio durante 3 años. En 1918 estas unidades, acostumbrados a vivir bajo tierra, salieron a la superficie comenzaron a trabajar en otras labores. Construyeron puentes y carreteras, investigaron otros sistemas de túneles y desactivaron minas que dejaban los enemigos al replegarse.

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Túnel del sector Vimy | Fuente

El cometido de los mineros terminó, un trabajo sucio y silencioso con algunos de los resultados más estruendosos de la guerra. Con el fin del conflicto, el reconocimiento fue para los militares y el esfuerzo de estos trabajadores quedó sepultado en los túneles hasta que, unos 80 años después, cobraron relevancia de nuevo.

Desde los ’90 se comenzó a estudiar y reconocer el trabajo de los mineros, cuyo resultado podemos leer en Birdsong (1993) y ver en la serie homónima de la BBC (2012), y también en Peaky Blinders (cuyo protagonista vive atormentando por un encuentro en los túneles contra los alemanes-2013). Los túneles se olvidaron e inundaron con las lluvias, conservando su interior como si fueran los salones del Titanic, gracias a lo que conocemos el duro trabajo de estos hombres. Su esfuerzo fue un engranaje más, y por lo tanto esencial, de la maquinaria de los aliados para ganar la Primera Guerra Mundial.

Bibliografía

-Barton, Peter: Was the tunnellers’ secret war the most barbaric of WW1?, especial WWI BBC.

-Leonard, Matt: The war underground: An overview, World War I Centenary, University of Oxford.

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Tengo un título para contar cosas y las cuento. Entré en esto para saber más de Grecia y Roma y acabé liándome con un tema de moriscos y rebeliones.

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Una respuesta a “La vida subterránea durante la Primera Guerra Mundial”

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