El III Reich Galáctico

La Alemania nazi fue una fuente de inspiración para la creación del universo Star Wars. George Lucas se sirvió de diferentes episodios que, entremezclados con otros anteriores, resultaron en un producto final de calidad

En una habitación muy lejana, George Lucas ideó bajo la luz de una pequeña lámpara a los que iban a ser los malos de la película, el Imperio Galáctico. Para que Luke Skywalker y Leia Organa cumplieran con el modelo heroico que todo cuento requiere, era necesario un cruel adversario contra el que luchar (el reverso tenebroso). Lucas se fijó en el ejemplo de la Alemania nazi para crear un modelo de maldad que todos los espectadores pudiesen identificar. En este artículo, analizaremos qué aspectos en concreto del nacionalsocialismo inspiraron al padre del universo Star Wars.

La muerte de la República Galáctica

El 24 de marzo de 1933 los miembros del Reichstag certificaron, por mayoría absoluta, la muerte de la democracia alemana. Su final no fue abrupto ni ocurrió por la voluntad de la fortuna, sino que fue un proceso previamente planificado. La Ley Habilitante otorgaba plenos poderes al gobierno, sobreponiéndose a la ya nula soberanía del parlamento alemán. De esta manera, se culminaba la conjuración de los nazis contra la República de Weimar, la cual pasaba a ser la hacienda personal de Adolf Hitler y sus seguidores.

star wars retorno jedi

Las tropas imperiales reciben al emperador en una estampa que recuerda a la Alemania nazi| El Retorno del Jedi

Este hecho histórico inspiró las precuelas de Star Wars, los episodios I, II y III. A pesar de las numerosas críticas que han recibido por parte de los más incondicionales, en esta cuestión lograron una recreación bastante fidedigna. La caída de la República Galáctica no es más que un tributo que George Lucas realiza a la de Weimar, intercalando guiños con la República romana [ver también “La bomba atómica del Imperio Galáctico“]. El canciller Palpatine, por ejemplo, juega el rol de Hitler. Al igual que el alemán, Palpatine se muestra como un personaje éticamente confuso que se erige como salvador de la democracia, un lobo con piel de cordero. Para ello, exige obtener plenos poderes que le permitan actuar contundentemente contra los enemigos de la República Galáctica. Algo que finalmente logra con el apoyo de la senadora Amidala quien, a través del virtuoso Jar Jar Binks, propone al parlamento galáctico dar poderes especiales al canciller.

No obstante, al igual que en el caso alemán, la inestabilidad era una condición sine qua non para que ello acabase ocurriendo. No se puede entender el alzamiento de los nazis en el poder sin la violencia desatada durante el Periodo de Entreguerras, una que ellos mismos alentaron. El descrédito del sistema era la excusa para alzarse como salvadores. Pues lo mismo ocurrió en la República Galáctica en las denominadas Guerras Clon. La Federación de Comercio lideraba una coalición de sistemas planetarios que se oponían a la democracia republicana. Esta amenaza sirvió para que el maestro jedi Sifo-Dyas encargara  la formación de un ejército que defendiera los intereses de la República.

La Orden 66 como tributo a la Noche de los Cuchillos Largos | Fuente

El maestro acabó siendo asesinado por los sith como parte del plan. De esa manera, Palpatine accedió al poder con un ejército poderoso capaz de imponer el supuesto orden que necesitaba la República frente a los separatistas. La Orden Jedi (protectores de la República), incapaz de ver el engaño, colaboró en la represión de los diferentes sistemas galácticos. Ninguno cayó en la cuenta que, al tiempo, serían victimas de su particular Noche de los cuchillos largos. Mediante la programada Orden 66, Palpatine logró acabar con casi todos los jedis, salvo algunas excepciones como Obi-Wan y Yoda. Esta purga fue representada por Palpatine como un golpe de estado de la Orden Jedi contra la República, logrando el apoyo del Senado para proclama el Imperio Galáctico y decretar la muerte de la democracia republicana.

Padmé Amidala expresa tristeza tras la muerte de la República: “así es como muere la libertad, con un aplauso atronador” | Fuente

Una estética nazi al servicio del Imperio

Leni Riefenstahl -no me hagan escribirlo de nuevo- dotó al estilo nazi de una teatralidad que fue determinante en su triunfo político y social. Considerada como una maestra de su disciplina, supo vender el mensaje nacionalsocialista mediante la puesta en práctica de técnicas cinematográficas que hoy son consideradas revolucionarias. Aunque muchos no reconozcan ese apellido, su sello artístico ha perdurado a lo largo de los años. Siendo un ejemplo bastante popular el desfile de las hienas en El Rey León de Disney o, como en este caso, Star Wars.

Probablemente Lucas hubiese soñado con este crossover | Fuente

Hacia los años 70s, un joven George Lucas barruntaba sobre cómo debían ser los malos de su nueva película. En una trama clásica de héroe que debe rescatar a una princesa en apuros, era necesario que el espectador pudiese identificar fácilmente contra quienes iban a luchar los buenos. En ese sentido, los nazis inspiraron al director dado a que en el imaginario colectivo son identificados como la máxima expresión de la maldad. Mientras las tropas imperiales no lucen rostros identificables, los rebeldes sí son mostrados como seres humanos que luchan por una causa, algo que lleva a sentir simpatía por ellos. Un patrón que se repite en las películas bélicas donde los alemanes son representados como androides sin sentimientos, salvando algunas excepciones como Hermanos de Sangre Hijos del Tercer Reich. Incluso algunos indican que no era casualidad el acento británico de los oficiales imperiales, identificándolos con el poco popular Imperio Británico.

En cualquier caso, esa huella estética se vislumbra en vestimentas, organización militar y, especialmente, la música. John Williams fue el culpable de componer el tema musical más icónico de toda la saga Star Wars. La marcha imperial pudo haber sido, sin ningún tipo de problema, el himno oficioso de la Alemania nazi. Si escuchamos a la filarmónica de Viena, resulta imposible no imaginarse a las tropas imperiales desfilando por las avenidas de París. De hecho, el término original de Stormtroopers -Tropas de Asalto en español- está inspirado en los Sturmtruppen alemanes de la Primera Guerra Mundial.

La línea textil de los mandos militares nazis inspiró el corte de los oficiales imperiales, cuyos actores incluso tendían a ser de piel clara y ojos azules. J.J. Abrams mantuvo esta puesta en escena en Episodio VII. El Despertar de la Fuerza para los miembros de la Primera Orden. Ya no solo siguen vistiéndose como nazis, sino que casi imitan cada uno de los pasos marcados en el guion del totalitarismo alemán.

En las precuelas también se dejó ver la influencia de la estética nazi. En el Episodio I. La Amenaza Fantasma, el conflicto entre Naboo y la Federación de Comercio acaba desembocando en  la invasión del planeta por parte de estos últimos. Resulta difícil no ver los paralelismos entre este episodio militar y la ocupación de Francia por parte de la Wehrmacht en 1941. Las tropas droides lograron avanzar por los bosques de Naboo -¿Ardenas? ¿Bélgica?- y penetrar en Theed -París- sin oposición alguna. La música, de nuevo a cargo de John Williams, y la puesta en escena hacen saltar las alarmas acerca de los vasos comunicantes entre el hecho histórico y el galáctico.

Las musas de Lucas

La Alemania nazi ha tenido una influencia bastante obvia en el diseño del universo Star Wars. Estas no son más que unas breves pinceladas de los muchos detalles que a nosotros se nos escapan, por eso os animamos a contarnos si conocéis más. En cualquier caso, la idea de esta serie especial es señalar la importancia que diferentes episodios históricos han tenido en la mente de George Lucas, logrando un producto final de gran calidad. Todos ellos se acaban entremezclando en el producto final que es una saga tan querida como esta.

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Eterno aprendiz de historiador. Interesado en el concepto de libertad y los totalitarismos en el siglo XX.

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