La batalla de Francia: el hundimiento de la III República Francesa

Tras la evacuación de Dunkerque el Ejército alemán contaba con una superioridad numérica abrumadora para marchar sobre las fuerzas francesas, la victoria era cuestión de tiempo

Este artículo es una continuación de “La batalla de Francia: el cerco sobre Dunkerque

El 22 de junio de 1940, las delegaciones alemana y francesa firmaron el armisticio entre el III Reich y la III República. Adolf Hitler había escogido un lugar especial para firmar el acuerdo: el vagón del armisticio de 1918 donde los Aliados habían impuesto unas condiciones que Alemania entendió como una humillación. El Führer se había tomado su venganza y tenía planeada el día siguiente una escapada para hacer turismo en la París de la, ahora, Francia ocupada.

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Tropas alemanas desfilan alrededor del vagón del armisticio el 14 de julio | Fuente

Menos de un mes antes a la Wehrmacht (fuerzas armadas alemanas) se le había escapado la flor y la nata del ejército británico (junto a parte del francés) en Dunkerque. La operación Dinamo para salvar a la Fuerza Expedicionaria Británica (BEF en inglés) fue un éxito que puso una barrera para el triunfo final de Hitler: para asegurarse la victoria debía vencer a Francia y Gran Bretaña, y los británicos ahora estaban en su isla tomándose el té.

Una cuestión de tiempo

Apenas dos días después del fin de la operación Dinamo, la Wehrmacht inició los movimientos para atacar al Ejército francés y el 5 de junio avanzó sobre los sectores del Somme y el Aisne. Los franceses opusieron resistencia pero hubo varios factores que inclinaron la balanza claramente hacia el lado alemán.

BEF afeitado

Después de días esperando en Dunkerque con el agua hasta los hombros los hombres de la BEF por fin pudieron afeitarse | Fuente

Durante la primera mitad de la llamada “batalla de Francia” el Ejército de la III República había perdido a buena parte de sus tropas de tierra y casi toda su aviación. Cuando los británicos terminaron de evacuar tropas en Dunkerque los alemanes contaban con una superioridad de casi 3 a 1 y la tranquilidad de que la Luftwaffe (fuerza aérea alemana) encontraría poca resistencia.

El Gobierno francés pidió a Winston Churchill apoyo aéreo pero desde las islas se negaron desde el primer momento. En palabras del Primer Ministro británico “las evacuaciones no ganan guerras”, la Real Fuerza Aérea (RAF en inglés) también había sufrido serias bajas y lo restante debía permanecer en Gran Bretaña para defenderla en un futuro no demasiado lejano.

Batalla Francia 4-12 junio

La batalla de Francia del 4 al 12 de junio | Fuente

Ya desde el repliegue a Dunkerque parte del Gobierno y el Alto Mando francés pensaba que los británicos huían para salvarse ellos mismos. Que los habían arrastrado al trato para garantizar la independencia de Polonia y, por tanto, a la guerra contra Alemania y ahora los dejaban a su suerte en el continente. Por su parte en Londres otros tantos pensaba que de no ser por la nefasta preparación bélica de Francia (no desplegaron retaguardia) los Aliados no estarían ahora en esa situación.

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Bombarderos Heinkel He 111 volando sobre Francia | Fuente

Es cierto que el Ejército francés carecía de un adiestramiento al nivel del británico o del alemán, tácticas de combate actualizadas y buenos mandos intermedios. La mentalidad de los generales estaba anclada en el pasado y se preocupaban más de la expansión del comunismo entre la tropa y la población que de los alemanes. Aunque no hay que desdeñar la influencia de la propaganda comunista y de extrema derecha entre los soldados, la escasez de medios del Ejército francés y la falta de resolución del Alto Mando fueron clave.

Una nación en retirada

Entre el 5 y el 9 de junio las fuerzas terrestres alemanas barrieron a las tropas francesas. A pesar de todo lo que tenía en contra el Ejército francés luchó con valentía y arrojo aunque algunos, como describieron los germanos, se rindieron muy pronto. Churchill envió una nueva BEF al mando de Alan Brooke para ayudar a sus aliados en la medida de lo posible pero de poco iba a servir: el desconcierto del Alto Mando francés fue la peor adversidad a la que tuvo que hacer frente Francia.

Philippe Pétain

El general Philippe Pétain | Fuente

Generales como Pétain y Weygand no hacían más que transmitir pesimismo y hablaban desde primera hora de un acuerdo de paz. París se vació poco a poco y trasladaron el Gobierno al Loira generando confusión entre la tropa y la población. Churchill volaba de un lado a otro del Canal de la Mancha tratando de que Francia siguiera en la guerra para que así Gran Bretaña dispusiera de más tiempo. Mientras él proponía defender París casa a casa el Alto Mando francés ya había dado la orden de abandonarla. La mayor preocupación era la propaganda comunista, tanto que incluso dieron rienda suelta o se inventaron rumores de agentes comunistas dando golpes en la capital.

Entretanto, unos ocho millones de refugiados inundaban las carreteras de Francia. Según cuenta Antony Beevor fueron los ciudadanos de clase alta los que corrieron mejor suerte: con mejores coches tuvieron mayor capacidad de huida y más facilidad para encontrar gasolina al ser los primeros. Mientras la clase media y baja se amontonaba en las carreteras en atascos producidos por peores coches que se averiaban junto a los que iban a pie. En las ciudades se compraban alimentos en masa y pronto esos civiles atascados en las carreteras ya no encontraron gasolina ni pan. En medio de aquella situación a veces los aviones de la Luftwaffe hacían pasadas ametrallando a los civiles en uno de los momentos más terribles de la batalla.

Refugiados franceses

Refugiados franceses llevando en sus carros o coches sus posesiones indispensables | Fuente

El depredador sin dentadura

En el peor momento de Francia apareció un nuevo actor que quiso bailar el nuevo baile de moda en Europa sin los zapatos adecuados. Benito Mussolini llevaba mucho tiempo mirando lo que ocurría más allá de sus fronteras a la espera de un momento propicio para atacar. Como ese depredador que ve una gacela herida, el Duce se vio con fuerzas para soltar un zarpazo a la frontera francesa.

Benito Mussolini

Benito Mussolini | Fuente

Pero las intenciones de Mussolini iban mucho más allá y muestra la realidad de los matrimonios de conveniencia. El dictador italiano pensó que era un buen momento ahora que Hitler estaba entretenido en Europa con Francia en huída y Gran Bretaña lamiéndose las heridas al otro lado del Canal de la Mancha. Tardar más tiempo podría suponer el armisticio y no poder sacar tajada del pastel francés. El Duce tenía sus planes para el norte de África, donde quería establecer un imperio y controlar el Canal de Suez para abrir la puerta de los océanos a Italia. Si no lo hacía justo en ese momento todo aquello sería para Hitler, y eso no le parecía nada bien.

Sin avisar a Alemania Mussolini lanzó un ataque el 10 de junio contra los Alpes franceses en una operación digna de olvidar con una botella de Amaretto de por medio. Mientras los franceses perdieron a unos 200 efectivos, Italia tuvo que afrontar 6.000 bajas de soldados muy mal pertrechados de los cuáles más de 2.000 sufrieron congelación grave. Bismark había dicho décadas atrás algo que todavía era una realidad: “Italia tiene mucho apetito pero mala dentadura”. El Duce ya había entrado en una guerra que no iba a ser un paseo veraniego y su ejército no estaba preparado.

La cuestión de la flota

Entre los días 13 y 16 de junio Churchill tenía claro que Francia iba a rendirse pronto pero esperaba poder alargar ese desenlace por el bien de Gran Bretaña. Quedarse sin aliados en el continente significaba varias cosas: Hitler tendría el camino despejado para preparar la más que probable invasión de las islas y, por si fuera poco, contaría con nuevos suministros y recursos, en especial la flota francesa.

El Führer no atacó Noruega por capricho en abril del mismo año. El almirante Erich Raeder había convencido a Hitler de que controlar Noruega era vital para asegurar el suministro de minerales y una base de operaciones inexpugnable. Pero violar la neutralidad del país no salió barato: la Kriegsmarine (flota alemana) sufrió muchas pérdidas y tan sólo le quedaba un crucero pesado y dos ligeros de lo que de por sí era una flota pequeña; los esfuerzos industriales alemanes se habían centrado en la Luftwaffe y en las divisiones blindadas. Además, Raeder y Hitler dejaron algo de lado: de salir bien la batalla de Francia Alemania contaría con recursos mineros que hacían de la operación escandinava algo innecesario.

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El crucero alemán “Blücher” hundiéndose en el fiordo de Oslo | Fuente

La Wehrmacht ya había capturado una ingente cantidad de materiales que los británicos tuvieron que dejar atrás en Dunkerque. En cuanto Francia se rindiera añadiría los de la III República, sus vehículos y la flota francesa del Mediterráneo, esencial para el ataque alemán de las islas. Gran Bretaña necesitaba tiempo porque tenía que rearmar a sus soldados y preparar la defensa de su territorio. El tiempo era esencial.

La capitulación

El día 13 de junio Pétain se ofreció a tomar el mando del Gobierno y proponer la paz a Alemania. El Presidente Lebrun y el Primer Ministro Reynaud esperaban una respuesta del Presidente norteamericano Roosevelt, al que habían pedido el compromiso de proporcionar suministros. En la cúpula de mando francesa había quienes pensaban en resguardarse en África y continuar la lucha desde allí mientras otros, especialmente el Alto Mando, preferían rendirse lo antes posible.

Ese mismo día Alan Brooke había hablado con el general Maxime Weygand y tuvo claro que Francia estaba psicológicamente preparada para rendirse. Telefoneó a Churchill para solicitar la evacuación de la BEF en Normandía y Bretaña. En aquella acalorada llamada telefónica Churchill acabó accediendo tras media hora; en el fondo sabía que Brooke tenía razón pero quería retrasar lo inevitable. Así describían los soldados alemanes a los franceses en aquel momento:

Fuimos los primeros en entrar en un determinado pueblo y los soldados franceses se habían pasado dos días sentados en los bares, esperando que los hiciéramos prisioneros. Así es cómo era Francia, cómo era la tan cacareada Grande Nation.

soldados coloniales

Tropas coloniales francesas capturadas por el Ejército alemán | Fuente

El 16 el Presidente Lebrun estaba al borde del colapso sin una respuesta clara de Roosevelt y, finalmente, renunció. Pétain tomó el relevo como había prometido y comenzó el proceso para firmar el armisticio al tiempo que las tropas de Brooke se quedaron solas en territorio hostil. Al día siguiente los barcos que Churchill prometió llegaron para evacuar a más de 200.000 británicos entre soldados y civiles.

Charles de Gaulle

Charles de Gaulle en 1942 | Fuente

Charles de Gaulle, general francés, era uno de los militares que prefería continuar la lucha desde Argelia. Churchill le facilitó la salida de Francia y se estableció en Londres, desde donde lideró la “Francia Libre”. El 18 de junio la BBC retransmitió su discurso para decir al mundo que “Le France” había perdido una batalla, pero no la guerra. Tanto él como Churchill se dirigieron también a Estados Unidos para que proporcionase apoyo y defendiera la libertad, pues las fronteras de esa libertad empezaban en Europa.

La batalla de Francia había acabado y Gran Bretaña se preparaba para el próximo paso. ¿Habían pensado Hitler y su Alto Mando cómo atacar las islas?

Este artículo tiene una continuación en Per Ardua ad Astra: la batalla de Inglaterra

Bibliografía

-BEEVOR, A: La Segunda Guerra Mundial, Pasado y Presente, 2012.

-HOLLAND, J: The war in the West. The Rise of Germany 1939-1941, Atlantic Monthly Press, 2015.

-MURRAY. W & MILLET. R: La guerra que había que ganar, Booket, 2010.

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Graduado en Historia en Sevilla. Entré en esto para saber más de Grecia y Roma y acabé liándome con un tema de moriscos y rebeliones.

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Una respuesta a “La batalla de Francia: el hundimiento de la III República Francesa”

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