“La isla de la esperanza” – Lynne Olson

Reyes y gobiernos en el exilio, espías e insurgentes, Lynne Olson relata con destreza y precisión la historia de los que, lejos del frente, fueron esenciales para la victoria Aliada en la Segunda Guerra Mundial

El avance de la Alemania nazi desde finales de 1939 a la primavera de 1940 puso en jaque a Europa. El inicio de la Segunda Guerra Mundial cambió súbitamente el mapa y la victoria final de Adolf Hitler parecía, para muchos, una cuestión de poco tiempo. Tras vencer con rapidez al Ejército francés, considerado por muchos (entre otros, Winston Churchill) entonces como el mejor de la historia, tan solo una isla se interponía en el triunfo final del Führer.

Las dificultades comenzaron a trastornar los planes de Hitler ya desde Dunkerque y la batalla de Inglaterra empeoró las complicaciones de la Alemania nazi para alcanzar esa victoria final. Gran Bretaña, la isla cuyos soldados habían vuelto derrotados y en huida desde Francia se había convertido en “La isla de la esperanza”.

Este es el título que Lynne Olson ha escogido para su último libro, publicado por Desperta Ferro, una historia sobre la Segunda Guerra Mundial con una perspectiva única: la de refugiados, insurgentes y gobiernos en el exilio que encontraron su principal apoyo o sede en Gran Bretaña. La IIGM es un conflicto que a menudo se ha contado desde la perspectiva de los titanes Estados Unidos y la Unión Soviética. Algunos de los grandes libros y películas sobre la guerra se han centrado en el desembarco de los american boys o la resistencia de Stalingrado. Más recientemente Christopher Nolan en su “Dunkirk” ha señalado Dunkerque como ese punto de inflexión que permitió ganar a los Aliados.

“La isla de la esperanza” retira el foco de las operaciones militares sin restarles ningún tipo de importancia y lo sitúa sobre hechos menos conocidos. Sería complicado negar que la guerra se pudo ganar gracias a que Gran Bretaña se mantuvo en pie, y habría sido muy difícil o imposible ganarla sin Estados Unidos y la Unión Soviética. No obstante, ¿qué habría sido de los Aliados sin el importantísimo trabajo del maquis en Francia, las líneas de evasión de pilotos caídos o de ese pintor francés que dibujó un mapa de las fortalezas nazis de la costa francesa?

Lynne Olson traza diferentes argumentos en esta obra que va más allá de la mera exposición de hechos y datos. Uno de esos argumentos principales es cómo Gran Bretaña se convirtió, además de un escollo para la victoria nazi, en un refugio, una gran ciudadela donde muchos pudieron conservar cierto optimismo. Los gobiernos en el exilio encontraron en Londres un lugar desde el que mantener viva la llama de la esperanza en sus habitantes que ahora vivían bajo la ocupación nazi.

Personajes como Wladyslaw Sikorski, Haakon VII de Noruega o Guillermina de Holanda dejaron atrás sus países de nacimiento y lucharon, de diferente forma, para mantener la esperanza viva en sus pueblos. El apoyo de Londres y en especial de Churchill fue clave para que la Europa ocupada supiese que no todo estaba perdido.

Una relación a veces excelente y otras enormemente turbulenta. Buen ejemplo es el incondicional apoyo del Primer Ministro británico a Charles de Gaulle y su Francia Libre, en lo que al mismo tiempo fue un vínculo difícil de mantener con continuas y durísimas fricciones entre dos hombres que se respetaban e incluso admiraban pero no se soportaban, lo que tuvo su reflejo tras la guerra entre sus respectivos países. Mucho más triste y dura fue la relación con Polonia o Checoslovaquia, abandonadas bajo la órbita comunista entre el total desinterés de ciertos dirigentes estadounidenses y la insistencia de Stalin de conseguir más poder. Sacrificios en pos del interés común Aliado que para muchos supo a traición.

El segundo gran argumento de “La isla de la esperanza” es la importancia que tuvo galvanizar a la Europa ocupada. Estas grandes personalidades como de Gaulle se dirigían a su pueblo a través de la BBC, que emitía sus ondas de radio en decenas de idiomas a todo el mundo. Esa población ocupada supo que no estaba sola y que no todo estaba perdido.

Desde los polacos que fueron clave para romper Enigma a los que se convirtieron en los mejores pilotos de la RAF durante la batalla de Inglaterra, Europa aportó a Gran Bretaña y, através de la isla, a Estados Unidos una cantidad enorme de ideas, tecnología y experiencia de combate que fueron esenciales para el esfuerzo bélico. Los físicos nucleares franceses que el conde de Suffolk consiguió sacar de Francia fueron vitales para el Proyecto Manhattan, clave para la rendición del Imperio Japonés.

Por otra parte, esos discursos y programas en la BBC motivaron a muchos civiles a organizarse en diferentes movimientos de la resistencia o a ayudar en la medida de lo posible. Desde los grupos insurgentes que colapsaron las líneas ferroviarias francesas previo al Día D a los que simplemente ocultaron soldados y pilotos en sus casas arriesgando su propia vida. Algunas de las operaciones militares más importantes de los Aliados no se entienden, al menos no como las conocemos, sin la ayuda de miles de ciudadanos europeos.

El último argumento de “La isla de la esperanza” va cobrando sentido a lo largo de la obra y es el fruto recogido de esos años de cooperación gubernamental en Gran Bretaña. Diferentes gobiernos se acostumbraron a vivir muy cerca de otros de los que antes les separaban a veces miles de kilómetros. Esta etapa en el exilio londinense constituyó la primera vez que los dirigentes de países europeos colaboraban activamente y a diario más allá de los propios intereses nacionales. No siempre de buena gana y sin discusiones, estos gobiernos hicieron sacrificios por el bien común y se desarrolló por primera vez un espíritu transnacional.

Gracias a esto, poco después de terminar la guerra algunos como Paul-Henri Spaak, Robert Schuman o Jean Monnet comenzaron a trabajar para crear organismos europeos de los que viene nuestra Unión Europea. El espíritu de esta unión se originó, en buena medida, en Gran Bretaña, la misma que ha decidido salirse recientemente en el sonado Brexit.

Lynne Olson va uniendo todos estos argumentos a lo largo del libro con una naturalidad y maestría impecables. Une los hechos, las fechas y esas grandes operaciones militares con nombres propios de reyes, políticos o civiles en una historia con la fuerza y la intriga de una novela de espías y el rigor histórico del trabajo de años en archivos.

“La isla de la esperanza” es vibrante y arrollador, con momentos trágicos en todo lo referente a Polonia y Checoslovaquia y capítulos absolutamente conmovedores, como el que cuenta la historia de Andrée de Jongh o la de John Hackett y el memorial de Arnhem. Un libro esencial para cualquier biblioteca que nos dejará con una compresión mayor y más amplia de la Segunda Guerra Mundial.

Lynne Olson es historiadora y periodista, ha publicado siete libros de historia y es una de las mayores conocedoras de la política y la diplomacia durante la Segunda Guerra Mundial, tema al que ha dedicado su carrera.

Ficha del libro

la isla esperanzaTítulo: La isla de la esperanza

Autora: Lynne Olson

Páginas: 544

Precio: 25,60

Publicado por

Graduado en Historia en Sevilla. Entré en esto para saber más de Grecia y Roma y acabé liándome con un tema de moriscos y rebeliones.

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