La bomba atómica del Imperio Galáctico

De la Segunda Guerra Mundial a la de Vietnam, la trilogía original de Star Wars está plagada de influencias históricas de una época de guerra fría y armas definitivas

-Se dirige hacia aquella pequeña luna

-Ésa no es una luna… es una estación espacial

-Imposible, es demasiado grande

Así conocimos por primera vez, en 1977, la Estrella de la Muerte de Star Wars. Luke Skywalker (protagonista de la saga), Obi-Wan Kenobi (maestro de Luke) y Han Solo (cínico e infatigable compañero) se expresan así cuando descubren la estación espacial definitiva construida por el Imperio Galáctico.

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Luke, Obi-Wan y Solo descubren la Estrella de la Muerte | Lucasfilms

La historia hasta entonces en aquella galaxia muy, muy lejana la hemos esbozado en anteriores artículos de esta serie. De una república con sabor romano y alemán surgió un nuevo poder que había estado jugando con todos en una guerra civil para hacerse con el control político y forjar el Imperio Galáctico. Este nuevo gigante imperial con fuertes similitudes con la Alemania Nazi había ganado la guerra, no obstante, un grupo de rebeldes comenzó a poner en aprietos al Imperio.

El arma definitiva de Palpatine

Aunque siempre hemos entendido que Star Wars se centra en el bueno de la película (Luke), basado en innumerables héroes tocados por la divinidad, y su poderosa historia familiar con Darth Vader (ser humano en busca de la redención de sus pecados predestinados), Sheev Palpatine es el personaje que lo hila todo. Él es el Emperador, figura máxima del nuevo orden galáctico. Sin él las películas carecerían del trasfondo político necesario para la desarrollar la saga de los Skywalker y, de hecho, es tan importante que George Lucas creó Star Wars como reacción ante las políticas de Richard Nixon, encarnado, en parte, en Palpatine.

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Sheev Palpatine, el hombre detrás de la cortina | Fuente

Ya desde antes de que terminara la guerra civil galáctica Palpatine estaba desarrollando un arma definitiva, una estación espacial con el poder para acabar con la guerra de un plumazo. Una idea influenciada por diferentes momentos históricos desde el lanzamiento de las bombas atómicas durante la Segunda Guerra Mundial (IIGM). La presencia de lo atómico como arma ha sido una constante desde entonces, tanto que llega a la actualidad con los recientes casos de los programas nucleares de Irán y Corea del Norte.

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La Estrella de la Muerte en Rogue One | Lucasfilms

Al final de la trilogía de las precuelas (los episodios del I al III) ya vemos los planos y la estación de combate en construcción, proyecto secreto del que la República no tenía noticia. Durante la Segunda Guerra Mundial diferentes potencias se esforzaron por desarrollar armas superiores capaces de ganar el conflicto o, al menos, de compensar la balanza a su lado de manera drástica.

El idealismo de Lucas

George Lucas es un romántico y en su universo estas armas definitivas sólo las tiene el Imperio (Los Malos) mientras que los Rebeldes (Los Buenos) hacen lo que buenamente pueden con menos recursos y con la esperanza (sic), una fuerza motivadora que se impone al mal. Pero en la realidad de la IIGM ambos bandos desarrollaron armas definitivas, o lo intentaron. De hecho, los primeros en tener lista la bomba atómica, y los únicos en usarla hasta ahora, fueron los estadounidenses.

Pero las comparaciones con la realidad deben ser cogidas con pinzas en Star Wars porque, además de estar muy entremezcladas no deja de ser una historia del bien contra el mal, no un fiel retrato histórico en un universo de ciencia ficción. La única vez que hemos visto escalas de grises (y sin Lucas de por medio) en los Rebeldes ha sido en “Rogue One” (2016), ese capítulo intermedio que enlaza las precuelas con la trilogía original (episodios del IV al VI), película en la que vemos a un Cassian Andor que ha cometido atrocidades en nombre de los Rebeldes porque el fin justifica los medios.

De Norsk Hydro a Scarif

En un valle noruego entre escarpadas montañas estaba la planta de producción de agua pesada de Norsk Hydro. Este componente podía ser esencial para desarrollar la bomba atómica alemana y Noruega estaba en 1940 en manos nazis. En Rogue One descubrimos que el cristal de Kyber es indispensable para el funcionamiento de la Estrella de la Muerte y hay fuertes similitudes entre ambos capítulos.

En 1940, el Conde de Suffolk, un intrépido y carismático noble británico, robó un importante cargamento de agua pesada que a la postre ayudaría en el desarrollo del Proyecto Manhattan (nombre en clave para el programa atómico estadounidense). Los Rebeldes saben, en Rogue One, que el Imperio se está haciendo con todo el cristal de Kyber posible, aunque no saben bien para qué hasta que Galen Erso (el padre de la protagonista) empieza a pasar información desde las instalaciones de Eadu (que recuerdan, en parte, a las de Norsk Hydro).

Al igual que los Rebeldes sabotean, en la medida de lo posible, el acopio de Kyber que hace el Imperio, los Aliados lanzaron diferentes operaciones para dificultar el acceso al agua pesada que tenían los alemanes para su Proyecto Uranio (el Manhattan nazi), así como sabotearon y lograron retrasar el avance de las V1 y V2, cohetes de gran potencial en los que Alemania confiaba para doblegar a los Aliados.

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Cohete V2 alemán, uno de los avances más impresionantes de la guerra | Fuente

Cassian Andor, Jyn Erso (la hija de Galen) y sus compañeros de aventuras en Rogue One descubren, a lo largo de la película, los planes de Palpatine con la Estrella de la Muerte. Preparan una infiltración en Eadu y otra en Scarif, operaciones clave para los Rebeldes comparables a algunos de los éxitos de “la batalla por el agua pesada” de la IIGM, inmortalizada en parte en “Los héroes de Telemark”, la película de Anthony Mann.

Al igual que ocurrió en la IIGM, en Rogue One los sacrificios por frenar los avances en el desarrollo del arma definitiva fueron muy elevados. Pero las pequeñas conquistas de las operaciones dieron una oportunidad a los Rebeldes. Aquí, nuevamente, nos separamos de la realidad pues los Rebeldes no representan del todo a los Aliados, sino a diferentes ejércitos que, a ojos de Lucas, lucharon por la libertad o, más bien, contra el dominio de los imperios.

Star Wars y el terror totalitario

En el  comienzo de Rogue One, el Director (de Investigación de Armas Avanzadas) Orson Krennic busca en Lah’mu a Galen Erso, un excelente científico sin el que el desarrollo de la Estrella de la Muerte se encuentra parado, un guiño a operaciones como Paperclip o, nuevamente, a la inmensa labor del Conde de Suffolk sacando científicos de Francia. La conversación que transcurre en esa escena resume parte de la teoría política y social del Imperio y de los totalitarismos:

-Estamos al borde de la grandeza. Estábamos tan cerca de proporcionar paz y seguridad para la galaxia (Krennic)

-Estás confundiendo paz con terror (Erso)

-Bueno, tienes que comenzar por algún lado (Krennic)

En efecto, en la retorcida mente de Krennic el primer paso para conseguir la paz y la seguridad consiste en eliminar a aquellos que “la ponen en peligro”, esto es, los elementos que no concuerdan con el Imperio. Del famoso periodo del Terror en la Revolución Francesa a la aplicación de políticas de terror en diferente forma y magnitud en los totalitarismos, acallar, encarcelar o ejecutar ha sido una terrible constante en diferentes regímenes.

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Krennic trata de convencer a Galen Erso de que trabaje para él de nuevo | Lucasfilms

En Star Wars, ese papel “pacificador” le corresponde a la Estrella de la Muerte; retorcida contradicción que sea la muerte la que lleve la paz. Durante la Guerra Fría, el desarrollo de armas nucleares por parte de la URSS y EE.UU. fue, en parte, lo que mantuvo esa guerra fría. La capacidad destructiva de este tipo de arma frenó el conflicto directo entre los titanes y mantuvo las hostilidades de manera indirecta en frentes secundarios. La Estrella de la Muerte, además de aplastar a los Rebeldes, proporcionaría un recurso al Imperio para mantener la paz mediante la amenaza, mediante el terror.

Los miedos de los 70 en Star Wars

George Lucas no deja de ser un hijo de su tiempo. La Guerra Fría marcó de manera profunda a muchísimos ciudadanos y Lucas fue uno de tantos. El temor a que se desencadenara una guerra nuclear creció desde la década de los 50 y hubo varios momentos, como la crisis de los misiles, en los que muchos creyeron que el apocalipsis atómico estaba a punto de estallar.

Del mismo modo, la carrera espacial hizo pensar a muchos que los sueños de viajes interestelares quizás no eran imposibles. Star Wars, entre otras tantas cosas, es una interesante y exitosa mezcla de ese tiempo en el que George Lucas se crió; un tiempo de totalitarismos, de conquista espacial y de la constante amenaza de armas definitivas capaces de arrasar con todo.

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Prueba del poder destructivo de la Estrella de la Muerte en Rogue One | Lucasfilms

Lucas, como tantos otros, pensaba que el mundo que conocía estaba en peligro y el momento en que escribió los primeros esbozos de Star Wars es clave para entender aun más de la trilogía original. Además de lo anteriormente citado, su tierra natal estaba inmersa en la Guerra de Vietnam y Richard Nixon consiguió la reelección, estalló la primera crisis del petróleo en el 73 y, tras el escándalo del Watergate, Nixon reconoció encubrir el caso y acabó dimitiendo.

Nixon y la democracia en peligro

Todo aquello dejó una honda preocupación en George Lucas y generó el leitmotiv (o al menos eso dijo en 2005) de Star Wars: ¿cómo se convierten las democracias en dictaduras? Según el director californiano esto ocurre cuando se las abandona, cuando se deja de creer en ellas.

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Richard Nixon al abandonar la casa blanca | Fuente

En palabras de Lucas, Nixon se había presentado ante los estadounidenses como alguien que “pretendía ser un buen tipo” pero que “era realmente malo”. Parte de esa idea está plasmada en Sheev Palpatine, el hombre que llegó al Senado como el salvador de la República. Un político simpático que, finalmente, destruyó el orden democrático para crear el Imperio Galáctico.

Dada la porosidad de estas influencias, nuevamente, hay que cogerlas con pinzas, pero es un hecho que entre todas las capas que conforman a Palpatine hay algo de Nixon y pensó en él antes que en Hitler o César. Se trata de algo muy importante para Star Wars porque, como decíamos al principio, Palpatine dota de coherencia a toda la saga.

Pequeños rebeldes contra grandes imperios

Otra de las principales motivaciones que inspiró a Lucas en la creación de Star Wars es la de retratar defensores de la libertad contra los imperios opresores. La Guerra de Vietnam era la principal preocupación de gran parte de los estadounidenses a la que muchos se opusieron desde su mismo comienzo. Las críticas internas, las bajas y la derrota final dejaron una cicatriz que todavía duele y que Lucas usó en la trilogía original.

Los Rebeldes de estas películas representan, como Lucas los entiende, a esos defensores de la libertad: luchan contra un imperio totalitario muy avanzado tecnológicamente que les supera de largo en recursos. Son, en parte, el Viet Cong, y aunque los stormtroopers imperiales tienen mucho de la Alemania nazi, aquí también juegan el papel del Ejército estadounidense.

Los helicópteros y los bombardeos de napalm que amenazaron Vietnam tienen su reflejo en esa segunda Estrella de la Muerte que se asoma sobre Endor. En ambos casos son armas poderosas que permanecen en el imaginario colectivo como símbolo del poder desmedido y la indistinta muerte de soldados y civiles. Armas, además, que fracasaron en doblegar a sus enemigos inferiores.

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Los Ewoks huyen ante los poderosos AT-ST imperiales | Lucasfilms

Para más inri, los Ewoks de “El Retorno del Jedi” (1983) fueron creados por Lucas para representar al Viet Cong en todo su esplendor. Luchadores con menos recursos que los invasores pero con un conocimiento del terreno superior y con mayor motivación porque luchaban por su hogar. Los vietnamitas contaba con más que lanzas neolíticas pero, como ya hemos repetido en varias ocasiones, son sólo influencias, no fieles retratos del pasado.

Todos Los Buenos bailan y beben alrededor de las fogatas de Endor, tierra natal de los Ewoks. Los Rebeldes han arremetido un severo revés al Imperio que terminará de caer, aunque no salga en las películas, en Jakku (donde arranca la última trilogía). Al final del episodio VI, así como en el final de la primera temporada de True Detective, obra que también trata “la historia más antigua”, la de la luz contra la oscuridad, “la luz va ganando“. La pantalla se funde en negro y suenan las notas más famosas del tema de Luke Skywalker, la fuerza está con nosotros.

Publicado por

Graduado en Historia en Sevilla. Entré en esto para saber más de Grecia y Roma y acabé liándome con un tema de moriscos y rebeliones.

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